Soñadora de mundos III - M. P. Toro - E-Book

Soñadora de mundos III E-Book

M P Toro

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Beschreibung

EL CIERRE DE LA TRILOGÍA SOÑADORA DE MUNDOS Después de una devastadora batalla en la Fortaleza, la Orden de la Pluma Negra sigue firme en su lucha contra la peligrosa amenaza que se cierne sobre los soñadores y el destino del mundo. Mientras la despiadada Ezrebeth continúa fortaleciéndose y llevando su oscuridad más y más lejos, Angela descubrirá una antigua profecía que parece ser la clave para comprender los verdaderos motivos de sus adversarios, y deberá buscar una biblioteca oculta en un rincón remoto del Universo para poder contactar con enigmáticos guardianes del conocimiento que poseen secretos con la capacidad de cambiar el curso de la guerra, pero quienes también ocultan verdades demasiado riesgosas para todos los mundos. Con la profecía como guía, Angela y sus aliados se embarcarán en una última y decisiva aventura en la que enfrentarán traiciones, pérdidas, pruebas y revelaciones que lo cambiarán todo. «La biblioteca olvidada y la llave del inmortal» es una épica conclusión llena de magia, intriga y heroísmo, donde los soñadores tendrán que unir sus fuerzas para salvar su mundo de la oscuridad total. 

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Seitenzahl: 598

Veröffentlichungsjahr: 2024

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SOÑADORA DE MUNDOS:

LA BIBLIOTECA OLVIDADA Y LA LLAVE DEL INMORTAL

© 2024 María Paula Toro

Reservados todos los derechos

Calixta Editores S.A.S

Primera Edición Septiembre 2024

Bogotá, Colombia

Editado por: ©Calixta Editores S.A.S

E-mail: [email protected]

Teléfono: (601) 317 646 8357

Web: www.calixtaeditores.com

ISBN: 978-628-7759-07-7

Editor: María Fernanda Medrano Prado @marisuip

Corrección de Estilo: Jimena Torres

Corrección de planchas: Laura Puentes

Maqueta e ilustración de cubierta: Martín López @martinpaint

Maquetación e ilustraciones Internas: David Avendaño @art.davidrolea

Primera edición: Colombia 2024

Impreso en Colombia – Printed in Colombia

Todos los derechos reservados:

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño e ilustración de la cubierta ni las ilustraciones internas, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin previo aviso del editor.

Para Mariela, que le dio vida a Ariela.

Para Juan, que le dio vida a Elmio y Kukio.

Para Nicolás, que con la magia de Zodiacci, le dio un escondite a la Biblioteca de los Libros Olvidados.

Para María Fernanda Medrano, quien se atrevió a darle un refugio a los soñadores.

Y, para ti, que has abierto tantas puertas y visitado tantos mundos.

Agradecimientos

Ha llegado el momento de cerrar la historia de Angela y Tasch, pero antes de irme quiero agradecerles a todos los lectores que han llegado al final de la saga. Sin ustedes no habría sido posible, ni habría tenido sentido narrar esta historia. Espero que este cierre esté a la altura de sus expectativas y que nos volvamos a encontrar tras alguna otra puerta más adelante.

También quiero agradecer a María Fernanda Medrano por darle un refugio a los soñadores de mundos junto a los gatos de Calixta. A David Avendaño y Martín López por el increíble trabajo en la portada y diseño interior del libro. Y al equipo editorial de Calixta por todo el cariño y trabajo que le han dedicado a mi proyecto.

A Tomás quiero agradecerle por apoyarme sin importar mi estado de ánimo y mi nivel de cansancio. No sé qué sería de mí sin las tazas de café y té que siempre deja en mi escritorio mientras yo escribo.

A Felipe García, porque fue uno de los primeros en atreverse a cruzar esta puerta y ser testigo de esta historia. A Juan, Kuki y Elmito, que terminaron volviéndose parte de la historia y ayudaron a Angela en uno de sus momentos más oscuros. A Kellen Green, que me permitió ver un poco de su experiencia como lectora de la saga. A Diana Sepúlveda, por sus reseñas y sus palabras de apoyo cuando creí que no tenía el talento suficiente para escribir la segunda parte. A Samuel Vela, por leer esta historia con sus seguidores y ayudarme a dar a conocer mi trabajo.

Por último, pero no menos importante, a mi gran amigo y escritor Nicolás Guevara. Soñadora de Mundos no sería lo que es sin el Arca del Zodiaco y, por ello, siempre estaré muy agradecida por haberme topado con tu historia y tus palabras cuando esta saga apenas estaba dando sus primeros pasos en el mundo editorial.

Cuando el fin estaba cerca, él me permitió verla en su momento más oscuro. Verla perderse en medio de la oscuridad que otros inyectaron en sus venas y saber que nada podía hacer para ayudarla fue doloroso. Era mi hermana y verla convertida en algo menos que una marioneta fue devastador. Ella, que estuvo dispuesta a todo para salvarnos, ahora era la cazadora de soñadores. Empujándonos hacia la extinción mientras, en su sombra, otros maquinaban para apoderarse de las llaves que ella siempre trató de proteger.

Con todas mis fuerzas deseé ir a su encuentro y arrastrarla lejos de aquel valle de sombras que ahora era su reino, pero ya era tarde. Estaba perdida en medio de una pesadilla de la cual nadie nunca podría despertarla. Él me mostró que ya nada podía salvarla: sus decisiones y las de otros la llevaron a este punto sin retorno. Lo único que queda es esta criatura que llevo en mi vientre.

La hija de un inmortal cuya llegada fue profetizada miles de años atrás. Una humana que tendrá en sus manos una de las decisiones más difíciles e importantes para el universo. También me permitió verla, una guerrera y una soñadora. Sonreí cuando la vi montar en el lomo de un lobo gigante y supe que no todo estaba perdido. Ella salvará a los soñadores. Cuando llegue el momento, ella salvará a los nuestros.

Lo sé.

I

Marco arrastró a Angela fuera de la sala y lejos del ventanal, por el que segundos antes Nicolás y el Gadaí cayeron en medio de la lluvia de cristales. Ella dejó de luchar y gritar en el instante en el que vio a Ariela acercarse con Lesh en sus manos. Fijó sus ojos azules en la liebre que permanecía hecha un ovillo en las manos de la elfa. El demonio la soltó y le permitió acercarse a la niña y al amna de Nicolás.

—Angela —susurró Ariela asustada y Angela guardó a Dragat en su funda para abrazarla.

—¿Estás bien? —preguntó Angela y Ariela se las arregló para asentir con la cabeza cuando las palabras se perdieron en su garganta—. ¿Lesh?

—No puedo sentirlo, no está… —dijo la liebre y Angela sintió que su alma se caía a pedazos…

***

Angela le dio un cabezazo a la pared de cristal, en un cruel intento de apagar el recuerdo. A su lado, Tasch gimoteó cuando, una vez más, no pudo alejar de la mente de la soñadora los pensamientos que no dejaban de atormentarla. Ella rechazó la presencia de su amna y pegó su frente contra el cristal de la cueva que ahora era su refugio.

—Angela… —murmuró Tasch, pero ella se negó a mirarlo, en lugar de eso cerró los ojos, conteniendo las lágrimas que insistían en salir—. Angela, regresemos al mundo de las llaves. No podemos quedarnos aquí para siempre —insistió el lobo y se levantó del lado de la soñadora para darle un empujón con el hocico, invitándola a levantarse para abandonar el mundo de cristales—. No tienes que cargar con esto sola…

—Fue mi culpa —musitó la soñadora y lo miró.

El lobo bajó las orejas al ver las lágrimas correr por las mejillas de la joven. Llevaban una semana ocultos en aquella cueva, ambos débiles por la falta de comida, agua y sueño, porque Angela no había encontrado las fuerzas necesarias para regresar al lado de la Orden después de dejar a Lesh en manos de los padres de Nicolás. Ver a la madre del soñador caer de rodillas mientras sostenía a la pequeña liebre contra su pecho fue demasiado para ella y tuvo que huir.

