Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
"Territorios en movimiento. Sistemas agroalimentarios localizados, innovación y gobernanza" pretende enmarcar el debate sobre tres grandes temas de las ciencias sociales en la actualidad: el territorio, la cultura alimenticia y la gobernanza socio-económica, con sus conflictos y promesas para el desarrollo. El primero, es el lugar con recursos específicos, construcción socio-cultural del espacio y de normas formales e informales que regulan las relaciones de los habitantes. Por su parte, la vinculación del territorio con los alimentos expresa un proceso histórico de anclaje que involucra espacio, clima, cultura y construcción de relaciones sociales e institucionales. Finalmente, la gobernanza, aunque es un concepto polisémico, se refiere a la emergencia de las sociedades locales, así como a la coordinación de las instituciones, normas, regulaciones y asociaciones a diversas escalas geográficas en un espacio dado. La conjunción entre territorios, alimentos y entramado institucional ha dado origen a políticas de indicaciones geográficas, sellos de calidad, denominaciones de origen y marcas colectivas que implican la interacción de los actores sociales y los gobiernos, las instituciones internacionales y las organizaciones locales. Este libro contiene aportaciones de destacados investigadores en temas de desarrollo territorial, localización de sistemas agroalimentarios y gobernanza y políticas públicas bajo una perspectiva que integra la producción, la transformación de los alimentos y el consumo en sus diversos aspectos, desde la formación de cadenas cortas de comercialización y mercados locales unidos al turismo, o al simbolismo de las fiestas religiosas. El lector puede encontrar aproximaciones teóricas a estos temas y estudios de caso sobre productos específicos como el nopal, los quesos típicos y el cultivo de frutillas. En definitiva, este libro es una aportación de los estudios sobre el desarrollo rural y territorial.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 456
Veröffentlichungsjahr: 2017
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Contenido
Contenido
Introducción Territorios en movimiento y sistemas agroalimentarios localizados (Sial)
Gerardo Torres Salcido
Territorios y Sial. Movimientos y dinámicas socio-territoriales
El momento territorial
Claude Courlet
Dinámicas culturales/dinámicas territoriales: los Sial en movimiento
José Muchnik
Sial, comportamiento de la demanda y nuevas formas de consumo en América Latina: un planteamiento desde un punto de vista económico
Denis Requier-Desjardins
Sistemas agroalimentarios localizados (Sial) en América Latina: de un concepto geográfico a la gestión territorial con enfoque Sial
François Boucher
Las nuevas dinámicas de los Sial y el territorio
Información para la gobernanza y el desarrollo de sistemas agroalimentarios localizados
Alejandro Ramos Chávez
Innovación social, Sial y desarrollo local. El caso de la organización de mujeres indígenas hñähñús productoras de queso en San Pedro Capula, Hidalgo
María del Carmen del Valle Rivera
Los Sial y las dinámicas de la gobernanza territorial
David Aarón Morales Córdova Gerardo Torres Salcido Arturo Contreras
La Ruta del Nopal: patrimonio agroalimentario en movimiento y sus efectos sociales en el suelo rural de la Ciudad de México
Humberto Thomé Ortiz Marie-Christine Renard Hubert
Sial. Gobernanza, patrimonio y territorialidad
Gobernanza y territorialidad campesina. Los nopaleros de Milpa Alta
Rosa María Larroa Torres Laura Rodas Sánchez
La paradoja del proceso de valorización del queso chihuahua
Angélica Espinoza Ortega
La revalorización del queso de poro de Balancán, región de origen, mediante una ruta agroalimentaria
América Lina Patiño Delgado Fernando Cervantes Escoto Alfredo Cesín Vargas
¿Gobernanza? Adaptaciones y organización en la producción de berries en Michoacán
Adriana Sandoval Moreno
El papel de la religiosidad popular como patrimonio cultural intangible en las dinámicas de gobernanza y desarrollo social. Los casos de Tlaxcala, Morelos y Michoacán, México
Santiago Espinosa GarcíaEréndira Sarahí Pérez Ponce
Sobre el autor
Introducción Territorios en movimiento y sistemas agroalimentarios localizados (Sial)
Gerardo Torres Salcido1
Sial y desarrollo territorial
Con el nombre de territorios en movimiento y Sial nos proponemos desarrollar en esta introducción tres cuestiones fundamentales: en primer lugar, la definición propiamente de territorio; en segundo, su relación con los alimentos; y, en tercero y último, la gobernanza, con sus conflictos y promesas para el desarrollo. El primero, ha sido definido como un lugar con recursos específicos, construcción socio-cultural del espacio y como normas formales e informales que regulan las relaciones de los habitantes. Por su parte, la vinculación del territorio con los alimentos expresa un proceso histórico de anclaje que involucra espacio, clima, cultura y construcción de relaciones sociales e instituciones. Finalmente, la gobernanza, aunque es un concepto polisémico, de manera general evoca la existencia y fortaleza de la descentralización de recursos políticos y económicos, la emergencia de las sociedades locales, así como la coordinación de las instituciones, normas, regulaciones y asociaciones en un espacio concurrente, para defender y valorizar una de las fuentes de su actividad económica, que son los alimentos. La conjunción entre territorios, alimentos y entramado institucional ha dado origen a una serie de políticas de indicaciones geográficas, sellos de calidad, denominaciones de origen y marcas colectivas que implican la interacción, a diversos niveles institucionales y geográficos, de los actores sociales y los gobiernos, las instituciones internacionales y las organizaciones locales.
La descripción y comprensión de la interacción multinivel, implica tratar de conocer el proceso de toma de decisiones en los territorios, el entramado institucional, la gestión pública y sus relaciones con la acción colectiva. Es decir, implica conocer la gobernanza territorial. No obstante, en México esos procesos y mecanismos de gobernanza han sido escasamente estudiados, por lo que representan una brecha abierta en los estudios de la gestión territorial. Este libro pretende aportar elementos para llenar esa brecha del conocimiento. Para ello, y con el objetivo de introducir al lector en los temas que nos preocupan, en esta introducción abordamos las preguntas que nos han guiado, sobre el territorio, el anclaje de los alimentos y la gobernanza territorial. Concluiremos con la importancia de estas preguntas para el desarrollo, y una breve descripción de los capítulos que integran la obra.
