Abya Yala! - Moema Viezzer - E-Book

Abya Yala! E-Book

Moema Viezzer

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Beschreibung

¡Relectura urgente de la historia para la descolonización! En Abya Yala!, Moema Viezzer y Marcelo Grondin realizan un amplio inventario de la resistencia y sobrevivencia de los pueblos ancestrales de las Américas, basado en investigadores de diferentes épocas y regiones del mundo. Los autores eligieron cinco regiones del continente americano para describir cómo los pueblos nativos han resistido y sobrevivido durante los últimos 500 años: - Islas del Caribe - México - Andes centrales - Brasil - Estados UnidosEste es un monumento a todos los pueblos ancestrales que fueron usurpados, engañados y destruidos. Honra la tenacidad y sabiduría de todas las Naciones Nativas, que continúan viviendo en días de lucha y evocan la profecía de Abya Yala, cuando las tierras del Sur Cóndor se encontrarán con las tierras del Norte Águila para unir y celebrar la Vida, en la construcción de un sentimiento de unidad y pertenencia en este inmenso y bello territorio. Prestar atención a este doloroso pasado es importante para que no sigamos cometiendo los mismos errores y para que podamos construir un futuro pacífico y respetuoso con nuestras diferencias. Prefacio de Ailton Krenak.

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Seitenzahl: 369

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Copyright © 2018 Moema Viezzer e Marcelo Grondin

 

Editio Princeps (autores) 2018

1ª Edição - 2020 - Bambual Editora (ebook)

 

Coordinación

Isabel Valle

 

Copidesk

Carla Branco

 

Portada

André Manoel e João Melhorance

 

Editoración electronica

Leandro Collares | Selênia Serviços

 

Epub

Pedro Costa

 

 

Datos Internacionales de Catalogación en la Publicación (CIP)

(CÂMARA BRASILEIRA DO LIVRO, SP, BRASIL)

Viezzer, Moema

Abya Yala, genocídio, resistência e sobrevivência dos povos originários s das Américas | Moema Viezzer e Marcelo Grondin – 1. ed. - Rio de Janeiro: Bambual Editora, 2021.

 

ISBN 978-65-89138-09-9

 

1. América – Civilização. 2. Genocídio – História. 3. . Índia – Civilização I.Grondin, Marcelo. II.Título.

CDD 907

20-52158

 

www.bambualeditora.com.br

[email protected]

 

 

 

 

 

A los pueblos originarios de este inmenso continente

que nos revelaron asuntos de vital importancia

sobre su resistencia y resiliencia

frente al impacto de la civilización blanca.

 

 

Al Centro Indigenista Misionero, CIMI por su apoyo irrestricto a nuestra iniciativa.

A Kahena Espacio Natural, en la persona de Selma Martinez Cavalli, por la colaboración prestada.

A Anderson Hilgert por su esmero para la producción de este libro.

A Maria Cecilia Ferreira por la lectura crítica del texto original.

A nuestra hija Simone Viezzer Grondin que estuvo con nosotros como fiel escudera a lo largo de los trabajos de preparación de este texto.

A Mara Vanessa Fonseca Dutra por su primoroso trabajo de revisión del texto original y su apoyo en esta aventura.

A Mariângela y Celso Luckmann por su contribución a la impresión de la editio prínceps de esta publicación.

A Ailton Krenak que nos hizo el gran honor de redactar el prefacio de este trabajo.

A Beatriz Cannabrava por su trabajo muy especial de traducción al español y a Paulo Cannabrava por la revisión del texto.

A Alicia Blanco por la lectura crítica del texto en su versión en español.

A Vasco de Matos Ferreira Mendes Neves, Ana Cristina Ferreira Neta y Candida Rato por la intermediación junto a la Editorial Bambual.

 

 

En la región andina

 

Poema em quéchua da região andina

 

Ñanyki Kayta munayman

Purajtiyki kanwan kuska purinaypaj

Ñawisnyki kayta munayman

Wakajtiyki kanwam kuska wakanaypaj

Yawarniyki kayta munayman

Sonkhoykiman chayanaypaj

Munakuwaskaykita yachanaypaj

 

Quisiera ser tu camino – para que cuando andes

Yo pueda andar junto contigo.

Quisiera ser tus ojos - para que cuando llores

Yo pueda llorar junto contigo.

Quisiera ser tu sangre - para llegar a tu corazón

y allí, gozar del amor que tienes por mí.1

 

Texto de la mitologia andina em aimará.

 

Mä urunxa Tata Wiraqucha Titiqaqa qutat mistuwa uka jagi

yanapt’irinakampi ukatax jaqinakax jani wali sarnaqipxi ukatax

uspa sawiyasi ukata qalaru tukuyasix. Ukatax tata wiraquchax

pacha luratapa askichasiñ muni ukat kimsaru pachax jalanuqi:

• Akaxpacha (Patanakan uthasirinaka);

• Akapacha (Akan uthasirinaka);

• Manqhapacha (Aynachan uthsirinaka).

 

Un día (...) Wiraqucha emergió del Lago Titicaca con algunos ayudantes...

Y castigó a los primeros hombres por ciertos desvaríos (…).

Y los convirtió en piedras.

Más tarde, decidió mejorar su obra y dividió el cosmos en tres partes:

• Akaxpacha (el mundo de arriba);

• Akapacha (el mundo de aquí);

• Manqhapacha (el mundo de abajo).2

 

Mensaje de amor em nahuatl Nimitzlazohtla

 

“Ome Tlamantli ,

Nictlazohtla ome tlamanti noyollo,

In xochimeh cemilhuitica

Lhuan telhuatzin momoztla.“

 

DOS COSAS.

Tengo dos cosas en mi corazón:

Las flores y tú.

Las flores, por un día

A ti, todos los días.3

 

Texto mítico dos m’bya-guarani

 

Mba’e a’ã.

 

Aipo jevy ma. Ñe’eng Ru Ete i,

Roporandu i jevy ma mbaraete, py’aguachu reko rã i re.

A’e va re, tove ta ore mbopy’a guachu i jevy jevy.

Opa marangua mbytépy jepe,

mby’aguachu reko rã i ereuka ño eteve

va’erã nde py’aguachu reno’ã va’e rupi.

