Profesores - António Nóvoa - E-Book

Profesores E-Book

António Nóvoa

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Beschreibung

Las profesoras y profesores que hoy habitan las escuelas son la generación del cambio. Durante su vida profesional, la educación y la enseñanza van a cambiar profundamente. Aunque existe un gran malestar debido a la falta de reconocimiento del profesorado y a toda la incertidumbre que rodea su futuro, tenemos que ser capaces de un gesto de esperanza. No se trata de un optimismo ingenuo, sino de una esperanza que se aprende y se cultiva en común. Lo más importante es que seamos capaces de liberar el futuro, subtítulo adoptado para este libro, inspirado en Iván Illich. Nadie sabe cómo será el futuro y ni siquiera merece la pena intentar adivinarlo. Pero tenemos la obligación de hacer todo lo que esté en nuestras manos para no cerrar la posibilidad de que exista futuro, para garantizar la libertad a las próximas generaciones. El libro gira en torno a estas ideas fuerza: a) que la educación pública es la herramienta más potente (quizás la única que nos queda) para construir un futuro en libertad; b) que se precisa un nuevo contrato social para la educación que asuma como principios básicos la justicia social, la dignidad humana y la diversidad cultural; c) que no hay nada que sustituya a un buen profesor; d) que la escuela del futuro solo será posible si se concibe como un bien público que exige la cooperación y el compromiso de todos.

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Seitenzahl: 212

Veröffentlichungsjahr: 2025

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PROFESORES

Liberar el futuro

António Nóvoa

Con la colaboración de Yara Alvim

NARCEA, S. A. DE EDICIONES

Índice

Prólogo

1. La educación y nuestro futuro común

Tomar conciencia es liberar el futuro

Cinco temas centrales para el futuro

Futuros comunes

El espacio público y común de la educación

2. Nada sustituye a un buen profesor

Recomendaciones para una profesión con futuro

Libertad para educar

3. La libertad como principio y como fin

Tres veces libertad

Otras tres libertades más

La libertad es un sustantivo pero también es un verbo

4. El conocimiento cualificado del profesional docente

Para empezar: ¿cuál es el tema central de la formación docente?

Para continuar: un conocimiento contingente, colectivo y público

Un conocimiento público

Para concluir: consecuencias para la formación docente

Coda para que todo quede claro

5. Jóvenes profesores. El futuro de la profesión

Un tiempo entre dos momentosel periodo de inducción profesional

Seis puntos que parecen simples

Una invitación a las universidades

En conclusión

6. El profesorado después de la pandemia. La reinvención del futuro

Primer movimiento: Andante con moto

Segundo movimiento: Allegro moderato

Tercer movimiento: Molto vivace

CODA

7. ¿Y después de la pandemia?¿Recuperar o transformar?

Y, de repente, la pandemia

Lecciones aprendidas durante la pandemia

La escuela más allá del modelo escolar

¿Es posible aún esa metamorfosis?

8. Profesorado. Ampliar las posibilidadesdel futuro

La enseñanza como hecho humano

Educar humanos por humanos para el bien de la humanidad

Profesorado. Futuros por construir

9. Los profesores y el cambio. ¿Qué papel juega la formación del profesorado?

Políticas educativas y organización escolar

¿Y ahora?

Tender puentes

Los docentes y su formación

Epílogo

10. Los docentes y la renovación del contrato social de la educación

El contrato social de la modernidad

Renovando el contrato social para la educación

Valorar lo común en la educación

El papel indispensable de los docentes

Referencias bibliográficas

Prólogo

En 1966, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y la OIT (Organización Internacional del Trabajo) se reunieron, en el marco de una conferencia intergubernamental especial, para aprobar una importante Recomendación relativa a la situación del personal docente.

Este documento reconoce el papel fundamental del profesorado en el proceso educativo y la importancia de su contribución al desarrollo de la personalidad humana y de la sociedad moderna; y establece directrices internacionales sobre el estatuto, la formación, la carrera docente, las condiciones de trabajo y los derechos y deberes del profesorado.

Aprobada el 5 de octubre de 1966, la Recomendación constituye un hito en la historia del personal docente y de la profesión docente. Para no olvidarlo, en 1994 se estableció el 5 de octubre como el Día Mundial de los Docentes. Cada año, la UNESCO y la Internacional de la Educación (una federación sindical mundial que representa a más de 32 millones de docentes en todo el mundo), lanza una campaña que llama la atención sobre un tema central de la profesión.

