A dios no le compete - Gustavo Vera - E-Book

A dios no le compete E-Book

Gustavo Vera

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Beschreibung

El universo nos guía por los caminos indicados para vivir mejor, usando todas sus leyes, no hay nada al azar, este libro nos enseña a descubrir cómo ser mejor, el autor nos guía a reconocer que el ego el apego y orgullo son los mayores enemigos del ser humano fuente de equivocaciones y del sufrimiento. Reconocerlo es difícil, acabar con el imposible; sin embargo aquí aprenderemos a identificarlo, a controlar y erradicarlo, somos seres vivos y todos los días nos estamos cuestionando, el porque me encuentro en tal o cual situación de dolor enfermedad y sufrimiento. Que hago para ser feliz, que hago para ser libre, este libro nos guía y enseña con su vocabulario limpio, que el factor causante de nuestras manantial de desdichas, es la ley del karma o causa y efecto y aquí aprenderá a reconocerlo evitarlo para lograr llegar a la plenitud. Descubrirá que Dios no es el causante de sus problemas y de ningún mal que te persigue, al final decimos que es la voluntad de Dios, sin embargo, seguimos buscando una respuesta y no la encontramos, y en A DIOS NO LE COMPETE lo descubrirá y lo encontrara, para alcanzar la plenitud.

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Seitenzahl: 318

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Gustavo Vera

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1181-009-8

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Para aquellos cazadores de la verdad:

La lealtad es mayor que la estimación, porque esta se puede convertir en una emoción negativa.

Gustavo Vera del Rosario

AGRADECIMIENTOS

Mi agradecimiento a mi dios interno. Quiero agradecer en especial a todos los seres sintientes que me animaron de una manera u otra a escribir, y sobre todo a mi ser interior, que me dio ese impulso de lanzarme a cumplir este deseo de enseñar por medio de estas humildes palabras, para que cada uno que lo lea trasmita esos mensajes a los demás y que logren aprender y hacer mejores seres humanos, para el bienestar de cada uno y de la humanidad y entiendan que el apego es uno de los más grandes enemigos del ser humano, que no nos conduce por el camino de la felicidad.

PRÓLOGO

EnA Dios no le compete, el autor, apoyado en el conocimiento adquirido a través de sus maestros espirituales y en sus estudios superiores en la universidad de la vida, de forma sencilla y práctica, deja un manual para todos aquellos que permanentemente esperan que el ser supremo dé solución a problemas que se le presentan en el plano material en el que se desarrolla nuestra existencia. Advierte que no busquen aquí la exactitud de una receta, pero sí la realidad y sensatez en los ingredientes.

En una compilación de experiencias de vida, estudio y observación en donde el lector debe comprender que el arte de vivir se aprende desarrollando muchos otros artes; procura con este manual de vida contribuir a este desarrollo y poder sentir la satisfacción del deber cumplido.

Pretende que no se quede en una simple historia teórica y que, a partir de la lectura, nazca la práctica. Se ha escrito entre chacras y sentidos, donde le ha sobrado energía para hacerlo. Además, anhela que de la venta mejore su inexistente pensión y sobre todo porque le ha dado la gana.

Anónimo

INTRODUCCIÓN

Todos somos escritores, pero pocos nos atrevemos a escribir. Al escribir este libro, lo haré de la manera más sencilla posible, no solamente para el lector experimentado, sino para el lector común. Escribiré tratando de no usar términos difíciles y complicados o palabras difíciles de entender con el fin de que se tenga una buena compresión, tanto para el lector experimentado como el lector con poca experiencia. Escribir un libro de ninguna manera es fácil, primero, porque no es fácil escribir, sobre todo cuando no se tiene la experiencia y porque, además, escribir de ninguna manera es tan fácil como cualquier otra labor que tenga que ver con la cultura, sobre todo cuando se trata de creencias religiosas o de misticismo, ya que es un tema complejo en el que se entra a discusiones debido a las creencias arraigadas y que no es muy habitual para los lectores. Es un tema que puede generar discusiones que no llegan a ninguna parte con el mismo lector porque, afortunadamente, las palabras escritas o habladas nos hacen cuestionar, sobre todo en el tema de nuestras culturas y creencias, creencias que ya están sujetas, enseñanzas que nos han dictado y enseñado cuando éramos niños. Y ahora que somos adultos, nuestros conceptos pueden tener cambios o los tendrán con el correr del tiempo, a medida que la experiencia y el aprendizaje nos cambien los conceptos y paradigmas, siempre y cuando logremos obtener experiencia y un poco de sabiduría, unida a la inteligencia intelectual o a la inteligencia emocional.

