Upgrade cerebral - Teresa Torralva - E-Book

Upgrade cerebral E-Book

Teresa Torralva

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Beschreibung

Todos queremos ser más eficientes en el caos del multitasking, tener excelente memoria, tomar buenas decisiones ante los problemas y trabajar mejor en equipo. Pero también ser más creativos, empáticos, optimistas y resilientes...   ¿Cómo lograrlo? Con un Upgrade cerebral.   Teresa Torralva, psicóloga y doctora en Medicina, nos enseña cómo darle un impulso al cerebro para potenciar nuestras habilidades ejecutivas en la vida cotidiana.   Entrena tu cerebro y llévalo a otro nivel.

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Seitenzahl: 265

Veröffentlichungsjahr: 2022

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@editorialelateneo

A Bautista y Olivia

A Martín

A mis pacientes y sus familias

El cerebro es más amplio que el cielo colócalos juntos contendrá uno al otro holgadamente y tú también

El cerebro es más hondo que el mar retenlos azul contra azul absorberá el uno al otro como la esponja al balde

El cerebro es el mismo peso de Dios pésalos libra por libra se diferenciarán si se pueden diferenciar como la sílaba del sonido

EMILYDICKINSON

Una reunión con amigas a modo de prólogo

Fue una de las tantas noches en que nos juntamos con amigas para festejar la vida, por tenernos las unas a las otras, y esta vez sumamos el hecho de celebrar que todas –con más o menos dificultades– sobrevivimos al tsunami de la pandemia. Casi dos años atravesando situaciones de todo tipo.

Algunas afrontaron problemas en sus trabajos, otras emprendieron nuevos proyectos en una Argentina complicada, algunas perdieron familiares muy cercanos (y están aún sangrando), otras navegaron tempestades matrimoniales, nuevas parejas, hijos adolescentes refunfuñones, algunas –en realidad, muchas– festejaron hijos recién graduados, hijos que emprendían nuevos caminos, nidos vacíos, casas vacías, padres que requieren de nuestra ayuda, replanteos personales, crisis de la mitad de la vida, como verán, de todo un poco. Pero allí estábamos, sentadas en un balcón brindando por todo esto y mucho más.

Al preguntarnos por las vacaciones, se armaron pequeñas subconversaciones. Yo iré para allá, yo me quedo por acá, alquilé mi casa, me voy adonde sea y cuando sea… comentarios variopintos, cuando de repente, salió un tema que nos desbarajustó la noche: yo le decía a mi amiga sentada a mi derecha que ella era “tremenda ejecutiva” para algunas cosas, pero no lo era tanto para otras… Ella sin darle demasiada importancia al asunto me decía que sí a todo, sonriente y divertida, sabiéndose tranquila con que ella hacía lo que podía y básicamente quería. Sin embargo, de repente una pregunta tomó el centro de la conversación:

–¿Quién es ejecutivo y quién no lo es? –preguntó una.

–¡Quien se considere ejecutiva levante la mano! –gritó otra, efectivamente levantando la mano. Y entre risas y dudas, acordes a las personalidades, aparecieron medias manos para arriba, las dos manos, brazos y hasta se puso de pie alguna otra convencida de que lo era, un tímido:

–Yo soy, bah, creo… –Y allí se complicó el asunto.

–¿Yo soy ejecutiva a tu criterio? ¿Y ella?

–No, esta qué va a ser ejecutiva si para decidir qué ponerse para una fiesta tarda dos horas.

–¿Y ella, que siempre tiene planes que no puede cumplir?

Imagínense un grupo de diez, con alguna bebida espirituosa de por medio, todas interpretando y pensando sobre este asunto que, en realidad, pareciera tocarnos alguna fibra a casi todas.

Yo me divertía, ya pensando en este nuevo libro y en las múltiples connotaciones, significados e interpretaciones que pueden hacer a la palabra “ejecutiva”.