Nde y vy rupáre oopa mba’e te i ore bopy’aguachu

ãgã rami raga ey rojekuaá va gui jepe, tove i ta ore

mbopy’ aguachu jevy jevy.

 

Plegaria

 

Estamos aquí otra vez, verdadero Padre de las almas.

Averiguando nuevamente acerca de la fortaleza, del valor.  

Por consiguiente, infúndenos repetidamente tu valor.

Aun en medio a tantas cosas malignas,

harás pronunciar, por intermedio de los valerosos hijos que albergas,

abundantes palabras que nos infundirán valor.

Lastimosamente, no todos los seres habitantes de tu morada terrena

merecen que inspires valor. No obstante,

a los que manifiestamente rechazamos las inspiraciones de lo malo,

te suplicamos que, repetidamente, nos inspires valor.4

 

El idioma es el alma de un pueblo. A través de él, el ser humano aprende a nombrar todo lo que existe en su mundo. Se estima que la mayor parte de los 7.000 idiomas hablados en el mundo son de pueblos originarios. No se sabe cómo estos pueblos fueron construyendo sus idiomas, algunos de ellos bastante complejos, varios de ellos verdaderas obras artísticas como el quechua, el guaraní, el aimara, el náhuatl, por ejemplo. Hace poco tiempo que algunos idiomas de pueblos originarios comenzaron a ser escritos. Durante milenios, la construcción y la transmisión del idioma se daba - y todavía se da - a través de la oralidad, como parte de la vida en comunidad.

 

1 Recitado y traduzido por Marcelo Grondin.

2 Extraído del Manual de Alfabetización en aimara. UNICEF, Santiago do Chile, 2010

3Extraído de: Neomexicanismos. Tonayohan.Oztopolco mexicayotl. Facebook.com/tonayoncan. (contribución de Marta Benavides, El Salvador).

4 Extraído del libro: “AYVU RAPYTA” textos míticos de los mbya-guarani del Guairá. Compilados por León Cadogan en la primera mitad del siglo XX. Publicados por primera vez en Asunción, 1959. (contribución de Oscar Rivas, Asunción, PY) .

 

 

Prefacio: La invasión del “Nuevo Mundo”

 

INTRODUCCIÓN

Para comenzar: qué es genocidio?

Abrangencia de la publicación

 

ANTECEDENTES

Europa inicia sus conquistas de ultramar

En el periodo medieval

El gran viraje

Portugal y españa cercanos al océano atlántico

Un nuevo actor entra en la escena

 

PRIMEIRA PARTE

EN LAS ISLAS DEL MAR CARIBE: EMPIEZA EL GENOCIDIO

Introducción

1. Al encuentro del ‘Paraíso’: Primer viaje de Colón.

2. Segundo viaje de Colón al ‘Nuevo Mundo’

3. El Paraíso se vuelve infierno: empieza el genocidio

4. La exploración de otras Islas del Caribe

5. Resistencia de los Taínos

6. Sobrevivencia cero

 

SEGUNDA PARTE

MÉXICO:EL GENOCIDIO LLEGA AL CONTINENTE

Introducción

1. Civilizaciones precolombinas

2. Genocidio en México

3. Resistencia Indígena

4. Sobrevivencia

5. Organización

 

TERCEIRA PARTE

ANDES CENTRALES:DEL IMPERIO DEL SOL A UN LUGAR AL SOL

Introducción

1. Civilizaciones preincaicas

2. El Imperio de los Incas: apogeo y decadencia

3. El nuevo objetivo del dominio español

4. Colapso demográfico de los pueblos originarios

5. Sobrevivencia

6. Una iniciativa impar: El Estado plurinacional de Bolivia

 

QUARTA PARTE

BRASIL:UN GENOCIDIO INACABADO

Introducción

1. Brasil entra en el mapa del ‘Nuevo Mundo’

2. El exterminio empieza y se expande

3. Declinación de la población indígena

4. Resistencia de los Pueblos Originarios

5. Sobrevivencia (demográfica, territorial, cultural)

 

QUINTA PARTE

ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA DEL NORTE:EL ESTADO COMANDA EL HOLOCAUSTO

Introducción

1. ¿Qué pasó?

2. Expansión Blanca y Declinación Poblacional Indígena

3. Resistencia de los Pueblos Originarios

4. Sobrevivencia (demográfica, territorial, cultural)

 

RESISTIR ES SOBREVIVIR

ABYA YALA!:ARTICULACIÓN CONTINENTAL DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE LAS AMÉRICAS EN FORMACIÓN

Resistir y sobrevivir es reinventar

La profecía del águila y el condor

Las cumbres continentales de Abya Yala

Encuentros de líderes espirituales de Abya Ayla

Maratones continentales: las jornadas de paz y dignidad

La participación de Abya Yala en inciativas globales

Finalizando para…recomenzar

 

El mapa no es el território

 

REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Lecturas complementares

 

SOBRE OS AUTORES

Prefacio

La invasión del “Nuevo Mundo”

 

El ciclo de “descubrimientos” o de expansión del naciente capitalismo, todavía no ha sido descifrado por la historiografía. Ese momento abrió las puertas para que la vieja Europa se apoderara del resto del mundo todavía incógnito para ella, con todas las consecuencias de ese fantástico movimiento de transmigración de pueblos por el planeta. Intentamos reconstruir el camino de destrucción que esos días de conquista y dominación dejaron tras de sí, pero sabemos que una de las tácticas de dominación es precisamente borrar el rastro y desaparecer con las violentas marcas dejadas en el proceso.

Eduardo Galeano, en Las venas abiertas de América Latina, logró el registro más completo del paso de las banderas de España y Portugal por las Américas, como auténticos “caballeros del apocalipsis”. El libro clásico de Galeano sigue siendo el material más fiel sobre el genocidio de los nativos americanos, que comenzó en las islas del Caribe con Cristóbal Colón, seguido por Cortés en la actual región de Centroamérica y luego por la invasión de la gran región del Tawantinsuyo por Pizzarro, extendiéndose por nuestro continente amerindio.

