Abecé de redacción (Nueva edición) - Eric Araya-Monardes - E-Book

Abecé de redacción (Nueva edición) E-Book

Eric Araya-Monardes

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Beschreibung

El Abecé de redacción es una guía esencial para quienes desean mejorar su comunicación escrita, ya sean estudiantes, docentes o cualquier persona interesada en escribir con claridad, precisión y soltura. Con un enfoque práctico y accesible, reúne de manera exhaustiva los principios fundamentales de la redacción, abordando desde aspectos lingüísticos y estilísticos hasta cuestiones discursivas y normativas de la lengua española. En esta segunda edición, el autor profundiza en un tema de gran relevancia: el uso de un "estilo neutral" en la escritura, evitando el masculino genérico pero sin caer en artificios innecesarios. Con rigor y profesionalismo, ofrece estrategias concretas, ejemplos claros y soluciones eficaces para quienes deseen aplicar con propiedad este enfoque. Además, esta edición presenta una estructura renovada, diagramas que facilitan la comprensión y un capítulo actualizado sobre ortografía puntual, basado en la experiencia de casi dos décadas del autor en la enseñanza de la escritura. Un libro imprescindible para escribir con seguridad, coherencia y dominio del idioma.

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Seitenzahl: 868

Veröffentlichungsjahr: 2025

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A mi hija y mi esposa,

dos pilares inconmensurables

que confluyen en mí.

In memoriam

A Maury, Mamby, Edson.

Gracias por tanto, tanto.

AGRADECIMIENTOS

A mi esposa y a mi hija, por soportar tantas horas de ausencia; por entender lo laboriosa y avasalladora que suele ser la labor de intentar enseñar por medio de los libros. Gracias por estar y proveer fuerzas.

A mi madre, por estar siempre, desde siempre, pese a la distancia.

A Maury, siempre ahí, desde el trasfondo, siempre, incluso ahora que partió.

A toda mi familia, por aquí y por allá, por confiar en mí, por concederme siempre el beneficio de los laureles.

A mis amigos, los de verdad, por su confianza y su compañía, muchas veces silenciosa.

A todos, infinitas gracias.

ADVERTENCIA

En este libro utilizo tilde en el adverbio sólo, en los pronombres demostrativos y en la o que se presenta junto a cifras. Valgan las explicaciones que en la misma obra asoman y los abundantes y categóricos considerandos que a estas alturas todos podemos o debemos conocer.

Por otro lado, en pos de la eficiencia ilustrativa, en varios pasajes la obra incurre en licencias, premeditadas, que pudieren atentar contra las normas de ortografía y de estilo, especialmente en diagramas y esquemas.

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Quince años han pasado desde que realicé los últimos ajustes globales a Abecé de redacción. No es poco. Quien nació en aquel año hoy ya debería estar incursionando en su educación secundaria. Es el período en que vuelve a acontecer un equinoccio en Saturno. Es, según la zoología, el lapso de vida de un zorro en un zoológico. Es tiempo suficiente para que, en general, al menos dos presidentes consecutivos hayan probado su pericia y su cualidad de estadistas (?) en sus naciones. Es bastante tiempo. Es también el plazo ineludible para la segunda edición de un voluminoso libro.

Obviamente, desde aquel entonces, aquel lejano 2009, «mucha agua ha corrido debajo del puente», como apunta el dicho. Es más, un año después, en 2010, justo cuando esta obra era publicada, la Real Academia Española (RAE) sacaba al mercado su Ortografía de la lengua española, que venía a robustecer con creces un acervo someramente plasmado en 1999, cuando, para la masa, poner tilde a sólo no era aún ningún pecado ni estaba siquiera en tela de juicio.

En aquel tiempo no solamente la RAE era distinta sino, en general, lo era el mundo que nos rodeaba. Los smartphones aún estaban en su etapa inicial; no eran una parte esencial de la vida diaria. Facebook ya era popular, pero no como lo es hoy; además, Instagram apenas abría sus ojos; Snapchat aún era un embrión y TikTok estaba lejos de la concepción. No había un consumo a rabiar de «transmisión por secuencias» o «descarga continua» (entiéndase streaming); salvo con uno que otro video corto o con iniciativas de radiodifusión bastante germinales, y con todo lo que ello conllevaba, nadie buscaba distender sus ratos de ocio con transmisiones en línea. Nada de asistentes virtuales, como Siri, Alexa, Google Assistant, ahora tan comunes en los hogares; teclear en una PC o una laptop era la única opción. Evidentemente, tampoco conocíamos el «internet de las cosas» (IdC o IoT en inglés), es decir, diversidad de dispositivos conectados, como termostatos inteligentes, electrodomésticos, cerraduras de puertas, cámaras de seguridad y otros gadgets, que permiten un control y monitoreo remoto de los objetos cotidianos. Tampoco se veían en la cotidianidad señales fuertes sobre automatización y robótica o sobre transporte eléctrico. La realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR) eran casi conceptos de ciencia ficción. Y qué decir de la inteligencia artificial, sólo digna de películas en su mayoría distópicas, y enfrentada totalmente con la realidad presente: al servicio de alumnos simuladores, que con ésta encontraron un método aún más simplón e indulgente para que “alguien” haga la tarea por ellos; antes, copiar y pegar de Wikipedia era lo más redituable. Asimismo, en tiempos en que terminé de apuntalar esta obra y ésta surcaba hacia imprenta, no estaba afianzado el concepto de «energía renovable»; las energías solar y eólica ni siquiera se asomaban en el horizonte del incipiente ciudadano del mundo, al menos el de este lado del orbe. Salvo para algunos revoltosos y exagerados —hoy visionarios—, muy aislados, el cambio climático y la conciencia ambiental no eran tema; muy pocos se preocupaban por la reducción de emisiones, la conservación de recursos y la sostenibilidad en diversas áreas, desde el transporte hasta la producción de alimentos. ¿Criptomonedas, blockchain? Ni de broma; solamente «contante y sonante» o por tarjeta bancaria.

Y es que el mundo ha cambiado. Y la gente, como parte de un sistema dinámico y tal vez en un principio antrópico, también ha cambiado, más allá de la tecnología. En lo político y social, hemos visto cómo, de manera real o por simple conveniencia, ha surgido una tendencia de políticas gubernamentales en respuesta a diversas problemáticas y en pro de respectivas mejoras, como la igualdad de género, los derechos LGBTQ+, la migración y la tornadiza y escurridiza justicia social. Ahora, si esta renovada propensión es para bien o para mal, que lo diga quien tenga la voz cantante.

Desde luego, en este contexto de cambio incesante e inevitable, Abecé de redacción no podía quedarse atrás. Y acerca de esto sí puedo sostener con total certeza que el cambio particular ha sido para mejor. No era para menos, después de quince años… De todos modos, aclaro que en 2013 yo había hecho ya unas pequeñas enmiendas, en su mayoría erratas, nada colosal; el esqueleto y el espíritu quedaron intactos. Como sea, como es posible advertir, la inmediación con una segunda versión andaba rondando, iba y venía, se insinuaba mediante diversas epifanías.

Ahora bien, los motivos o excusas para esta verdadera sorna en torno a una segunda edición son sencillos: agobio, falta de aliento, principalmente, y ese afán que tiene la vida, intrépida, de llevarnos por insospechadas divergencias, que además suelen ir acompañadas de la invisibilidad del paso del tiempo. Sobre lo segundo no profundizaré, por circundar asuntos personales; pero sí sobre lo primero. Y es que tan sólo mover un par de asuntos triviales a tan maciza obra requería de un aliento grande. Igualmente, producto de mi incesante afán perfeccionista y de algunas sugerencias de los lectores, ya desde 2014 comencé a visualizar algunas primeras mejoras, que se fueron apilando incesantemente sobre mi voluntad. Llegó el momento en que se requería más que un aliento grande, mucho más, para elaborar una segunda edición.