Territorio y territorialización
El territorio es un concepto con múltiples significados. Entre la amplia bibliografía que aborda este tema, consideramos que tres definiciones son las más importantes para los estudios de la gobernanza. La primera, derivada de la antropología, considerado como “lugar” (Escobar, 2000) y, por tanto, como espacio singular. La segunda se refiere a ese espacio como una construcción sociocultural (Giménez, 1999) sujeto a las regulaciones, instituciones y al ejercicio del poder sobre una población (Foucault, 2006). La tercera establece la urgencia de desarrollar nuevos marcos epistemológicos acordes con el desarrollo científico, por lo que ubica al territorio como un sistema complejo (Boisier, 2010) en el que la naturaleza, la organización sociopolítica y la cultura interactúan para construir una imagen, un símbolo y una identidad nutrida por los recursos tangibles e intangibles. Como cualquier sistema complejo, el territorio está sujeto al intercambio y al flujo de información con otros territorios. Como sistema, el territorio se caracteriza por su capacidad para la organización y la autorregulación, que no excluye la disputa de los actores por la apropiación de recursos y las formas de gobierno que sean capaces de establecer.
En este sentido, un sistema complejo es un sistema abierto a la acción colectiva y a las cambiantes formas de apropiación de recursos. Por supuesto, en la medida que el territorio es moldeado por la acción social, se convierte en una arena de disputa por la apropiación de recursos.
De esta manera, se llega a una cuestión que ha ocupado a los estudiosos: comprender el tránsito desde el territorio a la territorialización; o bien, cómo se transforma el territorio en terroir, en un sello de identidad. Para Porto Gonçalvez (2001) este proceso está determinado por los movimientos sociales que muestran la interacción entre los recursos del territorio y la defensa de las condiciones medioambientales. Sin embargo, para la escuela mediterránea, la territorialización está ligada a la patrimonialización, que implica una interacción constante entre el patrimonio natural (agua, suelo, recursos, etcétera), el cultural en su vertiente material (arquitectura y artes) e inmaterial (saber-hacer, fiestas, tradiciones) que son producto de la actividad cultural y que se ponen en juego por la acción colectiva; las capacidades de las asociaciones, organizaciones, gobiernos locales y los mercados que demandan los productos con sellos de identidad (Bérard et al., 2005; Frayssignes, 2001; Moity-Maïzy y Muchnik, 2005). La actividad de los agentes, no sólo tiende a preservar sino a recrear y reconfigurar el patrimonio cultural inmaterial (Arizpe, 2015).
Los alimentos son productos que responden a estos procesos, sea de construcción patrimonial o de territorialización. En las fases que los caracterizan como un sistema: producción, transformación industrial, consumo y cadenas de servicios. En este sentido, los Sial pueden concebirse como sistemas enmarcados en el territorio y en la apropiación y recreación del patrimonio. Para profundizar en estas reflexiones, el grupo de investigación se ha planteado dos preguntas básicas: ¿qué son los Sial y cómo se distinguen de otros conceptos que han abordado el desarrollo territorial?, y ¿pueden los Sial ser parte de la política de desarrollo territorial? Las respuestas, como podrá concluir el lector, no son homogéneas y dependen de las perspectivas teóricas de análisis, pero también de los resultados de las investigaciones empíricas realizadas en distintas partes del país.
Desde los años noventa del siglo pasado, los Sistemas Agroalimentarios Localizados fueron definidos como una integración de producción, transformación y servicios enmarcados en las redes de relaciones culturales, sociales e institucionales abocadas a valorizar los productos alimenticios en un espacio dado (Cirad y SAR, 1996; Muchnik y Sautier, 1998). Esta definición surge de una larga evolución y adaptación del análisis económico que se originó en la teoría del Distrito Industrial (DI) de Alfred Marshall, la sociología industrial italiana y sus propuestas neo-marshallianas; de los sistemas productivos locales (SPL), de Courlet y Pecqueur, los clusters y la agroindustria rural en América Latina, a la economía agroalimentaria. A diferencia de algunos sistemas de desarrollo territorial como los DI, los clusters o los SPL, los Sial tienen como carácter distintivo la activación del desarrollo territorial mediante la potenciación de la acción colectiva en la economía agroalimentaria local. Retomando un concepto derivado de Marcel Mauss, el Sial define la alimentación como un “hecho social total” (Mauss, Giobellina y Bucci, 2009), es decir, como una acción que es capaz de organizar el conocimiento del medioambiente, la acción social, las instituciones y la cultura en un espacio dado. Por añadidura, el Sial se ocupa de los productos destinados al consumo, que debe ser metabolizado, transformado por nuestro cuerpo (Muchnik, Sanz y Torres, 2008).
En cuanto a la segunda pregunta elaborada por el equipo de investigación, relacionada con el desarrollo territorial, vale la pena destacar el significado de este último, más allá de sus adjetivos (“sustentable”, “incluyente”, “democrático”, etcétera), que consiste en incrementar el bienestar de sus habitantes y promover alternativas de retención de los pobladores en las áreas rurales. En este sentido, el Sial es un sistema que puede sumergirse en la interacción de otras actividades constituyéndose en una parte de la canasta de bienes que oferta el territorio, diferenciados por su calidad (Pecqueur, 2001). En consecuencia, uno de los significados profundos del Sial para el desarrollo consiste en la capacidad de articular las actividades económicas con el objetivo de incrementar los niveles de bienestar.
La importancia de estos sistemas en la agenda de políticas públicas ha crecido por su relación con otros temas cruciales como la sustentabilidad ambiental, la salud, el combate a la pobreza y la desigualdad. En los capítulos de este libro, se concluye que los mecanismos para consolidar la agenda son, entre otros: a) la reconstrucción de los mercados locales mediante apoyos a los productos del territorio y políticas destinadas al empleo productivo; b) el fortalecimiento de los circuitos cortos de comercialización, es decir, formas alternativas de comercialización basada en los mercados públicos, de trueque o cooperativas y asociaciones de producción y consumo, basados en economías de proximidad geográfica (kilómetro cero, kilómetro cien, como distancias máximas que deben recorrer los alimentos); c) educación alimentaria y revalorización de los productos genuinos.
Con relación a estas medidas, y otras más, es pertinente señalar que uno de los resultados a los que ha llegado el equipo de investigación, es que en un contexto de marcada desigualdad y pobreza, en el medio rural los sistemas localizados no pueden ser activados sólo para mercados sofisticados de alto ingreso o para la exportación, como a menudo se conciben los alimentos con certificación territorial. Tampoco pueden ser sistemas segmentados, en los que la producción, comercialización y consumo sean operados por agentes separados y con una asimetría profunda en la apropiación de valor. Asimismo, otro resultado notable de las investigaciones dentro del proyecto, es que las normas, reglamentos y regulaciones que en apariencia han sido fundamentales para el desarrollo de las regiones de Europa, como las denominaciones de origen protegidas, merecen un estudio más profundo para el caso mexicano, pues su trasplante acrítico puede profundizar la desigualdad, ya que en la mayoría de las ocasiones, han tendido a favorecer a los grupos económicos más fuertes dentro del territorio.
