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Lo natural y lo sobrenatural, la vida y la muerte, el arte como expresión del alma, la música, el humor, los seres queridos de esta vida y los seres alados que nos rodean, las chispas divinas… Un cóctel de experiencias y emociones vividas desde la belleza de lo cotidiano y el fluir de la presencia. En esta obra, la autora narra las fórmulas que a lo largo de su vida ha ido encontrando para alcanzar la anhelada felicidad, y el deseado amor que todos los seres humanos buscamos. De este modo, comparte una manera de vivir, una manera de sentir, una manera de amar arriesgada y no siempre comprendida, y propone al lector una mirada diferente a la establecida.
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Seitenzahl: 199
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Carolina Illescas Aragón
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Toño Casado y Nuria Domínguez Pérez
Ilustraciones: Toño Casado
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-527-6
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Dedicatoria
Dedico este libro a mis padres, a mi hermana Laura y su preciosa familia, a mis hijos y, en especial, a mi compañero de vida, Pablo.
Agradecimientos
Agradezco a nuestra familia, especialmente a mis padres y a mis suegros, que me ha cuidado durante el proceso de creación de este libro, y me han permitido tener el espacio para escribir todo lo que llevaba en el alma desde hace años.
Gracias a Pablo, por su impulso y apoyo cuando me veía horas y horas trabajando en el ordenador. Por sus mimadas correcciones de estilo y por quererme tanto.
Agradezco a Mariaelena y Moru su confianza en mí. Gracias a ellas he tenido el coraje de seguir adelante con el proyecto.
Infinitas gracias a mi amiga incondicional Mariajo, por superar espacios y tiempos a mi lado, y por leer mis páginas desde el amor, la emoción y el respeto. Su opinión de gran lectora sostiene mi determinación de sacar el libro a la luz.
Doy las gracias también al alma de María Virumbrales, por querer chocar con mi alma una y otra vez en la vida, hasta que la fusión ha sido irremediable.
Gracias a Óscar, por su eterna amistad y por leerme durante mi inseguridad para aportar fuerza y fe en mí misma y en mi relato.
Agradezco a Toño Casado el amor que nos vierte cada vez que estamos juntos, y el regalo de su genialidad hecho música e ilustraciones… ¡Tú sí que sabes pintar la vida de color…!
Mil gracias a mi prima Encarni, por salvarnos la vida a las dos.
Gracias a Nuria Domínguez por aparecer, y por su inestimable y oportuna ayuda en la digitalización de los preciosos dibujos de Toño.
Me siento eternamente agradecida por todas las personas que, de una manera u otra, forman parte de mi vida. Mis hijos, mis amigos del alma, nuestra familia, compañeros, vecinos… Seres de luz que me hacen sentir muy afortunada por todo el amor que me ofrecen en cada paso de esta existencia en la que nos encontramos.
Lema
“Todos los humanos son espíritus que solo están de paso en este mundo. Todos los espíritus son seres que existen para siempre. Todos los encuentros con otras personas son experiencias y todas las experiencias son relaciones para siempre. Los Auténticos cierran el círculo de cada experiencia. No dejamos cabos sueltos como los Mutantes. Si te alejas con malos sentimientos en el corazón hacia otra persona y ese círculo no se cierra, se repetirá más adelante. No lo sufrirás una sola vez, sino una y otra hasta que aprendas. Es bueno observar, aprender y almacenar la experiencia para ser más sabios. Es bueno dar las gracias, dejarlo bendecido, como vosotros decís, y alejarse luego en paz.”
Las voces del desierto, Marlo Morgan
Prólogo de María Virumbrales
Cuando Carol me dijo que le gustaría que escribiera unas palabras para su libro no me lo podía creer, no me sentía a la altura. Yo soy más de cantar que de escribir, pero ella siempre encuentra las palabras mágicas para llegar al corazón y, rápidamente, me dio la seguridad que necesitaba.
Así es Carol, me imagino que muchos de vosotros la conocéis desde hace tiempo. Para los que aún no tenéis esa suerte, solo os puedo decir que es una de esas personas que siempre saca lo mejor de ti, lo mejor de todos. Tanto Carol como su marido, Pablo, ven el mundo con lentes de bondad, son capaces de obviar las sombras de cada uno y multiplicar por mil las luces.
