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El Sistema ha sido creado tras un periodo de extremada turbulencia mundial donde, prácticamente, todo el orden político establecido hasta los años treinta del siglo XXI ha tenido que ser destruido para que esta creación funcionara. La Inteligencia Artificial colabora como actor fundamental en el nuevo orden. Sócrates, joven de extremada inteligencia, entrará a formar parte del Congreso de apoyo al Gobierno, siendo un fiel convencido de El Sistema. En El Sistema, la inteligencia artificial es la encargada de organizar y coordinar todos los asuntos de la sociedad. Los ciudadanos no tienen que trabajar, porque sus necesidades están cubiertas. No hay enfermedades, porque la ciencia genética las ha erradicado. El cambio climático se ha revertido y el mundo es un lugar más seguro. La experiencia del desarrollo político de Sócrates le hará reconsiderar algunos planteamientos sobre los que cimentó su adhesión, así como la ruptura con Laura su antigua pareja, a la que sigue queriendo. Estas dudas lo arrastrarán a nuevas tribulaciones.
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Seitenzahl: 256
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Gregorio Pinazo Rodríguez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-864-2
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Dedicado a Susana y a David sin ellos no
habría sido posible contar esta historia.
CAPÍTULO UNO
GINEBRA. Octubre, 2059. El espejo.
Las ocho de la mañana, una tenue luz ilumina progresivamente el techo de la habitación. Lentamente la luz líquida desciende por las paredes, como lo haría una liviana cascada, haciendo desaparecer el aroma hipnótico que ayudó a dormir a Sócrates, al tiempo que modifica el estado ambiental y la leve música que sonaba hasta ese momento. El somnífero se transforma, una vez transcurrido el tiempo de sueño programado, en una nueva fragancia, apenas imperceptible, que lo despeja de forma inmediata. Habitualmente se despierta a las siete de la mañana para ir a correr media hora, pero ayer pidió ser despertado a las ocho, no está con ánimos para ir a correr.
Las paredes que conforman el espacio dormitorio, después de producirse el efecto despertador, pasan de un blanco impoluto a unas superficies translúcidas de aspecto lechoso que iluminan el espacio y que lentamente se van convirtiendo en imágenes de recuerdos agradables de su infancia.
Como si ya hubieran transcurrido varias horas en cuestión de segundos, se encuentra totalmente despejado y listo para iniciar su actividad en el Congreso.
Estas sensaciones le habían resultado extrañas al principio, cuando ingresó en la sede de El Sistema, hasta el punto de producirle adormecimiento y modorra durante el día, pero pronto se acostumbró y la sensación pasaba por ser tremendamente agradable. Las horas de sueño transcurrían con placidez y los sueños solían ser relajantes y reponedores y el efecto despertador se producía siguiendo las mismas pautas que para el sueño.
Ciertamente se había llegado a fabricar un somnífero magnífico combinando fármacos, ambiente, temperatura y grado de humedad dedicados a la naturaleza del individuo de manera personalizada y en cada momento.
Hacía décadas que se fabricaban drogas como somníferos, habiendo llegado a suprimir la tolerancia hacia estas y eliminando la dependencia que generaban, pero este tipo de combinación tan elaborada aún era reciente.
El efecto se consigue obteniendo todos los datos físicos y psicológicos del individuo en el momento de irse a dormir, y durante el transcurso del sueño, elaborando el combinado adecuado a la situación de este en ese momento. No consiste en algo fijo y determinado, las constantes vitales del individuo, su grado de estrés, de ansiedad y de emotividad no siempre son las mismas, por lo que son testadas mediante los sensores del smartdust a lo largo de toda la noche.
El enorme espejo digital, que forma parte del smartdust o red de polvo inteligente, en el que se contempla antes de pasar a la ducha, le advierte que debe permanecer unos segundos reflejándose en él para proceder al análisis de salud previo a cualquier actividad.
«Hola, Sócrates, buenos días, por favor mantén fija la mirada sobre mi durante unos segundos».
