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¿Tienes una idea maravillosa para un emprendimiento, pero no sabes por dónde comenzar? Sheila Saad, magíster en administración de empresas, oradora motivacional y creadora de @elclubdeemprendedoras con más de 220.000 seguidores en Instagram, te da las claves para que identifiques las mejores oportunidades, organices tus recursos y desarrolles un negocio sano y sostenible. Ya tienes ADN de emprendedora. Ahora muestra tu potencial, descubre tu propósito y cambia tu vida.
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Seitenzahl: 302
Veröffentlichungsjahr: 2023
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@editorialelateneo
Para mi amiga emprendedora, con la esperanza de que este libro te dé el poder para convertirte en la superheroína de tu propia historia. ¡Juntas somos superpoderosas!
Jay
¡Hola! Soy Sheila Saad y quiero agradecerte por estar aquí y ahora conmigo. Esto significa que eres consciente de que, en tu interior, hay un don especial que puede ayudarte a crear el negocio de tus sueños y, lo mejor de todo, que ya estás tomando acción.
El propósito de este libro es ayudarte en tu proceso de transformación para convertirte en tu mejor versión. Sé, por experiencia propia, que diseñar tu vida y vivir tus sueños es posible, y, en estas páginas, voy a transmitirte mi método para que puedas lograrlo, emprendiendo tu propio plan de vuelo. Al hacerlo, abrirás un camino que podrá ser guía para muchas otras mujeres e impactarás positivamente en la vida de miles de personas.
Disfrútalo ¡y buen viaje!
Todas las personas que crean en su potencial pueden ser exitosas. Si tienes una intención, un objetivo claro y estás dispuesta a transitar un proceso de autoconocimiento para encontrar tus fortalezas y recursos internos, puedes lograr todo lo que te propongas.
La inteligencia emocional será el camino que te lleve a alcanzar tus objetivos personales y profesionales de forma constante. A lo largo de esta lectura, verás que se trata más de disfrutar el viaje que de llegar al destino final, porque estoy convencida de que, aunque puedas lograrlo todo, siempre querrás más. ¡Siempre queremos más! ¿Ya te pusiste a pensar? Queremos amor, paz, libertad, éxito, felicidad… ¿Qué más?
Mi propia definición de “felicidad” es la de ser consciente de la realidad que te conforma. Es ese momento en donde te sientes bien, en equilibrio y con emociones positivas. Para tener cada vez más momentos felices y garantizar tu desarrollo, es decir, vivir una vida llena de oportunidades, debes hacerte responsable por todo lo que te pase. Al hacerlo, no solo te sentirás realizada y plena, sino que, además, estarás contribuyendo con el desarrollo de más personas, como lo estoy haciendo en este momento a partir de este libro. Tus resultados serán tuyos, pero tu impacto será tu legado.
Mi rol en este recorrido es acompañarte en ese descubrimiento de tu potencial. ¿Y por qué yo? Porque, transitando mi camino, descubrí mi superpoder y sé que puedo ayudarte a transformar tu vida de la misma manera que transformé la mía.
Tuve el privilegio de nacer en una familia emprendedora de la ciudad de La Plata, Argentina, en 1984. Soy la menor de cuatro hermanos, hija de un empresario y una psicóloga. Mi mamá, Mabel, me educó para ayudar. En casa, siempre hubo lugar para quien lo necesitase. Me enseñó la importancia de que nadie se sienta solo, y de ella heredé la pasión por lo humanístico y los vínculos interpersonales.
Mi padre, Eduardo, me legó su ADN emprendedor, y soy su copia fiel, ¡con sus defectos y virtudes! Papá no emprendía para cambiar el mundo, sino que era un comerciante serial. Él abría y cerraba negocios donde veía que había una oportunidad. Las propuestas le llegaban de todos lados por ser una persona honesta y responsable. ¡Hizo de todo menos tener un jefe! Empezó a trabajar a los 14 años; su espíritu de independencia y las ganas de generar sus propios recursos eran su motor. Siempre contaba que los lunes eran su día preferido porque podía ir a trabajar. ¿No es maravilloso?