Desde hace muchos años hemos compartido proyectos musicales gracias a Toño. Carol y yo siempre nos colocábamos juntas para cantar, sin conocernos mucho ya conectábamos. Siempre digo que cantar conecta corazones, y ella y yo siempre hemos estado en sintonía. Años después es cuando la vida y los amigos nos han unido por completo y hemos descubierto cómo hemos ido caminando en paralelo, compartiendo nuestra forma de querer, de soñar, de hacer hogar en diferentes ciudades, de maternar y de maravillarnos con pequeñas cosas del mundo.
Este libro lo definiría como un desnudo del corazón sin orden cronológico, vais a conocer a fondo momentos clave en la vida de Carol, sus inquietudes, sus dudas, su compromiso, sus sueños o su perdón. Capítulos llenos de honestidad, que te hacen comprender los cimientos bien robustos de amor, sinceridad, alegría y fe que tiene esta familia bonita.
Carol, gracias por regalarnos intimidad y reflexión. Gracias por tu amistad.
Te quiero,
María Virumbrales
Junio, 2022
Prólogo de María Elena Peinado
La vida reflexionada y compartida adquiere un sentido más profundo y auténtico. Adentrarnos en este libro es una invitación a plantearnos nuestra propia existencia, en su prosa y su poesía. En el transcurrir de su historia, la autora va leyendo, interpretando y aprendiendo de lo vivido desde una mirada conectada al amor y, así, transforma su existencia en mensaje de sanación y salvación.
Cada persona está llamada a realizar un proyecto único e irrepetible, y en algún momento es importante ser consciente de ello, porque es entonces cuando se produce un antes y un después. Es justo ahí cuando comenzamos a vivir plenamente y nos dejamos modelar para llegar a ser esa maravillosa obra de arte original que puede llevar a los que se relacionan con nosotros a sentirse a su vez amados, valiosos, únicos y hermosos.
Este libro es un canto a la vida en plenitud de alguien que se sabe y siente muy amada y que se ha convertido irremediablemente en caudal de amor para todos los que vamos teniendo el privilegio de conocerla y quererla.
María Elena Peinado
Junio, 2022
0. Introducción
Muchas veces me he planteado escribir un libro. Mi abuela decía que yo iba a ser escritora y que lo había leído en el horóscopo de una revista del día que nací. Ese presagio me ha perseguido a lo largo de mi vida de una u otra manera, ya sea cuando escribía mis poemas de juventud, cuando hice junto a Pablo, mi pareja, un diario sobre nuestra primera experiencia en Etiopía o cuando aún redacto los «Buenos días» en el blog de mi colegio. Una vez incluso disfruté de escribir una detallada autobiografía para la psicóloga que nos tenía que validar como padres en la adopción de nuestra hija Arsema. Por aquel entonces, apenas estábamos iniciando una de las grandes aventuras de nuestra vida: la maternidad y la paternidad.
Finalmente comencé este libro en octubre del 2021 durante una baja laboral por apendicitis. Creo que lo inicié porque me brotaba por dentro y no lo podía frenar… Necesitaba sacar en palabras las experiencias y aprendizajes de toda una vida y, sobre todo, que un día, Juan, Arsema y Paula Mara, nuestros hijos, comprendieran a sus padres; el porqué de nuestras decisiones y manera de actuar. Lo terminé en junio del 2022, durante otra baja, esta vez por cáncer de mama. Interpreté en este nuevo diagnóstico que no había aprendido algo durante la apendicitis, y que la vida me daba otra oportunidad para pensar, o que realmente tenía que terminar el libro y ya estaba tardando.
En estas páginas veréis «un desnudo espiritual en toda regla» y me atrevo a hacerlo, no porque tenga miedo a la muerte, aunque quizá un poco sí, sino porque quiero que lo que está escrito permanezca y se haga real para siempre sobre un papel impreso. Aspiro a que mis hijos, y algún día mis nietos, comprendan algo sobre las rarezas de sus progenitores… Y a que estas páginas leídas cojan polvo en las estanterías de nuestros seres queridos y de todos los que lo tenéis entre vuestras manos. Deseo que vuestros corazones comprendan lo esencial de sentir el amor desde todos los elementos y en cada una de las células de nuestra piel.
