Violencia escolar - Martín Febbrile - E-Book

Violencia escolar E-Book

Martín Febbrile

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Beschreibung

Este libro ofrece un abordaje integral sobre la violencia escolar entre alumnos, desde sus raíces individuales y sociales hasta sus efectos devastadores en la comunidad educativa. Mediante análisis teóricos, datos empíricos y estudios de caso, proporciona herramientas para comprender y prevenir este fenómeno, promoviendo una cultura de paz en las escuelas. Dirigido a educadores, familias y profesionales, busca ser una guía esencial para transformar el aula en un espacio seguro y empático para todos.

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Seitenzahl: 277

Veröffentlichungsjahr: 2025

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MARTÍN FEBBRILE

Violencia escolar

La escuela como espejo social MARTÍN FEBBRILE Editorial Autores

Febbrile, Martín Violencia escolar : la escuela como espejo social / Martín Febbrile. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2025.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-6734-5

1. Educación. I. Título. CDD 302.343

EDITORIAL AUTORES DE [email protected]

Tabla de contenido

Prólogo

Introducción

Objetivos del libro

Capítulo 1 - Entendiendo la violencia escolar

Definición de violencia entre alumnos

Diferencias entre violencia, conflicto y bullying

Formas de violencia escolar: física, verbal, psicológica, y ciberacoso

Capítulo 2 - Causas de la violencia escolar

Factores individuales en la violencia escolar: impulsividad, baja autoestima y dificultades emocionales

Factores familiares en la violencia escolar: dinámicas familiares conflictivas, falta de supervisión y violencia en el hogar

Factores sociales en la violencia escolar: presión de grupo, exclusión social, estereotipos y prejuicios

Factores escolares en la violencia: ambiente escolar hostil, falta de autoridad y normas claras

Factores culturales en la violencia escolar: influencia de los medios de comunicación, redes sociales y videojuegos violentos

Capítulo 3 - Efectos de la violencia escolar en los estudiantes

Consecuencias psicológicas de la violencia escolar

Consecuencias sociales de la violencia escolar: aislamiento y problemas de socialización

Consecuencias académicas de la violencia escolar: bajo rendimiento, desinterés escolar y ausentismo

Consecuencias físicas de la violencia escolar: lesiones y problemas de salud

Capítulo 4 - Consecuencias a largo plazo

Impacto en la vida adulta: dificultades para formar relaciones saludables tras experiencias de violencia escolar

El ciclo de la violencia: cómo la violencia escolar puede perpetuar conductas violentas en el futuro

El agresor: consecuencias emocionales, legales y sociales para quienes ejercen la violencia

La víctima: el trauma a largo plazo y los problemas de confianza

Capítulo 5 - Estrategias de prevención y manejo de la violencia escolar

Intervenciones tempranas

Programas educativos para promover la empatía y el respeto

Fortalecimiento de la convivencia escolar: resolución de conflictos, mediación y diálogo

Programas de educación emocional

El rol de los maestros, psicólogos escolares y otros actores clave en la prevención y manejo de la violencia escolar

Capítulo 6 - El rol de la familia en la prevención y detección de la violencia escolar

Cómo detectar signos de violencia en los hijos

Estrategias para abordar la violencia escolar desde la familia

Estrategias de crianza para fomentar el respeto y la tolerancia

La colaboración entre familia y escuela

Capítulo 7 - El rol de la escuela

Políticas escolares para prevenir y sancionar la violencia

Crear un entorno seguro y respetuoso

Programa de apoyo a las víctimas

Capacitación docente: sobre manejo de conflictos y violencia

Capítulo 8 - Estudios de caso

Definición y objetivos de los estudios de casos

Casos exitosos de prevención

Reflexión sobre las lecciones aprendidas en la prevención de la violencia escolar

Capítulo 9 - Hacia una cultura de paz en las escuelas

Fomentar la cultura del respeto y la no violencia en las escuelas

Propuestas para la mejora de las políticas educativas en América Latina

La importancia de la comunidad escolar en la prevención de la violencia escolar

Conclusión

Reflexión final: la importancia de combatir la violencia escolar

Epílogo

ANEXOS - Guía práctica para padres y docentes: cómo actuar ante la violencia escolar

Recursos y organizaciones especializadas en la prevención de la violencia escolar en Argentina

Bibliografía recomendada sobre violencia escolar

Bibliografía consultada y citada

Prólogo

Hablar de violencia escolar es adentrarse en una problemática que excede las paredes del aula y se enlaza con profundas tensiones sociales, culturales y familiares. Lejos de ser un fenómeno aislado, la violencia entre alumnos se ha convertido en uno de los principales desafíos de la educación contemporánea, no solo en Argentina sino en gran parte del mundo. Las cifras, los testimonios y las investigaciones coinciden en señalar que sus efectos impactan de manera directa en la vida emocional, académica y social de miles de estudiantes.