«Perfecto. Tu salud parece excelente, cincuenta y cinco pulsaciones por minuto, once de máxima y seis de mínima de tensión sanguínea y los valores hematológicos y los de bioquímica se encuentran dentro de los valores de referencia recomendados. No se deben variar las pautas recomendadas tanto de alimentación como de ejercicios de mantenimiento; sin embargo se aprecia una cierta alteración nerviosa, el sueño no parece haber sido totalmente reparador. Recomiendo una conversación con el psicólogo para que determine en qué puede afectar al rendimiento y si considera que se debe revisar el somnífero».
«Los marcadores hormonales y los valores obtenidos de la orina y líquidos biológicos serán procesados una vez que hayas hecho uso del inodoro y se enviarán automáticamente junto con los datos anteriores al Sistema».
«Los datos reflejados en el detector de grafeno tatuado indican un estado de salud perfecta sin que indiquen ninguna anomalía en el funcionamiento de todos los órganos; muchas gracias, Sócrates, que tengas un buen día».
Los datos recogidos por El Sistema engrosarán la gran base de datos masivos, junto con los del resto de los diez mil millones de ciudadanos que pueblan la Tierra y otros miles de millones de datos relativos a vivencias, climatología, conflictos, noticias, actividades diversas, etcétera, servirán para que los algoritmos que utiliza la computación de El Sistema le permitan tomar decisiones instantáneas. Decisiones que trasladará al Congreso para que, una vez discutidas por los congresistas, sean remitidas a la Computación Cuántica por si, de acuerdo con los algoritmos aludidos, esta considera modificar las decisiones iniciales o mantenerlas.
Sócrates forma parte del grupo de los cien congresistas procedentes de todo el mundo que ya hace tres años fueron seleccionados por la computadora, una vez analizados los miles de datos correspondientes a valores intelectuales, equilibrio emocional, estabilidad mental, salud general, tendencias, etcétera, entre los más de cien mil opositores presentados, para que se ocupen de la gobernanza de la Federación de Estados, como adjuntos del Gobierno Computacional.
Una vez duchado, aseado y desayunado pulsa en su tableta agenda la orden enviar para que El Sistema reciba con detalle los componentes del desayuno, el consumo de productos de higiene, datos que seguirán acumulando información para las variables del algoritmo general del Gobierno.
La pared digital integrada en la red neuronal de polvo inteligente le advierte de la importancia de prestar atención a las noticias que se van a emitir. Estas estarán evaluadas en función de la relevancia que para los ciudadanos puedan tener y, por lo tanto, él deberá conocer para discutir las decisiones de la computadora de Gobierno.
Por orden de importancia, las noticias, divididas por bloques, le advierten en el primer bloque de riesgos para la estabilidad de El Sistema que se están produciendo ataques, evaluados como riesgo 10, del grupo Demócrata Humanista, grupúsculo de oposición radical, contra instalaciones de servidores informáticos.
Efectivamente el espejo inteligente, como era de esperar, no se equivoca y ciertamente desde hace algún tiempo está pasando por una leve crisis debida a su pérdida progresiva de fe en El Sistema, por lo que no tiene intención de obedecer al maldito espejo y no piensa ir a ver al maldito psicólogo.
De carácter flemático, calmado, paciente e introspectivo y de gran inteligencia, diagnosticado desde hace años como PAS —persona de alta sensibilidad—, últimamente está sufriendo alteraciones de carácter, observándose a sí mismo como un ser colérico, por lo que ha perdido parte del buen humor que lo caracterizó siempre, llegando a enfadarse con frecuencia. Conoce perfectamente su diagnóstico y las causas de esta alteración, que no son otras que la discrepancia que mantiene con las decisiones gubernamentales de El Sistema, por lo que no considera ni necesario ni conveniente hacérselo mirar.
Recoge los libros de lectura que considera adecuados para estos días que pasará en el emplazamiento actual del Congreso, en Ginebra (Suiza), cuyos títulos está obligado a comunicar a los servicios de alimentación de datos de El Sistema para que este engorde su base. Los libros que ha elegido y que ha descargado a su tableta son Rebelión en la granja de Orwell, Crónicas marcianas de Ray Bradbury y El Príncipe de Maquiavelo.