Sintiéndome en un brete, en el cual muchas veces me encuentro, traté de bajar el tono de nuestra charla diciendo:

–Chicas, paren un poco, no es una virtud ser ejecutiva sino una característica. –Y pregunté–: ¿Es que son mejores o más felices quienes son más ejecutivas? –Todas coincidimos en que no, aunque con algunas discusiones de por medio…

Pero antes de eso, traté de escuchar (y tomar nota mental) qué se le pasaba por la cabeza a este grupo diverso de amigas frente a la palabra ejecutiva, y aquí algunos conceptos que suelen gravitar en este universo no tan definido, ser ejecutivo supuestamente significa ser: eficaz, eficiente, organizado, tener un puesto de alta jerarquía en una empresa, gestionar y organizar; pero también, ser estructurado y rígido, “activar” cuando uno quiere. Muchos términos, significados y connotaciones… pero ¿entonces es bueno ser ejecutivo o no? ¿Es malo no serlo? ¿Importa? ¿El ejecutivo es más inteligente? ¿La ejecutividad resuelve problemas? ¿Si soy ejecutivo, soy más feliz? ¿Entonces, las personas ejecutivas no son creativas porque son muy racionales y nada emocionales? ¿Se puede ser ejecutivo y empático a la vez? ¿Hay alguna receta para la ejecutividad?

¡Uy, en qué lío me metí! Sin embargo, allí voy… intentaré desde mi persona, con mis propios sesgos y (muy) influenciada por mi profesión, empezar por definir qué entendemos –desde la neuropsicología– por ser ejecutivo y tratar de integrarlo con acciones concretas: cómo sacarle provecho a esta habilidad si la tengo bien desarrollada, cómo entrenarla si es perezosa, y más que todo, cómo utilizarla para vivir mejor aumentando el propio bienestar. Quizás saber más acerca de nuestro funcionamiento ejecutivo nos permita contar con más herramientas para propiciar cambios positivos en nuestra vida cotidiana.

Este libro sintetiza parte de lo que ha sido mi carrera profesional, escuchando, administrando e interpretando pruebas cognitivas y acompañando a mis pacientes junto con sus familias en la difícil carrera de entender y afrontar las afecciones del cerebro, más específicamente la del lóbulo frontal. Pretendo trasladar los conocimientos más duros y científicos a un lenguaje más llano, sencillo y coloquial.

Espero que su lectura resulte amena e interesante para toda la comunidad, y no necesariamente para la comunidad científica.

No estoy segura de haberlo logrado, pero definitivamente, lo intenté. Para tal fin, integré mis saberes profesionales con mis experiencias de vida personal, entendiendo que muchos de nosotros –si no todos– atravesamos momentos donde nuestro funcionamiento ejecutivo se vuelve perezoso y necesita de un empujón.

Por este motivo, las siguientes páginas pretenden brindar conocimiento y herramientas para convertirnos en líderes de nuestra propia vida, potenciando nuestras habilidades ejecutivas (las racionales o frías y las emocionales o calientes). Este libro trata sobre la importancia de trabajar sobre nuestro propio bienestar y en el de los que nos rodean, evitando aquellas conductas que lo ponen en jaque.

También, trata la construcción de la llamada resiliencia teniendo en cuenta los factores que la potencian y aquellos que la ponen en riesgo entendiendo que nos podemos convertir en seres resilientes si así lo decidimos.

Agregué algunas cuestiones sobre cómo prepararnos para el futuro que se nos viene, ese futuro incierto, pero promisorio. Además, incluí algunas de las condiciones cerebrales/mentales donde el comandante en jefe del cerebro está debilitado, ya sea por algún evento en particular transitorio (falta de sueño, estrés, ánimo caído), por algo que sucede desde siempre (ej. TDAH) o a partir de un evento cerebral específico (ej. ACV, demencia, epilepsia).

También sumé a los capítulos ejemplos, testimonios y frases de pacientes, amigos, familiares junto con algunas experiencias personales y profesionales, que espero hagan más amigable la incorporación de la información, ya que creo que de esta manera llegará más profundamente a la mente y ¿por qué no al corazón de quienes lo lean? Espero haberlo logrado.

¡Hacia allí vamos!

CAPÍTULO 1

Las funciones ejecutivas

Definitivamente, no todos entendemos lo mismo por el término “ejecutivo”. No sorprende, ya que la palabra, según la Real Academia Española, tiene por lo menos siete acepciones. Nos quedaremos con las primeras dos definiciones para este libro, es decir, en principio, ejecutivo es quien actúa, no espera ni dilata la ejecución. Por lo tanto, intentaremos alejarnos de los términos que la asocian exclusivamente con un alto cargo empresarial, al gobierno o junta directiva. Pero para acercar la definición seleccionada a nuestra vida de todos los días, podríamos decir que ejecutivo es aquel que se hace cargo y se responsabiliza de aquello que le permite tener un modo de vida determinado.