Este libro que el lector tiene entre sus manos no se limita a describir el problema: lo analiza en toda su complejidad. Con un enfoque interdisciplinario, el autor integra aportes de la sociología, la pedagogía, la psicología y las políticas públicas, ofreciendo una visión amplia y rigurosa sobre cómo y por qué se manifiesta la violencia escolar. Al mismo tiempo, brinda herramientas para comprender sus múltiples dimensiones: desde la violencia física hasta el ciberacoso, desde los factores individuales y familiares hasta las dinámicas sociales y escolares que los potencian.

Más allá del diagnóstico, la obra busca ser una guía práctica y reflexiva para quienes trabajan día a día en el ámbito educativo. Docentes, directivos, familias y responsables de la gestión escolar encontrarán aquí estrategias de prevención, propuestas de intervención y caminos posibles para transformar la escuela en un espacio de convivencia pacífica y aprendizaje significativo. En este sentido, el libro no se queda en la denuncia, sino que apuesta a la construcción de soluciones colectivas que permitan restituir a la escuela su función esencial: la de ser un lugar seguro donde los jóvenes puedan crecer y desarrollarse plenamente.

En tiempos en que los lazos sociales se ven debilitados y la violencia se presenta como un lenguaje cotidiano, resulta imprescindible contar con obras que, como esta, inviten a pensar, debatir y actuar. El texto nos desafía a no permanecer indiferentes, recordándonos que la violencia escolar no es un destino inevitable, sino un problema que puede y debe ser transformado con compromiso, conocimiento y trabajo conjunto.

Introducción

La violencia escolar es un fenómeno que ha cobrado relevancia en las últimas décadas, afectando no solo el bienestar emocional y físico de los estudiantes, sino también el ambiente escolar en su conjunto. Definida como “cualquier forma de maltrato o agresión física, verbal o psicológica que ocurre dentro del contexto educativo” (Smith, 2003), la violencia entre alumnos es una problemática compleja que involucra una serie de factores sociales, familiares y culturales.

La escuela, tradicionalmente vista como un espacio de aprendizaje y desarrollo, se ha convertido en ocasiones en un escenario donde la violencia prolifera, dañando tanto a las víctimas como a los agresores. Según datos de la UNESCO (2020), uno de cada tres estudiantes en el mundo ha sido víctima de algún tipo de violencia en su entorno escolar aproximadamente. Este dato se configura alarmante no tanto por la frecuencia de los casos, sino por las graves consecuencias que esto genera en el desarrollo académico y social de los estudiantes.

Las causas de la violencia escolar son variadas y multifactoriales. Investigaciones sugieren que las dinámicas familiares disfuncionales, la exposición a la violencia en los medios de comunicación, y la falta de intervención temprana por parte de las autoridades educativas, son algunos de los factores que contribuyen a que los estudiantes desarrollen conductas agresivas dentro del entorno escolar (Olweus, 1993). A esto se le suma la creciente influencia de las redes sociales y el fenómeno del ciberacoso, que ha extendido el alcance de la violencia más allá de las paredes del aula.

La violencia escolar en Argentina es una problemática que ha tomado relevancia en los últimos años, afectando el desarrollo integral de los estudiantes y deteriorando el clima escolar. Según un estudio realizado por la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (DINIECE), uno de cada cuatro estudiantes en escuelas secundarias ha sido víctima de algún tipo de violencia por parte de sus compañeros (DINIECE, 2019). Esta situación evidencia que la violencia entre alumnos no solo impacta en las relaciones interpersonales, sino que también afecta el rendimiento académico y la permanencia en la escuela.