Desde luego, en estos 15 años también he aprendido mucho. No me refiero a leer más libros técnicos, que sí lo he hecho, sino a, en mi calidad de corrector de estilo y editor, revisar una cantidad profusa de textos, literarios y de ciencias sociales, gracias a los cuales he logrado advertir y revalidar en la práctica cómo se desarrollan las situaciones planteadas en este libro. Ha ayudado también mi labor de compilador de corpus, gracias a la cual he logrado recabar muchos patrones y sus discrepancias o variantes en torno a muchos contenidos. Y, por supuesto, ha ayudado sobremanera mi labor docente, con actividades académicas formales —en preparatoria y universidad— y no formales —cursos y otros—, de manera consecuente. Por último, mi labor de coach literario ha venido a afianzar un crisol de labores en torno a la lengua y la comunicación escrita.

Sobre la evolución y el enfoque

En esta segunda edición, el espíritu, que es lo que más le celebra la gente, seguirá intacto, por pomposo que éste parezca a simple vista. No por nada es un «abecé» —que efectivamente proviene de «a, b, c»—, es decir, según el Diccionario de la lengua española (DLE) en línea, en su tercera acepción, un «conjunto de rudimentos o principios de una disciplina o ciencia».

Como mencioné en su primera edición, desde el inicio la intención fue integrarlo todo, aunque ese todo inevitablemente fuera permutando, bien por la perspectiva, bien por la indeterminación ontológica de ese todo y, por lo tanto, el trazado de sus límites y sus componentes. De acuerdo a esto, la obra será eternamente perfectible, especialmente si todos los lectores, con sus propias precisiones y miradas, son quienes fungen como dictaminadores. En este último sentido, debo decir que fue imposible solventar los asuntos manifestados en algunas críticas, todas válidas, por cierto. Aun así, advierto que ser demasiado extenso es, como ya he mencionado, una de las principales cualidades que definieron la concepción de esta obra. Un abecé no podía ser de otra manera, y se confunde quien busca concisión, cual cápsulas o recetas, en una obra tan voluminosa. No busca sombra el que no tiene sol, ¿no?

Gracias a un proceso de reingeniería, el libro tiene grandes novedades. En cuanto a su estructura, por ejemplo, algunos segmentos se ubican ahora en posiciones distintas; en general, todo lo que no es instrucción del proceso mismo de comunicación —sino referencia o contextualización— quedó al final, como apéndice. Igualmente, todo el libro cambió de piel, ya que los capítulos exhiben ahora una fisonomía distinta, tendiente a alivianar el acceso al libro y el aprendizaje. Veamos… Todo lo que es muy técnico o de complejidad mayor pasó a conformar una vigorosa sección de notas al final del libro, numeradas según las partes. Esto garantiza que el redactor menos avezado no se tope con situaciones que pudieren confundirlo; y, por otro lado, el más ducho y con intenciones de ir más allá podrá valerse del número de nota para ir justamente a la nota en cuestión, al final del libro.

La primera edición contaba con cuadros titulados «si se quiere profundizar»; pues bien, éstos se fueron también al final del libro. De igual manera, dentro de los capítulos fueron implementadas algunas medidas para que el seguimiento del libro sea más expedito; por ejemplo, ya no hay pies de nota numéricos para indicar que el tema será tratado con más holgura, el famoso «véase…». Ahora, y pocas veces, aparece un cuadrito sin bordes, introducido por un símbolo revelador (⚐), inmediatamente después de cuando el aviso sea pertinente. El número de nota, como bien dije, quedó reservado para las notas al final del libro. Los pies de nota propiamente tal son letras (A, B, C, D,…) y sirven para bibliografía o explicaciones leves, aunque digresivas, de lo que sucede en el cuerpo mismo del texto. Por último, abundan las bolaspas (⊗), especialmente pospuestas, donde no estorban a la ilustración de los ejemplos.

El estilo del libro también pasó por el quirófano. Antes, en una pretensión de formalidad tal vez “académica”, todo el libro estaba cifrado en los ampulosos tiempos de pasiva refleja e impersonal refleja; dicho de manera muy sencilla, verbos concertados con se. Ahora todo suena más natural, o más cercano, si usted quiere, con la voz activa como eje, y en algunas ocasiones voz pasiva, cuando lo consideré oportuno. Asimismo, todos los capítulos fueron pulidos, lo que, junto con lo antes mencionado, le da a la edición el carácter de «mejorada». No obstante, es especialmente la parte I, en específico el capítulo I, sobre puntuación, el que obtuvo el mayor contingente de complacencia. En lugar de presentar un inventario prescrito y rutinario, como es común y porque resulta más sencillo para el autor, en esta ocasión los signos fueron distribuidos de acuerdo a criterios pragmáticos: lo que va entre oraciones y lo que va adentro de las oraciones. La forma y el fondo se sistematizaron desde la praxis misma de la redacción.

¿Por qué afirmo esto último? En general, y así he podido constatar, la gente escribe por inducción o por una especie de mecanización seguida de inercia, por decirlo de la manera más sencilla. El primer caso es el ideal, pero ocurre poco o en menor grado, y es entorpecido por la gran cantidad de malos ejemplos en redes y medios de comunicación, además de mensajes de cercanos y la mala instrucción académica, que abunda. El segundo caso, el de la mecanización, es al cual en gran parte apunto; busco concebir el lenguaje escrito como un fenómeno cercano a un algoritmo, una agrupación no azarosa de signos y con predisposición a la lógica. Como sea, ambos casos son cubiertos en el libro, el primero con ejemplos y el segundo por medio de la disección de cada fenómeno.

Cabe aclarar que la gramática o la ortografía en sí no son la finalidad de esta obra. Podrá corroborarlo sin dificultad alguna quien recorra con ponderación sus pasajes. La gramática y la ortografía, además de otros tantos coagentes, son solamente herramientas. En sus manos tiene usted un libro de comunicación escrita por medio de divulgación lingüística y discursiva, y su fin es poner en armonía todos los factores que se ven involucrados en el proceso. Y no sólo me baso en la RAE, vale aclarar. Y es que esta labor demanda considerar otras voces, todas autorizadas; es así como me permito ir mucho más allá, incluso en normas no escritas.

Reitero que se trata de un abecé, no de un curso. Para este último, en caso de necesitarlo, el lector puede recurrir a mi obra Redactario, un curso hincado en la crestomatía, con recetas, cápsulas y ejemplos a rabiar.

Entre paréntesis, si usted tiene curiosidad por aquello de «inducción» y «mecanización seguida de inercia», se lo explico brevemente; si no, puede pasar al siguiente apartado.

Mi enfoque parte de la teoría del procesamiento de la información y del constructivismo de la cognición situada, dos perspectivas que ayudan a entender cómo aprendemos a escribir. La primera permite analizar la escritura como un proceso estructurado en etapas, mientras que la segunda resalta el papel del contexto y la interacción en su desarrollo.

Concebir la escritura como un fenómeno algorítmico facilita el reconocimiento de patrones lingüísticos y estructuras previsibles, lo que hace más claro y ordenado el aprendizaje. En este marco, distingo entre aprendizaje explícito e implícito. El primero ocurre cuando exploramos activamente reglas y las generalizamos a partir de la exposición; el segundo, cuando interiorizamos estructuras por repetición e inercia. Ambos son fundamentales en la adquisición de la escritura, ya sea construyéndola de manera consciente o absorbiéndola de forma automática.

También incorporo el enfoque de las gramáticas de construcción, propio de la lingüística cognitiva aplicada a la didáctica. Este enfoque permite entender que el lenguaje no es un cúmulo de reglas aisladas, sino un sistema en el que los patrones recurrentes se afianzan con el uso. Diseccionarlos y trabajar sobre ellos ayuda a comprender la estructura del lenguaje de manera más orgánica y funcional.

Pero escribir no es sólo seguir estructuras; también implica reflexión. Por eso, incluyo estrategias metacognitivas que fomentan la conciencia metalingüística. Escribir no es repetir modelos, sino entenderlos, cuestionarlos y usarlos con intención. En este proceso, resulta clave identificar los malos modelos —presentes en redes, medios y en ciertas prácticas de enseñanza— para evitarlos y fortalecer una escritura clara, lógica y efectiva.

