Recinto y otras imágenes, 1941 - Carlos Pellicer - E-Book

Recinto y otras imágenes, 1941 E-Book

Carlos Pellicer

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Beschreibung

Poemas de juventud en los que se advertían ya las aptitudes que harían de él uno de los mayores poetas de México e incluso de habla española. La cadencia y el color de su poética corroboran la sensibilidad de este hombre del trópico.

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Seitenzahl: 46

Veröffentlichungsjahr: 2015

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RECINTO Y OTRAS IMÁGENES

TEZONTLE

CARLOS PELLICER

RECINTOY OTRAS IMÁGENES

1941

FONDO DE CULTURA ECONÓMICAMÉXICO

Primera edición (Tezontle), 1941 Segunda edición, 1999 Primera edición electrónica, 2015

D. R. © 1999, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 México, D. F. Empresa certificada ISO 9001:2008

Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-2844-2 (ePub)

Hecho en México - Made in Mexico

Dedico este libro a la memoria de Genaro Estrada.Gratitud sin término.

¡Los ojos! Por los ojos el Bien y el Mal nos llegan.

La luz del alma en ellos nos da luces que ciegan.

Ojos que nada ven, almas que nada entregan.

RECINTO

Agosto de 1930 a enero de 1931

I

ANTES QUE OTRO poema

—del mar, de la tierra o del cielo—venga a ceñir mi voz, a tu esperadapersona limitándome, coronomás alto que la excelsa geografíade nuestro amor, el reino ilimitado.Y a ti, por ti y en ti vivo y adoro.Y el silencioso beso que en tus manostan dulcemente dejo,arrincona mi vozal sentirme tan cerca de tu vida.Antes que otro poemame engarce en sus retóricas,yo me inclino a beber el agua fuentede tu amor en tus manos, que no apaganmi sed de ti, porque tus dulces manosme dejan en los labios las arenasde una divina sed.Y así eres el desierto porel cuádruple horizonte de las ansiasque suscitas en mí; por el oasisque hay en tu corazón para mi viajeque en ti, por ti y a ti voy alineando,con la alegría del paisaje nidoque voltea cuadernos de sembrados…Antes que otro poematome la ciudadela a fuego ritmo,yo te digo, callando,lo que el alma en los ojos dice sólo.La mirada desnuda, sin historia,ya estés junto, ya lejos,ya tan cerca o tan lejos, que no puedapor tan lejos o cerca reprimirsey apoderarse en luz de un orbe lágrima,allá, aquí, presente, ausente,por ti, a ti y en ti, oh ser amado,adorada personapor quien —secretamente— así he cantado.

II

Que se cierre esa puertaque no me deja estar a solas con tus besos.Que se cierre esa puertapor donde campos, sol y rosas quieren vernos.Esa puerta por dondela cal azul de los pilares entraa mirar como niños maliciososla timidez de nuestras dos cariciasque no se dan porque la puerta, abierta…Por razones serenaspasamos largo tiempo a puerta abierta.Y arriesgado es besarsey oprimirse las manos, ni siquieramirarse demasiado, ni siquieracallar en buena lid…Pero en la nochela puerta se echa encima de sí mismay se cierra tan ciega y claramente,que nos sentimos ya, tú y yo, en campo abiertoescogiendo caricias como joyasocultas en las noches con jardinespuestos en las rodillas de los montes,pero solos, tú y yo.La mórbida penumbraenlaza nuestros cuerpos y saqueami ternura tesoro,la fuerza de mis brazos que te agobiantan dulcemente, el gran beso insaciableque se bebe a sí mismoy en su espacio redimelo pequeño de ilímites distancias…Dichosa puerta que nos acompañas,cerrada, en nuestra dicha. Tu obstrucciónes la liberación destas dos cárceles;la escapatoria de las dos pisadasidénticas que saltan a la nubede la que se regresa en la mañana.

III

Yo acaricio el paisaje,oh adorada personaque oíste mis poemas y que ahoratu cabeza reclinas en mi brazo.Hornea el mediodía sus colores,labrados panes para el ojoque comulga con ruedas de molino.10, 15, 20, 30, las parcelasopinan sobre el verde, sin agriarse;y los poblados, vida y ropa limpiasacan al sol. Caminos campesinossuben sin rumbo fijo, a holgar, al cerro.Los árboles conversan junto al río,de nidos en proyecto, de otros en abandono,de la nube servida como heladoen el remanso próximo,del equipaje de las piedrasque acaso nadie ha dejado en la orilla,de la avispa hipodérmica,del aguacero y la joven vereda,de las ranas deletreadas en su propia escuela,del verso como prosay del viento de anoche que barrió las estrellas.El río escucha siempre caminando.El río que se conduce a sí mismo, cómo y cuándo…Detrás de un cerro grandeva estallando una nube lentamente.Su sorpresaes como nuestra dicha: ¡tan primera!Lo inaugural que en nuestro amor es clavede toda plenitud.El aire tiembla a nuestros pies. Yo tengotu cabeza en mi pecho. Todo cuajala transparencia enorme de un silenciopanorámico, terso,apoyado en el pálido deliriode besar tus mejillas en silencio.

IV

Vida,ten piedad de nuestra inmensa dicha.Deste amor cuya órbita conciliala estatuaria fugaz de día y noche.Este amor cuyos juegos son desnudoespejo reflector de aguas intactas.Oh, persona sedienta que del brotede una mirada suspendisteel aire del poema,la música riachuelo que te ciñedel fino torso a los serenos ojospara robarse el fuego de tu cuerpoy entibiar las rodillas del remanso.Vida,ten piedad del amor en cuyo ordensomos los capiteles coronados.Este amor que ascendimos y doblamospara ocultar lo oculto que ocultamos.Tenso viso de sedadel horizonte labio de la ausencia,brilla.Salgo a mirar el valle y en un monte