Tan solo te pido a ti, lector, que trates el contenido del mismo con cariño y respeto, teniendo en cuenta que en sus páginas está todo lo sagrado de muchas vidas y que se escribe para el bien del mundo, de los que lo leéis, de los que lo protagonizan y de mí misma.
01. De la sinceridad más encarnada
Lamento comenzar este libro por un relato de sufrimiento, aunque les aseguro desde ya que es algo que, para mí, forma parte fundamental de la vida y es necesario en cualquier proceso de crecimiento o sanación. Y también les digo que creo firmemente que la vida está llena de multitud de momentos, y todos buenos, porque los que no lo son a priori, pasado un tiempo, terminan siéndolo también. Vivirlos sin esconderse es fundamental para asumirlos, integrarlos, colocarlos y aprender de ellos. Con suficiente perspectiva, nos aportan siempre un aprendizaje básico, si es que queremos escuchar…
Aunque, amigos míos, el sufrimiento de amores en la juventud es propio de cualquier ser humano que se precie. ¿Quién de ustedes no ha tenido un desengaño amoroso o lo ha pasado mal por la persona amada? En fin, eso es lo que ahora les cuento.
Conocí a Pablo en el bar enfrente de mi trabajo, para los madrileños del barrio de Estrecho, los famosos Aros. Recuerdo ese día con especial viveza porque, definitivamente, cambió mi vida. Por aquel entonces, yo vivía con amigas en un piso compartido y llevaba trabajando en el colegio salesiano del barrio unos tres años. Era joven y tenía mucha vitalidad. Me sentía fuerte, pues los últimos años había disfrutado de un curso en el extranjero, había viajado muchísimo, me había sacado el carnet de conducir, tenía un novio apañado y me acababa de comprar un coche. Trabajaba mucho y vivía la vida de la ciudad. Yo, que había sido una loca de los Mecano y de la movida madrileña aun viviendo en mi querido Puertollano, por fin había salido del pueblo y vivía en la capital. Sin padres a los que dar cuentas, con un trabajo que me encantaba y me dejaba suficiente tiempo libre como para disfrutar musicales, salidas nocturnas, viajes, conciertos, amigos…
Para no faltar a la verdad, también tengo que decir que la ciudad me supuso un obstáculo que superar porque en muchos momentos me sentí sola y poco importante, me faltaban mis amigos de siempre, que de vez en cuando me visitaban, pero que ya no vivían a la vuelta de la esquina. En los años siguientes fue aterrizando alguno de ellos también en Madrid, como mi amiga Mariajo, con la que incluso vivía cuando conocí a Pablo, mi amigo Óscar o Toño, que aún permanecen en la ciudad.
El caso es que un viernes después del trabajo, me fui con mis compañeros a los Aros a tomar unas cañas, y un rato después apareció Pablo. Alto, guapísimo, ojos verdes, hoyuelos, pelo largo con rastas… «Uff», pensé, y no os exagero cuando os digo que me dio un vuelco el corazón. Tanto me desestabilizó que solté la mayor burrada que me vino a la mente:
«¡Pero bueno!, ¿dónde te has metido?, ¡Todo el mundo en el colegio me ha dicho que había un profe de Biología nuevo que era muy guapo y estaba muy bueno! ¡Te he estado buscando por los pasillos y no he conseguido verte en toda la semana!».
Tengo que aclarar que le habían llamado para sustituir a una profesora de ciencias que estaba de baja maternal, y por eso llevaba una semana en mi colegio. Y era totalmente cierto que profesoras y alumnas me habían hecho comentarios sobre el profe tan flipante que había venido a sustituir.
