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«Dinero, solo saben pensar en el dinero, panda de lerdos, de tontos a los que no les gustan la libertad ni los pájaros». Premio Mémorable 2022 Una mujer, empleada del hogar, abandona enfurecida la casa en la que trabaja como interna. Quiere ser libre, olvidarse de las cadenas y vivir su vida sin desperdiciarla trabajando para los demás. Durante tres días y tres noches vagabundea por las calles de París arrastrando todos sus bultos y enfrentándose a un mundo que la rechaza una y otra vez. ¿Cómo oponerse a la alienación que se nos impone sin parecer dementes a los ojos de los demás? Publicado por primera vez en 1967, Renata sin más es un relato inclasificable y asombroso que plantea una reflexión necesaria sobre el absurdo de nuestra sociedad, las leyes, el consumo, el dinero y el trabajo. Escrito en forma de monólogo interior, este tesoro oculto de la literatura en lengua francesa, Premio Mémorable 2022, es un libro único y asombroso, un himno a la libertad que sigue siendo rabiosamente moderno y que reivindica el pensamiento radical. «Si pensamos en Beckett al leer a Catherine Guérard no es tanto por la obstinación de su personaje en perseguir sus propias obsesiones hasta la decadencia total como por la sencillez (e incluso la uniformidad) de su lenguaje». —Andre Dalmas, Le Monde «Estridente como un grito en la noche, punzante como una despedida, este monólogo interior e itinerante, que toma prestada la revuelta social del teatro de Genet, parece destinado a la escena. Premonitorio». —Bibliobs «Una novela maravillosa e inclasificable; un monólogo interior impresionante, de una sola frase entre tozuda y alucinatoria, sobre una mujer que elige ser libre». —Mercedes Monmany, ABC Cultural
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Seitenzahl: 260
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Título original: Renata n'importe quoi
© Éditions Gallimard, París, 1967
© de esta edición, Editorial Tránsito, 2023
© de la traducción, Regina López Muñoz, 2023
DISEÑO DE COLECCIÓN: © Donna Salama
DISEÑO DE CUBIERTA: © Donna Salama
FOTOGRAFÍA DE SOLAPA: Jacques Sassier / © Gallimard
IMPRESIÓN: KADMOS
Impreso en España – Printed in Spain
IBIC: FA
ISBN: 978-84-126528-3-3
eISBN: 978-84-127632-6-3
DEPÓSITO LEGAL: M-27569-2023
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catherine guérard
traducido por Regina López Muñoz
Para François
Un día les dije Estoy harta me voy, ellos me dijeron No, de eso nada, y dónde va a ir, yo dije No sé, y ellos Y dónde va a vivir y con qué dinero se va a mantener, yo dije Tengo ahorros, la señora dijo Ahorros, ahorros, con eso no le llega para pagar un techo, pero a mí el techo me traía sin cuidado iría a cualquier parte, El banco de un parque, dijo la señora, el banco de un parque, eso es lo que le espera, Así no se hacen las cosas, dijo el señor, menudo disparate, trabajar hay que trabajar, dijo el señor, aquí o donde sea, pero trabajar, entonces yo dije Trabajar para qué, con el dinero metido en una caja y siempre encerrada entre cuatro paredes que aborrezco, Existen las puertas, y las puertas están hechas para salir, dije, Pero también para entrar, dijo el señor, Déjala, dijo la señora, ya ves que quiere irse, Su intención es marcharse a otro sitio, preguntó el señor, otro sitio, a qué se refería con eso, otro sitio puede significar tantas cosas, otro sitio, A otro sitio, pregunté, A otra colocación, dijo la señora, yo dije No, quiero ser una persona libre, pasear, mirar, Esas cosas no se hacen, dijeron los dos, una no puede ser libre si no se gana la vida, dijeron, Y eso por qué, dije yo, seré mucho más libre cuando ya no trabaje, y en esas el señor preguntó Qué es para usted la libertad, y la señora puso mala cara y dijo Déjate de debates filosóficos, Robert, y yo no tuve que cavilar mucho, dije La libertad es sentarse en un