Una escuela para cada estudiante - Nelson Beaudoin - E-Book

Una escuela para cada estudiante E-Book

Nelson Beaudoin

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"Podemos ser faros de esperanza para nuestros alumnos y apoyarles en su intento de dar lo mejor de sí mismos". Con esta frase el autor del libro resume bien no sólo el mensaje que nos quiere transmitir, sino también la forma en que él mismo entiende la educación: cada alumno es único para el educador auténticamente apasionado por su profesión. Este libro, motivador y de fácil lectura, está lleno de anécdotas e historias vividas por su autor tras muchos años en las aulas como profesor y como director de varios centros educativos. Escrito en torno a centros de interés de la profesión docente, cierra cada capítulo con una serie de preguntas que invitan al profesor a reflexionar sobre su desempeño profesional y a compartir estas reflexiones con sus compañeros de trabajo. Su autor nos ofrece una mirada positiva y esperanzadora sobre el trabajo cotidiano del profesor y que nos recuerda todo lo que un auténtico educador puede hacer por cada uno de sus alumnos y alumnas.

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Seitenzahl: 220

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Una escuela para cada estudiante

La relación interpersonal, clave del proceso educativo

Nelson Beaudoin

NARCEA, S. A. DE EDICIONESMADRID

Índice

PREFACIO

INTRODUCCIÓN:

¿Por qué no conseguimos lo que nos proponemos?

Capítulo 1: Trabajamos para nuestros alumnos

Una escuela para cada estudiante

La magia está en ellos

Aprender haciendo

Empezar desde abajo

La aportación del estudiante

Conseguir que los estudiantes se preocupen por su educación

Cuestiones para el diálogo

Capítulo 2: Oportunidades para que los estudiantes “tengan voz”

Dar voz a los estudiantes

Tener voz en el aula

Democracia en marcha

Las escuelas son para los alumnos

Cuestiones para el diálogo

Capítulo 3: La relación interpersonal, lo más importante

Educar, una profesión persuasiva

Mantener cada vela encendida

Siempre estamos empezando

Tres regalos en uno

Dedicar tiempo a cada estudiante

Lo que está más allá del currículum

Cuestiones para el diálogo

Capítulo 4: Enseñar y aprender

Aprendizaje reflexivo

Tres objetivos para la mejora escolar

Comunidades de Práctica (CdP)

Comunidades de aprendizaje

Rasgos de los profesores excelentes

Dirección y control de la clase

Cuestiones para el diálogo

Capítulo 5: Doce principios para ser un profesor excelente

1. Tener capacidad resolutiva

2. Ser persona reflexiva

3. Ser rigurosos en la tarea

4. Actuar con respeto

5. Responder siempre

6. Establecer rutinas

7. Ser un modelo para los estudiantes

8. Evitar el estrés

9. Actuar con responsabilidad

10. Tener grandes expectativas

11. Ser resilientes

12. Considerar la enseñanza como recompensa de sí misma

Un último consejo: “jugar” en equipo

Cuestiones para el diálogo

Capítulo 6: Contemplar la educación desde una perspectiva más amplia

Para mejorar es inevitable el cambio

Tomar decisiones

Encontrar nuestro camino

Escoger nuestra propia actitud

Dar esperanza a los estudiantes

¿Estamos dispuestos a comprometernos con la mejora escolar?

Cuestiones para el diálogo

Bibliografía

Webgrafía

Prefacio

Escribir un libro con la idea de cuestionar el pensamiento actual acerca de cómo deben estructurarse las escuelas es un proceso a la vez sobrecogedor e inspirador. El hecho de saber que mis ideas y opiniones serán examinadas en público, promoviendo quizá el juicio de los lectores, cuyos puntos de vista pueden ser diferentes al mío, es una propuesta aterradora. Sin embargo, ese temor queda contrarrestado por la alentadora posibilidad de que este libro contribuya a crear un entorno de aprendizaje más enriquecedor para los estudiantes. La promesa de que este trabajo permita a los educadores centrarse en cada alumno o alumna y tenga una influencia positiva en los centros escolares hace que esta tarea resulte más gratificante que arriesgada.