A él jamás se le ocurrió que podría acceder a un trabajo en donde no fuera el que daba las órdenes. Y eso fue lo que nos inculcó. Hay gente que lo único que desea es un trabajo en relación de dependencia; los Saad no. Esto tiene que ver con la ambición de cada uno, y la de mi papá era crecer, viajar y tener calidad de vida. Nunca trabajó para otros porque, entre sus competencias personales, estaban claros el liderazgo, la toma de decisiones, la proactividad y la autonomía.
Me crie con ese ejemplo, con el amor y el cariño por el trabajo independiente. Crecí entre negocios, depósitos y cajas, y, cuando fui lo suficientemente responsable, también empecé a trabajar con él y mis hermanos. Aunque, siendo la menor, tardé un poco en ingresar a la empresa familiar: a mis 18, cuando terminé el colegio, quise estudiar en Buenos Aires. Así que comencé mis estudios universitarios en UADE (Universidad Argentina de la Empresa) en Diseño Textil e Indumentaria.
Toda la familia opinó sobre el asunto, y nos pareció que era una profesión que tenía sentido con mi vida porque teníamos locales de ropa y, además, siempre me gustó la moda. En aquel entonces, también soñaba con “salir” de La Plata e ir a vivir a las grandes capitales de la moda, como Nueva York o Milán. Pero fui tomando decisiones sin pensar demasiado en el futuro, y, con el tiempo, esos sueños se perdieron en la historia. Aunque, para ser sincera, nunca dejé de tener esa ilusión porque siempre soñé con “vivir en otro lado”. Y, de alguna forma, el universo se las arregló para hacerlo realidad…
Cuando me recibí, decidí abrir mi propia marca de ropa, JAY SACHER. Lo hice con el apoyo de mi familia, que me ayudaba, sobre todo, en la administración. Mi hermana Gisela fue la que más se acercó al proyecto y apoyó en cada paso. Trabajé en ese emprendimiento durante dos años, pero debo admitirlo: fracasé. Lidiar con los talleres textiles es arduo, y hubo momentos en los que no me sentí segura frecuentando lugares donde la ilegalidad reinaba. ¡Eso no era para mí! Lejos estaba esa realidad de mis expectativas al comenzar con el proyecto. Fue entonces cuando mi papá me aconsejó ponerle todas mis energías al negocio familiar.
No fue fácil: era un gran desafío ser la menor de la familia y, por lo tanto, más joven que la mayoría de los colaboradores. En muchas ocasiones, sentí que, por mi edad —y un poco también por ser mujer—, mis ideas no eran ni respetadas ni valoradas. Sin embargo, con el paso de los años y el apoyo incondicional de mi familia, logré hacerme mi lugar y comenzar a tomar las decisiones más importantes del negocio.
Recuerdo que, en aquel entonces, la falta de compromiso laboral de muchos empleados me hizo dudar de mi capacidad de liderazgo y sentir que no podía explotar todo mi potencial. En ese momento, solo soñaba con rodearme de personas que amen su trabajo. Allí fue cuando comencé a pensar que podía ayudar a las personas a vivir de lo que aman para que no tengan que desperdiciar su potencial o sus habilidades en un trabajo que no les interesara.
A pesar de mi comodidad, estabilidad económica y la perspectiva de un futuro tranquilo, no me sentía bien. Siempre fui agradecida por todo lo que tuve, pero, sinceramente, sentía que faltaba algo. Estaba relacionado con la felicidad en el trabajo y el libre albedrío, la posibilidad de elegir y reafirmar “sí, ¡esto es lo que quiero para mí!”.
Tuve la oportunidad de viajar por todo el mundo y siempre supe que quería mejorar mi calidad de vida y vivir cerca de la playa, del mar. El solo hecho de pensar en repetir todos los días esa misma rutina de auto, tránsito y oficina me agobiaba.
