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Existe algo primario, principal, algo cuya relevancia está por encima de cualquier otra cosa, sea la que sea. De tus deseos, de tus pertenencias, de tu personalidad, de tus opiniones, de tus amigos, de tu familia y de tus valores: la Paz interior. ¿Por qué? Porque sin ella no te será posible llegar a la familia, ni tendrá valor el dinero, la personalidad será una prisión, los deseos un yugo, las opiniones un freno y los valores un autoengaño. La paz es una característica propia del alma. Está profundamente grabada en ti y por lo tanto puede ser rememorada instantáneamente. Avivarla en realidad no requiere de un proceso, sino únicamente de una voluntad sincera. Y es tan dulce, tan placentera, tan acogedora, que una vez experimentada en toda su plenitud la abrazarás instantáneamente y nada ni nadie te convencerá de volver a abandonarla. Nunca. Nada ni nadie.
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Seitenzahl: 105
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Créditos
Dedicatoria
Agradecimientos
Prólogo
Nota sobre el título
Introducción Montar en bicicleta
Paso 1 Elevarse
Paso 2 El jardín interior
Paso 3 El rostro y la máscara
Paso 4 Vivir como el viento
Paso 5 El coro de la creación
Paso 6 No tener nada
Paso 7 Elegir lo que piensas
Paso 8 La conspiración universal
Paso 9 El sutra de la flor
Paso 10 Primera revisión
Paso 11 Vapor, agua, hielo
Paso 12 Ícaro y tú
Paso 13 El cuarto cielo
Paso 14 La cruda batalla
Paso 15 Felicidad
Paso 16 El granjero y el tigre
Paso 17 El sí del alma
Paso 18 El espejo de Dios
Paso 19 El viajero
Paso 20 Segunda revisión
Paso 21 La forma de una nube
Paso 22 Perdurar
Paso 23 Información
Paso 24 Inspiración
Paso 25 Pedir la verdad
Paso 26 El camino de la cruz
Paso 27 Quitarse el abrigo
Paso 28 Vuelta
Paso 29 La música de las esferas
Paso 30 Tercera revisión
Paso 31 El canto de los pájaros
Paso 32 Despertar
Paso 33 El sol y tu sombra
Paso 34 Extender
Paso 35 Vivir sin esfuerzo
Paso 36 El copo de nieve y la nevada
Paso 37 Tan cerca
Paso 38 Retrato
Paso 39 Vida
Paso 40 Cuarta revisión
Paso 41 Rama de cedro, rama de abeto, espiga de trigo
Paso 42 La semilla y el bosque de la creación
Paso 43 Oler
Paso 44 El lenguaje de Dios
Paso 45 El universo dice sí
Paso 46 Lo sutil mueve lo denso
Paso 47 Ser
Paso 48 La cruz del tiempo
Paso 49 Paz
Paso 50 Quinta revisión
Epílogo
R.M. Carús
50 pasos hacia la paz
© de los textos: R. M. Carús, 2020
© de esta edición: Editorial Tequisté, 2021
Corrección: M. Fernanda Karageorgiu
Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo
1ª edición: octubre de 2021
Producción editorial: Tequisté
www.tequiste.com
ISBN: 978-987-4935-69-4
ISBN: 978-987-4935-87-8
Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
A mi padre.
A todas las amigas y amigos que me arropáis, me acompañáis y me enseñáis tanto en los seminarios que compartimos tan a menudo como a través de sus comentarios en redes sociales*. Este libro cobra gran parte de su sentido gracias a vosotros.
Gracias a Alejandro y Fernanda por su infinita paciencia conmigo.
*
Instagram: raulmirandacarus
Facebook: elafabetodelsilencio
YouTube: Raúl Miranda Carús
Existe algo primario, principal, algo cuya relevancia está por encima de cualquier otra cosa, sea la que sea. De tus deseos, de tus pertenencias, de tu personalidad, de tus opiniones, de tus amigos, de tu familia y de tus valores: la Paz interior.
¿Por qué? Porque sin ella no te será posible llegar a la familia, ni tendrá valor el dinero, la personalidad será una prisión, los deseos un yugo, las opiniones un freno y los valores un autoengaño. Todas esas cosas son secundariamente importantes frente a la inmensa importancia de la Paz.
