Un novio perfecto - Sandra Chastain - E-Book
SONDERANGEBOT

Un novio perfecto E-Book

Sandra Chastain

0,0
2,99 €
Niedrigster Preis in 30 Tagen: 2,99 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Anne Harris necesitaba un hombre, y rápido. Como era la única ejecutiva soltera de su empresa, nunca conseguía un ascenso. Así que contrató un novio imaginario a través de una agencia. Solo que, cuando su jefe insistió en que quería conocer a su media naranja, Anne se vio en la difícil situación de encontrar al atractivo hombre de la foto. Era una misión imposible, hasta que Mitchell Dane apareció a la puerta de su casa... Mitchell se quedó asombrado y se enfadó mucho cuando supo que su hermana, la dueña de la agencia, todavía estaba utilizando su foto. Pero después de ver a la deslumbrante Anne, no le importó en absoluto hacer el papel de amante. Como era su supuesto prometido, tendría que besarla, abrazarla, acariciarla... Y cuanto más tiempo pasaba con ella, más deseos tenía de llegar a la noche de bodas.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 132

Veröffentlichungsjahr: 2017

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



 

 

Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Núñez de Balboa, 56

28001 Madrid

 

© 2001 Sandra Chastain

© 2017 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Un novio perfecto, n.º 1166 - septiembre 2017

Título original: Bedroom Eyes

Publicada originalmente por Harlequin Enterprises, Ltd.

 

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial. Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin, Harlequin Deseo y logotipo Harlequin son marcas registradas propiedad de Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia. Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited. Todos los derechos están reservados.

 

I.S.B.N.: 978-84-9170-059-3

 

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

 

Portadilla

Créditos

Índice

Prólogo

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Capítulo Doce

Capítulo Trece

Epílogo

Si te ha gustado este libro…

Prólogo

 

–Creía que nunca lo admitiría, pero necesito un hombre desesperadamente –dijo Anne Harris agarrándose la minifalda al sentarse–. Mi madre me ha dicho que tenéis catálogos o folletos o algo así.

–Solteros en bandeja no funciona así –le explicó Bettina sonriente–. Las fotografías son solo una parte del servicio. Tenemos que crear un pasado romántico y diseñar un plan de acción. ¿Quieres que sea un hombre nuevo que ha aparecido en tu vida o un amante de hace tiempo?

–Ninguna de las dos cosas –contestó Anne–. Eso ya lo he vivido y no me ha salido bien. Solo necesito alquilar un novio por un tiempo.

–Bien, solemos hacer contratos renovables mensualmente hasta que el cliente lo crea oportuno.

Bettina miró a aquella mujer y pensó en Mitchell, su hermano, que era fotógrafo y trabajaba con el nombre de Dane. Pensó que era perfecta para él aunque no se parecían en nada. Anne era la viva imagen de la eficacia, la determinación y la dedicación. Llevaba el pelo recogido en un moño bien apretado y un traje de chaqueta negro que exudaba poder. Sin embargo, Bettina percibió algo más salvaje bajo aquella apariencia. Su voz, grave y susurrante, era más apropiada para una de las bellezas de Mitch que para una sala de juntas. Era una pena que su empresa no pudiera emparejar a sus clientas con hombres de verdad en lugar de limitarse a crear hombres de fantasía.

Bettina no había sabido qué pensar cuando Faylene Harris le había dicho que su hija se iba a pasar por allí, pero no le había extrañado que la joven se mostrara tan franca. Sabía que Anne era una ejecutiva agresiva que apuntaba muy alto. Desde la muerte de su padre, se había entregado en cuerpo y alma al trabajo. Estaba decidida a ser el hombre de negocios que su padre no había sido y a cumplir la promesa de cuidar de su madre. Bettina lo entendía perfectamente. Al fin y al cabo, su hermano mayor, Mitchell, había sido igual. Tras la muerte de su padre, había tenido que ocuparse de sus dos hermanos y de su hermana. Cuando ella entró en la universidad, dejó de ser Mitchell el currante para ser Mitchell el soñador, cuyo hogar era el mundo entero.