Los textos aquí reunidos son una especie de collage, de carácter artístico, que iluminan distintas facetas de la profesión docente. Algunos ya publicados, otros inéditos, escritos en distintos momentos y con distintos propósitos, están organizados en torno a los temas elegidos para celebrar el Día Mundial de los Docentes en los últimos diez años:

2015: Empoderar al profesorado para construir sociedades sostenibles.

2016: Valoremos al docente, mejoremos su situación profesional.

2017: Enseñar en libertad, empoderar a los docentes.

2018: El derecho a la educación implica el derecho a docentes cualificados.

2019: Jóvenes docentes: el futuro de la profesión.

2020: Líderes en situaciones de crisis que reimaginan el futuro.

2021: Las y los docentes en el corazón de la recuperación de la educación.

2022: La transformación de la educación comienza con las y los docentes.

2023: El profesorado que necesitamos para la educación que queremos.

2024: Valorar la voz docente: hacia un nuevo contrato social para la educación.

El libro asume una cierta “circularidad”, es decir, el regreso a los mismos temas, a veces para repetir ideas fundamentales, a veces para estudiarlas desde ángulos diferentes. La intención es contribuir a una reflexión sobre los docentes y la profesión docente en un momento de profundos cambios en la educación y en las escuelas. Estamos pasando por un momento de grandes dudas e incertidumbres, que no deben arrastrarnos al desánimo, sino a una movilización colectiva que nos permita abrir nuevos caminos.

No se trata de alimentar visiones fantásticas de un futuro sin escuelas y sin maestros, reemplazados por dispositivos tecnológicos o por el nuevo y fascinante mundo de la inteligencia artificial. Por el contrario, debemos proteger, transformar y valorar la educación como un bien público y común y reforzar el papel del profesorado (Nóvoa y Alvim, 2022).

El filósofo francés Edgar Morin, en uno de sus últimos libros, nos invita a cambiar de rumbo (2020). Cambiar la trayectoria y la vida en las escuelas, con la adopción de un nuevo contrato social, propuesta que hace la UNESCO en su informe sobre el futuro de la educación (2021).

Evitemos la búsqueda obsesiva por la novedad, la idea “futurista” de empezar desde cero. Debemos honrar y ampliar el patrimonio común de la educación pública, construyendo procesos de transformación basados en los miles de experiencias y proyectos que ya existen en nuestras escuelas, en todo el mundo. Desde estas dinámicas, “desde abajo”, podemos imaginar otro futuro, multiplicando hasta el infinito las posibilidades de actuar juntos.

Debemos asumir, con valentía; nuestras dudas e, incluso, el riesgo de equivocarnos. El riesgo es una necesidad esencial del alma, nos dice Simone Weil: “La ausencia de riesgo suscita una especie de aburrimiento que te paraliza de manera distinta, pero casi tanto como el miedo” (1949, p. 49).

La escuela del futuro estará hecha de cooperación. Nadie se educa solo. Necesitamos de otros para nuestra educación. Necesitamos profesores. Necesitamos el poder de la relación, del encuentro entre maestros y discípulos. Necesitamos, como escribe Bernard Charlot (2020), ocupar el mundo con humanidad, y cuidarlo, con todas las formas de solidaridad que este término implica: “Éste debe ser el principio básico de la educación contemporánea. Es de educación de lo que se trata, y de educación humana” (p. 323).

Los profesores y profesoras que hoy habitan las escuelas son la generación del cambio. A lo largo de vuestra vida profesional, la educación y la enseñanza cambiarán profundamente. Existe un gran malestar por la falta de reconocimiento a los docentes y toda la incertidumbre que rodea a su futuro. Pero, aun así, debemos ser capaces de un gesto de esperanza. No se trata de un optimismo ingenuo, sino de una esperanza que se aprende y se cultiva juntos. Necesitamos crear un movimiento para transformar la educación. Este movimiento comienza con y entre los profesores.

Lo más importante es poder liberar el futuro, subtítulo que adopté para este libro, inspirado en Ivan Illich (1971). Nadie sabe cómo será el futuro y no vale la pena siquiera intentar adivinarlo. Pero tenemos la obligación de hacer todo lo posible para que no se cierren las posibilidades futuras y para garantizar la libertad de las generaciones futuras.

Como bien nos recordó el poeta y artista visual brasileño Wlademir Dias-Pino, la libertad es siempre experimental.