banco y escuchar el canto de los pájaros, y era verdad, una libertad así de bonita me gustaría, Pero y el dinero, dijo el señor, y el dinero, de dónde va a sacar el dinero, yo dije No hace falta dinero, los bancos son gratis y los pájaros cantan sin cobrar, y con las mismas el señor se encogió de hombros y la señora dijo Pues nada, márchese si no hay manera de hacerla entrar en razón, y a mí se me llenó el corazón de alegría y subí a preparar mis bultos, pero antes, al salir del salón, pegué la oreja a la puerta para saber si hablaban de mí, Está totalmente chiflada, dijo el señor, Totalmente, repitió la señora, Pero no crees que deberíamos obligarla a quedarse, dijo el señor, dónde va a dormir, Ya has visto que no hay nada que hacer, dijo la señora, no vamos a conseguir que se quede, Qué fue lo que me contaste un día sobre un embajador, preguntó el señor, Ah, sí, exclamó la señora, Cómo fue aquello, preguntó el señor, Que decía que un embajador de Francia la había amado con locura, dijo la señora, Pues mira, siempre tendrá la opción de entrar de asistenta en el Ministerio de Exteriores, dijo el señor, y entonces la señora encendió el televisor y sonaron canciones y yo subí a mi habitación, y me reía y estaba encantada y debajo de la ventana había unas cajas vacías y las puse encima de la cama y pensé Obviamente sería mejor una maleta pero una maleta está hecha para transportar objetos de un lugar a otro lugar, y a mí para transportar mis cosas de un lugar a ningún lugar no me valdría, además de que no tenía ninguna, y mientras pensaba en eso de las maletas abrí el armario y en la parte de abajo estaba la caja con las cartas de Paul, así que la cogí, la caja, y la puse encima de la cama, y justo en ese momento llamaron a la puerta y a mí eso no me gustó nada y dije Quién es, y como era la señorita Florence abrí, Mire, me dijo, vengo de parte de mi madre para decirle que si le hace ilusión podríamos ponerle un pájaro en la cocina, Un pájaro, dije yo, un pájaro cómo, un pájaro enjaulado o un pájaro en libertad que volara y se me posara en el hombro, y la señorita Florence contestó Pues enjaulado, claro, y yo Y qué pasaría cuando limpiara el salón, Pero mujer, dijo ella, no puede usted pedir un pájaro en cada habitación, pero yo no pedía nada, solo hacía preguntas normales y entonces dije Y la jaula cómo sería, porque quiero una jaula blanca que no sea rectangular, Eso ya lo arreglará con mamá, dijo la señorita Florence, y con las mismas se fue y hala ya podía yo preparar mis bultos, así que lo puse todo encima de la cama, las cartas, las postales, mi ropa y todos los bártulos y luego releí las postales, me traían sin cuidado las postales, eran postales de mis conocidos así que las rompí todas para no ir demasiado cargada y todo lo demás lo guardé en cuatro cajas atadas con cordel y me acosté y era la mar de curioso pensar que iba a irme, que a la noche siguiente a lo mejor no dormiría en una cama, y al cabo de un ratito pensando me quedé dormida y cuando desperté era de día así que me vestí y cogí todos los bultos y bajé, Conque sí que se marcha, dijo la señora, no le interesa tener un pájaro, yo dije ¿Un pájaro con una jaula blanca como la del anticuario de al lado de la peluquería? Bueno, bueno, dijo la señora, tampoco hay que exagerar, no, un pájaro con una jaula normal, así que negué con la cabeza y dije Ni siquiera su pájaro normal sería suficiente para que me quedara, A no ser, dije, A no ser, repitió la señora, A no ser que además del pájaro tuviera también un televisor y cinco horas libres por las tardes, Acabáramos, dijo la señora, y para qué si se puede saber, usted no juega a las quinielas, no va a la peluquería, no tiene amigos, ni parientes, así que explíqueme, y yo tomé aire y dije Señora, pues para ir a dar de comer a los patos, y la señora dijo Pobre criatura, ya ves tú, a mí me importaban un comino los