Un hombre para siempre - Christine Scott - E-Book

Un hombre para siempre E-Book

Christine Scott

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Beschreibung

Lindsey Richards, madre y viuda, había renunciado a los hombres, incluso a un hombre como Alex Trent. Él era amable, rico, atractivo y el mejor padrino que su hijo podía tener. Pero Alex era un rompecorazones. No es que eso tuviera importancia; después de todo, Alex y ella sólo eran amigos. Así que, ¿por qué de repente él estaba actuando como un amante celoso? Lindsey sabía que ella no se sentía atraída por él de esa manera… ¿o sí?

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Seitenzahl: 171

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización

de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO si necesita reproducir algún fragmento de esta obra. www.conlicencia.com - Tels.: 91 702 19 70 / 93 272 04 47

 

 

Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Avenida de Burgos 8B

Planta 18

28036 Madrid

 

© 1998 Susan Runde

© 2022 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Un hombre para siempre, n.º 1061- junio 2022

Título original: Her Best Man

Publicada originalmente por Harlequin Enterprises, Ltd.

 

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial.

Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin, Julia y logotipo Harlequin son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia.

Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited.

Todos los derechos están reservados.

 

I.S.B.N.:978-84-1105-674-8

 

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

 

Créditos

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Epílogo

Si te ha gustado este libro…

Prólogo

 

 

 

 

 

Camarero, otra ronda para mí y mis amigos —dijo Alex Trent.

La hora feliz ya había pasado hacía tiempo y la velada estaba bastante avanzada. Los únicos que quedaban en el bar eran unos pocos parroquianos, charlando tranquilamente. Alex y su grupo eran la excepción ruidosa.

Pero, pensaba Alex, ¿por qué no?

Esa noche estaban de celebración, ¿no?

Su mejor amigo se iba a casar con la única mujer que Alex podría amar jamás. No se le ocurría una razón mejor para emborracharse.

El camarero se acercó y le dijo:

—Un whisky, dos cervezas y un café, ¿no?

—Eso es —respondió él un poco balbuceante.

—Parece que están de celebración —dijo el camarero—. ¿Qué es lo que celebran?

Decidido a que no se le notara la amargura, Alex le dio una palmada en la espalda al tipo que tenía más cerca.

—Este es el último fin de semana de Danny como soltero. El muy idiota se va a casar.

El tal Danny, un auténtico gigante, sonrió.

—Alex, ¿es que lo tienes que anunciar por todas partes a donde vamos?

Alex no le hizo caso.

—Camarero, ¿se ha casado usted alguna vez?

—No, señor, no lo he hecho —respondió el hombre al tiempo que les servía.

—Un tipo listo.

—Déjalo ya, Alex, no voy a cambiar de opinión —dijo Danny.

—Será mejor que no lo haga —dijo otro de los amigos, un hombre más grande todavía y con un cabello negro y espeso—. Si no va a tener que responder por romperle el corazón a mi hermanita.

Una expresión de preocupación le pasó por el rostro a Danny.

—No tienes que preocuparte, Rick. Nadie, ni siquiera Alex y su bocaza, va a impedir que yo me case con Lindsey.

—No dejes que Alex te moleste, Danny —dijo Jon, el hermano de Alex, que era una versión más alta y morena de Alex—. Sigue dándose de cabezazos por haber permitido que te quedes con Lindsey.

Danny miró a Alex con los párpados entornados.

—¿Es eso cierto?

Alex sintió el corazón en la garganta. Las palabras de Jon se aproximaban bastante a la verdad. Frunció el ceño y respondió.

—¿Sabes que tienes una boca muy grande, hermano?

Luego se dirigió a los demás y añadió:

—Ya es suficientemente malo tener que verlo todos los días en el trabajo. Decidme de nuevo, ¿por qué habéis tenido que traerlo ésta noche?

—Porque era el único lo suficientemente tonto como para ofrecerse a llevarnos conduciendo a donde quisiéramos —explicó Rick.

El camarero agitó la cabeza.

—Por los conductores —dijo Alex bebiéndose su whisky de un trago.

Danny le dio un codazo a Jon.

—Tú estás casado, ¿no, Jon? Dile que el matrimonio no es tan malo.

—El matrimonio no es tan malo —repitió Jon.

—Eso lo dice un creyente convencido —dijo Alex.

—Vamos, Jon —insistió Danny—. Ayúdame en esto. Diles las ventajas de estar casados.