1. La educación y nuestro futuro común

Cuando un profesor enseña Matemáticas, Física, Geografía, Biología, Economía o Análisis Literario, enseña saberes supuestamente “constituidos” que son de hecho saberes “destituidos”: lo que enseñamos hoy en las escuelas a nuestros estudiantes es, desde luego, “destituido” por la realidad, que avanza a una velocidad cada vez mayor.

Bernard Stiegler

En 2015, los países del mundo establecieron un acuerdo en torno a la Agenda 2030, compuesta por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Fue un paso de gran importancia, un hito en el multilateralismo. Desde entonces, la mayoría de los documentos e iniciativas de las Naciones Unidas han tenido esta Agenda como horizonte. Naturalmente, ese año el Día Mundial de los Docentes llamó la atención sobre dicha realidad y adoptó como lema Empoderar al profesorado para construir sociedades sostenibles.

El 4º Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS4) se ha convertido desde entonces en una referencia para las políticas educativas nacionales e internacionales: “Garantizar el acceso a una educación inclusiva, de calidad y equitativa, así como promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida y para todos”. La cualificación y formación del personal docente también se ha convertido en una prioridad de la acción multilateral.

En este capítulo quiero destacar cómo la Agenda 2030 sitúa la sostenibilidad en el centro de las preocupaciones internacionales y, al hacerlo, invita a la educación a adoptar una perspectiva más amplia y reorganizarse para “construir sociedades sostenibles”. Si bien sabemos que los objetivos de esta Agenda no se alcanzarán en 2030, este documento ha contribuido significativamente a una comprensión más amplia de las cuestiones educativas y de las acciones de los docentes.

tomar CONCIENCIA ES LIBERAR EL FUTURO

Hace unos cincuenta años, Ivan Illich publicó una obra con este título en inglés (Celebration of awareness) y otro en francés (Libérer l’avenir). Fue el título francés el que prevaleció en la edición portuguesa (Libertar o futuro), expresión que yo he utilizado para titular este libro.

Pensar el futuro, y pensar en el futuro, implica este doble movimiento: toma de conciencia y liberación. Conciencia de los retos presentes y futuros, lo que exige afrontar los dilemas actuales sin poner en riesgo las posibilidades futuras. Liberación, que quiere decir, también, deliberación, capacidad de participar y tomar decisiones sobre nuestra vida.

La educación sirve para ayudarnos a proteger y liberar el futuro. No hacer nada que ponga en riesgo el futuro. Hacer todo lo posible para preservar y ampliar las posibilidades de elección y decisión de las generaciones futuras. Estos dos movimientos son exactamente lo opuesto a lo que hemos hecho en los últimos tiempos. Arrastrada por una lógica de supervivencia, impuesta por las crisis sucesivas (financiera, climática, pandémica), la vida contemporánea ha estado marcada por un presentismo que reduce la temporalidad social y encierra todo en la inmediatez.

No se trata de criticar la atención al presente de la existencia, de la vida, sino a la actitud de mera supervivencia que ignora y anula el futuro. La educación debe ser capaz de abrirse al futuro, de abrir futuros. Es un trabajo que debemos realizar juntos.

CINCO TEMAS CENTRALES PARA EL FUTURO

Mirando la Agenda 2030, pero también los discursos más recientes del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, podemos identificar fácilmente cinco temas centrales que reconfiguran nuestras perspectivas educativas hacia la construcción de sociedades sostenibles.

Antes de reflexionar sobre ellos, es importante resaltar la centralidad de los derechos humanos, de una intención educativa guiada por la defensa y promoción de los derechos humanos. Es en este sentido que el Secretario General de las Naciones Unidas decidió lanzar un gran programa multilateral, llamado Nuestra Agenda Común. En este programa orientado al futuro, los jóvenes juegan un papel fundamental.

En su implementación, la educación ocupa un lugar de vanguardia, como lo demuestra el hecho de que la primera iniciativa fue la celebración de la cumbre de las Naciones Unidas, Transformando la Educación, celebrada en Nueva York en septiembre de 2022, en la que se hizo mención directa a la importancia de la formación docente como desafío global.

Es necesario llamar la atención sobre el hecho de que, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, faltan más de cuarenta millones de nuevos docentes en educación primaria y secundaria. La transformación de la educación solo ocurrirá si los docentes están profesionalizados, capacitados, motivados y apoyados para liderar el proceso y guiar a sus estudiantes hacia el logro de sus metas y a su bienestar personal, afirma uno de los documentos preliminares.

