¿Por qué no vivir en el Perú? -  - E-Book

¿Por qué no vivir en el Perú? E-Book

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"En la situación que vive el país al tiempo de publicarse este volumen, la pregunta que lo encabeza puede sonar innecesaria, o incluso boba. Responderla parece inútil debido a que las razones están a la vista. Pero acaso la pregunta adquiera un sentido más interesante si advertimos que la cuestión de irse del país no es nueva, ni mucho menos. Es en esa trayectoria de peruanos emigrantes que se inscribe la indagación de este libro, al recoger respuestas formuladas en diversos momentos de las últimas cuatro décadas. En esas respuestas, y el examen que se hace de ellas en el libro, cobra particular interés la mirada del Perú que surge de estos testimonios y que probablemente explica en buena medida por qué millones de peruanos no viven en el país."

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Seitenzahl: 594

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Luis Pásara (Lima, 1944) se doctoró en derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde ejerció la docencia entre 1967 y 1976; fundó en Lima el Centro de Estudios de Derecho y Sociedad (CEDYS), del que fue director e investigador durante diez años. Como sociólogo del derecho su carrera académica pasó por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), en Ciudad de México, el Woodrow Wilson International Center for Scholars, Washingtonn D.C.; el Helen Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame; y la Universidad de Salamanca. En esta universidad es miembro honorífico del Instituto de Iberoamérica. Con este volumen se completa una trilogía que también integran ¿Qué país es este? Contrapuntos en torno al Perú y los peruanos (2016) y La ilusión de un país distinto. Cambiar el Perú: de una generación a otra (2017), ambos publicados por el Fondo Editorial de la PUCP.

Luis Pásara Editor

¿POR QUÉ NO VIVIR EN EL PERÚ?

Respuestas a la interrogante en 1981, 1998 y 2021-2022

COLECCIÓN LATERAL

¿Por qué no vivir en el Perú?Respuestas a la interrogante en 1981, 1998 y 2021-2022Luis Pásara, editor

Colección Lateral

© Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2023Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú[email protected]

Diseño, diagramación, corrección de estilo y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP

Primera edición digital: julio de 2023

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores.

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2023-05954e-ISBN: 978-612-317-874-1

A los muchos compatriotas que dejaron el país y se esfuerzan en busca de un mejor porvenir.

Índice

Introducción

1981

Juan Acha

El clima represivo y discriminante que se respira en la capital peruana, por acción y reacción del aristocratismo limeño con su disimulado racismo; aristocratismo que profesan las clases dominantes y nepotistas en complicidad con las medias.

Herman Braun

Cuando hice mi exposición en el Instituto de Arte Contemporáneo, se me silenció totalmente en la prensa local. Esto influyó, claro, en mi salida del país. Y la represalia perduró: cuando en el año 70 presenté una muestra en la galería de Rodríguez Saavedra —después de una exitosa exhibición en París— tampoco tuve la menor acogida.

Alfredo Bryce Echenique

El temor al medio en que me había formado, a su oposición a mi vocación de escritor, dicho en pocas palabras: a que me aplastaran si regresaba al Perú.

Sara Castro-Klarén

Para poder seguir leyendo libros, para poder preguntar y argumentar sin ‘ofender’, sin caer en ‘herejías’ y sin llevar a cuestas una otredad de adjetivos, era necesario romper el/los círculos y salir.

José Durand

Algo quise aportar en Lima hace ya un cuarto de siglo, metiéndome a redentor. Por lo demás nunca me dieron en mi patria oportunidades serias para ejercer mi profesión universitaria. En cambio me las ofrecieron (sin yo pedirlo) en México, Francia y Estados Unidos.

Jorge Eduardo Eielson

Lima no es una ciudad para vivir sino, al contrario, un lugar ideal para morir: un cementerio.

Alberto Guzmán

Vivir en el Perú es vivir desamparado, es un país en que los códigos —sobre todo el penal— no funcionan igual para ricos y pobres. […] he sido estafado con impunidad. […] es general la falta de justicia y de responsables. […] Aquí la prepotencia policial es habitual.

Rodolfo Hinostroza

Los criollos, tan atrozmente nacionalistas, son sin duda los mismos que aprobaron el desmantelamiento de la República de Indios, a fines del s. XVIII, traicionando un proyecto de Nación, de la cual solo nos dieron una siniestra caricatura.

Carlos Meneses

Cuando pensé que volver al Perú podía ser mi camino, me planteé dos aspectos: qué haría en mi país, y cuánto echaría de menos lo que dejaba. El qué haría no lo llegué a resolver nunca.

Hugo Neira

Cada biografía del intelectual, el científico, el creador que parte, es, también, la de la ocasión perdida para el Perú. Algunos volvemos. Otros, hay que ir a buscarlos en los cementerios, como a Vallejo.

Julio Ortega

Me atraen las secciones peruanas de las bibliotecas, que he leído con cuidado y con indignación, también con fervor intermitente. A diferencia de Basadre, yo no he visto en ese laberinto una promesa de la vida peruana sino el espectáculo de una minuciosa destrucción.

José Miguel Oviedo

Mi país es, en el fondo, solo un grupo irremplazable de amigos, ciertos rincones, espacios o sabores que quizá han desaparecido para siempre y un conjunto de recuerdos y experiencias que son difícilmente comunicables. Estas son las ausencias o lejanías que sí lamento.

