Power car - Tomo 1 - Gastón Medina - E-Book

Power car - Tomo 1 E-Book

Gastón Medina

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Beschreibung

Sean bienvenidos y bienvenidas a Power Car, una ciudad futurista, oculta a simple vista de cualquier ser humano corriente. ¡Mucho cuidado! No todo es color de rosa: en estas tierras, porque tendrás que luchar por tu libertad. Gustavo Ferrero es un chico de quince años, que junto a sus amigos, diseñan y crean el primer vehículo ultrasónico de múltiples funciones, como capacidad de vuelo, navegación por mar, navegación submarina y hasta espacial. Sobre todas las cosas, contiene armamentos incorporados y una gran capacidad de velocidad y evasión. Junto a su hermano Luciano y sus amigos Miguel y Jonathan, comenzarán sus vidas en una ciudad futurista del mismo nombre del vehículo. Su libertad se verá interrumpida por conflictos bélicos contra extraterrestres y solo dependerá de ellos alzar su bandera roja y naranja para dar inicio a una poderosa especie. ¡Vuela a este nuevo mundo!

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Seitenzahl: 514

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones

Medina, Gastón Iván

Power car: tomo 1 / Gastón Iván Medina. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

v. 1, 390 p ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-817-791-5

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Ciencia Ficción. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y.

distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Tinta Libre no se responsabiliza por la corrección textual de la obra, ni por los errores ortotipográficos y gramaticales que pudieran leerse. El presente libro se publica fiel al manuscrito original entregado por el autor, bajo el pedido explícito del mismo de respetar la obra textualmente como fue escrita.El autor se responsabiliza por la corrección del texto de manera independiente y ajena a la editorial.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Medina, Gastón Iván

© 2023. Tinta Libre Ediciones

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Parte 1

EL CONFLICTO

1

LOS COMIENZOS DEL GENIUS BALLESTER

En lo profundo del universo desconocido, un objeto metálico en forma de triángulo, anaranjado y demacrado por una especie de óxido, alberga a un ser misterioso, el cual espera pacíficamente una respuesta de su leal ayudante, pero en vez de una transmisión de audio, recibe en su computador central un extraño video.

—¿De qué se trata? —dice.

El video muestra como el mismo ayudante que envió es asesinado de un disparo en manos de un hombre, que aparece de forma borrosa y oscura. El ayudante envía los detalles de la ubicación del planeta, la ciudad y la fecha.

—Él es el elegido —afirma—. No hay duda alguna...

Muere y asimismo los detalles aparecen. El misterioso ser mira la pantalla con intriga y lee en voz alta:

—Alfa... Galaxia, ¿Vía Láctea?, sistema solar, planeta Tierra. Muy bien, “elegido”, hora de visitarte.

***

Es domingo, 11 de marzo de 2007, en los tranquilos suburbios de Mar del Plata, en el barrio Constitución. Un chico despierta bien temprano pese a ser su último día de vacaciones. Su nombre es Gustavo, tiene quince años y, como todo adolescente, está deseoso de ser libre y no depender de sus padres. Va al baño rápido y se pone su ropa, jean, campera y remera negra, y se ve al espejo un momento para acomodarse su pelo negro y ligeramente largo. Busca entre el desorden de la habitación suya y de su hermano el mp3. Pone su mejor música de rock y sale en una pequeña moto, llevando una mochila cargada de papeles.

***

En una fábrica abandonada del otro lado de la ciudad, su hermano Luciano mira a la calle junto con un grupo de amigos, ni una señal de Gustavo.

—¿Dónde carajo está ese? —dice enojado.

Se saca la gorra roja y se acomoda el pelo castaño y crespo. Cuando camina de nuevo a la calle escucha el ruido de la moto. Su hermano aparece doblando la esquina, el ruido molesto de la moto, se siente hasta dos cuadras.

—Apagá eso, che —grita Luciano.

Gustavo lo hace y se baja para saludar a todos; por último, a su hermano le tira la gorra con un simple golpe en la visera hacia arriba.

—¿Qué hacés tan temprano? —le pregunta a Luciano.

—No quise esperar, ¿no te das cuenta de lo que hicimos?

—Sí, no puedo creer que ya casi esté listo... Nuestro nuevo mundo.

La enorme puerta de la fábrica se abre, los chicos se asoman a ver y, para sorpresa de muchos, no ven absolutamente nada. Gustavo camina hacia el interior y grita.

—Rogelio, ¿dónde estás?

—¡Acá estoy! —responde, sin mostrarse.

—¡¿Dónde?!

Como si fuese un fantasma, aparece delante de él y le da el susto de su vida. Sonriendo de oreja a oreja, Rogelio responde:

—Acá, te dije.

Los chicos, tan asombrados como Gustavo, retroceden mientras Rogelio avanza a ellos.

—Tranquilos, amigos, soy feo, ya sé, pero tampoco para que se asusten así.

Se agarra del cabello y, completamente emocionado, continúa hablando.

—Nicolás, mi gran amigo de la infancia, siempre tuvo esa facilidad para la ciencia. Así investigó, investigó e investigó hasta crear con mi ayuda el primer sistema de invisibilidad. ¿Se ve bueno, no?

—Es increíble —dice Gustavo.

Al lado de Rogelio aparece Nicolás, un chico de la misma altura, castaño y con sus característicos anteojos. Ambos reciben un gran aplauso por el invento.

—Guarden sus aplausos para lo que les voy a mostrar ahora —dice Rogelio—. Seguimos al pie de la letra cada parte que nos mostró Gustavo, hasta que por fin lo diseñamos, por supuesto, con la tecnología actual. Estuvo difícil, pero resultó.

Nicolás da un paso al frente y, con dos controles del tamaño de una tarjeta, presiona el botón de la esquina de arriba a la izquierda, entonces un pequeño parlante susurra diciendo “invisibilidad desactivada”.

En ese momento, ante la mirada de todos los chicos, dos vehículos aparecen de la nada, similares a los modernos autos Lamborghini: uno presenta un color completamente negro, con franjas azules en el centro y en el costado; por otro lado, el vehículo de la izquierda tiene un color rojo con llamas naranjas y amarillas en sus laterales.

Gustavo se acerca y pregunta...

—¿Para quiénes son?

—Estos modelos son para Luciano y para vos, por tener la idea de crear el nuevo mundo.

—Gracias, che —dice emocionado.

Se abrazan fuerte... pero luego le pregunta algo más.

—¿Y los demás?

—Qué bueno que preguntaste... Nicolás se tomó la libertad de armar las máquinas que van a hacer las construcciones tanto de los autos como de los edificios. Obvio, no vamos a poder solos, necesitamos la ayuda de todos para levantar las torres.

—Tenía que repasar mucho la mecánica de esas constructoras —dice Nicolás—. Qué bueno que me salió bien.

—Nico pudo haber hecho varios autos más, pero están sin pintar y no tienen las terminaciones como el acceso al control y la invisibilidad programable. Pero pueden hacer lo esencial...

—Arrancar —dice Gustavo.

—Volar... —corrige Rogelio.

Todos quedan impresionados, tomando como una broma lo que dijo Rogelio, pero cambian la cara al ver que, con los controles, presionando el botón de arriba en el centro, el auto activa un sistema de flotación. Turbinas de altísima potencia desde cada punta del auto se disparan con enorme presión hacia el suelo.

—A esto lo llamo, el modo remolque —dice Rogelio—. Con esto, empujar el auto va a ser muy fácil.

Todos corren a verlo más de cerca, totalmente contentos con el gran invento. Gustavo no puede evitar preguntar más acerca de eso.

—¿Cómo hacemos para ver estas cosas invisibles? Nosotros nada más, sin tener que sacar la cinta.

—Buena pregunta, Gus... Síganme —dice Nicolás.

Llegan a una sala enorme donde Gustavo entra con Luciano y unos amigos. Comienzan a chocarse con algunas cosas invisibles y Rogelio les hace una seña con la palma.

—Hasta ahí no más —dice—. Este tipo de invisibilidad puede verse gracias a esta cámara especial, que nuestro amigo Claudio diseñó para nosotros, una foto y van a poder ver todo. Está en los planos del sobre. ¿No te acordás, Gustavo?