Pero a medida que vamos madurando y teniendo experiencias y cambios, no solamente físicos, sino de creencias, sobre todo de conceptos dogmáticos, religiosos y místicos, como seres humanos curiosos que somos, buscadores de la verdad, nos gusta estar cazando verdades, aunque en nuestra infancia nos hayan educado y hecho creer muchas mentiras, tanto religiosas como políticas. Al ir madurando y creciendo, nos vamos encontrando con contradicciones y es precisamente eso lo que nos hace tener un proceso de evolución. El escribir sobre estos temas para mí es muy grato y uno de los objetivos es dar una luz de conocimientos a todos aquellos curiosos y cazadores de la verdad, verdad que ustedes irán descubriendo a medida que vayan leyendo el libro. Posiblemente, esto implicará llevar al lector a un mundo de cuestionamientos, razonamientos, contradicciones o análisis que lo empujarán seguramente a entrar en discusiones sobre temas de política, de religión o de fútbol, porque cuando se entra en discusión sobre estos temas, todos tienen la razón, y la verdad es que ninguno la tiene. Lo que sí es cierto es que cada uno está enredado por su propia mente por el hecho de que todo es relativo, efímero e ilusorio; pero de eso se trata el mundo exterior. Además, estos temas conducen al odio, a la discordia, a las peleas y hasta a las guerras. De todas maneras, todos tenemos el derecho a creer en lo que mejor nos parezca y a que esas creencias sean una experiencia de nuestro mundo interior o exterior y que nos hagan sentir bien.

A Dios no le competees un libro para reflexionar y hacer comparaciones usando la intuición, la deducción y la razón, con algo de análisis. Aquí encontrarán algunas respuestas a muchas preguntas que día a día nos hacemos, desde el punto de vista del alma, la mente y las emociones; y, según sea el caso, de nuestra educación, nuestra cultura, experiencia, creencias, conocimiento o sabiduría. Comparando con nuestros viejos conocimientos y los nuevos que nos llegan, dependiendo de la experiencia vivida de nuestros años y comparando nuestras experiencias propias o ajenas vividas, aquellas que muchas veces tomamos, que nos dan alguna enseñanza, estas experiencias las recibimos como propias, aunque a veces no logramos entender los efectos o sucesos que se producen y se presentan en el transcurso de nuestras vidas y que nos van marcando.

Toda persona ha experimentado en su vida sucesos o acciones y, sobre todo, los actos que ejecutamos nosotros mismos, que son de mucha importancia en nuestras vidas, hacen que nos parezcan buenas o malas muchas veces estas acciones y experiencias que nos hacen preguntar el porqué nos sucede esto o aquello y a qué se debe, y qué relación tienen con la ley universal y si verdaderamente a Dios no le compete todos los sucesos que tienen que ver con nuestras vidas. En especial, nos preguntamos qué relación tienen con Dios estas experiencias, si Él es el causante, el solucionador o conductor de nuestros problemas, dificultades, enfermedades, angustias, sufrimientos y todo lo que es doloroso que tenemos que llevar con nosotros en el trascurso de nuestra vida en este plano físico. Porque solo lo doloroso, lo que es de sufrir, la vejez, la enfermedad y hasta la muerte, solo pertenece a este plano físico, a su mundo exterior, y es algo que debemos tener bien claro y presente.

En mi vida he pensado y he querido realizar muchas cosas, pero jamás pensé escribir un libro, y menos sobre este tema, que puede llevarnos a cuestionarnos o confundirnos. Es un objetivo muy personal, sobre todo si estas palabras educan y guían al ser humano para ser mejor y, por ende, logre al fin ser feliz y libre para poder vivir mejor y se encamine a no cometer actos o acciones, tanto en pensamiento, palabra y obra, que van en contra del equilibrio del universo, de nuestro prójimo y de nosotros mismos. Estos actos buenos o malos son los que nos darán nuestra desdicha o felicidad en nuestro próximo futuro, porque nuestras acciones del ahora son las condiciones que creamos para el mañana.

El asunto es que este libro nos pueda orientar hacia unos conocimientos lógicos y razonables que difieren de otros pensamientos, pensamientos que posiblemente nos cambiarán nuestra manera de pensar, pensamientos que tenemos arraigados por tantas mentiras místicas, religiosas y políticas que nos hacen creer desde nuestra infancia. Este texto nos puede guiar hacia apreciaciones que nos harán reflexionar sobre cada una de nuestras acciones o actos que ejecutemos de nuestras propias experiencias y nos dará la oportunidad de sacar nuestras propias conclusiones para compararlas con nuestra vida, creencias, educación, experiencia y entorno. También nos hará salir de paradigmas viejos y obsoletos, y posiblemente nos hará más libres y más felices al hacer más llevadera nuestras vidas. Este escrito le dará, también, un sentido a nuestras vidas.

Podemos conocer y experimentar diferentes conceptos, apreciaciones, emociones, y lo más importante, se pueden tener nuevos conocimientos, nuevas formas de apreciar y ver lo que hacemos y lo que a diario observamos. A través de nuestras apreciaciones y emociones obtenemos nuestros conocimientos aprendiendo de la experiencia. También aprenderemos qué consecuencias podríamos tener y saber qué nos puede perjudicar y ayudar para el mejoramiento de nuestras vidas. Les aseguro que es más la ayuda que puede llegar a recibir.