Carlos Revilla

La clase dirigente y la alta burguesía han, desde siempre, ahogado toda tentativa de un desarrollo cultural autónomo, imponiendo los más mediocres esquemas de la cultura tradicionalista europea y, hoy, estadounidense.

Julio Ramón Ribeyro

Hay que mantener intangible el derecho de cada cual a vivir donde quiera, si ello conviene a sus intereses económicos, artísticos, afectivos, etcétera. No hay que culpabilizar a quienes se van, ni reconocer un mérito particular a quienes se quedan.

Joaquín Roca Rey

A la distancia puede verse tal vez con más claridad nuestra propia realidad y esencia abriéndose, además, la posibilidad del enriquecimiento y confrontación del propio bagaje con nuevas imágenes y vivencias.

Manuel Scorza

El hombre que se rebela contra una sociedad, en especial contra la peruana, si sobrevive, se enfrenta a una disyuntiva: someterse o alejarse. […] La victoria contra sociedades tan primitivas, tan injustas, tan crueles es vivir, amar, escribir, reír. Sobre todo, reír.

1998

Elizabeth Acha

Fue en otro país donde aprendí que no se necesita ser amigo del otro y ser querido para que te traten bien, con consideración.

Tito Alegría

Solo puedo decir que si algún día volviera a residir en el Perú me haría la misma pregunta, ¿por qué no vivo en el país que acabo de dejar?

Montserrat Álvarez

No podemos mirarnos a la cara francamente como iguales porque estamos separados por el color respectivo de nuestras pieles, tanto como por nuestra clase social. […] Hasta por nuestro relativo dominio del idioma.

Mario Bellatín

Como buen país de tránsfugas, innumerables peruanos han perseguido una respuesta, han tratado de explicarse las razones que los han llevado a vivir en tal o cual sociedad.

Jorge Bracamonte

Importantes sectores de trabajadores no tenían la más mínima calificación para desempeñar los puestos que ocupaban. La permanencia […] se explicaba por el hecho de ocupar un lugar en esas redes de clientelaje.

Carlos Cueva

[En el Perú] obligaciones perversas (las más) terminan por desviarnos hacia coartadas que nos construimos para justificar unos resultados a menudo deficientes.

Eduardo Chirinos

Nos decíamos, vamos a crecer más, vamos a explorar otros mundos, y vamos a ver qué posibilidades hay de poder seguir produciendo sin el fantasma de que se acaba el salario del mes y no tienes cómo arreglártelas.

Rafael Dávila Franco

Te adaptas a vivir en esas condiciones, a usufructuar aquella moral, o sufres las consecuencias. (O sea como en la guerra: o matas o te matan). O si no rompes la ecuación (o inecuación) y te exilias.

Mariela Dreyfus

Dejé Lima absolutamente saturada de su contexto político, económico, afectivo y cultural. Entonces, transcurrir por sus calles era como andar de puntillas en un campo minado. […] Las dificultades para solventarse un espacio propio obligaban a los jóvenes profesionales a tomar por asalto la respectiva azotea familiar.

Fernando La Rosa

Quería tener una experiencia profesional donde la clase social, la raza, el status —adquirido o prestado— no jugaran un rol decisivo.

Cecilia Méndez

Esta experiencia de bienestar peruano dependiente del apoyo externo marcaría, creo yo, la ambivalencia que desde entonces ha recorrido mi vida.

Abelardo Oquendo Heraud

Cuando me fui del Perú, pues, más que dejar un país, dejé un barrio, una familia y un círculo de amigos, porque al país creo que nunca tuve la oportunidad de pertenecer por completo.

José Luis Rénique

Ese seco sentimiento de bronca que salta de mis tripas a la piel ante ciertas actitudes, ante ciertas formas de relación interpersonal. Tantos muertos por las puras, pienso, añorando Nueva York, cerciorándome de que mi pasaje y mi tarjeta de residente están a buen recaudo.

Lorry Salcedo-Mitrani

Estaba cansado de ver lo mismo. De repetir la rutina social. De exponerme constantemente a la misma idiosincrasia limeña. Quería desprenderme de una serie de prejuicios raciales y sexuales que estaban pegados a mi piel.

Carlos Schwalb

Me fui del Perú como quien huye; sin saber bien adónde iba o para qué, pero convencido que debía dejar atrás ese pantano que no dejaba avanzar y esa humareda que no permitía ver nada.

Sergio Zevallos

Existe un sector de la sociedad peruana, justamente el de los grupos de poder, que de tenerlos permanentemente sobre mi cabeza me iría todos los días en vómitos.

2021-2022

Kathya Araujo

Me hizo —y sería parte de lo que me haría— difícil vivir en el Perú, la función del maltrato moral como herramienta de intercambio y de gestión de las relaciones sociales. Una manera de asegurar la posición propia y de poner a raya la del otro.

Joaquina Belaunde Matossian

Mi futuro en el Perú estaba más que limitado. No solo la realidad social marcada de racismo e injusticia —a partir de la cual se pretendía justificar el terrorismo— me resultaba insufrible y profundamente frustrante; también mi condición de mujer me prometía un porvenir menos que estrecho.

