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«Su excitación aumenta dentro de mí y se extiende por todo mi cuerpo, entregado a él. Mis gritos se encadenan y se mezclan con los suyos. Mi orgasmo es tan brutal como el primero, al igual que el suyo».Arja es una apasionada de las monedas y de su país, la India. Muy dedicada a la vida local de su barrio en Bombay, cuida de unos niños desfavorecidos a los que lleva con frecuencia a buscar metales en la playa. En una de estas salidas, conocerá a un hombre seductor que parece compartir con ella la misma pasión por las monedas raras y que guiará a los pequeños a un emplazamiento que podría esconder el tesoro de sus vidas. ¿Cuánto valen realmente las monedas que van a encontrar y qué oculta el guapo numismático que conoce en la playa? A veces, un tesoro puede esconder otro... -
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Seitenzahl: 31
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Chrystelle LeRoy
LUST
Un preciado tesoro
Original title:
Un trésor si précieux
Translated by Raquel Luque Benítez
Copyright © 2019 Chrystelle LeRoy, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726356069
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
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—Hola, ¿la caza es buena?
Una voz masculina detrás de mí.
Esta mañana, la playa está prácticamente desierta. Los únicos humanos a la vista son los cazadores de monedas antiguas recorriendo kilómetros de arena a lo largo del mar de Omán con sus detectores, casi todos artefactos improvisados. A veces los acompañan niños, fascinados por la leyenda sobre la búsqueda del tesoro. El cielo cerca de Mumbai es de un azul límpido, el mar empuja sus olas hacia la orilla.
Y esa voz detrás de mí.
Me giro.
Detrás encuentro mi versión masculina: el mismo viejo pantalón enrollado hasta las rodillas, la misma camisa anticuada y, en la mano, un detector de metales visiblemente restaurado y mejorado como solo pueden hacerlo los expertos en electrónica, como yo y mi interlocutor, según parece. La única diferencia es que no ha creído necesario cubrirse la cabeza con una pañoleta. No le habría ido mal. Tiene rasgos casi femeninos, con un rostro delicado y animado con grandes ojos de mirada viva, y es alto y delgado. En general prefiero los hombres más fuertes, pero él tiene esa especie de belleza que cautiva y libera una energía particular, una impresión de calor humano que inspira confianza.
—Me llamo Madan —me dice el desconocido con una gran sonrisa.
Su cálida voz aumenta innegablemente su encanto. Le estrecho brevemente la mano que me tiende.
—Arja —respondo.
Madan, el desconocido, me observa con una curiosidad impregnada de simpatía.
—Nunca la había visto por aquí. ¿Es la primera vez que viene? —me pregunta.
El viento juega con sus morenos rizos, el olor del mar embelesa mis sentidos y, desgraciadamente, no añado nada más a mi talentosa oratoria. Soy pésima en el arte de la conversación, poco importa la fuente de inspiración. En otras circunstancias habría tentado a la suerte, pero el grupo de niños a los que he llevado está poco más allá en la playa, liderados por Balaji, y todos con su detector de metales. Bastante a menudo, cuando hallamos algo, los anticuarios que revenden a los turistas nos acosan y nos intentan comprar por algunas rupias las monedas antiguas que encontramos. Evidentemente, no valen mucho, pero algo es algo y, de todas formas, a los niños les encanta limpiarlas, identificarlas y clasificarlas.
El guapo Madan parece buena persona, pero no quiero arriesgarme a fastidiar el día a los pequeños.
—Solo he venido con un grupo de niños a cuyas familias ayudo un poco. Así salen de sus barrios y aprenden algo.
¡Uf! He conseguido decirlo, con un tono neutro y sin mascullar. Este Madan tiene el buen gusto de sonreír. Si me sonrieran así cada vez que digo algo…
Madan parece encantado de estar allí y se pone a explicarme cosas que yo ya sé. Como el que habla es él y paseamos a lo largo de la playa al ritmo de los niños, finalmente me alegro de haberle dejado quedarse. Más aún teniendo en cuenta que es buen narrador y un evidente apasionado de la numismática.
