Su Presa Perfecta - Lee Savino - E-Book

Su Presa Perfecta E-Book

Lee Savino

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Beschreibung

Las reglas de la Caza: la presa tendrá diez minutos de ventaja para huir.


A la señal, el cazador entrará en el bosque. La Caza ha comenzado.


Si no capturan a la presa antes de medianoche, consigue 10 000 $.


Si aguanta hasta el amanecer, consigue 100 000 $. 


Pero si el cazador la atrapa, será suya por esa noche. 


Hay una última regla secreta que solo el cazador conoce: lo que el cazador atrapa, se lo queda. Su presa se convertirá en su elita, su elegida. Le pertenecerá. Para siempre. 


Que empiece la caza…


Tropes: hermandad mafiosa, sociedad secreta, juego primitivo, romance oscuro, Caperucita Roja y el lobo feroz. 

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Veröffentlichungsjahr: 2026

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SU PRESA PERFECTA

FRATERNITAS

LIBRO 1

LEE SAVINO

Para todas las lectoras que anhelan una buena follada primitiva con un psicópata enmascarado… Echad a correr.

ÍNDICE

Su presa perfecta

Relato gratuito

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Epílogo

Relato gratis

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Acerca de la autora

SU PRESA PERFECTA

Las reglas de la Caza: la presa tendrá diez minutos de ventaja para huir.

A la señal, el cazador entrará en el bosque. La Caza ha comenzado.

Si no capturan a la presa antes de medianoche, consigue 10 000 $.

Si aguanta hasta el amanecer, consigue 100 000 $.

Pero si el cazador la atrapa, será suya por esa noche.

Hay una última regla secreta que solo el cazador conoce: lo que el cazador atrapa, se lo queda. Su presa se convertirá en su elita, su elegida. Le pertenecerá.Para siempre.

Que empiece la caza…

Tropes: hermandad mafiosa, sociedad secreta, juego primitivo, romance oscuro, Caperucita Roja y el lobo feroz.

Advertencias de contenido:

Juego primitivo, falta de consentimiento/reticencia, BDSM, trabajo sexual, secuestro/seducción, violencia y asesinato (explícitos), adicción a narcóticos (en el pasado), escenas eróticas.

Escucha la lista de reproducción de Su presa perfecta aquí: https://geni.us/HisPreyplaylist

RELATO GRATUITO

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1

Jaeger

La Isla de los Multimillonarios es un oasis a las afueras de la ciudad. Los más ricos de entre los ricos tienen aquí sus residencias de vacaciones. Y aquí se encuentra el Lodge, un club privado situado en varios cientos de acres de terreno boscoso. La élite viene aquí a divertirse, a jugar en las mesas privadas y a participar en las delicias bacanales que se ofrecen en la mazmorra BDSM de las plantas inferiores.

Estoy en la barra con una copa en la mano, estudiando sus profundidades ambarinas. Con mi metro noventa de estatura y más de noventa kilos de puro músculo, no encajo entre el glamur y la ostentación. A diferencia de los niños de papá y de los empresarios de manos suaves, yo no nací entre algodones. Yo nací en la calle. Me he pasado la vida sobreviviendo en el filo de la navaja. Esta vida acomodada no me va. He venido al Lodge para despejarme, pero ni siquiera el ardor de un whisky caro ha sido suficiente para saciar al monstruo que merodea en mi interior.

La bestia quiere alimentarse.

Necesito pillar un coño. Ha pasado demasiado tiempo, y el Lodge está lleno de mujeres preciosas. Las camareras llevan faldas cortas y las sumisas del club, bodis minúsculos. Por no hablar de las celebridades y herederas que andan por aquí con vestidos de diseño, buscando un paseo por el lado salvaje. Siento sus miradas sobre mí. Podría chasquear los dedos y atrapar a cualquiera de ellas. Pero eso no me interesa en absoluto.

Prefiero una persecución brutal. Necesito la emoción de la caza para saciar a la bestia.

Estoy buscando a la guapa pelirroja que vi hace unos días en el Inferno, el bar que nuestra hermandad regenta en la ciudad. A veces, las chicas que trabajan en el Inferno también hacen turnos aquí, en el Lodge.

No he podido quitármela de la cabeza: pelo rojo y rizado, curvas marcadas y unas cuantas pecas que se asoman a través de su cargado maquillaje. Es justo mi tipo. La chica de mis sueños hecha realidad. Cuando la vi por primera vez, pensé que estaba durmiendo. Era tan despampanante que parecía que los dioses la habían creado a partir de mis fantasías.