Todo el universo está en movimiento continuo. La vida del ser humano es un accionar continuo, es un karma completo, es acción; pero también es una reacción a todos nuestros actos, actos que nos perjudican o que nos premian, sea el caso que sea. Nuestras acciones son la base de nuestra experiencia y de nuestro aprendizaje, y sobre todo de nuestro sufrimiento. Además de los efectos producidos por ellas, estas acciones pueden ser buenas o malas; eso dependerá de la apreciación que tenga de su formación y conocimiento, de su propia experiencia vivida y de lo que se obtenga de la observación de su propia vida y, sobre todo, de la debilidad que tenga usted para manejar su propia mente.

Este libro no es para que se crea en lo escrito y tampoco para tener grandes emociones, ilusiones o desilusiones, o para que aquí encuentre una respuesta a sus inquietudes; ni de ninguna manera hacer cambiar creencias religiosas, dogmas y demás. Más bien es para aprender y recibir una luz o iluminación que sirva para un despertar de conocimientos, que se entienda y comprenda que hay leyes universales que ejercen un poder inimaginable sobre nosotros de manera directa o indirecta, una luz que quizá no conocemos y no nos damos cuenta de que está ahí. Quizás no queremos reconocer esta verdad que sirve para entender, analizar y comprender qué papel tiene Dios con los sucesos que más nos afectan; si es que Él tiene que ver con lo que nos sucede y si también Él nos da la solución o, verdaderamente, a Dios no le competen esos asuntos derivados de todas nuestras acciones. Al no tener conocimiento claro del karma o no saber de esta ley y cómo funciona, o al no ser conscientes de ello, infringimos esta ley, cometemos acciones que, con el tiempo, más tarde que temprano, las tenemos que pagar; y es cuando nos preguntamos: «¿Por qué me pasa esto o aquello?», y no encontramos una razón lógica y razonable a ello, menos una respuesta sabia, inteligente y satisfactoria. Siempre que estamos en dificultades, pensamos que eso nos pasa porque somos de malas, o porque el prójimo nos desea el mal, o por otras circunstancias, y, sobre todo, le echamos la culpa a los demás, al sistema en que vivimos o a nuestro gobierno y, principalmente, a Dios, pensando erróneamente que es el mayor causante de nuestros males y sufrimientos. Pero todo esto es ajeno a Dios. No pensamos, y ni siquiera se nos pasa por la cabeza, que es culpa de nosotros mismos, por nuestra manera de pensar y llevar esos pensamientos a los actos.

EL RECORRIDO

Desde la Antigüedad, el hombre ha buscado normas para poder gobernar y defenderse no solamente de los vecinos, sino de su mismo pueblo. También el hombre ha buscado ser libre y feliz, cosa que hasta hoy no ha conseguido. Además, se crean leyes para poder mantener un orden dentro de la sociedad. El hombre ha creado, recopilado y plasmado esas normas, llámense leyes, artículos, estatutos o reglas, en diferentes códigos, todo con el fin de organizarse ante las amenazas de los mismos hombres, que siempre han estado dispuestos a entorpecer el orden, acometer delitos o faltas que hacen daño al ser humano, a la comunidad, al medioambiente y a ellos mismos. Por falta de educación, todos los seres que infringen las leyes, por no tomar en cuenta las normas creadas por la sociedad, no se dan cuenta de que, al cometer esas acciones, que muchas veces no están como normas escritas, sino que son leyes naturales o universales regidas por la ley del karma1, creen que no estar escritas van a pasar desapercibidas de castigo. Sin embargo, con el correr del tiempo recibirán su castigo, así como cuando un hombre que comete un delito dentro de la sociedad es juzgado y sancionado por la misma sociedad. Pero no solamente el hombre crea las leyes para que se cumplan, sino que las hace también para defenderse de los vecinos, para que, subjetivamente, esas leyes hagan esclavos, sin libertad, a los hombres. Para eso se han creado estas normas, con el fin de que el hombre pertenezca a un partido político, a una religión, a un candidato o a un grupo para que llegue fácilmente a ser manejado. A estas sociedades les conviene que sus adeptos se vuelvan fanáticos y, a la vez, que se conviertan en esclavos estúpidos y seguidores de estas asociaciones, dejando de ser libres y, principalmente, dejando de pensar y de tener voluntad propia, logrando así perder su propia libertad e inteligencia.

Todo ser humano que se deje llevar por un hombre, sociedad u organización política, religiosa o deportiva, se puede considerar de mente débil. Es una persona sin criterio propio y, sobre todo, esclavo, sin libertad. Es de naturaleza razonable que las normas, al ser creadas, faciliten el orden en sus clanes, grupos, comunidades, naciones y hasta imperios. Estas normas hacen que la vida en la sociedad sea más ordenada y llevadera. A medida que el hombre investiga, se educa para tener el conocimiento sobre lo que es bueno o malo, según la experiencia obtenida para él. Entonces, fue creando normas de comportamiento que debían solucionar las dificultades que se presentan tanto en el ámbito individual, de persona a persona, como en el ámbito familiar, social o grupo.