Para ese entonces, ya casada, surgió una propuesta para irme a vivir a Estados Unidos con mi marido. Dije enseguida que sí, reviviendo mi sueño de toda la vida. La idea era ir primero a Río de Janeiro, Brasil, de donde él es oriundo, para obtener la visa de trabajo, y luego instalarnos en Miami. Pero, en el medio, sucedieron algunas cosas que no manejé y que cambiaron los planes y nos hicieron quedar “varados” allí. Lo digo entre comillas porque podría haber tomado la decisión de volverme y no lo hice. En vez de responsabilizarme de mis actos y tomar una decisión, me quedé en “modo avión”, tratando de entender lo que había pasado. Sentí que me habían despojado de todo lo que había trabajado los últimos 15 años de mi vida. Pero la única verdad es que fui yo, tomando decisiones erradas y confiando ciegamente en las personas equivocadas.
Entre mis cientos de aprendizajes de este tiempo, tuve que trabajar la inteligencia emocional y volverme más flexible, como nunca antes lo había hecho. Acepté que los planes habían cambiado y me tuve que reorganizar, juntando cada uno de los pedazos de mis propias partes rotas. Este fue el punto de inflexión de mi vida.
Nacer en el seno de una familia emprendedora me dio un conocimiento enorme, lleno de valores y experiencias. Ellos fueron el pilar fundamental de mi desarrollo. Mis padres me mostraron el mundo, de adentro hacia afuera. Mis hermanos fueron y siguen siendo mis aliados: Gigi es mi gran consejera; Pachi, mi gurú, y Lulú, mi cable a tierra. Sin embargo, trabajar en familia fue muy desafiante para todos, y quisimos buscar otro enfoque. A medida que fuimos creciendo y madurando, cada uno eligió su propio camino en busca de nuevos horizontes.
Yo no me veía encerrada en una oficina. No me conformaba con la rutina de ir y venir, y “perder” dos horas viajando cada día de mi vida. Simplemente, no era para mí; me parecía que era desperdiciar el tiempo. Tampoco me sentía rodeada de las personas con las cuales podría explorar todo mi potencial.
En ese momento, por primera vez, no tenía ningún plan a nivel profesional. Era un lienzo en blanco. Así que comencé a preguntarme qué es lo que quería y lo que no quería más para mi vida porque ese volver a empezar me permitía la posibilidad de elegir algo nuevo.
Un día me encontré con una publicación en Instagram de una supuesta experta en emprendimientos que se hacía llamar “mentora”, sin ningún tipo de conocimiento ni experiencia. Recuerdo que, mientras leía las barbaridades que decía, sin ningún fundamento, instantáneamente, pensé que yo podía hacerlo mejor. ¡Y no desde la soberbia! Dicen que una persona necesita 10 000 horas de estudio o práctica para ser experto en un área específica. Esto quiere decir que hay que dedicarle 10 horas semanales en 20 años, 20 horas semanales en 10 años o 40 horas por semana en 5 años. ¡Y yo las tenía!
En ese momento, sentí algo que nunca olvidaré porque jamás lo había experimentado antes: descubrí dónde estaba mi futuro. Una voz dentro mío me gritaba: “¡Sheila, es por aquí! ¡Esto es lo que debes hacer!”.
Llegué a la conclusión de que lo que me hacía feliz era sentirme útil, haciendo lo que esté a mi alcance para ayudar a otros a superarse. Por eso, me gusta definirme como una solucionadora serial, ya que me consultan sobre diversos temas, y siempre busco la manera de aportar valor.
En aquel entonces, el deseo de mejorar mi satisfacción profesional hizo que comenzara a pensar en dejar de ofrecer productos y empezara a ser mi propio producto brindando mis conocimientos, experiencia y visión empresarial. Sabía que tenía mucho para dar porque siempre asesoraba a amigos y conocidos sobre cómo adaptar sus negocios al mundo online. Sentí que causar esas pequeñas/grandes transformaciones en la existencia de las mujeres era el sentido de mi vida. Sabía que, con toda mi experiencia, podría ayudarlas a que pudieran trabajar de lo que realmente querían hacer. Y así uní mis dos pasiones: los negocios e internet.