—Es que no vi bien esa parte —responde riendo.

—Ok, les voy a pedir que salgan de nuevo y acomódense en grupos. Claudio les va a sacar la foto, así van a poder verlo todo.

Gustavo, Luciano y los demás se acomodan, muchos buscan bancos e incluso se suben al auto para salir en la misma foto. Claudio, un joven rapado y con bata de laboratorio, se acerca a tomar la foto. El flash libera una reacción en el cerebro que hace posible amplificar la visión hasta el punto en el que pueden ver en carne propia los objetos que permanecen invisibles.

—Impresionante. ¡Es increíble! —dice Luciano.

—Te pasaste con este invento, Claudio. Es mejor que todos los proyectos que te mostré cuando te di el sobre.

—Quiero usar el auto —dice Luciano—. ¿Dónde jugamos una carrera?

—¡Me había olvidado de decirles! —dice Rogelio—. Según los planos, tenemos que crear un nuevo mundo... Gustavo ya me había hablado de esto. Teníamos dos opciones, escondernos bajo tierra... Pero con un auto que vuela, pasamos a la mejor opción: crear una ciudad... flotante.

—¡¿QUÉ?! —gritan todos.

—Sé que parece imposible y muy muy loco, pero va a funcionar, chicos. Hicimos muchos experimentos en estos últimos días. Nicolás hizo un par de modelos para los estadios y siguió la estructura de la ciudad tal como se detalla en el plano. Con el mismo sistema de invisibilidad, la ciudad va a permanecer sin ser vista por nadie en Mar del Plata. Según lo que me dijo Gustavo, el plan es armar una nube tan densa como una real, pero que a la vez mantenga en pie los edificios que se van a construir. Se va a esconder a un kilómetro de la playa, directamente al frente de la Av. Constitución y elevado un kilómetro sobre el nivel del mar. No va a cambiar de forma ni a evaporarse, tranquilos.

—¿En serio va a funcionar? Es imposible —dice Luciano.

—Va a funcionar —dice Gustavo—. El plano lo dice todo.

—Lo único que falta es sacar los autos a andar. ¿Cómo se van a llamar? —pregunta Rogelio.

Todos atentos a lo que dice Gustavo, él mira el sobre con una marca en la esquina superior que dice “PC”. Los mira a todos y ve el automóvil.

—Se va a llamar Power Car.

—Me gusta —dice Luciano.

—Es muy buena idea —dice Rogelio—. ¡Ese va a ser su nombre a partir de ahora!

Gustavo entra y arranca por primera vez su nuevo vehículo, Rogelio se sube del lado del acompañante, el tablero muestra muchos comandos aparte del aire acondicionado y los predeterminados que lleva cualquier auto. Luciano sale rápido junto con Nicolás y su hermano lo sigue apurado.

Una vez en la calle, ambos aceleran y pasan cada semáforo en rojo, con mucha suerte de no ser embestidos. Gustavo le pregunta a Rogelio sin perder de vista el camino:

—¿Querés decirme cómo volamos?

—Arriba del aire acondicionado te muestran los botones de cambio.

Gustavo mira las opciones: modo aéreo, modo terrestre, modo marino, modo submarino. Aprieta el primer botón y nota que la velocidad aumenta a 250 km/h, por el hecho de no tener rozamiento con el asfalto, al volante cambia de forma tal que puede moverlo desde su eje hacia donde quiera. Luciano mira como el auto lentamente se eleva por sobre los semáforos. Emocionado, busca en el tablero y al encontrar el botón lo oprime.

Comienza a levantar vuelo. Nicolás y él gritan de adrenalina como si estuviesen en un parque de diversiones. Hace el volante hacia abajo y el auto despega hacia el cielo.

En el camino, se acomoda la gorra y trata de mantener equilibrado el vehículo.

—Centrá el volante para que se enderece —dice Nicolás.

—Bien —responde Luciano—. Dijeron que podían crear una nube que soporte a la ciudad.

—Cierto. En un frasco tengo el químico listo, solo necesito agua azucarada para hacer la reacción y fortalecerla. Lo único que tenemos que buscar es una buena nube cargada y antes de tirar el químico agregarle eso.

Llegando a la zona objetivo, encuentran la nube de una fuerte tormenta a dos kilómetros sobre el nivel del mar.

—¡Es perfecto! —dice Nicolás.

Se posan sobre aquella tormenta. Nicolás mezcla un poco de la fórmula de invisibilidad y detrás de ella la azúcar líquida. Mezcla y queda uniforme. Luciano agarra el compuesto y dice.

—¡¿Qué hago?!

—Tirá el frasco a la nube —responde Nicolás, con toda confianza.

—Pero no tiene caso... Va a pasar de largo, boludo.

—No tanto... Con cualquier molécula de agua que toque va a reaccionar. Confiá.

Luciano abre la ventanilla, y el viento fuerte entra a la cabina. Tira el recipiente con energía. Se decepciona al ver que atraviesa la nube, pero luego el objeto vuelve a emerger como si estuviese recostado en un colchón de agua. El químico empieza a dispersarse por toda la nube hasta no dejar nada más que un suelo firme de treinta kilómetros cuadrados y aun suspendido. Gustavo asombrado ve cómo la gente en tierra no se da cuenta de que esa nube se está formando en frente de ellos, lo cual le da mucha felicidad.

Vuelven a la fábrica a buscar a los demás. Suben hasta ocupar todo el espacio de ambos autos, los llevan a su nuevo hogar ansioso. Al cabo de un rato aterrizan en la base y salen corriendo con ganas hasta donde llega el horizonte, se tiran de panza al suelo artificial, como cuando se arroja a la cama.

Al pasar un par de horas, se reúnen en el centro de la base blanca y vacía.

—Por fin tenemos nuestro mundo, después de tanto soñar —dice Gustavo.

—Decidamos quien va a ser el presidente —dice uno de los chicos.

—Que sea Gustavo —dice Luciano.

—No, no, no me gusta la política, yo voto por Rogelio, es buen candidato, nos guió todo este tiempo.

Todos aplauden a favor y Rogelio saluda a Gustavo por haberle dado esa responsabilidad.

Por último, Nicolás trae la mejor de las sorpresas: Coloca en el centro de la nube en un pequeño pozo, una máquina de forma rectangular y con una gran pantalla arriba.

Gustavo lo ve y se acerca a preguntar.

—¿Qué es eso?, Nico.

—A esto lo llamo “Areatempo”. Lo encontré en mi casa guardado en un cofre y desde que lo tengo lo usé para aprovechar mí tiempo en mis estudios. La función es alterar el tiempo en determinados parámetros de área, incluyendo tu edad, o sea que se ralentiza el paso del tiempo en nuestras vidas. Ahora ajusto los números… —comienza a tocar los botones digitales—. Veamos... Es 11 de marzo de 2007. Área en kilómetros cuadrados que cubre el total de la nube y el tiempo en relación al resto del mundo.

Todos se acercan a ver como Nicolás presiona un botón digital arriba en la pantalla. La máquina se activa y despliega una red semitransparente de color blanco, regulado con un parámetro de opacidad para simular el día y la noche, que cubre la superficie de la nube y una altura de un kilómetro aproximadamente. La pantalla muestra todo el resultado; En la futura ciudad de Power Car, el transcurso de un día, será de una hora en la Tierra. Si en el mismo pasa un día, serán veinticuatro días en Power Car.

—Ahora en Mar del Plata todo va a pasar más lento, desde nuestro punto de vista, eso nos da un buen tiempo para construir —afirmó.

—¿Qué esperamos entonces? —dice Rogelio—. De ahora en adelante, vamos a comenzar con la construcción de la gran ciudad de Power Car... Luciano, voy a necesitar que me prestes tu auto para traer los materiales.

—Dale, yo me manejo con Gustavo.

Pasan las horas en Mar del Plata, la ciudad empieza a construirse a las cuatro de la tarde hora de la Tierra. Luego de cuatro días de haber ayudado, llega el momento en el que deben volver a la ciudad algunos chicos. Luciano se sube al lado del acompañante y una vez que Gustavo termina de saludar a todos, se mete al auto.