Pero no está aquí.

Me bebo el whisky de un trago y golpeo la barra con el dedo para pedir otro.

—Feliz cumpleaños, Jaeger. —Sebastian St. James emerge de entre las sombras. Me invitó él, así que debería haberlo esperado. Solo años de entrenamiento me permiten ocultar el hecho de que me ha pillado por sorpresa.

—St. James. —Me vuelvo para mirarlo. St. James viste su habitual traje gris. Desde la corbata de seda hasta los gemelos de plata, cada centímetro de su ropa a medida tiene el aspecto propio de un hombre de negocios de éxito y de buena cuna. Solo los que lo conocemos bien sabemos que es peligroso—. ¿Cómo sabías que era mi cumpleaños?

St. James no responde. Bebe un sorbo de su copa, tranquilo bajo mi intenso escrutinio. Es mi hermano de sangre, pero aun así ando con cuidado a su alrededor.

Cuando vives al margen de la sociedad como yo, catalogas las amenazas. Toda mi vida he estado rodeado de hombres peligrosos. Simplemente me he convertido en una amenaza mayor que el resto. Pero mi instinto reconoce que St. James está a otro nivel. Es tan sutil como una serpiente entre la maleza e igual de letal, y ninguno de los hombres a los que ha destruido lo vio venir.

—Claro. Lo sabes todo. —Este no es el día en que mi hermano gemelo y yo nacimos. Es un día que elegimos para nosotros. Es el día en que nos liberamos del infierno y volvimos a nacer.

Pero probablemente St. James también sepa eso.

—Tengo un regalo para ti —dice él.

Resoplo. —¿Crees que acabo de cumplir siete años? Los regalos de cumpleaños son para los niños. —No es que lo sepa por experiencia. Mi crianza no dio lugar a ninguna celebración infantil.

—Creo que este regalo te gustará. —Chasquea los dedos y una rubia mona vestida de cigarrera se acerca contoneándose. St. James elige dos puros de su bandeja y sale del Lodge a la enorme terraza de madera con vistas al espeso bosque. Lo sigo. Él es el jefe de Fraternitas, el segundo al mando después del hombre al que llaman el Diablo. Lo sigo porque he jurado hacerlo.

Pero también estoy intrigado.

St. James lleva nuestros puros al otro lado de la terraza, hasta la barandilla más alejada. Me apoyo en ella y contemplo los acres de naturaleza salvaje. Nadie diría que hay una ciudad de nueve millones de habitantes a pocos kilómetros. Los únicos sonidos son el susurro de las hojas, el zumbido de los insectos y los ululatos y aullidos de las criaturas nocturnas. Es un lugar tranquilo y salvaje.

Calma a la bestia.

Una cerilla se enciende y St. James me da mi puro.

Ahora que ha despertado mi curiosidad, el cabrón me va a hacer suplicar. —¿Y bien? ¿Cuál es? ¿Mi regalo?

—He hablado con Damien. —Se refiere al Diablo, el jefe de Fraternitas—. Él y yo hemos acordado que mereces una recompensa por los sacrificios que has hecho.

Se refiere a los últimos seis meses que pasé en una misión para Fraternitas. La que me ha dejado las manos tan manchadas de sangre que nunca podré limpiarlas del todo. —Todo lo que hago, lo hago por la hermandad. Para mantener mi juramento.

—Lo sabemos. Has demostrado tu lealtad muchas veces. Y, por lo tanto, te has ganado una recompensa. —Lanza la ceniza por encima de la barandilla.

En algún lugar debajo de nosotros, suena una alarma. Me tenso cuando una puerta bajo la terraza se abre de golpe.

Una figura sale corriendo hacia el césped. Una mujer, con las piernas desnudas, que lleva un vestido blanco que brilla a la luz de la luna.

Todo mi cuerpo está en alerta máxima, mis músculos se tensan, listos para la persecución.

Mi gemelo y yo tenemos una excelente visión nocturna. Es una de las razones por las que somos tan letales en la oscuridad. Mi don me permite distinguir los detalles de la corredora. Tiene una mata de pelo rizado que le cae por la espalda, y sus pálidas piernas relucen mientras corre a toda velocidad por el césped, alejándose del Lodge.

La sigo con la mirada hasta que desaparece en la linde del bosque, y todos mis instintos me dicen que corra tras ella.