Desde muy pequeña, soy fanática de las redes sociales y vivo conectada desde 1997, mucho antes de que se ponga de moda o, mejor dicho, sea parte tan fundamental de la vida. En aquel entonces, me hacía amigos por internet y me conectaba con personas de todo el mundo. Mirc, ICQ, Messenger, Facebook e Instagram fueron mis aliadas, convirtiéndose estas últimas en mis máximas pasiones. ¡Conectar personas y generar oportunidades también está en mi ADN!
En 2019, me reinventé. Me convertí en mentora de emprendedoras para ayudarlas con lo que más sabía: hacerlas brillar con su propia luz. A darle forma a sus ideas para que se vuelvan negocios rentables.
Siempre digo que aquel día empecé de cero, pero la realidad es que nunca volvemos a empezar de cero. Somos nuestra experiencia, nuestra formación, nuestras decisiones. Somos nuestro entorno y, definitivamente, nuestra evolución.
Cuando comencé con mi cuenta de marca personal, @jay.sheilasaad, empezaron a invitarme a chats de networking y, una vez, me consultaron si quería ser parte de un chat de emprendedoras. Contesté, casi en chiste: “Sí, quiero ser parte de El Club de Emprendedoras”. Cuando lo terminé de decir, me di cuenta de que acababa de dar con el nombre de mi emprendimiento.
Con el objetivo de conectarme con otras mujeres emprendedoras que estaban en la misma situación que yo, fundé El Club de Emprendedoras para compartir experiencias y vivir en un mundo de motivación y aprendizaje continuos.
Abrí la cuenta de @elclubdeemprendedoras en julio de 2019. A la semana, tenía 1000 seguidores; a la segunda semana, 2000; a la tercera, 3000, y así, casi sin darme cuenta, pasaron los años y me convertí en referente del ecosistema emprendedor y, sobre todo, del liderazgo femenino.
En El Club de Emprendedoras, les hablo a las mujeres emprendedoras que recién están empezando. Son ellas las que, a través de la identificación, hicieron posible mi crecimiento exponencial. El secreto fue dar sin medir, algo que hice de todo corazón: me escribían a las 2 de la mañana consultándome cosas, y yo estaba ahí, contestando, ayudando.
El Club de Emprendedoras se transformó en un espacio de intercambio de experiencias sobre el mundo digital. Hoy es el punto de encuentro de las emprendedoras. De mujeres que, en distintas etapas de la vida, necesitan ese empujón para comenzar. Mujeres que, tal vez, tienen solvencia económica y ninguna necesidad, pero quieren trabajar para tener un proyecto de desarrollo personal. O que se separan y deben empezar a trabajar. O que, de pronto, en la mitad de la vida, se dan cuenta de que siempre hicieron algo que no las hacía felices y deciden encarar ese emprendimiento que tanto soñaron. ¡Todas estamos en diferentes etapas del camino emprendedor! Y eso es lo más rico porque entre las que somos parte de la comunidad sumamos valor, y este es nuestro mayor activo.
La propuesta de El Club de Emprendedoras es facilitar el desarrollo de las mujeres desde un enfoque holístico y crear un ecosistema de contención y confianza para que puedan emprender acompañadas. Quiero que las emprendedoras aprendan a crear negocios sanos y sostenibles, por eso, nuestros pilares son la capacitación y elnetworking.