Mientras trabajaba en incontables borradores, el pensamiento de conseguir que ciertos directores escolares incorporaran estas ideas a su propio quehacer me infundió sobre la marcha una nueva inspiración. La visión de un director o directora que pidiera a los profesores que leyeran este libro con el fin de lograr mejores resultados de sus alumnas y alumnos ha guiado y sostenido mis esfuerzos. Creo firmemente que los directores y los profesores tienen que leer y tener en cuenta la información presentada en este libro y que todos los centros escolares pueden beneficiarse de estas ideas, experiencias y creencias.

En muchos sentidos, las escuelas son lugares de acontecimientos y argumentos comunes y transferibles. Las anécdotas que aparecen en este libro son relatos concretos de hechos, tal como se produjeron. Son historias verdaderas y estrategias reales, ocurridas en escuelas auténticas. Las incluyo con objeto de provocar el pensamiento del lector sobre la educación y para presentar formas concretas de repensar prácticas y programas vigentes.

Deseo ofrecer una visión diferente, que impulse el debate sobre la mejora educativa, adoptando un enfoque personalizado que coloque a cada alumno y a cada alumna en el centro de la educación.

Mi deseo de iluminar los fundamentos de una buena educación tiene raíces profundas. He sido alumno y, posteriormente, profesor y/o director en diez institutos diferentes desde que entré en la enseñanza en septiembre de 1963. Durante los cuarenta y cinco años siguientes, he sido testigo de grandes éxitos y decepcionantes fracasos en las instituciones que he llamado “mi casa”. En la mayoría de los casos, la diferencia entre el éxito y la frustración no se debió a algún programa mágico ni a un esfuerzo sobrehumano, sino, más bien, a una alianza clara entre las creencias educativas y las prácticas educativas.

Aunque muchas personas ingresan en la educación porque quieren ayudar a los niños y jóvenes a crecer y aprovechar el tiempo, por desgracia, la mayoría de nuestros centros están estructurados de manera que nuestros estudiantes estén indefensos.

Este libro demostrará las abundantes posibilidades que existen para estudiantes, profesores y toda la comunidad educativa, cuando estamos dispuestos a comenzar desde un lugar fundamental en el que cada estudiante tenga valor y voz.

Aunque estoy de acuerdo con muchos que creen que el sistema educativo está en crisis, no lo estoy con el remedio de “uniformar” la enseñanza que constituye muchas veces el telón de fondo de la práctica escolar. Lo que de verdad hace falta no suele formar parte de la solución. Con el fin de empezar a trabajar para llegar a soluciones, debemos aprovechar ideas que funcionen.

Debemos centrarnos más en maximizar el rendimiento de cada estudiante que en comparar sus logros con los de otros estudiantes. Tenemos que reconocer que las expectativas tienen mucho más que ver con las aportaciones iniciales que con los resultados. Tenemos que centrar la atención en la importancia y en los aspectos prometedores de nuestros alumnos y alumnas y no en sus limitaciones. Al adoptar unas prácticas personalizadas, podemos animar a los estudiantes para que trabajen a un mayor nivel y ejemplificar el dicho de que “el éxito llama al éxito”.

Examinaremos actitudes y creencias comunes a todos los educadores y argumentaremos que las respuestas a nuestros problemas más desconcertantes las tenemos ante nosotros: en los estudiantes a los que damos clase. Un cambio fundamental en la misión básica de la escuela puede facilitarnos un progreso muy necesario. Pasar de una escuela para todos los estudiantes a una escuela para cada estudiante puede llevar a unos resultados de aprendizaje muy mejorados al satisfacer las necesidades y los deseos de cada alumna o alumno.

El modelo de cambio hacia Una escuela para cada estudiante se diferencia de otras muchas ideas que se están presentando en la actualidad para mejorar las escuelas, en que el sistema de impartición está constituido por unos magníficos profesores y directores. Todo incremento de la eficacia de las escuelas debe comenzar por el educador.

