Victoria final - Mark Finley - E-Book

Victoria final E-Book

Mark Finley

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Beschreibung

La Iglesia Adventista del Séptimo Día está en las manos de Dios. Él es su Fundador, su Líder, su Capitán, su General y su verdadero Jefe. Él ha guiado continuamente este movimiento en el pasado, lo sostiene diariamente en el presente y lo conducirá poderosamente hacia el futuro. No importa cuán desafiantes sean los días venideros, el pueblo de Cristo, la iglesia de Cristo, los propósitos de Cristo y el plan de Cristo triunfarán al fin.

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Seitenzahl: 153

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Victoria final

El triunfo de la iglesia remanente en un mundo decadente

Mark Finley

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.

Tabla de contenidos
Tapa
Introducción
1. Un llamado profético urgente
2. El mensaje del tiempo del fin de Apocalipsis
3. Todo viento de doctrina
4. La iglesia triunfante
5. Hacia la unidad en el cuerpo de Cristo
6. Cuando la Tierra está llena de la gloria de Dios
7. Las imitaciones auténticas no funcionarán

Victoria final

El triunfo de la Iglesia remanente en un mundo decadente

Mark Finley

Título del original en inglés: The Church Triumphant.

Dirección: Natalia Jonas

Traducción: Natalia Jonas

Diseño de tapa y del interior: Mauro Perasso

Ilustración: Mauro Perasso

IMPRESO EN LA ARGENTINA

Printed in Argentina

Primera edición; e - Book

MMXXII

Es propiedad. © Pacific Press 2019

© ACES, 2022.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN 978-987-798-720-1

Finley, Mark

Victoria final: El triunfo de la Iglesia remanente en un mundo decadente / Mark Finley / Dirigido por Natalia Jonas / Ilustrado por Mauro Perasso. - 1ª ed. - Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

Traducción de: Natalia Jonas.

ISBN 978-987-798-720-1

1. Adventismo. I. Jonas, Natalia, dir. II. Perasso, Mauro, ilus. III. Título.

CDD 286.7

Publicado el 05 de octubre de 2022 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Tel. (54-11) 5544-4848 (opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)

E-mail: [email protected]

Website: editorialaces.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.

Todas las citas bíblicas sin otra indicación han sido extraídas de La Biblia, Nueva Reina-Valera 2000 Actualizada (RVA-2000), © 2020, Sociedad Bíblica Emanuel. Biblia.EditorialACES.com

A menos que se especifique de otro modo, las citas bíblicas se han tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizada con permiso.

No importa cuán desafiantes sean los días por venir, no importa cuán oscuro pueda ser el futuro, no importa qué dificultades tenga que pasar, el plan de Cristo para su iglesia se alcanzará y esta finalmente triunfará.

Únete conmigo en este viaje de descubrimiento, mediante el estudio de la Palabra de Cristo dada a su iglesia, a fin de captar la apasionante visión que tiene para su pueblo del tiempo del fin y reafirmar nuestro compromiso con su misión.

Introducción

He escrito este libro porque creo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es llamada a una misión profética urgente. A pesar de los desafíos que pueda enfrentar, la iglesia de Cristo triunfará sobre los poderes del infierno. Se levantará y cumplirá su destino: proclamar el evangelio eterno a “toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6).

Confío en el destino de la iglesia, porque Cristo la guía. Él proclamó: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18). Cristo ha prometido que su iglesia triunfará finalmente. Los poderes del infierno no podrán destruir a la iglesia.

He escrito este libro porque creo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es el remanente de la profecía bíblica según se describe en Apocalipsis 12:17 y en Apocalipsis 14:12, y porque tiene una misión profética, un llamado divino, de predicar el evangelio eterno del amor, la gracia, la misericordia y la justicia de Dios con el fin de preparar al mundo para la venida del Señor.

También creo que, “por débil e imperfecta que parezca, la iglesia es el objeto al cual Dios dedica en un sentido especial su suprema consideración. Es el escenario de su gracia, en el cual se deleita en revelar su poder para transformar los corazones”.1 La iglesia es uno de los lugares principales donde Dios nos transforma por medio de su gracia, nos da poder por medio de su Espíritu y nos envía a cumplir su misión al mundo.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día está siendo atacada hoy en día desde adentro y desde afuera. Hay quienes han perdido la confianza en la iglesia. La organización y la administración eclesial han sido socavadas, a veces sutilmente, y a veces no tan sutilmente. Las enseñanzas y las doctrinas de la iglesia han sido desafiadas. Pero todo esto no ha tomado a Dios por sorpresa. Él está preparando a su iglesia para el mayor movimiento misionero en la historia. Este mundo será iluminado con la gloria de Dios (ver Apoc. 18:1). “Será predicado este evangelio del reino en todo el mundo […] y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14).