En mi propio camino, en la pandemia, decidí profundizar mis 15 años de experiencia e hice un Executive MBA en EAE Business School para mejorar mis competencias directivas, como el liderazgo, y obtener habilidades, como la resolución de problemas, para estar preparada para afrontar los retos en un contexto tan turbulento como el actual. Sabía que tenía una responsabilidad inmensa como líder de mi comunidad, que esperaba de mí ciertas respuestas. Me gustó tanto que todavía me pregunto por qué no habré estudiado eso a mis 18 años. Pero cada trayecto es personal y único, y este es el mío, que, con sus curvas y elecciones, me trajo hasta acá.
Cuando empecé con El Club, nadie entendía lo que hacía. Ni mi familia, ni mis amigos, ni nadie de mi entorno. Pero yo tenía un norte muy claro que no tenían por qué entender. No eran mi target y no sentían en carne propia el problema que viven las emprendedoras a diario, por lo que no veían viable esa solución que comenzaba a ofrecer.
Salir de la zona de confort implica tomar decisiones difíciles, significa que tienes que hacer algo que otro no entiende, con lo que no te sientes cómoda, con el propósito de abandonar tu rutina y vencer tus miedos.
¿Si es fácil? ¡Para nada! El solo hecho de tomar la decisión de hacerlo suele producir miedo, ansiedad y dudas. Pero es ahí donde más fiel a nosotras mismas tenemos que ser. ¡Si la vemos, es por ahí! No deberíamos salir a buscar validación de alguien que no lo entiende porque eso es justamente lo que nos limita. Tenemos que confiar en nosotras y darle valor a nuestras propias ideas, que pueden ser brillantes. Quién te dice, tal vez, cuando salgas de tu zona de confort, te des cuenta de que, en realidad, no tenía ningún confort.
En este libro, quiero acompañarte con herramientas prácticas para que puedas entenderte y así poder presentarte al mundo. En estas páginas, vas a encontrar consejos para empoderarte, para descubrir tu propio potencial y dejar de mirar tanto lo que están haciendo las otras personas para, en cambio, enfocarte en lo tuyo y hacer lo que hay que hacer, en cada etapa de tu negocio. Para que puedas diseñar tu plan, ese que te permitirá desplegar tu superpoder. Todas tenemos el poder de lograr lo que nos proponemos. Quiero ayudarte a pensar en grande y desarrollar tu propósito. Si accionas, te prometo que encontrarás la libertad que tanto anhelas y podrás levantar vuelo.
Ya sea que estés comenzando ahora o ya estés emprendiendo hace un tiempo y quieres llevar tu negocio al siguiente nivel, estás en el lugar correcto. Te voy a mostrar lo que tienes que saber y en lo que te tienes que enfocar para construir el negocio de tus sueños. Aquel que te haga verdaderamente feliz y te ayude a experimentar más prosperidad de la que alguna vez hayas imaginado.
En los siguientes capítulos, vas a encontrar muchísimo material para esto, incluidos casos de otras emprendedoras, reflexiones de mujeres exitosas sobre sus propios superpoderes y ejercicios para poner en práctica lo aprendido. Para esto, te recomiendo tener a mano lápiz y papel. No es obligación, pero el proceso será mucho más rico si te comprometes y los haces.
Tus resultados no suceden por casualidad. Todo tiene un motivo, y este es tu acción. Llevo años acompañando a emprendedoras a diseñar sus proyectos más anhelados. Y aprendí que todo puede hacerse, siempre y cuando tengas un plan. ¿Estás lista para diseñar el tuyo?
La misión de El Club de Emprendedoras es democratizar la educación de calidad y fomentar la cultura del trabajo porque creemos que el espíritu emprendedor es la llave para experimentar la libertad, la prosperidad y la felicidad que todas las mujeres merecemos. En este sentido, buscamos empoderar a las mujeres para construir una comunidad y capacitarlas para que puedan alcanzar su máximo potencial. Pero ¿qué quiere decir “empoderar”? Según la RAE:
'Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido'.
'Dar a alguien autoridad, influencia o conocimiento para hacer algo'.
