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Salmón chileno: Responsabilidad compartida ofrece una mirada reveladora a la acuicultura del salmón en Chile, una industria en la encrucijada de la ética empresarial y la sostenibilidad ambiental. A través de una narrativa envolvente, Teodoro Wigodski S., destacado académico y director de empresas, expone las complejidades y desafíos de esta prominente industria, crucial para la economía nacional y el bienestar global. Desde su experiencia en la presidencia de la Empresa Portuaria Puerto Montt hasta enfrentar la crisis del virus ISA, Wigodski analiza profundamente los conflictos con comunidades locales y organizaciones ambientalistas, y destaca las oportunidades para un desarrollo que respete los valores económicos, sociales y ambientales. Este libro es el resultado de una investigación rigurosa, incluyendo visitas y entrevistas en Chile y Noruega. Este viaje, tanto intelectual como físico, no solo revela los retos internos de la industria, sino que también funciona como un llamado a la acción para promover prácticas sostenibles. Destinado a convertirse en un recurso esencial en el debate sobre el futuro de la acuicultura, el libro sirve como una herramienta educativa para estudiantes y profesionales de diversas disciplinas. Más que un mero compendio de datos, la obra invita a un diálogo sobre la responsabilidad compartida en el desarrollo sostenible de la industria del salmón. Descubra la compleja relación entre la ética empresarial, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo económico. Esta lectura es imprescindible para quienes están comprometidos con la construcción de un futuro donde la armonía entre industria y naturaleza prevalezca.
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Seitenzahl: 320
Veröffentlichungsjahr: 2024
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© Teodoro Wigodski Sirebrenik
I.S.B.N. :978-956-306-185-7 (libro en papel)
eI.S.B.N. : 978-956-306-184-0 (libro digital)
Imagen de portada : Crédito Multi X
Diseño y diagramación : Jeju Jure de la Cerda
Primera edición: mayo 2024
EDITA Y DISTRIBUYE
JC SÁEZ EDITOR
Teléfono: +56 2 3346 2281
WWW.JCSAEZEDITOR.CL
Derechos exclusivos reservados para todos los países en castellano y en inglés para JC Sáez Editor Spa.
Derechos digitales (electrónicos) exclusivos reservados para todos los países en castellano y en inglés para JC Sáez Editor.
Prohibida su reproducción total o parcial, para uso privado o colectivo,
en cualquier medio impreso o electrónico, de acuerdo a las leyes Nº17.336
y 18.443 de 1985 y 20.435 de 2010 (Propiedad intelectual).
Diagramación digital: ebooks [email protected]
CONTENIDO
Declaraciones éticas del autor
Agradecimientos
Prólogo
Introducción
1. Una historia para comenzar
El impulso inicial
La voluntad desarrollista
La era industrial
Lecciones preliminares de la historia
2. La industria del salmón en Chile, hoy
Valor agregado
Exportaciones
Encadenamientos productivos
Empleo
Impacto social
Estructura y dinámica competitiva
Chile vs Noruega
Algunas ideas para mirar el futuro
3. Entender el proceso para comprender los debates
Producción de ovas
Alevinaje y producción de smolts
Fase de engorda y cosecha en el mar
Del mar a las plantas de proceso
Una mirada global al marco regulatorio y la institucionalidad
¿Qué sucede en Noruega?
Las lecciones del proceso
4. ¿Dónde nos ubicamos?
Localización de los centros
La relocalización de los centros
Concesiones en Áreas Naturales Protegidas
Tipo de evaluación ambiental
Concesiones en causal de caducidad
¿Y cómo se hace en Noruega?
Algunas conclusiones provisionales
5. En el fondo de los debates medio ambientales
¿Cuántos peces se puede cultivar?
¿Qué sucede en el fondo del mar?
Combatir las infecciones y las plagas
Los peces se escapan
Los peces se pueden morir
¿Qué comen los salmones?
Salmón vs otras proteínas de origen animal
Debatiendo los debates
6. Los trabajadores y sus demandas
Las demandas de los trabajadores
Con todo, la comunidad y los propios buzos reconocen un avance.
Una tarea presente, clave del futuro
7. Las comunidades
¿Qué es la licencia social para operar?
Ahora que nos necesitan
Como sea, las salmoneras han cambiado nuestras vidas
¿Y el turismo…?
La industria del salmón debe permanecer, pero no de cualquier forma
La industria de hoy no es la misma que hace treinta años
Volviendo a la licencia social para operar
8. Las organizaciones de la sociedad civil
¿Cuáles son los temas?
¿Es posible un diálogo?
9. Y… las empresas
Un clúster como sistema de innovación local o regional
Las malas prácticas existen
A modo de ideas casi finales
10. Una hoja de ruta tentativa
Un marco para la acción
Acciones necesarias
Acciones necesarias
Referencias bibliográficas
Entrevistas realizadas
DECLARACIONES ÉTICAS DEL AUTOR
Conflicto de intereses
El autor declara que no tiene conflictos de intereses.
Consentimiento informado
Se obtuvo el consentimiento informado de todos los participantes individuales involucrados en el estudio.