Heraclio Bonilla

En el tiempo que llevo trabajando en la Universidad [Nacional de Colombia] he podido realizar investigaciones, publicar libros, organizar seminarios nacionales e internacionales que serían impensables en el Perú. Por eso vivo fuera.

Carlos Bustamante Monteverde

Al vivir fuera uno no llega nunca a hacerse un ciudadano completo de su nuevo país y pierde, en cambio, parte de la pertenencia a su país de origen. Todos los inmigrantes nos volvemos una suerte de apátridas.

Grecia Cáceres

Venir a Europa no es como ir a Japón o a Estados Unidos. Tenemos una deuda que saldar. Una deuda al revés. O una deuda con revés. En Japón o EEUU no hay deuda; es borrón y cuenta nueva. Aquí sí tenemos cosas que aclarar.

César Camacho

Por un lado, los ingenieros veían con desconfianza la presencia de matemáticos en una escuela de ingenieros. […] Por otro lado, los alumnos desconfiaban de la influencia extranjera: ¿por qué los gringos habrían donado una biblioteca?

Andrés Cueto

En términos coloquiales, ¿cómo veo el futuro del Perú en los próximos cinco años? Jodido, bien jodido.

Inés Chocano

Me fui del Perú porque estaba cansada de sentir miedo y desesperanza. Me quedé en Chile porque encontré un lugar seguro y estable.

Adriana I. Churampi Ramírez

Estaba ubicada en ese espacio intermedio donde ya no se pertenece ni a uno ni a otro lado. […] que la opinión, la mirada, de los de allá empezara a resultar similar —en su observación de la ajenidad— a la opinión que expresaban sobre mí los de acá, contribuyó a convencerme de mi condición intermedia.

Rafael Dumett

Aprecio los beneficios del desclasamiento con respecto al sistema de castas del Perú. Valoro el gradual enajenamiento social que lo hizo a uno empezar a mirarse verdaderamente en el espejo y descubrir en uno mismo –y tratar de superar– las taras propias de una sociedad clasista, sexista, discriminadora y autoritaria como la peruana.

Paola Fattorini

Son los mismos intereses de siempre los que siguen obstruyendo y aplastando cualquier idea alternativa a la perpetuación de un sistema ridículamente abusivo, que es y ha sido el único obstáculo para un verdadero progreso.

Ana María Fernández Maldonado

A pesar de las enormes diferencias culturales, al llegar me di cuenta de que este país y esta sociedad eran mucho más amables y acogedores conmigo que lo que había sido mi propio país. […] Sentí como que me alejaba de un país agresivo e ingrato, que me divorciaba de mi país y me sentía acogida por otro que era exactamente lo opuesto.

Eduardo González Cueva

Estoy seguro de que mi calidad de vida en Lima sería mucho mejor que la que tengo aquí […] Pero lo haría al costo de vivir en una burbuja […] tendría que adaptarme a –o pelear a cada instante con– la mentalidad de desprecio y odio que en el país es considerada por ciertos sectores sociales como normal […] el clasismo, el machismo, el racismo y la homofobia.

Nicolás Guzmán

Lo que en cambio encontramos fue una zona de guerra […] la impresión recibida fue extrema, incluso para mí. […] En suma, encontré en Lima un mundo totalmente distinto del que había dejado tan solo unos años atrás.

Javier Maza

El peruano —hablo intencionalmente en tercera persona— se acostumbró a convivir con el fracaso. A contentarse con el premio consuelo. Nunca entendí ni acepté eso.

Silvana Meza Salazar

He vuelto de visita. Muchas veces. Y en cada una de ellas me he peleado con la ciudad, con mi Lima burbuja. He renegado de todo lo que he encontrado al volver. [...] He renegado, y aún reniego, de lo absurdamente clasistas y racistas que somos. Y reniego, claro, de las apariencias y la poca transparencia con la que se vive.

Marcos Milla

El panorama político en el Perú sigue siendo tan desalentador como cuando salí del Jorge Chávez en 1985; de hecho, creo que está peor. A las constantes crisis políticas se suma ahora la pandemia, mostrando en forma cruel las profundas deficiencias del sistema de salud nacional, así como el oportunismo depredador de muchos que buscan medrar de la desesperación de los peruanos.

Rodolfo Navarrete Vargas

La cultura en México, en el sentido más amplio de la palabra, es muy barata, de modo que pude disfrutar aquello que antes solo conocía de oídas o por referencias de mis amigos.

Juan Francisco Osores

La ‘fuga de talentos’ que tanto se lamenta en el Perú, que alimenta el círculo vicioso del ‘no-progreso’, en el extranjero pone en alto el nombre de peruanos a quienes, en el país donde nacieron, nadie reconoce.

Andrea Pacheco Derpich

Cuando uno sabe que no hay camino de vuelta, cuesta irse. Pero una vez que lo haces, ya no quieres volver más. […] podría haber elegido no irme nunca de mi país. En ese caso, ciertamente sería otra persona.

Mónica Ricketts

Expreso, como ocurre en muchos diarios y medios de comunicación peruanos, era un ambiente laboral disfuncional. El talento excepcional convivía en una calma hostil con la mediocridad; la paga de los periodistas era poquísima; el maltrato, constante. Es verdad que la fraternidad y las risas reinaban, pero la sospecha también.