Primer tema:la paz. La educación debe tener como directriz principal la paz, no en un sentido retórico, sino en la posibilidad de organizar la escuela y los ambientes educativos como lugares de convivencia, de aprender a vivir con el otro, con los otros. Lo dijo de manera extraordinaria Ivan Illich cuando escribió el libro Tools for conviviality (1973), es decir, la construcción de instrumentos que nos permitan vivir en común. La educación es uno de estos instrumentos, quizás incluso el más importante.

Segundo tema: el cambio climático. La cuestión del clima ha adquirido recientemente una enorme centralidad. Existe una conciencia mundial de que si no cambiamos de estilo de vida, si no acabamos con una sociedad consumista que depreda los recursos naturales, la humanidad no tiene ningún futuro. La educación de base humanista debe considerar un “humanismo más que humano”, que integre los derechos del planeta y de todos los seres y especies. Esta debe ser una línea estructurante del currículo y de la educación, siempre con el propósito de una mayor justicia climática, con el reconocimiento y la inspiración de las comunidades y culturas que siempre han sabido vivir en paz con la Tierra.

Tercer tema: la desigualdad. Con cada crisis —económica, financiera, pandémica, climática…— aumentan las desigualdades en el mundo. Es imposible imaginar un futuro saludable con desigualdades tan marcadas. Muchos futurólogos llegan, incluso, a imaginar un futuro con cuatro quintas partes de la humanidad viviendo con un ingreso mínimo y sin trabajo, reemplazados por robots. Ya no es la utopía del ocio y del tiempo libre, sino la pesadilla de la pobreza y la indignidad.

Combatir las desigualdades significa también valorar la diversidad (de género, de vida, de culturas, de maneras de pensar y de vivir...). Debemos rechazar los identitarismos que nos encierran —“identidades asesinas”, que escribió Amin Maalouf (1999)— y valorar las diversidades que nos abren a los otros. Lo común nunca es el mínimo común denominador, sino el trabajo conjunto. Esta es la tarea más grande para la cual la educación debe prepararnos.

Cuarto tema: lo digital. Los avances digitales y de la inteligencia artificial están cambiando definitivamente nuestro futuro. Su uso es muy importante para las nuevas pedagogías y los nuevos ambientes educativos. Pero, a la vez, todos conocemos los peligros de estos nuevos “medios”. Es útil citar el discurso de António Guterres en el 77º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, pronunciado el 20 de septiembre de 2022:

“Las plataformas digitales, basadas en un modelo de negocio que monetiza la indignación, la ira y la negatividad, están causando un daño incalculable a las comunidades y sociedades. Discursos de odio, desinformación y abuso, especialmente dirigidos a mujeres y grupos vulnerables, proliferan en las redes. Nuestros datos se compran y venden para influir en nuestro comportamiento, sin respetar la privacidad. La inteligencia artificial podría socavar la integridad de los sistemas de información, los medios de comunicación e incluso la propia democracia. La computación cuántica podría socavar la ciberseguridad y aumentar el riesgo de mal funcionamiento de sistemas complejos”.

Necesitamos prepararnos para este mundo. La mejor manera es a través de la educación.

Quinto tema: la demografía. Por último, debemos comprender las inmensas consecuencias de la mayor revolución de nuestras sociedades, la revolución demográfica, con consecuencias sobre la participación en la vida política, social y económica, la transmisión de la riqueza familiar, la dinámica intergeneracional, la vivienda, la salud, el transporte, las ciudades, el consumo y, sobre todo, la educación. Permítanme dar un ejemplo para explicar la escala de esta revolución, utilizando valores promedio en todo el mundo. En 1920, hace cien años, la esperanza de vida era de 40 años: todo ocurría entre dos generaciones. Cincuenta años después, en 1970, la esperanza de vida ya era de 60 años: todo ocurrió entre tres generaciones. Hoy, en 2022, la esperanza de vida ha aumentado a 80 años: todo ocurre entre cuatro generaciones. Y dentro de treinta años, de forma más rápida que en ciclos anteriores, todo apunta a una esperanza de vida de 100 años: todo ocurrirá en el plazo de cinco generaciones.

¿Puede alguien imaginar un cambio más profundo con consecuencias para la educación y el futuro?