Usted ha escogido este libro, por lo que daré por supuesto que le interesa la idea de mejorar el entorno de aprendizaje de su centro. Es posible que le haya llamado la atención la palabra cada del modelo de cambio. O quizá simplemente se haya cansado de “lo de siempre” y esté buscando una orientación mejor.

En cualquier caso, le animo a que emprenda este viaje con la mente abierta y considere hasta qué punto coinciden estas ideas con lo que usted cree realmente acerca de su trabajo con cada estudiante confiado a su atención y sobre su influencia en él.

Está emprendiendo un viaje que pretende obligarle a contemplar su centro escolar, su trabajo y a sus alumnos desde una perspectiva nueva. En cada estudiante reside la magia y la promesa que necesitamos para tener más éxito y realizarnos más plenamente como educadores, al satisfacer mejor sus necesidades. Después de todo, nuestro trabajo se refiere, ante todo, a nuestros estudiantes. Confío en que dé por bien empleados su tiempo y su esfuerzo consagrados a esta tarea. Por regla general, el cambio empieza por una persona, una idea y una estrategia a la vez. ¡El reto de crear una escuela personalizada para cada estudiante comienza por usted!

CÓMO UTILIZAR ESTE LIBRO

Este libro se ha escrito para ayudar a los educadores a investigar sus actitudes hacia los estudiantes, para considerar el grado en el que los estudiantes deben convertirse en el centro de atención de la programación educativa y para mejorar los resultados del aprendizaje de cada alumno1. Se proponen dos posibles formas de leer este libro que se explican a continuación.

Por un lado, el libro se ha estructurado para promover un par de horas de introspección personal que ponga a los lectores en contacto con la sencilla idea de crear una escuela para cada estudiante. En ese sentido, puede darse una interacción tradicional entre el lector y las páginas que siguen. Las ideas que presentamos se contemplan en el contexto de las experiencias del lector y provocan acuerdo, desacuerdo, acción o inacción. Los cambios en la práctica docente o administrativa se producirán de acuerdo con la disposición del lector. Si usted es de las personas que quiere hacer una rápida lectura que se centre en una auténtica enseñanza a los estudiantes y no en mejorar las puntuaciones en los exámenes, ¡sea bienvenido! Espero que se sienta enriquecido e inspirado por la lectura de este libro.

Por otro lado, este libro está pensado, también, para provocar entre los educadores conversaciones sobre cuestiones relevantes de la educación de nuestros días. Uno de los temas centrales de este libro es la idea de que los resultados educativos mejoran en un clima de reflexión y colaboración.

Esta obra pretende facilitar a los educadores temas de diálogo profesional que promuevan conversaciones sobre la vida y la práctica escolar. Si este libro se utiliza con un compañero de lectura, en un equipo o dentro de una actividad de formación profesional continua del profesorado, los resultados pueden ser exponenciales.

El libro está dividido en seis capítulos precedidos de una introducción que nos ayuda a situarnos ante los elementos clave de la obra. Cada uno de los capítulos se centra en un tema específico que se presenta con un breve panorama del mismo. Tras este panorama general, hay una serie de epígrafes cortos que se extienden en el tema del capítulo. Cada epígrafe puede leerse en menos de cinco minutos, mientras que el capítulo más largo puede leerse en una media hora.

Este formato permite la reflexión inmediata y el diálogo correspondiente sobre las ideas presentadas en reuniones de grupo.

A lo largo del libro narramos algunas historias, sobre hechos o situaciones vividas, y que ayudarán al lector a comprender y contextualizar las ideas que quedan expresadas en él.

Por último, a final de cada capítulo, incluimos unas cuestiones para el diálogo relativas a lo expresado en el mismo. Estas cuestiones están pensadas para ayudar a los lectores a reflexionar sobre el material de todo el capítulo y a tener en cuenta sus relaciones con otros temas.

Introducción

¿Por qué no conseguimos lo que nos proponemos?

Creo que sabemos con certeza lo que funciona en las escuelas. En realidad, podemos sintetizar todos los pensamientos de nuestros directivos y expertos educativos y elaborar una lista bastante corta de métodos de enseñanza eficaces. La buena educación nunca ha sido un misterio.