Yolanda Rigault

El largo periodo que me separa de mi vida peruana desarrolló en mí una tendencia a mirar lo que considero positivo, así como a descartar o eliminar aquello negativo; en otras palabras, a idealizarlo.

Sonia V. Rose

El Estado no reconoce la labor y el aporte de un profesor e investigador y tampoco lo hace la sociedad. Hay un desdén por lo científico que hace difícil encontrar un lugar dentro de la sociedad peruana.

Margarita Saona

Probablemente hubiera podido ‘reinsertarme’, pero me hubiera sido más difícil vivir en el Perú evitando las facetas que rechazo de mi país, que el ser extranjera y tomar de mi país adoptivo lo que ofrece, sin tener que asumir como propio aquello que me disgusta.

Natalia Sobrevilla Perea

Me quedó claro que mientras estuviera de paso todo andaría de maravilla, pero volver en serio sería mucho más difícil. […] en el país hacer investigación en historia es casi imposible. […] no se dispone de financiamiento nacional para investigar ni existe la carrera de investigador. El apoyo que tienen los historiadores para hacer su trabajo en el Perú es casi nulo.

Raúl Tola

El Perú se está convirtiendo en un país controlado por las mafias: la lógica mafiosa ha terminado por ocupar el poder político. El Ejecutivo está controlado por una mafia […]. En el Congreso están presentes todas las mafias imaginables.

Mario Vargas Llosa

Alguna vez sí critico al Perú, pero me parece que ensañarte con el Perú viviendo lejos no tiene mucho sentido, sobre todo si tienes algunas esperanzas de que el Perú vaya a cambiar.

Inés Velarde Roggero

La experiencia de regresar a Lima fue indescriptiblemente fuerte. Si bien durante esos veinte años había podido visitar a mi familia, esta vez las perspectivas consideraban la opción de establecerme allí. […] regresar a la tierra natal y renacer. Ambiciosa ilusión que se desplomó rápidamente para transformarse en lo que sería mi segunda partida del Perú.

Fernando Vílchez

Ese contacto con otras miradas, con otro cine, con otras industrias, no lo tenía. Ahí fue como se abrió una puerta enorme y dije: «Creo que estaría bien plantearme la idea de empezar a trabajar aquí».

Luis PásaraLo que nos dicen acerca del Perú quienes decidieron no vivir en él

1981

Juan Acha

(Sullana, 1916 – México, 1995). Estudió ingeniería química en Alemania. Fue un crítico de arte, curador, teórico y profesor que desarrolló su vida profesional en México, adonde llegó en 1972. En ese país fue subdirector del Museo de Arte Moderno y escribió en los diarios Excélsior y Unomásuno. Publicó numerosos ensayos sobre arte y sociedad en América Latina.

Son de dos clases mis razones para no vivir en el Perú: las de afuera y las de adentro; gravitando más las primeras. Porque solo abandona su país quien encuentra en otro las condiciones propicias para desarrollar, en medio del respeto que exige la condición humana, su trabajo profesional. Pero también es empujado a salir de su país por algunas circunstancias personales, factores nacionales negativos o experiencias desagradables; motivaciones todas secundarias en mi caso.

Me refiero en primer término a lo que encontré en México y que obviamente me hacía falta en el Perú:

Amplias posibilidades de publicar en diarios y revistas, de colaborar en museos e institutos y de investigar y de enseñar en centros universitarios en mi condición de crítico y teórico de arte dedicado a los problemas latinoamericanos. Y todas estas ocupaciones son remuneradas con dignidad.Libertad de expresión intelectual e intensa circulación de ideas marxistas en libros, revistas y simposios.Prestigio nacional de las artes visuales con apoyo del Estado, intensa política museográfica y de simposios, más facilidades para viajar y entrar en contacto con el arte de otras partes.Mejor enfoque de los problemas artísticos y culturales de nuestra América, por mi parte, dado que en México se dan fenómenos antes que en otros países, por su tamaño demográfico e importancia. Esto aparte de que en la industria editora de México confluyen investigaciones del resto de Latinoamérica.Una identificación cultural más conflictiva y acorde a la realidad concreta de nuestros países. Aprecio de la cultura popular, en la que encuentro semejanzas con el Perú.

«EL CLIMA REPRESIVO Y DISCRIMINANTE QUE SE RESPIRA EN LA CAPITAL PERUANA, POR ACCIÓN Y REACCIÓN DEL ARISTOCRATISMO LIMEÑO CON SU DISIMULADO RACISMO; ARISTOCRATISMO QUE PROFESAN LAS CLASES DOMINANTES Y NEPOTISTAS EN COMPLICIDAD CON LAS MEDIAS».