El emplazamiento del Congreso variaba de manera aleatoria por los distintos países miembros de la Federación por motivos de seguridad y actualmente se encuentra en Ginebra.
Recuerda que hacía ya cuatro años, cuando contaba con veintiuno…
CAPÍTULO DOS
MADRID/ROMA. Mayo, 2056. Viaje.
…había decidido presentarse a las oposiciones para congresista.
Esta decisión no había sido tomada estando muy convencido, pues, a pesar de que sus condiciones naturales, ya que, de acuerdo con los test de inteligencia, Intelligenz-QuotientoCIcociente de inteligencia, el suyo era de 200, por lo que estaba considerado como persona de Inteligencia Mayor, y de su currículum, ya que acababa de terminar la carrera de Filosofía Aplicada después de doctorarse en Matemáticas, Física y Sociología, no tenía nada claro si debería dedicarse a la política elevada. Sin embargo, sí que sentía una gran curiosidad por ver cómo funcionaba el Gobierno Federal, prácticamente sin el concurso de seres humanos y con la sola Inteligencia Artificial apoyada por el Congreso, casi como órgano meramente consultivo.
Le costaba mucho admitir que los procesos de Inteligencia Artificial hubieran superado la inteligencia humana y mucho más que los dispositivos que la tenían implementada fueran capaces de sentir emociones y actuar en base a ellas.
Lo cierto es que había solicitado opositar a un cargo en el Congreso, y la computadora, de acuerdo al algoritmo que determinaba cuáles eran las condiciones que deberían tener los seleccionados que sustituirían a los cien que habían ocupado esos puestos los cinco años anteriores, lo habían elegido con el número uno. Este número no lo colocaba en ningún lugar preeminente, simplemente hacía referencia a su superioridad de condiciones. Más tarde la computadora decidiría cómo se distribuyen los diez grupos de diez congresistas para ocupar los diez ministerios que engloban la gestión global del Congreso como apoyo al Gobierno.
Después de medio año de haber solicitado tal compromiso, le había sido comunicada su aceptación y, aunque desde su presentación al concurso siempre tuvo la seguridad de que sería elegido, al haber pasado tanto tiempo ya lo daba por descartado. El comunicado le anunciaba que debería incorporarse a las dependencias del Congreso, en la sede de El Sistema, que en aquel momento estaban ubicadas en Roma.
En estas dependencias tendría que residir un tiempo para desarrollar las actividades propias encargadas al grupo de los cien congresistas que se ocuparían de la parte humana de gobierno.
Hacía unos meses que había roto la relación sentimental con Laura, compañera de estudios de Sociología. En esos momentos no tenía más ataduras sentimentales que las de su familia. Sus padres vivían por aquel entonces en Madrid, al igual que él. Además, tenía su compromiso laboral, ya que desempeñaba el cargo de Gerente Ejecutivo de una gran empresa.
Después de pasar el día con sus padres, les comunicó su situación y se despidió de ellos poniéndolos al tanto solo de lo que le estaba permitido compartir y que de acuerdo con las instrucciones recibidas no iba más allá de que su nuevo trabajo era como funcionario estatal y que tendría su residencia en Italia. También les comunicó, pues esas eran las instrucciones, que su teléfono de contacto actual solo estaría efectivo hasta que tomara posesión del nuevo puesto de trabajo y que esto sería dentro de un par de días. Les hizo saber que, una vez dispusiera del nuevo número de contacto y dirección, se pondría en contacto con ellos para trasladárselos.
Después de haber elegido un equipaje sencillo y útiles de aseo e introducirlos en el contenedor inteligente, lo depositó después de sellarlo con sus huellas dactilares en el transbordador doméstico que se encargaría de desplazarlo a la base del edificio, para que los robots de transporte lo hicieran llegar al destino que figura en la base de datos de los ordenadores con la referencia de sus huellas dactilares.