Al mismo tiempo que fue creando las normas, fue educando a las personas para que las aprendieran y las ejercieran; para que las ejecutaran, para que tuvieran la capacidad de juzgar y de hacer justicia aplicando las leyes, que iban plasmando en libros de ética o códigos de ley. Pero la historia ha demostrado que a los gobernantes no les interesaba tanto que el hombre del común se empapara y conociera la ley o la interpretara a su manera, para que, así mismo, le sacara provecho o beneficio. Para los gobernantes era de mucha importancia que, cuanta más ignorancia existiera de la ley, era mejor para ellos; pero a medida que el hombre se preparaba, las estrategias han ido cambiando para mantener ese poder.

En épocas pasadas, no se podía comunicar o enseñar a los pueblos de ese entonces, porque no existían los medios adecuados para que, por lo menos, las comunidades o clanes los conocieran y aprendieran, se enteraran de que existía una ley para contrarrestar el delito o inducir, por lo menos, a que no se cometieran los delitos, cualesquiera que fueran. Los gobernantes de entonces tomaban al hombre acusado o señalado de cometer un delito, bien sea que su falta fuera asesinato, robo, herejía o por no pagar los impuestos. Igualmente, lo llevaban a ser juzgado, invitaban al pueblo a la plaza pública y allí se juzgaba al individuo sin defensa. Lo hacían directamente de una forma arcaica y era condenado sin un juicio justo, solo por señalamiento, y se ejecutaba el castigo. Para entonces, el castigo era la horca, la guillotina, la hoguera; en fin, el castigado era condenado a muerte. De esta manera, se enseñaba directamente al pueblo para que cogiera escarmiento y supiera que el que infringía la ley iba a tener un castigo severo. Pero para el hombre pensante, aquel que tenía pensamientos diferentes a sus gobernantes, también existían castigos como la cárcel, el destierro, además de la pena de muerte por ser alguien de nuevas ideas.

Ante el desconocimiento de estas normas, había personas que, creyendo que no infringían la ley, eran condenadas sin tener conocimiento de esta, que no se daban cuenta de que estaban cometiendo un error y no sabían que habían cometido un delito. Pensaban que no habían cometido alguna falta, según sus conocimientos creyendo y, además, pensando que eran inocentes porque no tenían conocimiento de la ley. Por tal desconocimiento o ignorancia de la ley eran condenados de todas formas. Actualmente, se aplica la regla de que una persona, al no tener conocimiento de la norma, no está eximida de ser culpable ante un delito cometido. Será juzgado y condenado según su falta.

Ante las normas de la sociedad impuestas y solo creadas por el hombre para el hombre, el ser humano ha observado la naturaleza y extrayendo de ella su comportamiento para así llevar lo que observa a la sociedad en la que vive.

No solamente se crean las leyes para organizarse, sino para acaparar el poder o apoderase de él, y así defenderse, pues muchas veces las leyes son creadas para que los que toman el mando puedan someter a los demás con el fin de poder seguir estando en el poder y dominar a los pueblos. Podemos pensar que se tiene un concepto erróneo de que, cuando se tiene el poder, este es eterno; y aquel que lo tiene en sus manos sufre más, no por tener el poder, sino por perderlo. Pero esta no es la gran razón, sino el apego que se tiene al poder. Sin embargo, como todo lo del universo exterior es efímero, tras esa lucha, al final, el poder también se diluye, se evapora y se pierde, quedando todo en una ilusión.

Todas las desigualdades se deben más a la ignorancia y al dominio que el poder ejerce sobre los demás que, desde el principio, han tenido los grupos humanos. El hombre, en su ignorancia, se agrupa en un dogma religioso, partido político o a cualquier grupo, pensando que lo van a sacar de sus dificultades y le resolverán todos sus sufrimientos. A medida que el hombre toma conocimiento, aprende y baja su nivel de ignorancia y va escalando para ser menos vulnerable. Las organizaciones que se han aprovechado de esta ignorancia son los grupos religiosos, como las iglesias católicas y cristianas, las religiones islámicas y judías, entre otras. Y son los engañadores más perversos y mentirosos en este sistema de cosas. Pobres los hombres que se dejen atrapar por las garras de las religiones o de filosofías políticas, serán hombres sin pensamiento propio, con sus cerebros llenos de las grandes mentiras inducidas por estas agrupaciones para seguir llevando el mando a un poco de hombres ilusos, de mente débil y esclavos llevados por unos caminos llenos de ignorancia.

Estas organizaciones religiosas, ya sean la católica, cristiana, musulmana, judía u ortodoxa, usan algunas estrategias para poder tener sumisos al ser humano con la táctica del miedo, condena, pecado e infierno, enseñándole que existe un diablo y que va a haber un fin del mundo. Además, nos siguen pregonando que no podrá entrar al paraíso o al cielo por su desobediencia a Dios; o será más bien por desobediencia a sí mismo, a su dios interno; recuerden que nosotros somos dioses, hemos sido creados a imagen y semejanza. Estos que predican el temor y miedo inducido conducen al sometimiento, obligando y llevando como corderos al matadero a las personas para que se integren a estas organizaciones, que solamente buscan su propio beneficio.