Financiamiento
Esta investigación fue financiada por el autor.
AGRADECIMIENTOS
Con profunda gratitud, deseo expresar mis más sinceros agradecimientos a todas las personas e instituciones que contribuyeron de manera significativa a la realización de este libro, Salmon chileno: una responsabilidad compartida. Sus valiosos aportes y apoyo fueron fundamentales para llevar a cabo esta obra.
En primer lugar, quiero agradecer a las y los líderes de las distintas organizaciones sindicales y comunitarias de las regiones X y XII de Chile. Su generosidad al recibirnos y dedicarnos su tiempo para responder a nuestras numerosas preguntas y dudas fue esencial para comprender la complejidad de la industria del salmón en el país.
Asimismo, quiero expresar mi sincero agradecimiento a los profesionales de las Organizaciones No Gubernamentales que compartieron sus valiosas experiencias y opiniones con nosotros. Su disposición para dialogar abiertamente y proporcionarnos sus documentos de investigación y materiales que enriquecieron enormemente nuestra perspectiva sobre este importante tema.
Agradezco también a los ejecutivos y colaboradores de la empresa Multi X por su transparencia y buena disposición al permitirnos conocer de cerca sus operaciones. Su cooperación fue fundamental para obtener una visión integral de la industria del salmón.
Quiero destacar mi agradecimiento a los dirigentes y ejecutivos de Salmón Chile, Instituto Tecnológico del Salmón y Consejo del Salmón por su disposición a responder a nuestras preguntas, sin importar lo incómodas que pudieran ser. Su colaboración fue esencial para abordar los desafíos que enfrenta esta industria.
Quiero destacar el valioso trabajo del equipo de Investigación de Metadiálogos, especialmente a su director ejecutivo, Marcelo Monsalves. El profesionalismo en la recolección de información y en los debates en profundidad sobre los manuscritos fue fundamental para dar forma a este libro.
Finalmente quiero expresar mi profundo agradecimiento a mi familia. A mi querida esposa Teresa, nuestras hijas Sabrina y Karina, y nieta Emma, por su comprensión y apoyo inquebrantable durante los momentos dedicados a este proyecto, así como por aceptar que destinase recursos económicos a su realización.
A todos ustedes, muchas gracias por su contribución invaluable a este libro. Su generosidad y apoyo han sido fundamentales en esta empresa compartida de comprender y abordar los desafíos de la industria del salmón en Chile.
PRÓLOGO
En el complejo y dinámico mundo de las empresas y los negocios, con frecuencia nos vemos enfrentados a desafíos que superan nuestras expectativas iniciales. El presente libro, con el título Salmon chileno: responsabilidad compartida, constituye el resultado de una profunda y extensa investigación que se originó en el deseo de elaborar un artículo académico destinado a enriquecer la enseñanza del curso “Ética en el mercado, la empresa y los negocios”. Dicho curso lo he impartido en la última década, en Ingeniería Industrial de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile y la Facultad de Derecho de la Universidad Adolfo Ibáñez.
Recuerdo que a medida que me sumergía en las intrincadas complejidades de la industria del salmón en Chile, pronto advertí que esta investigación debía profundizar en lo que se sabía, o más precisamente, en lo que se creía saber acerca de esta industria. La intención inicial de crear un tradicional artículo académico se convirtió en la desafiante tarea de explorar a fondo cada aspecto de esta compleja industria.
Mi primera incursión en el vasto y fascinante mundo del salmón chileno se remonta a mi presidencia en el directorio de la Empresa Portuaria de Puerto Montt, cargo que desempeñé durante el período que abarcó los años 2005 hasta el 2010. Durante ese periodo, tuve la posibilidad de conocer los estándares operativos de la industria, y me encontré en el epicentro de la crisis desencadenada por el virus ISA. Esos años estuvieron marcados por la devastación de poblaciones de salmones, la trágica pérdida de empleos tanto directos como indirectos, la quiebra de empresas salmoneras y sus proveedores, y la incertidumbre que abrumaba a administradores, inversionistas, financistas y reguladores sobre cómo afrontar y superar esta compleja coyuntura.
La industria acuícola, centrada en la exportación de salmón y trucha, ha emergido como una de las más preeminentes de Chile, solo superada por la exportación minera de cobre y litio. A pesar de que sus raíces se remontan a 150 años atrás y su notable evolución, la industria ha experimentado un reciente estancamiento, aunque justificado por razones diversas. Además, los medios de comunicación han sido testigos de los conflictos que esta industria ha tenido con las comunidades locales, las autoridades sectoriales, las organizaciones ambientalistas, y otros actores involucrados.
Desde una perspectiva pedagógica, concebí este caso empresarial como un tema de atractivo valor para el estudio de alumnos de pre y posgrado en diversas disciplinas del conocimiento, que van desde las ciencias sociales hasta las ciencias exactas. Las singulares características de la industria del salmón invitaban a un análisis riguroso de un sistema sociotécnico complejo y altamente dinámico.