En el contexto argentino, la violencia escolar puede tener múltiples causas. Entre ellas, se destacan factores familiares, sociales y escolares. De acuerdo con la socióloga Carina Kaplan, la violencia escolar es el resultado de una “crisis de lazos sociales” en la que los alumnos expresan, a través de la agresión, conflictos no resueltos en sus entornos más cercanos, como la familia o la comunidad (Kaplan, 2006). A su vez, la falta de políticas públicas efectivas para la prevención y el abordaje de la violencia dentro de las instituciones educativas también contribuyen a la perpetuación de este problema.

Las consecuencias de la violencia escolar son devastadoras y pueden manifestarse tanto a corto como a largo plazo. Diversos estudios han demostrado que los estudiantes que son víctimas de violencia escolar sufren de problemas emocionales, como ansiedad, depresión y baja autoestima, lo que a menudo se traduce en un bajo rendimiento académico y problemas de socialización (Berger, 2007). Por otro lado, los agresores también experimentan consecuencias negativas, como la incapacidad de establecer relaciones saludables y una tendencia a perpetuar comportamientos violentos en otros contextos (Farrington & Ttofi, 2011).

Además, los agresores también se ven perjudicados, ya que tienden a replicar comportamientos violentos en otros ámbitos de su vida, perpetuando un ciclo de violencia que puede llegar a tener implicaciones legales y sociales en su adultez.

En este libro se propone como punto de partida analizar de manera integral las causas, efectos y consecuencias de la violencia escolar en Argentina. A través de un enfoque interdisciplinario, se abordarán las distintas formas en que la violencia se manifiesta en las instituciones educativas, así como las estrategias que se están implementando para prevenir y reducir su impacto en la comunidad escolar. Como advierte Silvina Gvirtz, para que la escuela vuelva a ser un espacio seguro y de aprendizaje, es necesario un “compromiso institucional que ponga en el centro la convivencia pacífica y el respeto mutuo” (Gvirtz, 2014).

Al reconocer que la violencia escolar no solo afecta a las víctimas directas, sino también al conjunto de la comunidad educativa, resulta imperativo que todos los actores involucrados –padres, docentes, estudiantes y autoridades escolares– asuman la responsabilidad de abordar este problema. Como señala el autor Dan Olweus, pionero en el estudio del bullying, “la violencia escolar no es un problema que deba ser tolerado o ignorado; es un reto que debe ser abordado de manera activa y comprometida por todos aquellos que participan en la vida escolar” (Olweus, 1993).

Objetivos del libro

El tema de la violencia escolar entre alumnos es uno de los principales desafíos que enfrenta la educación en Argentina y en muchos países del mundo. Este libro tiene como objetivo ofrecer una visión integral y profunda de las causas, consecuencias y posibles soluciones a este fenómeno.

A lo largo de los capítulos, se explorarán las diferentes formas en las que la violencia se manifiesta en el contexto escolar, las razones que la originan, y las graves repercusiones que tiene para el desarrollo integral de los estudiantes. Asimismo, se presentarán estrategias para prevenir y manejar este tipo de comportamientos, con un enfoque en la promoción de un ambiente escolar seguro y respetuoso.

A través del análisis de investigaciones, estudios de caso y la reflexión teórica, se busca generar una herramienta útil tanto para los profesionales de la educación como para las familias y la comunidad en general, con el fin de abordar esta problemática de manera más efectiva.

1. Analizar las causas de la violencia escolar entre alumnos

El primer objetivo fundamental es identificar y analizar las causas que generan la violencia entre estudiantes. Este análisis parte de una visión multidimensional que contempla factores individuales, familiares, escolares y sociales. Ya que la violencia no surge de manera aislada; está influenciada por una serie de elementos que interactúan de manera compleja.

Desde el enfoque familiar, se explorará cómo los problemas socioeconómicos, la falta de contención emocional y los modelos de comportamiento violentos en el hogar pueden influir en la conducta agresiva de los estudiantes. Diversos estudios en Argentina han demostrado que los niños que crecen en ambientes familiares conflictivos o violentos tienden a replicar esas conductas en el ámbito escolar (Kaplan, 2006). Por lo tanto, se analizarán las dinámicas familiares y cómo estas pueden propiciar el desarrollo de comportamientos agresivos en los niños y adolescentes.