Recordando algo de historia, en la antigüedad, entre los años 306 d. C. al 337 d. C., siglo IV de nuestra era, el Imperio romano era gobernado por cuatro césares: uno en el este, otro en el oriente, otro en el sur y Constantino en el norte. Dos césares se aliaron, entre ellos, Constantino, para derrotar a los otros césares y quedar gobernando solo Constantino. Pero ese no era solamente el meollo del asunto, porque se venía una desorganización social y política para el Imperio romano al quedar solo Constantino para gobernar este imperio. Se encontró entre la espada y la pared entre dos frentes: los cristianos y los paganos. La pregunta que él se hacía era: «¿Cómopuedo gobernar a este imperio con estas dos corrientes tan diferentes y opuestas en costumbres y creencias religiosas?».

Tan diferentes eran estas dos corrientes que fácilmente podían llegar a una guerra civil y le podrían crear a Constantino su derrocamiento entre la lucha de estos contrarios por el poder. No obstante, Constantino era una persona pensante y, afortunadamente, tenía un secretario que pertenecía a la corriente cristiana y que era una persona abierta y muy conocedora de las sagradas escrituras judeocristianas de la Biblia. El secretario fue el que le aconsejó que atacara y derrotara a los otros césares para poder gobernar bajo una insignia cristiana, y lo logró. Constantino, emperador pagano, al final de sus días, se convirtió al cristianismo. Consultando Constantino a su secretario, le confió que buscara la forma o la metodología para poder gobernar este imperio. Por un lado, los romanos, que eran paganos; por el otro lado, los judíos y cristianos. Siendo su secretario un hombre culto, conocedor del cristianismo, fue rápido en su pensar y en su análisis de cómo se podía gobernar a un pueblo dividido y con costumbres y creencias religiosas diferentes.

Le propuso a Constantino eliminar algunos libros sagrados de la Biblia, un libro que comenta solamente la historia del pueblo judío, con un Dios castigador y vengativo. Este libro de historia, ya estudiado por su secretario, tenía en sus escritos pasajes o libros que favorecían en sus creencias a los cristianos y pasajes y libros que favorecían en sus creencias a los paganos. Entonces, comenzó a trabajar para eliminar unos pasajes y libros sagrados que literalmente perjudicaban a los cristianos y que perjudicaban a los paganos por sus creencias, es decir, conceptos que no estaban de acuerdo con sus creencias credos, ritos y dogmas. Con esta estrategia, Constantino logró gobernar el Imperio romano de la época; pero su objetivo es que, para dominar a mis semejantes, debo encontrar una forma, así sea a costillas de las mismas leyes, de la misma ética, de la vida misma, para hacerlo como lo logró Constantino.

Recorriendo los caminos de este libro, pasaremos por unas leyes universales que nos contagiarán de vedad, como la ley de la gravedad, la relatividad y otras leyes físicas, universales y cósmicas que hemos podido conocer. Aquí encontraremos formas o consejos para que esta ley no nos perjudique en la vida actual y en la venidera, sea física o astral. Aprenderemos cómo podemos mejorar nuestra vida en este plano de la tierra, ya que nos encontramos en un estado que no nos es muy favorable a causa de nuestros actos y karmas acumulados. Los llevaré por unos pasajes para que vean la «muerte» física no como una «muerte» terrorífica, como la han presentado las religiones, los padres y los educadores, porque ellos han llevado este absurdo conocimiento también engañados por sus antecesores. Analizaremos cómo poder encontrar un poco de alivio a sus creencias con respecto a este tema de la muerte falsa, desconocida por la mayoría de las personas, que habitan esta tierra de muy baja vibración. Otro paseo por otro pasaje lleno de curiosidades son el universo externo y el universo interno, donde está la clave del manejo de la ley de causa y efecto en Occidente, o la ley similar del karma en Oriente; cómo podemos llegar a la gran verdad que siempre el hombre ha estado buscando sobre su verdadero ser; cómo, si lo logra con la meditación interna, llegará usted a entender que no solo es usted un ser de carne y hueso, sino que está compuesto de mente, conciencia pura y alma, y se dará cuenta de que la muerte, en realidad, no existe y que verdaderamente usted es eterno.

Entraremos juntos al paseo más interesante que vamos a recorrer ahora, que es un viaje por el plano astral, nuestro próximo vividero, donde se encontrará un alivio para todos aquellos que todavía creen en la muerte, en donde su forma de pensar se irá desvaneciendo como el éter, donde también hallará que se puede seguir viviendo en otros planos diferentes al físico. También descubriremos que hay otros universos y planetas donde podemos pernoctar con este recorrido de conocimientos, quizás nuevos o ya conocido por el lector. No está por demás que recuerde estos temas tan interesantes y que con estos conocimientos se tenga mayor ubicación en este sistema de cosas. Llegaré a enseñarles a ustedes cómo podemos llegar a ser libres, ya que considero que estamos encadenados con las cadenas de ignorancia creadas y armadas por las sociedades, religiosas y políticas; encadenándonos con las cadenas del miedo, del diablo, del Dios castigador, del infierno, del purgatorio, de la muerte y demás mentiras que llevan un mensaje únicamente para que usted siga siendo un esclavo. Aquí encontrará cómo podemos llegar a aprender a ser libres. Adicionalmente, pasaremos por los pasajes más complejos y los que más hacen sufrir al ser humano, entre ellos, el apego, la mente y su asociado, el pensamiento, las emociones y los deseos, con el fin de comprender que el ser humano no es solamente el cuerpo, sino que está compuesto por una triada con diferentes funciones: cuerpo, mente y alma. Veremos cómo tener una buena comprensión del funcionamiento y existencia de ellos.