En cuanto a las razones secundarias que me empujaron a salir del Perú, bastará señalar tres:

El hecho de haber vivido en varias ocasiones fuera del Perú, incluyendo mi formación universitaria y mis trabajos como químico en varios países latinoamericanos. Esto facilitó mi salida y me dio una mejor visión de las virtudes y defectos de mi país.El clima represivo y discriminante que se respira en la capital peruana, por acción y reacción del aristocratismo limeño con su disimulado racismo; aristocratismo que profesan las clases dominantes y nepotistas en complicidad con las medias y con represión de las populares. Ha mejorado este clima, pero todavía nos queda contribuir a destruirlo para bien de la gran mayoría de los peruanos.Haber sido fichado (1970) como inculpado de tráfico de drogas, al asistir a una fiesta de artistas jóvenes. Luego de haber sido despojado de toda condición humana durante diez días en El Sexto por negligencia de un juez, antes de ser declarado inocente en el juicio respectivo. Y quien ha sido fichado estará a merced de muchas vejaciones.

Ciudad de México, febrero de 1981

Herman Braun

(Lima, 1933 – París, 2019). Estudió en la Escuela de Bellas Artes en Lima y a los 18 años se trasladó a París con el propósito de ser pintor. Volvió a Lima en 1955, donde permaneció hasta 1967, cuando retornó a Francia. Profesionalmente, se desarrolló como retratista. Expuso su obra en Israel, Alemania, Francia, España y Perú.

Por dos razones: una positiva, digamos, y otra negativa. La razón positiva se refiere a mi decisión de volver a la pintura, a la que había casi abandonado durante los años en que estuve dedicado al diseño de mobiliario, la arquitectura de interiores e, inclusive, a la arquitectura misma. Ese era un quehacer muy rentable, pero no lo que yo quería. Decidí, pues, volver a la pintura y romper con lo anterior. Pero en Lima me resultaba difícil dejar de ser lo que había estado siendo para volver a mí mismo: me seguían haciendo encargos, pedidos, me interrumpían. Vi entonces que lo mejor era crear una distancia física menos violable entre mi pasado inmediato y mis proyectos. Y viajé, me fui a Europa. Pensaba en dos o tres años cuando más como tiempo suficiente para que se olvidara mi actividad de decorador y arquitecto. Pero ya en Francia empecé a interesarme en la pintura de otros pintores como materia de la mía propia. Y eso me obligaba a visitar continuamente museos, colecciones, a recurrir a archivos y bibliotecas. Es decir, las fuentes para mi trabajo estaban allí, en Europa, no en mi país y así me fui quedando, viviendo en Francia desde 1968.

«CUANDO HICE MI EXPOSICIÓN EN EL INSTITUTO DE ARTE CONTEMPORÁNEO, SE ME SILENCIÓ TOTALMENTE EN LA PRENSA LOCAL. ESTO INFLUYÓ, CLARO, EN MI SALIDA DEL PAÍS. Y LA REPRESALIA PERDURÓ: CUANDO EN EL AÑO 70 PRESENTÉ UNA MUESTRA EN LA GALERÍA DE RODRÍGUEZ SAAVEDRA —DESPUÉS DE UNA EXITOSA EXHIBICIÓN EN PARÍS— TAMPOCO TUVE LA MENOR ACOGIDA.»

La otra razón tiene una historia un poco larga que trataré de apretar en unas pocas palabras. El medio artístico de la Lima que dejé adolecía de «argollas». Esto ya nadie lo recuerda, o no lo quiere recordar, pero era así. Y no critico ese olvido, que es un buen síntoma de la superación de esa etapa. Hoy los artistas pueden —bien que mal, me parece— manifestarse aquí sin pasar por un único sistema, sin someterse a él. Bueno, aludo a esto porque yo fui uno de los que metieron el pie en el plato, creando la Fundación para las Artes, donde reuní un grupo grande de artistas como expresión contraria a una Bienal del Pacífico que actuó discriminatoriamente. Como consecuencia de esta actitud, cuando hice mi exposición en el Instituto de Arte Contemporáneo, se me silenció totalmente en la prensa local. Esto influyó, claro, en mi salida del país. Y la represalia perduró: cuando en el año 70 presenté una muestra en la galería de Rodríguez Saavedra —después de una exitosa exhibición en París— tampoco tuve la menor acogida.

Sin embargo, nunca me he desvinculado del Perú. A partir de 1970 he estado viniendo hasta dos veces por año, pero desde entonces no hice más exposiciones en Lima, hasta ahora.

Mi ausencia se debe, pues, por un lado, a la índole de mi trabajo pictórico y, por otro, al sistema que existía en Lima cuando partí y que veo con satisfacción que está desapareciendo.

Vivo fuera, es cierto, pero con continuos retornos, sin extrañamiento, en permanente contacto con mi país.

Alfredo Bryce Echenique

(Lima, 1939). Estudió en la UNMSM y en 1964 viajó a París, donde se doctoró en La Sorbonne y ejerció la docencia. Posteriormente se radicó en Madrid y en 2002 se trasladó a Barcelona. Además de numerosos artículos, su obra literaria incluye diversos libros de cuentos y una docena de novelas. Ha alternado estancias en el extranjero con periodos en el Perú.

Me resulta difícil responder a esta pregunta, por múltiples razones. Y creo que la primera de ellas es por la forma en que ha sido planteada. No sé por qué, aunque no dudo un solo instante de la buena fe de quienes la pensaron, siento que un peruano que explica en este momento, en el que el Perú atraviesa una espantosa crisis económica, social, y política, por qué no vive en su país, puede dar lugar a una serie de malas interpretaciones. ¿Huye de algo? ¿No asume sus responsabilidades, en tanto que intelectual? Estos son dos ejemplos entre otros muchos que se me vienen a la mente.