Estos resultados nos alientan a incluir el Sial en la agenda más amplia del desarrollo. Recientemente ha surgido el debate de considerarlo como un elemento de la política pública del desarrollo rural y territorial para establecer mecanismos de coordinación y de sinergias entre los sistemas productivos locales, además de incorporar esos sistemas en el marco de políticas y programas públicos innovadores, de apoyo al empleo productivo en los territorios. La coordinación territorial y la formación de una política pública alimentaria con fuertes raíces en la sociedad local, debe verse como una consecuencia natural de la evolución de este enfoque y del enriquecimiento del concepto original.
Entre los múltiples factores que han contribuido a estos nuevos planteamientos, destacan: 1) la creciente importancia del territorio como categoría analítica en las ciencias sociales. El “momento territorial”, como concibe Courlet el estado actual de las ciencias sociales en su contribución a este libro, sin duda, exige pensar los Sial en términos más amplios y en dinámicas de gestión que tomen en cuenta las capacidades y particularidades de los lugares; 2) los abundantes estudios empíricos que han dado cuenta de los éxitos y dificultades en la consolidación de las economías y políticas públicas dirigidas a los sistemas agroalimentarios locales; y 3) el acercamiento de la Red Sial a otras redes de investigación que abordan el desarrollo territorial (proterritorios), la gestión del desarrollo territorial (red GTD), el empleo (red DETE) y las políticas públicas (Red PP Alinteamérica), entre otras (Catas, 2015; Proterritorios, 2015; Sabourin y Massardier, 2015; Tielabs, 2015). Dichos factores plantean una pregunta más profunda que debe explorarse en próximas investigaciones y es la siguiente: ¿cómo pasar de un uso productivo de los bienes alimentarios a un uso cultural y a su elevación a la categoría de bienes comunes? En sentido estricto, la cuestión es establecer políticas de patrimonialización de los bienes territoriales con una construcción institucional que surja, desde la perspectiva de una buena gobernanza, desde abajo, es decir, desde las raíces mismas de las sociedades para evitar en la medida de lo posible, la disparidad en la apropiación de los recursos y el saber.
Como no existen instituciones ideales, los casos que se presentan en este libro, y en otros que han sido resultado del proyecto, son ejemplos de construcción más o menos exitosa, y a veces fracasada, de organización y acción colectiva para transformar los recursos territoriales en recursos activos. Tal es el caso del establecimiento de organizaciones o rutas turísticas para valorizar el nopal u otros productos con anclaje territorial, como los quesos genuinos; la vinculación de la academia con ejercicios de innovación social e información para lograr un valor añadido en algunos productos agrícolas o con anclaje territorial; o hasta el papel de las fiestas religiosas y cívicas en la conformación de una cultura alimentaria, que es un factor de localización o anclaje territorial poco estudiado en la literatura de los Sial.
Ahora bien, como la resolución de la pregunta que hicimos está lejana, y al mismo tiempo es un límite a los resultados que se presentan en este libro, es necesario avanzar algunas hipótesis sobre los procesos de anclaje y el crecimiento de la agricultura e industria alimentaria globales que favorezcan la deslocalización y por lo tanto el desanclaje de los productos alimentarios. Esta tarea la emprendemos en las siguientes líneas.
Localización-deslocalización
La localización territorial de los alimentos nos remite a un problema teórico de largo aliento. Éste se refiere a las relaciones entre la economía y el desarrollo territorial y el mercado global. Tradicionalmente se ha abordado el proceso desde la perspectiva de la escuela alemana de la economía de la localización espacial, cuyos representantes estuvieron alejados de las principales corrientes del pensamiento económico durante el siglo XIX (Carrillo y Kopp, 2000). Los factores de localización se agrupan en tres grandes rubros: 1) los costos de transportación y otros costos de transferencia; 2) costos asociados a la mano de obra, energía, agua, impuestos, seguros, clima y ambiente político; y, 3) economías generales de aglomeración y desaglomeración. Estos supuestos han ayudado a explicar el hecho de que los costos de transporte no sólo afectan los precios, sino la ubicación de las empresas y los mercados de bienes específicos que están sujetos a límites geográficos (Blaug, 2001: 683).
Si bien la economía de la localización constituye un antecedente de gobernanza del mercado basada en la satisfacción del consumidor y en la demanda de bienes no genéricos, lo que a nosotros nos interesa es poner de manifiesto las relaciones entre espacio, acción colectiva e instituciones. Aquí existen varias posiciones. Una de ellas es la economía y sociología del territorio, que como ya se ha mencionado tiene su origen en el economista Marshall y la idea de la economía sustantiva, y el concepto de enraizamiento, o embeddedness, desarrollado por el neo-institucionalismo anglosajón.
Para Marshall, la localización de la actividad económica efectivamente coincide con la existencia de un conglomerado de empresas, en los DI, cuya ventaja consiste en disminuir los costos del transporte por su cercanía con los centros de consumo. Sin embargo, como explica Marshal, su fortaleza se basa en el desarrollo de una masa crítica de trabajadores especializados y en un soporte institucional que facilita la competitividad territorial. Sin embargo, más allá del valor económico de las empresas arraigadas en un territorio, considera que sus investigaciones incorporan un punto de vista moral y social a la economía, pues la esencia de los DI consiste en elevar el bienestar de los trabajadores (Marshall, 1920).
La economía moral no es ajena a las propuestas de Polanyi sobre la economía substantiva. Para él, el hecho de que el mercado se haya desarrollado subordinando a prácticamente todas la actividades humanas es un hecho muy reciente en la historia de la humanidad. Ello ha provocado una serie de desequilibrios que han atentado contra la fortaleza de las relaciones sociales. Lo anterior, ha sido posible porque el capitalismo pretende convertir a la tierra, la fuerza de trabajo y el dinero en mercancías ficticias. Polanyi les da este apelativo debido a que su existencia y comercialización dependen de mecanismos políticos de regulación. En este sentido, la autonomía del mercado es una utopía ríspida, o mejor dicho, una antitopía cuya cabal realización “Habría destruido físicamente al hombre y transformado su vida en un desierto” (Polanyi, 2006: 7). Lo contrario a la economía basada en la autonomía del mercado, entonces, es la actividad embebida, arraigada o enraizada en la acción social.
Aunque las propuestas de Polanyi no desembocan propiamente en la economía territorial sí sientan las bases de los conceptos de interrelación económica, social e institucional en un espacio dado. Ello dio lugar a por lo menos dos nociones teóricas de completa actualidad. Nos referimos al concepto de embeddedness en la tradición anglosajona y de anchorage en la francesa.
Para Granovetter, la forma en que las relaciones sociales se arraigan en las instituciones es uno de los problemas clásicos de la teoría social. En este sentido, las posiciones pueden ir desde una atomización del individuo y la subestimación de las relaciones sociales, hasta la sobredeterminación de éstas. Ambas posiciones fallan al tratar de explicar el desarrollo de la estructura social y el enraizamiento de la actividad económica en esas relaciones (Granovetter, 1985).