La culpa y el dolor hacían que fuera difícil respirar y no tenía fuerzas para enfrentar las consecuencias de sus actos. Sin que pudiera hacer nada para evitarlo, evocó la imagen de Erzebeth. Los rasgos delicados de la vampiresa, enmarcados por el cabello liso y negro que caía libre hasta media espalda, los colmillos que se asomaban cada vez que sonreía y los ojos violetas que poblaban las pesadillas de Angela. El corazón de la soñadora se aceleró, mientras el miedo y la ansiedad comenzaban a llenarla.

—Ella no está aquí —dijo Tasch con firmeza cuando sintió el miedo de la soñadora—. No puede llegar a nosotros.

—No puedo escapar de ella —respondió Angela con una voz que era apenas un susurro.

—No la enfrentarás sola, la Orden y yo estaremos a tu lado —replicó el lobo y Angela sintió cómo su amna trataba de alejar el miedo, ofreciéndole la fuerza y coraje que a ella tanto le faltaban en ese momento.

Pero Angela alejó su mente del lobo, rechazando su ayuda. Miró a Dragat que permanecía recostada contra una pared de la cueva y estiró su mano para tomarla. Las palabras de Dragón resonaron en su mente cuando su mano se cerró alrededor de la empuñadura de la espada: «Te daré mi herencia a cambio de tu corazón».

Su corazón era una pesada carga ahora, una que le impedía regresar al lado de la Orden y cumplir con su deber de proteger a los otros soñadores de la amenaza que se cernía sobre ellos. Necesitaba quitarse ese peso de encima, necesitaba dejar de sentir la culpa y el dolor si quería avanzar. Se concentró en aquel escape y dejó que su mente fuera en busca de la presencia de Dragón.

—Haz eso y los otros quedarán a merced del enemigo en esta guerra —La voz de Marco interrumpió el hilo de pensamientos de Angela. El Señor Demoniaco apareció a pocos pasos de donde la soñadora y su lobo se encontraban. Ella lo miró con odio y apretó con más fuerza la empuñadura de la espada.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella mientras Tasch le gruñía al demonio.

—Vine por ti —respondió Marco e hincó una rodilla para que su rostro quedara casi a la misma altura que el de Angela. Ella frunció el ceño y negó con la cabeza.

—¿Por qué? Me abandonaste hace tiempo, así que dime: ¿¡qué es lo que quieres?! —contestó cansada y volvió a pegar su frente a la pared de cristal. Quería dejar de sentir, dejar de pensar…

—Vine por ti —repitió el demonio con firmeza.

—¡Deja de mentir! —explotó Angela y se volvió para mirar a Marco con furia—. Tú eras mi mundo, eras todo lo que tenía y lo sabías. Y un día me abandonaste, el día que descubriste quién era realmente, decidiste que ya no me querías cerca. Me empujaste tan lejos como pudiste y dejé de importarte…

Sin otra palabra el demonio se sentó a su lado, ignorando los gruñidos de Tasch, que no dejaba de enseñarle los colmillos. Los ojos azules de Marco se clavaron en el techo de la cueva, mientras con una de sus manos tomó la muñeca de la soñadora, invitándola a soltar la empuñadura de Dragat. Angela obedeció, pensando que, si le daba al demonio lo que quería, este la dejaría sola más rápido.

—Esperaba que encontraras el refugio que ella dejó atrás, tal vez debí mostrártelo cuando te traje a este mundo hace años, pero no me atreví a acercarme. Tu madre eligió este mundo como escondite cuando se hizo evidente que nadie podía hacerle frente a la Reina —dijo Marco y Angela levantó la mirada—. Vino a mí cuando dejó de recibir mensajes por parte de los otros soñadores, cuando comprendió que tú eras la última esperanza que les quedaba.

—¿Por qué me estás diciendo esto ahora?

—¿Puedes caminar? —preguntó y Angela negó con la cabeza después de pensarlo un momento. La falta de comida y sueño le estaba pasando factura y no se sentía capaz de dar más que algunos pasos.

Marco se levantó y la tomó en sus brazos; no había dado ni cinco pasos cuando la soñadora se quedó dormida, con la cabeza apoyada en su hombro. Tasch soltó un resoplido cuando vio los músculos de Angela relajarse y siguió a Marco en silencio, los ojos fijos en su espalda, preguntándose si podría hacer algo para protegerla si el demonio decidía hacerle daño.

***

Desh cruzó la puerta de regreso al mundo de las llaves y se quedó mirando la fortaleza que se alzaba amenazante frente a él. La imagen de los Gadaí matando a los miembros de la Orden asaltaba su mente cada vez que veía las enormes puertas dobles que marcaban la entrada a la estructura, tampoco ayudaba que el edificio estuviera tan solo después del ataque. Los Amus, Nolocs, humanos y Mitis trabajaban incansablemente para reforzar las defensas del hogar de las llaves, pero la ausencia de los Yrra era imposible de ignorar; las pocas pertenencias que dejaron atrás antes de regresar a su hogar eran un horrible recordatorio de lo rota que estaba la Orden.

El soñador dejó su lanza al lado de las lanzas Amu y abandonó el patio de armas. Rimre aumentó la presión en su brazo cuando Desh disminuyó la velocidad de sus pasos al ver a Emma de rodillas frente a la piedra lisa y rectangular que marcaba el punto en el que, según los humanos, descansaba Nicolás. Tumba, esa era la palabra que usaban para referirse al lugar al cual Emma iba continuamente a dejar flores al lado de la piedra lisa que habían marcado con el nombre de su amigo.

El Yrra se detuvo a unos pasos de Emma, que permanecía de pie con la cabeza gacha y los ojos cerrados mientras murmuraba palabras que carecían de sentido para Desh. Mientras la mujer terminaba, leyó por enésima vez las palabras que los humanos habían grabado en la parte frontal de la lápida que marcaba el lugar de descanso de su amigo.

Aquí descansa

Nicolás Rivera

Soñador y guerrero

Emma se volvió para mirarlo cuando terminó de recitar la cadena de frases y sonrió con una mezcla de cariño y tristeza cuando vio el rostro contrariado del joven Yrra. La mujer se levantó con algo de esfuerzo y paso una mano por la lápida antes de encarar a Desh.

—Es solo un homenaje, Desh, un pequeño recordatorio de lo que fue Nicolás en vida —explicó la líder de la Orden al leer la expresión marcada en el rostro del Yrra.

—Es extraño —dijo Desh sin dejar de mirar el nombre de su amigo escrito en la piedra—. Nosotros le contamos al Padre Mar las hazañas de aquellos que nos dejan y él las guarda hasta el fin de los tiempos.

—¿Y qué hay de los que vienen después? ¿Cómo se enteran de las hazañas de aquellos que partieron antes de que ellos nacieran? —preguntó Emma y Desh la miró contrariado.

—¿Por qué tendría alguien que recordar a otro que ni siquiera conoció?

—¿Entonces el destino del General Oshia es el olvido? —preguntó Emma con algo de pesadumbre y Desh movió la aleta en la parte trasera de su cráneo, confundido por su reacción.

—No, el Padre Mar lo guardará para siempre y todos los que tuvimos la suerte de conocerlo lo recordaremos hasta el final de nuestros días —respondió Desh.

—Somos muy diferentes en eso —dijo Emma y sonrió mientras sus ojos volvían a la tumba de Nicolás—. Son formas muy diferentes de encontrar consuelo después del paso de la muerte.

Desh iba a decir algo, pero se calló cuando sintió a su amna cerrarse con más fuerza alrededor de su brazo. No era el momento para hablar de los muertos, cuando había asuntos mucho más urgentes. El joven Yrra se preparó para comunicarle a Emma las malas noticias mientras ambos comenzaban a caminar de regreso a la fortaleza.