Me resulta también difícil responder, ya que las razones por las que, hace unos dieciséis años, abandoné Lima, no son las mismas o no son exactamente las mismas que hoy me hacen permanecer en el extranjero, y siempre a la búsqueda de algún lugar tranquilo donde escribir. Y las explicaciones se tornan aún más difíciles cuando se van ligando a detalles, problemas o decisiones que solo conciernen a la vida privada de una persona.

Que mi literatura la he ido creando poco a poco, con pequeñas y grandes dificultades, en el extranjero, no es un secreto para nadie que haya leído alguno de mis libros. Pero las necesidades del escritor que soy, o los requerimientos, para que las cosas sucedan de esta manera, han ido variando con el tiempo y desde el día mismo en que abandoné mi país. Lo hice para escribir, o mejor dicho para escapar a la oposición —sobre todo paterna, aunque no malintencionada, lo comprendo hoy— familiar. Temí ser aplastado por ciertas durezas, dentro de casa, o por la constante burla e incomprensión de más de algún amigo fuera de casa. Y yo vivía en un medio donde simplemente no existían escritores. No podía esperar pues apoyo por ese lado, tampoco, ya que ese lado no existía. Y así me fui.

«EL TEMOR AL MEDIO EN QUE ME HABÍA FORMADO, A SU OPOSICIÓN A MI VOCACIÓN DE ESCRITOR, DICHO EN POCAS PALABRAS: A QUE ME APLASTARAN SI REGRESABA AL PERÚ.»

No pensaba irme por mucho tiempo y no solo quería escribir sino perfeccionar algunos idiomas que había estudiado en Lima. Así, viví en Francia, primero, y luego en Italia y en Alemania. Al volver a Francia, había empezado ya a escribir y no creo equivocarme al asegurar que en mis declaraciones de aquella época dije siempre que vivía fuera del Perú porque necesitaba tomar distancia de mis temas, estar lejos de lo narrado, para observarlo con mayor tranquilidad. Hoy pienso que en esas afirmaciones se escondía aún el temor al medio en que me había formado, a su oposición a mi vocación de escritor; dicho en pocas palabras: a que me aplastaran si regresaba al Perú.

Con el tiempo aquel temor ha desaparecido y no creo que ya nadie desee o logre aplastar una vocación que tardó en concretarse. Hoy explico más bien mi necesidad de seguir en Europa (aunque mis viajes a América Latina y al Perú son cada vez más frecuentes), por una gran curiosidad. Una gran curiosidad por lo que significa ser extranjero, por los contrastes culturales, etcétera. Ángel Rama lo ha dicho mejor que yo, en un artículo publicado en 1978, en el Universal de Caracas. Rama habla de «una nueva exploración que sin abandonar su problemática peruana la esencializa y la proyecta en el ámbito europeo». Siempre fui un gran curioso y hoy creo que esa curiosidad se ha acentuado y a esto se debe creo, que antes que alejarme de lo narrado, hoy necesite insertarme en ello hasta el punto de creer a veces que me pierdo en ello. En todo caso, ya no le tengo miedo a las cercanías y el día en que mis temas y personajes vuelvan a situarse en un ámbito peruano, estaré escribiendo como siempre en algún lugar cuyo nombre estará en el Perú o en Sebastopol. Eso depende de la tranquilidad del lugar. Bastante me intranquilizaron ya mientras traté de ser escritor. Solo sirvo para eso y a veces para la vida privada (sobre cuyas relaciones con mi ausencia del Perú no voy a hablar), y no quiero morir inservible. En fin, como todos los demás, salvo casos de exilio forzoso, un caso particular el mío, también.

Montpellier, 1981

Sara Castro-Klarén

(Sabandía, 1942). Estudió antropología en University of California, Los Angeles e hizo el doctorado en Lengua y Literatura Hispanas. Enseñó en varias universidades de Estados Unidos y dirigió la Hispanic Division de la Biblioteca del Congreso entre 1984 y 1986. Fue profesora de Lenguas y Literaturas Modernas de Johns Hopkins University, de donde es profesora emérita.

Al pensar en una respuesta a la pregunta, la crónica se me deshace como un vidrio en mil pedazos. Llevo ya veintitrés años fuera del país. Toda una vida. Creo que la historia tiene tres episodios: 1) por qué salí del Perú, 2) por qué no regresé entonces y 3) por qué no regreso.

Salí a los 17 años, a estudiar medicina. Para una mujer de origen rural arequipeño y con vocación de intelectual, estudiar, es decir continuar la institucionalización de mis lecturas y preguntas, significaba ingresar a la universidad, hacer amistades, vivir con familiares y todo eso se me hacía imposible de soportar. Ya en el colegio había probado los medios cerrados de la clase media, los perfectos círculos de la clase alta arequipeña. En las fiestas campestres se presentaba, llana como el pan, la hechura y solidez de los ritos y rituales de sociedades que se mantienen a costa de resistir palabras incisivas. Ya en ese momento se me había ocurrido que los contratos sociales eran artificios humanos y que como tales merecían la pasión del cuestionamiento, la curiosidad de rastrearlos y escudriñarlos. Para poder seguir leyendo libros, para poder preguntar y argumentar sin «ofender», sin caer en «herejías» y sin llevar a cuestas una otredad de adjetivos, era necesario romper el/los círculos y salir.