Jon le dio un trago a su café y puso cara de que se lo estuviera pensando muy seriamente, luego dijo:

—Bueno, la comida no está mal. La verdad es que está bastante mejor que si me la hiciera yo mismo. Y luego, desde que me casé, nunca he tenido que volver a una casa vacía.

—Demonios, Jon —dijo Rick—. Si yo quisiera compañía, me compraría un perro.

Alex se rió.

Jon continuó como si nada.

—Luego, está lo del sexo… cuando estás casado, chicos, no tienes que ir por ahí buscándolo.

Alex se quedó mirando fijamente su copa, luchando contra los celos.

El tono de voz de Danny se animó ostensiblemente.

—Eso es cierto. Después de este fin de semana, Lindsey y yo…

—Ni se te ocurra mencionar a mi hermana y al sexo en la misma frase —le advirtió Rick mirándolo seriamente.

—Rick, tu hermana ya es mayor. Se va a casar la semana que viene —afirmó Jon conteniendo una sonrisa—. Creo que ya sabe eso de las abejitas y demás.

Rick señaló con el dedo al hermano de Alex.

—Si estuviéramos hablando de tu hermana pequeña, pensarías lo mismo que yo.

—Tienes razón, Jon —murmuró Alex—. No sé tú, pero yo no he tenido una noche de sueño decente desde que Stephanie empezó a salir.

Rick frunció el ceño.

—¿La pequeña ya es suficientemente mayor como para salir con chicos?

Alex y Jon miraron incrédulamente a su amigo y Alex le dijo:

—La pequeña está terminando el instituto y va a empezar a estudiar derecho el próximo otoño.

—¿Derecho? ¿Por qué eso no me sorprende? —gruño Rick y luego respondió a su propia pregunta—. Ciertamente tiene boca suficiente como para ser abogado. Nunca he conocido a nadie que opine tanto como vuestra hermana pequeña. No te molestes, Alex, pero ya sabes que nunca he soportado mucho a tu hermana pequeña.

—No te preocupes, Rick —le aseguró Alex—. Creo que el sentimiento es mutuo..

Rick se acomodó en su asiento y sonrió.

—Como siempre he dicho, lo único bueno de que vuestros padres se mudaran a Florida es que se llevaron con ellos a vuestra hermana pequeña.

Alex se encogió de hombros.

Luego todos quedaron un momento en silencio y, después de un rato, Alex anunció:

—Chicos, la fiesta está empezando a decaer. Creo que ya es hora de que nos vayamos.

—¿A dónde? —gimió Jon.

Alex se puso en pie.

—A la orilla este del río. Donde el entretenimiento es más picante, ya me entendéis.

—Uh, huh —dijo Danny agitando la cabeza—. Le prometí a Lindsey que no habría strip-tease.

—Después del próximo fin de semana ya podrás hacer cualquier cosa que te ordene Lindsey —afirmó Alex haciendo que se pusiera en pie—. Esta noche, estás con nosotros.

Los dos empezaron a andar no muy seguros.

—Lindsey me matará si me meto en problemas.

—¿Problemas? No nos vamos a meter en problemas —le aseguró Alex—. No mientras tengamos a un policía en el grupo.

—Alex, ¿estás tratando de influenciar a un oficial de policía? —le preguntó Rick tratando de parecer solemne.

—¿Lo lograría si lo intentara?

—Demonios, no.

—Entonces ya tienes tu respuesta.

Rick se rió.

—Alex, no creo que sea una buena idea —insistió Danny mientras lo arrastraban.

—Somos amigos, Danny. ¿Te hemos fallado alguna vez?

Alex trató de no revelar la ironía de sus palabras. Esa amistad había sido la única razón por la que no había tratado de evitar esa boda. Si hubiera sido cualquier otro que no fuera Danny el que hubiera pedido en matrimonio a Lindsey, no habría dudado ni por un segundo y habría tratado de quitársela.

—Confía en mí, Lindsey no se molestará. Y si lo hace, yo me ocuparé de ello. Puedes contar conmigo, compañero.

—Eres el señor Responsabilidad, Alex… —murmuró Danny.

El señor Responsabilidad. Esas palabras sonaron discordantes en la mente obtusa de Alex. Desde que empezaron juntos la universidad, habían sido los mejores amigos, Rick era el atleta, Danny el maniático, y Alex el señor Responsabilidad.