El día, una vez situado en el exterior, era agradable de temperatura, propia del mes de mayo en el año 2056.
Sus padres residían en el barrio de Salamanca, barrio que en los años 30 todavía conservaba la vitola de barrio aristocrático. Este barrio había sido declarado zona neutral por los golpistas fascistas durante los tres años de asedio y bombardeo de Madrid un siglo atrás, por lo que no había sufrido las consecuencias de los ataques que el resto de la ciudad padeció durante esos años. Sin embargo, hacía unos años que había caído en desgracia como consecuencia de la migración de los residentes hacia las zonas al norte de la ciudad, buscando aires mejores que respirar, como consecuencia de los altísimos niveles de contaminación y de la falta de mantenimiento y conservación de las construcciones en ese barrio.
Construcciones de finales del siglo XIX con estructuras de madera, cuyo deterioro había llevado a la ruina a muchas de las edificaciones de la zona; era pues un barrio relativamente despoblado, ya que tampoco había sido pretendido por las corporaciones para construir oficinas o centros de distribución comercial.
Precisamente, uno de los desencadenantes de la gran revolución que desembocó en la situación política actual, habían sido las grandes manifestaciones juveniles en todo el mundo, protestando por el cambio climático y la inacción de los gobiernos para evitar el desastre, que comenzaron a principios de los años 20 y que duraron años.
Últimamente las condiciones de contaminación atmosférica habían mejorado muchísimo, desde la desaparición de los vehículos con motor de explosión a base de combustible de refinados del petróleo. Todos los vehículos eran de tracción eléctrica y casi la totalidad circulaba por vías subterráneas.
También hacía años que la producción energética provenía prácticamente en su totalidad de centrales solares, eólicas y nuevas centrales de fusión nuclear sin que existiese ya ninguna central térmica de combustibles fósiles, carbón, petróleo, gas ni nucleares de fisión, que habían sido casi en exclusiva las fuentes de energía hasta bien entrada la década de los años 20.
En esos momentos, Sócrates, a la espera del transporte, paseaba por el Paseo de la Castellana, antigua vía de gran capacidad en superficie, pero que había sido transformada soterrando la circulación y convertida en un gran parque botánico con jardines y arbolado que colaboraban al mejoramiento atmosférico.
Pulsó levemente sobre la patilla de sus gafas de sol de realidad aumentada y en la micropantalla virtual le apareció la hora, además de otros datos para él irrelevantes en esos momentos. La hora le permitía pasear unos minutos hasta que el transporte personalizado apareciera en el lugar de estacionamiento en superficie.
La calle estaba prácticamente desierta y resultaba agradable caminar bajo unos árboles tropicales ubicados a lo ancho de la Castellana y que él sabía que solo los cuidados botánicos y tratamientos artificiales permitían que se mantuvieran con vida en un lugar como Madrid, extraño a los orígenes de estas especies.
Se encontraba en la Plaza de Colón y su mirada se entretuvo sobre la coronación del enorme mástil que antiguamente enarbolaba la bandera española y que fue sustituida por la actual de la Federación de Estados, verde seda y cubierta en su totalidad por filas de ceros y unos de color amarillo. Situación que él no recordaba puesto que había coincidido prácticamente con su nacimiento.
A las diez en punto de la mañana apareció, como por arte de magia, el vehículo transporte sobre el lugar de estacionamiento. Había emergido del subsuelo y, al terminar la operación de situación, se abrió una de las puertas, al tiempo que emitía un ligero sonido de aviso. Recibió el mensaje sobre la micropantalla de sus gafas y se introdujo en el interior del vehículo, acomodándose y acoplándose los cinturones de seguridad. En la pantalla del vehículo aparecieron unas coordenadas y una voz femenina que sonaba de una manera dulce le anunció:
«Señor Sócrates, dentro de mi programación aparece como prioridad trasladarle al aeródromo espacial donde otro transporte le desplazará a la aeronave para su viaje, el tiempo estimado para este primer desplazamiento es de cuatro minutos exactos; si no tiene ningún inconveniente, podemos partir».