Ya sea porque estamos en una etapa donde los hijos, los amigos, el trabajo, las actividades deportivas, los hobbies y demás actividades no entran en nuestra apretada agenda o bien porque estamos en otra etapa donde el valioso tiempo sobra, y queremos decidir cuándo y para qué usarlo. También puede pasar que estemos en plena actividad, llenos de obligaciones de todo tipo y, sin embargo, nos encontremos sin ánimo alguno para decidir sobre las mil y una variables que tiene nuestra bendita vida.

Si queremos gestionar nuestro tiempo de una forma que nos permita priorizar, jerarquizar, ser flexibles, si queremos dedicar tiempo a nuestros afectos, a nuestros hobbies, a nuestro trabajo, necesitamos fortalecer nuestras llamadas funciones ejecutivas (FE), es decir, habilidades que contribuyen al diseño de nuestra vida. Se trata de uno de los objetos de estudio más importantes de la neuropsicología, una rama de las neurociencias, que investiga la relación entre el cerebro, la conducta y los procesos cognitivos.

A grandes rasgos, las funciones ejecutivas permiten delinear un plan de acción, iniciarlo, mantenerlo y finalizarlo, así como trabajar en forma efectiva con los demás, enfrentar las distracciones y atender las múltiples demandas que nuestra vida conlleva.

Al inicio, la neuropsicología se dedicó fuertemente a estudiar estas relaciones en personas con daño cerebral, pero ya hace décadas se dedica también a conocer la interacción entre cerebro y función en personas sin lesiones cerebrales, los llamados “controles normales” en los estudios científicos. En pocas palabras: estudia cómo funciona el cerebro sano.

Estudia cómo pensamos, cómo sentimos, cómo actuamos y su relación con determinadas redes o áreas cerebrales. Entre las diversas funcionescognitivas se encuentran la atención, la memoria, el lenguaje, las habilidades visoespaciales y las funciones ejecutivas. Nos centraremos directamente en estas últimas, ya que constituyen el grupo de procesos cognitivos que organizan nuestra conducta y nos permiten llevar adelante nuestros planes.

Cualquier objetivo o meta que tengamos en mente requiere para su ejecución poner en marcha las funciones ejecutivas. Gracias a ellas podemos planificar desde el más pequeño objetivo cotidiano como qué comer hoy, hasta tomar decisiones muy importantes para nuestra vida como, por ejemplo, decidir dónde queremos vivir, cómo adaptar nuestra conducta a las demandas del contexto, particularmente aquellas que conllevan un abordaje novedoso y creativo. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cuáles son los pasos a seguir? Evaluamos pros y contras, organizamos el tiempo, hacemos un cronograma, evaluamos el impacto emocional de la decisión, etc. O bien, nos lanzamos a tomar la decisión que intuitivamente aparece sin tanta deliberación, de una manera más automática y repentina. Veremos en los próximos apartados cómo en algunas ocasiones podremos evaluar, programar, planificar y otras veces directamente actuar, hacer o decidir sin tanta elaboración.

Funciones frías y calientes

No hace tanto tiempo, se ha propuesto clasificarlas en dos grandes grupos: funciones ejecutivas frías y calientes. Las funciones ejecutivas frías se refieren a los procesos que involucran un análisis basado en la lógica mientras que las funciones ejecutivas calientes basan su análisis en la emoción. Estas funciones no constituyen rasgos fijos, no nacemos con ellas o sin ellas, no vienen determinadas genéticamente, sino que se pueden mejorar a través del entrenamiento y la práctica. ¡Qué gran noticia!

Tradicionalmente, cuando se hablaba de las funciones ejecutivas, se las relacionaba con un grupo de habilidades asociadas a condiciones abstractas, fuera de contexto y “neutras”, aquellas que requieren un supuesto análisis “racional”, consciente, exento de toda emoción. Sin embargo, hoy ya sabemos que ciertas funciones ejecutivas son sensibles al contexto emocional y motivacional, que determinan la elección entre un plan de acción u otro. Algo de nuestra experiencia emocional interfiere y nos hace decidir. Dentro de estas funciones llamadas “calientes” se encuentran la regulación emocional, la capacidad para demorar las recompensas, la capacidad para ponerse en el lugar del otro (lectura de la mente), la empatía (no solo ponerse en el lugar del otro, sino hacer algo al respecto) y la toma de decisiones. Zelazo y Müller en 2002 acuñaron el concepto de funciones ejecutivas calientes como aquellas necesarias al momento de enfrentamos a un problema con implicancias personales y/o sociales, donde la emoción está presente, un denominador común de muchas situaciones de nuestra vida cotidiana.