patos, esos bichos asquerosos y malencarados, pero algo tenía que decirle a la señora, y ella dijo Y el televisor, qué haría usted con el televisor, si no es usted moderna y se pasa el día fantaseando, y yo contesté Ya está bien de chácharas, yo lo que quiero es irme, Y cuando llueva a dónde irá, dijo la señora, y era verdad, no había pensado en la lluvia, En París llueve mucho, dijo la señora, y si se queda a la intemperie se pondrá mala y si se pone mala el hospital es lo que le espera, y el hospital es lo contrario de la libertad, y en esas me acordé de una cosa y dije Eso no es verdad, una vez estuve en el hospital y había un jardín con bancos, Y dale con los bancos, dijo la señora, sí que le ha dado fuerte, venga, voy a pagarle y luego ya se puede ir si es lo que quiere, y con las mismas se puso a hacer cálculos en un papel durante un buen rato y yo mientras miraba los cuadros, sobre todo ese tan absurdo con manchas de colores que parecen garabatos y que a mí me habría dado vergüenza que vieran los invitados, Listo, dijo la señora de repente, en realidad debería descontarle dinero por marcharse así, de la noche a la mañana, ¿Es que no se puede?, dije yo, No, dijo la señora, no se puede, Pero mi vida es mía, dije yo, mis días son míos, puedo hacer con ellos lo que me apetezca, No, dijo la señora, hay montones de prohibiciones y montones de obligaciones en la vida, Por ejemplo, pregunté, Pues por ejemplo es obligatorio matricular a los hijos en la escuela, es obligatorio hacer el servicio militar, está prohibido pasar con el semáforo en rojo, qué sé yo, dijo la señora, ya lo ve, muchísimas cosas, Aun así, es mi vida, dije, y mi vida es mía y de nadie más, la señora meneó la cabeza, Tenga, dijo, no le voy a descontar nada porque me da usted lástima, y yo me disgusté y dije furiosa Me da igual que me descuente dinero, yo no necesito dinero, Ya lo creo que sí, dijo la señora, el dinero siempre es necesario, ya lo verá, y si me permite un consejo, recolóquese lo antes posible, Recolocarme, eso sí que no, dije yo, no me gusta decir La cena está servida, No tiene nada de deshonroso, dijo la señora, Puede ser, dije yo, pero no me gusta, es como llamar señor ministro a un ministro, no podría, Nadie va a pedirle que lo haga, dijo la señora, Eso nunca se sabe, dije yo, no sabemos por qué caminos nos llevará la vida, antes de ser papa se empieza siendo un mocoso llorón, Es usted una chica la mar de curiosa, dijo la señora, y en esas sonó el teléfono, Dígame, dijo la señora, ah, eres tú, esta tarde nos vemos, ya te contaré, tengo un problemón, y yo me dije el problemón soy yo, es porque me voy, y esa conversación entre la señora y yo era de lo más curiosa, Adiós, dijo la señora, hasta luego, y volvió a dirigirse a mí, Listo, voy a pagarle, y me dio un dinero que yo metí en el bolso y me acompañó hasta la puerta de la casa, y allí vio mis bultos, No tiene maletas, dijo, es muy poco práctico cargar con tantas cajas, y yo dije No, no tengo, Voy a ver si encuentro alguna vieja para darle, dijo ella, y yo dije No, no se moleste, no la quiero, con una maleta se acabó la libertad, una maleta es un grillete, Tiene usted una noción de libertad la mar de curiosa, dijo la señora, pero yo sabía que era yo la que llevaba razón, Hasta la vista, entonces, dijo la señora, yo dije Recuerdos de mi parte a la señorita Florence, y la señora dijo Buena suerte y cerró la puerta y me vi sola en el descansillo, y ya está, así empezaba mi libertad y yo estaba contenta y me reía, Andando, dije mirando la escalera principal con la bonita moqueta roja y los cristales de colores como las vidrieras de las iglesias, pocas veces había bajado por la escalera principal y ese día incluso hacía sol y se colaba a través de los cristales de colores, y yo tan contenta y mientras bajaba pensaba El sol es de todos, y me paraba en cada rellano para escuchar el silencio