Bonnie Benard (2004), en su investigación sobre la resiliencia, encontró tres factores protectores necesarios para apoyar el desarrollo de los jóvenes. Descubrió que las relaciones afectuosas, las expectativas elevadas y las oportunidades de participar y contribuir que ofrezcamos a los estudiantes son los factores fundamentales del éxito de los jóvenes.

Cada uno de estos tres factores interaccionan entre sí. Los he reflejado en los círculos de la figura que sigue.

RELACIONES AFECTUOSAS

Los hallazgos de Benard no son ninguna rareza; se pueden examinar los trabajos de incontables estudiosos e investigadores y descubrir sorprendentes coincidencias. Todos los líderes educativos que cito a continuación hablan de éxitos educativos en el contexto de tres áreas de atención muy similares.

Lo que Benard llama “relaciones afectuosas”, Robert Evans (2004) lo denomina “acogedor” y Michael Fullen (2006) “personalización”.

Bill y Melinda Gates optaron por el término “forjar relaciones”, mientras que Russell Quaglia habla de “dar a cada estudiante una sensación de pertenencia y de logro”.

De modo semejante, Alfie Kohn (2001) habla de construir una “comunidad afectuosa”, como clave para crear una escuela exitosa.

Podríamos continuar añadiendo más nombres de visionarios educativos y sus correspondientes terminologías, pero la observación ya está hecha. Muchos pensadores educativos proponen alguna idea que coincide con la de “relaciones afectuosas” de Benard.

Prácticamente todas las personas de éxito que conozco se vieron afectadas, en algún momento de su época de educandos, por los aspectos interpersonales de la enseñanza que se representan en la columna Aspectos Afectivos, en el esquema que figura al final de esta Introducción.

Podríamos llamarla también acogida, construcción de relaciones, personalización o, como diría Stephen Covey, “cariño”, pero lo más importante es que sabemos que es fundamental para el éxito educativo.

El aspecto interpersonal y afectivo de la educación expresa uno de los elementos clave de una escuela para cada estudiante y, a lo largo de este trabajo, iremos entretejiendo ideas para promover conexiones emocionales. Sostendré y daré apoyo a mi tesis de que, si queremos lograr grandes resultados para nuestros estudiantes, primero tenemos que impactarlos emocionalmente.

EXPECTATIVAS ELEVADAS

Los recientes estándares y el movimiento para la rendición de cuentas nos dirigen hacia el segundo círculo de la corta lista de Benard acerca de lo que es vital para las escuelas de calidad: las expectativas elevadas.

Una vez más, empleando diversos términos, todos dicen esencialmente lo mismo. Benard reclama unas “expectativas elevadas”; Gates habla de rigor; Evans insiste en la necesidad de “estructura”; Quaglia hace hincapié en el reto y la motivación; Covey aporta la idea de “aprendizaje”; Michael Fullen promueve el pensamiento de precisión, y Kohn insiste en la necesidad de un currículo atractivo. Todos ellos aluden a los estándares o a los resultados del aprendizaje por los que trabajan los educadores.

¿Qué intentamos que aprendan y sean capaces de hacer los estudiantes? ¿Cuál es la esencia de nuestro trabajo? ¿Cómo podemos mejorar nuestra práctica para que nuestros estudiantes aprendan?

Este libro considerará estas cuestiones, relativas a como podemos llevar a cabo el trabajo de mejorar la enseñanza y el aprendizaje, o lo que hemos llamado Aspectos Sustanciales en la segunda columna del esquema mencionado, asumiendo una misión que apoya el éxito de cada alumno.

En esa columna figuran conceptos como el rigor, la estructura, los estándares y la motivación; no tanto lo que deberíamos enseñar en términos de contenidos, sino en el sentido de que la ubicación del estudiante como centro del proceso pueda utilizarse para conducirlo a un mayor rendimiento.

Cuando decimos una escuela para cada estudiante, consideraremos la idea de que las escuelas no pueden mejorar a menos que coloquemos a grandes profesores en las aulas. Con independencia de lo avanzados que estemos en otras áreas de la educación, es posible que no seamos capaces de alcanzar nuestros objetivos sin buenos profesores.