Siguiendo la misma ruta del hambre de riquezas, los portugueses llegaron a América del Sur, atacando a hierro y fuego los pueblos Guaraní y Tupinambá de toda la costa brasilera, destruyendo miles de aldeas y cubriendo las playas de cadáveres en represalia por las luchas de resistencia nativa en las llamadas guerras indígenas… Un eufemismo para ocultar las masacres deliberadas que gobernadores de la colonia lanzaban sobre naciones indígenas que desconocían el poder de la corona portuguesa.

Codicia y venganza fueron el motor de estas guerras de destrucción movidas contra las naciones indígenas, principalmente en Rio de Janeiro, Espírito Santo y Bahía durante el primer siglo de la invasión, hasta el final del siglo 16, cuando ya habían implantado el gobierno colonial. Aldeas totalmente destruidas, miles de muertos y tierras conquistadas para el Rey, este fue el saldo del celebrado “descubrimiento” de Brasil, que hasta hoy vemos ilustrando obras de divulgación en las escuelas y bibliotecas por todo el país.

Una tarea urgente es la producción de literatura que cuente la historia en la visión de los vencidos, como están haciendo nuevos historiadores e historiadoras, como también escritores y escritoras indígenas. Tenemos derecho a la memoria. Y nuevas narrativas vendrán para iluminar ese tiempo de oscuridad que el colonialismo implantó entre nosotros.

La matanza de naciones originarias significó el borrado de las memorias, la negación de la historia profunda de millones de seres humanos, todavía al margen de lo que se constituiría en la comunidad humana que los siglos venideros consagrarían como la civilización occidental, una monstruosa configuración de pueblos conmocionados por las guerras de conquista y dominación de nuevos continentes, no solamente del continente americano, sino también la inmensa destrucción de las naciones africanas, removiendo un continente entero.

Habitamos un mundo agitado por la búsqueda de nuevas riquezas sin límites, mundo plástico que puede extenderse de las Américas hasta las islas del Pacífico. Todos fuimos envueltos en esa tragedia civilizatoria que, principalmente a partir del siglo 19, fábrica de guerras de conquista y dominación sobre una parte del mundo para seguir garantizando la posesión del planeta Tierra para las naciones centrales. Las corporaciones hacen ahora el servicio que, en el pasado, fue de los reyes católicos en el siglo 15, con la bendición de Roma, dando posesión de las tierras invadidas y naciones subyugadas al capital naciente, este monstruo indomable, que ni aún las centenas de vidas humanas pudieron aplacar hasta ahora.

Las venas siguen abiertas y este gran inventario de las matanzas que es esta obra AbyaYala, de Moema Viezzer y Marcelo Grondin, resultado de la colaboración de investigadores de diferentes épocas y regiones del mundo, toma la historia de ese Genocidio como la dura lección que tenemos que pasar a nuestros hijos y nietos, para que pasen a sus descendientes como un legado de la civilización para el mundo globalizado.

Es imprescindible evitar el olvido, pues la repetición de esta tragedia innombrable sobrevuela nuestras cabezas como inminente Caída del Cielo, anunciada por un sabio de la nación Yanomami, Davi Kopenawa Yanomami, que relata las visiones de los chamanes de su pueblo sobre la carrera que la humanidad viene haciendo en dirección a su final.

Una cartografía de la muerte con su rastro de destrucción no llega a ser una invitación a la lectura, aún para quien ama la lectura y tiene interés por la historia. Así, yo convoco a aquellos que tienen estómago fuerte y corazón abierto para conocer y entender las luchas de resistencia de las naciones originarias de este continente, a sumergirse en esta obra que nos revela de qué materia es hecha la “civilización” a que imaginamos pertenecer: una humanidad hecha de exclusión.

Desde su primera expansión, cuando apelaba a la búsqueda de “nuevos mundos”, la “civilización europea” ya afilaba las espadas para la dominación y el asalto. Así, con una mano hacían la señal de la cruz y con la otra bajaban el hierro sobre las cabezas de las naciones que vivían el sueño de un mundo en que caben todos: los humanos en comunión con todos los seres no humanos. Reverenciando a la Madre Tierra como fuente de todos los invisibles seres del tejido de la vida, constituían naciones de gentes y seres–humanos y no humanos–, antes de la idea del antropocentrismo enfermizo introducido por el pensamiento racionalista que pasó a dominar las mentalidades.

Actualmente, la idea de la superioridad humana en relación con la Tierra Madre nos está nivelando a todos–tanto pueblos dominados como dominadores– como socios del continuado genocidio, ahora transformado en una verdadera era del Antropocentrismo. En este planeta amenazado por la presencia ruidosa de una humanidad que asola la vida en todos los términos, más allá del genocidio, estamos viviendo un ecocidio, cuando hacemos desaparecer ecosistemas enteros, poniendo en riesgo la sobrevivencia de todos nosotros que nos acostumbramos a pensar solamente como humanidad. Que este grandioso libro, reuniendo las narrativas de las guerras de destrucción del mundo amerindio, pueda despertar en todos nosotros el coraje necesario para gritar: ¡BASTA!

Quiero recordar que, aún en el embate de las conquistas de estas tierras amerindias, un guerrero de la paz llamado Seattle, del pueblo nativo Suquamish en el norte de nuestro continente, en el año de 1853 dejó sus palabras de amor y devoción a la Madre Tierra cuando respondió al emisario del gobierno de los Estados Unidos, el Gobernador Isaac Stewens:

 

“El gran jefe de Washington dice que quiere comprar nuestra tierra. Esa idea es extraña para nosotros. ¿Cómo es posible comprar o vender el cielo y el calor de la tierra? Si el aire fresco y el brillo de las aguas no nos pertenecen ¿cómo podemos venderlos? (…) Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo. La rama del pino, los granos de arena al borde del mar, la niebla en la floresta oscura, la luciérnaga y el picaflor, todos pertenecen a la historia y a las tradiciones de mi pueblo. (…) El hombre blanco no comprende nuestro modo de vivir. Una porción de tierra, para él, es como otra cualquiera. La tierra no es su hermana, ni su amiga. Después de agotarla, la abandona, dejando atrás la tumba de sus antepasados y los sueños de sus hijos…”

 

Cité tan sólo una pequeña parte de uno de los textos más contundentes sobre la desigual visión que el hombre occidental tiene de esta tierra, en las palabras de un nativo americano: la Carta del Gran Jefe Seattle, inspiradora del primero movimiento ecológico del mundocontemporáneo…

Con la esperanza de que siga operando el milagro de alcanzar el corazón de las nuevas y futuras generaciones y contribuya para hacer florecer un tiempo de paz y respeto por la vida en todos los sentidos.