y sonreír por el sol, y pensaba El sol da felicidad, y los demás, los que están a la sombra, son unos lerdos, y abajo en el recibidor delante de la portería estaba la portera sacando brillo al botón de la luz, Adiós, le dije, me voy, y ella se volvió y dijo Cómo que se va, pero ¿para siempre?, y yo pensaba Pelleja asquerosa, cómo me voy a alegrar de no aguantar más tus aires de princesa ni tu acento polaco, Pero y eso, dijo, la han puesto de patitas en la calle, y pensé en la cara que se le iba a quedar y dije No, me he puesto en la calle yo solita, Pero por qué, dijo en un susurro, ¿para ganar más en otro sitio? Ganar más, no se les cae la dichosa palabra de la boca, dije, Tengo derecho a vivir, ¿no?, dije, Ea, pues hasta otra, dijo ella, y siguió sacando brillo al botón y yo dije con mucha educación Adiós, señora y salí y me metí en el edificio de al lado para despedirme de la portera del edificio de al lado porque hablábamos y era una mujer muy amable, Me voy, dije, Santo Dios, pero cómo va a ser eso, y a dónde va, exclamó, y yo le conté todo y ella dijo Ay, madre, está usted metiendo la pata, y yo ¿Por qué?, pero era un falso Por qué, solo para comprobar si me decía lo mismo que la señora, Pues porque así no se hacen las cosas, sin dinero, sin un techo, pues sí que me decía lo mismo que la señora, Y dónde va a pasar la noche, preguntó, Me trae sin cuidado, dije yo, en cualquier sitio, en un banco, en un pasillo, no soy escrupulosa, No es una cuestión de escrúpulos, dijo ella, sino de que el vagabundeo es un delito, Y qué, dije yo, Pues que los delitos son punibles con penas de prisión, dijo ella, Pero no pueden meter en la cárcel a una persona que no ha hecho nada malo, respondí, y ella dijo Yo de eso no entiendo pero creo que sí, y yo dije Pero quién hace unas leyes tan ridículas, y ella Creo que los jueces y la policía, Siéntese, dijo, tendrá tiempo de tomarse una copita, ¿no?, y se echó a reír porque sabía que yo tenía todo el tiempo del mundo, y tuve que decir que sí aunque no me apetecía ni sentarme ni tomar una copita, Pero mi copita podría ser un cafelito, pregunté, y ella dijo, Desde luego que sí, y yo me quedé contenta y ella preparó un cafelito y me lo sirvió y mientras me lo bebía me dijo de sopetón, de sorpresa, Usted no es gitana, ¿no? Qué va, exclamé yo muy disgustada, Por qué me lo pregunta, acaso tengo pinta de gitana, acaso tengo el pelo largo y la piel oscura y uso vestidos hasta los pies, y la portera dijo No, pero esa afición por el vagabundeo, Y las mujeres ricas, pregunté yo, a ellas no las acusan de vagabundear cuando van a esquiar o a la playa o cuando se van por ahí con alguno, por qué a mí sí, y ella, la portera, me dio una respuesta y puede que sea verdad lo que me respondió, dijo Si una mujer rica lo dejara todo para vivir en la calle también se consideraría vagabundeo, y preguntó Está rico el café, y yo dije Sí, pero pensaba en las mujeres ricas, y pensaba que aunque hubiera sido rica habría tenido que irme igual, era como una llamada, Pero usted de qué ciudad es, preguntó la portera, De Nevers, dije yo, sin ser de Nevers en absoluto, dije Nevers como podía haber dicho cualquier otra cosa, y ella Ah, muy bonito Nevers, unos primos míos viven allí, y a continuación Y su padre a qué se dedicaba, yo pensé Esta se está pasando de chismosa, y respondí Dirigía una charanga, eso tampoco era verdad pero me di el gusto de mentir, además para qué valen tantas preguntas en la vida, pensé, si la gente no hiciera preguntas nadie mentiría, y mientras tanto ella repetía Que dirigía una charanga, pero cómo que dirigía una charanga, y yo Pues eso, que dirigía una charanga, y ella Pero se dedicaría a algo más, dirigir una charanga es un pasatiempo, y yo Ah, sí, claro, era herborista, eso también era mentira pero me gustaba decirlo, Y su madre trabajaba, preguntó la interrogadora, Mi madre trabajaba