Aquí se proponen 50 maneras para experimentarla por el único motivo de que probar diferentes vías de llegar a un objetivo aumenta las probabilidades de éxito. Sin embargo, no son necesarias todas. Basta con dar uno solo de estos pasos con el suficiente convencimiento, con la suficiente profundidad, con la suficiente determinación de no volver atrás. La paz es una característica propia del alma. Está profundamente grabada en ti y por lo tanto puede ser vivida en cada instante. Avivarla en realidad no requiere de un proceso, sino únicamente de una voluntad sincera. Y es tan dulce, tan placentera, tan acogedora, que una vez experimentada en toda su plenitud la abrazarás instantáneamente y nada ni nadie te convencerá de volver a abandonarla. Nunca. Nada ni nadie.
Eso es algo que harás en algún momento. Puedes tardar minutos, años o vidas, pero al final te reencontrarás con lo que más añoras. No esperes. Los beneficios de volver cuanto antes son obvios y, paradójicamente, al mismo tiempoinimaginables.
Una vez más, en las siguientes páginas hablaré en segunda persona. Por favor, no te sientas señalado ni atacada por ello. Cuando, por ejemplo, digo: “prueba hoy a quitarte el antifaz aunque sea solo durante unos minutos si es que lo llevas puesto” me refiero a ti, pero también me refiero a mí, y a todos. El contenido de esta pequeña obra surge de mi propia experiencia, de mi propio aprendizaje. Por eso, cuando diga “tú”, me estaré hablando tanto a mí como a ti que estás leyendo.
En 50 pasos hacia la luz se proponía dar un paso diario. No obstante, muchos lectores de ese libro han encontrado mayor utilidad en leerlo primero entero y luego ir tomando los pasos uno a uno. Otros, en centrarse durante más de un día en alguno de ellos. Otros, en dar a veces un paso por la mañana y otro por la tarde. Otros más, en ir visitando sus páginas a lo largo de meses, pues sentían la necesidad de un ritmo mucho más lento. Gracias a ellos he aprendido que cualquier método es bueno si da resultados, y que el advenimiento tanto de la paz, como de la luz, como del amor no se puede reglamentar. Por eso, te animo a que recorras los siguientes capítulos a la velocidad más adecuada para ti.
Ojalá estas humildes páginas te sean de utilidad para retornar al entrañable crepitar del hogar. Allí, muy pronto, nos reuniremos todos.
Pasados seis meses de la publicación de 50 pasos hacia la luz, y ya muy avanzado el proceso de edición de 50 pasos hacia la paz, decidí cambiar el título de ambos libros. Desde que los escribí había tenido la sensación de que existía un desencaje entre esos títulos y el mensaje propuesto detrás, de que no reflejaban el contenido con exactitud. Sin embargo, no había encontrado otros títulos más adecuados incluso después de haberles dado muchas vueltas.
Los definitivos llegaron de manera inesperada una mañana de verano mientras paseaba por una pradera cercana al mar. No estaba pensando en nada, y repentinamente lo vi: 50 pasos a través de la luz y 50 pasos a través de la paz. Estos sí resumían con fidelidad los libros. La idea fue evidente en cuanto surgió y no pude imaginarme cómo no lo había hecho antes. Sin embargo, así fue.
La diferencia es substancial. La Trilogía de los pasos no intenta encaminar al lector hacia ningún sitio, sino que pretende sumergirle instantáneamente a través de cada uno de los capítulos en la luz que ya está aquí, en la paz que ya está aquí, en el amor que ya está aquí, nutriéndolo y permeándolo todo. No hay nada que buscar, no hay nada hacia donde encaminarse. Como se explica en uno de los pasos, el hecho de buscar implica asumir que lo que se desea está en un lugar o en un momento diferente a este.
Cuando comuniqué a la editorial mi intención de realizar este cambio en el tomo ya publicado y el que estaba a punto de hacerse, los responsables me explicaron amablemente las enormes dificultades técnicas que ello entrañaba una vez iniciada la publicación de la serie por cuestiones de registro, distribución y promoción. Comprendí entonces que lo mejor era mantener los títulos originales e introducir la importante corrección en el interior a través de esta nota.
¡Me queda el consuelo de que tal vez estos sean los únicos libros con dos títulos a la vez, uno auténtico y uno inexacto, lo que no deja de ser una curiosidad literaria¡
No obstante, ruego a la lectora que al poner en práctica estas páginas considere los títulos reales: 50 pasos a través de la Paz, 50 pasos a través de la luz, 50 pasos a través del amor, y descarte los que aparecen en portada. Eso le dará una comprensión y una experiencia mucho más rica de lo que se propone en ellos.