Este libro aspira a ser mucho más que un compendio de datos y hechos; busca constituir una contribución significativa al debate continuo entre los protagonistas de esta historia, pues mantener el statu quo con certeza conduciría a la destrucción del valor económico, social y ambiental que, por el contrario, esta industria es capaz de generar de manera sostenible. Para llevar a cabo este proyecto de manera científica, se realizó una rigurosa investigación bibliográfica y de campo, que comprendió visitas y entrevistas con casi cuarenta representantes del sector, tanto en Santiago como en las regiones donde se cultiva el salmón. Además, mi visita a Noruega me permitió conocer de cerca la industria del líder de mercado exportador y principal competidor de Chile.
El resultado final de esta investigación es una apreciación integral y holística de la situación. Confío en que proporcionará una sólida base para buscar un alineamiento constructivo de los actores incumbentes en la industria del salmón, con el objetivo de impulsar la producción de una fuente alimenticia de la más alta calidad de proteínas para una creciente población mundial.
Los invito a adentrarse en las páginas que siguen, donde se describirán los obstáculos y la ineludible responsabilidad que compartimos todos, para hacer viable el desarrollo eficiente y sostenible, social y ambientalmente de la industria del salmón chileno, e incrementar su relevancia tanto en la sociedad nacional como en los mercados internacionales, donde se exportan estos productos.
Deseo que este libro les sea de utilidad para una comprensión profunda de la industria del salmón y su importancia en la sociedad y la economía global.
Teodoro Wigodski S.mayo 2024
INTRODUCCIÓN
La acuicultura consiste en la explotación de organismos acuáticos con fines productivos y comerciales a través de la intervención en el proceso de cría, con el propósito de mejorar el producto y asegurar la propiedad de las existencias cultivadas. En tanto proceso para la provisión de alimentos, de lo que sabemos, sus antecedentes se remontan a más de 4.000 años. En la actualidad, la acuicultura proporciona entre el 46% y 49% de la producción anual de productos del mar que la humanidad consume anualmente (FAO, 2020; Choudhury, Lepine, & Good, 2023; Ford, Billing, Hughes, & Adam, 2022) y se prevé que el consumo de productos acuícolas aumentará en un 15% hacia el 2030 (FAO, 2022).
En un mundo donde se proyecta un aumento del 52% de consumo de proteína animal hacia el 2050 (Meller & Cerda, 2020), esta industria resulta estratégicamente vital para la seguridad alimentaria mundial, debido a la disminución sistemática de la pesca de captura por agotamiento de poblaciones a causa de la sobre explotación, la contaminación de los océanos, el aumento de la temperatura media de las aguas y la falta de ordenación pesquera mundial. Por otra parte, los enormes impactos ambientales que tiene la producción de otras proteínas de animales de crianza hacen complejo suponer su crecimiento.
Chile es la séptima potencia acuícola mundial y la primera en América. Dentro de la industria acuícola, la producción de salmón es sin duda la principal. Esta industria ha tenido un desarrollo extraordinario en los últimos 38 años. Chile es responsable del 31% de la producción salmónida a nivel mundial, solo después de Noruega (Bergoeing & Doña, 2023). El salmón es el tercer producto de la matriz exportadora chilena, luego del cobre y el litio (Consejo del Salmón, 2023). Si bien, representa el 2,1% del Producto Interno Bruto, PIB1 país, si despejamos la minería del cobre del análisis, concluimos que el aporte de la industria del salmón al aumento del valor agregado del PIB del sector de recursos naturales no cobre, fue de un 28% entre el 1996 y 2019, equivalente a MM USD 2.142, solo comparable con la fruticultura.
Este fenómeno es el resultado de una larga historia que comenzó hace alrededor de 150 años con la introducción de las primeras ovas de salmones y truchas en ríos y estuarios de Chile y que prosperó gracias a la persistencia pública y privada en un empeño que, por varias décadas, solo tuvo resultados insatisfactorios o inciertos. Sin embargo, hoy que el país se alza como uno de los líderes mundiales de la industria, en un contexto internacional inmejorable de aumento de la demanda y el precio, la salmonicultura en Chile está bajo asedio.
El impacto ambiental de la actividad, la disputa del espacio costero con otras actividades, los conflictos con las comunidades locales y de pueblos originarios, la discusión pública con grupos ambientalistas, la política pública que vacila entre cuidar una actividad clave y responder a sus objetivos de protección ambiental, el atrincheramiento gremial de la industria, junto a una opinión pública que tiende a desconfiar de los antecedentes y verdaderas intenciones del empresariado, genera un escenario de riesgo, no solo para el crecimiento del sector, sino también para su proyección a largo plazo. De hecho, algunas voces cercanas a la industria, frente al rápido desarrollo de nuevas tecnologías productivas y la entrada de nuevos actores al mercado internacional, han advertido de un peligro de reemplazo de no superar satisfactoriamente los riesgos socio políticos que se ciernen sobre la actividad.