–Si me hubieran dicho hace un mes que este tipo de empresas existen, no me lo habría creído –comentó Anne riendo–. Claro que no contaba con mi madre. Bueno, ella nunca habría podido ser clienta vuestra porque eso de que los hombres no sean de verdad… –se interrumpió–. No he querido decir lo que ha parecido.

Bettina no pudo evitar reírse.

–No te preocupes. Conozco a tu madre desde hace dos años. Nos conocimos en el gimnasio y pronto aprendí que donde había un corro de hombres era donde estaba ella. Me sorprende que no haya venido contigo para ayudarte a elegir novio.

–Su ayuda es lo que me ha llevado a esta situación. Le dijo a mi jefe que me iba a casar. Debería haberlo desmentido en aquel mismo momento, pero vi que mi jefe se interesaba por ella y no quise dejarla mal. Así que, ahora, tengo que seguir con la historia, ni más ni menos… No me gusta mentir. Las mentiras pueden hacer daño.

Por el tono de Anne, Bettina pensó que la joven lo decía por experiencia y aquello hizo que la apreciara. Además, le gustaba que se preocupara por su madre.

–¿Quieres una taza de té?

Anne miró el reloj.

–No, gracias. Lo siento, no sé cómo te llamas.

–Bettina.

–Bien, Bettina, pues me gustaría hacer esto cuanto antes porque tengo que volver al trabajo.

–Ya, lo que pasa es que tienes que rellenar una solicitud para que yo vea tus gustos, las flores que te gustan, la música que escuchas, los regalos que te sorprenden, etc. Luego, inventamos la historia de tu novio, te doy una foto y empezamos el noviazgo. Aunque no sea de verdad, los demás deben creer que sí lo es. ¿Alguna pregunta?

–Sí. ¿De dónde sacas las fotos?

–Son modelos. No temas, nadie reconocerá a tu novio –contestó Bettina sacando la solicitud de Anne–. Bien, si estás lista, me gustaría que me hablaras de ti en pocas palabras.

–Bueno –dijo Anne suspirando con impaciencia–. Trabajo en Montañas de Felicidad, una empresa de productos para bebés. El dueño, ese que a mi madre le gusta, cree que la gente que tiene hijos tiene una facilidad especial para vender a los que son como ellos. Yo quiero demostrarle que eso no es cierto, pero no me ha dado mucho tiempo. Resulta que uno de los vicepresidentes se jubila y el puesto podría ser mío. El único problema es que mi rival tiene un marido y dos hijos.

–¿Te gustan los niños?

–Me encantan, pero no pienso tenerlos –contestó Anne bajando la voz–. Como tampoco pienso tener marido, solo el que tú me inventes.

Bettina vio el brillo de rabia en los ojos de Anne y comprendió. Había visto el mismo brillo en los ojos de su hermano cuando la chica de Hawai de la que estaba enamorado murió. Desde entonces, se había convertido en un alma errante y habíadecidido no volverse a enamorar.

Bajo el seudónimo de Dane se había hecho un fotógrafo de renombre y podía elegir destino a la hora de trabajar. Fotografiaba selvas, yacimientos arqueológicos y todo tipo de acontecimientos. Aquello le daba dinero suficiente para no vivir en ningún lugar, tal y como se había propuesto. En sus fotos, ya no había mujeres, pero sí niños de vez en cuando. Había vendido solo un par de retratos en una galería de arte, pero los demás los tenía Bettina en el sótano de su casa.

Los niños y la familia no eran para gente como Mitchell y Anne. Entonces, lo vio claro. Abrió el cajón de su mesa y buscó el archivo de modelos. Decidió darle a Anne Harris el novio perfecto. Mitchell. Tal vez, si Faylene y ella se conchababan, podrían idear cómo hacer para convertir al novio de mentira de Anne en un hombre de carne y hueso.

–Creo que tengo al hombre que necesitas: Mitchell Dane.

Capítulo Uno

 

–Soy Anne Harris otra vez –dijo un susurro al contestador–. Tengo que ponerme en contacto con el modelo de la foto de Mitchell Dane. Es muy urgente.

Mitchell escuchó el mensaje alucinado. Era el tercero que la tal Anne Harris dejaba en el tiempo que a él le había dado a desayunar.