La inclusión lingüística: un desafío actual

Uno de los puntos más llamativos de esta edición será, sin duda, el tratamiento del «lenguaje incluyente», neutral en nuestro caso, la gran novedad de la edición. En primer lugar, me lo han solicitado; y he sido testigo de cómo se perpetran las peores barbaridades en pos de la evitación del masculino genérico. Para una referencia general, no he revisado todos los manuales o las guías sobre el tema, debo aclarar; sería imposible; pero los revisados, que son muchos, me han dejado el peor sabor de boca, especialmente porque vienen de instituciones grandes, de prestigio, o al menos de las que se espera el mínimo rigor en cualquier asunto que aborden. Fue tan pobre lo recabado, tan insuficiente o precipitado, que al final tuve que partir de cero, yo y mis pesquisas. Es por eso que estas referencias no aparecen en la bibliografía, para bien o para mal.

Pese a todo, el resultado fue una óptima guía básica, funcional y pormenorizada. ¿De fácil digestión? Difícilmente, en honor a la verdad, ya que el fondo, el trasfondo, el procedimiento y el alcance, en sí, no son sencillos de concebir sin caer en cierto desbarajuste. Aun así, quien deba o quiera escribir así, evitando el masculino genérico, por obligación o por convicción, aquí encontrará herramientas sólidas para su cometido, y tendrá total certeza de que no estará atentando contra ninguna regla ortográfica ni gramatical.

Si quiere ir directamente a la guía, ésta está en la segunda parte, en el apartado El estilo, donde corresponde, punto 1.4.1.

Con todas estas mejoras, es de esperar que la obra siga teniendo gran aceptación en su segunda edición.

ERIC ARAYA-MONARDES

Septiembre de 2024

PRIMERA PARTE

Lenguaje escrito y ortografía puntual

UN LEVE PREÁMBULOSOBRE LA PUNTUACIÓN

La PUNTUACIÓN constituye una sección importante dentro de la ortografía de cualquier idioma. Al hablar de puntuación nos referimos a un conjunto de signos ortográficos utilizados para facilitar la comprensión de un texto y señalar las relaciones sintácticas y lógicas entre sus constituyentes o el carácter especial que pudiesen tener algunos fragmentos. Y con SIGNOS nos referimos a un conjunto de grafías, de representaciones gráficas (significantes) que quieren decir algo, que intentan formar representaciones mentales (significados).

Las representaciones gráficas en cuestión son conocidas por todos: PUNTO (.), COMA (,), PUNTO Y COMA (;)… Todo el mundo sabe cómo se trazan estos signos. Es a la ortografía puntual a donde apuntamos, o sea, a saber cómo utilizarlos, a entender y esgrimir para qué sirven, qué implican o indican.

Cuando nos aprestamos a redactar, es precisamente la puntuación el artilugio que nos obliga a pensar de manera estructurada; nos ayuda a organizar los pensamientos, a plantear conceptualmente las ideas antes de adentrarnos en la escritura, y también a plantear conceptualmente las ideas mientras escribimos, reescribimos o corregimos. Así pues, para quienes de alguna u otra manera transitamos la senda de la comunicación escrita, es decir, todos, los signos de puntuación constituyen la arquitectura de nuestro pensamiento, es decir, se encargan de señalar las relaciones entre los componentes de nuestro mensaje y de establecer la jerarquía sintáctico-lógica de los componentes que se aparejan en nuestra mente.

Desde el punto de vista de la funcionalidad comunicativa, la puntuación dispone y encamina el discurso y —ojalá— la lectura. De ella depende en gran parte la correcta expresión y comprensión de los mensajes escritos; gracias a la puntuación, el lector puede ir asociando el carácter de las oraciones y las frases, y puede ir asimilando la relación existente entre éstas. Así es: cada signo revela al lector lo que sucede y lo que habrá de suceder en el resto de la oración o el resto del texto. La puntuación permite evitar la ambigüedad en textos que, sin su empleo, pudieran tener interpretaciones diferentes.

En esta labor hay fundamentos, un cimiento normativo y necesario. Pero de ahí en adelante, cabe señalar, la conveniencia de la colocación de cierto signo u otro, o de la omisión de alguno, tiene mucho que ver con el sentido que queramos obtener, con el grado de énfasis en algún pasaje o, en resumidas cuentas, con el estilo propio. Una puntuación mínima, por ejemplo, logra entorpecer lo menos posible el flujo de ideas, pero también incurre en el riesgo de que el lector caiga en confusiones. Una puntuación minuciosa, en cambio, podría conseguir un texto preciso, en teoría (si la puntuación está bien ejecutada), aunque posiblemente también un estilo desazonado, de poca fluidez, entrecortado.

¿Cuál es el balance, entonces? No hay respuesta. Cada quien debe encontrar su camino dentro de ciertos parámetros normativos y ciertas docilidades estilísticas o descriptivas, además de consensuadas.

En muchas ocasiones, quienes utilizan la puntuación pretenden reproducir la enunciación oral; muchos suelen puntuar de acuerdo a criterios orales, a pausas cortas y no tan cortas y a entonaciones. A esto se le llama PUNTUACIÓN PROSÓDICA o RETÓRICA, una práctica heredada de la tradición grecolatina y medieval. Sí, medieval.

Hoy, y desde hace mucho tiempo, esto es un error colosal, que suele traer muchos inconvenientes a la hora de redactar. De tal suerte, es este yerro uno de los primeros asuntos que debemos sortear.

A fin de cuentas, la puntuación tiene como objetivo todo lo sugerido hasta ahora, en el preámbulo, y todo lo que viene acto continuo, y por ningún motivo tiene que ver con establecer pausas y ritmos. Y si por alguna inaudita razón viviéramos en un incoherente universo en el que la puntuación respondiera a criterios hincados en pausas, usted no estaría leyendo este derrotero, ¿verdad?, ya que bastaría confiar en el propio criterio rítmico, en el oído, para ostentar la más pulcra redacción.

Ahora bien, nuestra lengua cuenta con los siguientes signos de puntuación (representaciones gráficas):

punto

.

coma

,

punto y coma

;

dos puntos

:

puntos suspensivos

signos de interrogación

¿ ?

signos de exclamación

¡ !

paréntesis

( )

corchetes / llaves

[ ] / {}

raya

comillas

« », “ ”, ‘ ’

Comencemos por jerarquizar; todos son signos, pero sus funciones son muy disímiles entre sí. Lo primero, por lo tanto, es saber dónde debemos centrarnos… Y en este contexto, debemos asimilar que los signos primordiales en la escritura son dos: 1) PUNTO Y SEGUIDO y 2) COMA. Ni más ni menos.

El PUNTO es el signo por excelencia, la base de todo; se centra en lo extraoracional, en la amalgama de todos esos ladrillos de aquel muro comunicacional llamado PÁRRAFO. El segundo es multiuso, pero en general —salvo distinciones— se concentra en lo intraoracional, en la correspondencia entre los ingredientes de aquel mensaje básico llamado PROPOSICIÓN. Con tan sólo estos dos, especialmente el primero, es posible realizar sin problema alguno una gran cantidad de textos. Para incursionar en asuntos expresivos, podemos recurrir a la COMA. De todos modos, para obtener más posibilidades y tal vez más riqueza, podemos agregar PUNTO Y COMA, como una variante del punto. No obstante, para que nadie se asuste, este último signo sigue siendo totalmente prescindible.

Veamos un somero preludio…a

● PUNTO Y SEGUIDO

Es el primordial entre primordiales, como ya mencionamos. Sin éste, un texto no tendría sentido, salvo en muy pocas excepciones. En el mundo literario es posible incluso que nos encontremos con párrafos de una única gran proposición, con un único signo: un PUNTO.

Hay tres clases de punto: PUNTO Y SEGUIDO, PUNTO Y APARTE y PUNTO Y FINAL.

√ El PUNTO Y SEGUIDO —punto oracional—, que nos compete justo ahora, indica enunciados que integran un párrafo. Después de un punto y seguido se continúa escribiendo en el mismo renglón. Por ejemplo:

Salieron a dar una breve caminata. La mañana era majestuosa.

Si el punto está al fin del renglón, no obstante, se empieza el siguiente sin dejar margen.

√ El PUNTO Y APARTE separa dos párrafos distintos, que suelen desarrollar, dentro de la unidad del texto, contenidos diferentes. Después de punto y aparte se escribe en una línea distinta. La primera línea del nuevo párrafo debe tener un margen mayor que el resto de las líneas que lo componen; es decir, ha de quedar sangrada (con SANGRÍA). Por ejemplo:

El mar estaba embravecido aquel día. Sorteando con dificultad las olas, los barcos cabrioleaban sobre el agua.

