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Estas páginas contienen un programa de 50 días para avanzar hacia la luz, hacia esa luz que existe en ti y en todos nosotros. En cada paso, en cada día, encontrarás una propuesta. Unas veces consistirá en considerar una reflexión; otras, en probar a modificar un hábito; otras, en observar una emoción. Dicha propuesta a veces será explicita. Otras, estará oculta y serás tú quien tenga que encontrar cuál es y cómo aplicarla en tu vida. Siempre sugerirá actuar sobre ti mismo, sobre tu manera de pensar, interpretar o sentir. Nunca pretenderá modificar nada externo, ni por supuesto cambiar a nadie, porque la única forma de avanzar hacia la luz es encontrándola en ti. Gracias por recorrer este felicísimo trayecto por tu templo interior. Vamos juntos.
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Seitenzahl: 97
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Créditos
Dedicatoria
Agradecimientos
Prólogo
Paso 1 Posar un saco
Paso 2 Socorro en el naufragio
Paso 3 Fichas redondas
Paso 4 Ladrones en casa
Paso 5 Lo peor y lo mejor de la vida
Paso 6 Encender la luz
Paso 7 Corales y anémonas
Paso 8 Paracaidismo
Paso 9 Fleco, el pez ciego
Paso 10 Primera revisión
Paso 11 Un helado al sol
Paso 12 El autor y su obra
Paso 13 Odiar
Paso 14 Carbón incandescente
Paso 15 En una sala de máquinas
Paso 16 Acusar a un ciego
Paso 17 Maestros
Paso 18 La interpretación de lo que sucede
Paso 19 Ante la adversidad
Paso 20 Segunda revisión
Paso 21 El manantial incesante
Paso 22 Ve dentro de ti
Paso 23 Una navaja en el bolsillo
Paso 24 El espejo del mundo
Paso 25 Un vaso, un martillo, un paraguas y la función del mundo
Paso 26 Una gota en el océano
Paso 27 Sanar
Paso 28 El eje de la rueda
Paso 29 El inmenso almacén
Paso 30 Tercera revisión
Paso 31 El tumor que me salvó la vida
Paso 32 El gusano y la crisálida
Paso 33 Kintsugi
Paso 34 La danza inmóvil
Paso 35 Los dos hijos
Paso 36 Ojalá
Paso 37 Qué es una canción
Paso 38 Picasso y la realidad
Paso 39 El sirviente y su amo
Paso 40 Cuarta revisión
Paso 41 Mano cerrada, mano abierta
Paso 42 La sombra de Midas
Paso 43 El agua en la botella
Paso 44 Atar a un elefante
Paso 45 “Yo les veo a ellos”
Paso 46 Zonas de confort
Paso 47 La oruga y la muerte
Paso 48 El ojo de la madre
Paso 49 El regalo de la lluvia
Paso 50 Quinta revisión
Epílogo
R.M. Carús
50 pasos hacia la luz
© de los textos: R. M. Carús, 2020
© de esta edición: Editorial Tequisté, 2021
Corrección: M. Fernanda Karageorgiu
Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo
1ª edición: marzo de 2021
Producción editorial: Tequisté
www.tequiste.com
ISBN: 978-987-4935-69-4
ISBN: 978-987-4935-71-7
Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
Miranda Carús, Raúl
50 pasos hacia la luz / Raúl Miranda Carús. - 1a ed. - Pilar : Tequisté. TXT, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4935-71-7
1. Superación Personal. 2. Autoayuda. 3. Espiritualidad. I. Título.
CDD 158.12
A Minuco, mi abuela,
una luz continua en el cielo
y a Pilar, mi madre,
una luz continua en la tierra.
A mi familia, por tanto.
A Mar, Elena, Alberto y Coralie, por su paciencia al leer el manuscrito de este libro y orientarme tan sabiamente sobre su finalización.
A Gonza y Ana, por su apoyo incondicional.
Al igual que en las catedrales góticas se ingresa por la zona oscura que hay tras la entrada y se va avanzando hacia la claridad existente al final de la nave, bajo el rosetón, este libro establece un recorrido de la penumbra a la luz.