–Sé que va contra las normas de tu empresa, Bettina, pero tengo que hablar con él, de verdad.

Mitchell solo había ido a recoger el correo y a dejar sus últimas fotografías antes de ir a Carolina del Norte para seguir trabajando. Cuando se lo había dicho a su hermana, Bettina había decidido irse a ver a sus otros hermanos, que vivían en Wyoming.

Le estaba muy agradecido por dejarle que tomara su casa como cuartel general, pero aquello se le escapaba de las manos. ¿Cómo era posible que aquella mujer preguntara por él? Él creía que su hermana ya no utilizaba los catálogos con sus fotos. Había sido una cosa provisional porque, al principio, Bettina no tenía dinero para pagar a modelos profesionales y sus tres hermanos habían accedido a ser sus primeros novios imaginarios.

–Bettina, por favor, ¿dónde estás? Llámame en cuanto puedas. De lo contrario, toda mi vida se va a ir al garete.

Mitchell llamó a su hermana al rancho de Wyoming y le dejó un mensaje en el contestador. Pasó una hora y Bettina no dio señales de vida. La tal Anne Harris no había dejado un número, así que se acercó a la mesa de su hermana para ver si encontraba algo.

Sin saber por qué, sintió que debía arreglar el lío de la clienta de su hermana. Su voz sensual le intrigaba. Lo que no le cuadraba mucho era que una chica que alquilaba un novio imaginario tuviera esa voz. Se suponía que las clientas de su hermana eran mujeres tímidas que vivían la vida a través de las películas.

Hacía tiempo que no se interesaba por nada. El trabajo ya no lo llenaba, tantos aviones, tantos países que luego no recordaba. Solo se acordaba de los niños, de los niños, sí.

Se echó hacia atrás en la silla. Se preguntó por qué su hermana le había dado su nombre a Anne Harris.

En aquel momento, volvió a sonar el teléfono.

–Por favor, Bettina, soy Anne Harris de nuevo. De verdad, estoy metida en un lío de vida o muerte –dijo una voz desesperada–. Esto se está poniendo muy feo. Necesito que mi novio imaginario se haga realidad durante un par de días. No es solo mi trabajo lo que está en juego sino el futuro de mi madre. Estoy dispuesta a pagarle mil dólares –suspiró–. Por favor, Bettina, mi madre y tú me metisteis en esto. Ayudadme.

¿Bettina había metido a la señorita Harris en un buen lío? Mitchell se sintió responsable porque, al fin y al cabo, él había apoyado a Bettina en aquella locura.

¿Por qué lo buscaría aquella mujer?

¿Mil dólares por dos días de trabajo? Sonrió. No sabía lo que costaban dos días de Mitchell el soltero, pero dos días de Dane el fotógrafo salían por bastante más.

–Me hago completamente responsable del fin de semana –dijo Anne.

Por supuesto. Mitchell sabía lo que era hacerse responsable de otras personas. Tras la muerte de su padre, había tenido que renunciar a una beca como nadador para ponerse a trabajar como ayudante de fotografía y sacar a sus hermanos adelante. Luego, cuando Ran, Jess y Bettina fueron mayores, pudo irse a Hawai a seguir trabajando, pero en otro plan. Solo ganaba lo suficiente para comer y comprar carretes.

Hawai era la libertad, la vida y la belleza. Allí conoció a Melia, su modelo y su pareja. Eran jóvenes y no temían a nada. Estaban borrachos de amor. Entonces, le encargaron ir a fotografiar unas cascadas a una zona de la isla que los nativos tenían por sagrada e intransitable.

Melia lo había acompañado siempre en sus desplazamientos. Juntos, se habían metido en la selva, habían subido montañas y se habían jugado el tipo para obtener las fotografías más bonitas. Sin embargo, aquella vez, Mitchell tuvo dudas. No quería que lo acompañara. Ella insistió tanto que, al final, cedió. No paró de llover desde el principio. Como la lluvia no les hizo cejar en su empeño, los dioses decidieron recordarles que eran extraños en aquella tierra y que no eran bien recibidos.