en el herbolario, dije yo, Pero entonces, dijo ella, vivían ustedes sin estrechuras, cómo es que se metió usted a, eh, y yo entonces dije Eso no es asunto suyo, y si me lo permite, señora Boisseneau, yo me marcho ya, y ella Claro, desde luego, no quiero entretenerla, y con las mismas me levanté y cogí mis bultos y ella dijo Si le incordian puedo guardarle yo los bultos, Para qué, dije yo disgustada, dejaría de ser libre si tuviera los bultos esperándome en algún sitio mientras yo estoy en otro sitio distinto, y ella se echó a reír y yo pensé Me estás tocando las narices, vieja mentecata, es curioso cómo la gente no entiende nunca nada, panda de lerdos, como si fuera libertad tener mis cosas en su portería, y que se pusiera a leer las cartas de Paul, así que dije Perdone usted, señora Boisseneau, pero es que me tengo que ir porque me están esperando, lo dije por educación pero ella se pensó que era verdad y dijo Ah, conque la están esperando, qué calladito se lo tenía, si ya sabía yo, ¿se ha colocado en otra casa? No, dije, solo quiero irme de aquí, y ella se echó a reír y dijo Pues nada, váyase, no la entretengo, y por fin salí a la calle con mis bultos y pasé otra vez por delante del edificio de la señora y la polaca estaba asomada a la ventana, Anda, ya está de vuelta, dijo, Todavía no me he ido, dije yo, estaba despidiéndome, dije, y pasé de largo, no quería hablar más con esa portera ni hablar más con nadie durante un buen rato, quería pensar en mi libertad, sin chismorrear, sin hablar, es la mar de curioso, la gente habla y habla sin saber si te están molestando si te aburren, y a mí me pedía el cuerpo silencio no un silencio sin ruido sino silencio de chismorreo, y pensaba La libertad es también el silencio, y me decía Soy libre, soy libre, con el silencio y con el sol y es como estar de vacaciones y si llueve qué más me da, y todo esto me lo decía mientras caminaba por la calle, la calle donde vivían el señor y la señora, una calle fea con edificios bonitos y ningún comercio, ni transeúntes ni vida ni animación, una calle como si todo el mundo estuviera muerto, y en esas pensé En esta calle no te quedas vete a una calle bonita y animada que esté llena de gente y de tiendas bonitas con escaparates bonitos, así que seguí andando y entonces me acordé de la señora Boisseneau, que quería que dejara mis cosas en la portería, y en ese caso la vida habría sido como una cárcel, Qué tonta es, dije, y me encogí de hombros, y en esas pensé en la profesión de portera, En verdad es una profesión bonita, pensé, con un techo, libertad, sin nadie que te incordie, solo hay que subir el correo, o no subirlo si no te apetece, pensé Conozco porteras que ni siquiera barren la escalera, se lo mandan hacer a unos tipos y luego pagan los inquilinos, conque sí que es una profesión bonita, y en esas llegué a la avenida y crucé, y al cruzar me quedé mirando al guardia, Esa sí que es una profesión horrible, pensé, con uniforme obligatorio y obedeciendo órdenes, y sin libertad cuando estás de servicio, sin poder ponerte un sombrero verde el día que te apetezca, sin poder mordisquear un boli o la patilla de las gafas, y pensé A esto se refería la señora cuando decía que una no puede hacer con su vida lo que le parezca, y en la calle había mucha gente y yo me decía A dónde vas a ir, a qué calle, todas las calles son tuyas, y pensé Es verdad, todo es mío, el espectáculo, el aire, el ruido, la gente que habla, y pensé En un despacho o en una cocina no hay nada de esto, por supuesto en casa de la señora yo iba a comprar pero las compras eran trabajo y por eso cuando salía a comprar como sabía que tenía que volver me amargaba y no disfrutaba en la calle, y de pronto pensé Y si me comprara algo para celebrar mi libertad, dinero tengo, puedo comprarme lo que me apetezca, pensé, y seguía caminando por la calle, y ahora caminaba con esa idea en la