—Emma, los Antiguos se rehúsan a permitir que los guerreros regresen y también a reunirse conmigo. Quieren encontrar un reemplazo para el General Oshia antes de verme —dijo Desh con urgencia; Emma frunció el ceño y comenzó a caminar de regreso a la fortaleza seguida de cerca por el soñador.

***

Angela despertó y fijó su mirada en el techo azulado de la cueva. Estaba acostada sobre un saco de dormir y cubierta por una pesada manta. Sacó una mano y acarició la cabeza de Tasch, que estaba profundo a su lado. Sintió la presencia de Marco cerca y se levantó despacio, hasta quedar sentada con las piernas cruzadas.

—¿Cuánto tiempo dormí? —preguntó mientras el demonio se sentaba a su lado.

—Tres horas.

La soñadora asintió mientras recorría con la mirada la cueva. Encontró recipientes para almacenar agua y comida regados por el piso, una docena de libros apilados en una montaña, dos cuadernos de cubierta verde, cuyas páginas ya estaban amarillas y una bolsa de terciopelo negro que estaba sobre la torre de libros. Aquel fue, alguna vez, el campamento de alguien más.

—Era el escondite de una de las últimas sobrevivientes de la cacería de la Reina —dijo Marco respondiendo a una pregunta que Angela no quiso formular—. Se escondió aquí, creyendo que los Gadaí no podrían encontrarla si no abría más puertas, pero esas bestias lograron encontrarla. Fue entonces cuando decidió hacer un trato con un demonio…

—¿Por qué me estas contando esto ahora? Te pregunté mil veces por ella y la única respuesta que he recibido hasta ahora fue que ella me vendió a cambio de un favor —interrumpió Angela. Antes, cualquier pedazo de información sobre su madre habría sido invaluable, antes, cuando Nicolás estaba a su lado y ella creía que su mayor problema sería encontrar los dueños de todas las llaves que la Reina robó. Antes de Erzebeth, antes de perderlo todo, aquella historia que Marco estaba por contarle habría sido muy valiosa, pero ya no.

—Porque es hora de que entiendas todo lo que depende de ti. No eres solo una soñadora, Angela, eres…

—Tu hija, ya lo sé, la hija de un demonio que terminó dejando un toque de muerte en aquellos que juró proteger. Igual que… —lo interrumpió Angela de nuevo, pero no pudo terminar la frase. Las palabras se perdieron en su garganta y tuvo que dejar la frase a medias. Apretó los puños mientras clavaba sus ojos en sus pies, tratando de evitar que las lágrimas volvieran a correr por sus mejillas.

—No era eso lo que iba a decir.

Ambos se quedaron en silencio, Angela se concentró en regular su respiración, tratando de recuperar la compostura y calma que necesitaba para enfrentar a Marco. No quería escuchar lo que el Señor Demoniaco tenía que decir, no quería saber más de su madre, no quería saber nada de nada. Quería volver a estar sola para buscar a Dragón y pedirle que se llevara su corazón.

—Hacer que Dragón te arranque tu humanidad no solucionará nada —dijo Marco.

—Sal de mi mente —replicó Angela irritada.

—No tengo que entrar allí, la forma en que miras a Dragat es suficiente para saber qué estás pensando —dijo él y fue entonces que la soñadora se dio cuenta de que sus ojos estaban clavados en la empuñadura de la espada.

—Sin este dolor, podría cumplir con mi deber. Protegería a Desh, a Ariela y a todos los soñadores que lleguen después de ellos. Dragón no necesita a una humana, necesita una herramienta que le permita entregar las llaves y proteger a los soñadores de los Gadaí —se defendió Angela.

—Renuncia a tu parte humana y le estarás dando a Erzebeth y a los suyos la victoria que tanto quieren. Los soñadores desaparecerán para siempre, cazados por los Gadaí.

—No creo que mi corazón sea tan importante.

—Es curioso que quien tiene el destino de todos los suyos en las manos vaya a dejarlos morir en las garras de los cazadores porque se niega a escuchar a su propio padre.

—Habla claro.

—¿Qué crees que quedará cuando hayas entregado tu corazón humano? —continuó Marco y Angela lo miró con rabia.

—¿Qué importa lo que quede?

—Dragón no tiene derecho a siquiera tocar tu parte inmortal.

—¿Qué importancia tiene mi parte inmortal?

—Iba a darte la respuesta, pero después de quince minutos discutiendo contigo, siento la garganta seca. Un vaso de hidromiel me ayudará y podré responder a todas tus preguntas —dijo el demonio sonriendo y Angela bajó la mirada.

—Pierdes tu tiempo.

—¿Oh?

—No puedo soñar, después de dejar a Lesh con los padres de Nicolás, quise huir. Dejarlo atrás de mil puertas a mil mundos distintos… Esta fue la única que se abrió para mí —confesó. La soñadora sintió algo de alivió después de revelarle al Señor Demoniaco que no podía abrir puertas. Necesitaba dejar el dolor atrás, porque mientras la muerte de Nicolás le pesara en el corazón, los sueños no llegarían a ella y un soñador sin sueños no le servía a nadie. Dragón podía ayudarle con eso y entonces las puertas volverían a abrirse para ella.

—La chimenea está encendida, invitando a los viajeros a refugiarse del frío viento que sopla en el mundo frontera. Un olor dulzón inunda todo el local y, en un rincón, un bardo acompañado de su laúd canta una canción que has escuchado muchas veces antes. Amadeo se pasea entre las mesas repartiendo bebidas y comida entre los comensales, mientras tararea la melodía del bardo. En la barra, Crisiel bebe vino élfico mientras espera a que el tabernero regrese a su lugar detrás de la barra y puedan seguir hablando.

La voz profunda de Marco logró llamar el sueño que Angela tanto añoraba y ella pudo abrir la puerta. Despertó a Tasch y se levantó con bastante dificultad, usando la pared de cristal como apoyo. El lobo se acercó a ella dispuesto a servirle de apoyo, pero Marco fue más rápido. Sin una palabra tomó a Angela en sus brazos y los tres cruzaron la puerta rumbo a la Taberna del Fin del Mundo.

***

—¿Quieres abrir otra puerta? —le preguntó Desh a Ariela, que permanecía con la mirada clavada en sus pies sin decir nada. Estaban sentados en medio de un prado de pasto plateado, el Yrra encontró aquel mundo días atrás y decidió mostrárselo a Ariela, pensando que explorarlo le ayudaría a alejar los malos pensamientos. Pero la elfa no quiso explorar, por lo que, después de un rato, ambos soñadores se sentaron en medio del prado.

—Deberíamos estar buscando a Angela —dijo Ariela y Desh negó con la cabeza—. Tal vez Erzebeth la encontró y la tiene prisionera de nuevo, tenemos que ayudarla —insistió la niña y el Yrra volvió a negar.

—Angela está a salvo, solo necesita tiempo para… procesar todo lo que pasó —dijo Desh tratando de sonar seguro, pero Ariela no le hizo caso.

—Deberíamos buscarla. Tú conoces el mundo de Erzebeth, solo vamos a mirar rápido y… —dijo Ariela.

—No —La cortó Desh con firmeza—. Angela está perdida, sí, pero esa no es razón para que nosotros nos olvidemos de la prudencia. No debemos acercarnos a Erzebeth, nunca.

—Pero…

—Nunca, tienes que prometerlo —insistió Desh con firmeza y Ariela asintió a regañadientes—. La Orden se ha esforzado mucho para hacer de la fortaleza un lugar más seguro, pero no servirá de nada si nosotros vamos en busca de problemas.

—Lo sé, es solo que… —respondió Ariela y miró alrededor con algo de tristeza—. ¿Y si Angela nunca regresa? ¿Qué pasará con nosotros si ella no está para enfrentar a los Gadaí?