A tan directo y descarado comentario él, tiempo después, me reconoció que pensó: «Ya he pillado», pero lo que allí vimos es que se le subían los colores e intentaba improvisar una salida a la altura de mi comentario… Mientras, yo por dentro, temblaba porque había tenido lo que muchos llaman un flechazo. Mi vida estaba demasiado bien organizada para que viniera un tipo así de bohemio, y no muy de fiar (por lo que parecía) para que yo me desestabilizara, así que decidí negarme desde la cabeza a lo que el corazón dijo desde el primer instante en que lo vi.
El caso es que no pude. No pude negarme a sus encantos. No pude dejar de pensar en él. No pude dejar de buscar excusas para que comiéramos juntos, viajáramos juntos, viniera a arreglarme el ordenador a casa, nos fuéramos de fiesta juntos… Parecía que teníamos un imán el uno con el otro y, a pesar de no ser nada, siempre nos apañamos para estar juntos. Tanto fue la cosa que yo tuve que dejar a mi novio y empezar a aceptar que me había enamorado de un cantante de rock, aspirante a Operación Triunfo, con un montón de ex, atractivo como él solo y un peligro constante por el éxito social que tenía a todos los niveles. Claro que con todas esas cualidades también estaba ser despistado, mega idealista, muy ligón e inestable a nivel emocional. Sobra decir que, aunque estábamos muy a gusto juntos, él, por sus movidas mentales y por un amor platónico al que perseguía desde la adolescencia, huía totalmente del compromiso.
Pero, queridos lectores… Era un encanto: agradable, cariñoso, generoso, entregado, risueño, soñador como yo…Podíamos hablar, y otras cosas que no detallo, durante horas sin cansarnos, y jamás se tomaba a broma mis sentimientos y pensamientos. Le podía hablar de mi pasado y de mis locuras sin sentirme en absoluto juzgada. Y ¡quería ir a África, como yo…! Era la primera persona que no se había reído cuando le había contado mi sueño de ir de misiones… Me sentía absolutamente a gusto y en casa.
Os estaréis preguntando dónde estaba el sufrimiento en esta historia… Pues en muchos frentes. Mis amigos se enfadaron conmigo por dejar de una manera tan injusta a mi antiguo novio, que también era amigo de ellos (lo entiendo perfectamente). La ruptura con él me supuso mucha pena por todos los planes que teníamos en común y todo lo vivido… Sentía que le defraudaba y era mala persona, a la vez que me daba cuenta de que no podía hacer otra cosa, pues a él no lo amaba como debía para pasar toda una vida… Y, por último, supuestamente la persona con la que realmente quería estar, jamás se mojaba del todo y, muy por el contrario, dejaba claro que nosotros éramos amigos y que no podía haber nada más porque su corazón lo tenía entregado a otra persona.
Así pasaron los días y los meses (casi un año), Pablo y yo siempre juntos: en el cole, en su casa, en la mía, en un campamento de verano como monitores, en el bar con los compañeros… Haciendo vida de pareja sin serlo… y, de vez en cuando, viendo como él trataba de poner distancia ligándose a otra… mientras yo estaba cada día más enamorada y con la autoestima más baja, sin comprender nada ni saber qué hacer… Triste a días y eufórica otros… En un lío total.
Empezaba a darles la razón a mis amigos, que me habían advertido de que parecía un «c…», así que decidí ponerle fin a la historia de una manera u otra, pero parar de sufrir. No podía más. Le expuse mis sentimientos y le hice una pregunta clara: «¿Quieres que vayamos en serio?». Él no lo pensó mucho y dijo que no; yo pasé la tarde más triste de mi vida llorando sin parar.
Mientras lo hacía, escribí el siguiente poema:
12 de marzo del 2003
La vida avanza
y mi corazón quiere sufrir,
quiere decir: «¡Aquí estoy yo!»,
quiere ser débil y
romperse con una ráfaga
de viento,
como la rama del árbol
que un día fue…
Hoy, la actriz va a despojarse
de sus ropajes, va a lavarse
la cara,
y desnuda…
va a gritar,
y sola,
avanzando por la playa,
sintiendo el calor de la arena
bajo sus pies,
quiere llorar;
va a llorar.