—Volvamos a casa, che... se nos hizo un poco tarde.

El auto despega y ni bien sale del campo del Areatempo todo fluye normal a su alrededor, los autos, aviones, las personas, incluso el reloj, que ya marcaba las ocho de la noche. Preparando una buena excusa aterriza frente a su casa.

Muy emocionado por todo lo que está viviendo, entra con una gran sonrisa y cubre a Luciano quien aprovecha y pasa por atrás de él muy rápido hacia su habitación.

—Hola, má, hola, pá. Salí con unos amigos del cole y Luciano, a boludear por ahí.

Sus padres, José y Ana, padres ejemplares muy estrictos, los esperan ambos sentados en el sillón y con una mirada muy seria. Se levanta su madre y se acerca enojada.

—Son las ocho —dice.

—¿Qué tiene? ¿Un chico de quince o dieciséis no puede salir con sus amigos?

El padre se levanta del sillón y responde.

—No a esta hora, Gustavo.

La tensión se siente en la sala...

—¡Ya van a ver los dos!... ¡por fin voy a ser libre de ustedes!, tarde o temprano —sube las escaleras y se encierra en la habitación.

Al caer la medianoche, la alarma suena y Gustavo la pausa tan rápido como puede. Se levanta y mientras se viste a oscuras lo despierta a su hermano, quien salta de la cama con suma emoción.

Ambos bajan las escaleras muy lento con los bolsos armados, abren la puerta principal sin hacer ruido y salen corriendo, en la calle, Gustavo presiona el botón del centro del control, la nave detecta la señal y la ubicación... se enciende traza la ruta y sale desde unos arbustos hasta estacionar frente a ellos, con las puertas abiertas.

Se suben, activan el modo vuelo y despegan hacia la ciudad en construcción.

—¿Cómo es que el auto... puede?

—No sé, no sé cómo es que puede hacer todo eso —responde Gustavo.

—¿Cuánto tiempo pasó en Power Car?

—Desde que empezaron a construir... ocho días.

—¿“Ocho días”? ¡Qué rápido!

Cuando llegan a las bases de la ciudad, pasan cinco minutos más, o sea dos horas más. Ni bien entran en el Areatempo, todo se adapta a su favor.

—Tenemos que volver a Mar del Plata a las cinco de la mañana, para no despertar sospechas. Así que tenemos cinco días para ayudar.

Mientras vuelan, observan todo. Los edificios de forma cilíndrica, se construyen demasiado rápido. Se terminaron cinco con la ayuda de las máquinas especiales que diseñó Nicolás, que lucen como anillos cilíndricos, fuera de época.

—Encima nos dieron un par de departamentos —dice Luciano—. Con el número de nuestro auto.

Ambos emocionados, aceleran hacia el edificio. En la cima, hay un pent-house, con una cochera interna, en el que Gustavo estaciona perfectamente. Cuando abren la puerta encuentran una gran sala obviamente vacía. Boquiabiertos con la inmensidad de la casa, miran la placa al lado de la puerta corrediza, que indica el número del auto de Gustavo.

—Increíble —dice—. ¡Es mi casa!

Luciano se fija en su papel y dice.

—Yo tengo otra de estas casas, pero en el edificio de la otra calle... ¡Buenísimo!

—Nos vemos, Luciano, voy a ayudar en la construcción.

—Dale, en la noche nos juntamos para comer.

Se abrazan y se meten al ascensor.

Muchos de los futuros ciudadanos colaboran en el desarrollo de la construcción rápida, manejan las enormes máquinas que pueden terminar un piso en cuestión de horas, así la ciudad evoluciona cada vez más. Un camión plateado aterriza y trae grandes cantidades de material de varios lugares del país, con el que las máquinas las preparan casi al instante, las hace fluir a través de un esqueleto conectado a las mismas y por una reacción de calor moderada para no quemar el material, la hacen secar en cuestión de horas dejando la estructura semi preparada.

Al pasar esos cinco días, muchos edificios ya se encuentran listos, algunas pintadas de blanco, con enormes cristales y otras en proceso. Gustavo y Luciano nuevamente se toman por los hombros y miran las maravillas que ayudaron a levantar.

Se preparan para volver a Mar del Plata, sabiendo que para cuando ellos regresen, Power Car va a estar terminada. Pero antes de irse, van a la plaza central, que es un centro vacío entre tantas estructuras. Rogelio los llama a todos por altavoz.

—Amigos, ciudadanos, es tiempo de que vuelvan a casa, los que todavía viven con sus padres, mañana pasen por Av. Independencia 1640. Para entrar al centro de registro, pregunten por Claudio y los van a guiar a su oficina, donde el mismo les va a entregar la tarjeta de identificación... Hoy 12 de marzo de 2007. Declaro, la inauguración de Power Car.

Todos aplauden, gritan y festejan la apertura de ese nuevo mundo...

Al día siguiente se despierta en su casa nuevamente, pero cuando ve la hora, salta de espanto... es la una de la tarde, se viste rápido, se higieniza y se va corriendo mientras grita:

—¡Cómo carajo me quedé dormido!

Corre hacia el auto, lo enciende y despega hacia el centro. En un minuto llega al centro, a las avenidas Independencia y Luro. Aterriza cerca de un estacionamiento cuidándose de no chocar a nada ni a nadie, baja y corre hasta llegar al Centro de Registro, no ve a nadie haciendo fila. Entra y sin preguntar ve a Claudio sentado por ahí mientras toma un descanso.

—¡Gustavo! Llegaste tarde.

—Sí, no me hagas acordar, ¿lo viste a Luciano?

—Rogelio le dio el auto y se fue a Power Car.

Entran a un cuarto blanco y lleno de objetos con la insignia de la ciudad “PC”, una silla y la cámara especial apuntando a la misma.

—Acá tengo tu tarjeta lista.

—¿Qué número de ciudadano soy?

—”Número de ciudadano y Placa del vehículo 335”

—Es el primer auto fabricado y ¿tiene el número 335? —se ríe—. No importa, me gusta, gracias, che.

—Una vez que pongas la tarjeta en este estuche, te vas a hacer invisible, no transparente así que tené cuidado cuando salgas.

—Gracias, nos vemos, Claudio.

Sale de ahí ya invisible, se sube al auto sin ser visto y despega rumbo a la futurística ciudad, muy emocionado por las nuevas aventuras que va a vivir con sus amigos.

En la ciudad, todo está en orden, la gente camina por las calles con tranquilidad. Los jóvenes que tienen problemas familiares, son contactados por chicos de Power Car que en el más absoluto secreto, les dan una moneda especial, con la cual le hacen saber a Claudio porque motivo están ahí. Les dan una tarjeta y un hogar en la ciudad un lugar en donde hay paz y libertad.

Esa misma tarde, a las cuatro, hora de Power Car, empieza en los estadios, el torneo de carreras, el que espera en la meta organiza a los competidores. Gustavo no pierde la oportunidad e ingresa a la competencia. Su auto no tiene un alias que lo identifique y nadie logra reconocerlo. El estadio elíptico está llenándose de gente que hasta hace poco no eran más de doscientos.

El anunciante lo hace formar con señas, al fondo de los demás vehículos, ahí se encuentra con un amigo de la infancia, al que se sorprende de encontrar.

—¡Matías!

—¡Hola, Gustavo! Pasó mucho tiempo.

Gustavo mira el auto de color azul y observa su alias “Genius”.

—Se ve que en la última carrera con tu rival, Miguel, no saliste bien...

—Ey, eso pasó hace dos meses —dice Gustavo.

—Yo puedo enseñarte a ganar, solo mirá bien la carrera, aprovechá el momento.

—Dale, amigo, demostrame.

—¡Muy bien.

El anunciante los presenta ante el público hasta llegar al mejor.

—Amigos, voy a presentarles al mejor piloto que vimos competir en las preliminares, un aplauso muy grande para Matías, Alias: ¡Genius! —todos aplauden y gritan con euforia—. ¡Es hora de la carrera! ¡Que inicie el conteo! 3... 2... 1... ¡ignición!