Siguiendo esos conceptos tempranos de Granovetter, se ha desarrollado una amplia literatura sobre los alimentos locales y su enraizamiento en las cadenas productivas para contrastarlo con la globalización, traduciéndose no sólo en un programa de investigación, sino en un activismo social que idealiza el comercio cara a cara (Hinrichs, 2000) y la calidad de los alimentos locales; el enraizamiento de las relaciones sociales y las convenciones (Murdoch, Marsden y Banks, 2000); y el comercio de corto recorrido, para mostrar el grado de resiliencia a la globalización en un marco de sustentabilidad (Coley, Howard y Winter, 2009).
Aunque estos aspectos han sido polémicos y no han faltado críticas llamando a evitar la “trampa” de lo local (Born y Purcell, 2006), pues en ese escenario a menudo existe un ejercicio del poder caciquil y una marcada desigualdad. Pero otros autores han afirmado que la calidad de los alimentos y la capacidad de construir alianzas desde lo local para disminuir las asimetrías del poder (DuPuis y Goodman, 2005). A este respecto, creemos que la fascinación anglosajona por lo local y su constante crítica residen, en gran medida, en el hecho de que el embeddedness no ha producido políticas de protección de la calidad de los alimentos locales y no existe una reflexión sobre el paisaje y la cultura en la producción y arraigo de alimentos.
En este sentido, la sociología económica francesa ha reflexionado más ampliamente. Para esta corriente, los factores de arraigo pueden ser múltiples, pero cabe destacar, entre otras, las condiciones bio-culturales en las que se desarrolla la acción colectiva. Por aquéllas entendemos el medioambiente y sus recursos, que permiten el desarrollo y aprovechamiento de los productos; pero también el patrimonio material e inmaterial de las localidades: arquitectura, gastronomía, instituciones y fiestas religiosas y cívicas que contribuyen a la valoración de los alimentos. No obstante, debido a su carácter social e histórico, el anclaje alimenticio no es un hecho dado. Los “recursos” tienen un largo proceso de selección y de aplicación de saberes construidos y renovados constantemente.
Pero no se trata sólo de la herencia o el legado. La patrimonialización exige un encuentro entre tradición e innovación que da lugar a nuevas dimensiones de estudio y análisis que incluyen las cambiantes relaciones entre los sistemas locales y el sistema global, lo urbano y lo rural; lo rural y las áreas peri-urbanas y al interior mismo de las ciudades, configurando nuevos conceptos de gobernanza, proximidad y calidad de los alimentos.
Como bien lo ha señalado Braudel (1976) en su reconstrucción de la formación del Mediterráneo como un “sistema-mundo” moderno, los alimentos también son migrantes. Los saberes, igual. Aunque estos últimos son más lentos en su viaje. Lo cierto es que los alimentos se desplazan por la acción humana y logran certificado de nacionalidad en regiones distintas a su origen. Se arraigan y se anclan en el trabajo, las visiones y las costumbres de otras regiones y pueden regresar a su origen: transformados, adaptados, enriquecidos. Otras veces, los alimentos migran y son transportados con saberes parciales o sólo adaptados a una sola función que puede ser utilitaria o alimenticia (véase el caso del nopal en el Caribe en que se le usa como cercas de terrenos o en el Mediterráneo donde únicamente se consume la tuna). Como quiera que sea, el conocimiento acumulado, la memoria, los símbolos y las instituciones intervienen en ese anclaje y, aunque la elaboración de un producto, su manufactura y su consumo hayan emigrado o desaparecido ante el embate de los productos genéricos, pueden darse las condiciones para que dicho producto reviva en la acción de las comunidades por el conocimiento previo acumulado.
Ese movimiento de localización-deslocalización-relocalización sugiere que los territorios, como lugares irrepetibles, poseen capacidades específicas generadas y activadas por la acción colectiva. No bastan, entonces, las condiciones geográficas, sino que es ante todo un saber-hacer, un oficio y un arte que se refina con el tiempo.
Gobernanza y gobernanza territorial
¿Cómo se expresa todo este recorrido socieconómico en la gobernación de los territorios? Estamos conscientes de que usar el concepto de gobernanza como marco analítico puede tener muchos riesgos, ya que se trata de un concepto polisémico y difuso. La gobernanza ha sido definida en términos distintos a la gobernabilidad por su insistencia en el proceso de toma de decisión, más que en la decisión misma (Aguilar, 2006; Torres y Ramos, 2012). Desde la teoría de las convenciones, la gobernanza trata de resaltar el aspecto positivo de los acuerdos sociales, municipales, estatales, nacionales e internacionales, es decir, es multinivel. El concepto de gobernabilidad, en cambio, hace énfasis en su contario, la ingobernabilidad, de ahí que este enfoque siga persistiendo en la toma de decisiones centralizadas a favor del status quo (Camou, 2000).
Frente a la idea muy común de una gobernanza sin conflicto, Boaventura de Souza, ha calificado el concepto de gobernanza como una “matriz neoliberal” porque calla sobre la necesidad de la transformación y de la justicia social (Santos, Rodríguez y Ansley, 2007: 36), ante lo cual propone una gobernanza contrahegemónica desde los movimientos sociales del “sur global”. Abramovay et al., también coinciden en la necesidad de considerar los movimientos sociales y su influencia en el desarrollo territorial en América Latina, lo que significa abrir una línea de investigación que aún es incipiente (Abramovay, Magalhães y Schröder, 2008).
En respuesta a estos planteamientos, en los capítulos de este libro, el lector encontrará a menudo que la inclusión social no está exenta de problemas y enfrentamientos que requieren de enfoques de gobierno que trasciendan la verticalidad burocrática y la trasmisión de decisiones desde oficinas centrales dedicadas a la atención del agro y las zonas rurales. Aunque estas formas de gestión perviven en el campo, es cada vez más difícil implementar asuntos, decisiones o procesos bajo esa óptica centralista. La descentralización de la vida política y económica, la emergencia de formas locales de producción y consumo conflictúan el proceso de globalización y lo enfrentan a la segmentación de lo local, a los procesos de integración-separación-diferenciación (Torres y Muchnik, 2012) que exigen un enfoque de gestión pública descentralizada y gobernanza, entendiendo ésta, de manera inicial, como una visión de la administración centrada en conocer, facilitar y conducir los procesos, los movimientos de la vida colectiva y los territorios, más que en la decisión misma. Para abordar los problemas y promesas de los Sial en el desarrollo, introducimos en el siguiente apartado la definición de la gestión territorial como un elemento central de la agenda pública.