Él siempre había sido el que había sacado de problemas a los demás, sobre todo al muy irresponsable Danny. Por eso se había quedado anonadado cuando su mejor amigo le anunció que se iba a casar con Lindsey.

Y entendía las razones de su amigo. Lindsey era hermosa, inteligente y simpática.

Si sólo…

Alex interrumpió ese pensamiento. Lindsey y lo que pudiera sentir por ella eran cosa del pasado. Él había esperado demasiado para contarle la verdad… que la quería.

Y ahora ya era demasiado tarde.

Capítulo 1

 

 

 

 

Cuatro años más tarde.

 

 

La mujer de sus sueños era alta, delgada y morena. Le estaba dando la espalda y miraba al océano, proporcionándole una magnífica visión de sus curvas dentro de un sexy vestido rojo. Una leve brisa suavizaba la atmósfera, haciendo que la tela se pegara a su cuerpo.

Entonces sonó un timbre y la imagen de la mujer se esfumó.

Alex gimió tratando de agarrarse a ese sueño. Apretó el botón del despertador y una vez más la habitación se sumió en el silencio.

La morena reapareció en su sueño y… entonces volvió a sonar el timbre.

Se dio cuenta de que no era el despertador, sino el teléfono, lo que estaba sonando.

Logró abrir los ojos y vio que eran las seis de la madrugada. ¿Quién podría llamarlo a esas horas?

Otro timbrazo.

Gruñó y descolgó.

—Diga —murmuró mientras volvía a dormirse.

—¿Alex?

—La mujer de sus sueños tenía voz, y muy bonita.

—¿Alex? —dijo la voz, impaciente—. ¿Estás ahí?

La mujer de sus sueños tenía un rostro. Un rostro perfectamente oval, con rasgos aristocráticos. Sus ojos eran color caramelo, con un leve toque de tristeza. Su boca era como de fresa…

—¡Alex, despierta!

Sorprendido, Alex se sentó en la cama.

se dijo a sí mismo que sólo era un sueño. Un sueño que tenía demasiado a menudo. Algo que se negaba cuando estaba despierto, pero que su subconsciente parecía negarse a olvidar.

La mujer de sus sueños era Lindsey Richards, la esposa de su mejor amigo.

—¿Lindsey?

—Estaba a punto de colgar, Alex —dijo ella.

—No lo hagas, Lindsey. Sabes que siempre estoy para ti. En cualquier momento en que me necesites.

—Lo sé, Alex. Has sido… muy bueno conmigo. Más de lo que me lo merezco.

—No empieces con eso de nuevo.

Ya habían tenido esa discusión antes. Con bastante frecuencia durante los dos últimos años, desde la muerte en accidente de Danny.

—Ya te lo he dicho antes —añadió—. Somos amigos. Y los amigos se cuidan unos a otros.

—Ya lo sé, Alex, pero…. Dios, ¿en qué estoy pensando? Se me ha olvidado preguntártelo. ¿Es este un buen momento para hablar? ¿O estoy interrumpiendo algo?

—¿Te refieres a otra cosa que a una buena noche de sueño?

—No, no me refería a eso. Quiero decir, ¿estás solo?

Seguramente ella se había ruborizado y Alex no pudo evitar sonreír. Para ser una mujer que había estado casada y había tenido un hijo, ella era muy inocente.

—Espera. Déjame ver… No, no hay nadie bajo las sábanas.

—Bien —dijo ella pareciendo aliviada.

Alex levantó una ceja preguntándose si ese alivio sería porque así estaban libres para poder hablar o porque estuviera solo en la cama. Antes de que se lo pudiera preguntar, ella continuó hablando como si no fueran las seis de la madrugada:

—Quería pillarte antes de que te fueras a trabajar. ¿Recuerdas qué día es hoy?

—Lindsey… ¿Por qué me preguntas eso a estas horas?

—Alex…

—Muy bien, muy bien… veamos. Bueno, es viernes. De la tercera semana de noviembre. El Día de Acción de Gracias está a menos de una semana. Y, espera, hay algo más… Ah, sí, es el cumpleaños de mi ahijado.

—Lo recuerdas— dijo ella sin poder ocultar el placer que le producía.

—¿Cómo lo iba a olvidar? Jamie me lo ha estado recordando cada vez que lo he visto desde hace dos meses.

James Daniel Richards era la viva imagen de su padre. Un gigantón con una sonrisa de ángel. Se había ganado a todo el mundo y sobre todo a Alex.