No obstante, encontrará aquí muchas respuestas a muchas preguntas que continuamente nos hacemos como personas que cada día nos estamos cuestionando. Esto se debe a que estamos buscando alguna verdad. Siempre nos preguntamos día a día el porqué Dios me manda esto o aquello, por qué me castiga, por qué soy tan de malas y estoy sufriendo y por qué me mantengo enfermo, qué hago para ser próspero. Nos seguimos preguntando por qué me pasa esto o aquello, ¿qué es lo que me tiene a mí en este estado? Será que Dios es el causante de mis problemas, dificultades, sufrimientos y enfermedades; será que él no me ayuda. Pero por qué él no me escucha, y al final de todo sufrimiento nunca encontramos una respuesta lógica y razonable, más bien comenzamos a justificarnos y a buscar a quién echarle la culpa: a los padres, amigos o al sistema. Miramos alrededor a ver a quién echarle la culpa, pero al no encontrar a quien echársela, le lanzamos la culpa a Dios, llegando incluso a maldecirlo.A Dios no le compete: ahora puedes encontrar aquí esas respuestas que más necesitas ahora.

EL KARMA O LEY DE CAUSA Y EFECTO

Es de mucha importancia conocer que es el karma o la ley de causa y efecto. Lo que se siembra, se recoge. La ley del karma es la ley de causa y efecto, esto quiere decir que establece nuestras acciones físicas, verbales y mentales y todas nuestras experiencias. Son los efectos producidos por todas las acciones. La ley del karma nos enseña que cada individuo posee una disposición tanto mental como física, y experiencias únicas que vienen siendo los efectos de las incontables acciones que hemos realizado en el pasado. Conocemos que no hay dos personas o seres que hayan realizado las mismas acciones en vidas pasadas, o, por lo menos, pensado las mismas cosas. Nadie puede tener los mismos estados mentales, las mismas experiencias, y cada individuo tiene apariencias físicas muy diferentes. Cada ser posee su propio karma individual; algunas personas disfrutan de una buena salud, y otras, en cambio, sufren enfermedades sin descanso; otras tienen un físico atractivo y otras no. Otros permanecen alegres ante las dificultades de la vida y se conforman con poco, pero muy pocas personas pueden tener la habilidad de manejar las emociones negativas y son evaluadas por ser muy inteligentes. En cambio, otras permanecen de mal humor y nunca les satisface nada. Hay, además, otros seres que, con facilidad, entienden las enseñanzas espirituales, mientras otros seres humanos las encuentran demasiado difíciles y oscuras.

La palabra «karma» significa acción. Se refiere específicamente a nuestros actos realizados, tanto mentales, verbales y físicos. Los actos que ejecutamos van dejando huellas en nuestra vida, todas estas impresiones dejan huellas en nuestra mente muy sutilmente y, con el tiempo, producen sus correspondientes resultados. ¿Cómo podemos comparar nuestra mente? Podemos compararla con un campo de siembra: los actos que cometemos son como la semilla que se riega en el campo. Todas las acciones virtuosas son el fruto de nuestra felicidad futura y los actos malos o perjudiciales son nuestros sufrimientos del futuro.

Estas semillas permanecen ocultas en nuestra mente sutil, hasta que producen su efecto cuando se reúnen las condiciones necesarias para su germinación. Además, desde que se realiza el acto o se siembra la semilla original hasta que maduran sus consecuencias pueden trascurrir varias vidas, esto es así porque debemos karmas. Los tenemos acumulados, poco a poco vamos evacuando todos los pendientes que tenemos hasta llegar a limpiar el cuerpo físico de todas las acciones acumuladas como resultado de nuestros actos o karmas. Renacemos en este mundo impuro y de baja energía, totalmente contaminados, teniendo problemas y dificultades sin cesar. Nuestras acciones son impuras porque nuestra mente y forma de pensar están contaminadas con el veneno del apego interno propio. Esta es la razón principal por la cual experimentamos sufrimiento en nuestra vida. Por eso digo que a Dios no le compete ninguno de nuestros sufrimientos, solo a nosotros mismos nos compete nuestro dolor o nuestra felicidad. Todo esto es producido por nuestras acciones o karmas, y este castigo no es impuesto por nadie, y menos por Dios.