Cuando hablo de empoderarte, lo que quiero que sepas es que tienes un potencial inmenso que tiene la capacidad de transformar tu vida y la de todo el mundo a tu alrededor. Un poder que es tuyo y de nadie más, al que yo llamo “superpoder”. Una fuerza que está en lo más profundo de tu ser y que, si logras encontrarla, podrás alcanzar el éxito en todo lo que te propongas. Al hacerlo, te sentirás poderosa, imparable e invencible porque sabrás cómo emprender vuelo. Y, más importante aún, si caes, tendrás las herramientas para levantarte.
Detrás de una mujer poderosa, se encuentra ella misma siendo quien ella quiere.
Una mujer empoderada es aquella que reconoce su capacidad y decide tomar acción para lograr lo que quiere. El empoderamiento femenino ha estado presente a lo largo de la historia, representado por todas esas mujeres que marcaron un antes y un después enfrentándose a los cánones establecidos y luchando por sus ideales. Mujeres que han podido destacarse y han cambiado la historia en el tiempo que les tocó vivir. Grandes revolucionarias que se animaron y, con valentía, abrieron el camino para todas nosotras, a pesar de la adversidad y los prejuicios de la sociedad en la que vivían.
El empoderamiento femenino representa esa toma de conciencia de que juntas podemos hacer del mundo un lugar más justo. La lucha por la igualdad es más que la lucha por ser escuchadas y valoradas. De hecho, ya tenemos voz y voto gracias a aquellas mujeres que se levantaron y posicionaron hasta lograrlo. Hoy sigue habiendo mucho más por hacer.
Nuestra lucha es por salir del rol tradicional que la sociedad nos ha asignado y tener la oportunidad de construir nuestro propio camino, participando activamente y en igualdad de condiciones, tanto en el diálogo como en la toma de decisiones en la vida política, económica y pública.
Somos mujeres que queremos ser libres de explorar nuestro propio potencial, de asumir la responsabilidad que conlleva innovar y crear realidades que hoy, tal vez, no existen. De esto se trata liderar en femenino.
El empoderamiento es un proceso individual, en el que cada persona puede tener su propia definición y experiencia de lo que significa ser una mujer empoderada. Sin embargo, estas son algunas de las características que suelen sugerir que lo eres.
Tienes una actitud positiva frente a la vida.Asumes la responsabilidad por tus acciones y/o elecciones.Tienes la intención de crear un cambio.Sabes que no tienes la obligación de ocupar un rol que no quieres.Buscas soluciones explorando caminos innovadores.Desarrollas tu propio estilo de liderazgo para influir positivamente en los demás.Eres referente: inspiras y motivas al resto.Tienes opiniones propias.Sabes comunicarte y eres capaz de transmitir un mensaje y hacerte entender.Respetas la opinión de los demás.Eres capaz de tomar decisiones asertivas.Diseñaste o estás diseñando tu propio camino.No quieres competir con otras mujeres, sino que buscas apoyarlas.Buscas formación para adquirir nuevas capacidades con las que hacer frente a los desafíos diarios.Te informas.Eres responsable.Eres justa.Te conoces y aceptas como eres.Confías en tus habilidades y en tus capacidades.Tienes autoestima.Eres consciente de la importancia de cuidarte a ti misma.Buscas relaciones equilibradas y sin una dependencia emocional que pueda afectarte negativamente.Eres consciente de la importancia de poder establecer límites en tus relaciones interpersonales.Eres capaz de planificar tu tiempo, establecer objetivos, necesidades y prioridades.Tienes habilidades de negociación y persuasión.¿Cuántas de estas declaraciones te representan? Si tienes, aunque sea, 15 de estas características, ¡felicitaciones, eres una mujer empoderada!
Si ninguna declaración te resuena, no te preocupes. Son cuestiones que iremos trabajando a lo largo del libro.
Muchas mujeres reniegan del feminismo porque lo asocian a movimientos radicales que, a veces, no las representan, pero la realidad es que todas las mujeres emprendedoras deberíamos ser feministas, solo por el hecho de ser libres de elegir qué hacer y cuándo hacerlo.