La penumbra (si es que existe en tu vida) de la incertidumbre, el miedo o la tristeza. La luz de la absoluta seguridad, la alegría y la paz interior.
Cincuenta pasos pueden parecer pocos para un recorrido así, pero estos pretenden ser pasos agigantados. También rotundos y definitivos. Por eso van a ser cincuenta pasos lentos. La manera de leer este libro es dando un paso cada día, y de vez en cuando repasando los que ya se han dado para afianzarlos.
Te propongo, pues, leer solo un capítulo diario. Incluso, si lo deseas, que te quedes en alguno de ellos más tiempo si eso es lo que necesitas. Por el contrario, no es aconsejable leer más de un capítulo al día. Eso supondría hacer un viaje precipitado, desorientarse y no llegar al destino.
Este es un libro para poner en práctica. En cada paso, en cada día, encontrarás una propuesta. Unas veces consistirá en considerar una reflexión; otras, en probar a modificar un hábito; otras, en observar una emoción. Dicha propuesta a veces será explícita. Otras estará oculta y serás tú quien tenga que encontrar cuál es y cómo aplicarla en tu vida. Otras, será más explícita. Siempre sugerirá actuar sobre ti mismo —sobre tu interior, sobre tu manera de pensar, interpretar o sentir—. Nunca pretenderá modificar nada que parezca estar fuera de ti, ni por supuesto cambiar a nadie. Porque la única forma de avanzar hacia la claridad es transformándote tú.
Por ese motivo en las siguientes páginas siempre hablaré en segunda persona. Por favor, no te sientas señalado ni atacada por ello. Cuando, por ejemplo, digo: “esto es lo que haces cada vez que juzgas a alguien: depositar tu propia carga sobre otro y acusarle por llevarla”, me refiero a ti, pero también me refiero a mí, y a todos. El contenido de esta pequeña obra surge de mi propia experiencia, de mi propio aprendizaje. Por eso, cuando diga “tú”, me estaré hablando a mí, y también a ti que estás leyendo.
Gracias por recorrer este felicísimo trayecto por tu templo interior.
Vamos juntos.
Un hombre va por un camino trasportando un saco muy pesado. Se siente mal, no solo por lo pesado de la carga, sino porque en el saco lleva algo que ha robado y le acosan los remordimientos. Después de caminar un buen trecho, ve que otro hombre se acerca en sentido contrario. Cuando ambos se encuentran, el primero pone el saco sobre los hombros del segundo. Extenuado, se le nubla la mente, se olvida de que es él quien lo ha robado y al ver al otro con el saco a cuestas le acusa de ladrón.
Esto es lo que haces cada vez que juzgas a alguien: depositar tu propia carga sobre otro y acusarle por llevarla.
Aunque no hace falta que hayas robado, ni siquiera que hayas hecho nada malo; basta con que lleves contigo algo sobre lo que te sientes mal, sea un recuerdo, una idea, una acción o un pensamiento adquirido en la infancia.
Por eso, si hoy te encuentras juzgando a alguien, mírate a ti. Descubre si lo que sucede no es que llevabas alguna carga indeseada, la has depositado en ella y has olvidado que era tuya.
En ese caso, prueba a quitársela. Pero no cargues tú de nuevo con ella. Mejor déjala en el suelo y sigue andando. A ver si de esa manera el camino se vuelve más fácil, y además encuentras preferible hacerlo en compañía de esa persona en vez de solo.
Imagina que eres uno de los pasajeros del Titanic y llega el momento del hundimiento. Te encuentras en el agua rodeado de náufragos que piden socorro desesperadamente. Si quieres ayudarles, ¿qué es lo primero que tienes que hacer?
Solo será posible si encuentras una balsa, un salvavidas, un tronco o algo similar, te pones tú primero a salvo y luego les ayudas a salir del agua. Por el contrario, si intentas auparlos desde abajo para que se suban a un objeto flotante, no conseguirás tu objetivo y además te hundirás.