St. James fuma su puro, observándome con regocijo. Me estoy agarrando a la barandilla con la fuerza suficiente como para clavarme astillas.

—¿Quién es? —gruño.

—Una camarera. Suele trabajar en el Inferno, pero esta noche le he asignado otras tareas. —Maldito St. James. Se dio cuenta de que observaba a la pelirroja y nos ha atraído a ambos hasta aquí. Tiene algo planeado.

—¿Qué tareas?

—Es tuya por esta noche. Si puedes atraparla. —Sus ojos grises brillan a la luz de la luna. A St. James le van los juegos al límite. Por eso es dueño de varios clubes BDSM, incluido el Lodge.

Y si lo sabe todo, sabe que no hay nada que me guste más que una caza salvaje y primitiva.

—Ha firmado un contrato y todo, y se le paga muy bien por huir de ti en el bosque. Recibirá una bonificación si consigue eludirte después de la medianoche. Más si llega hasta el amanecer. —Me dedica una mirada de satisfacción, lo más parecido que tiene a una sonrisa—. Dudo que tardes tanto en darle caza.

—Quieres decir… —La bestia ruge en mi pecho. Mi pecho se hincha, mis pulmones se preparan para bombear como fuelles y se alistan para correr tras ella. Mi presa.

—Bienvenido a la Caza. Tienes total libertad por la propiedad hasta el amanecer. Y cuando la atrapes, será toda tuya. —Saca una máscara negra: una simple capucha con agujeros para los ojos y una calavera blanca pintada en la parte delantera. Es la que llevo para las ejecuciones rituales. Me la entrega y señala con la cabeza las escaleras que quedan a nuestra izquierda y que bajan al césped—. Le he dicho que le darías diez minutos de ventaja.

* * *

Elodie

Corro entre los árboles, con los brazos extendidos para abrirme paso entre las ramas, pero las zarzas me arañan la cara y las extremidades desnudas.

Una luna llena brilla en lo alto, ayudándome a ver el camino a través de esta espesura, pero sé que también ilumina el vestido que llevo puesto. El blanco es lo contrario al camuflaje. Es como si estuviera bajo un foco en un escenario.

El imbécil que me ha contratado me ha hecho ponerme este vestido blanco. Por suerte, es finales de verano y las noches no son tan frías. Pero también voy descalza. Es obvio que se supone que debo satisfacer alguna fantasía específica. Esto es la Caza, y yo soy la presa pobre e indefensa. Semidesnuda, vestida como una virgen y lista para el sacrificio.

Me da igual. Mientras me paguen.

Ser camarera no es suficiente para sacarnos a mi hermana y a mí del lío que nos ha metido su ex. Necesito los mil dólares que el señor St. James me ha ofrecido por este trabajo. También me prometió una bonificación si evito que me atrapen antes de la medianoche. Quiere incentivarme para que le dé al cliente una verdadera caza.

Si aguanto hasta la medianoche, conseguiré diez mil dólares. Pero si llego hasta la mañana, me darán cien mil en billetes sin marcar.

Ese es el objetivo. Mil dólares ayudarán con nuestros problemas. Diez mil los solucionarán.

Cien mil cambiarán nuestras vidas. Tengo que evitar que me atrapen.

Me quito el vestido blanco mientras corro. Lo hago jirones y cuelgo una tira en una rama baja, donde queda suspendida en el aire, como un fantasma.

Me abro paso entre los imponentes robles, dejando trozos de mi vestido en las ramas de los olmos y acebos más pequeños. Pistas falsas para despistar al cazador.

Pero ahora estoy desnuda. Y mi piel pálida es un faro en la noche.

El bosque se acaba y corro a través de la hierba alta del césped. Mis pies se hunden en el barro y braceo para no caerme. El destello negro que tengo delante debe de ser un pequeño estanque.

A mi espalda, en el Lodge, suena el toque de una corneta. Su nota larga y grave me provoca escalofríos en los brazos. Debe de ser la señal de la que me habló St. James. Me prometió que sabría cuándo el cazador saldría a por mí.

Se me acaba el tiempo.

La Cacería ha comenzado.

* * *

Jaeger

Bajo las escaleras al trote y me dirijo al bosque. La única señal de St. James es la punta incandescente de su puro. Me importa una mierda que esté mirando. Toda mi atención está puesta en el dulce aroma que flota en el aire: el aroma de mi presa.