Desh movió su aleta incómodo. La Orden trabajaba incansablemente para hacer que la fortaleza se volviera impenetrable: los Mitis, con su extraña tecnología reforzaron las murallas y puertas del edificio, haciendo que fuera casi imposible echarlas abajo; los Nade, instalaron tantas trampas como les fue posible, para retrasar el avance de los enemigos si estos regresaban; los Nolocs dedicaron sus esfuerzos a construir una cadena de túneles que conectaban la fortaleza con las llanuras, dándole a los habitantes de la fortaleza múltiples vías de escape si los enemigos volvían a superar al ejército de la Orden; los humanos instalaron alarmas que se disparaban cada vez que alguien abría la puerta de entrada al mundo de las llaves; y los Amu se dedicaban a patrullar las llanuras, nadie lograría acercarse a las murallas sin que ellos lo detectaran antes.

—Ella regresará. Angela nunca nos abandonaría —dijo Desh y su voz sonó firme, tal vez porque se negaba a creer que Angela, la misma que le había entregado su llave, sería capaz de dejarlo a merced de los cazadores de soñadores. Se levantó del suelo y le tendió una mano a la elfa para ayudarla a levantarse—. Ven, conozco un mundo que te encantará.

—No quiero ir, deberíamos buscar a Angela —dijo Ariela sin ganas.

—Eso es una lástima, porque hay un grupo de sirenas que querían conocerte —dijo Rimre después de intercambiar una mirada de complicidad con Desh.

—¿En serio? —preguntó Ariela y levantó la mirada para fijarla en Rimre.

—Déjala, Rimre, es obvio que no está interesada en explorar nada. Mejor la llevamos de regreso a su casa —dijo Desh con fingida seriedad y Ariela se levantó de un salto.

—¡No! ¡Quiero ir! Llévame, llévame —exclamó la niña y Desh sonrió mientras abría la puerta para ella.

***

Por un momento, Angela creyó estar de regreso en la casa de Emma. Sintió el calor y el peso de Nicolás a su lado y extendió su mano buscando la de él, cuando sus dedos se entrelazaran podría despertar de aquella horrible pesadilla. Cuando sintiera sus labios rozando los suyos, su mente dejaría todo el dolor y sufrimiento que la había acompañado durante esos últimos días y ella estaría lista para volver a enfrentarse a los Gadaí.

Su mano tocó el pelaje de Tasch y abrió los ojos despacio. Sintió las lágrimas volver a correr por su rostro cuando comprendió que el peso que estaba a su lado pertenecía a su amna. Estaba en la Taberna del Fin del Mundo, Marco le había ayudado a llegar hasta aquí y después le dio espacio para que descansara. La soñadora se levantó despacio para no despertar a su lobo y se acercó a Marco que estaba sentado en una poltrona frente al fuego, disfrutando de una jarra de hidromiel.

—¿Descansaste suficiente? —preguntó el Señor Demoniaco y Angela asintió con la cabeza mientras ocupaba la segunda poltrona en la habitación.

—¿Por qué me duele tanto? —preguntó mientras se limpiaba las lágrimas que se rehusaban a dejar de salir con la manga de su camiseta—. Él solo fue parte de mi vida por unos meses.

—Porque fue amor y puede ser que su toque dure un segundo o una vida, siempre dejará su marca —dijo Marco y puso su vaso sobre la mesa auxiliar. Tomó la jarra y lo llenó hasta el tope.

—¿Entonces voy a sentir esto siempre? —preguntó la soñadora mientras veía cómo Marco llenaba un segundo vaso con hidromiel.

—No, con tiempo el dolor desaparecerá y solo quedarán los recuerdos —respondió el demonio y le tendió el segundo vaso a Angela—. Bebe, te ayudará a dejar de pensar —añadió cuando leyó la indecisión en el rostro de ella.

La soñadora bebió el contenido del vaso, se permitió disfrutar del sabor dulce de la bebida. Fijó sus ojos en el fuego, quería dejar de sentir el hueco en su corazón, olvidar el dolor que la partida de Nicolás dejó en ella. Solo podía pensar en una salida, un escape definitivo para dejar atrás lo que estaba sintiendo. Sus ojos abandonaron el fuego por un momento y fueron hacia Marco, que bebía de su vaso sin revelar ninguna emoción. No podría llegar a Dragón mientras el Señor Demoniaco permaneciera a su lado.

—Lo que planeas no es una solución, Angela —dijo Marco sin dejar de mirar el fuego y la soñadora apartó la mirada—. Erzebeth obtendrá lo que tanto desea y la era de los soñadores llegará a su fin.

—No puedes saberlo, no conoces… —comenzó Angela, pero se calló cuando vio que Marco buscaba algo en los bolsillos interiores de su chaqueta de cuero. El demonio sacó una pequeña libreta de cuero negro que le tendió a la soñadora. Ella no quiso tomar la libreta, no quería caer en otro de los juegos del demonio.

—Tómala, era de tu madre —dijo Marco y la soñadora recibió la libreta confundida.

—¿Por qué ahora? Toda mi vida la has mantenido como un misterio —dijo queriendo ver el contenido de la libreta, pero temerosa de lo que podía encontrar en su interior.

—Porque es hora de que entiendas cuál es la verdad sobre la responsabilidad que tienes en las manos —respondió Marco.

—¿La respuesta está aquí? ¿Lo que viene ya está escrito? —preguntó Angela mientras abría la libreta, pero esta vez el demonio no habló.

Una leve sonrisa curvó sus labios cuando encontró un retrato de Eshba e Imag en la primera página. El dedo de la soñadora recorrió toda la página, empezando por la esquina superior izquierda hasta llegar a la parte inferior derecha, en donde encontró la firma del artista: «Sofía». Se quedó mirando el nombre mientras evocaba la imagen de la mujer con un pequeño pájaro como amna.

—Lo dibujó mientras se ocultaba de la Reina —comentó Marco.

La soñadora pasó la página y se encontró con un retrato de su padre. Llevaba su inseparable chaqueta de cuero negro, el pelo corto y desordenado y la barba que solo rodeaba sus labios. Una sonrisa cálida adornaba el rostro del demonio en el dibujo. Angela conocía muy bien ese gesto, alguna vez, muchos años atrás, los labios de Marco se habían curvado de esa manera al mirarla a ella, antes de…

Pasó la página rápidamente.

No quería pensar en ello, no podía soportarlo en aquel momento.

La libreta casi se le cae de las manos cuando vio el siguiente dibujo. Un grupo de Amus que jugaban con una niña humana de unos ocho años. Reconoció los rasgos de la pequeña al instante y levantó la mirada hacia Marco.

—Ella murió en el momento que tú naciste —dijo el demonio.

—¿Entonces cómo…?

—El oráculo también se acercó a ella —respondió Marco y tomó la libreta. Adelantó las páginas hasta llegar a la mitad y volvió a tendérsela a Angela.

El corazón de la soñadora dio un vuelco cuando vio un dibujo de ella montada sobre el lomo de Tasch con Dragat en la mano. Su madre la había dibujado usando una armadura, una guerrera lista para enfrentar cualquier batalla. Ojos de Luna le mostró a su madre en lo que ella se convertiría y…

—Pasa la página —dijo Marco interrumpiendo el hilo de pensamientos que Angela estaba siguiendo.

La soñadora obedeció y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no gritar cuando vio el siguiente dibujo: era ella, pero ya no era la heredera de Dragón. Miles de sombras la rodeaban mientras ella miraba al horizonte con un gesto carente de toda emoción. No había nada humano en su mirada y Tasch no estaba en aquel dibujo. Su corazón se aceleró y cerró la libreta rápidamente.

—¿Ese es mi destino? —preguntó con la voz temblorosa.

—Nada está escrito.