Sócrates no contestó, por lo que el vehículo se introdujo en el subsuelo donde aparecía una gran vía correctamente iluminada y perfectamente acondicionada climáticamente, por donde circulaban miles de vehículos automáticos totalmente sincronizados. Notó un ligero tirón aplastándolo contra el respaldo del vehículo y efectivamente a los cuatro minutos exactos se encontraba en una gran sala con el vehículo parado en paralelo con otro de similares características, ambos con las puertas abiertas.
Abandonó el transporte que lo había conducido hasta la terminal del aeródromo en la zona reservada para pasajeros Alfa, introduciéndose en el otro vehículo.
Nunca había estado en esta terminal, por razones obvias, ya que él no gozaba de esa categoría. La terminal estaba formada por una gran nave, de una altura impresionante, por la que circulaban numerosos drones, tal cual golondrinas vigilantes, que enviaban señales de vídeo proyectándose sobre enormes pantallas holográficas, las cuales formaban uno de los paramentos de cierre de tal nave, la del paramento opuesto era en su totalidad de vidrio soportado por una estructura del mismo material.
La perfecta iluminación emergía sin que fuera posible ver su procedencia.
Los dos vehículos se encontraban en un nivel superior lateral, lo que le permitía ver el nivel de transferencia de pasajeros en la sala inferior. En ese nivel deambulaban un número reducido de personas y algunos androides, solo distinguibles por su uniforme, unos eran miembros de seguridad, con uniforme brillante color naranja, y equipados con lo que parecían ser armas de reducción; más tarde descubriría que eran fusiles de emisión de rayos paralizantes. Otros iban ataviados con uniformes grises plateados y parecía que se ocupaban de los servicios de limpieza. Observó que casi todos los humanos, distinguibles por su variada vestimenta, iban acompañados por un androide.
Quedó francamente impresionado por la belleza y majestuosidad de las instalaciones, a pesar de que estas eran de un aspecto espartano con muy pocas concesiones a los aditamentos decorativos.
Una vez acomodado en el nuevo transporte, volvió a escuchar otra voz idéntica a la que le había anunciado su desplazamiento.
«Bienvenido, señor Sócrates, en unos momentos estaremos en la pista de despegue para embarcar en la nave que, junto con otro congresista procedente de Portugal y la tripulación, les trasladarán a la sede del Congreso en Roma. Si considera oportuno hacer uso de alguna de las instalaciones de la terminal antes de desplazarnos a la pista de despegue, deberá decírmelo ahora, quizás deba usar los servicios o tomar algún alimento antes de subir a la aeronave, si bien le pongo al tanto que en esta dispone de todo cuanto pueda encontrar aquí en la terminal y en mejores condiciones… ¿Partimos entonces?».
Siempre consideró que conversar con un montón de transistores cuánticos era una pérdida de tiempo, dado que ya estaban programados para tomar sus propias decisiones a pesar de que la correcta y educada exposición de su inicio de «conversación» pudiera dar la sensación de que esto no era así, por lo que esta vez tampoco contestó.
En unos instantes se encontraba en la aeronave donde un robot con aspecto de humano, humana más bien, absolutamente imposible de adivinar que en realidad era una máquina, lo recibía con un cordial saludo.
«Buenos días, señor Sócrates, ¿qué tal se encuentra? Por favor, acompáñeme a la zona de recepciones y le presentaré a la congresista Johana, procedente de Oporto, Portugal. ¿Qué tal su viaje desde Madrid? La verdad es que desde que se inauguró el acceso suburbano automatizado mejoró mucho la puntualidad de los vuelos».
Esta vez estuvo a punto de contestar dado el realismo del aspecto del androide, pero inmediatamente intuyó que solo era eso, un montón de circuitería forrada con un cuerpo de neurosilicona de una belleza sobresaliente y de una inteligencia muy superior a la humana.