Tenía claro que, a partir de ese momento, y por mucho que me costara, solo lo iba a tratar como compañero de trabajo, así que, al día siguiente, con los ojos aún hinchados de llorar, con la camiseta más bonita que tenía, maquillada, perfumada y la cabeza bien alta, me fui a trabajar con la intención clara de decirle, a lo sumo, «buenos días». Y así hice durante, al menos, dos semanas. Él intentaba recuperar cada día la intimidad y la complicidad perdidas, pero yo, lejos de aceptar entrar de nuevo en el juego, me mostraba digna y distante, mientras, cada tarde, me sumía en la tristeza de saber que había perdido al amor de mi vida, al único que de verdad sabía que podría ser mi media naranja, la persona que me había hecho más feliz y más desdichada a la vez en toda mi existencia. Esos días escribí mucho… Aquí hay otro de los poemas que andaban por una libreta de aquella época:
AVE Ciudad Real-Madrid. 15 de marzo del 2003
Calor, amor, soledad,
miles de sonrisas
y una lágrima.
Libertad.
El mundo se mueve y yo
solo cambio de vagón.
Observo en silencio
y descanso. Hay paz
de nuevo aquí dentro,
pero los años arañan
el cristal tras el que
me encuentro
y siento los labios
cansados
y quietos.
Escribiendo, llorando, escuchando a amigos, tratando de huir de una manera u otra, tomé la decisión de mi vida. Irme a pasar el verano a África, a Etiopía en concreto. Una amiga salesiana me lo había sugerido varias veces… Ir a una misión, enseñar inglés a las niñas y hacer lo que tocara… En aquel momento, había una sequía muy fuerte en el país y se necesitaba de todo. Había mucha hambre, mucha enfermedad y mucha carencia de todo, incluido amor, especialmente entre las mujeres y las niñas, que siempre son las últimas en merecer algo, incluso el alimento de cada día.
Cuál fue mi sorpresa que, cuando comuniqué mi decisión a mis compañeros de trabajo en el mismo bar donde nos veíamos cada viernes, Pablo me miró serio y atónito, y me dijo: «¿Que te vas a África?». «Sí —le contesté decidida y casi chulesca—. ¿Qué pasa, que quieres venir conmigo?», y contestó: «Quizás». Y le dije… «Pues piénsate bien lo que quieres. El lunes hablamos».
Esa tarde ya me había arrepentido de la medio invitación que le había hecho. Una de las razones para ir a Etiopía era perderlo de vista y ahora existía la posibilidad de que lo tuviera hasta en la sopa mientras cumplía uno de los sueños de mi vida.
Pablo tomó dos decisiones a la vez, y ¡menos mal!, ir a África conmigo y comenzar en serio una relación. El mismo día que fuimos a la ONG Madreselva para comenzar todo el proceso de voluntariado con nuestra aún amiga —y entonces directora de la organización, Francis Espejo—, ese mismo día, sellamos un pacto aún no vulnerado. Me sorprendió enormemente que esta vez fue él quien puso las condiciones y sentó las bases de lo que, desde entonces, ha sido nuestra relación. Él me pidió completamente en serio que, si íbamos a estar juntos, nunca, nunca nos mintiéramos y nos guardáramos fidelidad. Me sorprendió sobremanera por nuestra historia pasada, pero lo cierto es que se ha convertido en una regla fundamental en nuestra casa y así lo transmitimos siempre a nuestros hijos: «Nosotros no mentimos. Siempre decimos la verdad».
Yo no estaba acostumbrada a ese tipo de relación. Había tenido varios novios y amagos de novios, y siempre había algo que no decir, algo que ocultar. Siempre me protegía por si me herían o me juzgaban. Era insegura y quizá un poco complaciente, nunca me había sentido del todo cómoda por no poder mostrarme completamente como era por miedo quizá a no ser querida, al abandono o al rechazo.
Solo una vez antes experimenté lo que para mí es el verdadero amor… Poder abandonarte en el otro y el otro en ti porque hay confianza y amor pleno e incondicional. Y fue con un amigo. Esta era la primera vez que lo experimentaba con mi pareja y, desde entonces, ese amor tan puro nos ha acompañado hasta hoy, y nos sentimos afortunados porque es absolutamente único.