La industria ha buscado enfrentar estos riesgos a través de acciones de lobby gremial, debate mediático, querellas legales, operaciones de apoyo funcional a las comunidades locales y disputa del relato público a través de más o mejor información. Todo lo anterior sobre la base de un “atrincheramiento empresarial” que pone a la industria a la defensiva y en posición de víctima. Desde nuestra perspectiva, tal operación conduce al sector por el camino exactamente contrario para obtener aquello que requiere para crecer y proyectarse: licencia social para operar (LSO). Es decir, la aceptación de la industria y de sus operaciones locales por parte de las comunidades donde se instala, la sociedad y los grupos que la componen. Aceptación que no depende directamente de la información, la razón, fundamento o legalidad de una posición determinada, sino de la calidad de las relaciones que los actores son capaces de construir.
El centro de la LSO es la confianza que la sociedad global y las comunidades locales depositan en una empresa o industria sobre la base de su capacidad técnica para cumplir con los estándares operacionales, legales y éticos, su historial de cumplimiento y su honestidad o transparencia. La confianza, sin embargo, es aquella tela social intangible que se urde lentamente y se rompe con facilidad, y que resulta indispensable para que los actores empresariales, sociales y públicos, puedan relacionarse de forma positiva a bajo costo, en la persecución de objetivos comunes y la construcción de un destino compartido. Por eso, resulta imprescindible protegerla con especial cuidado de las tentaciones oportunistas y cortoplacistas que empañan el esfuerzo colectivo, tiñendo con su estela de ambición pequeña el esfuerzo de una mayoría por cumplir con los estándares éticos que los tiempos demandan y que resultan imprescindibles para tener futuro.
Ahora bien, el desarrollo social, entendido como un proceso continuo de complejización de la sociedad, sus actores y las dinámicas de sus relaciones, junto con el avance democrático y las evidencias de crisis ambiental, y el desarrollo explosivo de la comunicación digital, impone a las empresas nuevos y crecientes estándares operacionales y éticos. Por lo tanto, la LSO no solo se vuelve más arduo de obtener sino también particularmente difícil de mantener. Demanda de un enfoque coherente y un esfuerzo sistemático y verdadero, basado en convicciones sólidas sobre la necesidad de construir relaciones mutuamente enriquecedoras entre partes legítimas y necesarias. El viejo enfoque basado en la gestión de externalidades negativas a través de transacciones específicas con las comunidades está definitivamente agotado. Es preciso que las empresas integren en la definición de su propia cadena de valor el desarrollo económico y social de las comunidades a las cuales pertenecen. Es decir, la empresa debe ser capaz de crear valor compartido o no podrá crear valor alguno.
Según Michael Porter y Mark Kramer: “El concepto de valor compartido puede ser definido como las políticas y las prácticas operacionales que mejoran la competitividad de una empresa a la vez que ayudan a mejorar las condiciones económicas y sociales en las comunidades donde opera. La creación de valor compartido se enfoca en identificar y expandir las conexiones entre los progresos económico y social” (Porter & Kramer, 2011) y, ambiental, debemos agregar. De acuerdo con estos autores “tanto el progreso económico como el social deben ser abordados usando principios enfocados en el valor. El valor es definido por los beneficios en relación con los costos, no sólo por los beneficios. La creación de valor es una idea reconocida desde hace tiempo en los negocios, donde las utilidades son los ingresos recibidos de los clientes, menos los costos incurridos. Sin embargo, las empresas rara vez han abordado los problemas de la sociedad desde la perspectiva del valor y se han limitado a tratarlos como temas periféricos. Esto ha opacado las conexiones entre las preocupaciones económicas y sociales” (Porter & Kramer, 2011). El valor compartido se diferencia del concepto clásico de responsabilidad social empresarial (RSE) en la medida que la RSE se enfoca principalmente en la reputación y tienen una conexión limitada con el negocio (Porter & Kramer, 2011), haciendo que estos programas sean difíciles de justificar, económicamente, en el corto plazo y menos de mantener en el largo plazo. Por otra parte, los programas tradicionales de RSE, concebidos como la implementación de acciones sociales asistencialistas aisladas del negocio, suelen implicar una sospecha sobre las reales intenciones e intereses que los animan, especialmente en contextos donde priman la desconfianza, una historia de desencuentros y el interés de las comunidades por ser sujetos incidentes de su futuro y no solo objetos de compensaciones.
En este libro propongo hacer un recorrido por la historia de la industria del salmón en Chile y su lógica de desarrollo hasta configurar su situación actual. Comienzo con la perspectiva histórica que nos parece fundamental para comprender como se ha ido estructurando la industria y distinguir algunas de sus claves actuales. Posteriormente, realizo una documentada exposición sobre el estado de la actividad y su posición competitiva con el propósito de establecer de qué se habla cuando se habla de la industria del salmón. En los capítulos que siguen expongo de forma general y específica los debates y controversias que rodean a la salmonicultura en Chile, así como en Noruega, buscando separar escrupulosamente el mito de la realidad. En los capítulos finales presento las principales posiciones que configuran el escenario de la controversia sobre la producción de salmón. Ello nos permitirá argumentar sobre las condiciones requeridas y los espacios posibles para obtener una Licencia Social para Operar que permitan a la industria generar condiciones para su sostenibilidad y proyección. Cierro la argumentación con un conjunto de recomendaciones y sugerencias para los actores implicados, en la perspectiva de generar una “hoja de ruta” para el desarrollo sustentable de una industria socialmente licenciada.