Me quito la camisa y el aire fresco me eriza la piel. Es verano, pero la noche empieza a ser cortante.

Nací salvaje. Desde el primer día, mi gemelo y yo luchamos por sobrevivir como la mala hierba que crece en una grieta de la acera. No fue hasta que pronuncié mis votos y me uní a la Fraternitas que pude experimentar el mundo más allá de la jungla de asfalto. La primera vez que vine aquí, oí el coro de grillos y respiré el aire puro, me sentí en casa.

St. James y el Diablo eran unos visionarios, incluso de jóvenes. Descubrieron cómo convertir los delitos menores de una pandilla de ratas callejeras en un rentable negocio de apuestas y contrabando, y se expandieron al sector inmobiliario antes de que tuviéramos edad para poseer tierras. La Fraternitas es dueña de casi toda Billionaire Island, incluyendo la vasta extensión de terreno donde construimos el Lodge. Hay una valla de privacidad alrededor de nuestro terreno, pero tendría que correr kilómetros para llegar a ella.

Suficiente terreno salvaje para cazar.

Me pongo la capucha de verdugo. Ahora parezco lo que soy: un asesino. Una bestia criada para acechar en la naturaleza, al margen de la sociedad. Tengo suerte de que la Fraternitas necesite mis monstruosos impulsos; de lo contrario, me habrían sacrificado como a un perro.

Por eso nunca he reclamado a una mujer. Nadie debería tener que sufrir el salvajismo de mi posesión.

Pero ahora tengo un sacrificio que me han ofrecido en bandeja, y maldita sea si no lo acepto.

—Corre, corre, Caperucita —tarareo para mí, acelerando el paso hasta que troto entre los árboles—. Aquí viene el lobo feroz.

* * *

Elodie

El cazador está cerca, acechando por el bosque. Lleva botas pesadas y rompe las ramitas a su paso sin preocuparse demasiado por ser sigiloso. Incluso tararea una cancioncilla. Se lo está pasando en grande cazando a un ser humano por deporte.

Cuanto más se acerca, más ruido hace, pero los sonidos quedan ahogados por los latidos de mi corazón. Ser camarera me ha dado unas piernas fuertes, pero no soy corredora. Por eso he optado por esconderme.

Me aprieto contra el tronco de un árbol grueso. Me he tomado el tiempo de untarme barro en la piel para no brillar en la oscuridad. Ha sido asqueroso, pero necesitaba camuflaje. También he amontonado hojas sobre el barro de mis piernas. Con suerte, mantendrá a los insectos alejados.

Lucho por calmar mi respiración e intento fundirme con la corteza del árbol. Pero no puedo resistirme a echar un vistazo para ver si consigo atisbar al cazador.

Ese es mi primer error. Él entra en el claro de luna y se me cortó la respiración. Es enorme, con tatuajes grabados en sus fornidos brazos y una capucha pintada con una calavera que le cubre la cara. Es material de pesadillas.

Mi estómago da un vuelco lento y perezoso. Este tipo es mucho más grande de lo que pensaba. No es un cliente cualquiera, y no es un simple cliente de club lo bastante rico como para pagar por sus fantasías.

Tiene que ser uno de ellos. Uno de la Fraternitas. La banda más grande y más mala de la ciudad. Ellos gobiernan el submundo criminal. Nadie sabe lo que hay que hacer para unirse a sus filas, pero hay rumores. Rituales de sangre, ejecuciones. Clubes de la lucha para eliminar a los débiles. Solo los más fuertes sobreviven para unirse a la hermandad.

Si hubiera sabido que me iba a cazar un monstruo criminal, no habría firmado el contrato. No hay forma de saber qué depravaciones hará si me atrapa.

Ahora ya es demasiado tarde. Me están cazando y algo me dice que no puedo simplemente levantarme y agitar una bandera blanca. Esto no acabará hasta que me atrape o yo gane.

Tengo que ganar.

Ahora que he visto la amenaza, no puedo apartar los ojos de ella. Lo estudio en busca de pistas. Para lo grande que es, se mueve con facilidad alrededor del estanque, con movimientos tan fluidos como los de una pantera. Aunque mis entrañas se contraen de miedo, un calor se agita en lo más profundo de mí. Sus músculos son preciosos a la luz de la luna.

Hago todo lo posible por no moverme ni respirar, pero algo lo alerta. Se detiene y levanta la cabeza, un depredador que olfatea a su presa.