—Pero…

—Esos dos dibujos no son tu futuro, pero representan las dos opciones entre las que tendrás que elegir cuando llegue el momento. No puedes ser soñadora e inmortal a la vez.

—¿Por qué es tan importante esa decisión?

—Hace mucho, el Oráculo compartió con los inmortales una profecía. Nos habló del hijo de un inmortal y un soñador que heredaría una llave.

—Alguien como yo.

—No alguien, tú.

—No puedes saber con certeza que soy yo —protestó Angela.

—No eres la primera descendiente de un soñador y un inmortal, pero sí eres la única que ha heredado la llave de su madre y los poderes de su padre —replicó Marco.

—¿Qué dice la profecía?

—En tus manos está el destino de los soñadores. Cuando llegue el momento tendrás que elegir entre devolver las llaves a los inmortales o restaurar a los tuyos.

—Y esa decisión está atada a mi humanidad. Si decido renunciar a ella, los soñadores…

—Perecerán con ella, sí —completó Marcó y Angela se levantó de su asiento de un salto.

—Necesito regresar al mundo de las llaves —dijo la soñadora y Marco levantó una ceja.

—¿Y qué harás entonces? ¿Sentarte a esperar el ataque de Erzebeth y sus aliados?

—No, yo…

—¿Seguirás huyendo de lo que heredaste de mí?

Angela bajó la mirada y apretó los labios hasta convertirlos en una fina línea.

—No puedes seguir huyendo de ello, tus enemigos no dudaran en usarlo para someterte y obligarte a tomar la decisión que ellos quieran —continuó Marco y Angela asintió—. Puedo enseñarte a controlarlo.

—¿A cambio de qué? —preguntó ella y el Señor Demoniaco se levantó de su asiento.

—Te enseñaré a usar el poder que heredaste de mí, pero a cambio, seré yo quien decida cuándo podrás ir en busca de tus enemigos. Pase lo que pase, tendrás que dejar que yo determine si estás lista o no para volver a enfrentarte a Erzebeth y su Señor.

—No tengo intención de ir en busca de Erzebeth, pero si ella y los Gadaí atacan, tendré que defender a los soñadores y a la Orden —dijo Angela y sus manos se cerraron hasta convertirse en puños. Los ojos violetas de Erzebeth llenaron su mente por un momento y los latidos de su corazón se aceleraron.

—Si algo llega a suceder, nosotros los mantendremos a salvo.

Marco le tendió una mano y la soñadora dudó un momento. Necesitaba aprender a usar la parte oscura que no dejaba de crecer dentro de ella, pero lo que proponía el demonio le quitaría una buena parte de su libertad. Además, la mano extendida de Marco solo podía significar que esta vez el trato quedaría sellado con magia. No podría retractarse y tendría que atenerse a los términos del mismo hasta el fin.

—Tendré que ausentarme de vez en cuando para entregar las llaves —murmuró la soñadora levantando la mirada para encontrarse con los ojos azules de Marco—. Y también… tengo que ir a ver a Emma y a los otros.

El demonio asintió una vez y ella miró la libreta que aún tenía en la mano izquierda y después a Tasch. Tomó la mano de Marco y se mantuvo firme cuando varios hilos plateados brotaron de las manos de ambos, atándolos a las condiciones del trato que el Señor Demoniaco había propuesto.

***

Desh cruzó la puerta de regreso a su hogar de mala gana. La playa en la que encontró a Angela tiempo atrás lo recibió y el Yrra la recorrió con la mirada buscando a su amiga. Sabía que no la encontraría allí, pero no dejaba de soñar con el momento en que volvería a verla. En su brazo, Rimre sintió la decepción que inundó al soñador y estiró su cabeza para tocar la cara del joven.

—La encontraremos o ella a nosotros, pero tenemos que ser pacientes —dijo la serpiente marina y el Yrra asintió antes de comenzar a caminar hacia el mar. Rayaba el atardecer, las puertas de la ciudad se cerrarían pronto.

El joven Yrra sonrió al sentir el deseo de la serpiente de saltar al agua y dejar que las corrientes del Padre Mar lo guiaran bajo el agua. El Nakir abandonó el brazo del soñador cuando la primera ola chocó con el cuerpo de este y Desh se dejó embargar por la alegría de su amna. Revisó que las correas que mantenían su lanza sujeta a su espalda estuvieran bien ajustadas y saltó al agua. Alcanzó a Rimre muy rápido ayudándose del poder que heredó de su madre y que le permitía controlar el agua a su alrededor. La serpiente dio una voltereta, disfrutando del agua salada y después pasó cerca de la cabeza de Desh, rozando con una de sus aletas la frente del soñador. Desh creó una corriente que los impulsó a ambos y giró varias veces. Rimre lo imitó y después se adelantó con las aletas completamente extendidas.

Desh comprendió lo que el Nakir quería y creó una nueva corriente que los impulsó nuevamente. El Yrra sonrió cuando vio que su amna cerró sus aletas y comenzó a girar a toda velocidad. La ciudad de coral apareció frente a ellos y el soñador se atrevió a crear una última corriente que los acercó hasta las puertas de la urbe submarina.

—Extrañaba eso —dijo Rimre mientras los dos nadaban hacia la plataforma.

Desh no dijo nada y salió del agua. Dejó su lanza junto con las otras mientras sentía una conocida opresión en su pecho volver a aparecer. No se sentía digno de llevar una lanza, no después de lo sucedido en la fortaleza. No era digno, cuando las cosas se complicaron, no hizo más que encogerse contra una pared como un niño asustado y dejar que otros se enfrentaran a los monstruos.

—Desh —susurró Rimre y él apartó su mirada de las lanzas y se encontró con un guerrero Yrra que lo esperaba en la escalinata que lo llevaría a la ciudad.

—Soñador, me alegra vez que has regresado sano y salvo. Me encomendaron la tarea de escoltarte de regreso a tu hogar —dijo el guerrero y Desh se acercó a la escalinata tenso—. Mi nombre es Gash —añadió el Yrra mientras seguía a Desh.

—Soy Almadesh —respondió tratando de mantener su tono de voz neutro. Que los Antiguos le hubieran asignado un escolta mientras estaba en la ciudad no auguraba nada bueno. El soñador se quedó mudo cuando llegó a la parte más alta de la escalinata y encontró las calles de su ciudad desiertas. No era normal, a esa hora siempre había música y los Yrras que regresaban a casa después de una jornada de trabajo solían reunirse en este punto para charlar y compartir con otros miembros de la comunidad—. ¿Dónde están todos?

—Los Antiguos han decretado un toque de queda para asegurar la seguridad de todos, no podemos saber cuándo atacaran los monstruos, pero sí podemos tomar acciones para reducir el daño que el ataque traerá —respondió Gash y con un gesto de su mano invitó a Desh a seguir caminando por las calles rumbo a su hogar.

—¿El ataque de los monstruos? ¿Los Antiguos creen que los Gadaí atacarán nuestro hogar? —preguntó Desh incrédulo.

—Los cazadores de soñadores han regresado, no es descabellado pensar que atacaran nuestra ciudad para llegar a una de sus presas —respondió Gash y Desh apretó los puños—. Esta vez no dejaremos que se lleven a los nuestros sin dar una buena pelea —añadió el guerrero y el soñador levantó la mirada hacia él.

—¿Los Antiguos están dispuestos a enfrentarse a los Gadaí? ¿Dejarán que los guerreros regresen al mundo de las llaves?