La pregunta que animó esta búsqueda es por las condiciones bajo las cuales la industria del salmón resulta sostenible en el largo plazo. La hipótesis fundamental que proponemos es que la industria del salmón, tal cual la conocemos, corre un serio riesgo socio político que amenaza su subsistencia si no obtiene una Licencia Social para Operar de calidad, basada en la perspectiva de crear valor compartido para las comunidades y regiones donde opera. Dicho de otro modo, postulamos que si una industria no puede generar valor sostenible para las comunidades donde se instala, no puede generar valor sostenible para sus accionistas y el país. De esta forma, la disputa por la hegemonía del relato público de la industria y su sostenibilidad práctica se juega primero y fundamentalmente a nivel local (comunitario, comunal y regional), en términos económicos, operativos, normativos, éticos y culturales. Y tal proceso, que llevará su tiempo, supone un cambio en el enfoque sobre el cual opera el negocio en relación con su entorno.
La perspectiva del análisis ha sido, desde el comienzo, abandonar la lógica de posiciones y trincheras para obtener una comprensión lo más amplia y desprejuiciada posible de la situación, que nos permita identificar y calificar de manera fundada cada una de las variables o aspectos que hacen parte del debate. Para ello hemos hecho una amplia revisión de la literatura especializada y material periodístico. Hemos tenido extensas conversaciones con representantes de las comunidades locales, incluyendo representantes de pueblos originarios, la industria, los trabajadores, las organizaciones no gubernamentales y autoridades sectoriales. Hicimos un extenso recorrido físico por los fiordos de Noruega y también por los espacios nacionales donde se ha instalado la industria y conocimos, de forma privilegiada, todo el proceso productivo desde la ova hasta el producto empacado, listo para ser despachado a los diferentes mercados. Si dejamos de consultar directamente a algún actor o persona relevante o parte interesada, solo puede explicarse por desconocimiento del autor o rechazo de la entrevista solicitada. Nunca por sesgo intencionado de omisión. Esperamos que el esfuerzo expositivo y analítico que hacemos, pensando en Chile, contribuya a generar un necesario y amplio debate de todas las partes legítimamente interesadas sobre la industria del salmón para que, finalmente, los que hoy estamos y las generaciones que vendrán, puedan vivir en un mejor país.
1. UNA HISTORIA PARA COMENZAR
La historia de la industria del salmón en Chile es mucho más larga de lo que suele creerse. Una historia que vale la pena recorrer, aunque sea en sus contornos generales, para comprender el punto en el cual nos encontramos hoy y poder iluminar conclusiones útiles de futuro.
En términos generales, el proceso de la introducción y cultivo de salmónidos en Chile puede dividirse en tres etapas. Un impulso pionero inicial, promovido por el Estado y caracterizado por escasos resultados y mucho aprendizaje. Una segunda etapa basada en un esfuerzo de política pública con una impronta desarrollista y finalmente, una tercera fase de crecimiento industrial acelerado que da al sector la forma que hoy conocemos.
EL IMPULSO INICIAL
La historia de la crianza de salmones comienza en 1748, hacia el norte de Alemania, en una pequeña Villa llamada Hohenhausen. Allí, el agricultor Stephan Ludwig Jacobi realizó por primera vez una inseminación artificial de truchas y salmones, logrando criar peces hasta su tamaño adulto. Sin embargo, la gran innovación de Jacobi no tuvo mayor repercusión, a pesar de sus esfuerzos por difundirla, hasta que a mediados del siglo XIX Francia asume el desarrollo de la piscicultura como una política de Estado.
En Chile, la elite empresarial de la segunda mitad del siglo XIX, conectada con Europa, obviamente tuvo noticias de estos avances y concibió rápidamente la posibilidad de desarrollar la industria de la piscicultura al sur del Círculo de Capricornio. Así, hacia fines de ese siglo se hicieron los primeros intentos de introducir salmones en los ríos del sur del país. Primero, el empresario José Tomás Urmeneta en 1875 y luego, Isidora Goyenechea en 1885 (Carrera, 2020). Estas iniciativas, en términos prácticos, fueron un total fracaso, pero marcaron el inicio de una posibilidad que abrió el camino a la industria tal cual la conocemos hoy.
En 1901, Germán Riesco, presidente de Chile, encomendó a Federico Albert, alemán avecindado y considerado el padre de la conservación de recursos naturales de Chile, “para que demostrara la posibilidad de aclimatación del salmón en Chile” (Golusda, 1907). Su estudio culminó al año siguiente y en su informe concluye sobre la efectiva posibilidad de aclimatación y crianza de salmónidos en el país. Estos resultados llevaron al gobierno de la época a asignar los recursos necesarios para construir en 1903 la primera piscicultura del país.