Desde el punto de vista escolar, se analizará cómo las condiciones dentro de las instituciones educativas pueden contribuir a la violencia. La falta de una política de convivencia escolar, el mal manejo de los conflictos entre los alumnos y la ausencia de formación en habilidades socioemocionales pueden aumentar las tensiones entre los estudiantes. También se explorará cómo factores como el hacinamiento en las aulas, la falta de recursos, y la deficiente formación de los docentes en la prevención de la violencia pueden agravar la situación.

A nivel social, se abordará el impacto de la desigualdad, la pobreza y la marginalización en la violencia escolar. En contextos donde las brechas sociales son amplias, las tensiones que se generan en las comunidades pueden trasladarse a las escuelas. En este sentido, la violencia escolar no es solo un problema educativo, sino también un reflejo de las tensiones y conflictos presentes en la sociedad en general.

2. Explorar los diferentes tipos de violencia en el ámbito escolar

Un segundo objetivo es examinar los distintos tipos de violencia que ocurren en las escuelas. El bullying es una de las formas más comunes de violencia escolar, pero no es la única. La violencia entre alumnos puede manifestarse de diversas formas: física, verbal, psicológica y, en los últimos años, a través del ciberacoso. Se detallará cada una de estas formas de violencia, destacando sus características, cómo afectan a las víctimas y las estrategias para enfrentarlas.

El bullying, definido como una agresión repetida y sostenida en el tiempo, será uno de los focos principales de este apartado. Se explorarán los mecanismos de poder y dominación que subyacen al bullying, así como el impacto emocional y psicológico que tiene en las víctimas, quienes frecuentemente desarrollan ansiedad, depresión y baja autoestima (Olweus, 1993). Asimismo, se analizarán las dinámicas del acoso grupal, en el que varios estudiantes actúan como agresores de una víctima, y cómo el entorno escolar puede contribuir a perpetuar estos comportamientos.

El ciberacoso será otro tema central de este análisis. Con el aumento del uso de las tecnologías y las redes sociales, la violencia escolar ha trascendido las barreras físicas del aula y se ha trasladado al mundo virtual. Los jóvenes utilizan plataformas digitales para hostigar a sus compañeros, lo que amplifica el impacto de la violencia y dificulta su control por parte de las autoridades escolares. Además se ofrecerá una visión de los desafíos que presenta el ciberacoso, así como posibles estrategias de prevención y control.

3. Examinar las consecuencias de la violencia escolar

Un tercer objetivo es examinar en profundidad las consecuencias de la violencia escolar en los estudiantes, tanto en las víctimas como en los agresores y los testigos. Las consecuencias de la violencia no se limitan al ámbito escolar, sino que pueden tener un impacto duradero en la vida de los jóvenes.

En el caso de las víctimas, las secuelas emocionales y psicológicas son las más evidentes. Se explorará cómo la violencia escolar puede llevar a problemas de salud mental, como la depresión, la ansiedad, los trastornos del sueño y, en los casos más graves, el suicidio. También se analizará el impacto en el rendimiento académico de los estudiantes, quienes, al verse envueltos en un ambiente hostil, pierden la motivación para aprender y pueden llegar a abandonar la escuela. Este análisis estará respaldado por investigaciones que muestran la correlación entre la violencia escolar y la deserción escolar en Argentina (Ministerio de Educación, 2018).

En cuanto a los agresores, se explorarán las consecuencias a largo plazo de la participación en actos de violencia. Los jóvenes que ejercen violencia en la escuela corren el riesgo de desarrollar conductas antisociales que pueden trasladarse a su vida adulta. Además, se abordará cómo la participación en actos violentos puede dañar las relaciones interpersonales de los agresores, quienes tienden a ser rechazados por sus compañeros y carecen de habilidades para construir relaciones basadas en el respeto y la empatía.

También se analizará el impacto de la violencia escolar en los testigos. Los estudiantes que presencian actos de violencia, aunque no sean víctimas directas, también sufren consecuencias emocionales. El miedo a convertirse en la próxima víctima y la normalización de la violencia pueden afectar su bienestar emocional y su percepción de la convivencia escolar.

4. Proponer estrategias de prevención y solución

El objetivo más importante del libro es proponer estrategias concretas para la prevención y solución de la violencia escolar. Estas estrategias estarán orientadas a los diferentes actores del ámbito educativo: docentes, directivos, familias y estudiantes.