Únete conmigo en este viaje de descubrimiento, mediante el estudio de la Palabra de Cristo a su iglesia, a fin de captar la apasionante visión que tiene para su pueblo del tiempo del fin y reafirmar nuestro compromiso con su misión.

Mark Finley

1Elena de White, Los hechos de los apóstoles (Florida, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), p. 11.

La historia del libro de los Hechos es la historia de creyentes reunidos por el Espíritu Santo, en un movimiento inspirado por el Cielo, para impactar al mundo.

Capítulo 1

Un llamado profético urgente

La unidad, entonces y ahora

Una de las cosas que realmente le importa a Dios es la unidad de su iglesia. La unidad de la iglesia no es un asunto secundario.2Está en el corazón mismo del evangelio. Sin unidad, la iglesia no tiene poder para proclamar el evangelio en su plenitud a todo el mundo. Y, peor aún, llega a ser una contradicción de la verdadera naturaleza del evangelio.

Jesús reveló la importancia de la unidad en su última oración intercesora, cuando oró: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:23). La unidad de la iglesia es una de las mayores evidencias del poder del evangelio. Cuando personas de diferentes trasfondos, culturas, idiomas y temperamentos están unidas por el Espíritu Santo en Cristo, el mundo lo nota.

Bajo inspiración divina, Elena de White lo expresó así:

Solamente en la medida en que estuvieran unidos con Cristo, podían esperar los discípulos que los acompañara el poder del Espíritu Santo y la cooperación de los ángeles del cielo. Con la ayuda de estos agentes divinos, podrían presentar ante el mundo un frente unido, y obtener la victoria en la lucha que estaban obligados a sostener incesantemente contra las potestades de las tinieblas. Mientras continuaran trabajando unidos, los mensajeros celestiales irían delante de ellos abriendo el camino; los corazones serían preparados para la recepción de la verdad y muchos serían ganados para Cristo.3

El modelo de Hechos: una iglesia unida

Uno de los ejemplos más impresionantes en el Nuevo Testamento de una iglesia unida es la iglesia del libro de los Hechos. Aunque ciertamente había diferencias de trasfondo cultural, y a veces había debates acalorados, la iglesia del Nuevo Testamento, en su esencia, exhibía unidad. Esta unidad no era una conformidad acerca de la comprensión de cada tema; tampoco era un sentimentalismo dulce y superficial. No era una “unicidad” vaga, pluralista y difícil de definir, en la que cada creyente toleraba los conceptos personales de otros creyentes para lograr algún objetivo etéreo. La unidad del Nuevo Testamento era una unidad de fe basada en la persona, el mensaje y la misión de Cristo. La historia del libro de los Hechos es la historia de creyentes reunidos por el Espíritu Santo, en un movimiento inspirado por el Cielo, para impactar al mundo. Es la historia de hombres y mujeres creyentes en la Biblia, cristocéntricos y apasionados por la misión de Dios para su iglesia.

Unidos en la centralidad del amor de Dios

Los discípulos estaban unidos en su amor por Cristo. Al estar comprometidos con Cristo, se unieron mucho más unos con otros. Su vínculo de unión nació en él. Cristo era su todo. Cautivados por su amor, redimidos por su gracia y habiendo recibido poder por su Espíritu, estaban, a pesar de sus diferencias, unidos en un solo cuerpo. Elena de White utiliza una expresión interesante para describir la unidad de los discípulos:

“El nombre de Cristo había de ser su consigna, su divisa distintiva, su vínculo de unión, la autoridad para su curso de acción y la fuente de su éxito. Nada que no llevara su nombre y su inscripción había de ser reconocido en su Reino”.4 El nombre de Cristo era su “vínculo de unión”. En otras palabras, eran uno en una unión indisoluble con Cristo.