—Lo que me lleva a la razón por la que te he llamado —dijo ella incómoda—. Alex, no quiero que te sientas obligado a venir esta noche.

—Lindsey…

Pero ella no le dejó terminar.

—Escúchame, Alex. Jamie está demasiado entusiasmo por su cumpleaños. Cumplir tres años es muy importante. Cuando se tienen tres años se es oficialmente lo suficientemente mayor como para ir a preescolar y, si se tiene suerte, se pueden conseguir muchos regalos de cumpleaños. El caso es, Alex, que estoy segura de que tienes cosas mejores que hacer que pasarte la tarde de un viernes en la fiesta de cumpleaños de un niño de tres años.

—¿Como cuáles?

—Bueno, por ejemplo… alguna cita…

—¿Crees que yo preferiría salir con una chica antes que ir a la fiesta de cumpleaños de mi único ahijado? ¿Por qué clase de padrino me tomas?

—Eres un padrino maravilloso —le aseguró ella—. Demasiado. Ese es el problema. Con tu trabajo y tu ocupada vida social…

—¿Mi ocupada vida social?

¿Era una nota de celos lo que había detectado en la voz de ella? No, seguro que no, pensó antes de añadir:

—¿Qué ocupada vida social?

—Oh, Alex, de verdad… —respondió ella riendo.

—De acuerdo, tal vez haya salido por ahí unas cuantas veces…

—¿Unas cuantas? Dime, Alex, ¿hay en St Louis alguna mujer de más de dieciocho años con la que no hayas salido?

—Mira, Lindsey…

—Ya lo sé, ya lo sé, tu vida personal es asunto tuyo —suspiró ella—. No he pretendido criticarte. Lo único que te quería decir es que con todo eso, no sé cómo encuentras tiempo para pasarlo con Jamie. Es demasiado.

—Me las arreglo bien.

—Alex, Danny no esperaría de ti…

—Está hecho, Lindsey —dijo él con un tono de voz que indicaba que no estaba dispuesto a seguir discutiendo—. No voy a faltar a la fiesta de cumpleaños de mi ahijado. ¿A qué hora voy para allá?

—A las siete. Lo siento, pero no puede ser más tarde, o el receptor de la fiesta se quedaría dormido antes de abrir los regalos.

—A las siete.

—Alex, ¿estás seguro…?

—Lindsey, dame un respiro. Es demasiado temprano como para ponernos a discutir. Ni siquiera me he tomado todavía una taza de café.

La oyó suspirar.

—De acuerdo, Alex, te veré esta noche.

—Hasta luego, Lindsey.

Esperó a que ella colgara para hacerlo también. Después le pareció como si el dormitorio se hubiera quedado demasiado silencioso y vacío. Se tumbó de nuevo en la cama y repasó su conversación con ella.

—Mujer cabezota y tonta… Ya tiene bastante de que preocuparse como para añadir a la lista mi vida social —dijo en voz alta.

Esos dos años no habían sido fáciles para ella. La muerte de Danny había sido completamente inesperada y su pérdida fue devastadora para todos. Pero sobre todo para ella.

Ella no estaba preparada ni económica ni emocionalmente para aquello. Y, como era típico de Danny, se había creído que era invencible y no tenía ningún seguro de vida ni pensión. Sólo habían dedicado todos sus ahorros en comprarse la casa, una grande y antigua en Kirkwood. Tenía mucho terreno, muchas habitaciones… el hogar perfecto para una familia en crecimiento. Pero también era un saco sin fondo para el dinero. Siempre había que estar arreglando algo. Después de la muerte de Danny, Lindsey se había quedado en la ruina.

Pero eso no se lo iba a admitir a nadie.

Él sabía de sus problemas económicos por su hermano Rick. Su oferta de ayuda económica había sido rechazada amablemente, pero también con firmeza . Lindsey había preferido ponerse a trabajar en dos sitios en vez de cuidar a su hijo para no perder la casa, que consideraba un tributo a su esposo.

Ese pensamiento le produjo un sabor amargo, se negaba a achacarlo a los celos. Hacía mucho tiempo que había aceptado que cualquier sentimiento romántico que pudiera tener por Lindsey era una futilidad. Lindsey había amado a Danny. Aún lo amaba profundamente. Su separación había sido una tragedia. Además, ¿cómo podía él sentirse celoso de su mejor amigo, un hombre al que habían arrancado los mejores años de su vida?