Los propulsores despegan a los vehículos a toda velocidad. En primer lugar, Genius a 600 km/h, lo sigue Luciano a 510 km/h apodado “Ave Fénix”. Por último, Gustavo a 380 km/h y aun así logra ver los movimientos que hace Matías para mantenerse al frente sin errores, con eso aprende a sobrepasar a sus contrincantes. Sale del fondo y acelera cada vez más, llega al tercer lugar justo detrás de su hermano.

De repente aparece un auto apodado el “Hacha” que se coloca de costado, despliega una hoja oxidada de hierro, que cubre el largo del vehículo, corta por debajo el auto de Matías, frente a Gustavo y Luciano. El sistema de vuelo de destroza y el auto cae en picada hasta estrellarse en el suelo de arena. Hacha escapa y Gustavo con rabia quiere seguirlo, pero se preocupa más por asistir a su amigo. Desciende el auto y mientras está a flote abre y corre a abrir la puerta rota de Genius. Ahí lo encuentra, herido de gravedad, lo mira a Gustavo y sonríe.

—Jugó un poco sucio me parece —dice.

—Él no era de la carrera, salió de la nada, Mati.

—Quiero darte un regalo, Gustavo, te lo iba a dar ni bien terminara la carrera, te va a servir para defenderte.

—¿Qué es?, ¿por qué?

—En el baúl hay una caja, alguien me dijo que tenía que dártela, buscalo dale.

La ambulancia llega y llega a asistirlo, lo suben a una camilla flotante y lo meten en la camioneta. Antes de desaparecer de la vista de Gustavo, le sonríe y levanta su pulgar.

—Que te recuperes, amigo —susurra.

Aturdido ante la situación abre el baúl y encuentra una caja que tiene escrito arriba “Ballester”... lo sube al auto y despega hacia su casa. Después de un momento difícil, al entrar al estacionamiento de su departamento, reflexiona sobre lo ocurrido un tanto agitado.

***

Al abrir la caja ve una ballesta, lo cual toma como armamento principal del auto. Al pasar las horas piensa un momento en que parte del vehículo colocar la ballesta. Mira detenidamente y decide instalarlo en el techo.

***

Al día siguiente, el brillo intenso del Areatempo, hace que el cielo nocturno se vuelva celeste como un día ordinario. Va al taller donde empieza a hacer las placas que van en el auto. Revisa los circuitos del computador y los comandos para activar el arma. Hace los ajustes finales y empieza a pensar en el nombre que va a tener el vehículo. Se acuerda de su amigo y de la caja que le regalo, así logra su alias definitivo. A partir de ese momento se va a llamar “Genius Ballester”.

En uno de los talleres de la ciudad, abierto recientemente, empieza a hacer las placas que van acopladas al auto, las coloca detrás y en los costados. Una vez en el departamento, ve el calendario que tiene otra carrera en la tarde, se viste y despega al estadio, con una mentalidad diferente, más seria y serena.

De nuevo se forma en la línea de salida. El anunciante, un poco asustado por el incidente del día anterior, se acerca hace el conteo… Despegan acelerando a todo dar, es la segunda ronda del torneo y esta vez el que lidera es Luciano, acelerando a 700km/h. El Genius Ballester va segundo a 550km/h. Gustavo ve a los alrededores sin perder de vista el vuelo. Una llamada suena en el computador y presiona el botón de la pantalla.

—Che, te veo en la tele, soy Matías.

—Qué bueno escucharte, amigo, me tenías preocupado.

—Vas muy bien, seguí que vas a ganar.

—Gracias, Mati, pero ¿qué pasa si el Hacha...?

—Tranquilo, Gustavo, ya va a aparecer, concentrate en la carrera, dale.

En ese instante, entra el mismísimo Hacha, cuando está desprevenido, con su nave y su navaja preparada, así como como hizo con Matías corta el Ave Fénix, escapa a toda velocidad dejando a Gustavo con mucha rabia.

Sin pensar en nadie más que en su hermano, acelera a fondo y en picada y logra ponerse debajo de la destruida nave. Despacio, descienden en la arena. Una vez en el suelo el auto cae totalmente abollado. Gustavo sale y abre su puerta con desesperación. Lo encuentra sano y salvo, solo que muy asustado, casi en shock.

—Hermanito, ¿estás bien? —dice Gustavo.

—Sí... así termino las carreras ahora —sonríe.

—La próxima ronda, dejame estar al frente, lo voy a matar —dice con seriedad.

—Hay que pensar en un buen plan.

—¡Voy a hacerle frente!, ese estúpido va a morir.

En la tele aparece el primer noticiero, en el que una chica un tanto nerviosa hace su primer reportaje anunciando las noticias.

—Buenas tardes… estas son las noticias Power Car... La policía de la ciudad rastreo la zona en busca del homicida apodado el Hacha, revisando cada departamento y por medio de las tarjetas de identificación encontraron su casa. Luego de detonar la entrada sin dar con su paradero, encuentran algunos datos de él, entre estos su nombre, Diego. Unas fuentes aseguran que durante su instancia en Power Car compitió en unas cuantas carreras en las preliminares, perdiendo en cada una, esto parece ser una venganza en tratar de matar a los que salen en primer lugar en estas rondas.

***

Gustavo entra completamente cansado a su casa y prepara todo ya que al día siguiente va a enfrentar la ronda final. Duerme pensando en algún plan para detener al Hacha sin salir perjudicado en el intento.

Pasadas las horas se abren las cortinas y la luz del Areatempo, entra en la habitación. Gustavo se levanta y se prepara para la carrera. Despega hacia el estadio, mentalizado en todo. Sin decir nada se coloca en la posición de salida.

El anunciador mirándolo con cara de miedo absoluto, por lo que puede llegar a pasar, hace el conteo y al final toca la bocina.

Aceleran a fondo, todos bastante parejos y nadie quiere pasarse entre sí, nadie se atreve a cambiar su posición actual. El Genius Ballester toma la delantera a propósito y comienza a ver a sus alrededores, Genius y Ave Fénix van detrás de él.

—¡Vamos, imbécil!, ¡vení! —grita Gustavo.

Hacha ingresa al estadio, pasa a cada uno de los que compiten, cuando va a cortar su vehículo, Gustavo gira la nave, queda en la misma posición de Hacha, aprovecha y se aferra al techo con un arnés que preparó cuidadosamente. Diego, nivela y despega para salir del estadio, con el Genius Ballester enganchado.

Saca su cabeza por la ventanilla, el viento golpea el cabello medio largo en su rostro, con un hacha oxidada, corta el soporte del arnés y se libera al instante. Gustavo no lo soporta más, totalmente enojado, al igual que su enemigo, comienzan a chocarse uno al otro, empuja al Genius Ballester hacia los edificios y trata de zafarse, pero no lo logra. Roza el edificio y rompe las ventanas por accidente, todo queda destrozado.

Hace fuerza con el volante y la propulsión hasta poder salir del encierro, regresa y lo choca a toda velocidad, sin preocuparse por el vehículo, ya que es más resistente, que uno ordinario. Hacha cae sin estabilizarse hasta estrellarse en un shopping, Gustavo retoma el rumbo y va en picada para aplastarlo, pero Diego sube e intenta perderlo de vista. Genius.B lo persigue a fondo hasta golpear fuertemente su parachoques, el modo vuelo de Hacha falla. Desciende y se estrella en la terraza, sin poder hacer más.

Gustavo baja del vehículo, desengancha la ballesta y va preparado a enfrentar a su enemigo, quien sale herido de la nave... Se muestra como alguien vestido de chaqueta roja, con remera naranja y cabello rojizo, lo mira fijo y con rabia, le dice.

—Por fin decidiste hacerme frente.

—¿Qué? ¡¿Por qué?! ¿Quién sos?

—Ya lo vas a saber... después de matarte, voy a destruirlos a todos... Gustavo.

Sorprendido, lo apunta y repite la pregunta.

—¿Quién sos?

—Tu miedo más grande.