—Aún no está decidido lo que se hará respecto a la Orden. Perdimos a muchos de los nuestros en la batalla de la fortaleza y nuestras defensas sufrieron un duro golpe por ello. Muchos quieren regresar al mundo de la Orden para proteger las llaves, sueñan con una nueva era en la que los soñadores viajen libres por el universo, pero la respuesta no está clara —dijo Gash y bajó su mirada para encontrarse con la de Desh. El soñador asintió dándole la razón—. Por ahora, la orden de los Antiguos es permanecer en nuestras ciudades y reforzar la defensa de la ciudad de Coral Blanco. Si los monstruos deciden venir por ti, se enfrentarán a nosotros —añadió con determinación el guerrero y Desh sonrió. Vio su casa al final de la calle y una figura conocida que lo esperaba en la entrada—. Creo que puedes recorrer este último tramo solo, soñador.

—Gracias —dijo Desh y el guerrero, que ya se había dado la vuelta para partir, asintió y se alejó caminando. El joven soñador lo vio alejarse mientras sentía algo de esperanza crecer en su pecho. Los Antiguos estaban dispuestos a enfrentarse a los Gadaí, tal vez no todo era tan malo como pensó al hablar con Emma. Tenía que ser paciente y creer en los líderes de su pueblo, tal vez el legado del General Oshia también los acompañaba a ellos.

II

Marco la dejó sola en la habitación y Angela aprovechó la privacidad que le concedió el demonio para darse un baño. Cuando abandonó el cuarto encontró a Amadeo sentado en una de las poltronas, sus ojos cansados permanecían fijos en Tasch mientras el lobo devoraba un plato lleno de pavo, carne y pollo. La soñadora apartó su mirada cuando los ojos del tabernero se fijaron en ella.

—¡Saliste! —exclamó Amadeo alegre y le quitó la tapa a un plato que estaba sobre la mesa—. Preparé tu favorito. Carne de buey con cebollas caramelizadas, puré de papa y una ensalada con tomates frescos, espinaca, lechuga y algo de pepino —Angela sintió que su estómago rugió cuando el olor de la comida inundó la estancia—. Ven, siéntate y come. Yo me quedaré acompañándote.

—¿Y qué hay de tus clientes? —preguntó Angela mientras se sentaba en la segunda poltrona.

—Creo que estarán bien sin mí, son generosos con las propinas, pero siempre que visitan la taberna me ponen los pelos de punta —respondió Amadeo mientras se acomodaba mejor en su asiento.

—Lo siento, nos iremos pronto —murmuró Angela.

—Tú puedes quedarte tanto como quieras, siempre serás bienvenida en mi taberna.

—¿Y si resultara que soy parecida a los clientes que tanto te disgustan? —preguntó la soñadora sin apartar su mirada del plato de comida que tenía enfrente.

—¿Oh?

—Mi padre es un demonio —confesó y se preparó para dejar que Amadeo descargara toda su ira en ella, pero el tabernero solo se encogió de hombros.

—No cambia nada, puede ser que mañana regreses con un par adicional de brazos o un tercer ojo, siempre serás bienvenida aquí —respondió quitándole importancia al asunto y Angela sonrió mientras acercaba más el plato de comida. Se llevó un trozo de carne a la boca—. Aunque me debes veinte monedas de plata.

—¿Qué? —preguntó Angela sorprendida. Amadeo nunca le había cobrado por sus servicios.

—Crisiel —dijo el tabernero a modo de explicación—. Hace muchos años apostamos sobre tu ascendencia. Yo aposté a que eras completamente humana y él a que eras algo más. Resulta que acabo de perder y dado que somos amigos, creo que es justo que asumas la mitad de mi pérdida.

—Podríamos mantenerlo en secreto…

—Ahora que yo lo sé, es solo cuestión de horas para que me saque la verdad. No te preocupes, no creo que le importe quién sea tu padre, pero tendré que pagarle si quiero tener paz —dijo Amadeo resignado y Angela sonrió, agradeciendo la reacción del tabernero a su confesión—. Asegúrate de traer las monedas la próxima vez que vengas, Crisiel no me dejará tranquilo hasta que haya saldado la totalidad de mi deuda. Si necesitas ayuda para conseguirlas, Nicolás puede ayudarte. Gracias a cierto grupo de enanos, conoce un mundo lleno de minas de oro, plata y muchas piedras preciosas.

Ante la mención de Nicolás, Angela se quedó de piedra. Cerró los ojos, tratando de contener las lágrimas que de inmediato amenazaron con volver a correr por sus mejillas. Amadeo se enderezó en su asiento, sorprendido por la reacción de Angela a sus palabras. La soñadora sintió la mano caliente y pesada del tabernero en su hombro y trató de calmarse.

—Nicolás ya no está —le dijo a Amadeo cuando pudo articular palabra.

—Lo siento mucho, Angela. Soy un tonto, debí imaginarme que algo terrible había pasado cuando llegaste acompañada de Marco, cansada y hambrienta como estabas —se disculpó Amadeo.

—Fue mi culpa, llegué muy tarde para ayudarlo. Era mi deber y fallé, yo… —comenzó Angela, pero Amadeo la atrajo hacia él y la envolvió en sus brazos. La soñadora se calló, dejando que su amigo la reconfortara.

—No estuve ahí, y no sé qué fue lo que paso, pero puedo decirte esto: te he visto cargar la espada de Dragón todo este tiempo y estoy seguro de que hiciste todo lo que estuvo en tus manos para salvarlo, no puedes culparte por lo que pasó —dijo Amadeo y Angela asintió—. Deja ir la culpa y deja que la herida sane, de otro modo, los otros te perderán pronto. El universo necesita de la heredera de Dragón, lo siento, no puedes dejar que este golpe te destruya. Come, tardé mucho preparando este plato para ti —añadió antes de soltarla del fuerte abrazo.

***

Angela, tú tendrías que estar aquí, no yo, pensó Desh mientras miraba nervioso las dobles puertas que lo llevarían a la sala de los Antiguos. Un guerrero Yrra se presentó temprano en su casa y le pidió acompañarlo, pues los líderes de su pueblo requerían de su presencia. Por la urgencia con la que el guerrero lo sacó de su casa, el soñador llegó a pensar que los Antiguos lo necesitaban con impaciencia…

El Yrra cambió el peso de un pie a otro. Ya llevaba media hora esperando a que las puertas le dieran paso para encontrarse con los Antiguos. En su brazo, Rimre estiró las alas, cansado y algo aburrido por la espera. A Desh le habría encantado sentir algo de aburrimiento en lugar de ansiedad. No era el indicado para convencer a su pueblo de regresar al lado de la Orden, no era el adecuado para asumir la voz de los soñadores. Angela o Nicolás eran quienes deberían estar allí…

Sintió una punzada en el pecho cuando recordó que Nicolás ya nunca estaría. Rimre se deslizó hasta quedar atravesado sobre sus hombros cuando sintió el cambio en el humor de Desh.

—No pienses en eso ahora. Los Antiguos no deben ver tu debilidad, si dejas que la vean le cerraran la puerta a la Orden —susurró el Nakir y el soñador asintió—. Levanta la cabeza, que los Yrras no crean que los soñadores son un montón de niños asustados.

La serpiente se calló y volvió a su lugar en el brazo de Desh cuando las puertas comenzaron a abrirse. El joven Yrra caminó hacia la plataforma en el centro, sus ojos fijos en el guerrero que lo acompañó a su casa la noche anterior. ¿Qué estaba haciendo Gash allí?

—Nos alegra volver a verte sano y salvo, Almadesh —dijo Mysh desde el trono de la izquierda y el soñador inclinó un poco la cabeza, agradeciendo las palabras del Antiguo.

—Fue una batalla dura, pero logramos evitar que los Gadaí robaran las llaves —dijo Desh.

—El General Gash ya ha compartido su reporte con nosotros —intervino Zumash desde el trono del centro y Desh desvió su mirada de hacia el guerrero que estaba a pocos pasos de él.

—¿El General Gash? —repitió el soñador.