Una vez leí un método ilustrado para montar en bicicleta. Comenzaba hablando de las distintas partes de una bici, de los tipos existentes y de su evolución desde que fue inventada. Proseguía con una extensa historia del ciclismo. Posteriormente explicaba los mecanismos del cuerpo para mantenerse en equilibrio sobre dos ruedas, la fisiología tanto del sistema muscular como del óseo los sistemas de comunicación entre el cerebro y los miembros durante el movimiento. Al final había lecciones de cinética, física y geometría. Entre todo ello se intercalaban decenas de láminas a color con fotografías, dibujos y esquemas detalladísimos. Como puedes imaginar, era un libro muy gordo.
Lo subrayé en varios colores, memoricé decenas de párrafos, me esforcé en entender los capítulos más difíciles. Por fin, cuando ya lo supe todo y me consideré preparado, cogí una bicicleta, monté en ella y frente a cualquier pronóstico… ¡me pegué una torta soberana!
A la paz no se llega a través del intelecto. No tiene sentido estudiarla, sino vivirla. Puedes pasarte la vida leyendo tratados sobre ella, acudiendo a conferencias, cursos y seminarios, viendo documentales, hablando con gurús. Pero todo eso no vale. Lo que vale es montar.
Este es un libro sobre la paz y por lo tanto constituiría un camino francamente limitado para vivirla mínimamente si se utilizara solo como una mera lectural. Por eso anima sin cesar a no quedarse en la mera lectura y a pasar a la acción. Cada capítulo propone, sea de manera explícita o indirecta, maneras de ejercerla. Como es normal, puede que si nunca has montado sobre las ruedas de la paz al principio te caigas. Pero con práctica y con pasión sin duda lo lograrás.
Solo entonces comenzará un viaje extraordinario. Un recorrido en la compañía de otros seres, sean peatones, sean ciclistas principiantes o expertos. Un viaje en el que lo importante no es llegar a ningún sitio, sino disfrutar del sol en la cara, del viento sobre el cuerpo, del sudor sobre la piel. Una aventura en la cual los ojos se extasían ante la inmensa belleza de un mundo transformado.
Subamos pues a la máquina mágica de la paz. Sintamos en nosotros la presencia de algo innombrable y prodigioso. Contemplemos el mundo extasiados. Vivamos de una manera radicalmente diferente.
Pedaleemos juntos.
Imagina que vas a hacer un viaje en avión. Es un día gris, lluvioso, con algo de niebla. Mientras te diriges por carretera desde tu casa al aeropuerto el carácter del día te invade. Te sientes apesadumbrada, los problemas te abruman, te crees pequeño, tienes el corazón encogido.
Aunque sea muy de mañana en el aeropuerto hay un ritmo frenético. Todo el mundo parece tener prisa, nadie repara en nadie. Rodeado por seres indiferentes y extraños te sientes en un hormiguero. Te irritan la espera, los controles, los largos pasillos cruzados por lentas cintas transportadoras. Una vez sentada en tu puesto dentro del avión cierras los ojos. Notas una congestión tensa dentro de ti. Intentas dormir, pero la incomodidad, el traqueteo del aparato por la pista y las palabras estridentes que salen por altavoces te lo impiden.
Aun así sigues con los ojos cerrados. Aunque no te des cuenta están tensos bajo las cejas fruncidas. Casi duelen. Te llega un chorro de aire caliente desde la tobera situada sobre tu cabeza. Alargas el brazo para cerrarla, y entonces tienes frío. Cuando el avión despega, te sobreviene una mezcla entre vértigo y miedo que se acentúa cuando el aparato se zarandea en el viento y la lluvia.
Al poco, se estabiliza. Te esponjas todo lo que puedes en el estrecho asiento y finalmente caes en un sueño superficial. Cuando despiertas miras por la ventana pero no ves nada porque estáis atravesando las nubes. Inmediatamente sucede algo extraordinario: cuando acabáis de cruzarlas surge un sol espléndido, aparece un ancho cielo intensamente azul al frente, una claridad prístina invade el interior del avión y un calor tierno y reconfortante comienza a llenarte mientras miras el luminoso mar de nubes blancas extendido debajo de ti.
Súbitamente