Como dice Courlet en su contribución a este libro, las ciencias sociales se encuentran en el “momento” territorial. En consecuencia, los estudios sobre el espacio construido socialmente han sido objeto de debate público. Ya no se trata solamente de un espacio delimitado y controlado por una autoridad, por ejemplo municipal. Se trata de un espacio en el que confluyen procesos socioeconómicos, formas de hacer y de identidad que simbolizan la pertenencia y destino de los habitantes. Más que estructuras estáticas son sistemas dinámicos que tienen incontables flujos con otros sistemas y posibilidades que surgen de las habilidades de sus habitantes. Los Sial, como otros sistemas en los que se enmarca la acción colectiva también denominados “Sistemas Territoriales de Innovación” debido a la intensidad de los intercambios sociales y a la difusión de conocimientos, requieren de acciones de participación y coordinación.
Dicha coordinación está sujeta a la determinación del área geográfica y a su interrelación con otras áreas. De ahí que una gobernanza socioecnómica o política requiere de diversos niveles de procesamiento de las decisiones. En este sentido, los procesos socieoeconómicos tal como han sido estudiados por la economía de la localización y el desarrollo territorial aportan elementos para tratar de conciliar una teoría del acuerdo social con la necesidad de conocer y conducir los procesos de bienestar a diversos niveles.
En este sentido, ha surgido con fuerza en los medios académicos el interés por estudiar estos sistemas como formas de participación, coordinación e identidad en los medios rurales, lo que hace suponer la comprensión de los procesos de gobernanza territorial (Manero, 2010; Torre y Traversac, 2011) y su importancia para la formulación de políticas públicas (Moulaert, 2007).
Los modelos de gobernanza territorial suponen la organización, autorregulación y gestión de los actores colectivos con formas institucionales de gobierno. Ello se hace cada vez más patente por las presiones que ejercen los mercados globales y las aglomeraciones humanas que imponen conflictos crecientes por el uso del agua, los bosques, los usos de suelo por efecto de la transformación de las tierras agrícolas en conjuntos habitacionales, industriales o de servicios. En este sentido, las dimensiones de la gobernanza se extienden no sólo a la organización social, las instituciones y las estructuras políticas, sino ante todo a la naturaleza, a la dimensión medioambiental como una esfera clave de la autorregulación, la autogestión y la organización de las comunidades. En sentido estricto, hablando de gobernanza socioeconómica, los conflictos y problemas vuelven disfuncionales los territorios, por lo que los costos de transacción (Barjolle y Chappuis, 2000; Williamson, 2002) se elevan, provocando movimientos de deslocalización de las actividades y pérdida de capital cultural.
De esta manera, la gobernación de los territorios ha surgido como una propuesta de desarrollo a partir de la gestión de lo local. La gobernanza territorial sería en este sentido, la promoción de acuerdos y convenciones en un espacio dado para lograr los objetivos comunes. André Torre y Jean Baptiste Traversac definen la gobernanza territorial como un enfoque que permite reconstruir la confianza social con base en el diseño de amplios esquemas de consulta; facilitar la coordinación de los actores enfrentados en el territorio y establecer medidas para limitar la emigración de personas con perfiles adecuados al desarrollo territorial. Si bien estas ideas de Torre y Traversac son adecuadas, es claro que el funcionamiento de la gobernanza territorial no es posible sin una distribución adecuada y equitativa de la riqueza.
Un enfoque de gobernanza territorial en sí mismo, puede constituir una innovación en la gestión pública y social. Pero estos, a menudo, suponen la existencia previa de conflictos entre los actores heterogéneos que tienen injerencia o son actores interesados en el territorio. Como veremos en uno de los capítulos, entre los múltiples mecanismos de la gobernanza territorial que esos autores proponen, se encuentran: 1) los mecanismos meramente informativos; 2) los de consulta a las sociedades locales, sin garantía de que sus opiniones sean recogidas en los planes de desarrollo; 3) el diálogo horizontal; 4) las reuniones de negociación; y, 5) los acuerdos y convenciones que permiten arribar a decisiones finales de los actores.
Para que los mecanismos más intensos de gobernanza territorial (reuniones de negociación y acuerdos) puedan darse, es una condición imprescindible la confianza entre los actores. Este es un aspecto central de la participación que hay que resaltar en los estudios de gobernanza territorial e innovación social.
En suma, estas reflexiones confirman que el territorio, como espacio histórico se encuentra en un movimiento constante que puede dar lugar a transformaciones en la localización económica y cultural que reconfiguran la identidad. Ciertamente, para valorizar los recursos hay que poner en movimiento las capacidades de los actores que concurren en un espacio dado. Ese movimiento está determinado por dos elementos indisociables en una gobernanza de abajo hacia arriba, o en una buena gobernanza: la coordinación entre la acción colectiva y la gestión pública. Ello sin negar el papel que necesariamente juegan el conflicto, los desacuerdos y hasta las confrontaciones para lograr una distribución equitativa de la riqueza.
Estructura de este libro
Este libro está dividido en tres secciones en las que se aborda en primer lugar, el problema de los territorios, la economía territorial y la evolución del concepto Sial. En una segunda sección, se analizan los conceptos de información e innovación social en su importancia para la gobernanza; finalmente, en una tercera sección, se abordan territorios específicos y productos que demuestran diversas formas de gobernanza y anclaje territorial de los alimentos. Así, se estudian varios tipos de quesos y los problemas de su valorización; el nopal como producto identitario mexicano y las dificultades de la gobernanza en función de la presión que ejerce el mercado de la Ciudad de México, el más grande del país, sobre las comunidades. De particular importancia es el análisis de la apropiación y defensa de los recursos y la combinación de las rutas turísticas en el sur de la Ciudad de México; posteriormente, se estudia un territorio en el que las frutillas se han localizado muy recientemente y que han dado lugar a procesos de apropiación de la población, confirmando la complejidad de los procesos de localización y deslocalización; finalmente, se presenta un estudio documental sobre el papel de las fiestas religiosas y cívicas en el arraigo de los alimentos. Esta es una línea que no ha sido explorada en los estudios sobre el anclaje territorial, toda vez que desde un punto de vista de la sociología económica y antropológica la alimentación y el consumo festivo confirmarían el aspecto “social-total” que contiene el hecho alimenticio y la importancia de considerarlo a la hora de plantear una agenda alimentaria y una política pública de desarrollo territorial.
En la primera sección, Claude Courlet presenta una contribución que describe el movimiento territorial de las ciencias sociales y su relación con el momento capitalista actual en el que lo local se erige en la nueva balanza de los estudios sobre el desarrollo, por la importancia que han adquirido para el consumidor los bienes y servicios asociados a un espacio dado.
Por su parte, José Muchnik en su capítulo parte de considerar el territorio como un edificio con cimientos culturales y desde de ahí reconsidera y profundiza las reflexiones sobre el territorio y los Sial. En sus conclusiones, destaca la necesidad de acercar el concepto Sial a otras nociones vecinas, tales como seguridad alimentaria, salud y gobernanza territorial con las cuales se pueden establecer acercamientos, similitudes y diferencias.