Quiero inspirarte con la historia de estas mujeres, cuyo impacto sigue vigente hasta hoy.
Cleopatra (69-30 a. C.): la última reina del Antiguo Egipto fue una gran líder, inteligente y efectiva, que hizo muchas cosas a lo largo de su vida. Mantener el control de Egipto, aliarse con Roma, fomentar la cultura egipcia y promover la educación son algunas de sus acciones que han dejado una huella en la historia y han contribuido a la imagen duradera de Cleopatra como la mujer más famosa y poderosa del mundo.Juana de Arco (1412-1431): fue una líder natural y carismática que inspiró a las tropas francesas a luchar por su país. Es considerada una heroína de Francia por su papel durante la fase final de la guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra. A los 17, encabezaba el Ejército real francés, y su valentía alimentó su fama, ya que, además de motivar, luchó en primera línea. Fue quemada viva por herejía a los 19, pero, 500 años después, fue canonizada y hoy es santa. Su valentía, liderazgo y patriotismo la convirtieron en una figura legendaria y un modelo por seguir para muchas personas en Francia y en todo el mundo.Marie Curie (1867-1934): fue una científica que revolucionó por completo el mundo de la ciencia con la radioactividad. Sus descubrimientos produjeron curas efectivas para el cáncer. Fue la primera mujer que ganó un Premio Nobel y la primera persona que ha ganado un segundo Premio Nobel (Física y Química). Además, fue la primera profesora de la Universidad de París. Sus contribuciones a la ciencia, la educación y la medicina son enormes, y su legado sigue siendo una inspiración para las mujeres y los científicos de todo el mundo.Coco Chanel (1883-1971): fue una diseñadora disruptiva que revolucionó por completo el mundo de la moda en el siglo XX. Una de sus principales contribuciones fue liberar a las mujeres de los corsés y otros tipos de ropa restrictiva, dándonos la posibilidad de usar prendas más cómodas, funcionales e informales, como las que llevamos hoy.Elizabeth Blackwell (1821-1910): fue la primera mujer en graduarse de una escuela de Medicina en Estados Unidos y se convirtió en una pionera en la educación y la práctica médica para mujeres. En 1857, fundó la primera escuela de Medicina para mujeres en Estados Unidos, la Escuela de Medicina de la Mujer de Nueva York, con la misión de proporcionar educación médica de calidad al género femenino. Su legado ha sido una inspiración en el campo de la medicina y en la lucha por la igualdad de género en todos los ámbitos de la sociedad.Frida Kahlo (1907-1954): fue una artista mexicana conocida por su obra surrealista, su representación de la cultura mexicana y la exploración de temas como el dolor, la identidad y la sexualidad. Es considerada un ícono de la cultura pop y un símbolo de la lucha feminista y la libertad artística. Su obra gira en torno a su biografía y a su propio sufrimiento. Luchó por la igualdad de género rompiendo con los estereotipos establecidos y retratándose tal y como era.Una mujer emprendedora es aquella que, al ver una oportunidad, toma acción e inicia su propio proyecto, trabajando a diario para mantenerlo en el tiempo y garantizar su rentabilidad. Para ello, es clave contar con un cronograma de trabajo detallado que pueda seguir cada día y que la lleve a los resultados que tanto desea.
Siempre digo que emprender no es levantarse cada mañana y decidir en el momento qué vas a hacer ese día por tu proyecto. Para alcanzar el éxito, debes escuchar a tu intuición, pero tomar decisiones sobre la base de datos concretos y de información real, como estudios de mercado o indicadores clave.
Muchas mujeres creen que emprenden simplemente por el hecho de que suben los productos o servicios que ofrecen a sus redes sociales o porque compran algunas prendas a un mayorista para revenderlas en una tienda online. ¡Esto es solo la punta del iceberg! Emprender es mucho más.
