¡A la China mandarina! - Rosa Huertas - E-Book

¡A la China mandarina! E-Book

Rosa Huertas

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Beschreibung

Kumpey es un niño de padres chinos que ha nacido en España. Se pasa el día en la oscura zapatería de sus padres y lo que más desea es salir a la luz de la calle. El chico empieza a ir a una academia china para aprender sobre sus orígenes. Allí conoce a Yiman, una niña con una preciosa trenza larguísima. Juntos descubrirán China, el País de las Maravillas.

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Seitenzahl: 50

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Rosa Huertas

La autora

Soy profesora y escritora, aunque no sé en qué orden.

Siempre me gustó narrar cuentos y, sobre todo, contar historias de miedo. Mi hijo asegura que he traumatizado a generaciones con mis relatos de terror, ¡y eso que soy muy muy miedosa!

Me encanta leer y buscar en la realidad lo mismo que leo en los libros. A veces, los personajes se escapan de las novelas y puedo encontrarme a mis protagonistas paseando por las calles del barrio.

Necesito la luz del día para escribir, por la noche no me salen las palabras, y por eso me gusta madrugar. Me levanto cuando ya ha amanecido para sentarme a contar mis historias.

Lo que más me gusta de escribir un libro es encontrarme luego con los lectores para hablar sobre él. Es como compartir un mundo que antes solo estaba en mi imaginación.

Para ti

Te voy a contar varios secretos de esta novela. En mi calle hay una zapatería donde compro muchas veces. Allí conocí a Jorge y a su madre. El niño, cuando era un bebé, pasaba horas en la tienda; se portaba muy bien y era una preciosidad. Luego creció y se fue al cole con sus amigos.

Cuando escribía esta historia tenía un alumno en clase que se llamaba Nicolás y que se parece al personaje de la novela. Todos los días me preguntaban sus compañeros cuándo se iba a publicar el libro de Nicolás. Pues aquí está, por fin.

Mi amiga Dong me invitó a conocer a los alumnos de la academia Hua Yuan. Me gusta visitarlos cada año y me hace ilusión que aparezcan en esta novela. Escribiéndola he aprendido muchas cosas sobre China, el País de las Maravillas.

Rosa Huertas

A Dong y a todos los alumnos de la academia,que me reciben siempre con tanto cariño.

El Chino Cordones

Kumpey nació dentro de una caja de zapatos. Eso pensaba él, pues sus padres tenían una pequeña zapatería y él pasó sus primeros años allí metido, entre cajas, calzado y bolsos de plástico.

Apenas lo sacaron a pasear al sol y aprendió a caminar tarde, ya que para sus padres era más tranquilizador que permaneciera en el carrito sentado en lugar de andar liándola por la tienda, entre los clientes. Por eso Kumpey tenía la cabeza algo aplastada por detrás, su cráneo había adoptado la forma del cochecito donde pasó meses y meses tumbado.

Como apenas podía mover las piernas, aprendió rápido a usar las manitas. Sus primeros juguetes fueron unos cordones de zapatos, con los que enseguida aprendió a hacer nudos de diversos tipos y trenzas largas y enlazadas. Desde muy pequeño le encantaban las madejas de lana, se volvía loco por un trozo de cuerda y enseguida se convirtió en un experto en anudar, trenzar, liar y atar.

Aprendió a vivir en silencio. Sus padres le hablaban en chino, pero hasta sus oídos llegaban las conversaciones en español con los clientes. Su idioma era una mezcla rara de las dos lenguas hasta que, a los tres años, su mundo cambió de golpe y para siempre. Llegó el momento de ir al colegio.

El primer día, de camino a la escuela de la mano de su padre, sintió un poco de miedo. ¿Qué le esperaría en el cole? ¿Con quién se encontraría? ¿Sería el cole un lugar cerrado como la zapatería?

—Estarás con muchos niños –le dijo su padre en chino al cruzar la calle–. Te lo vas a pasar muy bien y aprenderás muchas cosas. Apréndete el camino pronto, así no tendré que dejar la tienda para ir a recogerte. Está muy cerca.

¿En qué idioma hablarían los niños del colegio? La respuesta era fácil, seguro que no era en chino, y su vocabulario en español era muy reducido. Entonces, ¿qué iba a pasar?

—Sé obediente y haz caso a la maestra –continuó el padre.

—¿Y si no entiendo lo que me dice? –preguntó el niño, angustiado.

—Ella ya sabe… –Su padre no acabó la frase–. Te tratará muy bien, ya lo verás.

—Ella ya sabe… ¿chino? –quiso suponer Kumpey.

—¡No! –rio el padre–. Ella sabe que tienes que aprender español porque aún lo entiendes poco, pero no será difícil, ya lo verás. En la escuela puedes usar tu nombre español, allí serás Jorge.

—¡Vaya lío esto de tener dos nombres!

Rieron juntos con los ojillos casi cerrados. De momento, salir de la zapatería y de casa ya era una liberación. El piso donde vivían era interior y bastante oscuro.

Ya había amanecido y la luz inundaba el barrio, solo eso ayudaba a Kumpey a ser más feliz. Pero ¿y si la escuela era un lugar tan poco luminoso como su casa y la tienda? Eso era lo que más le preocupaba, más que los otros niños, más que el idioma que no dominaba. Para calmar el nerviosismo, se puso a anudar los cordones que llevaba en el bolsillo usando una sola mano.

Enseguida llegaron al colegio. Un enjambre de niños se agolpaba en la puerta, la mayoría acompañados por sus madres. Kumpey se aferró a la mano de papá. Había mucho ruido, mucho más que en la zapatería, pero no era desagradable, al contrario, le gustaba aquel alboroto, era más divertido que el silencio de la tienda.

El padre le soltó la mano.

—Vamos, ya han abierto, entra. Verás cómo te gusta.

No necesitaba decirle que se portara bien. Kumpey jamás se había portado mal, no había tenido ocasión. Además, le habían inculcado desde niño el respeto a los demás, propio de su cultura.

El niño avanzó sin mirar atrás. Temía encontrarse con un lugar oscuro, pero dentro de la escuela brillaba la luz por todas partes: había altos ventanales, pasillos anchos, paredes de colores vivos. Era una fiesta de luminosidad. Kumpey no sabía hacia dónde mirar.

Una profesora, que le pareció grande como una montaña, apareció ante él.

—Tú debes de ser Jorge –le dijo mirándolo a los ojos.

El niño comprendió sus palabras.

—Yo soy Aurora, vendrás a mi clase. Y no te preocupes, enseguida aprenderás el idioma, siempre pasa. No eres el primero que llega al cole hablando otro idioma. Los demás niños te enseñarán más que yo.