Denis Requier-Dejardins reflexiona sobre el papel de la demanda desde un punto de vista económico como un tema que no ha sido abordado en América Latina. En particular, abunda sobre la proximidad geográfica-cultural territorial-institucional que definen las normas comunes del comportamiento alimentario, de ahí que haga un llamado a conocer los mecanismos que están implícitos en la construcción de una calidad alimentaria.
En el capítulo de François Boucher, se destaca la evolución del concepto Sial en sus múltiples significados: geográfico, enfoque científico, método de análisis, técnica de acompañamiento para el desarrollo de las agroindustrias rurales y como articulador del desarrollo territorial con base en la acción colectiva.
En la segunda sección de este libro, Alejandro Ramos Chávez, por su parte, presenta la información y la gobernanza en el contexto de los pronunciamientos teóricos del Sial desde la perspectiva de las necesidades y demandas de información, que son siempre un aspecto de la gobernanza. Ramos destaca la necesidad de reflexionar sobre estos aspectos para la construcción de conocimientos desde el territorio.
María del Carmen del Valle incorpora el concepto de Innovación Social (IS), al enfoque de sistemas agroalimentarios localizados, a fin de aportar elementos significativos que fortalezcan la organización y la acción colectiva, en territorios en los que se han observado procesos de resiliencia histórica, para ello, analiza el caso de una organización de mujeres indígenas en el estado de Hidalgo, México, productoras de queso.
Gerardo Torres Salcido y David Morales Córdova, abordan el concepto de IS y las formas de traslación de conocimiento entre instituciones académicas y microempresas en un contexto de alimentos anclados al territorio, pero sujetos a presiones de mercado que están llevando a su deslocalización. En esta contribución abordamos las dificultades de coordinación social e institucional y sus efectos sobre la construcción de confianza en el territorio.
En su artículo, Humberto Thomé Ortiz y Marie Christine Renard abordan la Ruta del Nopal y turismo agroalimentario; se estudia el caso de un proyecto de turismo alternativo, cultural y agroalimentario en una zona rural del sur de la Ciudad de México. Analizan un modelo de política pública basado en la multifuncionalidad territorial del suelo rural de la Ciudad de México. Pretende entender las formas de acción colectiva y los procesos de negociación y concertación entre actores públicos y actores privados locales en la aplicación del proyecto de la Ruta del Nopal.
En la tercera sección se presentan una serie de estudios de caso relacionados con alimentos anclados al territorio, en proceso de anclaje o con un factor que poco se ha tomado en cuenta a pesar de la insistencia en el aspecto cultural en la construcción de los Sial: los alimentos y su importancia en las fiestas religiosas.
Desde una perspectiva complementaria, Rosa María Larroa y Laura Rodas Sánchez analizan el problema que representa para las comunidades campesinas el tomar decisiones colectivas que les permitan mantenerse en el ámbito de la producción rural, en regiones contiguas a las grandes ciudades, tomando en cuenta el contexto, es decir, las relaciones internas de los actores, las políticas públicas y las presiones del mercado, mediante un diagnóstico de lo que ocurre en una parte del territorio nopalero de Milpa Alta y, a partir del mismo, entretejer los conceptos de territorialidad y territorialización como coadyuvantes para entender la situación de aparente pasividad en la organización productiva.
La contribución de Angélica Espinoza Ortega sobre el queso menonita muestra en gran medida las paradojas de las denominaciones de origen en México y los problemas de la construcción institucional de los sellos de calidad como alternativas de desarrollo territorial, pues con la búsqueda de la denominación de origen las empresas tienden a concentrarse, con lo que muchos productores marginales son absorbidos o salen del mercado ya sea por el incremento del nivel tecnológico o porque las exigencias de inocuidad hacen muy difícil que esos productores marginales puedan ajustarse a ellas.
América Lina Patiño Delgado, Fernando Cervantes Escoto y Alfredo Cesín Vargas, recuperan el valor alimentario y su representación cultural para proponer una ruta agroalimentaria del queso de poro, elaborado en Balancán y Tenosique, en Tabasco, como un instrumento para valorizar los productos de la agroindustria rural. Este estudio tiene el valor de estar dirigido a una sociedad de productores de queso poro y seguramente será utilizado para implementar programas públicos de desarrollo territorial.
El trabajo de Adriana Sandoval Moreno muestra el proceso de transformación del territorio del Valle de los Reyes, en Michoacán, México, a partir de la implantación del cultivo de frutillas o berries que han sustituido al tradicional cultivo de caña de azúcar. Sandoval describe la introducción de grandes compañías productoras y comercializadoras de las frutillas y los cambios en el proceso organizativo, pero también los esfuerzos de los productores por apropiarse del cultivo y por establecer agroindustrias locales.
Finalmente, Santiago Espinosa García y Eréndira Sarahí Pérez Ponce analizan los niveles de participación e impacto social del fenómeno religioso, como un elemento del anclaje territorial de los alimentos que no ha sido observado suficientemente. Su perspectiva de la religiosidad popular católica latinoamericana y su influencia en el consumo es interesante para enriquecer las dimensiones del anclaje alimentario.
Agradecimientos
A la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA) de la UNAM y al Conacyt, por su valioso apoyo. A la Coordinación de Humanidades, y en especial a la Dra. Estela Morales Campos, quien ha impulsado el desarrollo los proyectos de investigación ya mencionados y de la Red de Sistemas Agroalimentarios Localizados (RED-Sial); al Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) y al Centro de Investigaciones Interdiscipinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) por los apoyos otorgados; a los colegas que entusiastamente han participado en los proyectos de investigación y en las actividades de difusión; a los estudiantes y becarios y que por espacio, y a riesgo de cometer una omisión, prefiero no mencionarlos; y, finalmente, a David Morales y Santiago Espinosa por su colaboración y su participación en la edición del texto.
Bibliografía
Abramovay, R., R. Magalhães y M. Schröder (2008), “Social Movements Beyond the Iron Cage: Weak Ties in Territorial Development”, World Development, vol. 36, núm. 12, pp. 2906-2920.
Aguilar Villanueva, L. F. (2006), Gobernanza y gestión pública. México: Fondo de Cultura Económica.
Arizpe, L. (2015), “How to Reconceptualize Intangible Cultural Heritage”, en L. Arizpe (ed.), Culture, Diversity and Heritage: Major Studies. Nueva York: Springer International Publishing, pp. 95-99.
Barjolle, D. y J. Chappuis (2000), “Transaction Costs and Artisanal Food Products”, ponencia presentada en la 4ta Conferencia Anual de la International Society for New Institutional Economics, del 22 al 24 de septiembre, en Tübingen, Alemania.
Bérard, L., M. Cegarra, M. Djama, S. Louafi, P. Marchenay, B. Rousell y F. Verdeaux (eds.). (2005), Biodiversité et savoirs naturalistes locaux en France. Versalles: Éditions Quae.