Ya hacía unos años que se había alcanzado la singularidad tecnológica superando la IA fuerte a la inteligencia humana, continuando su crecimiento de manera exponencial, y pese a que él sabía esto y conocía que dentro de sus cerebros tenían implementadas rutinas que los convertían en objetos emocionalmente activos, le costaba no identificarlos más que como máquinas muy evolucionadas, pero máquinas, a fin de cuentas.
La famosa Ley de Moore emitida en el año 1975, que venía a establecer que el número de transistores por unidad de superficie en circuitos integrados se duplicaría cada dos años, ya se había quedado corta al haber incorporado nuevos materiales en la fabricación de tales componentes, además de la incorporación de la computación molecular tridimensional.
Decidió no contestar manteniéndose fiel a su idea sobre la pérdida de tiempo al mantener una conversación con los androides.
Johana era una mujer joven, de edad similar a la suya, de un aspecto agradable, con una sonrisa que le hacía parecer más atractiva, de pelo castaño y de estatura más bien baja, según su apreciación un metro sesenta y cinco, él media uno noventa. Su mirada denotaba un alto nivel de inteligencia y dado que las exigencias para ser elegido eran de por sí muy altas, no tuvo ninguna duda de que así debía ser. No consideró necesario comprobar estos datos mediante la utilización del escaneo que le habría permitido acceder al perfil de Johana utilizando sus gafas de sol, que por otro lado en esos momentos ya no llevaba puestas, y de haberlo hecho probablemente podía haber sido apreciado como una falta de consideración hacia ella.
—Hola, me llamo Johana…, Johana Carvalho, y hace tan solo unos minutos estaba en Oporto, nunca había subido a un trasto de estos, esto es increíble, sí, ya sé que no es nuevo y también conocía su existencia, pero nunca había hecho uso de ellos… ¿Y tú?
—Sócrates, me llamo Sócrates Ron. Bueno, yo tampoco lo he utilizado nunca, aunque ciertamente sabía de su existencia, espero que sea agradable el desplazamiento, he oído algunas versiones de personas a las que les ha resultado bastante desagradable este tipo de desplazamientos ultrarrápidos, produciéndoles vértigos y algún mareo.
—Sí, yo también lo he oído; no obstante, yo no he tenido ningún problema, apenas me he enterado del viaje, tal vez dependa del organismo de cada uno. En todo caso, de aquí a Roma creo que no nos llevará más de unos minutos, casi no hay tiempo de marearse.
«No deben preocuparse, este tipo de aeronaves ha mejorado muchísimo con las últimas generaciones incorporadas hace un par de años y, según sus características de posibilidad de mal función, o de defectos de cualquiera de sus componentes y su sincronismo, después de los testeos más exigentes, es de una fiabilidad del cien por cien… o casi. Además, mis compañeros de tripulación son androides de última generación que poseen implementados los niveles de Inteligencia Artificial acumulada más elevados hasta ahora conseguidos, por lo que de surgir algún pequeño fallo del “casi”, están suficientemente capacitados para emular y corregir tal posibilidad».
Johana pregunta al androide:
—¿Dentro de los miembros de la tripulación no se encuentra ningún humano?
«No, pero eso no debe preocuparles; las habilidades, los conocimientos, los reflejos y la experiencia necesarios para tripular esta nave en caso de necesidad están sobradamente demostrados. Como ya les anuncié, todas las capacidades de un excelente piloto, incluidas las emocionales, han sido implementadas, mediante los recursos de Inteligencia Artificial, a todos los miembros de la tripulación».
«Señores congresistas, el Comandante C 2511, junto con el resto de la tripulación, les da la bienvenida a esta aeronave deseándoles que tengan un agradable viaje, a pesar de que no les pueda desear que disfruten de él, ya que el tiempo que durará este es tan corto que apenas se darán cuenta de su estancia, en todo caso nuestra sobrecargo S 8414, a la que ya conocen, estará a su disposición para cualquier necesidad que puedan tener. Muchas gracias por su atención y les repito: bienvenidos, en breve partimos hacia Roma».