En primer lugar, se propondrá la implementación de programas de mediación escolar y resolución pacífica de conflictos. Estos programas han demostrado ser efectivos para reducir los niveles de violencia escolar al ofrecer a los estudiantes herramientas para resolver sus conflictos de manera no violenta (Ministerio de Educación, 2018). Se destacará también la importancia de formar a los docentes en habilidades socioemocionales, para que puedan gestionar mejor los conflictos en el aula y promover un clima de convivencia pacífica.

En cuanto a las familias, se propondrán estrategias para fortalecer el vínculo entre el hogar y la escuela. Las familias juegan un rol fundamental en la formación de los valores y comportamientos de los jóvenes, por lo que es crucial que estén involucradas en la prevención de la violencia escolar. Se ofrecerán recomendaciones para que los padres puedan identificar señales de alerta y actuar de manera preventiva ante posibles casos de violencia.

Además, se subrayará la importancia de promover una cultura de respeto y empatía entre los estudiantes. A través de talleres, actividades extracurriculares y campañas de sensibilización, se puede fomentar la convivencia pacífica y reducir la violencia en las escuelas. Finalmente se propondrán una serie de actividades y recursos que pueden ser utilizados por las escuelas para promover estos valores entre los estudiantes.

Capítulo 1

Entendiendo la violencia escolar

Definición de violencia entre alumnos

La violencia entre alumnos se refiere a cualquier tipo de comportamiento agresivo o dañino que ocurre entre estudiantes en el entorno escolar, incluyendo agresiones físicas, verbales, psicológicas, y más recientemente, el ciberacoso. Este fenómeno puede tener causas estructurales y culturales, y se manifiesta en diversas formas, desde el bullying hasta peleas físicas y exclusión social.

En Argentina, Kaplan (2006) define la violencia escolar como “una ruptura de los lazos sociales que se expresa en agresiones físicas o simbólicas entre los estudiantes, generada por una crisis en los vínculos y en las relaciones de convivencia dentro del espacio educativo” (Kaplan, 2006, p. 45). Esta definición pone el foco en la descomposición de los lazos sociales y la falta de resolución de conflictos como principales causas de la violencia.

Dentro del contexto de América Latina, Abramovay y Rua (2005) describen la violencia escolar como “un conjunto de conductas que incluye desde insultos y amenazas, hasta agresiones físicas graves que tienen lugar en las interacciones cotidianas entre los estudiantes y que a menudo reflejan las tensiones y desigualdades sociales del entorno” (Abramovay & Rua, 2005, p. 87). Este enfoque reconoce cómo la violencia en las escuelas latinoamericanas está influenciada por el contexto socioeconómico y cultural en el que los jóvenes viven.

Diferencias entre violencia, conflicto y bullying

La convivencia escolar puede estar marcada por diversos tipos de interacciones que, en ocasiones, generan tensiones y enfrentamientos entre los estudiantes. Así en estas situaciones, es crucial distinguir entre tres fenómenos que se presentan con frecuencia en el ámbito escolar: la violencia, el conflicto y el bullying. Aunque pueden compartir ciertos elementos, como el involucramiento de más de una persona y la posibilidad de causar daño, cada uno posee características propias que los diferencian.

La violencia, el conflicto y el bullying son fenómenos que a menudo se confunden, pero poseen características distintas en su naturaleza, manifestación y efectos.

Violencia

La violencia se define como “el uso intencional de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o de hecho, contra uno mismo, otra persona o un grupo, que resulta o tiene alta probabilidad de resultar en daño, lesiones, muerte, daño psicológico o privaciones” (Organización Mundial de la Salud, 2002). En el ámbito escolar, Kaplan (2006) sostiene que la violencia escolar “es una expresión de la ruptura de los lazos sociales en la que uno o más estudiantes ejercen agresión, ya sea física o simbólica, de manera intencional, con el fin de dominar o someter al otro” (Kaplan, 2006, p. 50).

Conflicto

A diferencia de la violencia, el conflicto no implica una agresión o intención de dañar. El conflicto es “una situación en la que dos o más personas o grupos perciben que tienen intereses opuestos o incompatibles” (Galtung, 2000). Kaplan (2006) describe los conflictos escolares como “situaciones de tensión que, si son bien gestionadas, pueden transformarse en oportunidades de aprendizaje y crecimiento para los estudiantes” (p. 78).