Entonces se gira y se encara hacia la parte del bosque donde me escondo. Es imposible, pero tengo la extraña sensación de que me está mirando directamente.

* * *

Jaeger

La noche es preciosa. La luna en lo alto bien podría ser un foco sobre el prado. Bordeo el estanque, observando algunas manchas de barro en la hierba. Mi presa ha estado aquí.

Puedo sentir que me observa.

Aunque nací y me crie en la ciudad, he perfeccionado mis habilidades de caza. Sé que la pequeña pelirroja está desnuda. Se ha quitado el vestido y lo ha hecho jirones, dejándolos esparcidos por el bosque como pequeñas banderas blancas de rendición que tiemblan con la brisa.

Aprieto uno en mi puño. Aún conserva su calor, su aroma. No está lejos. Ha optado por esconderse, no por correr.

Me tomo mi tiempo para pasear hasta la siguiente arboleda. Una vez allí, hago todo el ruido que puedo. Me abro paso entre la maleza, sin cuidado de dónde piso, y aparto hojas y ramas de mi camino a patadas.

Si no corre, la asustaré hasta que sus instintos primarios se apoderen de ella y cometa un error.

—Sé que está aquí, Caperucita —digo en voz alta—. Puedo olerla. No es la primera presa que cazo.

Hago una pausa, escuchando atentamente. No puedo estar seguro, pero percibo la respiración de alguien cerca. —¿Sabe cómo me llaman mis enemigos? —giro lentamente en círculo, escudriñando los árboles—. De ninguna manera. No saben quién soy en absoluto, ni siquiera después de haberles cortado el cuello. —Hay una forma oscura en lo alto de la copa de los árboles, pero parece el nido de una ardilla. Estos robles no tienen suficientes ramas bajas para que mi presa pueda trepar—. Pero mis hermanos me llaman el Lobo. —Sigo caminando, serpenteando entre los árboles. Veo un montón de hojas que podría ser lo bastante grande como para esconder a una persona, me dirijo hacia él y le doy una patada, pero no hay más que hojas.

Noto un ligero movimiento por el rabillo del ojo. En lugar de girarme hacia él, continúo mi camino.

La noche es joven y quiero tomarme mi tiempo. Quiero que esta cacería dure.

* * *

Elodie

Aprieto los dientes con tanta fuerza que me duelen. El cazador pasa justo a mi lado, manteniendo una conversación unilateral. Es más capullo que St. James. Lo añado a mi lista mental de «Gente que quiero matar» e intento no pensar en lo sexi que es su voz profunda.

Debo de ser un bicho raro, porque mi cuerpo interpreta mi miedo como excitación. Cada latido de mi corazón hace que mi coño palpite. Un hilo de humedad me recorre la pierna.

¿Este tío quiere follarme como a un animal en el suelo frío y duro, y a mí me pone cachonda? No me entiendo.

Su voz se hace lejana. Contengo la respiración hasta que dejo de oírle abrirse paso entre la maleza. Los sonidos se van apagando hasta que me quedo con el silencio del bosque. Pero en realidad no hay silencio. Hay extraños crujidos, chasquidos y susurros. No quiero ni pensar en qué clase de criaturas nocturnas merodean por estos bosques. Solo puedo esperar que me dejen en paz.

Un zumbido cerca de mi oído me hace respingar. Los mosquitos me han encontrado. Y la temperatura ha bajado. Estaría lo bastante abrigada si llevara ropa, pero ahora estoy temblando.

Otro zumbido y me doy una palmada en el brazo donde se posa el insecto. El barro se ha secado y ha empezado a desconcharse. Reprimo una risita histérica. Si me encuentra, puede que piense que soy demasiado asquerosa para tocarme.

Espero unos largos momentos. Tiene que ser cerca de medianoche, ¿no? Ya ha pasado la hora a la que suelo acostarme, lo que me ha dejado con los ojos como platos y los nervios de punta.

Y hambrienta. Y helada.

Quizá pueda volver al Lodge. Entrar a hurtadillas y esconderme en algún lugar cálido. Es romper las reglas, pero si me presento al amanecer, cubierta de barro y hojas, todo el mundo asumirá que he cumplido mi parte.

Lenta y cuidadosamente, me pongo en pie. Estoy perdida en las sombras del enorme árbol. No hay nadie alrededor.

Se ha ido.

Me deslizo de sombra en sombra. No tomaré el atajo a través del prado. Me quedaré en el bosque.