Saca un arma muy extraña y dispara, con algo de suerte, Gustavo lo esquiva y contraataca rápido con su ballesta, lanza una flecha directo a su pecho. Asombrado como él mismo, Diego se hace para atrás mientras le sonríe, tropieza por el barandal y cae.

Gustavo se queda congelado sin reconocer que gana la pelea, pero algo lo inquieta, cuando se asoma al borde, no logra ver a Diego sobre el suelo nuboso.

Intranquilo, regresa al estadio, muchos lo observan y aplauden el gran logro de haber vencido al Hacha. El anunciador sale a ver quien regresa con vida y aclama.

—¡El Genius Ballester!, ¡fuerte el aplauso, amigos!

Gustavo sale abre la puerta en pleno vuelo y con su brazo levantado saluda a todo el estadio que lo ovacionan y admiran su valentía.

2

ANTICAR

Gustavo ya lleva más de quince torneos sin perder y ya muchos empiezan a reconocerlo como un buen competidor, hasta su propia hinchada aparece en cada competencia, lo cual le produce mucha alegría y satisfacción, lo tiene todo, una vida de lujos y todo en Power Car mejora a cada instante.

La ciudad es un paraíso para muchos, no hay nadie que ejerza presión alguna, nadie que les diga lo que tienen que hacer, en Power Car todo es fiesta y libertad absoluta, controlado por ellos mismos.

Un gran amigo de Gustavo llega al departamento, el auto se estaciona en la doble cochera. Toca el timbre y la puerta corrediza se abre, un chico de mediana estatura, vestido con campera negra y remera violeta, acomoda su cabello castaño oscuro y entra sonriente.

—¡Miguel!, tanto tiempo —dice Gustavo.

—Desde la última carrera hace un par de meses, desde ese momento te busque, pero nunca estabas. Che vamos a hacer una carrera en Mar del.… unos chicos y yo, sobre el océano en modo marino ¿te va?

—Buenísimo che, preparo todo y vamos.

Al pasar las horas van a la Tierra, durante el día, en un buen horario para reunirse. Se encuentran en una de las grandes playas de la ciudad turística, Matías aparece y les explica el recorrido.

—Bueno chicos... la carrera empieza desde el último tramo de olas. Van a recorrer todo el océano atlántico hasta llegar a Ciudad del Cabo en Sudáfrica, ni bien tocan puerto se termina, prepárense.

Seleccionan la opción del tablero, modo marino, lo cual despliega una base que cubre toda la parte abajo el motor se pone del lado trasero, hélices aparecen en el proceso listos para salir. El vehículo pasó a ser una lancha. Se hacen las tres de la tarde hora terrestre, el día está tranquilo y el agua muy calma. Matías inicia el conteo y anuncia la largada.

Comienzan la carrera, van a velocidades muy bajas ya que las olas empiezan a acrecentarse, Gustavo se encuentra en frente de otra embarcación y no lo deja pasar, acelera todavía más hasta llegar a 200km/h rodean el bote y siguen la misma velocidad, el agua se tranquiliza un poco, al perder a Mar del Plata en el horizonte y a la misma ciudad de Power Car. Cambian de modo marino a volador... Al instante la velocidad aumenta hasta lograr romper la barrera del sonido.

Después de una larga carrera a través de las islas y el profundo océano pasando varias horas, llegan al puerto de ciudad del cabo, Gustavo activa uno de sus últimos propulsores y por cuestión de centímetros logra vencer al vehículo azul y violeta de Miguel.

Mientras van aterrizando en la playa, Gustavo le habla por el micrófono del computador.

—Casi, casi eh.

—Fue suerte —dice Miguel—. Mi auto “Gusano” casi te destruye.

—Mucha suerte a la próxima, ¿nos quedamos en la playa? te hace falta broncearte un poco.

—Nah, volvamos a Power Car, pero primero carguemos algo de combustible. Como tenemos algunas horas más de viaje, son varios días en Power Car.

—Dale, qué bueno que es fin de semana, si no me matan mis viejos.

—¿Qué les dijiste?

—Que me fui a casa de un amigo a dormir —se ríe.

A la mañana siguiente, ambas naves llegan a las costas de Mar del Plata y suben hasta Power Car, que ya está a un nivel más bajo, debido al peso de los edificios. Gustavo llega a su hogar y se acuesta en su enorme sommier, disfruta cada minuto de suma libertad en la ciudad. Se asoma a la ventana y ve un rascacielos de forma cuadrada a una calle de distancia, cuya cima tiene un enorme reloj digital, marca las diez de la mañana hora terrestre. Gustavo se percata que ya es lunes por la mañana.

—¡Tengo que volver rápido!

Aterriza cerca de su casa, oculta el auto en modo invisible, entra por la ventana de la habitación, actúa como que recién se despierta y aprovecha la mañana para desayunar e irse a la escuela.

***

Una vez en el aula de la escuela, Gustavo entra y se encuentra con Miguel, algo extrañado esperan a la profesora, quien llega y solo observa el salón vacío.

—Qué increíble, me parece que se cambiaron de colegio, después voy a revisar quienes faltan. Aunque sean cinco les digo los temas de hoy y después se lo pasan a los otros.

—¿Dónde están todos?, Miguel —dice Gustavo.

—Ni en pedo van a venir a clases, ahora que está Power Car.

—¿No vienen más?

—No, Gus, ya tienen su vida hecha allá, no se van a preocupar más.

—Sí, es cierto, podría hacer lo mismo, pero si no estudiamos...

—Es verdad, che, por lo menos terminemos acá y después nos despreocupamos.

Al salir de la escuela empieza a llover, Miguel se va a la ciudad flotante y por atrás sale Gustavo por las puertas del colegio, cuando aprieta el botón del control para que el auto lo encuentre, mira a sus alrededores y lo encuentra a Luciano todo empapado.

—¡Tenés una carrera en minutos, vamos!

—Cierto ¡Dale!

***

Despegan a toda velocidad, Gustavo logra subir a la ciudad sin problemas, pero Luciano lleva al auto muy descontrolado por la velocidad. Abre el menú del computador, en la opción de números conecta con el Ave Fénix.

—Tené cuidado, no choques, subí un poco más y nivelate.

—Sí, sí, no jodas, vos andá a la carrera.

Por contestar la llamada, no ve la dirección del vuelo, quiere subir un poco más, pero con la velocidad que lleva no lo logra, roza un poco de la base nubosa y se rompe una pequeña porción de varios metros cuadrados.

Cae al mar y desencadena una nueva reacción química efervescente, el área del mar hierve mientras la nube se sumerge. Una niebla densa se va formando poco a poco...

***

Gustavo siente el ruido y frena de a poco, cuando voltea la nave, lo ve llegar al Ave Fénix.

—¿Todo bien? Luciano.

—Sí, boludo, dale vamos.

La fractura de la base llega a la pequeña cárcel de la ciudad, donde ya se encuentran algunos rebeldes, bravucones y ladrones, el temblor raja las paredes. Los delincuentes intentan salir, pero para salvar sus vidas, ya que toda la cuadra que ocupa la estructura corre el riesgo de caer al mar. Una inmensa explosión provoca que todo colapse definitivamente.

Genius Ballester llega a la posición de partida, sin haber escuchado el estruendo, debido a la euforia de la gente. El anunciador se acerca a la línea de salida y a través del micrófono se dirige a todas las personas presentes.

—Bienvenidos al estadio Adrenalina, soy Pablo, su anunciante sexy —acomoda su pelo largo y negro—. Dentro de poco vamos a comenzar.

Al terminar el conteo regresivo, despegan. Gustavo sin problemas toma la delantera superando a varios adversarios con buenas maniobras de evasión. Miguel lo alcanza y lo iguala al instante. Van muy parejos casi el total de la pista elíptica de mil metros. En la siguiente vuelta empieza la ronda de obstáculos. Del suelo arenoso se levantan enormes estacas que cruzan a través de la pista y en cualquier dirección, el tamaño es de cuatro metros de espesor. Son rápidas e imprecisas, llegan hasta la cima del estadio y muchos chocan. Son atrapados al instante, por un equipo de emergencia a través de enormes imanes y son llevados afuera de la pista. Miguel se ríe y se comunica con Gustavo.