cabeza, Pero tiene que ser algo que no pese, pensé, porque llevas encima todo lo que tienes, así que me puse a cavilar pero nada de lo que se me ocurría me convencía, un mechero para qué si no fumaba, polvera ya tenía la que me había regalado Paul, una estilográfica como la de la señora con un plumín de oro, no, tener estilográfica no era de persona libre, A lo mejor unos guantes, pensé, entraría en la tienda y las dependientas me dirían Qué desea, señora, y yo diría Un par de guantes, y ellas Unos guantes de qué tipo, y yo Unos guantes para diario, o bien Unos guantes para los domingos, pero entonces dejó de gustarme la idea de unos guantes y pensé Vaya una profesión la de vendedora de guantes, y en esas llegué al final de la calle y pensé Esta calle ya me la sé de memoria tengo que ir a otro sitio, pero pensé Voy a despedirme de los comerciantes, y enfilé otra vez la misma calle, en la otra dirección, tan contenta de poder hacer lo que me apeteciera, Si me apetece, pensé, recorreré treinta veces seguidas la misma calle, y si alguien me dice algo diré Qué pasa, no se puede, la calle es de todos, y tendrán que dejarme pasar, y menuda tonta la señora Boisseneau con su vagabundeo, pensé, Aun así, pensé, la señora Boisseneau es mejor que la polaca, y mientras pensaba en todo esto caminaba y de pronto llegué donde el verdulero así que paré, el dependiente despachaba tomates en la puerta y los patrones vendían dentro, Adiós, le dije al dependiente, que me voy, él dijo No me diga, no parecía interesarle en absoluto, pero era un dependiente nuevo, puede que llevara una semana, así que todavía no conocía a la clientela, y con las mismas entré en el local y la patrona me dijo a voz en cuello con una sonrisa Tengo hoy unas naranjas buenísimas, de las jugosas que tanto le gustan a su patrón, y yo dije Mi patrón ya no es mi patrón, Cómo es posible, exclamó, la han despedido, No, mujer, dije yo, me voy porque me apetece irme, Estupendo, gritó, precisamente la señora Sarbeck está buscando a alguien, la criada se le fue hace ocho días, No, no, dije, no estoy buscando otra colocación, Cómo, exclamó, es que le ha tocado la lotería, y yo No, simplemente no voy a trabajar más, Caray, qué potra tienen algunas, dijo a una clienta que lo había oído todo, y a mí me gustaba que todo el mundo se enterara de que yo era una persona libre, Pero y dónde va a vivir, me interrogó la verdulera, ¿tiene habitación en la ciudad? Sí, dije yo, mi primo me alquila una habitación en el barrio de Bastilla, era mentira, una sarta de embustes, ni tenía primo, ni habitación, ni Bastilla ni nada, pero es que con tantas preguntas no queda más remedio que mentir, Pues nada, mucha suerte, dijo la patrona, y se puso a despacharle alcachofas a una y así acabó mi despedida en esa tienda, y con las mismas salí y en la calle pensé Vender verdura está bien, ves gente y además puedes cerrar cuando se te antoje salir a dar un paseo, las empleadas o los dependientes no, claro, pero los patrones sí, y además la verdura es más bonita que los guantes, y pensé otra vez en los guantes y definitivamente yo no quería para nada unos guantes, así que me los saqué de la cabeza, y qué mañana tan bonita hacía, Está bien, pensé, está bien ser libre, ni la reina de Inglaterra es tan libre como yo, y al pensar en esa me sentí como transportada por el alborozo, y caminaba y pensaba Yo soy la reina de mis ideas, y mis ideas consisten en estar al sol y mirar a la gente pasar y escuchar el canto de los pájaros, y en esas me preocupé de pronto, pensé Sí, aunque donde hay gente no hay pájaros y donde hay pájaros no hay gente, pero la preocupación me duró poco, me dije Sí que hay sitios donde hay gente y pájaros, solo tengo que encontrarlos, y con las mismas crucé la calle para ir a despedirme a la panadería, una panadería bonita y moderna que se llamaba Morizot, y la señora Morizot me conocía bien