Para afrontar estos retos es necesario recuperar una manera de pensar que se proyecte en el largo plazo. Tenemos todos los motivos para ser pesimistas y pocos para ser optimistas. El mundo parece cada vez más desregulado y a merced de todo tipo de dictadores.

Pero denunciar este mundo no debe impedirnos cultivar la esperanza, en el sentido de una de las grandes obras del siglo XX, El principio esperanza, del filósofo alemán Ernst Bloch (1954-1959), que nos recuerda la docta spes, es decir, la esperanza que se cultiva, que se aprende, la esperanza docta.

FUTUROS COMUNES

Históricamente, el proceso de construcción de la ciudadanía nacional se realizó a través de una escuela que adquirió una forma uniforme (idéntica y homogénea en todo el mundo) y un currículo uniforme (la cultura general que todos deben poseer). El formato escolar se fue consolidando a lo largo del siglo XX, de tal manera que, poco a poco, empezamos a olvidar la existencia de otras formas de educación. Al mismo tiempo, se fueron definiendo las bases de un currículo escolar que asumió configuraciones muy similares en todo el mundo.

En las últimas décadas del siglo XX se produjo un proceso de valorización de un nuevo concepto o idea. Después de la ciudadanía, la economía. En torno al “capital humano” se popularizó la tesis de un vínculo directo entre educación y desarrollo económico, visión que domina las políticas educativas hasta hoy.

La forma de la escuela, el conocimiento escolar y la conexión con la economía deben ser repensados a la luz de las realidades contemporáneas, a través de un proceso de metamorfosis escolar.

El primer aspecto de la metamorfosis es el cambio en el formato escolar. Las escuelas siguen organizándose según modelos que sirvieron en el pasado pero que hoy ya no sirven: espacios cerrados, con el aula como núcleo central, en el que un profesor imparte clases a los alumnos durante un tiempo determinado. El pensamiento dicotómico nos ha hecho perder mucho tiempo. La cuestión no es una enseñanza centrada en el profesor versus el aprendizaje centrado en el alumno. La cuestión está en la construcción de espacios y procesos educativos que permitan a los estudiantes trabajar el conocimiento, entre ellos y con los docentes.

El segundo aspecto a considerar es la concepción del currículo, no solo como un “conjunto de conocimientos”, sino también como un “recorrido del estudiante”. Debe haber una base común, pero lo más importante es la adquisición de lenguajes (alfabético, matemático, científico, artístico). No se trata solo de valorar la base “común” de la cultura general, sino sobre todo lo “común” en el dominio de los diversos lenguajes. Los caminos de los estudiantes también deben ser individualizados, permitiendo ritmos y elecciones que son imposibles en un modelo escolar uniforme. Pero esta diferenciación debe ser una apertura de posibilidades y nunca una confirmación de desigualdades de nacimiento. Debemos tener mucho cuidado con los itinerarios que terminan en callejones sin salida.

El tercer aspecto es la valorización de la dimensión humana. La educación no puede reducirse a una mera formación técnica para el desarrollo económico. Reunamos a una filósofa y a un neurocientífico. Martha Nussbaum (2010) se refiere a la empatía como un elemento decisivo para el aprendizaje. Se asume, por tanto, la importancia de una relación humana que no se limita a la adquisición de técnicas y competencias.

António Damásio (2020) nos habla de las emociones y los sentimientos como desencadenantes del aprendizaje. Con ello, enriquece el fenómeno educativo con dimensiones subjetivas que son centrales en el proceso de conocimiento. La gran enseñanza es aquella que despierta dudas, la que estimula el disenso, la que prepara al estudiante para su vida independiente, nos dice George Steiner (1994). Educar no es solo formar “recursos humanos”.

Por un momento creímos que lo digital sería una inmensa ventana a todos los mundos, culturas y conocimientos. La ilusión se convirtió en una pesadilla. Una de nuestras mayores sorpresas es la fragmentación y el hiperindividualismo que reinan en el cibermundo. En las redes podemos ser lo que queramos, transformarnos en héroes exaltados y gloriosos que proclaman su “libertad total” en un universo totalmente monitoreado.

Contrariamente a lo que esperábamos, Internet no ha sido una puerta de entrada a la diversidad, sino más bien un lugar donde vamos en busca de quienes piensan como nosotros y de los argumentos que refuerzan nuestras creencias y convicciones. Hoy, más que nunca, las escuelas deben reconstruir lo común como elemento central de la educación y de la sociedad.