En la escuela, estos desacuerdos pueden surgir por diversas razones: problemas personales, malentendidos, diferencias culturales o competitividad, entre otros factores. Si bien , el conflicto no implica violencia, esto significa que puede resolverse de manera pacífica a través del diálogo, la negociación o la mediación.

Los conflictos pueden variar en intensidad y duración, pero no siempre implican el uso de la fuerza o la intención de hacer daño. Por ejemplo, una discusión entre dos estudiantes por una diferencia de opinión en una actividad de grupo es un conflicto. Aunque las emociones pueden subir de tono, ello no implica que haya violencia o agresión directa.

Un aspecto importante del conflicto es que, a menudo, las partes involucradas tienen un poder relativamente equilibrado. Según Carmiña Horne (2017), “en los conflictos escolares, los estudiantes suelen estar en igualdad de condiciones en cuanto a poder y estatus, lo que facilita la resolución del conflicto a través de la mediación o el diálogo” (Horne, 2017, p. 45). Este equilibrio de poder es clave para diferenciar el conflicto del bullying, donde el desequilibrio de poder es una característica central.

Bullying

El bullying, a su vez, es una forma específica de violencia escolar caracterizada por una agresión repetitiva y un desequilibrio de poder. Según, Dan Olweus (1993), uno de los pioneros en el estudio del bullying, “un estudiante es víctima de bullying cuando está expuesto, de manera repetida y a lo largo del tiempo, a acciones negativas por parte de uno o más compañeros” (Olweus, 1993, p. 9). En el bullying, existe una clara intencionalidad de causar daño, ya sea físico, verbal o psicológico, con el propósito de dominar o humillar a la víctima, lo cual lo diferencia del conflicto.

Diferencias clave

La convivencia en el entorno escolar puede estar caracterizada por una variedad de interacciones que, en ocasiones, provocan tensiones y conflictos entre los alumnos. Resulta esencial entonces lograr diferenciar entre los tres fenómenos que se manifiestan con frecuencia en el entorno escolar: la violencia, el conflicto y el acoso escolar. Aunque pueden compartir ciertos elementos, como el involucramiento de más de una persona y la posibilidad de causar daño, cada uno posee características propias que los diferencian.

1. Violencia

Agresión intencionada que puede ser física, verbal o simbólica, con el objetivo de causar daño o someter a la víctima.

La violencia en el contexto escolar implica el uso de la fuerza física, verbal o psicológica para causar daño a otra persona. A diferencia del conflicto, donde puede no haber intención de lastimar, la violencia se caracteriza por una agresióndeliberada y, en muchos casos, por la repetición de los actos agresivos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia es “el uso intencional de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que tiene una alta probabilidad de causar lesiones, muerte, daño psicológico, trastornos del desarrollo o privaciones” (OMS, 2002). En el ámbito escolar, esto puede manifestarse de diversas formas, desde peleas físicas hasta el acoso verbal y el aislamiento social.

Una de las características clave de la violencia escolar es que no necesariamente se basa en un conflicto previo. En muchos casos, los actos de violencia son gratuitos y no responden a una disputa concreta. Por ejemplo, una pelea física entre dos estudiantes puede comenzar sin una razón aparente, simplemente porque uno de ellos busca dominar o humillar al otro. Esta falta de una causa aparente distingue la violencia de los conflictos, que generalmente tienen una razón subyacente.

Dentro de la violencia escolar, también se incluyen las agresiones verbales, como insultos, burlas y amenazas. Carina Kaplan (2006), en su estudio sobre la violencia escolar en Argentina, define la violencia verbal como “una forma de agresión que busca descalificar o humillar al otro mediante palabras ofensivas o amenazas, afectando profundamente la autoestima y el bienestar emocional de la víctima” (Kaplan, 2006, p. 67).

La violencia escolar puede tener consecuencias graves tanto para las víctimas como para los agresores. Según Olweus (1993), los estudiantes que son víctimas de violencia escolar a menudo experimentan una disminución en su rendimiento académico, ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas (Olweus, 1993, p. 23). Además, los agresores también pueden sufrir consecuencias negativas, como la dificultad para establecer relaciones sociales saludables y el desarrollo de conductas antisociales a largo plazo.

2. Conflicto

Es una situación de desacuerdo o tensión entre dos o más partes, que no necesariamente incluye violencia ni un desequilibrio de poder.