—Así es Desh, en tu ausencia encontramos un nuevo General para los guerreros. Oshia se ha unido al Padre Mar y, aunque su ausencia es difícil de sobrellevar, nosotros debemos seguir adelante —dijo Maxesh cuando leyó la expresión contrariada del soñador—. El enemigo no se detendrá, lo que significa que nosotros tampoco podemos darnos ese lujo —añadió y Desh asintió dándole la razón.

—El legado del General Oshia permanece con nosotros —reafirmó Mysh y Desh le dedicó una reverencia a los Antiguos, agradeciendo las palabras de consuelo.

El soñador volvió a desviar su mirada hacia Gash que, a su vez, fijo su mirada en él. El General de los guerreros Yrra asintió una vez con la cabeza, reafirmando lo que los Antiguos acaban de decir.

—Los guerreros están listos para defender las ciudades. Si los monstruos deciden tratar de cazar a Almadesh en nuestro mundo, se encontrarán con un ejército de guerreros listos para enfrentarlos y obligarlos a retroceder. Esta vez, no nos inclinaremos ante nadie —dijo el General Gash y sus ojos regresaron a los Antiguos.

—¿Y qué hay de la Orden de la Pluma Negra? —preguntó Desh—. Necesitan de la ayuda de los guerreros Yrras para mantener las llaves seguras.

—Los guerreros no regresaran al mundo de las llaves, Almadesh —respondió Zumash con firmeza y Desh tuvo que hacer un gran esfuerzo para no dejar que la frustración y la rabia se filtraran en su voz.

—Pero… la Orden necesita ayuda, los soñadores necesitan ayuda —protestó el soñador y miró al General en busca de apoyo, pero este no le devolvió la mirada.

—Nuestro ejército ya sufrió bajas importantes mientras ayudaba a la Orden. Dimos todo lo que pudimos para ayudar a los tuyos, pero no podemos dejar sin protección a nuestras ciudades para proteger las llaves —explicó Mysh y levantó una mano para callar a Desh cuando vio que el joven abrió la boca para hablar—. Sabemos que la situación es desesperada y difícil en este momento, pero no podemos dejar de proteger a nuestro pueblo para ayudar a otros.

—Por el momento esta es la situación, Almadesh —continuó el General Gash y fijó sus ojos en el soñador—. No contamos con las fuerzas suficientes para proteger dos mundos a la vez, me temo que la Orden tendrá que ir en busca de nuevos aliados. Ya lo han hecho antes, estoy seguro de que encontrarán un nuevo pueblo dispuesto a llenar el vacío que nuestros guerreros dejaron.

Desh no respondió nada. Comprendió en ese momento que no podría cambiar la decisión de los Antiguos solo. En algún momento, llegó a creer que Gash lo apoyaría y ayudaría para conseguir que las tres cabezas de las ciudades de coral permitieran que los guerreros continuaran ayudando a la Orden, pero la realidad era otra. Todo estaba decidido desde antes y el objetivo de aquella audiencia era comunicarle la decisión. Sus protestas y sus argumentos no cambiarían nada, no tenía sentido desgastarse. El soñador le dedicó una reverencia a los Antiguos y otra más a Gash y abandonó la sala del trono en silencio.

***

—¿Estás segura de esto? —preguntó Tasch mientras Angela terminaba de ajustar las correas que mantenían a Dragat sujeta en su espalda—. Siento el mismo dolor que tú y tampoco siento estar listo para volver a ver a los otros aún, pero no creo que regresar al lado de Marco… No creo que esa sea la respuesta a nada.

—Te mostré los dibujos de mi madre. Tasch, no quiero perderte a ti también y si la profecía es cierta, hay muchas fuerzas que pronto comenzarán a cerrarse sobre nosotros… sobre mí. Necesitamos la protección de Marco y sus enseñanzas —respondió la soñadora y se volvió para mirar al lobo que permanecía echado junto a la chimenea.

—¿Realmente podemos confiar en él? A veces siento que nos lleva hacia donde quiere todo el tiempo, cada paso que damos parece ser parte de un plan que tiene para nosotros y que no logramos entender —dijo el lobo y Angela asintió mientras se envolvía en una capa—. El entrenamiento, las misiones por todo el universo, encontrar a Dragat, encontrar a Nicolás, todo eso fue parte de su plan.

—Lo sé.

—Y aun así cerraste un trato que nos encadena a él por un largo tiempo, no podemos ir en busca de…

—Y no iremos a buscarla nunca —interrumpió Angela y Tasch se levantó para acercarse a ella. La soñadora sintió algo de calma filtrarse en su alma cuando su fiel lobo rozó una de sus manos con su hocico. Se dejó caer de rodillas y lo abrazó.

—Lo lamento, no debí decir eso.

—No puedo huir para siempre, pero no sé qué va a pasar cuando llegue el momento de volver a enfrentarla —susurró Angela con el rostro enterrado en el pelaje del lobo—. Ya destruyó mucho.

—Ahora que sabemos a qué nos enfrentamos, seremos más cuidadosos —dijo el lobo y Angela se separó de él.

—Marco tiene razón en algo, necesito controlar lo que heredé de él. Necesito controlarlo si no quiero que el último dibujo en la libreta se convierta en mi destino —dijo Angela y se levantó, lista para abandonar la habitación.

—¿Y qué harás si resulta que Marco quiere llevarte a eso? ¿Podemos hacerle frente?

—La decisión sigue siendo nuestra, no puede obligarnos. Dragón nos ayudará si trata de obligarnos a dañar a los otros —dijo Angela tratando de sonar decidida y abrió la puerta de la habitación.

El lobo y la muchacha caminaron por el pasillo que llevaba a la taberna y Angela sintió cierta aprehensión cuando notó el silencio en el local. Los clientes de Amadeo habían sido reemplazados por los demonios de Marco y la tensión del tabernero era evidente. Permanecía atrás de la barra, su atención concentrada en el Señor Demoniaco que estaba sentado en el centro. Angela se acercó a él, ignorando la risa de Tanya desde una de las mesas.

—Estoy lista —dijo cuando estuvo al lado de Marco, que asintió. De su chaqueta sacó un saco lleno de monedas que dejó sobre la barra antes de levantarse.

—Mi Señor, es demasiado —murmuró Amadeo incomodó y sorprendido a la vez.

—Es mejor que no queden deudas pendientes —respondió el demonio con firmeza mientras caminaba hacia la mesa en la que Tanya y otros seis demonios estaban reunidos. Amadeo miró a Angela interrogante, pero ella negó con la cabeza. Ella no le había dicho nada a Marco sobre las veinte monedas de la apuesta.

—Cuídate mucho —murmuró el tabernero a modo de despedida y la soñadora asintió con la cabeza antes darle la espalda para alcanzar a Marco.

Sintió la mirada de Tanya fija en ella, pero no se la devolvió. No quería dejar que la diablesa jugara con su dolor o que tratara de hacerla perder el control en la taberna del Fin del Mundo. En lugar de eso levantó su mirada hacia Marco.

—¿Puedes verlo? —preguntó Marco dirigiéndose a Tanya, cuya sonrisa se hizo más amplia.

—Sería difícil no hacerlo —respondió la diablesa.

—¿Ver qué? —preguntó Angela tensa.

—Cada vez eres menos soñadora, princesa —respondió Tanya divertida y Angela se volvió para mirarla interrogante.

—¿Será suficiente? —preguntó Marco y Angela fijó su mirada en él.

—¿De qué estás hablando? —le preguntó al Señor Demoniaco, pero este la ignoró.

—Tendremos que averiguarlo. ¿Deseas que lo intente aquí, Mi señor? —respondió Tanya y Marco negó con la cabeza. La diablesa se cruzó de brazos sin dejar de sonreír, sus ojos amarillos volvieron a centrarse en Angela.

—Abre la puerta al mundo de los Amu —le dijo Marco a Angela, pero ella no se movió.

—¿De qué está hablando? —preguntó Angela tensa y Marco suspiró impaciente.