 

Ailton Krenak

Indígena, ambientalista, profesor y escritor.

INTRODUCCIÓN

 

Hace algunos años, por pura coincidencia, llegó a nuestras manos un documento que afirmaba que la invasión europea del continente de las Américas desde 1492 había iniciado un genocidio que habría eliminado entre el 90 y el 95% de los pueblos de las Américas.

Como las personas que conocíamos, nosotros también estábamos completamente desinformados sobre el alcance de esta tragedia, aunque hubiésemos vivido y trabajado en varios países del continente americano.

Al constatar nuestra ignorancia sobre una noticia tan asombrosa, y movidos por nuestras historias de vida al servicio de las poblaciones más necesitadas en diversos lugares, hemos decidido iniciar una investigación con la intención de divulgar este hecho.

En nuestras búsquedas, tuvimos la oportunidad de encontrar muchas publicaciones de antropólogos (as) e historiadores (as) de varias partes del continente, que habían estudiado y comprobado científicamente la dimensión del genocidio. Y no resistimos al impulso de unir nuestros esfuerzos a los de tantos investigadores e investigadoras.

Así iniciamos este trabajo que ahora publicamos con la finalidad principal de informar a un público amplio pues, efectivamente ¿cuántas personas hoy saben que el más grande genocidio de la historia humana ha ocurrido con los pueblos originarios de las Américas? ¿Qué ha sucedido?

Las páginas que siguen trazan un breve panorama de este genocidio y de la lucha de esos pueblos por su sobrevivencia, pues es importante recordar que no se trata tan sólo de algo que sucedió en el pasado. En los días actuales muchos pueblos indígenas tienen sus derechos ignorados y sufren un apartheid, despojados de sus territorios y bienes, en un genocidio que aún no termina y los obliga a luchar fuertemente por sobrevivir. Esperamos que esta nueva iniciativa pueda contribuir

para conocer... para no repetir... para respetar... para convivir.

 

PERO, PARA COMENZAR ¿QUÉ ES GENOCIDIO?

La Asamblea de las Naciones Unidas del 09.12.1948 aprobó la Convención para la prevención y sanción del crimen de genocidio, que fue así especificado:

 

“Genocidio es cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, totalmente o en parte, a un grupo nacional, étnico o religioso a través de:

• matanza de miembros del grupo;

• lesión grave a la integridad de la salud física o mental del grupo;

• sujeción intencional del grupo a condiciones de vida tendiendo a acarrear su destrucción física, total o en parte;

• imposición de medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;

• traslado forzado de niños del grupo a otro grupo”.

 

Durante el siglo XX, han ocurrido grandes genocidios en el mundo. Entre ellos:

• de los armenios (1915): un millón y medio de muertos;

• de los ucranianos (1932-1933): dos millones de muertos;

• de los judíos en Alemania (1939-1945): seis millones de muertos;

• de las minorías en Camboya (1975-1979): dos millones de muertos;

• de los tutsis en Ruanda (1994): ochocientos mil muertos;

• de las minorías em Kosovo (1997-1999): cien mil muertos.

 

Sin embargo, ninguno de esos alcanzó la magnitud del genocidio de los pueblos originarios de las Américas, ocurrido a partir de 1492 e iniciado en las islas del Caribe. Este fenómeno ya fue estudiado y analizado por muchos historiadores, antropólogos y politólogos que lo clasificaron como el mayor holocausto de todos los tiempos en número de víctimas...

John Collier, investigador indigenista estadounidense, recuerda que “...cuando los conquistadores extranjeros aparecieron en el horizonte en 1492, los indios de las Américas sumaban no menos que 70 millones, o quizás más” (apud GALEANO, 2019, p. 62). En la misma época, la población de toda Europa era de 57 a 70 millones de habitantes; España y Portugal juntos no ultrapasaban los 10 millones de personas.

David Stannard (1992) afirma que “La destrucción de los indios de las Américas fue, de lejos, el mayor acto masivo de genocidio en la historia del mundo”. Ese mismo autor dice que, a partir de los estudios de demógrafos e historiadores considerados ‘moderados’, “el 90% de las poblaciones originarias desapareció” en los procesos de colonización europea de las Américas (Prólogo, p.10-11).

El español Bartolomé de Las Casas(1474-1566), testigo ocular del inicio de la colonización española, en su obra Historia de las Indias, publicada en tres tomos, en un total de 1.500 páginas (ed. 1951), no se cansa de recordar los horrores del genocidio ocasionado por matanzas masivas de las poblaciones nativas y por el trabajo esclavo que se les imponía.

Infelizmente, en los días actuales, “la principal pregunta que queda no es:¿eso puede suceder nuevamente?, sino ¿puede detenerse ese proceso? (Stannard, 1992, p.13).

En otras palabras: más allá de una reflexión sobre el pasado, conocer esos hechos y reflexionar sobre ellos nos remite a situaciones inadmisibles que, de formas diferentes, todavía se repiten hoy día, de norte a sur de las Américas.

 

ALCANCE DE ESTA PUBLICACIÓN

El genocidio masivo de los pueblos indígenas en las Américas tuvo su origen en el inicio de las navegaciones ultramarinas emprendidas por europeos en el siglo XVI. Este hecho histórico de gran importancia para la humanidad fue, a la vez, un acontecimiento de devastador efecto sobre los pueblos originarios que poblaban este continente, debido a la ambición de los conquistadores en la búsqueda desenfrenada de riquezas y poder territorial.

Dado el alcance de este acontecimiento y las condiciones de este trabajo, la división territorial escogida no es la de los pueblos originarios; es la que hizo parte de los “aciertos” de los conquistadores, a partir de tratados y de guerras de conquista de esta inmensa región. El pueblo Guarani, por ejemplo, desconociendo las fronteras actuales, transitaba - y todavía transita como parte de su resistencia y sobrevivencia–, desde el litoral del Atlántico en Brasil hasta la precordillerana en Bolivia, pasando por Argentina y Paraguay, como demuestra el Mapa Guaraní Continental (2016). Lo mismo se puede decir de otros pueblos, como los Yanomani que viven en territorios amazónicos hoy pertenecientes a Brasil y a Venezuela. Como esos pueblos, varios más podrían ser citados con relación a los territorios que habitaban.