Miguel, sentado en el muelle, esperaba el regreso de su padre. Ansioso, buscando con su mirada aquel barco, atisbaba el horizonte.

√ El PUNTO FINAL es el que cierra un texto.

● PUNTO Y COMA

El PUNTO Y COMA es muchas veces —podríamos decir— una variante del PUNTO Y SEGUIDO. Por su carácter muchas veces contrastivo, tiene el plus de que ayuda a sistematizar y esclarecer ciertas relaciones oracionales y semánticas dentro de un párrafo. En otros casos, en estructuras complejas, es —podríamos decir— una versión de la COMA, y sirve para evitar ambigüedades.

Como sea, pese a que puede proporcionar mucha precisión y riqueza si es bien utilizado —lo que no en muchas ocasiones sucede—, es un signo totalmente prescindible. Así pues, al menos en una etapa inicial de aprendizaje, su manejo desacertado no debe quitarnos el sueño. Y, al final, si definitivamente no podemos con él —algo improbable—, no es ningún pecado descartarlo por completo.

● Coma

A grandes rasgos, podríamos decir que sus facultades son poner orden, armonía y concierto, además de generar detalle y precisión; claridad y riqueza, al final de cuentas. Tiene un carácter multiuso. Suele centrarse mayoritariamente en la labor de marcar lo secundario, lo incidental, en una oración; también sirve para aislar elementos extraoracionales.

Considerando un inventario preliminar, éstas son sus funciones sustanciales:

Señala lo incidental o parentético; brinda información adicionalAyuda a evitar ambigüedades relacionadas con los contextosAísla elementos extraoracionalesDemarca elementos de enlace intraoracionalesDemarca elementos de enlace extraoracionalesDemarca elementos de enlace discursivosDemarca algunas coordinacionesForma series elementos o frasesForma series de oracionesDistribuyeBrinda matices pragmáticosOtros

Cada uno de estos puntos puede tener, a su vez, varios subpuntos.

Preguntas

1. ¿Cuál es la labor del punto y seguido? ¿Podemos utilizarlo para asuntos intraoracionales?

2. ¿Cuál es la labor del punto y coma? ¿Es imprescindible?

3. ¿Cuál es la principal y más común labor de la coma?

A Es imperioso asumir que la puntuación, como ya aludimos, NO debe ser contemplada como una revelación de PAUSAS, mayores o menores. Hay pausas orales que no se marcan en el lenguaje escrito, y, por otro lado, hay comas exigidas por las normas de puntuación y que no representan pausa alguna. Para efectos de redacción, lo importante es lo sintáctico-semántico, lo lógico… y lo cognitivo. Por lo demás, el criterio de las pausas responde a un COMPÁS PROSÓDICO, y en cierto modo FONOLÓGICO, es decir, de ramas lingüísticas que poco o nada aportan al ejercicio de la redacción.

En la mente del redactor esmerado, la puntuación primordial debe ser contemplada como indicaciones lógico-gramaticales, que, llevadas a la lectura en voz alta —si es que sucede—, algunas veces provocan una pausa como consecuencia… Como consecuencia, no como finalidad.

Las reglas, por cierto, comenzaron a ser compiladas a partir de la publicación de ORTHOGRAPHÍA ESPAÑOLA de la Real Academia de la Lengua (RAE), en 1741. En su mayor parte, las normas vigentes datan de mediados del siglo XIX.

IPUNTUACIÓN INTRAORACIONAL:LO QUE SUCEDE DENTRO DE LA ORACIÓN

Nuestro adiestramiento comenzará en lo oracional. Esto es, arrancaremos redactando oraciones, nada más. Y para esto, debemos comenzar sabiendo en qué labor estamos.

Como punto de partida, forjemos una primera referencia: imaginemos un párrafo, un párrafo de 12 oraciones…

1

.

2

.

3

.

4

.

5

.

6

.

7

.

8

.

9

.

10

.

11

.

12

.

En el capítulo I únicamente abordaremos lo que pasa dentro de 1, de 2, de 3…, es decir, dentro de cada eslabón de un párrafo, la unidad mínima de comunicación.

1

.

El desarrollo será progresivo, cabe aclarar, por lo cual la confección de párrafos y discursos acaecerá más tarde.

1. LA COMA PARA EXPLICAR

La coma suele implicar una EXPLICACIÓN. Y en el lenguaje escrito, esta “explicación” se refiere a la añadidura de información secundaria, incidental. Debe quedar claro, en todo caso, que esta información secundaria no implica que el fragmento en cuestión no tenga cierto importe valioso para la oración o que no sea necesario; no por nada el redactor ha decidido que debe estar ahí. Precisamente, se trata de fragmentos accesorios, pero valiosos, que sobrevienen en el tema central de la oración.

La gran mayoría de las ocasiones en que aparece una coma en un texto es por este motivo: información incidental. De este modo, queda extendida la invitación para que, una vez terminada y asimilada esta sección, usted revise un libro bien escrito —hoy abundan los desastrosos— y corrobore esta afirmación.

Preguntas

1. ¿Cuál es función más recurrente de la coma?

2. ¿La coma representa una pausa?

Ahora, en lo general, ¿en qué casos la coma explica o podría explicar?

1.1. En frases u oraciones incidentales

¿Qué es una FRASE u ORACIÓN INCIDENTAL? Es un conjunto de palabras que agrega información “accesoria” a lo que podría considerarse como la oración básica; es decir, se trata de un segmento que tiene información “no esencial”, complementaria. Además, debemos saber que, si este fragmento no estuviese, no se perdería el sentido de la oración principal.

También suelen ser llamadas PARENTÉTICAS (relativas al paréntesis), ya que proporcionan información adicional, como lo hace el paréntesis.

Esta frase incidental puede ir en tres diferentes posiciones:

Oración básica

,

frase incidental

.

Frase incidental

,

oración básica

.

Oración básica

(1.ª sección)

,

frase incidental

,

oración básica

(2.ª sección)

.

En los tres esquemas hay secciones incidentales, parentéticas: al comienzo, al final o en una posición medial, respectivamente. Estos fragmentos incidentales, como ya sabemos, agregan alguna precisión o algún comentario al contenido de la oración básica.

Pues bien, podemos ver que hay una coma antes de una incidental en posición final, así como una coma después de una incidental en posición inicial; asimismo, vemos dos comas que encierran una incidental en posición medial. La coma sirve para delimitar lo principal de lo secundario, una especie de paréntesis.

Ahora bien, veamos dos mecanismos muy útiles para saber si lo que tenemos es realmente un fragmento incidental:

Utilizar imaginariamente paréntesis en lugar de coma(s).Suprimir el fragmento y corroborar que la oración básica no haya sufrido cambio en su sentido.

Este tipo de frases u oraciones puede presentar muchas variedades.A Aprovechemos, pues, para ver preliminarmente algunas variantes y para corroborar los mecanismos antes mencionados:

Cuando lleguemos a la nueva casa, espero que pronto, veremos qué pasa.

Cuando lleguemos a la nueva casa (espero que pronto) veremos qué pasa.

Cuando lleguemos a la nueva casa ______ veremos qué pasa.

Ése no es el punto, que yo sepa, del debate en cuestión.

Ése no es el punto (que yo sepa) del debate en cuestión.

Ése no es el punto ______ del debate en cuestión.

Tu abuela, Dios la bendiga, ya está bastante vieja.

Tu abuela (Dios la bendiga) ya está bastante vieja.

Tu abuela ______ ya está bastante vieja.

Arturo, el tío de tu novia, dijo que nos acarrearía.

Arturo (el tío de tu novia) dijo que nos acarrearía.

Arturo ______ dijo que nos acarrearía.

Pepe, el gato horrendo, es muy gruñón.

Pepe (el gato horrendo) es muy gruñón.

Pepe ______ es muy gruñón.

Canta, no tienes idea, como un ruiseñor.

Canta (no tienes idea) como un ruiseñor.

Canta ______ como un ruiseñor.

Edmundo, que nada sabe de música, quedó sorprendido con la presentación.

Edmundo (que nada sabe de música) quedó sorprendido con la presentación.

Edmundo ______ quedó sorprendido con la presentación.