Se agitó incómodo en la cama. Podría ser que Lindsey fuera demasiado cabezota como para aceptar un simple préstamo, un préstamo que él se podía permitir muy bien hacerle, pero no iba a permitir que se librara tan fácilmente de su apoyo moral. Mientras ella y su ahijado lo necesitaran, él pretendía estar allí para ellos.

Era lo menos que podía hacer por la viuda de su mejor amigo.

El teléfono volvió a sonar.

Lo miró. Lindsey de nuevo, pensó. Probablemente se le habría ocurrido alguna nueva excusa para que no se molestara en ir al cumpleaños de su hijo.

—¿Sabes? Menos mal que no tenga a mi lado en la cama a alguna mujer hoy —gruñó por el auricular—. Si fuera así, me habría costado mucho trabajo explicarle todas estas llamadas.

Pero le respondió el silencio.

Luego, una voz femenina se aclaró la garganta y dijo:

—Bueno, Alex, gracias por compartir esa información conmigo. No estoy segura de sentirme aliviada o decepcionada.

—¿Mamá?

—Evidentemente, esperabas que fuera otra persona.

—Sí, bueno, no. ¿Tienes idea de la hora que es?

—Sí, querido. Son las siete y diez de la mañana.

—En Florida, mamá. Aquí son sólo las seis.

—Ya lo sé, querido. He querido pillarte antes de que te fueras a trabajar. Quiero hablarte de lo del fin de semana que viene, ¿recuerdas? La boda. ¿Vas a venir?

—Por supuesto. Mi hermanita se va a casar. ¿Creías que me lo iba a perder?

—Bueno, ya sé lo ocupados que habéis estado Jon y tú últimamente. Todavía sigo sin entender por qué él y tú habéis necesitado una licenciatura para vender zapatillas de tenis. Pero tu padre me dice que lo estáis haciendo bien y no debería preocuparme.

Lo estaban haciendo mucho mejor que bien. Lobo Shoes, la empresa que habían fundado su hermano y él poco después de terminar los estudios, era la empresa de más rápido crecimiento de su sector en el mercado.

—Mira, mamá…

Pero ella no lo dejó terminar.

—He estado tratando de localizar a Jon, pero nadie contesta en su casa.

Alex suspiró.

—Está fuera. Nos estamos expandiendo por la Costa Oeste y está allí asegurándose de que todo vaya bien. Estoy seguro de que Jon irá con Rachel a la boda.

—¿Y tú? ¿Vas a traer a alguien? ¿Alguien especial?

—No, mamá.

—Alex. Tu hermano lleva casi cinco años casado. Ahora incluso tu hermana pequeña se va a casar. ¿No crees que ya es hora de que dejes de andar de aquí para allá y encuentres a una chica que te haga sentar la cabeza?

Alex gimió. Primero Lindsey, luego su madre. ¿Por qué de repente todo el mundo estaba tan preocupado por su vida social?

Pero a esas horas, no se iba a poner a discutir con su madre.

—Sí, mamá, tal vez algún día. Tan pronto como conozca a la chica adecuada.

—Alexander Hale Trent, llevas mucho tiempo evitando el matrimonio, así que no la reconocerías ni aunque la tuvieras delante de las narices. Van a venir muchas chicas a la boda. ¿Te acuerdas de Rosemary Plinkton? ¿La dama de honor de Stephanie? No se ha casado y es un encanto. Estoy segura de que os llevaríais muy bien.

—Mamá, ni se te ocurra tratar de hacer de celestina durante la boda. O te juro que será la última vez que me veáis en Florida.

—Oh, vaya —respondió ella nada intimidada—. ¿Te ha dicho alguien alguna vez que eres muy gruñón por las mañanas?

—Mamá, tengo que prepararme para ir a trabajar.

—Por supuesto, Alex. Te veré el miércoles. ¡Que tengas un buen día!

 

 

¡Cómo podía ir peor el día!

Lindsey Richards estaba mirando el lío que era su mesa de trabajo y sintió unas enormes ganas de llorar. Y en medio del caos que era su trabajo estaba sentado su hijo Jamie.

—James Daniel Richards —dijo tratando de controlar la ira—. ¿Qué te crees que estás haciendo?

Él la miró con sus grandes ojos azules y respondió:

—Jugando.

—¿Dónde está tu tío Rick? Se suponía que tenía que estar vigilándote.