Blaug, M. (2001 [1962]), Teoría económica en retrospección. E. L. Suárez Galindo (trad.). 4ta edición. México: Fondo de Cultura Económica.
Boisier, S. (2010), “Descodificando el desarrollo del siglo XXI: Subjetividad, complejidad, sinapsis, sinergia, recursividad, liderazgo, y anclaje territorial”, Semestre Económico, vol. 13, núm. 27, pp. 11-37.
Born, B. y M. Purcell (2006), “Avoiding the Local Trap Scale and Food Systems in Planning Research”. Journal of Planning Education and Research, vol 26, núm. 2, pp. 195-207.
Braudel, F. (1976), El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. M. Monteforte Toledo, W. Roces y V. Simón (trads.). 2da ed. México: Fondo de Cultura Económica.
Camou, A. (2000), “La múltiple (in)gobernabilidad: Elementos para un análisis conceptual”, Revista Mexicana de Sociología vol. 62, núm. 4, pp. 159-188. DOI: 10.2307/3541156.
Carrillo, M. y A. Kopp (2000), “La escuela alemana de ciencia económica y regional”, Problemas del Desarrollo, vol. 31, núm. 120, pp. 7-31.
Catas (2015), Red para la gestión territorial de Desarrollo Rural sustentable (Red GTD), en www.redgtd.org/.
Cirad y sar (1996), “Systèmes agroalimentaires localisès, (organisations, innovations et développement local”, Cirad-SAR, núm. 134. Consultado el 24 de agosto de 2016. Disponible en publications.cirad.fr/une_notice.php?dk=542657.
Coley, D., M. Howard y M. Winter (2009), “Local Food, Food Miles and Carbon Emissions: A Comparison of Farm Shop and Mass Distribution Approaches”, Food Policy, vol. 34, núm. 2, pp. 150-155.
DuPuis, E. M. y D. Goodman (2005), “Should We Go ‘Home’ to Eat?: Toward a Reflexive Politics of Localism”. Journal of Rural Studies, vol. 21, núm. 3, pp. 359-371.
Escobar, A. (2000), “El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar: ¿globalización o postdesarrollo?”, en E. Lander (ed.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, en bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/lander/escobar.rtf.
Foucault, M. (2006), Seguridad, territorio, población. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Frayssignes, J. (2001), “L’ancrage territorial d’une filière fromagère d’AOC. L’exemple du système roquefort”, Économie Rurale, vol. 264, núm. 1, pp. 89-103.
Giménez, G. (1999), “Territorio, cultura e identidades. La región sociocultural”. Estudios sobre las culturas contemporáneas. Época II, vol. V, núm. 9, pp. 25-57.
Granovetter, M. (1985), “Economic Action and Social Structure: The Problem of Embeddedness”, The American Journal of Sociology, vol. 91, núm. 3, pp. 481-510.
Hinrichs, C. C. (2000), “Embeddedness and Local Food Systems: Notes on Two Types of Direct Agricultural Market”, Journal of Rural Studies, vol. 16, núm. 3, pp. 295-303.
Manero Miguel, F. (2010), “La participación ciudadana en la ordenación del territorio: posibilidades y limitaciones”, Cuadernos Geográficos de la Universidad de Granada, núm. 47, pp. 47-71. Disponible en www.ugr.es/~cuadgeo/docs/articulos/047/047-003.pdf.
Marshall, A. (1920 [1890]), Principles of Economics: An Introductory Volume. Londres: Macmillan.
Mauss, M., F. Giobellina Brumana y J. Bucci (2009), Ensayo sobre el don: forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas. Buenos Aires: Katz.
Moity-Maïzy, P. y J. Muchnik, (2005), “Circulation et construction de savoir-faire:questions pour une anthropologie des systèmes agroalimentaires localisés”, Industries Alimentaires et Agricoles, vol. 122, núm. 9, pp. 16-26.
Moulaert, F. (ed.) (2007), Social Innovation, Governance and Community Building. Bruselas: European Commision.
Muchnik, J., J. Sanz Cañada y G. Torres Salcido (2008), “Systèmes agroalimentaires localisés: État des recherches et perspectives”. Cahiers Agricultures, vol. 17, núm. 6, pp. 513-519.
Muchnik, J. y D. Sautier (1998), “Proposition d’action thématique programée. Systèmes agroalimentaires localisés et construction de territoires”. Francia: CIRAD.
Murdoch, J., T. Marsden y J. Banks (2000), “Quality, Nature, and Embeddedness: Some Theoretical Considerations in the Context of the Food Sector”, Economic Geography, vol. 76, núm. 2, pp. 107-125.
Pecqueur, B. (2001), “Qualité et développement territorial: L’hypothèse du panier de biens et de services territorialisés”. Économie Rurale, vol. 261, núm. 1, pp. 37-49.
Polanyi, K. (2006), La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo, E. L. Suárez y R. Rubio (trads.). 2a. ed. México: Fondo de Cultura Económica.
Porto Gonçalves, C. W. (2001), Geo-grafías. movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentabilidad. México: Siglo XXI.
Proterritorios (2015), RED gestión territorial del desarrollo rural, en www.redgtd.org.
Red de desarrollo territorial de América Latina y el Caribe (RED DETE) (2015), red-dete.org/.
Red políticas públicas y desarrollo rural en américa latina (2015), www.pp-al.org/es.
Santos, B. d. S., C. A. Rodríguez Garavito y F. Ansley (2007), El derecho y la globalización desde abajo hacia una legalidad cosmopolita. Barcelona, México: Anthropos/Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa.
Torre, A. y J. Traversac (eds.) (2011), Territorial Governance. Local Development, Rural Areas and Agrofood Systems. Nueva York: Springer.
Torres Salcido, G. y J. Muchnik (2012), “Globalization/Fragmentation Process: Governance and Public Policies for Localized Agri-food Systems”, en F. Arfini, M. C. Mancini y M. Donati (eds.), Local Agri-food Systems in a Global World. Market, Social and Evironmental Challenges. Newcastle: Cambridge Scholar Publishing, pp. 97-116.
Torres Salcido, G. y A. Ramos Chávez (2012), “Nueva gestión de lo local. Desarrollo rural y construcción de sistemas agroalimentarios”, en B. Lerner, R. Uvalle y R. Moreno (eds.), Gobernabilidad y Gobernanza. En los albores del siglo XXI y reflexiones sobre el México contemporáneo. México, Toluca: Instituto de Investigaciones Sociales-Universidad Nacional Autónoma de México/Instituto de Administración Pública del Estado de México, A. C., pp. 99-136.
Williamson, O. E. (2002), “The Theory of the Firm as Governance Structure: from Choice to Contract”, The Journal of Economic Perspectives, vol. 16, núm. 3, pp. 171-195.