02. África en nuestras venas
África nos cambió definitivamente. Como ya os he contado, el verano del 2003 nos fuimos a Zway, al sur de Addis Ababa, en Etiopía. La salesiana Nieves Crespo vivía allí y nos dio la oportunidad de disfrutar la experiencia más bonita, dura y fuerte de nuestras vidas. Ya escribimos en su día un diario pormenorizado sobre ello.
Lo cierto es que nos encontramos en una realidad que distaba años luz de nuestra experiencia previa en la vida: hambre, injusticia, enfermedades, suciedad, violencia… Niñas abandonadas, bebés moribundos, madres con su prole durmiendo en el suelo esperando algo de comida o atención médica, padres ausentes, dolor… Y, por otro lado, alegría, hermandad, realidad, solidaridad, esperanza en sus sonrisas, naturaleza; una escuela, un oratorio, un dispensario, amor…
En varios momentos sentimos, como ellos, la falta de salud. Tanto Pablo como yo sufrimos procesos de enfermedad fuertes a causa de infecciones, diarreas y otras afecciones. Yo estuve ingresada en el Carlos III a mi vuelta. Esto también nos sirvió para experimentar la vulnerabilidad más encarnada. La indefensión ante la naturaleza cuando venimos de un mundo en el que la medicina está tan desarrollada.
Por otro lado, todo lo que en la misión dábamos, se nos devolvía multiplicado por mil, y no exagero… Allí toma sentido para mí la canción de Jorge Drexler: «Cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da»… Solo que mi sensación era que, por mucho que yo me esforzaba en dar, siempre me venía de vuelta muchísimo más.
Fue todo tan intenso y desbordante a nivel emocional y físico que Etiopía se clavó en nuestra alma para siempre.
Cuando volvimos, ya no pudimos ser nunca los mismos. Nos dimos cuenta de lo banal de mucha parte de nuestra vida y comenzamos a sentir profundamente qué era importante y qué no… El dinero para nosotros se convirtió en un medio y nunca en un fin, comenzamos a tomar otras decisiones que variaban de las comunes, según la sociedad que nos rodeaba. Ya las iréis conociendo poco a poco… No adelantemos acontecimientos…
Muchos «problemas del primer mundo» desaparecerían si cada uno de nosotros viajara tan solo una semana a un país como Etiopía… Hay un corto de Javier Fresser llamado Binta y la Gran Idea que justo trata ese tema… Los blancos europeos necesitamos ser adoptados por alguna familia africana para recuperar la alegría, la conexión con la tierra, la escala de valores y prioridades… Para aprender de nuevo a vivir desde lo auténtico, en unión con la familia, los amigos, los vecinos, agradeciendo la vida y la muerte (que ellos celebran por todo lo alto) y para volver después a Europa a enseñar a otros a vivir así…
Nos estamos distanciando de la esencia de la vida, nos estamos desnaturalizando, desuniendo entre nosotros, alejándonos de Dios, de la naturaleza, de los otros seres humanos… Estamos perdiendo la esperanza… ¡Y eso que nosotros lo tenemos todo!
En África, Pablo y yo comprendimos la importancia de lo pequeño, la belleza de lo auténtico, la necesidad del cuidado mutuo entre vecinos y la búsqueda del bien común. No se puede salir adelante solo… La soledad engendra individualismo y egoísmo, y eso, a su vez, pobreza y falta de felicidad… Y si algo tengo claro, amigos, es que el ser humano anhela la felicidad… Esa es su más alta aspiración, que, además, coincide con la de Dios. Para mí, y con todo el respeto a los que sientan diferente, Dios solo busca nuestra máxima felicidad y paz de corazón.
Ojalá pudiéramos imaginar un mundo en el que todos pensáramos en el bien común, donde nos importaran nuestros hermanos de cualquier lugar del mundo y según eso actuáramos, repartiéramos, consumiéramos y viviéramos… John Lennon ya soñaba con ello cuando escribió Imagine, pero muchos políticos y empresarios no lo deben ver muy claro…