Esta publicación se limita a cinco regiones específicas:

• Caribe, México, Andes Centrales–colonizados por España

• Brasil–colonizado por Portugal

• Estados Unidos de América del Norte–colonizado por Inglaterra

 

NÚMERO DE MUERTOS POR LOS CONQUISTADORES

 

Todos los países que hoy componen las Américas, de norte a sur y de este a oeste, incluyendo las islas del Mar Caribe (donde el exterminio fue casi total), fueron escenario del genocidio que diezmó a los pueblos originarios que aquí habitaban en una organización territorial muy distinta de la que hoy conocemos, pues estas obedecen a nuevas geopolíticas inauguradas y varias veces reformateadas desde la llegada de los conquistadores.

Canadá tenía, em 1492, más de 2.000.000 de indígenas; em 1913 eran 120.000 (Thornton, p.42). América Central (Guatemala, Honduras, Belice, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Panamá) tenía en la misma época, entre 5.650.000 y 13.000.000, siendo que el 90% fue exterminado (Stannard, prólogo X y pg. 39). Varios autores consideran que más de un millón de nativos fueron muertos en cada uno de los países que hoy corresponden a Argentina, Chile, Colombia, Paraguay. El mismo fenómeno ocurrió en las varias Antillas menores (Bahamas, Barbados, Bermudas, Curazao, Granada, Guadalupe, Monserrat, Santa Lucia, San Vicente, Martinica, Saint Pierre et Miquelon, Trinidad-Tobago, Islas Vírgenes). Todos estos países, sin excepción, conocieron el genocidio provocado principalmente por expulsión de los nativos de sus tierras, trabajo forzado, mestizaje inducido, guerras y principalmente enfermedades epidémicas.

Con fundamento en varias fuentes utilizadas en la elaboración del presente texto, es posible agregar a las estadísticas de las cinco regiones estudiadas (Caribe, México, Andes Centrales, Brasil, Estados Unidos), un mínimo de 10 a 12 millones de víctimas más.

 

Llegamos así, a la constatación de que el mayor genocidio de la historia humana con más de 70 millones de víctimas se dio en el actual territorio de las Américas.

 

Esta publicación no es una investigación arqueológica o demográfica sobre el tema aquí abordado. Es una modesta contribución a la causa indígena, preparada pensando en amplia divulgación para el público en general y, particularmente, para líderes sociales y políticos, educadores y educadoras e instituciones de apoyo a la resistencia y sobrevivencia de los pueblos originarios del continente de las Américas.

Cada capítulo del libro sigue el mismo esquema:

• Introducción;

• Datos sobre los pueblos originarios antes de la conquista europea;

• Genocidio: sus formas y consecuencias;

• Resistencia indígena;

• Sobrevivencia en la actualidad.

 

Romper con el pasado de dominación/opresión para aprender a convivir entre seres humanos, respetando y cultivando la diversidad… esta es la cuestión. Pero, si se quiere actuar, primero es necesario conocer, como demuestran los dos testimonios que siguen.

El primero es de la estadounidense Natalie Portman, judía, actriz cinematográfica conocida internacionalmente:

 

“No hay dudas sobre la importancia de recordar y respetar el Holocausto Judaico. Pero nosotros, judíos, no podemos situarnos como las únicas víctimas de holocausto. Precisamos sentir empatía por las otras comunidades que también sufrieron del mismo mal. Percibí mi ignorancia sobre las tragedias de otros pueblos cuando viajé a Ruanda, en África. Al visitar un museo local, me impresionó la historia de aquel país, principalmente el genocidio de 1984. Y me pregunto: ¿por qué no aprendemos esto en la escuela?” (Revista Isto É, 3/6/2015).

 

El testimonio que sigue es de Nailton Pataxó, jefe indígena brasilero, al relatar su visita a um campo de concentración nazi de Alemania en 2000:

 

“Cuando ustedes dicen que fueron muertos aproximadamente seis millones de personas en los campos de concentración, de los cuales se sabe, en gran parte, el nombre y el día de la muerte, nosotros indígenas (de Brasil) recordamos los millones de hermanos y parientes nuestros que han sido exterminados sin que se tenga ninguna información sobre esas masacres. Fue un exterminio silencioso y que sigue hasta hoy”.

 

La redacción de este libro se completó en 2017. Sin embargo, en todo el continente, y particularmente en Brasil, el genocidio de los Pueblos Originarios continua. Pero sigue también la resistencia para su sobrevivencia y posibilidad de Buen-Vivir: un asunto para todas y todos, particularmente conectado con el futuro de la humanidad y de la vida en el planeta.

ANTECEDENTES

EUROPA INICIA SUS CONQUISTAS DE ULTRAMAR

 

Hasta el siglo XVI, más precisamente hasta la fecha en que Colón llegó a América, en 1492, Europa nunca había sido el centro de la historia. En aquel momento, como recuerda Enrique Dussel (1992), Europa era “la periferia” del mundo musulmán. No sin motivo, invertía tanto para buscar en el Oriente las “especias” que entonces consideraba como bienes preciosos, además de beneficiarse de conocimientos milenarios de los cuales Oriente tenía fama.

Constantinopla, hoy Estambul, en la Edad Media era una ciudad de importancia sin igual. Capital del Imperio Romano desde el año 330, con el pasar del tiempo creció y se volvió capital del Imperio Bizantino, cuando se diò la división entre la iglesia latina y la bizantina. Además de ser capital de la cristiandad, se volvió también la más grande y más rica ciudad de Europa durante casi dos siglos. El Estrecho del Bósforo, que pertenecía a Constantinopla, era el lugar de paso marítimo y la mayor plaza de mercado entre los dos continentes–Europa y Asia– haciendo de la ciudad una especie de “portal del Oriente”, cuando se trataba de llegar a los puertos del Mar Negro.