Al año siguiente, Albert fue comisionado por el gobierno de Chile para conocer las últimas técnicas de piscicultura desarrolladas en Europa. En este viaje, Albert contrata expertos alemanes y adquiere en ese país, ovas y recursos necesarios para iniciar el proceso de reproducción. Superando incontables inconvenientes y desafíos técnicos en su viaje de regreso y después de varios meses, logra implementar la primera piscicultura industrial de salmónidos en el país. Así, hacia fines de 1905 logra obtener alrededor de 200.000 smolts, salmones juveniles, que fueron repartidos en diferentes ríos del centro y sur del país. En la misma época, los expertos alemanes contratados por el gobierno chileno vuelven a viajar a Europa para imponerse de los nuevos adelantos tecnológicos y adquirir ovas. Nuevamente la iniciativa culminó en la crianza exitosa de 170.000 smolts que fueron transportados en ferrocarril hacia ríos que se ubican en las regiones del sur de Chile. En este contexto, el gobierno aprueba la construcción de nuevas instalaciones piscicultoras en el centro y sur del país.
De todo este esfuerzo público, los funcionarios del Ministerio de Industria concluyen, de forma optimista, que los ríos chilenos resultan apropiados para la crianza de salmónidos y auguran que “en poco tiempo más todos los ríos de Chile se encontrarán poblados por un gran número de estos animales” (Golusda, 1907).
Entre 1905 y 1910 continuaron las importaciones de ovas y las siembras de alevines en diferentes ríos de la zona sur de Chile. En 1914 se inaugura la piscicultura Lautaro, una nueva instalación pública que sigue operando hasta hoy como un proyecto municipal de la misma comuna y logra niveles de producción considerables hacia 1932 (Carrera, 2020).
El propio Albert, entusiasmado con los resultados logrados en este periodo, llega a la conclusión de que “no debiera haber en Chile un solo fundo que no emplee sus canales para la piscicultura, tanto para los peces indígenas como aclimatados, ya que una superficie de una hectárea de agua puede producir unos 200 a 400 kilogramos de pescado al año, cuando está bien atendida […] Muchos terrenos pobres son fáciles de convertir en lagunas y producirían una renta mayor que su explotación agrícola […] ¿Cuántos brazos de esteros no se podrían aprovechar en la república en la crianza y engorda de tan sano y lucrativo alimento?” (Albert, 1913). Sin embargo, para que ello fuera posible, abogaba por una fuerte intervención del Estado para realizar las inversiones de riesgo que los privados no estaban en condiciones de hacer, una regulación y fiscalización eficaz para acabar con las malas prácticas (como la pesca con dinamita) y la formación de profesionales y técnicos para proyectar el desarrollo de la industria.
LA VOLUNTAD DESARROLLISTA
La piscicultura de Lautaro siguió produciendo junto con las otras instalaciones públicas de cultivo, a un ritmo tal que hasta 1937 se lograron establecer importantes poblaciones de truchas y salmones en diversos ríos y lagos de Chile (Carrera, 2020). De hecho, la piscicultura Lautaro logró exportar ovas de salmón y truchas a Perú, Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia y las Falkland Islands (Inglaterra) o Islas Malvinas (Argentina), con un impulso que se mantuvo hasta 1957 (Carrera, 2020).
Algunos años antes, en 1953 se inaugura la estación de cultivo de salmónidos en Polcura, en la comuna de Tucapel en la región del Biobío como un nuevo incentivo público a la actividad. De hecho, en estos años la división de Pesca y Caza del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que más adelante daría origen a SERNAPESCA2, financió y operó varios proyectos públicos para introducir y poblar de truchas los ríos de Chile. Se apoyó para ello en el Instituto Tecnológico de Puerto Montt, dependiente de la Universidad Técnica del Estado, para el uso y transferencia de tecnología norteamericana (Carrera, 2020). Una de las tecnologías que el Estado promovió en este periodo fue el “ocean ranching” que consiste en criar alevines, etapa temprana de desarrollo de los salmones después de haber eclosionado de sus ovas o huevos y antes de transformarse en smolts, en estanques y luego liberarlos en el mar para que, cumpliendo su ciclo natural, los individuos adultos remonten los ríos para desovar, donde son atrapados. En 1968, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) realiza el primer traslado de smolts desde una piscicultura hacia el mar con el propósito de comprender si los peces podían completar su ciclo natural de desarrollo, ya que “todos los proyectos demostraban factibilidad técnica, pero no había resultados en la factibilidad económica y sus mercados permanecían desconocidos” (Carrera, 2020).
Junto con promover el poblamiento de salmones y truchas en ríos, estuarios y fiordos de Chile, el Estado también “dedicó esfuerzos a desarrollar las capacidades humanas relativas a la pesca y al sector acuicultor con la creación de las carreras de biología marina, oceanografía e ingeniería en pesca y estableció los organismos dedicados a la investigación en acuicultura, como el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) fundado a mediados de la década del 60 con el apoyo del gobierno chileno y de la FAO3”. (Carrera, 2020). El IFOP fue una pieza clave en el desarrollo y consolidación de la acuicultura en Chile, trayendo al país expertos extranjeros que aportaron conocimiento y experiencia en la crianza de salmones en su fase marina, asunto que hasta ese momento era totalmente desconocido.