Las funciones ejecutivas frías y calientes se van desarrollando de manera diferenciada durante nuestra vida. Las FE frías se van especializando desde la infancia, durante la adolescencia hasta la adultez, por eso se las considera un buen predictor del desempeño académico. Esto no significa que toda persona que tenga el puntaje más bajo en pruebas que evalúen funciones ejecutivas frías vaya a tener sí o sí un desempeño bajo en la escuela o universidad, pero significa que existe una importante correlación entre estos factores. Mayor entrenamiento ejecutivo, más probabilidades de un mejor desempeño académico. A la vez, las FE calientes se desarrollan más tardíamente y se asocian con la calidad de las relaciones interpersonales y las habilidades prosociales de una persona. Sin lugar a dudas ambas son claves para poder diseñar con calidad el plan de nuestra vida.

Aquí tendré que hacer un paréntesis y como neuropsicóloga no puedo dejar de situarlas anatómicamente. ¿Dónde se asientan las funciones ejecutivas? Es decir, ¿qué parte del cerebro es fundamental y necesaria para esta función?

La respuesta es: los lóbulos frontales. No en vano ocupan un tercio de nuestro cerebro… Ellos median conductas distintivamente humanas. Son el punto crucial y fundamental para integrar los aprendizajes, la intuición y la emoción en función de nuestro contexto cambiante.

Bien sabemos que, como dice E. Goldberg en la introducción de su libro El cerebro ejecutivo, si otras partes del cerebro se dañan, pueden surgir dificultades motoras, sensoriales, de memoria o de lenguaje mientras que la esencia del individuo permanece intacta, ahora, si lo que se dañan son los lóbulos frontales, lo que se afecta ya no es un atributo de la mente, sino la mente misma. Se afecta nuestra identidad.

La lesión o disfunción de los lóbulos frontales puede producir diversos síntomas que –en mayor o menor medida– impactan en nuestra vida cotidiana. De esta forma los lóbulos frontales resultan fundamentales en la planificación y la ejecución de tareas, la intención, la iniciación y la organización. También son responsables del procesamiento de la información y de la recuperación de la información almacenada en otras regiones del cerebro. Es el gran buscador de nuestro cerebro, ya que recupera la información que necesitamos para una correcta toma de decisiones. También juega un rol central en el establecimiento de objetivos y en la creación de planes de acción necesarios para lograrlos.

En la vida diaria, este complejo sistema ejecutivo puede verse afectado por múltiples motivos, si estamos estresados, ansiosos o anímicamente caídos podremos sentirnos sobrepasados de tareas y demandas, por lo tanto, esta red ejecutiva puede verse abrumada y perder el control. Como consecuencia, probablemente nuestros objetivos personales, familiares o laborales puedan verse comprometidos. Es importante saber que este sistema ejecutivo también puede verse afectado por diversas patologías o condiciones tales como el trastorno por déficit de atención, el accidente cerebrovascular, la epilepsia, el traumatismo de cráneo, y enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el trastorno obsesivo compulsivo, entre otras.

Ahora, para entender mejor de qué se tratan estas funciones tan importantes para nuestra vida diaria, intentaremos introducirlas una por una, definiéndolas con la mayor claridad y simpleza posible para –de esta forma– conocer cuáles son sus implicancias en nuestro diario vivir.

CAPÍTULO 2

Funciones ejecutivas “frías”

Memoria de trabajo o la “memoria a cortísimo plazo”

Una especie de nota adhesiva (Post-it) en nuestro cerebro.

Una habilidad que nos permite trabajar con la información sin perder de vista lo que estamos haciendo.

―¿Qué me dijiste recién?

―Perdón, ¿me repetirías tu nombre, por favor?

―¡Uy! Me olvidé completamente de pasar por ahí camino al trabajo… ¡no sé en qué estaba pensando!

―¿Cómo era la dirección? ¡Si acabo de leerla!

―¿Dónde puse las llaves? ¿Y el teléfono móvil dónde lo dejé?