EN EL PERIODO MEDIEVAL

Los mercaderes italianos eran los que mantenían intenso intercambio comercial con Asia, más precisamente con las ‘Indias’, entonces el centro de las atenciones del mundo europeo y el gran objetivo de su mercado externo.

‘Indias’ era una denominación común para China, Indonesia, India, Malasia y otros países del oriente. ‘Indias’ era también el gran objetivo del mercado externo europeo en el periodo medieval, con mercaderes cristianos europeos que mantenían intenso intercambio comercial con mercaderes del Oriente.

De las Indias venía lo que era considerado sofisticado y exótico en Europa. Oro y plata tenían prioridad, por ser metales preciosos. También venían piedras preciosas como rubíes, esmeraldas y otras. Pero sobre todo cargaban las ‘‘especias’ usadas por la nobleza, como tintas, perfumes, inciensos, cosméticos, ungüentos, drogas, condimentos.

De Europa a las Indias, los negocios incluían: transacciones de alimentos (cereales, sal, pescado, aceite, vino, queso); materias-primas (cobre, estaño, plomo) y productos manufacturados (textiles, armas y armaduras).

Los mercaderes viajaban por tierra y por mar. Marco Polo, navegador de Venecia (1254-1324), al describir su experiencia en el libro Viajes, ilustró bien las andanzas, peripecias y negocios de los mercaderes. Cuenta, entre otras cosas, como las mercancías que llegaban a las Indias pasaban casi exclusivamente a manos de mercaderes árabes. Estos, a su vez, cruzaban el Océano Índico llevando sus cargas del Oriente a los puertos de Persia, y al llegar a los puertos del Mediterráneo, fondeaban en Constantinopla y en los puertos del Mar Negro, de donde los productos eran vendidos a toda Europa.

 

EL GRAN VIRAJE

El 18 de agosto de 1453, las tropas del Imperio Otomano (de los musulmanes) tomaron Constantinopla. Fue un acontecimiento que causó gran conmoción en occidente. El comercio entre la Europa cristiana y Asia declinó abruptamente.

El impacto en la economía y la vida cotidiana de los habitantes de Europa fue considerable. Los otomanos elevaron de forma exorbitante los impuestos sobre las mercancías, tanto para las que eran llevadas por europeos hacia las Indias, como para las que venían del Oriente hacia Europa, sobre todo las especias. Los mercaderes cristianos difícilmente lograban pasaje –por tierra o por mar– hacia los puertos y rutas terrestres que llevaban a los lugares del Oriente. ¿Cómo lograr las especias y artículos de lujo y llevar desde occidente a las Indias los artículos que les interesaban?

Fue en este escenario que Portugal y España entraron en escena. Eran dos potencias europeas interesadas en mantener el comercio con el Oriente y precisaban encontrar un camino alternativo. Los dos países eran costeños y ese fue el factor decisivo en esa búsqueda.

 

PORTUGAL Y ESPAÑA CERCANOS AL OCÉANO ATLÁNTICO

La única solución era abrir otra ruta marítima para las ‘Indias’. Dos alternativas se presentaban: por el Este, contornando el continente africano, o por el Oeste, cruzando el océano Atlántico.

Por el Este, vía África,Portugal era favorecido. Desde el siglo XII mantenía comercio con el litoral oeste del continente africano. Como un hecho grandioso, en 1434 los portugueses habían doblado el Cabo Bojador y luego habían alcanzado el Golfo de Guinea. Además, un tratado titulado Aeterni Regis, firmado entre la Corona de Portugal y los Reyes Católicos de España en 1479, reconocía la ruta marítima del oeste de África como monopolio portugués exclusivo por tiempo indefinido.

Sin embargo, en 1488, España se estremeció con la noticia de que Portugal ya había abierto una ruta marítima hacia las Indias, cuando el navegador portugués Bartolomeu Dias dobló en el sur de África, el llamado Cabo de las Tormentas, renombrado como Cabo de la Buena Esperanza. Faltaba poco para llegar a Calcuta, India. Si Portugal lograse llegar ahí por Atlántico, no era una posibilidad para España imaginar esa ruta. Ningún navegante había hecho ese trayecto. Lo que se conocía del Atlántico eran solamente las Islas Canarias y las Azores, que quedaban a una distancia aproximada de sólo 1.000 km del continente europeo. Además, se creía en esa época que la tierra era plana y corría una leyenda de que el océano Atlántico terminaba en una enorme catarata capaz de tragar a las naves. ¿Quién se arriesgaría?

Los reyes de España sentían un profundo disgusto por haber sido superados por Portugal. Además, en 1491, España terminó una guerra de siglos contra los otomanos al apropiarse de Granada, reconquistando así todo su territorio. Sin embargo, el precio de esa conquista fuera muy alto: el tesoro de la corona quedó vacío. El mercado con las Indias hacía falta. España precisaba encontrar una solución.

En el mercantilismo europeo de aquel momento, estaba en vigor la teoría y la práctica del “metalismo”: el monto de oro y plata era lo que definía si una nación era rica y poderosa. Los gobernantes hacían de todo para acumular esos metales a través del comercio exterior, que traía monedas para la economía interna del país. Para España era entonces prioritario y urgente lograr oro y plata como condición de garantizar su propia administración y comercializar con los demás países europeos.

 

UN NUEVO ACTOR ENTRA A LA ESCENA

En ese contexto, Cristóbal Colón, marinero italiano, natural de Génova, navegante experimentado y con mucho estudio, se dirige a los Reyes de España y les ofrece abrir una ruta por el Oeste, atravesando el Atlántico, que él había conocido en varios viajes con marineros portugueses cuando vivía en Lisboa (1476-1485). Esos viajes lo llevaron a conocer las Islas Canarias, las Azores y el Oeste de África. Colón había notado en la basura marítima, troncos de árboles y cadáveres de animales desconocidos en Europa que habían sido arrastrados por el mar…. Lo que le parecía suficiente para suponer la existencia de otro continente.

Colón era seguidor de Toscanelli, médico, geógrafo y matemático italiano que fundamentaba sus estudios en las teorías de que la Tierra era esférica, no plana, como todavía se creía. Como consecuencia, era posible llegar a las Indias cruzando el océano por el Oeste.

