Una bendición llamada sexo - Alex Chiang - E-Book

Una bendición llamada sexo E-Book

Alex Chiang

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Beschreibung

Paradójicamente, como señala el autor, muchas veces en la experiencia de la familia como en la iglesia, la sexualidad en vez de ser una bendición ha sido un tropiezo o algo que ha traído mucho dolor. En las páginas de este libro los lectores encontrarán una visión cristiana del cuerpo y la sexualidad y concluirán en que el sexo es una bendición. ¿Cuál es el fin último del amor y la sexualidad? ¿Por qué los hombres y las mujeres necesitan amar y ser amados? ¿Cómo responden las Escrituras a los mitos que sobre el sexo la sociedad ha construido? ¿En qué difiere el amor de la pasión?

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Seitenzahl: 89

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Sinopsis

Paradójicamente, como señala el autor, muchas veces en la experiencia de la familia como en la iglesia, la sexualidad en vez de ser una bendición ha sido un tropiezo o algo que ha traído mucho dolor.

En las páginas de este libro los lectores encontrarán una visión cristiana del cuerpo y la sexualidad y concluirán en que el sexo es una bendición.

• ¿Cuál es el fin último del amor y la sexualidad?

• ¿Por qué los hombres y las mujeres necesitan amar y ser amados?

• ¿Cómo responden las Escrituras a los mitos que sobre el sexo la sociedad ha construido?

• ¿En qué difiere el amor de la pasión?

Una bendición llamada sexo

Alex Chiang

© 2011 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma

Segunda edición digital: enero 2021

Categoría: Jóvenes - Sexualidad

ISBN N° 978-612-4252-95-2 | Edición digital

ISBN N° 978-9972-701-46-7 | Edición impresa

Editado por:

© 2021 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma

Av. 28 de Julio 314, Int. G, Jesús María, Lima

Apartado postal: 11-168, Lima - Perú

Telf.: (511) 423–2772

E-mail: [email protected] | [email protected]

Web: www.edicionespuma.org

Ediciones Puma es un programa del Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip)

Diseño de carátula: Adilson Proc

Diagramación y ePub: Hansel J. Huaynate Ventocilla

Reservados todos los derechos

All rights reserved

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o introducida en un sistema de recuperación, o transmitida de ninguna forma, ni por ningún medio sea electrónico, mecánico, fotocopia, grabación o cualquier otro, sin previa autorización de los editores.

Salvo que se mencione otra versión, las citas bíblicas corresponden a la Nueva Versión Internacional (nvi.)

ISBN N° 978-612-4252-95-2

A mi hija Daniela, joven del mañana, eterna niña en mi corazón

Prólogo

Concebir el sexo como una bendición de Dios puede parecer desconcertante para muchos debido a la persistencia de un falso pudor que condiciona tanto la comprensión como el ejercicio de la sexualidad. Elevado ha sido el costo que se ha pagado —y aún se sigue pagando— por el error de ver en el sexo algo esencialmente pecaminoso. Este modo de pensar —hay que decirlo enfáticamente— impide las posibilidades de vivir plena y constructivamente la sexualidad tanto en hombres como en mujeres.

Las Escrituras afirman que Dios creó al ser humano a su imagen, y esto está relacionado con la existencia humana en las formas masculina y femenina (Gn 1.27; 2.18, 24). Desde este punto de vista, la relación varón-mujer refleja en parte la imagen del Creador, razón por la cual recibe su bendición (Gn 1.28). Así, varón y mujer fueron creados el uno para el otro, es decir, para ser uno; esto implica que en el marco de la relación Dios-hombre, ninguna relación humana es tan vital y decisiva como la del sexo. La vida sexual abarca, pues, todo lo que se vive como hombre o como mujer; abarca también la manera en que hombres y mujeres se relacionan entre sí.

Las relaciones entre hombres y mujeres, o sea, la unidad de ambos en sus mejores expresiones, refleja la imagen de Dios. Sin embargo, dichas relaciones pueden también volverse destructivas, evidenciando asombrosamente los extremos a los que puede llegar la corrupción humana en el ejercicio de la sexualidad. Sexo y sexualidad pueden así convertirse en un fin en sí mismos; es decir, en algo enfermo y destructivo.

Precisamente, los mitos construidos con relación al sexo expresan la distorsión de su verdadero sentido en la vida humana. No se puede negar que el don de Dios, cuyo propósito es terminar con la soledad humana y la perpetuación de la raza dentro del marco del amor, se ha convertido en un medio de placer egoísta. Por causa del pecado, la sexualidad ha sido desviada de su propósito original y convertida en algo destructivo.

Si bien el sexo, al ser explotado y deificado, puede convertirse en algo destructivo, puede también ser transformado por la redención. Tanto es así que las Escrituras usan la relación íntima, emocional, física y espiritual entre el hombre y la mujer como una analogía de la relación que hay entre Dios y su pueblo, entre Cristo y su Iglesia. La vida sexual plena y constructiva depende de las condiciones que la aproximan al propósito de Dios. Y ella encuentra en el matrimonio su ámbito de legítima expresión.