En este contexto, el SAG firma un convenio con la Universidad de Washington en EEUU para introducir el salmón coho y chinook en el sur de Chile. Al alero de este convenio se realizaron varias siembras de alevines en diferentes ríos y lagos, criados a partir de ovas donadas por instituciones norteamericanas. Los resultados no fueron los esperados. Hubo 80% de mortalidad e inconvenientes políticos para seguir operando. A pesar de ello, “el proyecto marcó un gran progreso en el conocimiento de técnicas de cultivo, especialmente en temas relativos a dietas, control de enfermedades y transporte de peces” (Carrera, 2020). Y esto permitió el inicio de la crianza experimental de salmones en balsas – jaulas. Un esfuerzo que continuó junto con otras iniciativas públicas destinadas a introducir las truchas y salmones en los cursos de agua dulce.
Por estos mismos años, la creciente exigencia de los países litorales sobre sus derechos marinos vino a dificultar las intensas actividades de pesca que realizaba Japón en alta mar. Ello obligó a ese país a buscar nuevas opciones para el desarrollo de su industria pesquera. De este modo, la Agencia de Cooperación Japonesa (JICA) encontró en los mares de la zona austral de Chile una oportunidad para la crianza de salmónidos. Así, en 1969 los gobiernos de Chile y Japón firmaron un convenio cuyo objetivo era la introducción del salmón en el país (Shirahata, 2014). Al alero de este convenio, funcionarios del SAG viajaron a Japón a principios de los años setenta para capacitarse en técnicas de cultivo y manejo de salmones. Este esfuerzo permitió el desarrollo de un extenso programa público de estudio y pruebas prácticas destinado a la introducción y crianza de salmones hasta su fase marina, junto con denodados esfuerzos por seguir intentando la siembra en diversos cursos fluviales.
La misión japonesa de la JICA instalada a fines de los años sesenta, siguió sus procesos de estudio y prueba hasta 1987. De hecho, el proyecto logró la importación y siembra de aproximadamente 40 millones de ovas, lo que significó la liberación de 26 millones de juveniles de salmón y constituyó el esfuerzo de trasplante de salmón de mayor envergadura y continuidad, desarrollado en el hemisferio sur (Shirahata, 2014). Y, aunque no logró el objetivo de introducir esta especie como población silvestre, generó una amplia base de conocimiento y capacidad técnica que permitió el desarrollo posterior de la industria.
El primer esfuerzo comercial formal por cultivar salmonespara el mercado japonés en balsas-jaulas en el mar con ovas importadas de Estados Unidos, sucedió en 1979 cuando la empresa Nichiro Chile Ltda, inició la crianza de smolts de salmón coho, producidos por la Sociedad de Pesquerías y Piscicultura Lago Llanquihue Ltda. En el mismo año, la Sociedad Pesquera Mytilus Ltda, realiza una gran inversión para cultivar salmón en zonas lacustres y crianza en jaulas en el mar. “Fue la primera empresa en usar balsas-jaulas de metal galvanizado provenientes de Noruega y en lograr índices interesantes de exportaciones de salmón a Estados Unidos” (Carrera, 2020).
Y fue precisamente sobre esta base que, en 1978, la empresa japonesa Nichiro GyoGyo, comenzó una amplia investigación buscando una posibilidad de cultivos de salmones en ríos y estuarios del sur de Chile. Y, en 1981 obtuvo una primera cosecha de 130 toneladas de salmón coho, hito que da inicio al cultivo industrial del salmón en Chile. “Al observar el éxito de la empresa pesquera japonesa […] posteriormente llegaron a participar en esta industria grandes empresas, tanto de Chile como de Noruega e hicieron crecer la producción hasta colocar al país en un lugar destacado en el cultivo de salmones a nivel mundial” (Shirahata, 2014).
En el mismo año de 1978, se crea el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura que se separa del SAG y comienza su actividad como ente fiscalizador de la pesca, la piscicultura y la acuicultura.
A partir de 1983, las autoridades de la época disponen de nuevos recursos para la introducción del salmón en la zona austral del país, lo que permitió el desarrollo de nuevos proyectos privados de envergadura. Finalmente, entre en los años 1985 y 1986 los funcionarios públicos que habían participado de este esfuerzo de política pública desde los años sesenta, dejaron sus respectivos cargos en la administración pública y se incorporaron en empresas privadas. Precisamente esta transferencia de conocimientos y capacidades, marca el despegue industrial de la actividad, tal cual como la conocemos hoy.
LA ERA INDUSTRIAL
En 1985 había 36 centros de cultivo operando, y la producción se elevó a más de 1.200 toneladas de salmón al año. En pocos años, Chile pasó a integrar el grupo de países productores que jugaban en las ligas mayores. El Estado, por su parte, siguió invirtiendo en apoyo a iniciativas privadas a través de la Corporación de Fomento (CORFO)4 y Fundación Chile5. En 1986 la producción superó las 2.100 toneladas. En 1987 se instalaron cerca de 117 centros de cultivo (Carrera, 2020). Cuatro años después, la producción llegó a 34.000 toneladas y siete años después fueron 181.000 toneladas y para el año 2000, se alcanzó la cifra de 350.000 toneladas. O sea, en tan solo quince años la producción se multiplicó casi 300 veces. Un fenómeno de crecimiento inédito en la historia económica de Chile y probablemente del mundo.