Sí, sufrimos porque hemos cometido acciones o actos perjudiciales en vidas pasadas. Todo el origen de estas malas acciones son nuestras propias perturbaciones mentales, como la ira, la rabia, el apego, la ignorancia, el aferramiento. Pero cuando hayamos eliminado de nuestra mente el apego propio y demás engaños, nuestras acciones serán puras como resultado de nuestras acciones puras. Nuestra experiencia, nuestro mundo, cuerpo, mente y alma, nuestro disfrute y todos los seres que nos rodean también serán puros; es seguro que no quedarán rastros de sufrimiento, impureza y dificultades. De esta forma, encontraremos la verdadera felicidad en nuestra mente. Además, comenzaremos a pensar no con la mente común, sino con la mente pura, es decir, con la mente divina, la de su dios interno.

La preciosa existencia humana y su potencial son ilimitados, pero no podemos seguir adelante sin antes apreciar su valor. Por eso es mejor reflexionar, una y otra vez, sobre la oportunidad que tenemos tan especial de disponer ahora de nuestra vida. Esta vida es una oportunidad más que tenemos, primero, de pagar todos nuestros karmas y no seguir acumulando más actos impuros, y segundo, si sentimos un profundo aprecio por nuestra preciosa existencia humana, deberíamos tomar con firme determinación utilizarla provechosamente, así mismo, nuestra vida se llenara de significado.

Nuestra mente tiene unos ochenta y cuatro mil engaños o emociones negativas, y todos ellos producen sufrimientos mentales y malestares interiores. Esto es una enfermedad que posee la mente y no tiene principio. Hasta que no eliminemos todas nuestras perturbaciones mentales, no tendrá un fin. Uno de los engaños más molestos es identificarse con el cuerpo físico creyendo que eso es lo que eres. Otra de las grandes emociones negativas, que es la base de nuestros sufrimientos, es el apego. Si no superamos el apego, este permanecería en nuestra mente como un deseo insaciable produciéndonos constantes insatisfacciones. De la misma manera, las demás perturbaciones mentales, como el odio, la ira, los celos, el egoísmo y las demás emociones negativas, que son alrededor de unas ochenta y cuatro mil, nos harán sufrir cada vez que se manifiesten.

Aún seguimos padeciendo estas enfermedades internas desde tiempos sin principio. En este momento, tenemos la oportunidad de eliminarlas. Buda nos enseñó ochenta y cuatro mil instrucciones para poder curar estas enfermedades internas, y nosotros, los humanos, a diferencia de otros seres, tenemos la oportunidad de recibirlas y llevarlas a la práctica. Gracias a las enseñanzas de Buda, podemos utilizarlas en nuestra vida para reducir nuestros engaños de manera gradual, junto con el dolor y el sufrimiento que nos causan y, finalmente, eliminarlas definitivamente y por completo. Con nuestra mente, el ser humano puede comprender y aceptar la existencia de vidas pasadas. Esta comprensión nos ayudará a preocuparnos menos por los asuntos mundanos y así dirigir nuestra vida a tener un bienestar en nuestras vidas futuras, y nos llevará a la conclusión de que, si deseamos obtener renacimientos más afortunados, debemos crear las circunstancias adecuadas para ello. En esta vida debemos crear los medios para tener una vida más afortunada en nuestra próxima venida. Debemos tomar el ejemplo de Siddhártha, quien dedicó su vida a practicar el Dharma2para lograr la iluminación total. Debemos reconocer el gran potencial de nuestra existencia humana. Seremos muy afortunados y no botaremos o perderemos esta fortuna, perdiéndola en actividades sin sentido.

¿Cómo son las características generales del karma? Por cada acto que realizamos se experimenta un suceso similar, pero se piensa que se paga siete veces setenta y siete veces. Cuando un jornalero planta una semilla medicinal, de ella brotará un fruto medicinal y no un fruto venenoso. Si no se siembra nada, no se recogerá ninguna cosecha. Así mismo, si tenemos actos virtuosos, disfrutaremos felicidad, y si cometemos actos perjudiciales, obtendremos sufrimiento. Pero si actuamos neutramente obtendremos resultados neutros. Por ejemplo, si estamos padeciendo enfermedades mentales, es posible que en vidas pasadas hayamos molestado a los demás de una forma psicológica. Si tenemos enfermedades físicas es porque a lo mejor maltratamos o herimos con un arma, o porque hemos administrado medicinas equivocadas u ofrecido alimentos venenosos. Si no creamos las causas kármicas para estar enfermos, no es imposible contagiarnos, aun estando en medio de una epidemia a nuestro alrededor. Aquellas personas que han alcanzado el nirvana, como, por ejemplo, Jesucristo, Buda y Krisna, no experimentan sufrimiento físico ni mental debido a que han dejado de cometer actos impuros o acciones perjudiciales y han eliminado sus potenciales males. La causa principal del sufrimiento es el apego.

La causa de la pobreza es o puede ser por practicar el robo, pero, más que robar, es por ser una persona ruin y miserable, porque al ser ruin y miserable está creando las condiciones para ser un ruin pobre y miserable en el futuro o en su próxima venida. Este es el castigo por evitar u obstruir el flujo del dinero, no solamente con él mismo, sino con los demás. Otras de las características del karma es que en este universo encontramos a muchas personas totalmente oprimidas y su vida está acompañada de puras depresiones. Una de las causas es haber tratado con orgullo a sus semejantes, sobre todo a aquellas personas que se encuentran en inferior condición; haberlos maltratado, pero no solamente viéndolo del punto devista de lo físico, sino desde el punto de vista psicológico.