Sucede lo mismo en la vida. ¿Quieres contribuir al bien de los demás? Súbete a un bote. Cuanto más grande y más sólido sea —tanto mejor si es un barco lleno de camarotes donde quepan muchas personas cómodamente— mayor será tu capacidad de ayuda.
Existe la extraña creencia de que para ayudar a otros es necesario vivir su misma desgracia, padecer su misma pobreza o sufrir por ellos. También existe la extravagante idea de que para amar a alguien es preciso sufrir por él. Pero el dolor solo engendra dolor.
Y el amor solo engendra amor.
La compasión no consiste en padecer por el otro, sino en dejar que tu paz invada su dolor.
¿Quieres dar paz al mundo? Encuentra paz hoy en ti. ¿Quieres dar riqueza al mundo? Encuentra riqueza hoy en ti. ¿Quieres dar inteligencia al mundo? Encuentra inteligencia hoy en ti. ¿Quieres dar amor al mundo? Encuentra amor hoy en ti. Entonces, ni siquiera tendrás que dirigirte a los demás para ofrecerles paz, riqueza, inteligencia o amor: ellos vendrán, al igual que si te encuentras sólidamente asentado en una balsa en mitad de un naufragio, los náufragos nadarán en tu dirección porque verán que allí está el socorro que necesitan.
Cuando era niño, cada año durante las fiestas del colegio ponían una feria en el campo de fútbol. Había varias atracciones, pero a mí la que más me gustaba eran los coches de choque.
Para montar había que comprar unas fichas redondas de plástico. Iba a la cabina, entregaba al encargado las monedas que me habían dado mis padres y a cambio me daba tres fichas. Luego me montaba en un coche con un amigo. Cuando sonaba la sirena metíamos una ficha en la ranura de la parte delantera. Entonces la atracción se ponía en marcha y nos divertíamos durante un rato estrellándonos contra los demás. Cuando el coche se detenía era necesario meter otra ficha para seguir jugando, y luego otra. Hasta que se acababan.
A partir de ahí nos pasábamos el resto de la tarde algo tristes sentados en la barandilla mirando cómo jugaban los demás y deseando tener más fichas. Nos olvidábamos de que, si montar es divertido, también lo es reírse con lo que les sucede a otros en la pista o dar vueltas por el resto de las atracciones oyendo a la gente gritar. Nos olvidábamos de que es posible seguir disfrutando del bullicio de la feria de muchas otras maneras.
Lo mismo nos sucede en la vida. Nos la pasamos esperando a tener fichas para montar. Cuando las tenemos, disfrutamos un rato, pero ese rato pasa rápido. Acto seguido nos sentamos en la barrera desanimados, deseando que lleguen más y recordando lo bien que nos lo pasamos cuando las teníamos. Mientras, olvidamos toda la diversión que hay alrededor.
Las fichas son el fin de semana, las vacaciones, la hora de comer o de cenar, la compañía de una persona amada, quedar con amigos, una relación íntima, ver una peli. La feria olvidada es el trayecto del metro a la oficina, un atardecer, el caer dormido, el abrazo de un amigo, una ráfaga de aire fresco entrando por la ventana, una canción repentina, mirar el cielo, dar gracias por todo ello.
Imagina que un día entran ladrones a robar mientras estás en casa. En esa situación puedes hacer dos cosas: resistirte, oponerte, forcejear con ellos, intentar echarles fuera y atrancar la puerta; o algo tan inusual como decirles: “pasad, llevaos lo que queráis. Tomad todo lo que tengo. Es vuestro si lo queréis. Y, por cierto, si os apetece un café o algo de comer os lo prepararé con gusto”.
En el primer caso es seguro que acabarás maniatada, amordazado, magullada y que además tu casa quedará destrozada. Pero eso no es todo. Cuando los ladrones se hayan ido, te sentirás humillado, ultrajada y vengativo. Notarás una rabia desaforada por dentro porque creerás que te han robado cosas muy valiosas, y estarás lleno de odio.