y sus dependientas también, así que entré en el local y Anouk me preguntó Una baguette tostadita, como siempre, y yo dije No, no vengo por una baguette, vengo para decirles adiós, Vaya, se va usted, exclamaron a la vez Anouk y la señora Morizot, las demás dependientas no exclamaron nada porque no me habían oído, Está buscando otra colocación o le ha salido ya algo, preguntó la señora Morizot, No busco otra colocación, contesté, voy a vivir sin trabajar, Toma ya, si se lo puede permitir porque tiene dinero, dijo la señora Morizot, Pues no tengo, respondí para ver qué cara ponía la señora Morizot, y ella preguntó Es porque no se quiere recolocar en este barrio, y yo dije No, quiero mi libertad, entonces dijo Y por qué no trabaja por horas, ganaría dinero y tendría mucho tiempo libre, y yo dije Por horas tampoco se es libre, entonces dijo La señora Villars está buscando a alguien de ocho a doce, a partir del mediodía estaría libre, y yo pensé La señora Villars se puede ir al cuerno yo quiero mis días completos, y me enfurecí y le dije a la señora Morizot Mis días son míos, por qué iba yo a regalárselos a los demás, y ella contestó Lo decía por hacerle un favor, pero acaso le estaba yo pidiendo algo a esa, empezaba a estar harta de aquella tienda, y justo cuando recogía mis bultos para marcharme Anouk dijo Y dónde va a vivir, En la avenida Jeanne d’Arc, dije, en una habitación que tengo, y yo por supuesto no tenía habitación en la avenida Jeanne d’Arc, de hecho no sabía ni dónde caía la avenida Jeanne d’Arc pero seguro que era una avenida bonita porque Juana de Arco era una muy famosa, y mientras yo pensaba en la tontorrona esa la otra venga a darme consejos para fastidiarme la libertad, Puede trabajar a domicilio entonces, dijo la señora Morizot, madre mía estaba hasta la coronilla de oír hablar de trabajar así que dije Ya está bien, señora Morizot, y con las mismas salí y nada más salir me puse contenta y di unos pasos y pensaba A quien habría que mandar a la cárcel no es a los vagabundos que no hacen nada malo sino a la gente que se mete en la vida de los demás, y me habría encantado que mandaran a la cárcel a la señora Morizot, una chismosa que pretendía disponerme la vida, A pesar de todo, panadera no es una profesión de las peores, pensé, te pasas el día sentada delante de un mostrador viendo a un porrón de gente que te da palique, Pero no, pensé, no es una profesión bonita, como hay que estar todo el día contando dinero acabas diciendo disparates cuando charlas con las clientas para no equivocarte con las cuentas, y si tienes la cabeza ocupada todo el rato con las cuentas eso no es vivir, Son todos unos lerdos, pensé, viven como piedrecitas, viven para los demás, y mientras pensaba en todo esto andaba y veía señoras que acarreaban fruta y verdura y pensé La señora va a tener que hacer eso esta mañana, comprar lo que haga falta para el almuerzo, o a lo mejor van a comer a la casa del señor Jean-Pierre, y en lo de Morizot le dirán Conque se le ha despedido la criada, y la señora responderá Sí, de la noche a la mañana, quería su libertad a menos que le pusiera un televisor y una pajarera en la cocina, Habrase visto, dirían las de la panadería, y yo me encogí de hombros y me alegré de que la señora tuviera que salir a comprar para el almuerzo si hablaba así de mí, ¡Una pajarera! Para empezar el pájaro lo había propuesto ella, yo no había pedido nada, Como si un pájaro fuese la libertad, pensé, y luego pensé Ser un pájaro sí que debe de estar bien, un pájaro libre, por supuesto, no un pájaro enjaulado, un pájaro libre surca el cielo vuela por todas partes va a todas partes hace lo que le apetece, y sonreí yo sola mientras caminaba y pensé Qué pena que sean siempre tan feos los pájaros que vemos, siempre grises o en tonos negros cuando a mí lo que me gustaría es que los pájaros que vemos fueran rojos y verdes o azules