El evangelista A. W. Tozer lo expresa así: “¿Se les ha ocurrido pensar alguna vez que cien pianos afinados todos por el mismo afinador están totalmente afinados unos y otros en el mismo tono? Tienen el mismo tono porque todos fueron afinados por el mismo afinador. Del mismo modo, cien creyentes que adoran a Dios con la mirada fija en Cristo están perfectamente unidos unos con otros. Están más unidos que cien personas que adoran aparentemente ‘unidos’, pero que cada uno tiene su mente en cualquier parte”.5

Los discípulos estaban afinados en Cristo; por lo tanto, también lo estaban unos con otros. Cristo es el gran unificador. Hablando de Cristo, para salvar la división entre judíos y gentiles, el apóstol Pablo declara enfáticamente: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efe. 2:14). El apóstol continúa diciendo que, en Cristo, “todo el cuerpo [está] bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas” (Efe. 4:16), y le ruega a la iglesia en Corinto que “no haya desavenencia en el cuerpo” (1 Cor. 12:25). Cuando los corazones son uno en Cristo, no pueden estar alejados entre sí.

¿Podría ser que a veces nuestra desunión sea el resultado de habernos alejado del corazón de Cristo? ¿Es posible que nuestras propias opiniones e ideas personales sobre cierto tema empañen la voluntad de Cristo con respecto a ese asunto, y generen división entre nosotros? ¿Crees que el orgullo alguna vez oscurece nuestra visión? La razón por la que los discípulos estaban “unánimes” en el Día del Pentecostés ¿pudo haber sido que habían entregado sin reservas su voluntad a Cristo, y estaban dispuestos a abandonar cualquier cosa que los separara de él y de los demás creyentes? La unidad del Nuevo Testamento estaba basada en un compromiso común con Cristo, su mensaje y su misión.

Unidad en la centralidad del mensaje de Cristo

La unidad de la iglesia del Nuevo Testamento estaba anclada en el compromiso de los discípulos con el mensaje de Cristo. A menudo, pasamos por alto que, cuando Jesús oró por la unidad de su iglesia, oró al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). La unidad de la iglesia del Nuevo Testamento estaba basada en un compromiso común con la verdad revelada de Jesús. Los primeros creyentes aceptaron la verdad sobre la revelación de la Escritura, la salvación por la fe, el ministerio del Espíritu Santo, la segunda venida de Cristo, la observancia del sábado, el estado de los muertos, la resurrección y el ministerio sacerdotal de Cristo, solo por mencionar algunas de las enseñanzas principales de nuestro Señor. Se unieron por medio de su palabra profética, afianzados en la verdad y comprometidos con la revelación divina de su voluntad.

Lucas describe la unión de los creyentes del Nuevo Testamento en Hechos 2:41 y 42: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Presta atención a dos expresiones significativas: (1) “los que recibieron su palabra” y (2) “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”. Ambas expresiones implican una aceptación y un compromiso en relación con las verdades eternas, invariables, de las Escrituras. La unidad de los creyentes del Nuevo Testamento estaba basada en el compromiso de cada uno con las enseñanzas de Jesús, según su Palabra. Estaban unidos en el cimiento, en las verdades fundamentales de la Biblia.

Charles Spurgeon habló de la unidad en la verdad usando las siguientes palabras: “Un coro de voces ecuménicas insiste en proclamar la canción de la unidad. Lo que están diciendo es: ‘Los cristianos de todo matiz y creencia doctrinal deben unirse en una organización visible, independientemente de toda diferencia […]. ¡Únanse! ¡Únanse!’ Tal enseñanza es falsa, imprudente y peligrosa. Solo la verdad debe determinar nuestras lealtades. La verdad va antes que la unidad. La unidad sin verdad es perjudicial. La oración de nuestro Señor en Juan 17 debe leerse en su contexto completo. Mira el versículo 17: ‘Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad’. Solo quienes son santificados por medio de la Palabra pueden ser uno en Cristo. Enseñar otra cosa es traicionar el evangelio”.6

Elena de White estaría de acuerdo con Spurgeon. Al comentar sobre la oración de Jesús por la unidad en Juan 17, ella escribe: “No podemos renunciar a la verdad para lograr esta unión; ya que los mismos medios por los que se debe ganar es por la santificación por medio de la verdad. La sabiduría humana cambiaría todo esto por pensar que esta base para la unión es demasiado angosta. Los hombres efectuarían una unión por medio de la conformidad de opiniones populares, cediendo al mundo. Pero la verdad es la base de Dios para la unidad de su pueblo”.7

La iglesia del Nuevo Testamento estaba unida por medio de un mensaje profético de la verdad presente. La presentación magistral de Pedro en Hechos 2 fue un mensaje profético que claramente revelaba a Jesús como el Mesías prometido. En Hechos 8, el estudio bíblico profético de Felipe sobre Jesús como el cumplimiento mesiánico de Isaías 53 llevó al etíope a tomar una decisión por Cristo. Y la predicación profética de Pablo durante tres sábados consecutivos en Tesalónica, registrada en Hechos 17, tocó el corazón de muchos judíos.