«PARA PODER SEGUIR LEYENDO LIBROS, PARA PODER PREGUNTAR Y ARGUMENTAR SIN ‘OFENDER’, SIN CAER EN ‘HEREJÍAS’ Y SIN LLEVAR A CUESTAS UNA OTREDAD DE ADJETIVOS, ERA NECESARIO ROMPER EL/LOS CÍRCULOS Y SALIR.»

Después de haber terminado la carrera de antropología y ciencias políticas, volver y conseguir trabajo con solo presentar credenciales era empresa de dementes. Volver cuatro años más tarde con un doctorado planteaba el mismo problema, más el agudizamiento de la conciencia de que trabajar en el Perú era quitarle el trabajo a otro. Seguía el mismo desajuste, tan solo ahora más lúcido. Romper los círculos para entrar al desempleo propio o del prójimo era imposible.

Hanover, 15 de marzo de 1981

José Durand

(Lima, 1925-1990). Estudió en la PUCP y en la UNMSM, donde se doctoró en filosofía. Entre 1947 y 1952 trabajó como investigador en el Colegio de México. Retornó al Perú en 1953 pero en 1963 viajó a Francia, donde enseñó en la Universidad de Toulouse. En 1968 se radicó en Estados Unidos y enseñó en las universidades de California y Michigan. Fue especialista en el Inca Garcilaso de la Vega.

Respondo mi verdad con datos. De mis 56 años he vivido 29 en el extranjero, con partidas y retornos. Continúo sintiéndome absolutamente peruano y aun limeño. Tuve y tengo nostalgias y deseo servir. Algo quise aportar en Lima hace ya un cuarto de siglo, metiéndome a redentor. Por lo demás nunca me dieron en mi patria oportunidades serias para ejercer mi profesión universitaria. En cambio me las ofrecieron (sin yo pedirlo) en México, Francia y Estados Unidos. He enseñado en una docena de universidades y llevo en ello 31 años. Hoy no veo lugar estable en el Perú donde tuviera cabida.

En mi primera infancia mi padre tuvo que partir y residimos en Barcelona. Volvimos en 1932. En 1946 intenté acabar estudios en Buenos aires. En 1947 llegué a México, donde permanecí —años felices— hasta 1953. Inicialmente me becó El Colegio de México, cuando Alfonso Reyes y Raimundo Lida. Volví a Lima dejando cátedras, dos libros impresos, etcétera. Con ello perdí también una carrera de narrador joven, que por alguna razón no tuvo para mí ambiente apropiado en Lima. En el Perú, aunque me dieron cátedras, más bien simbólicas, me gané la vida como periodista, promotor de espectáculos culturales y folklorista. Me enorgullece el haber dado a conocer o ayudado a muchos artistas peruanos e hispanoamericanos.

A principios de 1961, Alberto Escobar y Augusto Salazar Bondy, apoyados por Luis Valcárcel y por Raúl Porras, lograron hacerme «principal interino» en San Marcos. Poco después vino automáticamente la condición de titular, pero no el «tiempo completo». Alguien me dijo que carecía de suficientes «servicios prestados» a San Marcos. Viajé a Francia, sin pensar quedarme allá. Inesperadamente, a los pocos meses, con el apoyo de Marcel Bataillon me nombraron professeur associé en Aix, y luego en Toulouse. Gran experiencia y un sueldo que me permitió comprarme (aún era tiempo) libros del XVI y XVII, para retornar con ellos. No hubo caso.

«ALGO QUISE APORTAR EN LIMA HACE YA UN CUARTO DE SIGLO, METIÉNDOME A REDENTOR. POR LO DEMÁS NUNCA ME DIERON EN MI PATRIA OPORTUNIDADES SERIAS PARA EJERCER MI PROFESIÓN UNIVERSITARIA. EN CAMBIO ME LAS OFRECIERON (SIN YO PEDIRLO) EN MÉXICO, FRANCIA Y ESTADOS UNIDOS.»

Tras seis años en Francia, para mí salvadores, llegó una oleada de refugiados brasileños y por ello fracasó mi nombramiento en Nanterre. Afortunadamente venía teniendo ofertas en Estados Unidos. Acepté Michigan (Ann Arbor) en 1968. Desde 1975 pasé a Berkeley, gran departamento en el que ya había sido visitante. Mis colegas son caballerosos, tengo absoluta independencia de cátedra, facilidades y cuento con la fabulosa biblioteca de la universidad. Cabe suponer que no tengo quejas.

Aún así, no estoy adaptado a ese mundo cultual, que tanto de admirable tiene. Soy subdesarrolladísimo y (peor) el subdesarrollo fecunda mi espíritu. Suelo decir que estudié en dos ciudades subdesarrolladas: Lima y México; en Francia y Estados Unidos, durante veinte años, he enseñado. Sonará a jactancia o a paradoja; no lo sé, pero es un hecho.