Todas las causas de nuestros problemas creemos y pensamos que son ocasionadas, por lo general, por nuestras circunstancias propias de la vida diaria a la que estamos sometidos, y adicionalmente creemos y pensamos que son castigos de Dios. Creemos que no hay a quien echarle la culpa de nuestros sufrimientos y fracasos en esta vida sino a Dios. A Dios no le compete. Todas las tristezas, sufrimientos, enfermedades y vejez solamente son de este plano físico, de la Tierra. De este modo, no es posible entender la verdadera razón de todas nuestras dificultades, aquellas que debemos soportar en este plano físico aquí, en la Tierra, porque somos seres acomodados ante las circunstancias, sean malas o buenas. Incluso con el fin de limpiarnos de toda culpa, todo fracaso que nos sucede en la vida se lo achacamos a los conocidos, amigos, enemigos o simplemente a las circunstancias a la sociedad hasta llegar a culpar a Dios.

Todo lo anterior es una manera ignorante de pensar ante las circunstancias adversas y de lo que nos sucede, porque no tenemos el razonamiento claro de dónde provienen nuestras dificultades. En realidad, la mayoría de nuestras experiencias son el resultado de nuestros actos, aquellos que cometimos en vidas pasadas y los que actualmente realizamos. Estas palabras que escribo son con el fin de que sean una guía para que todos sus actos comiencen a ser más saludables en su accionar y que se piense antes de actuar y se medite qué acción se va a ejecutar. Es decir, antes de actuar, analiza si lo que vas a realizar no va a perjudicar a tu prójimo o a ti mismo, o si va en contra de la naturaleza universal. Solo es poner un poco de atención antes de que el suceso se ejecute. Hay historias que uno puede escribir para que, por medio de un ejemplo, podamos entender mejor este tipo de temas que pueden ser de poco entendimiento o, simplemente, llegan a ser de muy poca credibilidad.

Esta historia extraída de las escrituras budistas nos ayudará a entender y tener más comprensión de que nuestras experiencias, cualesquiera que sean, tienen origen en nuestras vidas pasadas. También que el resultado de nuestros actos va aumentando con el trascurrir de los tiempos, al igual que una semilla se convierte en un árbol o como cuando una gota de agua está cayendo continuamente hasta lograr llenar un cántaro. Así mismo, nuestros karmas se van acumulando. La idea es que aprendamos a medir nuestras acciones y tratemos en lo máximo evitar cometer acciones negativas para que podamos ayudarnos a ser mejores personas y así logremos descargarnos de todas las cosas negativas para que, con el tiempo, logremos encontrar la libertad y la felicidad que tan esquiva está en este plano físico y en tu vida.

Pensemos en esta historia extraída de las escrituras budistas. Había una vez una monja llamada Upala, quien antes de suordenación había experimentado mucho sufrimiento. Se casó tres veces, pero todos sus maridos e hijos habían fallecido de manera violenta. Sus padres también murieron en un incendio. Después de sufrir tantas desgracias, Upala generó un intenso deseo de liberarse del sufrimiento y le contó a Buda su triste historia. Este le explicó que en su vida anterior había sido una de las mujeres de un rey y que, debido a sus celos, había interferido en las relaciones de este con las demás. Estos celos eran la causa de sus calamidades. A continuación, Buda le enseñó cómo purificar la mente y, gracias a que practicó con sinceridad sus instrucciones, alcanzó el nirvana en esta misma vida.

Entonces, debemos reconocer que es inevitable que nuestros actos produzcan resultados y que, a medida que más actos generemos, estos karmas también se generarán. Por eso, nosotros tendremos más muertes para poder volver a nacer en esta tierra llena de enfermedades, vejez y sufrimiento para pagar todos los actos que hemos acumulado en nuestras vidas pasadas. Como seres humanos hemos seguido siendo cazadores de la verdad, pero cada vez nos encontramos en el engaño total, en la ilusión de nuestras vidas, sin tener el conocimiento real, porque tenemos que morir para volver a nacer. Este libro es una forma de seguir siendo cazadores de esa verdad que desde el nacimiento estamos buscando, y hoy tenemos esa oportunidad de encontrarla; y si somos razonables aquí y en este momento, encontraremos esa aguja en el pajar.

Podemos ahora, si somos razonables e inteligentes y si aprendemos a manejar muchas de las emociones negativas, tomar la decisión de abandonar hasta la más pequeña acción o acto negativo y tener ese valor de practicar la virtud. Para reforzar nuestras decisiones, meditemos en ellas sin distraernos y desviarnos de los buenos actos. Si podemos recordarlas en todo momento, nuestras acciones físicas, mentales y verbales serán en cada momento más puras y al fin dejaremos de crear causas para padecer sufrimientos en nuestro futuro y, sobre todo, lograr la pureza de la mente para que sea una mente divina.