Todas estas frases ―seguramente muy conocidas por todos ustedes― aluden a la llamada memoria de trabajo. Todos los días requerimos de esta función en miles de situaciones cotidianas. La memoria de trabajo, también denominada “memoria a corto plazo" o "memoria operativa”, es un sistema de capacidad limitada que almacena la información a corto plazo y en ocasiones cuando así se lo requiere, la manipula. Por ejemplo, si tenemos que recordar al dictado un número telefónico para agendarlo, unos minutos después, usamos nuestra memoria de trabajo, lo retenemos durante unos minutos, utilizamos esa información y luego la desechamos. Si queremos hacer una cuenta mental, tenemos la información en nuestra mente, la manipulamos, y luego la desechamos.

Esto nos permitirá saber cuánto dinero nos tienen que dar de vuelto en una compra en el supermercado, por ejemplo. Si tenemos que recordar, camino a nuestro trabajo, detenernos en la casa de una amiga para dejarle una bolsa con ropa, necesitamos mantener esa información por cortísimo plazo para no olvidarnos y luego de hacer la tarea, descartarla completamente.

También, requerimos de la memoria de trabajo para cualquier aprendizaje, como el de la lectura, la escritura y las matemáticas. Si uno no puede retener lo que lee, no puede procesar esa información y, en consecuencia, no puede entenderla; con lo cual, no puede darse ese aprendizaje. Mantenerla en la mente para integrar la información que voy incorporando es la función principal de la memoria de trabajo. Recordar la dirección de correo electrónico de alguien, pedir direcciones y recordarlas hasta que lleguemos a nuestro destino, aprender el nombre de alguien nuevo y tenerlo en cuenta durante toda la conversación son todos ejemplos de cómo usamos la memoria de trabajo a cada rato, cada día.

Se trata de cosas sencillas en las que no pensamos demasiado, pero que demuestran lo importante que es esta función en nuestra vida diaria. Se emparenta fuertemente con la atención, y de hecho algunos autores creen que es un tipo de atención compleja. La capacidad de la memoria de trabajo varía de una persona a otra y aun dentro de la misma persona en diferentes situaciones o estados.

La información se puede perder fácilmente debido a una distracción o una sobrecarga cognitiva. Una baja memoria de trabajo puede tener algunos efectos negativos porque dificulta el tener la información necesaria en nuestra mente, impidiéndonos completar la tarea en cuestión. Aquellos con menor capacidad pueden perder el enfoque y tener dificultades para concentrarse. Esto es especialmente perjudicial para los estudiantes en épocas de exámenes. También personas con dificultades en la memoria de trabajo pueden fallar en recordar información presentada solo unos minutos antes y perder la noción de lo que están haciendo.

¿A quién no le da fastidio olvidar por qué y para qué acaba de ingresar a una habitación, o lo que estaba a punto de decir o enviar un correo electrónico sin el archivo adjunto requerido? Pero como casi todo en nuestra vida, el asunto reside en cuán frecuente es la falla y cuánto afecta nuestro día a día.

Flexibilidad mental

La capacidad de responder de múltiples maneras a lo que el ambiente demanda ajustando esquemas previos a situaciones que exijan cambios.Permite implementar diferentes estrategias de resolución de problemas.Permite manejar dos problemas diferentes en forma simultánea, una especie de “atención dividida”.

Los cambios constantes e inesperados forman parte de nuestra vida cotidiana. La capacidad de adaptación a estos cambios –que muchas veces no estaban en nuestros planes– requiere una habilidad cerebral llamada “flexibilidad mental”. Nos permite tener un abanico de opciones y alternativas para enfrentar los cambios sin demasiado estrés.

Según Lezak, la madre de la neuropsicología estadounidense, la flexibilidad mental consiste en la capacidad de responder con diversidad a lo que el ambiente nos demanda, implementando diferentes estrategias de resolución de problemas, alternando entre diferentes pensamientos y acciones y buscando nuevas alternativas de resolución. Se la ha descripto más ampliamente como la posibilidad de ajustar el pensamiento adquirido en situaciones anteriores a situaciones novedosas. Ser flexible mentalmente significa ser capaz de dejar creencias o hábitos previamente aceptados y adoptados por nuevas alternativas. Trae consigo el manejo de estrategias inteligentes, para adaptarse a situaciones inesperadas o novedosas, sin rigidez y libre de automatismos poco eficientes. Se relaciona fuertemente con la resolución de problemas y la generación de alternativas, lo cual permite razonar de un modo no convencional y afrontar diferentes situaciones con cierto nivel de creatividad. Por lo tanto, es clave para afrontar todo tipo de situaciones en la vida diaria.