—Es muy fácil, voy por arriba y listo.

Pablo se da cuenta del movimiento de Gusano y decide advertirle.

—¡Según las reglas, nadie puede subir por encima de las estacas, si lo hacen quedan descalificados!

—¡No! Reglas de mierda —dice Miguel.

Desciende la nave y se coloca en primera posición al lado del Genius Ballester, ambos evaden los obstáculos, usan los comandos del tablero para direccionar el sistema de vuelo, justo antes de tocar la columna.

Después de tres vueltas de evitar un choque, las estacas se adentran de nuevo. Avanzan sin parar, en el lapso de un segundo Gustavo gira la cabeza y mira sobre el estadio y a mucha gente les llama la atención, el mismo ruido que escucha. Dos aviones Jet pasan a gran velocidad desapareciendo en los límites del estadio.

—Nadie en Power Car usa aviones Jet, esto no me gusta nada —piensa Gustavo.

Las turbinas del sistema de vuelo del Genius Ballester se encienden, deja la carrera y va a perseguirlos. Miguel frena y mira a Gustavo desaparecer en el cielo.

En el camino acelera lo más que puede y supera la velocidad de los Jet, acercándose rápidamente. Toca bocina y los pilotos comienzan a detenerse. La nave de Gustavo para por encima de ellos y se posiciona ante ambos, un micrófono se despliega del tablero, a través de un comando del computador, activa el altavoz.

—¿Quiénes son y de dónde vienen? —les dice—. Muéstrense ahora.

—Sin presentarse, le responden por radio.

—Venimos de Anticar.

—¿Dónde es eso?

—Como el mismo nombre lo dice... Somos la ciudad opuesta que se creó debajo del mar, se formó casi instantáneamente por un pedazo de nube que se desprendió de acá, como un espejo reflejo la ciudad. Nosotros somos de la prisión de la ciudad y el tiempo avanza más rápido en el fondo.

—¿El Areatempo de Nicolas no es el único? —se pregunta Gustavo por pensamiento.

—Ahora entreguen la ciudad o la destruimos.

Gustavo queda congelado, nunca pensó en los efectos secundarios de la nube está vez en agua salada, ni mucho menos en un segundo Areatempo.

—No vamos a darles la ciudad a delincuentes. Váyanse.

—Vos, te vas a hacer cargo de lo que va a pasar.

Los jets giran y despegan de nuevo hacia el fondo de la espesa niebla que cubre la base de la ciudad. Gustavo va hacia el ayuntamiento, entra sin preguntar y los guardias de seguridad lo toman por sorpresa y lo tiran al suelo.

—Tengo que ver al presidente Ramírez, es urgente.

—¡Gustavo!, déjenlo pasar chicos —dice el chico de traje y pelo negro.

Se levanta adolorido y se acerca a su amigo.

—Tenemos un problema, Rogelio.

—¿Qué pasa?, estás nervioso.

—Una ciudad se formó abajo en el mar.

—No puede ser. ¿Cómo se llama? ¿Cómo se hizo?

—Vení, te muestro.

—Dale, vamos a ver.

Una vez en el borde de la ciudad, ambos acercan sus miradas a la niebla.

—Es ahí.

—¿Cómo no me enteré de esto?, no me dijeron nada.

—¿Cómo es que consiguieron aviones?, ¿cómo los llevaron hasta ahí?, ¿y cómo es que el tiempo pasa más rápido?

—No tengo idea, Gus, pero ya vamos a averiguarlo.

Continúan observando... una niebla en el que también pueden notar ruidos y destellos de relámpagos incesantes.

—Volvamos al ayuntamiento, vamos a preparar una expedición —dice Rogelio.

—Dale.

***

Las naves despegan desde los garajes y estacionamientos de la ciudad y van en camino al borde de la ciudad. Una vez allí, el Ave Fénix enciende el auto y se asoma al borde del campo luminoso del Areatempo, una vez que despega hacia la niebla, los ciudadanos ven como la nave sale del campo y se ralentiza al viajar a la niebla.

Cuando llega y lo cruza, desaparece en los turbulentos destellos, de pronto un gran rayo cruza la niebla, una explosión se siente como un sonido lento, de miedo para muchos. Gustavo reacciona con desesperación.

—¡Luciano!

—No vayas, Gus, todavía no —dice Rogelio.

Gusano despega hacia la niebla, sin consultar, para sorpresa de ambos, en el camino sucede exactamente lo mismo, un estruendo y una explosión.

Rogelio se queda impactado con lo ocurrido. Sabiendo lo que va a pasar lo mira a Gustavo y le hace señas de que no intente ir tras Miguel. Cuando se da vuelta a buscar alguien más, él aprovecha y se sube a la nave, arranca y despega. Atraviesa el Areatempo y acelera en picada.

Le da un poco de impresión ir directo al impacto.

Debajo de la niebla una capa de agua de mar de un metro separa la superficie, de una ciudad completamente aislada del agua, como si fuese una burbuja en el vasto océano. Antes de llegar a la ciudad ubicada en el fondo, hay una intensa e inmensa tormenta.

Genius Ballester se adentra en la misma, ve como los relámpagos incesantes cruzan frente a él. Comienza a esquivarlos como puede hasta que logra ver la ciudad. Los rayos se vuelven todavía más poderosos y Gustavo se aferra al volante con entusiasmo.

—¡Perfecto! —dice.

Empieza a evadir los obstáculos, tal como lo hizo en las carreras, con las estacas de madera.

Logra atravesar toda la zona de peligro con daños menores y entonces ve la ciudad, oscura, fría y húmeda. Los únicos habitantes son los prisioneros de Power Car. La superficie es exactamente la misma y en los límites, el océano no se acerca al área debido a una lámina que protege la ciudad.

Cuando Gustavo sobrevuela los arruinados edificios, los criminales que lo reconocen a la distancia, comienzan a dispararle. Acelera a fondo para poder salir ileso y lo logra, aunque el auto ya tiene serios daños.

Una vez que va por una calle deshabitada, se alivia y enciende el localizador, en el mismo radar encuentra las señales de Ave Fénix y Gusano.

—Bien... están vivos.

Pasea por las calles de la triste ciudad, sin querer pierde la noción de donde está ubicado. Así que regresa por donde vino.

Mientras tanto, en Power Car, los jóvenes se preparan para la invasión, tienen sus armas listas y se ubican en posición defensiva detrás de los edificios.

Rogelio los observa a todos y activa el computador de la nave, genera un enlace con los demás vehículos y por micrófono los dirige.

—Ahora esperen a que lleguen, estén atentos y no se muevan.

En Anticar, Gustavo continúa su búsqueda. Pasado unos minutos se esconde en un edificio abandonado, ya que unos aviones enemigos patrullan la zona. Baja del auto y se asoma a ver qué pasa.

Los aviones llegan al final del camino y se reúnen con más jets. Apuntan al cielo tormentoso y despegan hacia Power Car. Salen sin ningún problema de aquella tormenta, apagan las turbinas llegando a la superficie y con la misma inercia atraviesan el agua. Encienden y continúan el vuelo. Atraviesan el campo del tiempo y bombardean la ciudad, las ventanas y los escombros saltan en todas direcciones.

—¡Ahora! —dice Rogelio.

Los vehículos salen rápido hacia ellos a responder el ataque, derriban los aviones uno tras otro, al igual que ellos a los powercars, algunos logran eyectarse antes de caer a la base de la ciudad.

En Anticar, Gustavo reanuda su búsqueda, avanza unas cuadras más y se topa con uno de los aviones enemigos, se disparan uno contra otro, Gustavo fija en la mira una de las turbinas y rápidamente dispara una flecha de acción explosiva. El jet cae destruido al completo. Gustavo gana la pelea y se asombra un poco, es la primera vez que tiene un combate a muerte, luego de su corto enfrentamiento con Diego.

Sin pensar mucho continúa camino y sin distraerse. Un resplandor al final de la calle le llama la atención. Lleva a su nave hacia ahí, encuentra a Ave Fénix, junto a un montón de hierros retorcidos de un jet.