Touriñán López (2010) define el conflicto como “una situación natural de interacción humana donde dos o más partes se encuentran en una relación de competencia o desacuerdo, pero que no implica necesariamente la intención de causar daño” (p. 23). En este sentido, el conflicto es inherente a la vida social y a las dinámicas grupales, siendo una parte normal del crecimiento y el desarrollo de los estudiantes. De hecho, el conflicto puede ser una oportunidad para el aprendizaje si se maneja de forma constructiva, ya que enseña a los estudiantes a resolver diferencias de manera pacífica.

3. Bullying

Forma de violencia escolar que se caracteriza por su repetitividad y el desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima, con una clara intención de hacer daño.

El bullying, o acoso escolar, es una forma específica de violencia que se caracteriza por la repetición y el desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima. A diferencia de los conflictos, donde ambas partes suelen estar en igualdad de condiciones, el bullying implica una relación desigual en la que el agresor tiene más poder (ya sea físico, social o psicológico) que la víctima, y utiliza ese poder para someterla de manera recurrente.

El Centro de Investigaciones en Psicología y Sociedad (CIPS, 2015) define el bullying como “un tipo de violencia sistemática y deliberada que tiene como objetivo la humillación y el sometimiento de una víctima que se encuentra en una posición de indefensión o vulnerabilidad” (CIPS, 2015, p. 34). Este desequilibrio de poder es un factor crucial en el bullying, ya que hace que la víctima tenga pocas posibilidades de defenderse o escapar de la situación.

El bullying puede manifestarse de diferentes formas

• Bullying físico: incluye golpes, patadas, empujones o cualquier tipo de agresión física directa. Este tipo de bullying es más visible y, por lo general, es el que más rápidamente se identifica en las escuelas. Tiramonti (2012) sostiene que “el bullying físico es la forma más evidente de acoso, pero no necesariamente la más común, ya que muchas agresiones ocurren en el plano emocional o social” (Tiramonti, 2012, p. 78).

• Bullying verbal: incluye insultos, burlas, apodos ofensivos, amenazas y cualquier tipo de agresión que se realice a través de la palabra. Aunque no deja huellas físicas, el bullying verbal puede ser muy dañino para la salud emocional de la víctima, afectando su autoestima y bienestar psicológico.

• Bullying psicológico o social: se caracteriza por la manipulación emocional, el aislamiento social, la difusión de rumores o la exclusión intencionada de la víctima de actividades sociales. Este tipo de acoso suele ser más difícil de detectar, pero puede tener efectos devastadores en la salud mental y el desarrollo social de los estudiantes. Baraldini (2015) subraya que “el bullying psicológico tiene un impacto profundo en la percepción que la víctima tiene de sí misma, generando inseguridad y ansiedad a largo plazo” (Baraldini, 2015, p. 45).

• Ciberbullying: con el avance de la tecnología, ha surgido una nueva modalidad de bullying que se realiza a través de medios digitales, como redes sociales, mensajes de texto o correos electrónicos. El ciberbullying puede ser particularmente dañino debido a su naturaleza constante y la capacidad de alcanzar a la víctima en cualquier momento y lugar. Abramovay (2015) destaca que “el ciberbullying amplifica la agresión escolar al traspasar los límites físicos de la escuela y prolongar el acoso incluso fuera del horario escolar” (Abramovay, 2015, p. 56).

Uno de los aspectos más preocupantes del bullying es su impacto a largo plazo en las víctimas. Según Olweus (1993), las víctimas de bullying tienen un mayor riesgo de sufrir trastornos psicológicos como depresión, ansiedad y baja autoestima, incluso años después de que el acoso haya cesado (Olweus, 1993, p. 28). Además, algunos estudios sugieren que las víctimas de bullying son más propensas a experimentar dificultades en sus relaciones sociales y a desarrollar problemas de salud mental en la edad adulta.

La violencia escolar es un fenómeno que afecta el ambiente educativo y tiene implicaciones significativas en el bienestar físico, emocional y psicológico de los estudiantes. En Argentina, la violencia entre alumnos no solo perjudica la convivencia escolar, sino que también atenta contra el derecho fundamental de los niños y jóvenes a recibir una educación en un entorno seguro. Abordar este problema es crucial para garantizar el desarrollo pleno de los estudiantes y fomentar una cultura de respeto y convivencia pacífica en las escuelas.