Es a través de esta función que podemos adaptar nuestra conducta de acuerdo con los otros, por ejemplo, si quiero contarle a mi mejor amiga sobre la ropa que me pondré para el casamiento de mi prima, pero al encontrarme con ella, la veo acongojada porque le robaron hace unos minutos el celular, entonces modifico mi plan y mi noticia tendrá que esperar.

Las personas mentalmente más flexibles tienen la capacidad de generar más herramientas, opciones y alternativas para resolver los problemas de forma adaptativa y creativa. Además, son capaces de modificar su propia perspectiva y ponerse en el lugar del otro, lo que impacta positivamente sobre sus relaciones interpersonales, con lo cual llegan más fácilmente a acuerdos comunes. De esta manera, las ayuda a tolerar, manejar y adaptarse con mayor facilidad a los cambios que pueden suceder en su vida sin alterarse, lo que las transforma en personas más resilientes. Ser más flexibles las ayuda a focalizarse y centrarse menos en los posibles factores que producen estrés o ansiedad. Las personas con flexibilidad mental toleran mejor los errores (los propios y los ajenos) y los cambios de planes, tan frecuentes en la vida.

Cada vez son más los estudios que demuestran que las personas con mayor flexibilidad mental son más tolerantes ante las diferencias de creencias, valores y opiniones.

Más recientemente, en un estudio multicéntrico de 78 países durante la pandemia del COVID-19 (2021) donde se evaluaron 9.565 sujetos, se demostró que la flexibilidad mental, los vínculos sociales y la educación eran los tres factores protectores de mayor peso para tener una mayor resiliencia. Ya hablaremos con mayor profundidad sobre la resiliencia al final de este libro, pero esto nos dice que ser flexible mentalmente nos brindaría las herramientas necesarias para poder salir adelante con soluciones creativas frente a los eventos adversos que pueden surgir en nuestra vida.

Por el contrario, personas rígidas mentalmente presentan más dificultades para enfrentar los problemas, tienen menos tolerancia a la frustración y esto impacta directamente sobre el manejo del estrés y la ansiedad. No poder resolver problemas, no adaptarnos a los cambios, no poder salir de situaciones conflictivas atenta contra nuestra salud mental.

La flexibilidad mental cobra su mayor desarrollo o auge en la adolescencia y en la edad temprana donde tiende a estabilizarse. Luego durante el proceso de envejecimiento normal nuestro cerebro va perdiendo o disminuyendo ciertas funciones, y la flexibilidad mental no es una excepción. Disminuye a medida que avanza la edad y es por ese motivo que es frecuente ver a las personas mayores con una mayor rigidez mental, con dificultades para aceptar cambios, nuevas ideas o conceptos. ¡Claro, no todos somos iguales! Ahora, siempre pero siempre, no importa la edad, existen formas para potenciar la flexibilidad mental.

Multitarea

Capacidad para realizar más de una tarea o actividad al mismo tiempo (en forma simultánea y efectiva) y tiene como objeto alcanzar determinadas metas.Requiere de la facultad de interrumpir una tarea para realizar otra y viceversa.

El término multitarea (o multitasking en inglés) se refiere a la habilidad que posee una persona para realizar simultáneamente múltiples tareas con el fin de alcanzar determinados objetivos y metas secundarias. La multitarea implica poder identificar el objetivo principal, para luego visualizar las tareas intermedias (quizás paralelas) que deben ser ejecutadas para alcanzar dicho objetivo. Por ejemplo, si el objetivo principal es la redacción de este libro para determinada fecha, hay tareas intermedias necesarias indispensables como armar el índice, buscar la bibliografía pertinente, preparar la introducción, enviarla al editor, trabajar sobre las correcciones, etcétera.

Desde hace unas cuantas décadas, hemos escuchado el término “multitarea” en boca de neurólogos, médicos varios, psicólogos, conductores de televisión, gerentes de empresas. La mayoría conoce la expresión. Hoy en día, gran parte de nosotros realizamos múltiples tareas mientras usamos nuestros teléfonos inteligentes. En general, utilizamos juegos, usamos el correo electrónico, navegamos por las redes sociales, miramos fotos y/o usamos diversas aplicaciones, mientras miramos televisión, comemos, trabajamos o mientras “participamos” en una conversación con otra persona. Coincidimos en que esto último es maleducado, ¿no?