Del mismo modo que esta obra pretende desafiar a los docentes y aspira a hacer que consigan mayores logros, está escrita a sabiendas de que muchos trabajan esforzadamente para conseguir grandes cosas, pero en unos entornos casi imposibles. Espero que la atención dedicada a la enseñanza de calidad valide su trabajo como profesores, y estimule a los responsables políticos para que les faciliten los medios y el apoyo necesarios para el cumplimiento de su misión.

OPORTUNIDADES DE PARTICIPAR Y CONTRIBUIR

El tercer componente para conseguir unos resultados académicos satisfactorios es mi preferido y podemos decir que es el que menos atención suscita.

En su tercer círculo, Benard (2004) no solo desafía a los educadores a mantener unas expectativas elevadas con respecto a los niños y jóvenes en un entorno afectuoso, sino también a darles oportunidades de participar y de hacer aportaciones.

De igual modo, la Gates Foundation señala la importancia de hacer que el aprendizaje sea relevante. Evans señala que dar libertad a los estudiantes es esencial para su éxito, mientras que Kohn habla de la importancia de que el estudiante pueda elegir. Quaglia propone dar oportunidades a los estudiantes para que dirijan y emprendan acciones.

Todas estas ideas se refieren, en realidad, a dar ocasión a los estudiantes para que dejen huella o lo que Covey llama “dejar un legado”. La tercera columna del esquema, Aspectos Participativos, presenta cómo llaman los pensadores educativos a este tercer componente de las escuelas de calidad.

A lo largo de este libro desarrollaremos la idea de que los estudiantes deben hacer su aportación y conoceremos distintas formas en las que podemos conseguir este objetivo.

Cuando esto se hace bien, puede convertirse en la base de una escolaridad excepcional. Debemos tratar por todos los medios de que nuestros estudiantes destaquen, que sean importantes. La filosofía de ayudar a los estudiantes a destacar ha estado en el centro de mi trabajo durante casi dos décadas.

Cada día que pasa, me convenzo aun más de que debemos esforzarnos para ayudar a los estudiantes a que lleguen a ser alguien.

Dedico un capítulo del libro a cada uno de estos tres componentes necesarios de las escuelas de éxito: relaciones afectuosas, enseñanza y aprendizaje y ayudar a los estudiantes a destacar.

Incluyo también otros capítulos para examinar las estrategias de liderazgo, la promoción del cambio y otras ideas encaminadas a ampliar las perspectivas educativas y ayudar a desarrollar en las escuelas una cultura que se centre más y más en cada estudiante.

Aunque las ideas presentadas en este libro sean engañosamente sencillas y directas, los ideales que representan son vitalmente importantes; pero esto no significa que las herramientas necesarias para mejorar nuestras escuelas sean complicadas o misteriosas. Todos los recursos que necesitamos están en nuestras creencias y actitudes con respecto a los alumnos.

La mejora de la escuela y el éxito de cada estudiante solo serán posibles en un clima de optimismo y confianza. El optimismo y la confianza se cultivan en un entorno que reconozca la fuerza de la educación, cuya esencia estamos tratando de conseguir con nuestros alumnos, y con un compromiso inquebrantable para hacer las mejores escuelas para ellos.

Capítulo 1

Trabajamos para nuestros alumnos

“El trabajo de los educadores debe consistir en ayudar a los estudiantes a hacerse visibles”.

SAM CHALTAIN

El documental francés Ser y tener2 nos propone un maravilloso modelo para hacer realidad nuestro enfoque de lograr una educación para cada estudiante.

En el documental, Georges Lopez, el celebrado maestro de una escuela unitaria de la Francia rural, demuestra una destreza y una habilidad notables para mantener centrada la atención en los alumnos y alumnas. Cada vez que veo este documental, me asombra cómo enfoca este educador tranquilamente sus responsabilidades docentes. Es como si el mundo que le rodea se moviese a cámara lenta. Las necesidades educativas y emocionales de cada alumno ocupan siempre el primer plano de su visión y todo lo demás parece secundario.

En este conmovedor tributo a todos los maestros, Lopez personifica la capacidad de ser paciente, afectuoso, organizado, atento, firme, cariñoso, sensible y entregado.