y amarillos o plateados o dorados, A lo mejor existe algún país donde se ven pájaros dorados, pensé, hay tantos países, pensé, y en esas llegué al final de la calle, otra vez cerca de la calle de la señora, pero yo no tenía ninguna gana de ver caras conocidas, ni a la señora, ni a la polaca, ni a la señora Boisseneau, así que dejé los bultos en el suelo y dije Qué hacemos, y me permití un momentito de reflexión hasta que me decidí, Ya que hay una estación de metro, vamos a coger el metro para ir más lejos, a otra avenida más interesante, y con las mismas recogí los bultos y justo en ese momento pensé Y la papelería, no me he despedido, así que avancé un poco más y entré en la papelería, y la dueña me dijo al instante Ajá, viene usted por si puedo indicarle algún sitio donde colocarse, y a mí eso no me gustó nada, yo estaba allí por ser educada y despedirme y antes siquiera de abrir la boca ella ya estaba incordiando y metiéndose en mi vida privada, Por qué dice eso, pregunté, En vista de que ha dejado usted el trabajo, contestó, no hay que ser muy lista para llegar a la conclusión de que está buscando otra cosa, Y cómo sabe usted que he dejado el trabajo, pregunté muy disgustada, Me lo ha dicho su patrona, contestó, Imagino que le habrá contado también que ya no quiero trabajar más, dije yo, Por supuesto, dijo ella, pero como comprenderá no me lo he creído, Y eso por qué, dije yo furiosa, acaso no tenemos derecho a vivir, por qué no voy yo a vivir a mi gusto en vez de hacer cosas que me fastidian, la papelera puso cara de sorpresa y dijo Pero es que cuando una no trabaja no tiene dinero, a menos que se apellide Rothschild o Karim, y hasta esos trabajan, conque ya me dirá usted, si hasta esa gente trabaja, Qué pasa, que hemos nacido para vivir condenados, grité, y ella dijo Lo que es una condena es estar sin blanca, pero si esa es su ambición no seré yo quien se la quite, y yo dije Pues me voy, y ella se echó a reír y gritó Buena suerte a la vez que yo salía, y en la calle pensé Por qué se empeñará toda esta gente en trabajar, y para colmo se creen que son ellos los que tienen razón, pero si alguien tiene razón soy yo, y estaba disgustadísima y me dije que iba a alejarme enseguida de aquel barrio ridículo, y con las mismas bajé la escalera del metro y abajo en la taquilla dejé los bultos en el suelo y consulté el cartel con los precios y a continuación hurgué en el bolso buscando calderilla y compré un billete y miré el plano para ver dónde había una avenida bonita con tiendas, quería una avenida y no una calle por los bancos y los árboles y los pájaros, pero el plano no indicaba si había tiendas y bancos ni si estaba animado y eso, así que pensé Qué planos tan fríos hacen, son planos inútiles, y con las mismas agarré mis bultos y pregunté a la revisora si podía aconsejarme una avenida animada y ella se rió y dijo Los Campos Elíseos, pero a mí los Campos Elíseos no me gustaban nada así que dije No, no me gustan, y ella Los Grandes Bulevares, y me explicó cómo se llegaba, y yo dije ¿Hay bancos?, porque usted comprenderá, con los bultos, dije, y ella caviló y dijo Pues no sé, y entonces le preguntó a gritos al revisor de enfrente Hay bancos en los Grandes Bulevares, y el otro sin pensárselo gritó al instante Sí, y en esas llegó el metro y me subí, y gracias a los bultos me cedieron un asiento, era un asiento estupendo, un asiento sin nadie al lado, solo con alguien enfrente, que puedes acomodarte a gusto y viajar tan contenta, y yo me sentía bien, como en un sueño, y estaba alegre de irme a otro sitio, Haces lo que te apetece, pensé, Es tu vida, pensé, y pasamos por varias estaciones y yo me dejaba amodorrar por el viaje y pensaba No pasa nada si no bajo en la estación que es, me gusta este viajecito, bajaré cuando me dé la gana, y enfrente de mí había una señora y yo la miraba un poco y pensaba Esta no es libre como yo,