Existen miles de ejemplos sobre cuándo y cómo utilizamos la multitarea, pero aquí detallaremos algunos de los más frecuentes.

Responder correos electrónicos mientras escuchamos un audio, podcast, radio: las personas que reciben docenas de correos electrónicos diariamente en ocasiones los responden mientras hacen otras cosas, como por ejemplo escuchar un podcast. Esto podría parecer como que uno está ahorrando tiempo mientras aprende cosas nuevas, pero veremos más adelante qué es lo que realmente sucede.

Tomar notas durante una conferencia: los estudiantes que asisten a clases comúnmente toman notas durante las conferencias como ayudamemoria. Ya sea que formen parte de una discusión grupal o escuchen al profesor, tomar notas es una forma de respaldar el proceso de aprendizaje. Claro que también hay personas que van incorporando los conocimientos solo a través de la escucha, con mucha memoria visual y auditiva y sin necesitar tomar notas.

Conducir un vehículo mientras hablas con alguien: se ha vuelto muy común que las personas hagan cosas mientras conducen, como hablar con alguien en el vehículo o por teléfono. Gracias a los avances tecnológicos, muchos conductores tienen la opción de hablar con la función de manos libres, lo que les permite recibir llamadas mientras mantienen ambas manos en el volante. Esto es indispensable, sin lugar a dudas, pero aun así la atención está dividida entre el acto de conducir y la conversación que se está llevando a cabo.

Envío de correos electrónicos durante una reunión: las reuniones suelen durar más de lo esperado, lo que puede ralentizar la productividad en el lugar de trabajo. Es por eso que las personas en general trabajan en otras tareas durante la reunión, como escribir y enviar correos electrónicos, chequear el celular, mandar mensajes, etc. Muchas veces esta conducta puede llevar a cometer más errores de la cuenta. ¡Cuidado!

Por último, otro ejemplo frecuente es la realización de ejercicio físico mientras miras televisión: esto puede hacer que el tiempo pase más rápido mirando tu programa de televisión favorito. La mayoría de los gimnasios han reconocido la necesidad de esta útil distracción y han integrado sistemas de televisión en sus espacios comunes de entrenamiento. Las actividades motoras y cognitivas juntas, aunque parecen independientes, muchas veces requieren de un mismo sistema central de atención. ¡Cuidado! Si la noticia es muy atrapante, quizás te desconcentres del ejercicio que estás realizando y si el ejercicio es muy duro y requiere concentración, probablemente no escuches la televisión más que de fondo.

En muchas ocasiones la multitarea parece que puede ayudar a ahorrar tiempo y dinero. Pero, ciertamente, tratar de hacer más de una tarea desafiante a la vez también puede disminuir la productividad general. De hecho, la multitarea se ha convertido en una parte tan común de nuestras vidas que la mayoría creemos que la hacemos bien, pero pocos imaginan que en realidad podría no ser tan beneficiosa.

Investigaciones recientes demuestran que la multitarea tiene algunos efectos colaterales a considerar. Por un lado, algunos estudios con imágenes cerebrales en sujetos que trabajaban todos los días realizando múltiples tareas demostraron efectos negativos (reducción de la sustancia gris) en áreas relativas al control cognitivo y la regulación de la motivación y la emoción. Además, exhibieron valores descendidos en tareas de memoria de trabajo y en la memoria a largo plazo (capacidad de almacenar y recordar información durante periodos de tiempo más largos).

Estos sujetos también demostraron altos niveles de distractibilidad. Esto es de esperarse, y los estudios así lo demuestran: el uso de los celulares con la consecuente ejecución de las múltiples tareas en el dispositivo (pagar cuentas, responder correos, usar las redes) ha manifestado un aumento en la tasa de accidentes al cruzar la calle o la presencia de un manejo más descuidado en la conducción de automóviles, a consecuencia de un bajo nivel de atención.

No solo eso, sino que la multitarea también pareciera aumentar el grado de estrés crónico. Algunos estudios en alumnos universitarios encontraron que, a mayor multitarea, mayores niveles de estrés. El bombardeo constante de información elevó sus respuestas de estrés, lo que significa que la multitarea crónica puede conducir a un estrés crónico. Además, se investigó el vínculo entre la multitarea, el uso de los medios y la salud emocional y se reportó que, a mayor multitarea, más probabilidad de reportar síntomas de depresión y ansiedad social.