—¡Luciano! —baja del auto y va a abrazarlo—. Qué bueno que estás bien, ¿dónde está Miguel?

—Se escondió en un edificio, vení.

Corren rápidamente y lo encuentran frente a una fogata tenue, un tanto temeroso de que aparezcan enemigos.

—¡Miguel!

—¡Gustavo!

Suena una alarma en toda la ciudad, se trata de un aviso importante en el que alertan a los ciudadanos de la presencia de los tres powercars.

—Tenemos que volver a Power Car —dice Gustavo.

—¿Cómo? —responde Luciano.

—¡Ey! —dice Miguel—. Miren —señala un galpón con desechos metálicos.

Dentro, encuentran sogas metálicas, envueltas parcialmente con goma. Los tres se miran y piensan en el mismo plan.

Los engancha a cada uno de los vehículos, mientras ellos cargan las armas principales y secundarias de los autos. Se suben y despegan hacia la tormenta. En el camino varios aviones salen para embestirlos, los persiguen durante el vuelo.

Gustavo encuentra en su computador las coordenadas del mismo lugar por donde ingreso. Los enemigos disparan sin cesar, las tres naves llegan a esquivarlos y continuar el vuelo. El Ave Fénix se enoja, ajusta en la pantalla el arma principal del techo del auto. Dispara bolas de fuego, estas logran impactar en un par de aviones. Gusano activa ametralladoras laterales, giran y apuntan hacia atrás, barren a disparos a cuatro más, se destrozan y desaparecen en la tormenta.

Quedan dos aviones que aun en vuelo, siguen tirando a matar, las municiones logran destruir parte del auto de Gusano. En su interior, él intenta protegerse de la lluvia y los vientos que entran. Lo llama a Gustavo y le grita.

—Genius Ballester, ¡disparale a las turbinas!

—¡Es cierto!

Activa el arma, gira ciento ochenta grados, carga al menos cinco flechas, la mira detecta a los blancos y automáticamente dispara. Esquivan al Ave Fénix y a Gusano, llegando directo a las turbinas. La explosión les da una gran alegría a los tres. Pero su rostro cambia al ver que de toda la tormenta llega otro avión.

Este va directo a Gustavo, sus disparos impactan en la parte trasera de la nave, esto hace que empiece a fallar el sistema de vuelo. Ve que el computador, le avisa donde está cada zona dañada.

—Mierda, ya me cansé.

Acelera aun más, sabiendo que el vehículo se puede apagar en cualquier momento, la carrocería del auto y las sogas comienzan a temblar, los vehículos que lleva atados, representan un gran problema. Miguel se da cuenta de lo que pasa y le dice a Gustavo.

—Es lo mejor, Gustavo.

—Eso, Gus, soltamos —dice Luciano.

Cuando está por hacerlo un rayo cae y corta las sogas metálicas, al mismo tiempo hace que los tres vehículos se potencien.

—¡Qué suerte! —dice Gustavo—. ¡Sigan! ya los alcanzo.

Sin dudar, Miguel y Luciano aceleran a fondo hasta salir de la niebla. Mientras tanto, Gustavo voltea la nave y va en reversa para compensar la parte dañada del sistema de vuelo, los relámpagos se atraviesan en el camino, ambos se disparan sin atinarse. Salen de la niebla y Genius Ballester retoma su camino, llega a Power Car y avanza cada vez más rápido, la nave saca humo negro, en cualquier momento estalla. El avión vuelve a disparar y esta vez destroza todo el sistema de vuelo.

—Tengo que llegar al taller —dice, mientras su sistema se va apagando.

Dirige el auto a un edificio llamado Techcar, activa el propulsor adicional, pierde al avión y termina por estrellarse en la cima del edificio. Atraviesa la puerta, cae y derrapa hasta chocarse contra la pared. Los técnicos cierran la puerta con lo que encuentran y sin que los anticars se den cuenta.

Con un matafuego, apagan el incendio del auto, Gustavo sale muy golpeado. Un avión ve el humo que se pierde en el edificio y empieza a disparar a matar. La puerta que se sostenía de nada, cae y todos quedan al descubierto. Es el avión del vicepresidente, quien se muestra rapado y algo barbudo, detrás del avión flamea una bandera gris, con triángulos negros que forman una “A”, esto lo diferencia de los demás.

Gustavo se esconde debajo del auto y se pone a arreglar el auto como puede. El avión dispara a toda la sala, los técnicos corren como pueden y se esconden. El vehículo es llevado al taller lo más rápido posible y una vez allí comienzan a cambiarle los propulsores dañados. Gustavo corre y esquiva cada uno de los ataques del mandatario, hasta que finalmente uno de los técnicos le avisa a la distancia que su auto está listo. Corre a todo dar, se lanza al auto y despega. Ataca al avión solo para ahuyentarlo mientras escapa.

El Ave Fénix llega a la batalla, pelea contra uno de los aviones, ataca constantemente con fuego de sus cañones como arma principal, el avión lo esquiva sin dificultad.

—Vamos a probar mi defensa —susurra Luciano.

Acelera en círculos alrededor del enemigo sin perder el control, el velocímetro aumenta hasta los 600 km/h, mientras lo hace activa la defensa, como opción “Fuego Externo”, lo cual hace que se incendie como meteoro, sin dañar el vehículo, lo rodea cada vez más y más cerca. El avión se va desintegrando poco a poco, el piloto hace eyección, el paracaídas mismo se desarma en el aire y el hombre cae mientras grita con desgarro.

Ave Fénix se detiene y mira al hombre, siente lastima y decide ir a salvarlo, lo atrapa en plena caída apoyándolo sobre el techo, todavía caliente. Cuando llega al suelo solo lo arroja como muñeca de trapo, antes de que sienta ese calor y se reintegra a la pelea.

Matías se une también, lucha contra uno que opta por imitar cada movimiento que hace. Ambos se disparan sin dañarse. Genius lo sorprende y casi lo choca de forma frontal, el piloto queda medio desorientado, Matías aprovecha y dispara a las turbinas para terminar con el combate.

Rogelio acelera hacia la pelea, uno de los aviones con la misma bandera gris y negra, casi lo atraviesa, solo rozó el techo del auto presidencial negro. Ambos se miran frente a frente, el piloto de cabello castaño claro, cicatriz en la frente y barba, se comunica con él.

—Hola, señor, soy Iván, el presidente de Anticar. Vengo a darle un regalo de parte de todos los ciudadanos.

El avión va contra el auto y lo choca de forma brusca, el vehículo presidencial sale despedido contra un edificio, atravesándolo de lado a lado, Rogelio apunta y dispara sin cesar. El Anticar recibe varios impactos y cae dañado. Iván abre la escotilla y salta al edificio que está destrozado.

El avión continúa la caída y estalla en el suelo nuboso, Rogelio va de inmediato hacia el agujero por el cual pasó. Cuando llega al piso destruido, Iván lo espera con un cañón casero apuntando y está por dispararle. El presidente acelera y lo atropella, así continúa con Iván en el capote, hasta llegar al otro lado, rompen la única ventana sana que queda. Iván se suelta y cae, Rogelio lo mira con satisfacción, pero en ese momento, abre un paracaídas pequeño que ralentiza su caída y cae en uno de los aviones anticar. Lo atrapa y se lo lleva de nuevo a la ciudad oscura.

Fuera de Techcar, Gustavo sigue luchando contra el vicepresidente, los disparos que se dan entre los dos están al borde de tocarse, el joven, prepara en su lista de defensa, un protector metálico que parcialmente cubre la nave, las municiones que arroja el anticar, rebotan en el escudo y van a cualquier parte. Acelera hasta pasar por encima del avión, activa todos sus sistemas de propulsión. Entonces al salir el fuego de la parte de atrás de auto, quema y daña severamente el avión.

Gustavo regresa y dispara una flecha a la turbina izquierda, esto hace que caiga como mosca. Coloca su auto mirando al enemigo que cae desesperado y gritando de odio. Dispara una flecha bomba para que termine de destruirse en el aire, sin demostrar piedad.