En 1986 se constituye la Asociación Gremial de Productores de Salmón y Trucha de Chile que en 2002 pasó a llamarse Salmón Chile con 17 compañías dedicadas a la actividad6, que participan en diversas etapas de la cadena de valor. Esta asociación empresarial, originalmente impulsada por Fundación Chile, se crea con el objetivo de generar un sello de calidad para producción y promoción del salmón chileno en los mercados mundiales.
Entre 1987 y 1988, Fundación Chile inició una serie de seminarios y gestiones internacionales con el fin de promover la industria del salmón, incentivar la inversión y generar mejores condiciones para el desarrollo de la actividad (Carrera, 2020).
En 1989 se crea la primera regulación formal de las concesiones y autorizaciones de acuicultura marina. El propósito era generar condiciones para una explotación ordenada del borde costero, estableciendo concesiones de explotación acuícola de carácter gratuito. Sin embargo, esta normativa no tuvo aplicación práctica y fue modificada en 1991, estableciendo que las concesiones serían comercializables, heredables, transferibles y, en la práctica, perpetuas. Esta norma generó, como es obvio, un mercado de concesiones que permitió un amplio impulso e instalación de los centros de cultivo marinos en el sur de Chile.
En paralelo, en 1990 comienza la reproducción de ovas nacionales de salmón coho, proceso que había sido probado por el proyecto de cooperación técnica con Japón dos años antes. Este hito se recuerda como el primer logro de emancipación nacional de los mercados proveedores, lo que significó un impulso relevante para la industria y un cambio importante en el ciclo productivo del salmón. En 2023 existen tres casas genéticas chilenas que producen ovas embrionadas para la industria nacional.
En 1995 se creó el Instituto Tecnológico del Salmón, INTESAL por iniciativa de la asociación gremial Salmón Chile con el propósito de introducir mejoras en la producción y mejorar los estándares sanitarios, medioambientales y formación de personal para la industria. De esta misma época datan también las mejoras en los procesos de producción de alimentos.
Este rápido crecimiento despertó las sospechas internacionales y nacionales. En 1997 los productores de salmón de Maine, en Estados Unidos, acusaron a sus pares chilenos de dumping, lo que supuso un extenso juicio a las empresas salmoneras chilenas en ese país y la aplicación de tasas arancelarias adicionales. La investigación concluyó en 2003 con la industria chilena completamente liberada de acusaciones (Aqua Chile, 2003). Junto con el crecimiento y desarrollo de la industria, a fines de la década del noventa surge también con fuerza la crítica por los impactos ambientales y sociales de la industria. “La respuesta de la industria fue la promoción de acuerdos de producción limpia que ordenaran y racionalizaran el tratamiento de desechos, así como impulsar, en conjunto con el sector público, la creación de un Reglamento Ambiental para la Acuicultura (RAMA). Esta normativa se hizo cargo de las principales quejas contra la industria, relativas a los cambios en las condiciones en el fondo marino como consecuencia de procesos alimentarios de los peces, asumiendo su seguimiento y monitoreo, a fin de evitar la eutrofización7 de las aguas” (Bustos, 2012). Este reglamento, comienza a operar en 2001 y las organizaciones ambientales valoraron positivamente su entrada en vigor, aunque esgrimieron dos críticas. Primero, no regulaba correctamente el necesario monitoreo de los impactos en el fondo marino a través del tiempo y no consideraba el impacto de las corrientes marinas sobre los propios centros y su capacidad para diseminar o desplazar contaminantes en zonas amplias de territorio marítimo.
En 2007, surge la crisis del virus ISA (anemia infecciosa del salmón) y cuyos efectos se prolongan, por lo menos, hasta el 2010. La masiva infección de los centros de cultivo por el virus provocó una pérdida de casi el 50% de los puestos de trabajo y una caída de al menos un 20% de las exportaciones. Tras la declaración oficial de la crisis, surgieron dos posiciones sobre cómo resolverla. Por una parte, la industria propuso una solución geográfica, que consistía en desplazar los centros de cultivo marinos hacia el sur del país (Aysén y Magallanes), donde la industria tenía poca presencia y el virus no había llegado. La segunda posición provino de la banca preocupada de la capacidad de pago de los deudores de este sector industrial y postulaba la necesidad de una profunda reestructuración de la industria en sus prácticas productivas y de negocios. Esta segunda opción, que sería finalmente la vencedora, fue una clara señal para que la industria redefiniera sus prácticas y estándares para lograr reinsertarse en circuitos globales (Bustos, 2012). En este contexto, la autoridad decidió crear un espacio de diálogo denominado la “Mesa del Salmón” para encontrar soluciones adecuadas a la crisis, cuyas causas eran relativamente claras para todos los actores. (Bustos, 2012):
a) Concentración espacial de las operaciones.
b) Sobreproducción y sobre poblamiento animal en las balsas jaulas.
c) Importación de ovas contaminadas.
d) Falta de conocimiento científico sobre la relación entre los procesos productivos de la industria y los ecosistemas donde opera.
e) Falta de fiscalización y control por parte de la autoridad.