Entonces, la pregunta del millón: ¿realmente la multitarea nos hace más productivos y eficientes? Los resultados revelaron algo que ya muchos de nosotros sabemos bien: en realidad genera menos eficiencia y productividad.

Cuando se involucran dos procesos intelectuales paralelos, el cerebro necesariamente tiene que priorizar alguno de ellos y, aunque sigamos siendo capaces de efectuar ambas tareas, la calidad de alguna de ellas siempre acaba viéndose afectada. ¡Todo lo contrario de lo que uno intenta lograr al hacer varias cosas a la vez! Pareciera que la multitarea no es una gran virtud entonces. Paso a paso. Empiezo y termino. De esta forma gano en tiempo y en eficiencia.

Como todas las funciones ejecutivas, la multitarea no se salva del paso del tiempo. Las investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de California, San Francisco (UCSF), demostraron que las personas mayores tienen más dificultades para realizar tareas múltiples y esto se relaciona directamente con que sus cerebros tendrían más dificultades para desconectarse de la tarea secundaria y volver a la tarea original. O sea, la menor flexibilidad y, por lo tanto, la mayor rigidez que presentan los adultos mayores, y describimos anteriormente, impactan negativamente sobre el desempeño en la multitarea.

Organización y planificación

Habilidad para ordenar la información e identificar las ideas principales.Capacidad de generar objetivos y plantear metas a futuro.Desarrollar planes de acción para conseguirlos.Elegir el más adecuado según las posibles consecuencias.Organización del tiempo.

La organización implica la habilidad para ordenar la información e identificar las ideas principales o los conceptos clave. Incluye la capacidad para reordenar las cosas del entorno para asegurar que los materiales necesarios se encuentren efectivamente disponibles. También implica la capacidad de plantear metas a futuro, involucrando procesos intermedios como la resolución de problemas, la organización del tiempo y los recursos para llevarlas a cabo.

En pocas palabras, se trata de la capacidad para identificar y organizar una secuencia de eventos con el fin de lograr una meta u objetivo específico. Por lo tanto, supone plantearse un objetivo y determinar la mejor vía para alcanzarlo a través de una serie de pasos secuenciados. La planificación sirve para poder administrar los recursos de los que se dispone y el tiempo con el que se cuenta, de manera que estos puedan ser aprovechados de la mejor manera posible y a través de ellos se puedan generar beneficios al utilizarlos correctamente. Estas funciones se despliegan tanto en la organización y planificación de proyectos relativamente sencillos, como en la preparación de una comida o en planes más complejos, como la redacción de este libro o la organización de una mudanza.

Una persona piensa cómo hacer para administrar el poco dinero con el que cuenta para la semana para que a la familia no le falte nada. Un joven que estudia y trabaja piensa cómo distribuir mejor su tiempo de manera que le permita cumplir con sus obligaciones académicas, sus obligaciones laborales, pero también sus responsabilidades como miembro de una familia o como parte de un grupo de amigos. Ahora puede ser que no te hayas detenido a hacerlo, a pensar y diseñar cada uno de tus días, sin embargo, lograste el equilibrio entre trabajo, vida personal y social-familiar, bienvenido… probablemente hayas encontrado intuitivamente tu forma.

Existen personas que perciben el tiempo de otra manera, no secuencialmente, sino que “las atraviesa”, por decirlo de alguna forma. Personas que se sumergen en la tarea, sin dimensión ni noción de lo que sucede en el mundo exterior. Les sucede a los artistas de todo tipo (pintores, plásticos, músicos, escritores) que incluso organizan una especie de “búnker” personal para que nada los interrumpa. En ese mundo de creatividad no hay horarios, ni cronogramas, ni paso a paso. Pero sí hay propósitos y objetivos muy definidos que los llevan a concluir su tarea.

Le sucede a todo aquel que trabaje de manera creativa o independiente, sin ataduras, plazos, reuniones constantes o cualquier tipo de rutina que indefectiblemente requiere ajustarse a cronogramas, cumplir plazos de entrega, rendir cuentas, evitar vencimientos. Imaginen, por ejemplo, un contador que se abstraiga del entorno temporal y olvide pagar a tiempo los impuestos de sus clientes, presentar las declaraciones juradas en fecha, acreditar pagos; su vida laboral se convertiría en un caos, además de que claramente perdería a todos sus clientes…