Melia se cayó desde lo alto de la cascada y se mató. Mitchell se enteró cuando le hicieron la autopsia de que estaba embarazada. A partir de entonces, la belleza de la isla comenzó a desaparecer. Se concentró en el trabajo y decidió no volver a hacerse responsable de nadie. Entonces, comenzó la vida nómada que llevaba. Sin embargo, allí donde iba, veía la cara de su hijo muerto.

Y, de repente, se encontraba responsabilizándose de aquella Anne Harris de provocativa voz. Se dijo que no era un asunto personal, que solo era por ayudar a Bettina.

Entonces, se dio cuenta de que la mujer no había colgado el teléfono. Era como si lo tuviera contra el pecho, le pareció estar oyendo su corazón, pero lo que oyó fue una retahíla de improperios como hacía tiempo que no le oía a una mujer. Parecían palabras dirigidas al sexo masculino en general. Mitchell se sintió todavía más intrigado.

–Por favor –dijo Anne.

De repente, Mitchell sintió un pinchazo en la ingle y apretó los dientes. Además de tener la voz más sensual del mundo, decía «por favor». Lo necesitaba. Sin pensárselo, tomó el auricular.

–Acepto el trabajo, pero es mejor que sepa que viajo en primera y no hago nada a medias.

Se hizo un largo silencio.

–¿A qué número he llamado?

Mitchell le dio el teléfono.

–Ha llamado a Bettina, ¿verdad? Está de viaje.

–Estupendo. Primero desaparece mi madre y, ahora, Bettina. ¿Quién es usted?

–Soy Mitchell, el hombre al que está buscando, ¿no?

–Sí, pero usted no lo entiende. Tiene que ser el Mitchell de verdad. Mis compañeros han visto su foto. Si ahora les llevo a otro, mi carrera profesional se va a la porra.

–Soy el Mitchell de verdad, se lo aseguro.

–¿A quién pretendo engañar? Sin marido, estoy donde empecé y todo por mi culpa. ¿Cómo me he metido en esto?

–¿Marido? –preguntó Mitchell. Aquello no formaba parte del plan–. ¿Cómo es ese tal Mitchell?

–En la foto que yo tengo, está en una playa con una gran roca negra, mirando a la cámara. Es alto, de pelo ámbar oscuro… y… mirada triste.

La playa de la roca negra. La recordaba perfectamente. Melia y él habían pasado momentos muy especiales allí. Aquellos recuerdos fueron como un puñetazo en el estómago. Creía haberlos superado, pero, obviamente, no era así.

–¿Sabe la fotografía a la que me refiero?

–Sí –contestó arrepintiéndose de todo aquello–. Mire, creo que será mejor que espere a que vuelva Bettina.

–En condiciones normales, yo opinaría lo mismo, pero no puedo esperar. Si consigo al Mitchell de verdad, todavía tengo una posibilidad de que me asciendan. Con ese ascenso, podré ocuparme de mi madre.

Su madre. Estaría enferma. Por eso, estaba tan desesperada.

–Soy Mitchell. Le prometo que soy el hombre que está buscando.

–Eso espero –contestó ella resignada–. Lo tengo todo planeado. Nos vamos a alojar en la cabaña que un amigo tiene en el lago, cerca de la del señor Jacobs. He creído que sería mejor que pudiéramos hablar tranquilamente, para ponernos de acuerdo y ensayar nuestra historia, antes de presentarle a mi jefe.

–¿Ensayar? –repitió Mitchell con imágenes eróticas bailándole en la cabeza–. Suena… interesante.

–Es trabajo. Soy una persona seria, no se preocupe. Usted limítese a tener la mente abierta, lo tengo todo planeado.

Mitchell solo podía pensar en qué habría querido decir su «prometida» con aquello del ensayo.

–Puede que quiera pensárselo dos veces porque actúo por instinto.

–No hay tiempo, Mitchell. Traiga ropa informal para el lago y un traje para la boda. No sé por qué todo el mundo se tiene que casar en junio. ¡Con el calor que hace! Por cierto, no quiero saber quién es usted en realidad. Bettina me dijo Mitchell Dane y así es como lo conocen mis compañeros. Al menos, Bettina les pone apellidos a sus novios imaginarios porque el suyo es todo un secreto.