Diversos estudios y encuestas en Argentina han puesto de manifiesto la gravedad del problema de la violencia escolar. Según un informe del Observatorio de la Convivencia Escolar del Ministerio de Educación de la Nación, un 20% de los estudiantes en el nivel secundario ha experimentado algún tipo de violencia física o verbal en el ámbito escolar (Ministerio de Educación, 2018). Este dato refleja una situación preocupante que afecta tanto a las víctimas como a los agresores y testigos, quienes también sufren las consecuencias de un entorno escolar hostil.

Formas de violencia escolar: física, verbal, psicológica, y ciberacoso

Para comprender de manera integral el concepto de violencia entre alumnos, es importante desglosar sus principales elementos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia es “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo, que resulta o tiene alta probabilidad de resultar en lesiones, muerte, daño psicológico, trastornos del desarrollo o privaciones” (OMS, 2002). Aplicada al ámbito escolar, esta definición puede adaptarse para incluir los comportamientos agresivos que se ejercen entre los estudiantes dentro o fuera de las instituciones educativas.

En el contexto escolar, la violencia entre alumnos abarca una amplia variedad de comportamientos, desde el acoso físico y verbal hasta el hostigamiento psicológico y el aislamiento social. Carina Kaplan (2006), una de las principales investigadoras sobre violencia escolar en Argentina, define la violencia entre estudiantes como “una ruptura de los vínculos sociales que se expresa a través de conductas agresivas entre pares, las cuales tienen como objetivo imponer un desequilibrio de poder y sometimiento sobre el otro” (Kaplan, 2006, p. 54). Este desequilibrio de poder es uno de los componentes clave que distingue la violencia de otros tipos de conflicto o desacuerdo entre estudiantes.

Dimensiones de la violencia entre alumnos

La violencia entre alumnos puede entenderse a través de diferentes dimensiones que abarcan no solo el tipo de violencia (física, verbal, psicológica), sino también su manifestación, frecuencia y duración.

• Violencia física: esta forma de violencia es quizás la más evidente y fácil de identificar. Incluye cualquier tipo de agresión física directa, como empujones, golpes, patadas o el uso de objetos para causar daño. También pueden incluirse comportamientos que no necesariamente implican contacto físico, pero que ponen en riesgo la integridad física de la víctima, como el robo o destrucción de pertenencias. Tiramonti (2012) señala que “la violencia física es la forma más visible y, a menudo, la más sancionada por las autoridades escolares, pero no es la única ni la más prevalente” (Tiramonti, 2012, p. 67). En las escuelas, la violencia física puede darse tanto en las aulas como en los pasillos, patios de recreo o fuera del recinto escolar. Se presenta en forma de peleas, acoso físico o agresiones individuales, y puede estar motivada por conflictos personales, disputas de poder o intentos de control sobre otros estudiantes. Según Abramovay y Rua (2002), la violencia física en las escuelas tiene raíces profundas en las desigualdades sociales y los entornos familiares conflictivos. Estos autores afirman que “las escuelas no están exentas de los conflictos estructurales que afectan a la sociedad en general, y es común que las tensiones sociales y familiares se reproduzcan en el ámbito escolar” (Abramovay y Rua, 2002, p. 67).

• Violencia verbal: la violencia verbal es una de las formas más comunes de agresión entre alumnos. Incluye insultos, burlas, amenazas y cualquier tipo de expresión oral que busque menospreciar o humillar a la víctima. Aunque no deja marcas físicas, sus efectos psicológicos pueden ser devastadores. Olweus (1993), pionero en los estudios sobre bullying, sostiene que “la violencia verbal puede ser incluso más dañina que la física, ya que sus efectos son duraderos y afectan profundamente la autoestima de la víctima” (Olweus, 1993, p. 12).

• Violencia psicológica: este tipo de violencia, también conocida como violencia emocional, implica comportamientos que buscan desestabilizar o manipular emocionalmente a la víctima. Incluye actos como la manipulación, el aislamiento social, la exclusión intencionada de grupos y la difusión de rumores o mentiras. Aunque es más difícil de identificar que la violencia física o verbal, la violencia psicológica puede tener consecuencias a largo plazo, como depresión, ansiedad o incluso tendencias suicidas.

Ciberacoso o ciberbullying