Cuando examinemos las ideas presentadas en este capítulo, tengamos presente esta idea del maestro que presta una atención inquebrantable a cada alumno. Conviene recordar que nuestro trabajo es siempre para ellos, para nuestros alumnos.

Comenzamos nuestro recorrido acerca de cómo crear una escuela para cada alumno con una primera tarea: hacer que nuestro trabajo como educadores sea efectivamente para ellos. A primera vista, esta debería ser la idea más sencilla de todas las que tengamos que incorporar a nuestro trabajo, pero, por desgracia, es una de las más difíciles.

Yo, y sospecho que la mayoría de los maestros, elegimos la educación como profesión para estar con los niños y ayudarlos a aprender. La idea de que nuestro trabajo debe ser para los niños tendría que ser una conclusión evidente; sin embargo, me duele tener que decir que no es así. Nuestro fin original se aleja; de hecho, nos apartamos de los estudiantes y nos centramos más en los contenidos curriculares, las puntuaciones de los exámenes, las exigencias de los padres, los problemas económicos, la comodidad, la competición para ir a la universidad y los planes que nos imponen los políticos.

Los educadores son esclavos de estas exigencias y, en consecuencia, con frecuencia se ve comprometida su atención primordial a sus alumnos.

Tal como están las cosas, los educadores apenas tienen tiempo de centrar su atención en los estudiantes en general. Sin embargo, no solo debemos prestar atención a todos los alumnos, sino también a cada alumna o alumno de manera muy concentrada, específica. Es un reto enorme, que merece la pena aceptar.

Este capítulo ayuda a clarificar distintas formas de cómo conseguir prestar atención a cada estudiante. Gran parte de lo que presentaré en él entra en la categoría de creencias y actitudes. Si piensa de cierta manera en sus alumnos y en su papel como maestro, las ideas presentadas deben allanarle el camino para una implementación fácil.

Sospecho, sin embargo, que las ideas que presento provocarán tensiones incluso en el lector más centrado en el estudiante. En las escuelas, es raro que se dedique atención a cada alumno en particular. Parte del reto al que se enfrentará cuando oriente su trabajo según el modelo de una escuela para cada estudiante está en las tradiciones institucionalizadas y establecidas que canalizan su atención, desviándola de sus alumnos.

Pero yo sostengo que es posible esta atención inquebrantable a los estudiantes. Creo que, cuando se hace bien, las demás exigencias que se plantean a los maestros y a las escuelas son más manejables. En vez de robar tiempo a nuestros estudiantes para cumplir con todas las responsabilidades periféricas comunes a la educación, el hacer del tiempo dedicado a cada alumna o alumno el centro de nuestra acción permite asumir todas las demás responsabilidades.

UNA ESCUELA PARA CADA ESTUDIANTE

Hace muchos años, una campaña publicitaria de la cadena de restaurantes McDonald’s utilizó el eslogan: “¡Todo lo hacemos para ti!”, sugiriendo a los clientes que no tenían que preocuparse por las decisiones al hacer sus pedidos de comida: “¡Dos hamburguesas de vacuno, salsa especial, lechuga, queso, pepinillos, cebollas, en un panecillo con semillas de sésamo!”.

En cambio, la cadena Burger King optó por un enfoque diferente: “¡Toma los pepinillos, toma la lechuga! ¡No nos molestan las peticiones especiales!”. El eslogan de Burger King era: “¡Hazlo a tu modo!”.

¡Dos hamburguesas de vacuno, salsa especial, lechuga, queso, pepinillos, cebollas, en un panecillo con semillas de sésamo!

¡TODO LO HACEMOS PARA TI!

¡Toma los pepinillos, toma la lechuga! ¡No nos molestan las peticiones especiales!

¡HAZLO A TU MODO!

Dejando aparte lo que cada uno piense con respecto a la viabilidad nutricional de los restaurantes de comida rápida, si el eslogan: “¡Todo lo hacemos para ti!” describiera una escuela, creo que sería una escuela, en la que los estudiantes tendrían un currículo ya escogido para ellos y pocas o ninguna oportunidad de aportar algo.