En todos estos ejemplos, la frase u oración incidental ocurre en medio de la oración, por cuanto existe una coma antes y una coma después. Sin embargo, podría iniciar o concluir una oración, según lo permita el sentido. Por ejemplo:

Que yo sepa, ése no es el punto del debate en cuestión.

(Que yo sepa) ése no es el punto del debate en cuestión.

______ Ése no es el punto del debate en cuestión.

Ése no es el punto del debate en cuestión, que yo sepa.

Ése no es el punto del debate en cuestión (que yo sepa).

Ése no es el punto del debate en cuestión ______ .

Así, muchas oraciones incidentales pueden ir en el comienzo, en medio o al final de una proposición. Por ejemplo:

Por desgracia, mañana no se efectuará el tradicional baile.

(Por desgracia) mañana no se efectuará el tradicional baile.

______ Mañana no se efectuará el tradicional baile.

Mañana, por desgracia, no se efectuará el tradicional baile.

Mañana (por desgracia) no se efectuará el tradicional baile.

Mañana ______ no se efectuará el tradicional baile.

Mañana no se efectuará, por desgracia, el tradicional baile.

Mañana no se efectuará (por desgracia) el tradicional baile.

Mañana no se efectuará ______ el tradicional baile.

Mañana no se efectuará el tradicional baile, por desgracia.

Mañana no se efectuará el tradicional baile (por desgracia).

Mañana no se efectuará el tradicional baile ______ .

Ejercicios

• Redacte seis oraciones con una frase parentética al comienzo.

• Redacte seis oraciones con una frase parentética al final.

• Redacte seis oraciones con una frase parentética en posición medial.

• Agregue frases parentéticas a las siguientes oraciones. Utilice variantes en posiciones:

1. Quiero agradecerte por todo el tiempo que me has apoyado.

2. Deberías llegar a la meta más pronto que tarde.

3. Esto no es todo lo que tengo que decir al respecto.

4. Estoy de acuerdo con que me avises cuando no vayas a venir.

5. Es hora de que aprendas todo lo que te has negado a aprender durante mucho tiempo.

6. El amigo de él sabe perfectamente lo que debe hacer.

● NO TODO PUEDE SER INCIDENTAL

Algunas veces, especialmente cuando comenzamos a incursionar en este asunto, comenzamos a poner comas donde no corresponde, pensando que estamos indicando una incidental. Pero no todo fragmento puede ser una frase incidental…

⊗ Consuelo descubrió, un buen bar.

Grave error. Vemos por qué…

Sabemos que una incidental podría ser suprimida sin que se altere el sentido de la oración. A ver…

⊗ Consuelo descubrió, un buen bar.

La primera oración demuestra que Consuelo conoció ALGO. ¿QUÉ conoció? Un buen bar.

Si se suprime el QUÉ, el ALGO, un buen bar, la oración se desnaturaliza, queda inconclusa, sin sentido completo. Este traspié, el de erróneamente considerar como incidental un complemento directo, sucede de vez en cuando.B

⊗ Consuelo descubrió (un buen bar).

⊗ Consuelo descubrió ______ .

Las incidentales, como bien sabemos, funcionan como paréntesis; se trata de contenido que, para explicar algo, se intercala en una oración.C Pero una incidental jamás alterará el sentido del mensaje principal, ni mucho menos hará que el mensaje quede inconcluso en cuanto a sentido.

● LA APOSICIÓN EXPLICATIVA, EL INCISO Y LA SUBORDINADA

Por rigor terminológico y, por sobre todo, por una posible utilidad en los puntos venideros, debemos aclarar que, para incidentales o parentéticas, estaremos hablando posiblemente de APOSICIONES EXPLICATIVAS y de INCISOS. Si bien para muchos autores suelen ser tomados como sinónimos —y en muchos casos conviene hacerlo—, conocer sus diferencias, o intentar instaurarlas, a veces podría ayudarnos a hilar más fino.

√ APOSICIÓN EXPLICATIVA.D Es una construcción en la que una frase explica el significado de determinado segmento inmediatamente anterior. Para el proceso, no hay necesidad de una preposición:

El segundo sustantivo, el de la incidental (la CIUDAD de la luz), explica el significado del primero (París). El de la incidental, además, no agrega nada nuevo al sustantivo de la primera; sólo explicita, repite o desarrolla una idea ya implícita en aquel sustantivo.

En general, como en este ejemplo, lo explicado está centrado en un sustantivo, y su explicación, en otro sustantivo.

Nació en París, la ciudad de la luz.

√ INCISO. Es una expresión dotada de autonomía gramatical, que se intercala en una oración para explicar algo relacionado con ésta:

Laura aprendió la lección, cómo no.

El inciso cómo no puede ir ubicado en varias posiciones, no necesariamente después de un sustantivo.

Laura, cómo no, aprendió la lección

Cómo no, Laura aprendió la lección.

Su gran particularidad es que no explica al sustantivo (Laura o lección, en este caso), sino que expone un asunto relacionado con el tema de la oración (una reacción al hecho de que Laura haya aprendido la lección). De este modo, puede ir ubicado en más de una posición, como simple comentario del tema de la oración en sí o como paráfrasis del grupo que aparece inmediatamente antes.

√ SUBORDINADA. Nos referimos a una ORACIÓN SUBORDINADA; esto es, en una relación entre dos oraciones, la que posee menor jerarquía frente a la de mayor jerarquía (la oración principal). De manera más sencilla aún, la subordinada depende de la principal, tanto así que no tiene sentido sin su existencia.

1.1.1. Aposiciones explicativas del nombre

Las APOSICIONES son construcciones en la que un sustantivo complementa a otro sustantivo y, en este caso en particular, lo hace para explicar (no para especificar) a un sustantivo o a un grupo nominal. ¿Cómo? Con comas.E

Esta aposición explicativa da información sobre el sustantivo al que precede; y puede hacerlo contemplando cualquier sustantivo, en el sujeto o en el predicado:

Adrián, el marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría.

Adrián (el marido de mi hermana) dijo que nos ayudaría.

Adrián ______ dijo que nos ayudaría.

Tu hermano, aquel bondadosoirreparable, otra vez nos ayudó.

Tu hermano (aquel bondadoso irreparable) otra vez nos ayudó.

Tu hermano ______ otra vez nos ayudó.

El hermano de Gabriel, el chaparrito simpático, se mete en lo que no sabe.

El hermano de Gabriel (el chaparrito simpático) se mete en lo que no sabe.

El hermano de Gabriel ______ se mete en lo que no sabe.

Ayer tuve el gusto de saludar a Jesús, nuestro viejo profesor.

Ayer tuve el gusto de saludar a Jesús (nuestro viejo profesor).

Ayer tuve el gusto de saludar a Jesús ______ .

El clima de tu ciudad, Valparaíso, es delicioso.

El clima de tu ciudad (Valparaíso) es delicioso.

El clima de tu ciudad ______ es delicioso.

De acuerdo con la RAE…

Es conveniente escribir entre comas la mención del autor cuando se pospone al título de la obra:

La escultura El pensador, de August Rodin, es la más conocida de su autor.

En cualquier caso, si bien se refiere exclusivamente a obras y dice “es conveniente” (no “es obligatorio” o similar), se trata innegablemente de una regla.

Ejercicios

• Redacte seis oraciones con aposiciones explicativas de nombre.

• En las siguientes oraciones hay palabras o fragmentos subrayados. Agregue aposiciones explicativas de aquellos fragmentos:

1. Lo que menos teníamos en aquel entonces era tiempo.

2. No era raro que nos centráramos en nuestro caballito de batalla.

3. Aquel buen hombre siempre estuvo dispuesto a ponerse el overol.

4. Había ahí un perro que no dejaba de ladrar.

5. Los amigos son imprescindibles.

6. Había muchos libros en aquel hermoso lugar.

[Cuando haya dos subrayados, haga tres versiones: una con el primero, otra con el segundo y una última con ambos.]

• Ahora, sin ayuda, agregue, donde corresponda, aposiciones explicativas en las siguientes oraciones:

1. Estamos sentados a la orilla de una hermosísima playa.

2. Ellos sabían perfectamente cómo se realizaba aquella labor.

3. Los números suelen ser un gran adversario para quienes andan por aquí.

4. La vida siempre puede ser más sabrosa.

5. El descanso es el mejor amigo del trabajador.

6. Era una taza.

Este procedimiento incluye los apodos:

Simón Bolívar, el Libertador, nació en Caracas.