—¿De verdad quieres que te lo explique aquí? —respondió el demonio y se volvió para mirar a Amadeo que estaba limpiando la barra con un trapo.

La soñadora apretó los labios y abrió la puerta que le pedía el demonio. Dejó que los otros cruzaran primero y después avanzó con Tasch a su lado, tratando de ignorar el instinto que la hacía querer huir.

***

La tumba de Nicolás apareció frente a Desh, que se arrodilló frente a la lápida. Recorrió con la yema de los dedos el nombre grabado en ella. Nicolás Rivera. Nicolás, que ya no estaba para ayudarle a entender lo que no comprendían aquellos que no abrían puertas.Con algo de rabia Desh apartó una hoja marchita de la piedra y cambió de posición para sentarse con las piernas cruzadas frente a la tumba.

—No sé si puedes escucharme o si puedes responderme, pero no sé qué hacer. La Orden necesita ayuda, necesita guerreros que puedan ayudar a proteger las llaves de los Gadaí que no dejan de cazarnos. Soy un soñador, debería estar buscando nuevos pueblos que quieran ayudarnos, pero… me siento tan perdido. No sé a dónde ir, no sé si debería estar buscando a Angela o si hago lo correcto al sentarme a esperar a que ella regrese. Yo no sé qué hacer —dijo Desh y miró a Rimre preguntándose si las palabras que acababa de pronunciar servirían de algo.

—Él encontrara la forma de responder si está en sus manos —respondió la serpiente y Desh asintió antes de ponerse de pie. Comenzó a caminar hacia la fortaleza de mala gana, buscando las palabras que usaría para decirle a Emma que los Yrras no regresarían a la Orden.

Encontró a la líder de la Orden reunida con Arqueus de los Miti y Aru de los Nade. Los tres se volvieron para mirarlo cuando lo vieron entrar a la sala del trono y Desh se preparó para compartir las malas noticias. Vio la molestia grabarse en el rostro de Aru y no se le escapó que Arqueus suspiró varias veces mientras escuchaba cómo transcurrió la audiencia con los Antiguos y el General Gash. Emma fue la única que escuchó el relato sin revelar ninguna emoción.

—Lo lamento, traté de hacerles ver la situación de la Orden, pero no logré que me escucharan —se disculpó Desh y Emma negó con la cabeza.

—Es triste escuchar esa noticia, pero no sorpresiva. Los Antiguos nunca quisieron ser parte de la Orden —dijo Emma y fijó su mirada en los planos que tenía enfrente—. Sin los Yrra estamos cortos de guerreros para proteger la fortaleza, pero tendremos que arreglarnos. Veré si puedo reclutar nuevos humanos en mi mundo, tal vez sea hora de anunciar que los soñadores viajan de nuevo por el universo, eso podría funcionar.

—Emma, no lograrás reclutar un nuevo ejército en tu mundo y es arriesgado revelar que los soñadores han vuelto a aquellos que ayudaron a cazarlos en su momento —intervino Aru y Emma apretó los labios, pero asintió dándole la razón.

—Nosotros podemos tratar de traer algunos autómatas que patrullen los pasillos, no serán muy útiles en una batalla, pero tal vez sirvan para disuadir al enemigo de atacarnos —comentó Arqueus valiéndose de sus manos.

—Los Gadaí no se dejarán asustar por máquinas, necesitamos guerreros que puedan enfrentarse a ellos y hacerlos retroceder —dijo Emma pensativa—. No podemos ir en busca de pueblos extraños, Erzebeth podría aprovechar esa oportunidad para infiltrarse y llegar a las llaves. ¿Qué podemos hacer?

—Tal vez hay un grupo de guerreros que esté dispuesto a ayudarnos —murmuró Desh y todos volvieron a centrar su atención en él—. Tal vez Kileth y su gente puedan unirse. Nicolás confiaba en ellos y cuando llegó el momento no dudaron en ayudarnos a encontrar el origen de los Karpión que terminaron convertidos en Gadaí.

—Kileth siempre estuvo dispuesta a darnos una mano, podría funcionar —dijo Aru y Arqueus asintió. Emma se quedó en silencio con la mirada baja.

—Yo puedo ir y hablar con ella —insistió Desh mirando a Emma.

—Ella no sabe que Nicolás… ya no está con nosotros. No sabe del ataque de los Gadaí y no sé qué tanto le haya hablado Nicolás de Erzebeth —replicó Emma cuando se dio cuenta que Desh esperaba que ella le diera su aprobación para ir en busca de Kileth—. Tendrás que ser muy cuidadoso con tus palabras.

Desh se quedó de piedra y, por un momento, quiso echarse para atrás. En ningún momento se le pasó por la cabeza que él tendría que darle semejante noticia a Kileth. Apretó los puños mientras trataba de pensar en lo que diría, en cómo lo diría. Miró a los miembros de la Orden reunidos en la sala del trono y asintió. Esta vez no regresaría con las manos vacías, lograría que Kileth y su pueblo se unieran a la Orden de la Pluma Negra.

El calor húmedo de la selva lo golpeó en cuanto cruzó la puerta desde la fortaleza al mundo de Kileth. Se recostó contra el tronco de un árbol mientras dejaba que su cuerpo se habituara al calor y después comenzó a caminar rumbo a la ciudad amurallada. Sintió cierto alivió cuando dejó atrás la vegetación espesa y asfixiante de la selva para llegar a la entrada de la ciudad. Los guerreros que custodiaban la puerta se acercaron a él cuando estaba a pocos pasos del umbral. Uno de ellos le tendió una cantimplora que el soñador recibió agradecido.

—¿Estás bien, soñador? —preguntó mientras veía con algo de preocupación al joven Yrra beber largos sorbos de la cantimplora.

—Sí, hace mucho calor —respondió el soñador devolviendo la cantimplora y tratando de recuperar la compostura—. Necesito hablar con Kileth.

El guerrero asintió una vez y con una seña le indicó que lo siguiera hacia el interior de la ciudad. Lo llevó hasta una pequeña casa de una planta a pocos pasos de la puerta. El Yrra volvió a agradecerle por la bebida y se acercó a la vivienda. Llamó a la puerta y su corazón se desbocó cuando se encontró frente a frente con la guerrera.

—¿Desh, qué haces aquí? ¿Dónde está Nicolás? —preguntó ella mientras sus ojos buscaban al soñador.

—Hola, Kileth… ¿Podemos hablar en tu casa? —indagó Desh y su voz tembló un poco al final de la pregunta.

—Claro, pasa —respondió y se hizo a un lado para que el soñador entrara. El Yrra tomó asiento en la mesa del comedor y se quedó esperando mientras Kileth servía agua para Rimre y una bebida mentolada y fría para él. Bebió el contenido de su vaso de un solo trago, dejando que el líquido le ayudara con el calor de la selva—. ¿Estás bien? — preguntó Kileth cuando lo vio beber ávidamente.

Desh asintió con la cabeza y miró a su alrededor incómodo. Por supuesto que había practicado las palabras que pensaba usar para comunicarle que Nicolás ya no estaba, que Angela estaba desaparecida y que la Orden necesitaba de guerreros dispuestos a arriesgar su vida para proteger a los soñadores y las llaves. Pero todo se perdió en algún lugar de su garganta cuando la guerrera lo invitó al interior de su casa.

—Desh… ¿Dónde está Nicolás? —preguntó Kileth, sus ojos fijos en el Yrra que permanecía con la mirada baja.

—Atacaron la fortaleza… Los guerreros de la Orden hicieron todo lo que pudieron para protegernos, pero eran demasiados —comenzó Desh y tuvo que cerrar los ojos para que las lágrimas no se le escaparan—. Nicolás… se separó de nuestro grupo para ir en busca de Ariela y fue entonces cuando un Gadaí… —Las palabras volvieron a perderse en su garganta, pero Kileth comprendió lo sucedido.