Cabe indicar, finalmente, que en vista de la importancia del tema, Ediciones Puma ha creído conveniente publicar la segunda edición de este libro que contiene tres de los trabajos del pastor Alex Chiang dirigidos principalmente a los jóvenes. El estilo y la claridad del autor hacen de este libro un instrumento útil para todos aquellos que desean una orientación cristiana sobre aspectos claves de la sexualidad humana.

Los editores

Capítulo I

Una bendición llamada sexo

Así quedaron terminados los cielos y la tierra,

y todo lo que hay en ellos.

Al llegar el séptimo día, Dios descansó

porque había terminado la obra que había emprendido.

Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó,

porque en ese día descansó de toda su obra creadora.

Ésta es la historia de la creación

de los cielos y la tierra.

Cuando Dios el Señor hizo la tierra y los cielos, aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra, ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra ni existía el hombre para que la cultivara. No obstante, salía de la tierra un manantial que regaba toda la superficie del suelo. Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente.

Dios el Señor plantó un jardín al oriente del Edén, y allí puso al hombre que había formado. Dios el Señor hizo que creciera toda clase de árboles hermosos, los cuales daban frutos buenos y apetecibles. En medio del jardín hizo crecer el árbol de la vida y también el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Del Edén nacía un río que regaba el jardín, y que desde allí se dividía en cuatro ríos menores. El primero se llamaba Pisón, y recorría toda la región de Javilá, donde había oro. El oro de esa región era fino, y también había allí resina muy buena y piedra de ónice. El segundo se llamaba Guijón, que recorría toda la región de Cus. El tercero se llamaba Tigris, que corría al este de Asiria. El cuarto era el Éufrates.

Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.»

Luego Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» Entonces Dios el Señor formó de la tierra toda ave del cielo y todo animal del campo, y se los llevó al hombre para ver qué nombre les pondría. El hombre les puso nombre a todos los seres vivos, y con ese nombre se les conoce. Así el hombre fue poniéndoles nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo. Sin embargo, no se encontró entre ellos la ayuda adecuada para el hombre.

Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó:

«Ésta sí es hueso de mis huesos

y carne de mi carne.

Se llamará “mujer”

porque del hombre fue sacada.»

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser.

En ese tiempo el hombre y la mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentía vergüenza.

Génesis 2

Es paradójico el título del libro. Para muchas personas, familias e iglesias, la sexualidad es una fuente permanente de sufrimiento y conflicto. Violación, fornicación, infidelidad, embarazos no deseados, aborto, etc., son palabras comunes tanto para cristianos como no cristianos. El sexo es una experiencia muy negativa en innumerables jóvenes y adultos. Sin embargo, la Biblia afirma que la sexualidad es una gran bendición. La sexualidad vivida acorde con el plan de Dios es un factor de crecimiento y realización personal.

La sexualidad en el plan de Dios

Empiezo con las siguientes preguntas: ¿Cuál es el fin último del amor y la sexualidad en una pareja?, ¿por qué los seres humanos tienen impulsos, necesidades e inclinaciones sexuales?, ¿por qué los hombres y mujeres necesitan amar y ser amados?

La sexualidad: más allá de la reproducción y el placer

Existen dos típicas respuestas a estas interrogantes. La primera ubica la sexualidad en el ámbito de la reproducción. Para un biólogo, el enamoramiento humano tiene como propósito fundamental unir sexualmente a una pareja. De esa manera se asegura la continuidad de la especie humana. Esta visión de la sexualidad imperó fuertemente en la Edad Media. Caló tan profundo que hasta el día de hoy persiste en sectores conservadores de la cristiandad. Desde esta perspectiva, todo intento de limitar o coactar el potencial reproductivo, aun por medio de sistemas de control no abortivos, es condenado. Significaría degradar la sexualidad humana.

La segunda respuesta ubica la sexualidad en el ámbito del placer. Si se le propusiera a un joven: “Tú sólo debes tener relaciones sexuales cuando quieras tener un hijo”, ¿qué respondería?, ¿estaría de acuerdo? Por supuesto que no. Sería una propuesta absurda. Para la cultura juvenil, el sexo es una fuente de sensaciones altamente placenteras. El sexo ha dejado de ser una manera de decir te amo para reducirse a una forma desesperada de encontrar placer en una sociedad en crisis. Una gran cantidad de adolescentes descubre su sexualidad totalmente divorciada de la afectividad.

Las Escrituras judeo-cristianas reconocen la profunda conexión entre sexualidad y fecundidad, así como entre sexualidad y placer; pero no la define principalmente a partir de sus dimensiones reproductiva y erótica.

El propósito del amor y la sexualidad

«No es bueno que el hombre esté solo […]» (Gn 2.18a). Con estas palabras, se inicia la creación de la primera pareja sexual: Adán y Eva. Este fragmento del Génesis aborda la problemática con que desarrollamos este capítulo: ¿Cuál es la finalidad última del amor y la sexualidad en una pareja? La Biblia responde categóricamente: terminar con, o poner fin a nuestra soledad. Desde una cosmovisión cristiana, el amor y la sexualidad humana alcanzan su plenitud cuando nuestra soledad llega a su final.