En una escuela que dijera: “¡Hazlo a tu modo!”, los estudiantes participarían en diversos programas personalizados que responderían a sus cualidades e intereses. Esta es una escuela para cada estudiante y yo apoyo este enfoque. En vez de tratar de obligar a todos los estudiantes a adaptarse a la misma estructura, animaríamos a cada estudiante a buscar una estructura que se adaptase a él. En vez de que los estudiantes siguieran unas asignaturas predeterminadas, podrían dar vía libre a sus pasiones, lo que podría llevarlos a un aprendizaje innovador.

Yo no veo a los estudiantes como espectadores que dejen que la educación les llegue a ellos. Como la escuela es para los estudiantes, su participación no es negociable.

Las palabras de una canción de Monte Selby3 expresa muy bien esta idea:

“Todos los estudiantes están a nuestro alcance

cuando encontramos su ritmo:

el paso, la danza, la canción en ellos.

Ese es un viaje mejor, pero mucho más difícil.

Demasiado extraordinario,

pero mucho más inteligente.

Tocar el tambor al compás de cada persona”.

Aunque la mayoría de las escuelas hacen que sus alumnos marchen al compás del mismo tambor, este libro defiende un enfoque esencialmente diferente: tocar al compás de cada estudiante. Examinaremos distintas formas en que los profesores y los directores pueden acercar sus escuelas y aulas hacia esta idea de encontrar el ritmo de cada alumno.

La cuestión, no obstante, es esencialmente más compleja que las sencillas analogías con los restaurantes de comida rápida o con marchar al compás de un tambor.

A continuación, presentaremos muchas ideas que pueden incorporarse en las escuelas para avanzar en estrategias de personalización para cada alumno. Estas estrategias e ideas permitirán mirar la realidad y la mejora escolares a través de una lente diferente, la lente de la posibilidad.

LA MAGIA ESTÁ EN ELLOS

Hace mucho tiempo que creo firmemente en la premisa de que la educación consiste realmente en ayudar a los estudiantes a convertirse en ellos mismos. Podemos enseñarles destrezas y conocimientos y podemos hacer otras muchas cosas para nuestros alumnos, pero no hacemos más que ayudar a los estudiantes a que ellos mismos descubran quiénes son.

El texto siguiente, “El mago” de Keith Harvie, recoge la esencia de esta idea:

Los chicos llegan andando, paseando, brincando, haciendo aspavientos, galleando, bailando y, por fin, entran tambaleándose en mi clase. Algunos miran y actúan como si hubiesen sido barridos por un tornado y arrojados a la última fila.

Cada uno o cada una a su modo sigue el camino de baldosas amarillas hasta mi puerta en busca de la ciudad Esmeralda y del Mago de Oz. Algunos necesitan valor y yo les apoyo y creo en ellos hasta que ellos creen en sí mismos.

Algunos quieren un corazón y yo les presento el arte, la música, el teatro y la poesía, y les dejo que examinen sus sentimientos. Algunos van en busca de un cerebro y yo les ayudo a localizar los suyos y les enseño a utilizarlos al máximo de su capacidad.

Algunos tratan de encontrar un hogar y yo les doy un lugar seguro, a salvo, en el que estar con un adulto que escucha y les acoge. En realidad, yo no soy mago, pero utilizo mis destrezas docentes para ayudar a mis estudiantes a descubrir que la magia está en ellos, no en mí.

Como señala Harvie, tenemos que utilizar nuestras competencias docentes para ayudar a los estudiantes a comprender que la magia está en ellos.

El problema es que para mantener su ingenua motivación inicial para hacer grandes cosas para los estudiantes, los maestros, a veces, consideran incapaces a los estudiantes, aunque sus intenciones sean buenas.

Mi propia experiencia como padre me proporciona una ilustración perfecta de cómo pueden los adultos llevar demasiado lejos este concepto de “ayudar a los estudiantes”. El relato que sigue muestra que algunos adultos pueden impedir inconscientemente el desarrollo de los estudiantes con el fin de justificar su papel en la relación con ellos.