En 1971 Antonio Cornejo me invitó a dar un cursillo en San Marcos. Un seminario con alumnos capaces y corteses. Aun así, vi lo imposible de trabajar sin bibliotecas y con el fantasma de una posible tacha (allá tengo permanencia). Carezco de fortuna para asumir el riesgo de una vuelta. No puedo arriesgar a mi edad el tiempo y las condiciones para terminar libros que preparo desde mucho; ni la tranquilidad de mi familia. Ahora viajo continuamente al Perú, para investigar. Quizás alguna vez enseñe, quizás logre preparar un retorno paulatino, sin plantar Berkeley. Por lo demás quiero a mi tierra como es, sin recriminaciones.

De no retirarme en mi patria, lo haré en México, donde no me miran como extranjero y me comprendieron siempre mejor que en Lima.

Jorge Eduardo Eielson

(Lima, 1924 – Milán, 2006). Estudió en la UNMSM y con 21 años de edad ganó el Premio Nacional de Poesía. Su trabajo compartió la escritura y las artes visuales. En 1948 viajó a París y residió también en Suiza e Italia, con retornos al Perú durante cortos periodos. Publicó en castellano y en francés, y efectuó exposiciones en varios países.

Sin embargo, para mí que nací exiliado y moriré exiliado, porque el exilio es mi estado natural, geográfico, social, afectivo, artístico, sexual, Lima no es una ciudad para vivir sino, al contrario, un lugar ideal para morir: un cementerio. En ningún otro lugar, por mí conocido, la presencia de la muerte es tan palpable y persistente; en ninguna otra ciudad, su mano alhajada nos invita a cada paso, con tanto cinismo, tan exquisita seducción. La población subterránea de Lima es otra invisible metrópoli de huesos que duplica la ciudad visible. Cráneos y esqueletos prehispánicos, a varios metros de profundidad, aderezados de plumas, mantos y collares, soportan el peso de otros cráneos y esqueletos de capa y espada, sayo, sotana y crucifijo. Si bien la muerte, como la gripe de triste memoria, siempre ha sido española, su versión limeña resulta quizás menos filosófica, pero mucho más chistosa y presumida. Nada que hacer tampoco con la muerte mexicana, alegre y bulliciosa, siempre dueña de la fiesta, multicolor, populachera. No. La muerte limeña ¡no faltaría más! es una dama callada, distinguida, dignamente ataviada, aunque muy venida a menos, gracias a la proliferación de los temblores, asesinatos indiscriminados, accidentes de tráfico, que todo lo confunden. Ya no hay religión. Hasta los gallinazos planean alto y los pericotes y la polilla retroceden ante el avance de productos extranjeros que cualquiera puede comprar en la botica. La televisión, además, es una peste en colores, un pequeño ataúd de 22 pulgadas, la muerte catódica para los amantes de la tertulia familiar y los noviazgos a la antigua. En cambio, eso sí, hay de todo, desde caviar danés hasta revistas porno (excepto libros de arte y literatura, naturalmente, que podrían corromper la juventud). Barrios enteros y rascacielos crecen a vista de ojo, sin miedo de terremotos, bancarrotas ni golpes militares. Las arenas movedizas son fascinantes, peligrosas y seguras a un tiempo, porque prometen lo imposible, y si las cosas van mal, no queda nadie para contarlo. Es ya bastante. Pero, en cuanto a arena se refiere, de más está decir que ella es mi aliada, mi única, vieja amiga limeña. Ella ha sido, durante mi breve infancia (casi no la recuerdo) y mi larga adolescencia playera, el gozoso escenario de mis juegos marinos, gimnasio natural de mis primeros músculos, mi primera paja, mis primeros versos (escritos en la arena) que ni las olas ni el tiempo han borrado todavía. Que nunca lograrán borrar.

«LIMA NO ES UNA CIUDAD PARA VIVIR SINO, AL CONTRARIO, UN LUGAR IDEAL PARA MORIR: UN CEMENTERIO.»

Si algo añoro de Lima es, pues, ese lado suyo, cálido y salobre como la arena: un calor, una amistad, un precario amor sin olor ni sabor, un estrellado recuerdo de juventud y de lágrimas junto al mar. Solo más tarde comprendería que esa misma arena —siempre hollada por la planta de mis pies y mis versos de niño— era también un inmenso lienzo tendido sobre la faz dorada de mis antepasados. Todo esto para explicar, a la vez, mi alejamiento y mi secreta pasión por la ciudad: muy grande el primero, subterránea la segunda, en inestable, dolorosa contradicción. A las inútiles, muchas veces cómicas, veleidades de la superficie, a la inconsistente ciudad colonial, opongo fulgurante majestad subyacente: templos, reinos y ciudades sepultadas bajo una estéril cáscara de polvo, bajo el obtuso oropel hispano, hoy convertido en cemento, harina de pescado, frustración, patética soberbia.

(Fragmento de una novela inédita)

Alberto Guzmán

(Talara, 1927 – Nogent-sur-Marne, 2017). Por su trabajo escultórico, en 1956 recibió la medalla de oro de la Escuela Nacional de Bellas Artes y tres años después realizó en Lima su primera exposición individual. Viajó a Francia, donde residió el resto de su vida y realizó múltiples exposiciones. Participó como invitado en diversas muestras internacionales.