Simón Bolívar (el Libertador) nació en Caracas.

Simón Bolívar ______ nació en Caracas.

Aquel señor es fanático de Elvis Presley, el Rey.

Aquel señor es fanático de Elvis Presley (el Rey).

Aquel señor es fanático de Elvis Presley ______ .

Especialmente con personajes célebres o con ciudades, es posible recurrir a un tipo de apodo especial, retórico: la antonomasia.F Se trata de la sustitución de un nombre propio por una expresión reconocida universalmente o al menos por un grupo determinado o grande:

El Dúo Dinámico (Batman y Robin), El Azote de Dios (Atila), El Filósofo (Aristóteles), La Dama de Hierro (Margaret Thatcher), El Rey (Elvis Presley), La Voz (Frank Sinatra)… El Gigante Asiático (China), La Ciudad de las Luces (París), La Gran Manzana (Nueva York)…

De acuerdo con la RAE…

Los sobrenombres que no pueden utilizarse solos, sino que deben ir necesariamente acompañados del nombre propio, se unen a éste sin utilizar coma:

Alfonso II el Casto

Guzmán el Bueno

Lorenzo el Magnífico.

● EL NOMBRE PROPIO Y EL CARGO

Cuando unimos cargo con frase incidental, es muy posible cometer un error puntual. Partamos con una referencia previa a partir de un ejemplo:

Adrián, el marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría.

En general, para efectos del sentido del mensaje, no importa cuál sea el término en aposición (Adrián o marido). El sentido no se perderá si invertimos el orden:

El marido de mi hermana, Adrián, dijo que nos ayudaría.

Lo que sí cambiará será el sujeto de nuestra oración, es decir, el primer eje referencial de nuestro mensaje. El sujeto, en estos casos, es lo primero que aparece. No obstante, y aquí lo importante, cuando se trata de un cargo o un puesto, hay que tener especial cuidado, especialmente si es un cargo genérico, es decir, si otros más también lo ostentan.

El profesor de la escuela 49, Luis Órdenes, se mostró satisfecho.

Si quitamos la aposición explicativa, Luis Órdenes, nos queda lo siguiente: El profesor de la escuela 49 se mostró satisfecho.

¿Podemos ver el error? ¿Hay sólo un profesor en esa escuela?

El profesor de la escuela 49 (Luis Órdenes) se mostró satisfecho.

El profesor de la escuela 49 se mostró satisfecho.

Al agregar el nombre propio entre comas, indicamos que existe un único profesor en aquella escuela. En general, un sujeto que implica cargo o puesto genérico y que está articulado con el, la, los o las, más una aposición explicativa (una frase incidental) con un nombre propio, nos transmite la significación de que aquel(los) sujeto(s) es/son único(s) en su especie.

Las soluciones:

Uno. Cambiar el orden es una buena opción, es decir, que el nombre propio sea el sujeto: Luis Órdenes se mostró satisfecho. Si agregamos aposición, debemos quitar el artículo (el, la, los, las).

Cualquier imprecisión que pudiere sobrevenir será por causa ajena a la oración en cuestión.

Luis Órdenes, el profesor de la escuela 49, se mostró satisfecho.

Luis Órdenes (el profesor de la escuela 49) se mostró satisfecho.

Luis Órdenes se mostró satisfecho.

Dos. Quitar la coma (especificar, no explicar) es una mejor opción: El profesor de la escuela 49 Luis Órdenes se mostró satisfecho. Queda un sujeto largo pero correcto.

El profesor de la escuela 49 Luis Órdenes se mostró satisfecho.

El error en cuestión es muy común en el periodismo escrito. Muchas veces los periodistas pretenden mencionar el nombre de un personaje y su cargo, e inmediatamente piensan en la fórmula aposición explicativa. Gramaticalmente no hay error; es el sentido el extraviado.G

La problemática no surge exclusivamente de la aposición, sino de un conjunto de factores, entre ellos el artículo determinado (el, la, los, las), que apunta a un referente consabido y, en este caso, exclusivo, por ende, opuesto a algo genérico. En resumen, el problema surge de la siguiente fórmula:

artículo determinado + cargo/puesto genérico + nombre propio en aposición.

● EL INCISO NOMINALH

¿Qué es esto? Es una frase centrada en un sustantivo, siempre antepuesta a la oración en sí, con la intención de dar un antecedente previo significativo sobre el sujeto de la oración. Además, este inciso no permite determinantes (artículos, posesivos…) pero sí un adjetivo u otro modificador.

Veamos:

El inciso pensador antepuesto no permite determinante (el, un, este, ese, aquel, mi…), pero sí exige un modificador, en este caso un adjetivo, sobresaliente.

PENSADOR sobresaliente, Arturo era torpe con las relaciones personales.

Arturo, [un] PENSADOR sobresaliente, era torpe con las relaciones personales.

Sin sujeto explícito (Arturo), no es posible la inversión, a menos que esta referencia venga en la oración anterior:

Arturo era especial. Pensador sobresaliente, era torpe con las relaciones personales.

PENSADOR sobresaliente, Arturo era torpe con las relaciones personales.

El inciso estudiante antepuesto no permite determinante (el, un, este, ese, aquel, mi…), pero sí exige un modificador, en este caso un adjetivo, eterno.

ESTUDIANTE eterno, mi tío nunca dejó de aprender.

Mi tío, [un] ESTUDIANTE eterno, nunca dejó de aprender.

Sin sujeto explícito (mi tío), no es posible la inversión, a menos que esta referencia venga en la oración anterior:

A mi tío le encantaba cultivarse. Estudiante eterno, nunca dejó de aprender.

ESTUDIANTE eterno, mi tío nunca dejó de aprender.

Más ejemplos:

MUJER de pocas palabras, [ANA] prefería demostrar con hechos.

Ana, [una] MUJER de pocas palabras, prefería demostrar con hechos.

PERSONAJE imperdible en la literatura, [EL QUIJOTE] sigue vigente siglos después.

[EL QUIJOTE], [un] PERSONAJE imperdible en la literatura, sigue vigente siglos después.

Ejercicio opcionalI

• Redacte seis oraciones con un inciso nominal.

1.1.2. Frases que califican al sustantivo

A la manera en que lo hacen los adjetivos, casi, una frase podría calificar a un sustantivo. En líneas generales, y muy obvias, se trata de una construcción con dos elementos: un sustantivo por calificar y una frase que lo calificará. Lo que será calificado es un antecedente expreso, está explícito; y la calificadora, siempre pospuesta, es una frase introducida con que.

Tenemos un antecedente expreso: los vientos del sur. Hay también una frase calificadora: que en aquellas cálidas regiones abundan.

Los vientos del sur, que en aquellas cálidas regiones abundan, incomodan a los viajeros.

Los vientos del sur (que en aquellas cálidas regiones abundan) incomodan a los viajeros.

Los vientos del sur incomodan a los viajeros.

Mis canciones, que no suelen cautivar a cualquiera, por lo menos te gustan a ti.

Antecedente expreso: mis canciones. Frase calificadora: que no suelen cautivar a cualquiera.

Mis canciones (que no suelen cautivar a cualquiera) por lo menos te gustan a ti.

Mis canciones por lo menos te gustan a ti.

Estas frases subordinadas siempre están introducidas por un relativo, y los relativos son varios; pero por ahora solamente nos interesa el que.

Para relativos, véase 1.1.7. PARA PUNTUALIZAR CON UNA ORACIÓN SECUNDARIA: RELATIVAS

También puede ver desde otra perspectiva en 12.1. EXPLICACIÓN VERSUS ESPECIFICACIÓN

Como vemos, salvo con nombres propios o pronombres, el sustantivo por calificar es generalmente un GRUPO NOMINAL, es decir, un grupo de palabras cuyo núcleo está constituido por un sustantivo (o palabra sustantivada) o un pronombre. En palabras muy sencillas, se trata del sustantivo (núcleo) y todos sus acompañantes; por ejemplo: el alumno, una profesora magnífica, el rey de Suecia, el vaso de agua, el libro encima de la mesa que compramos la semana pasada…

El proceso puede suceder tanto en el sujeto como en el predicado (complementos):

√ En el sujeto

AQUEL HOMBRE, que no estaba al tanto del asunto, no supo qué hacer.