Este común no se refiere a una “comunidad de iguales”, sino a una “comunidad de trabajo común”, es decir, a lo que hacemos unos con otros, independientemente de quiénes seamos o de dónde vengamos. En este sentido, se basa en un principio de comunicación, de encuentro, no entre personas similares, sino entre personas diferentes. Lo importante es “una forma común de entender”, lo que implica la capacidad de enriquecer mutuamente nuestras experiencias personales y la inteligencia del mundo.

Ya no basta con una patria común (ciudadanía nacional). Necesitamos recurrir a otras dos metáforas para explicar lo que se espera de la escuela: una Tierra común y una Humanidad compartida.

La Tierra Común, la tierra-patria de Edgar Morin, nos revela la importancia de la ciencia, de una cultura científica sin la cual no hay aprendizaje. La Humanidad compartida llama nuestra atención sobre la importancia de las artes y el diálogo. En un mundo fragmentado y dividido, las escuelas deben crear las condiciones para una vida en común. No se trata de unir artificialmente lo que es diferente, sino de crear entornos que nos permitan trabajar juntos, pensar juntos y compartir una reflexión sobre los mismos objetos.

Este trabajo, esta reflexión y este compartir no ocurren en el vacío, requieren instrumentos, lenguajes, que solo la ciencia, la creación y el conocimiento pueden proporcionar. El cibermundo está incentivando una sucesión interminable de monólogos entre iguales. La escuela debe crear las condiciones para el diálogo entre diferentes grupos, basado en el conocimiento, la comprensión mutua y en un debate ilustrado e informado.

EL ESPACIO PÚBLICO Y COMÚN DE LA EDUCACIÓN

La metamorfosis de la escuela tiene una cuarta cara: la construcción del espacio público y común de la educación. En el siglo XIX la educación fue llevada a un lugar “sagrado”, la escuela. Hoy en día necesitamos un movimiento de profanación, en el sentido que Giorgio Agamben (2006) da a este término, devolviendo un objeto sagrado al uso público.

En otras palabras: necesitamos revisar el contrato social firmado en el siglo XIX (dennos a sus hijos y nosotros los educaremos en las escuelas), para trabajar juntos por fortalecer un espacio público que una la escuela con otras instituciones, a los docentes con los padres y con otros actores sociales. La educación no solo se imparte dentro del recinto escolar.

El espacio público y común de la educación debe ser un ámbito de discusión, pero también de deliberación y de acción. No se trata solo de escuchar a los ciudadanos, sino de involucrarlos como parte entera en un esfuerzo educativo que pertenece a la ciudad en su conjunto, a la polis. Solo así podremos crear nuevos vínculos y responsabilidades, y evolucionar hacia una mayor presencia de los docentes y de la sociedad en la construcción de políticas públicas educativas.

Lo común es más que lo público, en la medida en que se basa necesariamente en un esfuerzo de compartición, participación y toma de decisiones colectivas. No se trata de una unificación basada en ningún imaginario del mundo, sea nacional o de otro tipo, sino de una apertura a prácticas de colaboración y cooperación.

En esta capacidad de construir lo común reside la fuerza de una sociedad sostenible. La educación juega un papel insustituible en este proceso, tanto en su capacidad de transmitir conocimientos científicos, atentos a los grandes temas de nuestro tiempo, como en la creación de ambientes de estudio y trabajo basados en el trabajo conjunto y la cooperación.

El fortalecimiento de los docentes es una condición necesaria para que la educación cumpla su misión de construir sociedades sostenibles.

2. Nada sustituye a un buen profesor

Muchas veces se asume, de hecho, aunque quizás sin decirlo, que el profesorado no tiene la formación suficiente para poder aportar una colaboración inteligente a la ciencia. Este pensamiento es muy destructivo y resulta fatal para tener alguna posibilidad de otorgar una dimensión científica a la educación. En verdad, son los profesores quienes están en contacto directo con los estudiantes y, por tanto, es a través de ellos y ellas cómo los resultados de los descubrimientos científicos llegan a los alumnos. Ellos y ellas son los canales que permiten llevar a la vida de la escuela las consecuencias de la teoría educacional.

John Dewey

Nada sustituye a un buen profesor. Nada. Nada en absoluto. Nada lo sustituye para dar a conocer el mundo, todos los mundos, a los más pequeños. Nada lo sustituye para dar a los estudiantes la posibilidad de llegar más lejos, donde nunca llegarían sin su trabajo, sin su dedicación.