La sobrecargo se retira a su puesto de seguridad y es Johana la que pregunta a Sócrates con la intención de «romper el hielo».
—Perdona, Sócrates, ¿sabes algo de lo que nos espera con esta función para la que hemos sido seleccionados? Yo la verdad es que sé más bien poco y aún me pregunto cómo es que me han seleccionado, me presenté como un reto personal, pero daba por sentado que era imposible que me eligieran entre tantos opositores.
—La verdad es que tampoco sé mucho… Hombre, desde que me comunicaron la decisión de mi selección empecé a informarme de las misiones, responsabilidades y obligaciones que tendremos, pero la verdad es que solo de una manera muy genérica, como la información que puede tener cualquier ciudadano, que no es mucha. De todos modos, pasaremos por un periodo de entrenamiento y ya veremos… Habrá que esperar acontecimientos.
CAPÍTULO TRES
GINEBRA. Noviembre, 2059. Inteligencia Artificial.
Cuando cierra el apartamento de la sede en el que se aloja en Ginebra, también cierra los recuerdos que lo han estado transportando a su primer contacto con el Congreso y se dispone a ocuparse de las labores cotidianas que le asigna El Sistema.
Su cargo como ministro de Seguridad y Coordinación Ministerial consiste básicamente en revisar y reflexionar sobre aquellas decisiones de la Computadora General que afecten a los distintos ministerios, para luego exponerlas ante estos. Elaborar los informes pertinentes, analizar con los otros ministros las repercusiones positivas o negativas, desde la visión humana, de tales decisiones computacionales y plantear al Congreso las posibles modificaciones para su aprobación y posterior traslado al sistema computacional, para que, si fuesen aceptadas, puedan ser elevadas a leyes o decretos.
Las noticias enviadas esta mañana por El Sistema que lo afectan a él fundamentalmente hacen referencia a una serie de «atentados terroristas» reivindicados por el colectivo antisistema Democracia Humanista. Se trata de un ciberataque masivo a los nodos computacionales de El Sistema. Aunque no habían conseguido traspasar los cortafuegos establecidos, sí que habían producido algunos retrasos en determinados servicios. Este será el tema principal que tendrá que afrontar en su despacho en cuanto llegue a él.
Encerrado en su despacho con órdenes expresas de no ser molestado por nadie, pide a la red de polvo inteligente que le muestre la pared pantalla y, después de ser identificado, empieza a recibir las órdenes previas extraídas del cómputo general que afectarán a sus responsabilidades.
«Evaluados los riesgos derivados de los últimos atentados terroristas, así como los derivados de las decisiones que se han de adoptar, este Gobierno Computacional somete a aprobación lo siguiente: suspender el acceso a Internet y a cualquier red social, económica o de otro tipo durante un periodo de tiempo indefinido a las personas que se indican a continuación. Así mismo se les bloqueará su identidad, impidiendo de esta manera toda prestación económica o social, accesos a lugares públicos donde se requiera su identificación, bibliotecas, teatros, hospitales, centros de atención ciudadana, etcétera».
La orden va acompañada de una lista de cientos de personas cuyos datos de identificación están almacenados, como los del resto de los ciudadanos, en los sistemas computacionales cuánticos. Datos antropométricos, huellas digitales, huellas del iris, mapa genético, tendencias hereditarias y todos los datos que se han ido incorporando a lo largo de la vida del ciudadano, como informes educacionales, sanitarios, sociales, lugares de residencia actuales e históricos y, en definitiva, cualquier dato que diferencie a un ser humano de otro.
Mediante esta condena prácticamente se les despoja de la condición de ciudadanos pasando a ser «no ciudadanos»,y se les obliga a vivir sin la aportación de la sociedad, sometiéndolos a un extrañamiento, que la Justicia Computacional determina que sea por un periodo no inferior a cinco años.