LA HERMANA, que no sabía qué hacer, se dio la media vuelta.

√ En el predicado:

Aquel hombre no supo qué hacer con EL BULTO, que llevaba horas ahí.

La hermana saludó a TODOS, que a esa hora ya estaban ansiosos.

Ejercicios

• Redacte seis oraciones que contengan frases que califiquen a un sustantivo.

• En las siguientes oraciones hay sustantivos o fragmentos subrayados. Agregue frases que califiquen a estas frases o sustantivos:

1. Lo que menos teníamos en aquel entonces era tiempo.

2. No era raro que nos centráramos en nuestro caballito de batalla.

3. Aquel buen hombre siempre estuvo dispuesto a ponerse el overol.

4. Había ahí un perro que no dejaba de ladrar.

5. Los amigos son imprescindibles.

6. Había muchos libros en aquel hermoso lugar.

[Cuando haya dos subrayados, haga 3 versiones: una con el primero, otra con el segundo y una última con ambos.]

• Ahora, sin ayuda, agregue frases que califiquen a un sustantivo en las siguientes oraciones:

1. Estamos sentados a la orilla de una hermosísima playa.

2. Ellos sabían perfectamente cómo se realizaba aquella labor.

3. Los números suelen ser un gran adversario para quienes andan por aquí.

4. La vida siempre puede ser más sabrosa.

5. El descanso es el mejor amigo del trabajador.

6. Era una taza.

● ECONOMÍA DE LENGUAJE Y EVITACIÓN DE TORPEZA

Como ya hemos visto, si colocamos una incidental que comienza con que después de un sustantivo, estamos añadiendo información sobre éste, es decir, estamos diciendo qué sucede con éste.

¿Qué más podemos o queremos decir sobre mis canciones? Que… pueden incomodar a algunos.

Mis canciones, quePUEDEN INCOMODAR a algunos, por lo menos te gustan a ti.

¿Qué más podemos o queremos decir sobre el padre? Que… había permanecido despierto.

El padre, queHABÍA PERMANECIDO DESPIERTO, sí escuchó cuando su hijo llegó.

Para la parentética utilizaremos cualquier verbo que no sea ser (era, fue, es) o estar (estaba, estuvo, está), inmediatamente después de que. ¿La razón? Estamos indicando QUÉ SUCEDE CON el sustantivo, no QUÉ ES ni CÓMO o DÓNDE ESTÁ.

Para ver lo innecesario (y torpe) que significa, casi siempre, utilizar una subordinación de este tipo con el verbo ser, tomemos algunos ejemplos del punto 1.1.1:

Adrián, que esel marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría.

Adrián, el marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría

Ayer tuve el gusto de saludar a Jesús, que esnuestro viejo profesor.

Ayer tuve el gusto de saludar a Jesús, nuestro viejo profesor.

El clima de tu ciudad, que esValparaíso, es delicioso.

El clima de tu ciudad, Valparaíso, es delicioso.

Como vemos, agregar que es/son no implica error, pero no suma, y evidencia impericia. Pero ¿de verdad nunca se verá bien utilizar este tipo de incidental con el verbo ser? Hay excepciones.

Primero, cuando el verbo ser “está alejado” del que, es decir, cuando haya una especie de HIPÉRBATON:J

Vemos que que y el verbo ser (son) están muy alejados. Por tanto, que y verbo se tornan absolutamente necesarios; no podemos suprimirlos.

Los vientos del sur, QUE en aquellas cálidas regiones SON frecuentes, incomodan a los viajeros.

Distinto sería si tuviéramos juntos que y verbo:

Ahora, que y el verbo ser (son) están juntos; de este modo, debemos suprimirlos.

Los vientos del sur, QUE SON frecuentes en aquellas cálidas regiones, incomodan a los viajeros.

Segundo, cuando queramos precisar o recalcar que es el antecedente:K

Como vemos, en la incidental recalcamos quién es Adrián; tendría implícito un “que no se te olvide” o un “que quede claro”. Obviamente, entramos a un terreno de sutilezas del lenguaje escrito, en el agudo ejercicio de LEER ENTRE LÍNEAS (escribir entre líneas, en este caso).

Adrián, QUE ES el marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría.

Tercera y última, cuando la incidental lleva ser… pero es negativa.

Ni está mal ni se recalca nada. Ese no —que en otro caso podría ser nunca, jamás…— nos obliga a poner que y es.

Adrián, QUE NO ES el marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría.

1.1.3. El adjetivo incidental

Para empezar, recordemos qué es un ADJETIVO. Se trata de una clase de palabra que tiene como misión modificar a un sustantivo; los adjetivos denotan cualidades, propiedades y, en general, relaciones de diversa naturaleza.L Pueden ir antepuestos o pospuestos al sustantivo.

Los adjetivos también pueden ser utilizados como frases incidentales. Un adjetivo incidental —esto es, entre comas— implica el estado puntual que el sustantivo referido posee en determinado momento pretérito. Aquel momento, jamás presente, es corto aunque, a su vez, impreciso: desde instantes previos a la enunciación hasta muy poco antes del momento mismo de la enunciación.

Primero veamos el adjetivo adjunto (el “convencional”):

El adjetivo puesto de manera “convencional”, es decir, como modificador directo del sustantivo, va junto a éste. ¿Qué indica? Calificación valorativa (subjetiva) o denotativa (objetiva): indica cómo se cree o se piensa que es en todo momento o, en todo caso, en un tiempo indeterminado, el sustantivo al que califica. En este caso particular, se aprecia que «estar agotado» es parte de aquel hombre; él “es así”: un hombre agotado.

Más allá de motivos puntuales para anteponer o posponer, existe la posibilidad de ponerlo en cualquiera de estas dos opciones.

El hombre agotado regresó a su casa.

El agotado hombre regresó a su casa.

Por otro lado:

El hombre, agotado, regresó a su casa.

En ambos casos, el hombre no es así, “cansado”, no vive cansado. Está cansado en ese momento; de este modo, va entre comas.

Agotado, el hombre regresó a su casa.

Ahora las dos posibilidades contrastadas:

En el primer ejemplo, el niño actuaba travieso en aquel momento (y desde momentos previos). Se explica cómo estaba.

En cambio, en el segundo ejemplo el niño es siempre así, travieso. Se especifica qué tipo de niño es.

Aquel niño, travieso, reía sin parar.

Aquel niño travieso reía sin parar.

Los participios adjetivos (-ado, -ada, -ido, -ida) también pueden utilizarse, siempre que funcionen justamente como adjetivos.

Ahora, ¿cómo verificar que están correctos? Para comprobar la funcionalidad del adjetivo incidental pospuesto, mentalmente podemos probar anteponiendo «que en ese preciso momento estaba»:M

El hombre, [que en ese preciso momento estaba] agotado, regresó a su casa.

Y para comprobar la funcionalidad del segundo, con al adjetivo incidental antepuesto, mentalmente podemos probar anteponiendo “debido a que en ese preciso momento estaba”:

[Debido a que en ese preciso momento estaba] cansado, el hombre regresó a su casa.

Para profundizar sobre participios en una función algo similar al adjetivo incidental antepuesto (que podría confundirse con éste), véase 12.3. PERIODOS ABSOLUTOS DE GERUNDIO Y PARTICIPIO

Ejercicios

• Redacte seis oraciones que contengan, cada una, un adjetivo incidental.

• Probando variantes antepuestas y pospuestas, agregue un adjetivo incidental a cada una de las siguientes oraciones:

1. Aquel buen hombre siempre estuvo dispuesto a ponerse el overol.

2. Los amigos no tardaron en saludarlo.

3. Ellos supieron perfectamente cómo se realizaba aquella labor.

4. La vida se encargó de reintegrarle todo lo que merecía.

5. No tuvo más remedio que ser feliz.

6. Dimos a conocer nuestra amplia propuesta.

• Revise las oraciones del ejercicio anterior. En caso de que se pueda, haga una segunda versión de la oración, ahora con el adjetivo incidental en otra posición (de antepuesto a pospuesto o viceversa).