Con un proyecto basado en esto, Colón se dirigió a los reyes de España que, naturalmente, tuvieron dificultad en creerle. Pero, después de varias idas y venidas, el navegante genovés finalmente logró su aprobación con el apoyo de la Reina Isabel de Castilla. A cambio de esa hazaña, Cristóbal Colón recibió los títulos de Almirante de la flota y de Virrey de las tierras que fuesen conquistadas, y más el 10% de todas las riquezas resultantes de la empresa.

Y fue en este contexto histórico que España empezó a explotar, para su propio enriquecimiento, toneladas de oro arrancadas de las sociedades originarias de las Américas.

Más: a partir de una competencia mercantil, se abrió un nuevo capítulo de la historia que marcaría los siglos siguientes, llevando a Europa a sentirse el “centro del mundo” y a tratar los territorios y pueblos que iría a encontrar como “su periferia”.

Mientras tanto, en el que hoy conocemos como Américas –que Europa bautizaría de ‘Nuevo Mundo’– millones de habitantes vivían desde hacía milenios, repartidos en miles de pueblos con realidades sociales diversificadas, yendo de poblaciones nómades y agrícolas a grandes reinos. Pero no tenían contacto con el Oriente ni con Europa. Y viceversa.

 

(La forma en que aquí son presentados los mapas, ‘al contrario’, reflejan totalmente la intención de los autores de que la historia sea mirada desde otro ángulo. Y es una invitación para ampliar nuestra visión de mundo. Una explicación más detallada sobre este asunto se encuentra en la página XXXXX… en el texto: “El Mapa no es el Territorio“.(Nota de la editora).

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

El proyecto de Cristóbal Colón era, ante todo, la propuesta de una gran aventura “por mares nunca antes navegados”.

Feliz con el despacho de los reyes y con los favores recibidos, Colón partió de Granada y fue directamente al puerto de Palos de la Frontera, donde tenía amigos. Entre esos, los tres hermanos Pinzón: Martín Alonso, Vicente Yañez y Francisco Martín que, además de pertenecer a una familia rica, eran marineros de prestigio. Con su apoyo, Colón logró fletar tres carabelas para navegar por el periodo de un año y las bautizó Santa María, Pinta y Niña.

Consiguió también 87 tripulantes, entre los que estaban los hermanos Pinzón, cada uno embarcado en una carabela. Eso era muy importante para el Almirante, principalmente para el caso de haber problemas, una vez que él era italiano y la flota era española.

 

1. AL ENCUENTRO DEL ‘PARAÍSO’

Primer viaje de Colón.

El 03 de agosto de 1492 Colón salió del puerto de Palos de la Frontera. ¿Su meta? Llegar a las Indias por un nuevo camino, aún no experimentado, arriesgado y lleno de temores, debido a las leyendas que había sobre eso.

El Almirante inició su viaje dirigiéndose a las Canarias, entonces propiedad española, donde aportó para reabastecer y hacer la revisión de los barcos. Pero… de entrada tuvo el primer susto: supo que el rey de Portugal había ordenado su prisión juntamente con las naves españolas, caso pasaran por las islas portuguesas de Madeira, Porto Santo y Azores, que constaban en su itinerario.

Entonces Colón tuvo que navegar lejos de esas islas, modificando su ruta inicial, dirigiéndose de inmediato al alto mar. Se seguían las noches y días sin ninguna señal de vida terrestre. Como eso se prolongase por semanas, el miedo empezó a alterar el ánimo de los tripulantes, que pasaron a dudar de Colón y su capacidad de encontrar tierra. Conforme relata Bartolomé de las Casas, los marineros

 

“...al constatar un viaje tan largo sin ver ninguna tierra, murmuraban y gritaban maldiciones a Cristóbal Colón, injuriándolo y amenazándolo. Colón intentaba consolarlos con buenas palabras, con gran modestia y paciencia (…) Vientos contrarios y vendavales hacían que la tripulación temiera no poder retornar a España y morir tragados por el océano. Cuanto más aparecían hierbas y aves cerca de las carabelas, más crecía la impaciencia e inconstancia de los tripulantes y más se indignaban contra Colón. Decían que era locura ser homicidas de sí mismos aventurando sus vidas para seguir la locura de un hombre extranjero (...) Algunos llegaron a decir que lo mejor que harían sería echara Colón al mar y publicar que él había caído… que, por ser extranjero, nadie pediría explicaciones; al contrario, muchos afirmarían que Dios le había dado el castigo merecido por su atrevimiento. (1951, I, p.186-187).5

 

Cansancio, hambre y dudas de los marineros se sumaban, resultando en varios inicios de rebelión. Este estado de ánimo siguió aun cuando empezaron a ver algunas hierbas y luego algunas aves cerca de las tres carabelas. En verdad, los tripulantes temían no llegar vivos a algún lugar donde atracar. El miedo causado por la leyenda de las tales “cataratas” del fin del mundo volvía sin parar. ¿Retornar a España? Tampoco parecía la solución, pues creían que no habría tiempo para llegar sin sucumbir a las dificultades. Tres meses duró esa travesía nada fácil.

Sin embargo, cuando todos los cálculos y previsiones de Colón parecían haberse agotado... se oyó de la carabela Pinta el famoso grito: “Tierra a la vista!”. Era la madrugada del día 12 de octubre de 1492.

¿Habrían llegado a las Indias? Era lo que pensaba Cristóbal Colón. En realidad, estaban en aguas del Mar Caribe. El lugar avistado era la isla de Guanahani, situada en el actual territorio perteneciente a las Bahamas.

Al desembarcar de las carabelas, los españoles vieron un grupo de nativos que se aproximaban. En el momento en que puso los pies en tierra, Colón tomó posesión en nombre del rey de España, se arrodilló y agradeció efusivamente a Dios por la travesía. Lo mismo hicieron todos los de su séquito, ahora en paz y muy felices.