La verdad como está en Jesús, proclamada proféticamente, unifica la iglesia en una misión común. La verdad une. Hay algo más grande, más general, más grandioso que nuestras opiniones personales, o incluso que nuestras convicciones individuales. La verdad de la Palabra, revelada por el Espíritu, suplanta cualquier otra cosa.

Cuando el pueblo de Dios esté unido en Cristo para proclamar la profética Palabra de Dios con el poder del Espíritu Santo, la Tierra será iluminada con la gloria de Dios. Nuevamente, en esta generación, Dios le ha confiado a su pueblo un mensaje profético, una verdad presente.

Dios ha provisto una comprensión divina en cuanto a lo que vendrá sobre el pueblo de Dios del tiempo del fin. Errores sutiles y falsedades se introducirán gradualmente en el pueblo de Dios en el nombre de la verdad.

El enemigo de las almas ha procurado introducir la suposición de que había de realizarse una gran reforma entre los adventistas del séptimo día, y que esa reforma consistiría en renunciar a las doctrinas que están en pie como las columnas de nuestra fe y que había de comenzar un proceso de reorganización. Si se efectuara esta reforma, ¿qué resultaría? Los principios de verdad que Dios en su sabiduría ha dado a la iglesia remanente serían descartados. Sería cambiada nuestra religión. Los principios fundamentales que han sostenido la obra durante los últimos cincuenta años serían considerados como error.8

Lo que unirá al pueblo de Dios en una última proclamación de la verdad en el tiempo del fin es el mensaje de Cristo, nuestra justicia, a la luz de los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6 al 12. Lo que movilizará el mundo es el mensaje profético bíblico, cristocéntrico, del tiempo del fin: la verdad presente para este tiempo. Entonces será escrito del pueblo de Dios que aquellos que “trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hech. 17:6).

Unidos en la centralidad de la misión de Cristo

La iglesia del Nuevo Testamento estaba unida en una pasión resuelta por compartir a Cristo y el mensaje del evangelio con el mundo. Las preferencias y las opiniones personales eran secundarias en relación con la proclamación del mensaje de la Cruz. Abrumados por la gracia, asombrados por la bondad de Dios y atónitos ante la redención que se encuentra en Cristo, los discípulos vencieron sus diferencias mezquinas a la luz de la misión más amplia de Cristo. Lo que ensombreció todo lo demás fue un mundo necesitado de la gracia salvadora de Cristo y la seguridad de la Palabra transformadora. En Hechos 4:20, cuando las autoridades intentaron silenciar su voz, Pedro proclamó: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”. Hechos 5:42 proclama: “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo”. Cuando cayó la persecución sobre los discípulos, el registro revela que “los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hech. 8:4).

Los discípulos tenían sus diferencias. A veces había malentendidos y hasta conflictos, pero estaban unidos en Cristo para proclamar un mensaje profético de la verdad presente, un mensaje que el mundo necesitaba desesperadamente escuchar. Su propósito firme, fijo, era lograr la misión de Dios. Habían confraternizado con el Salvador, y su pasión de “buscar y salvar lo que se había perdido” llegó a ser la pasión de ellos también (ver Luc. 19:10). Su compromiso con Cristo, su mensaje y su misión fue lo que los mantuvo enfocados en la tarea. Dos declaraciones clásicas del libro Los hechos de los apóstoles ilustran de manera poderosa el propósito y el enfoque de la iglesia primitiva.

La iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres. Fue organizada para servir, y su misión es la de anunciar el evangelio al mundo.9

Los discípulos oraron con intenso fervor pidiendo capacidad para encontrarse con los hombres, y en su trato diario hablar palabras que pudieran guiar a los pecadores a Cristo. Poniendo aparte toda diferencia, todo deseo de supremacía, se unieron en estrecho compañerismo cristiano. Se acercaron más y más a Dios y, al hacer esto, comprendieron cuán grande privilegio habían tenido al poder asociarse tan estrechamente con Cristo. La tristeza llenó sus corazones al pensar en cuántas veces lo habían apenado por su tardo entendimiento y su incomprensión de las lecciones que, para el bien de ellos, estaba procurando enseñarles.