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A Corta Distancia de Mónica Montero, que reúne cuentos magistralmente logrados, que hablan de la angustia, la marginalidad, la pobreza y la sordidez de los getthos en la urbe de un país como Chile. A través de una escritura desgarradora, la autora nos conduce por la trama involucrándonos en la psicología de los protagonistas. A Corta Distancia en su grito escritural y desobediente, que nos muestra el mundo de la política apática, de la sociedad que vocifera en sus paradigmas que somos los jaguares de Latinoamérica, cuando en realidad las autoridades sólo maquillan las estadísticas. Los relatos que dan cuerpo al libro A Corta Distancia provocan curiosidad por la forma en que han sido creados, y por la audacia de la palabra desafiante de su autora, para crear una narrativa alejada de las estructuras clásicas.
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Veröffentlichungsjahr: 2015
Mónica Montero F.
Editorial Segismundo
El deber de un escritor es el de escribir. Tautología o pleonasmo; escritor es quien escribe. Escritor es quien escribe o describe, del latín dēscrībere, representando o detallando por medio del lenguaje y dando cabal idea del asunto o materia sobre que se escribe. Tras la lectura de estos cuentos, ¿qué duda cabe que Mónica Montero es una escritora? Una insigne descriptora, como antaño solía decirse.
Entonces, ¿qué nos describe la autora?
Una primera lectura podría inducirnos a imaginarnos la mujer, pobre y citadina, como hilo conductor con el cual se tejen las tramas de estos once cuentos, número significativo per se. Y es que la mujer urbana, sumida en la pobreza, es fuente inagotable de inspiración pues, aún en nuestro biempensante Chile, encontramos desde una disruptiva Lumpérica, de Diamela Eltit, hasta Una novelita lumpen, del insoslayable Roberto Bolaño.
Sin embargo, en una segunda lectura, vemos a Mónica Montero describir en sus cuentos a esa condición, casi maldición, tiernamente llamada lumpenproletariat por los siempre intelectuales marxistas, pues como bien escribiera Bernard Shaw en Major Barbara; “The greatest of evils and the worst of crimes is poverty”. Como buena hija de Minos, la autora nos invita a seguir su hilo en el laberinto de la pobreza, de la marginalidad y de las carencias físicas de estas mujeres; Marga, Lázara, Alma, Jesusita o Caína, perdidas en un mundo que no entienden, enfrentadas a los peores monstruos que su oscuridad supo engendrar en las lúgubres calles de esta ciudad.
Descritas en un lenguaje simple, cotidiano, crudo, pero sin perderse en la trampa de la vulgaridad, estas mujeres pueden verse luchando sus ridículas batallas, en vano afán, con sus demonios personales, en pos de extravagantes sueños. Batallas perdidas, antes siquiera de iniciadas, en la frondosa marginalidad, quedando abandonadas a su suerte en una playa cualquiera de Naxos, como Clara del Pilar, al primer Baco venido…
Mónica Montero enfrenta el dilema estético de la pobreza con transparencia, sin ensalzarla ni denostarla, sino mostrándola tal cual es, una dura realidad. Podados los adjetivos superfluos ante el insobornable deber de contar lo que la descriptora ve con los lúcidos ojos de su corazón. La pobreza no es fea ni bella, simplemente, es.
La pobreza material no es la verdadera pobreza, pues, como bien decía Martial; “Non est paupertas, Nestor, habere nihil”. La verdadera pobreza, la más dura y cruel cara de la pobreza, es la del alma, la del espíritu, cuando se abandona la humanidad y se abraza la bestia negra apenas reprimida en el fondo de cada uno de nosotros. Y esa es la tercera lectura de estos cuentos, con mujeres como Nativa, Inocencia, Purísima, Thalia y Magdalena. Mujeres pobres en la materialidad, mujeres pobres de espíritu, radicadas en el centro de lo marginal, lejos de su propia humanidad. “Cosas, ella tenía cosas, que el resto de la pobla no tenía, pero no por eso dejaba de ser pobre”, nos cuenta la autora con clara consciencia de lo que describe.