 

Quisqueia

Luego Colón siguió su viaje de exploración con las tres carabelas, llegando a la isla de Quisqueia, “Madre Tierra” en el idioma taíno. En su diario, llega a comparar la isla al “paraíso”, cuando describe su admiración por la belleza de la tierra encontrada y la riqueza de su naturaleza. También resalta la recepción calurosa que los habitantes de la isla dieron a los blancos europeos que llegaban sin haber sido esperados. Bartolomé de las Casas relata el espanto y el encanto inicial de ambos lados:

 

“Los indios que estaban presentes en gran número, estaban atónitos mirando a los cristianos, espantados con su barba, la blancura de la piel y sus vestimentas. Llegaban cerca de los hombres barbudos, particularmente del Almirante debido a la eminencia y autoridad de su persona y tocaban con las manos sus barbas maravillándose de ellas, porque ningún de ellos tiene; y también tocaban las manos y las caras pareciendo comentar su blancura. Tanto el Almirante como los demás quedaron maravillados por la simplicidad y confianza de gente que nunca habían conocido”. (1951, I, p.202).

 

Sobre los nativos, Colombo dejó apuntadas estas primeras observaciones:

 

“...Andan todos desnudos como sus madres los parieron… bien formados, de cuerpos hermosos y buenas caras, cabellos gruesos (...). Algunos pintan de blanco, otros de color, otros de negro...las caras, los ojos, la nariz (…) Creo que ellos pueden muy fácilmente ser cristianos, porque parecen no tener ninguna religión”. (LAS CASAS,1951, I, p.202).

 

Quisqueia era un territorio más grande que la primera isla encontrada y corresponde a los actuales territorios de Haití y República Dominicana. De acuerdo con historiadores, entre esos Bethel (1992, p.130), Quisqueia tenía una población de aproximadamente 1.000.000 (un millón) de habitantes. Era una sociedad agraria que producía maíz, frijol, zapallo, yuca, algodón, maní, papa, piña, tabaco, pimienta, cacao, ñame y algodón, según relata Colón en su diario.

Para fines de administración, la isla se dividía en cinco territorios independientes llamados cacicazgos: Marién, Maguana, Maguá, Jaragua, Higuey. Cada territorio era gobernado por un cacique-rey que tenía autonomía sobre su reino. Al llegar Colón, los cinco territorios eran gobernados por: Cayacoa en Higuey, Guarionex en Maguá, Caonabo en Maguana, Guacanagari en Marién y Bohechio en Jaragua. El cacique-rey era ayudado por varios otros caciques y cada reino tenía aproximadamente 200.000 (doscientos mil) habitantes, y las villas, organizadas con casas comunitarias, tenían hasta 3.000 (tres mil) habitantes.

 

“El rey Guacanagari, uno de los cinco grandes de Quisqueia, del reino de Marién donde Colón desembarcara, envió un embajador para rogar al Almirante que fuese a su casa para verlo. (...) El Almirante contestó que aceptaba con gusto” (LAS CASAS, 1951, I, p.271).

 

Al día siguiente fue a visitar Guacanagari.

 

“El rey salió para recibirlo. Llegando al poblado, Colón vio que era la mayor y más organizada de las calles y casas que hasta entonces había visto. Reunidos en la plaza, que habían barrido muy bien, estaban más de 2.000 hombres e infinitas mujeres y niños. El Rey le prestó muchos homenajes al Almirante e los otros españoles…” (De Las Casas, 1951, I, p.273-274) y le entregó varios regalos en oro.

 

“El otro día, andando por tierra, el Almirante encontró a los cinco reyes de Quisqueia, vasallos de Guacanagari, cada uno con su corona de oro en la cabeza, mostrando gran autoridad. Abrazando al Almirante, el rey lo llevó a su aposento y, sacando su corona de oro de la cabeza, la puso en la cabeza del Almirante”.

 

Preguntando a los indios sobre las minas de oro, “Colón entendió que a cuatro jornadas de allí se encontraban algunas provincias donde había mucho oro” (LAS CASAS, 1951, I, p. 286-287).

 

La Navidad: marco inicial de la colonización

En la noche de Navidad de 1492, el marinero que dirigía la carabela Santa María se descuidó y la nave encalló en un banco de arena. El Almirante, firme en su determinación de quedarse en la isla, decidió construir una fortaleza con el material de la nave que ya no podría ser reutilizado para navegación. Y ordenó que su personal resolviese eso rápidamente.

Prontamente, el rey Guacanagari envió sus vasallos para ayudar y numerosos indígenas se juntaron a los españoles. Lo hicieron con tanta buena voluntad y tanta diligencia que en diez días la fortaleza estaba lista y muy bien acabada. Por estar cerca de las fiestas de Navidad, Colón le dio a la fortaleza el nombre de La Navidad.

Ese fue el marco inicial de la colonización española en el ‘Nuevo Mundo’.

 

Grandes cambios

Para los pueblos originarios, la primera llegada de los españoles a este viejo mundo habitado hacía miles de años, pero bautizado por ellos de ‘Nuevo Mundo’ trajo cambios que tendrían muchas consecuencias:

Las tierras de los habitantes de la isla fueron tomadas como posesión a nombre de los reyes de España, como sucedería después en todas las invasiones europeas;

• ‘Indios’ fue el vocablo adoptado para denominar a todos los habitantes.Colón creía haber llegado a las ‘Indias’. A partir de entonces, no sólo los Taínos de la isla, sino todas las poblaciones y naciones encontradas y a ser encontradas posteriormente, serían reducidas a este denominador común: indios;

• El nombre de la isla fue modificado.En lugar de seguir con su nombre originario, Quisqueia (“Madre Tierra”), pasó a ser denominada Hispaniola, por ser ya considerada propiedad de España;

• Las islas del Caribe, tanto las mayores (Jamaica, Cuba, Puerto Rico)

como las menores, fueron identificadas, por el mismo motivo, con el denominador común de ‘Indias Occidentales’ (hasta hoy West Indies).

 

Las consecuencias básicas de esa invasión fueron dos:

• España inició la creación de su imperio en las Américas. Al decretar que todas las tierras de los habitantes originarios ‘indios’ eran propiedad exclusiva de la Corona, España se dio a si misma poderes para explorar esas tierras a su gusto y distribuirlas a quien bien entendiese.

• La Corona Española decretó que, desde aquel momento en adelante, todos los habitantes de esas tierras serían sus ‘súbditos’.Así, los pueblos que habitaban esos territorios pasaron a no tener derechos, fuesen personales o colectivos.

 

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