1) Profesor Investigador del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la Universidad Nacional Autónoma de México. E-mail: [email protected]
Territorios y SialMovimientos y dinámicas socio-territoriales
El momento territorial 1
Claude Courlet 2
El territorio está de moda; no es coyuntural ya que las transformaciones actuales de nuestras sociedades incluyen una dimensión territorial considerable. Este texto, escrito por un economista, está dedicado al análisis de este fenómeno de “spatial turn” que hace que el territorio sea el momento clave de las transformaciones económicas y sociales en curso. En primer lugar, describe rápidamente las diferentes formas de esta emergencia; en segundo lugar, muestra en dónde el territorio se encuentra en el corazón del cambio del modo de desarrollo capitalista hoy en día.
El spatial turn o el éxito del territorio
Desde los años setenta del siglo XX, la expansión del capitalismo se ha acelerado considerablemente y el grado de interpenetración de las principales economías desarrolladas ha originado una situación mejor descrita por la idea de globalización que por la de internacionalización. Entonces, la globalización de la economía corresponde, al mismo tiempo, a una mundialización de los mercados, y a la implementación de una organización internacional de la producción. En esta situación, la economía mundial ya no puede ser analizada como el juego interactivo entre economías nacionales.
Todo sucede como si los flujos económicos contribuyeran a reforzar los procesos de creación, de producción, incluso de control y de decisión en ciertos territorios, los famosos distritos industriales, los sistemas locales de producción y de innovación, las ciudades, en particular, las metrópolis. Este resurgimiento masivo del hecho territorial se analiza, a menudo, como un cambio de las dinámicas espaciales: Bernard Pecqueur (2006) habla del “giro territorial” de la economía global. Por su parte, Laurent Davezies (2012), con base en la crisis actual sitúa al territorio como el factor esencial del crecimiento con todo lo que eso implica tanto a nivel intelectual como en el aspecto de las políticas públicas. Ese “giro territorial” reviste varios aspectos.
Reajustes locales. Cambio de las estructuras productivas
Distritos industriales y SPL
El desarrollo precoz de los distritos italianos y la afirmación en los años setenta y ochenta de los sistemas productivos localizados (SPL) en otros países pueden ser interpretados como constituyentes de un tipo particular de reajuste cuya iniciativa pertenece a las sociedades locales.
Desde esta perspectiva es como Becattini, buen heredero del Marshall “heterodoxo”, desarrolla el concepto de distrito industrial (1979). Para él, el distrito industrial articula los rasgos que corresponden a la configuración propiamente económica de todas las empresas y de los rasgos relacionados con el funcionamiento social de la colectividad local. Lo que permite especificar y caracterizar a esta comunidad, no es solamente la pertenencia de los individuos a un mismo conjunto de empresas, también es, sobre todo, un conjunto cultural de valores comúnmente compartidos. Este sistema de valores permite circunscribir los conflictos de interés dentro de un sistema comunitario inserto en el complejo de población local. En total, lo que es importante para G. Becattini (1992), es el lazo que existe entre una “comunidad de personas” y una “población de empresas”.
El análisis de los SPL se inscribe en la misma esfera de influencia. Al ser empleado por muchos autores para analizar situaciones variadas (sistemas industriales, sistemas agroalimentarios localizados, sistemas turísticos localizados), el SPL puede definirse como un conjunto caracterizado por la proximidad de unidades productivas en el sentido amplio del término (empresas industriales, de servicios, centro de investigación y de formación, interfaces, etcétera) que mantienen entre ellas relaciones de intensidad más o menos fuertes. La densidad de los lazos mantenidos entre las unidades de producción depende antes que nada de la organización y del funcionamiento del sistema de producción. Las relaciones entre unidades son diversas y se presentan en diversas formas: formales, informales, materiales, inmateriales, comerciales y no comerciales. Dichas relaciones pueden referirse a flujos materiales, de servicios, de mano de obra, de tecnología o incluso de conocimiento. La noción de SPL ahora es ampliamente compartida en la medida en que ésta traduce esos fenómenos originales de desarrollo localizado (Courlet, 2001). Profundamente relacionado a dinámicas sociales, el SPL goza de una fuerte identidad y de características que permiten a la colectividad local defenderse y reproducirse. El SPL aparece así como una forma de organización económica eficiente y como lugar de procesos económicos colectivos “situados”. Se convierte en un sistema definido por una proximidad de problemas y de coordinación de las expectativas y de las acciones de los individuos.
Economía del conocimiento y territorio
Esas inversiones espaciales se efectúan en un contexto de cambio tecnológico importante cada vez más relacionado a su entorno. De esa manera, desde finales de los años ochenta, los trabajos del Grupo Europeo de Investigación sobre los Medios Innovadores (Gremi), desarrolla una visión más territorializada de la innovación, por lo tanto, la innovación es la creación de un medio, es el fruto de la inventiva de los medios y responde a la necesidad de desarrollo local, medio que se da una sociedad para progresar. La innovación se basa en elementos de continuidad con la experiencia adquirida (Aydalot, 1976).
Más recientemente, esta idea está considerablemente enriquecida por la economía del saber y del conocimiento para transformar radicalmente los enfoques tradicionales del desarrollo. Los seguidores de las teorías del saber y del conocimiento consideran que el “saber” ha reemplazado a los recursos naturales y al trabajo físico como herramienta del desarrollo económico. Una formulación reciente se refiere al “capitalismo cognitivo” (Moulier Boutang, 2007), y otra corresponde a “la economía cultural cognitiva” (Scott, 2010).
Este paso hacia un capitalismo intensivo en conocimiento sobrepasa la estrategia individual de las firmas. La innovación no es una simple función de la aptitud del empresario o de la empresa, de los gastos de R/D o de la calidad de los productos. La creación tecnológica no se difunde a partir de un solo lugar. Ella presupone más bien una articulación compleja y no lineal de competencias específicas y de procesos de adquisición de conocimientos a lo largo de una cadena de producción completa (Gordon, 1989). El medio innovador no puede ser concebido sin referirse a una dimensión espacial y territorial: las relaciones sociales y económicas entre los actores sólo pueden establecerse en la duración y –en la medida en que ellas influencian la organización de la producción, las modalidades de introducción y de difusión de la innovación, etcétera– no pueden más que poner en evidencia la especificidad de un territorio. Dicho de otra manera, como puede verse por ejemplo en el caso de Grenoble, el medio innovador –su historia, su estructura política y social, su perfil sociocultural, su organización, los comportamientos colectivos que le caracterizan– preexiste de alguna manera en las empresas innovadoras. Desde este punto de vista, la comprensión de las dinámicas del medio innovador es necesaria para entender la naturaleza de los procesos de innovación, puesto que, en otras palabras, la empresa innovadora es forjada por el medio (Camagni y Maillat, 2006).