He dado diez pasos cuando una voz profunda a mi espalda murmura: —Ahí estás.

2

Elodie

Corro por el césped con el cazador pisándome los talones.

¡Mierda, mierda, putísima mierda!

Me ha engañado. Hizo que pareciera que se alejaba de mi escondite con pasos fuertes cuando, en realidad, o ha vuelto sigilosamente para esperarme o nunca se ha ido.

No miro atrás. Corro en dirección al Lodge, con las piernas moviéndose tan rápido como pueden.

He sido una estúpida. Todo mi plan era estúpido. ¿En qué estaba pensando al intentar ser más lista que un cazador experimentado? Él es un superdepredador y yo estoy en la base de la cadena alimentaria.

Ahora estoy desnuda, volando por una extensión de césped alrededor del estanque. Las tetas me rebotan como locas. Por no hablar de mi culo, mi barriga y mis muslos. Por algo no soy corredora. Demasiado bote.

Mientras tanto, él tiene cuerpo de guerrero, capaz de correr y luchar durante horas. Mis pulmones suplican aire a gritos después de un esprint de cien metros.

Si me atrapa, podría hacer cualquier cosa. El contrato le permite acceso total a mi cuerpo, y por la oportunidad de ganar un dinero que me cambiaría la vida, firmé donde había que firmar. Cuando estaba en la calidez y seguridad del Lodge, tenía sentido. Pero ahora que estoy en la profundidad del oscuro bosque, me pregunto en qué puñetero lío me he metido. Aquí fuera, un contrato es solo un trozo de papel. No significa nada. No hay lógica, solo adrenalina. Las cosas podrían descontrolarse fácilmente.

Podría hacerme daño, matarme. Asfixiarme y hacer cosas terribles a mi cuerpo inconsciente, con solo los árboles como testigos.

Aquí fuera, en el bosque, no hay nadie que pueda ayudarme. Nadie que me oiga gritar.

No solo corro para escapar y poder cobrar. Corro para salvar mi vida.

El miedo me da alas en los pies mientras esprinto entre los árboles.

Tengo que adelantarlo, tengo que esconderme. Estoy a punto de reducir la velocidad cuando aparece a mi derecha, un espectro con cara de calavera.

—Bu.

Me desvío a la izquierda. No es justo. Está jugando conmigo. Burlándose de mí. Sus piernas son tan largas que va trotando perezosamente y aun así es capaz de seguirme el ritmo.

—Corre, corre, Caperucita.

Ya está. El corazón está a punto de estallarme. Sus burlas me empujan más allá del miedo, hacia la ira.

Se acabó lo de huir como un conejo. Me he pasado toda la vida siendo machacada y escupida por los que son más grandes y más malos que yo. Esta noche por fin me ha hecho llegar al límite.

Tengo que plantarme. Si muero, muero. Al menos moriré sabiendo que me he plantado.

Me detengo en un pequeño claro y me doy la vuelta bruscamente. Se ha fundido con las sombras, donde no puedo verlo, pero siento que me observa.

—¡Pues venga! —grito, levantando los brazos en señal de desafío—. Ven a por mí.

Aparece y yo doy un salto hacia atrás. Con esa capucha de verdugo, tiene un aspecto letal. Las sombras cambiantes hacen que sus tatuajes se retuerzan como serpientes en su pecho.

Yo estoy jadeando y temblando, y él apenas se ha quedado sin aliento.

—¿Te rindes? —Su voz es oscura y aterciopelada, una caricia entre mis piernas.

—Que te jodan —le suelto. ¿Cree que todo esto es un juego? Le voy a quitar la gracia.

Aunque signifique que tendrá acceso total a mi cuerpo durante el resto de la noche, porque estaba en el contrato.

Aunque me mate. Soy una bocazas, pero estoy demasiado cabreada para pensar con claridad.

Avanza hacia mí y bloqueo las piernas para no encogerme. Ahora que está cerca, me doy cuenta de lo mucho que me saca. Podría romperme con facilidad.

¿Por qué eso me produce un escalofrío? Tengo la boca seca, pero el sexo húmedo.

Se toma la molestia de mirar su reloj. —Tienes diez minutos hasta medianoche.

Medianoche. Eso multiplicará mi paga por diez.

Señala el bosque, en dirección opuesta al Lodge y a cualquier seguridad que pudiera encontrar.

—Tú corres. Yo te persigo. Haz que valga la pena.