1.1.4. Aposiciones a una circunstancia

Para empezar, debemos saber más o menos qué es un ADVERBIO, ya que este asunto bordea lo adverbial. Pero no tenemos que ir muy lejos; lo único que aquí nos importa, por el momento, es que un adverbio expresa circunstancias: MODO (cómo), LUGAR (dónde), TIEMPO (cuándo), CANTIDAD (cuánto), etc. No olvidemos que las oraciones representan una situación, y ésta está incorporada en un contexto determinado. Por ejemplo, si digo el perro dejó de ladrar una vez que todos se habían ido, la acción sucede en un TIEMPO determinado: una vez que todos se habían ido. He ahí el contenido adverbial.

Una circunstancia oracional —generalmente orientada a lugar, tiempo, modo, cantidad o grado, hay que insistir— también puede ser incidental. ¿Cuándo? Cuando se trata de una frase que comenta o desarrolla una circunstancia ya mencionada, es decir, cuando indica algo como una versión detallada o con más riqueza acerca de la circunstancia que ya se mencionó. Querámoslo o no, la segunda será la fructuosa, frente a la primera, siempre somera.

La justificación para recurrir a este procedimiento es desplegar detalles de la circunstancia, bien porque intencionalmente fue expresada someramente en una primera instancia, bien porque requerimos brindar detalles importantes para una segunda instancia. Se recurre a éste generalmente por asuntos estéticos.

La aposición junto a sus hermanos (locativa, de lugar) explicita allí.

ALLÍ, junto a sus hermanos, se sentía más seguro.

La aposición como en una hora (temporal, de tiempo) explicita muy pronto.

Nos iremos MUY PRONTO, como en una hora.

La aposición casi corriendo (modal, de modo) explicita con mucha prisa.

CON MUCHA PRISA, casi corriendo, salió de su casa.

La aposición prácticamente todo lo que estaba en la mesa (cuantitativa, de cantidad) explicita demasiado.

Comimos DEMASIADO, prácticamente todo lo que estaba en la mesa.

Ejercicios

• Redacte seis oraciones que contengan, cada una, una aposición a una circunstancia.

• En las siguientes oraciones hay palabras o fragmentos subrayados. Agregue una aposición a una circunstancia de aquellos fragmentos:

1. Lo que menos teníamos en aquel entonces era tiempo.

2. No será raro que próximamente nos centremos en nuestro caballito de batalla.

3. Aquel buen hombre siempre estuvo dispuesto a ponerse el overol.

4. Había ahí un perro que no dejaba de ladrar.

5. Los amigos están siempre cuando los necesitamos.

6. Había muchos libros en aquel hermoso lugar.

• Ahora, sin ayuda, agregue una aposición a una circunstancia a cada una las siguientes oraciones:

1. Allá todo es mejor.

2. En aquella época eras más delgado.

3. Yo no quería seguir así.

4. En breve me regreso definitivamente.

5. Con mucho pesar se despidió de todos.

6. No había nadie en aquel lugar.

Si la circunstancia va al final y, a la vez, buscamos ser anunciativos —esto es, alertar al lector de algo importante o revelador que está por sobrevenir—, podemos recurrir a los DOS PUNTOS:

Con DOS PUNTOS, siempre que la circunstancia esté al final, alertamos al lector sobre algo revelador que sucederá. Pero debemos tener moderación y criterio: no debemos usarlos en vano (como ahora).

Estamos sentados ahí

,

a la orilla de una hermosísima playa.

Estamos sentados ahí

:

a la orilla de una hermosísima playa.

1.1.5. Inciso para incidentales sobre opiniones, dichos o pensamientos1

En estricto rigor, en este punto trataremos diversas situaciones que involucran un ESTILO DIRECTO —cuando el redactor reproduce literalmente las palabras de alguien— más la mención del autor de dicho mensaje o reflexión. Las fórmulas pertenecen a situaciones gramaticales distintas, pero tienen esta materia en común; y es por esto, por un propósito de practicidad, que están reunidas en el presente apartado.

Debemos utilizar comas cuando, primero, adentro de una oración aludimos lo que otro asevera, dice o piensa y, luego también, a quién es el autor se dicha aseveración. Es una fórmula escritural bastante usada, especialmente en el periodismo y en la literatura.

La verdad, escribe un político, ha de sustentarse con razones y autoridades.

La verdad (escribe un político) ha de sustentarse con razones y autoridades.

La verdad ha de sustentarse con razones y autoridades.

El tiempo, según Einstein, es...

El tiempo (según Einstein) es...

El tiempo es...

Las razones, opinó el líder, deben ser analizadas.

Las razones (opinó el líder) deben ser analizadas.

Las razones deben ser analizadas.

La vida, expresó Lennon, es lo que te pasa mientras estás planeando otras cosas.

La vida (expresó Lennon) es lo que te pasa mientras estás planeando otras cosas.

La vida es lo que te pasa mientras estás planeando otras cosas.

En general, tenemos tres opciones. Y podremos utilizar las que más nos convengan, de acuerdo a sus características:

OPCIÓN 1. En caso de opiniones o aseveraciones de personas o entidades, utilizamos según, de acuerdo con, conforme a, con arreglo a, además de formas verbales como dice:

opinión o aseveración

mención del autor

El azul es un color que provoca paz

,

según la ciencia.

Es una alternativa a La ciencia dice que el azul es un color que provoca paz, una cita indirecta.

,

de acuerdocon la ciencia.

,

dice la ciencia.

opinión o aseveración

mención del autor

El de chocolate es el más rico

,

según Mariana.

Alternativa a Mariana dice que el de chocolate es el más rico, una cita indirecta.

,

de acuerdo con Mariana.

,

dice Mariana.

Las fórmulas de acuerdo con,Nsegún, en palabras de o similares2 pueden encabezar el enunciado, ir en posición medial o ir al final. Las que comienzan con un verbo (escribe, opinó, expresó…),Ñ en cambio, no pueden, y suelen preferir la utilización de rayas.

Ya que se trata de un inciso, la opinión puede cambiar de ubicación, en caso de que el sentido del mensaje lo permita y si no utilizamos dice(n):

El azul es un color que provoca paz, según la ciencia.

El de chocolate es el más rico, según Mariana.

El azul es un color que, según la ciencia, provoca paz.

El de chocolate es, según Mariana, el más rico.

El azul es, según la ciencia, un color que provoca paz.

El de chocolate, según Mariana, es el más rico.

El azul, según la ciencia, es un color que provoca paz.

Según Mariana, el de chocolate es el más rico.

Según la ciencia, el azul es un color que provoca paz.

Debemos tener presente lo siguiente:

√ Según parece es otra cosa; es sinónimo de al parecer.

√ Tampoco hay que considerar el según que manifiesta según las indicaciones de.

√ Tampoco según creo o según sé (según tengo entendido, según parece, según se sabe…).

√ Según dicen y según se dice sí sirven, aunque no precisan quién. Es una opinión ambigua, si no ligera.

Ejercicios

• Redacte seis oraciones que contengan comentarios de autor de la opción 1.

• Agregue comentarios de autor de la opción 1 a las siguientes oraciones:

1. El tiempo no es lo más importante.

2. Lo mejor es centrarnos en nuestros puntos fuertes.

3. Aquel buen hombre es a quien debemos preguntar.

4. El perro emite más sonidos, además del ladrido.

5. Los amigos han de ser parte esencial de nuestras vidas.

6. Comprar muchos libros nunca está de más.

OPCIÓN 2. Para dichos o pensamientos, utilizamos los mismos verbos de lengua o de pensamiento señalados hace poco: aclarar, asegurar, comentar, contar, describir… Los más comunes, como sabemos, son decir y pensar.

El dicho o pensamiento puede recaer en algo personal, en lo que le sucede a alguien, o puede ser una afirmación:

El Sol es una gran estrella, dijo Arturo.

Es una alternativa a Arturo dijo que el Sol es una gran estrella.

«El Sol es una gran estrella», dijo Arturo.

Así queda con comillas, en caso literal.

América es un gran continente, pensó.

Alternativa a Pensó que América es un gran continente.

«América es un gran continente», pensó.

Con comillas.

A diferencia de como acontece con la opción 1, si ahora queremos cambiar el orden, la mención del autor nunca puede ir al comienzo y la(s) coma(s) se convierte(n) en DOBLE RAYA