Iván escapa y Rogelio intenta seguirlo, pero tiene tantas heridas que no puede sacar su nave, al igual que el Ave Fénix, Gusano y los demás. Todos los aviones regresan a la niebla a excepción de uno que va despacio y aterriza frente al ayuntamiento. Rogelio y Gustavo se asoman en sus naves.

Él se baja y va hacia el anticar, con el arma lista y le pregunta.

—¿Qué hacés acá?

—Vengo a traer... una retirada estratégica de Anticar —suspira agotado.

Todos gritan de alegría como si fuese una victoria, mientras Iván los mira con enojo, los aviones deciden irse, repentinamente, rumbo a la niebla y desaparecen en las profundidades. El anticar, deja el documento en manos de Rogelio, sin cambiar su expresión de rabia y finalmente, se retira no sin antes decir.

—Esto no se va a quedar así…

Festejan por el triunfo temporal, aparecen varias ambulancias a atender a los heridos y se los llevan directo al hospital. Gustavo completamente lastimado, se ríe aliviado junto a los demás ciudadanos, mirando un gran atardecer que cubre a la ciudad en ruinas.

3

LA TIERRA VS. POWER CAR

Claudio, es un gran trabajador, de piel pálida, cabello bien corto y anteojos, que pasa sus días en Mar del Plata. Tiene un puesto importante en un negocio de fotografía, a la vez es el encargado del registro de los jóvenes, que se van a convertir en habitantes de la ciudad.

Un día como cualquier otro, trabaja en el local hasta que ve pasar al negocio a un señor de mal aspecto dirigiéndose a él.

—Señor, ¿me deja ver su cámara especial?, por favor.

—Disculpe señor, pero las cámaras son de uso privado.

—Bueno, está bien, voy a volver más tarde con una orden y me vas a dar esa cámara sí o sí.

El hombre se va furioso dejando a Claudio preocupado y temiendo lo peor, automáticamente llama a Rogelio y le deja un mensaje de voz.

—Rogelio, pasó algo muy malo, espero que puedas responderme cuanto antes, un viejo vino a buscar la Cámara Especial de Registro. Tiene unos cincuenta o sesenta años, por su ropa y corte de pelo parece un militar. Usar el misil BM no sería mala idea. Hablamos después.

Corta la llamada, desesperado intenta buscar una manera de salir del cuarto y llevarse la cámara, sin ser visto, pero es sorprendido y golpeado en la nuca con un fierro y cae sobre su escritorio, inconsciente. El extraño agarra la cámara con cuidado y se la lleva contento, sin llamar la atención de los trabajadores del local.

***

Es un día soleado y caluroso a pesar del otoño, todos festejan los primeros meses en la ciudad, la fiesta es un descontrol en la playa... cerveza, baile y música a todo volumen. Gustavo y Miguel compiten en carreras sobre el mar como de costumbre. Cuando regresan otro par de autos despegan. Se trata de Ave Fénix contra su nuevo rival Jonathan Hellmer, también conocido como Peke. Un chico rubio de doce años, vestido con colores vividos como el verde y el amarillo, que no se escapó de su casa, sino que va solo a divertirse.

Ambos van perfectamente iguales a casi mil kilómetros por hora, Luciano usa todo tipo de propulsión a excepción de Peke, que usa solamente su caja de cambios especial. Al llegar a la escollera, por muy poco gana el Ave Fénix. Luciano aterriza sobre la arena, baja de la nave a la playa junto con Jonathan, se ven frente a frente.

—Bien —dice el rival—. Lo hiciste bien para ser principiante.

—¿Principiante? No, no, no, soy uno de los mejores en las carreras, vos llevas diez copas sin ganarme.

—¡Te voy a matar! —se enfada rápidamente.

—Dale a ver —grita Luciano.

Cuando se están por golpear llegan los demás a separarlos y la situación logra controlarse.

Después de la fiesta y una vez que vuelven a Power Car, Gustavo se dirige al ayuntamiento donde Rogelio lo espera con los mates.

***

—Me llegó el mensaje en plena carrera —se ríe Gustavo—. ¿Qué pasó?

Se sienta en un sillón negro frente a su escritorio de roble.

—Estuve llamando a Anticar, pero por la diferencia de tiempo y espacio no se puede, así que dejé un mensaje.

—¿Por qué? Te veo nervioso.

—Hay un pequeño problema en Mardel. A Claudio lo noquearon, gracias a Dios está bien, pero le robaron la cámara del registro.

—¡No puede ser! —se levanta de forma brusca.

—Si no te molesta, haceme el favor de investigar.

—Dale, che, no hay problema.

Anochece en Mar del Plata, Genius Ballester sale de Power Car y se dirige a la casa de sus padres. Cuando entra, se encuentra con una terrible sorpresa, los ve sentados hablando con el mismo señor. Gustavo un poco extrañado pregunta.

—¿Quién es, má?

—Él es Juan.

—Es un militar, retirado desde hace diez años.

El hombre se levanta y le da la mano.

—Hola, Gustavo, voy al grano. Conozco el secreto que escondés, pero no voy a decir nada con una simple condición, entréguense, vuelvan y no les va a pasar nada, así solo se van a quedar un tiempo en la cárcel. Si se niegan, no solo voy a revelar el secreto a todo el mundo, si no que vamos a atacar y derribar su hermosa ciudad, todo se va a ir al fondo del mar.

—Está bien, señor, voy a hablar con el presidente —lo mira con seriedad.

—¿El presidente? —dice su madre.

—¿De qué ciudad hablan? —pregunta el padre.

—Ignórenlo —dice Gustavo—. No sabe lo que dice... voy a hablar con él, señor.

—Una cosa más, Gustavo... puedo verlos.

—¡¿Qué?!

—Sí así es, y si hacen alguna estupidez, decile chau a todos tus amigos.

—¡¿Cómo le puede decir esas cosas?! —se enoja José.

Juan saca su arma y los apunta a los tres, Gustavo trata de tranquilizarlo.

—Dame un día o dos, para pensarlo con los chicos.

El hombre canoso de cabello bien corto, piensa sin bajar el arma y responde.

—Muy bien, te voy a esperar, con todos mis contactos en la playa.

—Está bien, mejor le respondo hoy.

—Me parece bien, nos vemos pronto.

Ambos salen de la casa mientras que Juan sigue apuntando a los padres. Gustavo retrocede hasta perderlos de vista, corre a buscar su auto y sale desesperado a la ciudad flotante.

Juan va a su vehículo y se toma el tiempo de ver como el Genius Ballester vuela a Power Car.

Ante semejante situación, va a ver a Rogelio al ayuntamiento a gran velocidad. Corre por el hall tan rápido como puede.

—¡Rogelio! ¡Rogelio!

—¡Gus! ¿Qué pasó? —sale de la oficina—. ¿Averiguaste algo?

—El viejo estaba en mi casa, no sé cómo me encontró, pero nos apuntó y nos amenazó a mí y mis viejos, qué bueno que mis hermanas no estaban. Seguro es el mismo que golpeó a Claudio.

—¡¿Por qué te amenazó?!

—Sabe de Power Car, sabe todo, no sé quién le dijo.

—Vamos a averiguar, tengo un amigo en las fuerzas que puede darme unos datos de él —dice Rogelio.

Tecleando en su notebook encuentra los datos que le pasaron por mail.

—Se llama Juan Martínez, cincuenta y ocho años, divorciado, diez años fuera de las fuerzas; el motivo: demencia, delirios, alucinaciones. Último día en el servicio de armas, 30 de abril de 1997 —dice Rogelio.

—Se ve que tiene muchos contactos y arreglos en muchos lugares, si llama a cada uno vamos a tenerlos a todos apuntando para mañana a la noche.

—¿Qué hacemos?, Gus.

—No pienso entregarme, Rogelio.

—Obvio que no.

—Nos vamos con ciudad y todo al fondo antes de dejárselo a ellos, ¿qué dice?, señor Presidente.

—Que así sea, vamos a defender la ciudad a toda costa.

***

Miguel almuerza tranquilo en su departamento, cuando de pronto ve en la televisión una noticia importante de último momento:

—El presidente Rogelio Ramírez, en breves instantes va a dar un aviso de gran importancia, escuchemos...