La Justicia Computacional ya hacía años que estaba implantada en la mayor parte de países desarrollados, antes de instaurarse la Federación de Estados. Tal como se venía aplicando desde hacía siglos, con la utilización de los jueces, se había llegado a la conclusión de que no era del todo eficaz, al menos por dos razones. Primero, los jueces podían tener un conocimiento exhaustivo o no de las leyes, pues a fin de cuentas no eran más que seres humanos con unos conocimientos limitados y, por otra parte, sus decisiones siempre estarían condicionadas por sus particulares formas de entender lo que era justo o injusto. Con la utilización de los datos masivos cualquier algoritmo preparado para escudriñar entre todas las leyes, todas las jurisprudencias, todos los errores, cometidos a lo largo de años por jueces, con millones de casos, podía aplicar justicia con una mayor garantía.
«Una vez concluido este plazo, deberán solicitar su reingreso a la condición de ciudadanos. Accederán a esta condición con los derechos de consideración más baja, clasificados como ciudadanos omegas, al margen de la que poseyeran con anterioridad a la condena».
Hacía ya varios años que los antiguos sistemas de reinserción social basados en la reclusión carcelaria con distintos grados de severidad, habían sido retirados en su totalidad, al considerar la ciencia que cualquier delincuente lo era como consecuencia de desarreglos neuronales, por lo que este, en ningún caso, podía ser considerado responsable de sus actos.
En su lugar, los servicios sociales de reinserción se ocupaban de recomponer las anomalías cerebrales mediante tratamientos psicológicos y/o podas selectivas de la parte o partes neuronales dañadas, consideradas causantes de los actos delictivos. Generalmente los individuos sometidos a este tipo de intervención quirúrgica pasaban a convertirse en seres bastante pusilánimes y con poca reincidencia. Era cierto que para determinadas patologías graves a veces estas intervenciones se convertían en auténticas lobotomías.
Este tipo de condena, la del extrañamiento, raramente se aplicaba, ya que implicaba un enorme perjuicio a los condenados convirtiéndolos en parias sin derecho a nada, empujándolos a la delincuencia para su subsistencia.
«También se decide investigar las actividades de los ciudadanos que se relacionen con cualquiera de las personas reflejados en la lista».
Al repasar la lista ve un nombre que le encoge el corazón y que hacía tiempo que temía que en cualquier momento podría aparecer… Laura Atlas Júpiter, su antigua compañera.
Los ciudadanos están encuadrados en función de su aportación al Sistema en ciudadanos alfa, beta y omega.
Los ciudadanos alfa son los funcionarios de alto nivel, ministros, viceministros, secretarios, delegados territoriales y asesores humanos, aproximadamente cien mil personas. Los ciudadanos beta son el resto de los ciudadanos con trabajo, aproximadamente un siete por ciento de la población. Los ciudadanos omegas son el resto, todos ellos sin trabajo y con posibilidades escasas de ascender de clase si consiguen algún trabajo, aproximadamente el noventa y tres por ciento de la población
Las prestaciones sociales, vivienda, guarderías, hospitales, ocio, centros gerontológicos, centros de apoyo a eutanasia, así como los subsidios de sostenibilidad para la clase omega se cubren mediante una renta básica universal, que generalmente es suficiente para vivir dignamente, con las aportaciones impositivas de los centros de producción, cuya capacidad productiva básicamente está apoyada en la robótica.
Se mantiene la propiedad privada y se regula su uso, su beneficio y su fiscalidad. La aportación crediticia a la sociedad de cada ciudadano o empresa será proporcional al nivel de crédito del contribuyente, de tal manera que el importe del producto que genere con su crédito se dividirá por la ratio de la renta básica universal y el resultado obtenido será equivalente al número de empleados necesario para obtener tal producto, al margen del tipo de empleado que utilice, humano o robot. El importe del tipo impositivo será el resultado de aplicar el cincuenta por ciento de la renta básica universal por el número de empleados, además de los impuestos sobre el beneficio obtenido.
El dinero en efectivo había sido eliminado ya hacía años y en su lugar los ciudadanos de cualquier clase disponen de créditos mensuales de diferente cuantía, en función no solamente de su condición prefijada sino del nivel de comportamiento social que estos tengan.