Para emprender, tienes que tener un plan de acción que te lleve a tu visión más ambiciosa. Este es una hoja de ruta en donde defines tu propósito y unos objetivos desafiantes pero motivantes que te permitan cumplir tus sueños.
El plan de acción tiene que incluir el paso a paso exacto y responder a preguntas como ¿qué?, ¿para quién?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuánto?, ¿cuándo? No te preocupes, profundizaremos sobre esto en el capítulo 9.
La actitud es nuestra forma de sentir y de actuar, que nos distingue de los demás. Y, para emprender, es fundamental tener una actitud positiva. Esta es la voluntad o disposición que tenemos para realizar una determinada actividad o la forma en que nos comportamos frente a las situaciones de la vida en general.
Emprender con actitud positiva nos permite realizar nuestra intención enfrentando las adversidades de una forma sana y efectiva. Así podremos alejarnos de los sentimientos de frustración cada vez que los resultados sean desfavorables. La actitud emprendedora es ese impulso que nos hace ir en busca de lo que queremos y así cumplir con nuestros verdaderos deseos.
Me gusta repetir esa frase popular que dice: “Como te ven, te tratan”. Porque, al emprender y mostrarle tu producto o servicio al mundo, la actitud es todo. Si eres la primera que no cree en lo que hace, se nota. Si te muestras insegura y temerosa, es muy difícil que alguien quiera comprarte porque nadie quiere replicar esa sensación. Nadie va a comprar inseguridad.
En cambio, si te paras con confianza y hablas con seguridad, vas a poder conectar con tus clientes, y tu negocio va a poder comenzar a facturar múltiples dígitos. Confiar en la solución que entregas es muy valioso para tu negocio. Tienes que saber exactamente cómo ayudas a tu cliente y cuál es la transformación que generas en su vida. Al hacerlo, te encantará vender porque sabrás el impacto positivo que dejas en su vida. Sabrás que, en realidad, no solo vendes, sino que ayudas porque, a través de esa compra, el cliente logra mejorar su vida, alcanzar sus objetivos, tener resultados, vivir alguna experiencia positiva, etc. No importa lo que vendas; de alguna forma, generas un cambio en la vida de la otra persona.
Todo el mundo quiere vender, pero sin hacer el esfuerzo. Y, en marketing, todo es cuestión de estrategia. Hay que construir una imagen de tu marca, tu producto o tu servicio para que tus clientes la perciban de una forma tal que quieran (y necesiten) comprar.
Cuando eres estratégica en tu negocio y aprendes a aplicar técnicas de comunicación, comienzas a generar empatía y admiración en tus clientes. La apariencia vende y es vital valorizarla para crear esa imagen que quieres que tengan de ti y de tu negocio.
Para hacerlo, tienes que impactar a tu audiencia con intencionalidad, comunicando quién eres, cuál es tu marca, cuáles son tus productos y/o tus servicios y su diferencial. Por ejemplo, en las redes sociales, todo el contenido que compartas debe ser consistente con esa imagen que proyectas. Y atención aquí: ¡las imágenes comunican y hablan por sí solas! El color, la tipografía y demás elementos visuales hablan por nuestra marca aun cuando no decimos nada. Por eso, es vital que aprendamos a hablar en público, posar para una foto o grabarnos en un video. ¡Todo mensaje comunica! Tienes que pensar en la intención que hay detrás de tu comunicación y asegurarte de que llegue el mensaje correcto.
Es probable que hoy sientas que no tienes estas aptitudes o puede que realmente no las tengas. Que no sepas comunicarte con tu público ni posar ni cómo pararte frente a la cámara. Es normal, eres normal. Pero justamente por eso es que necesitas capacitación o, por lo menos, investigación para mejorar tus habilidades y lograr evolucionar. Con el poder de internet, puedes saber de todo e incrementar tu autoconfianza. Además, leer y hacer los ejercicios de este libro van a ser la clave para que puedas lograrlo a corto plazo.
A medida que te vas notando más capaz, empezarás a defender mejor tu proyecto. Y, al inicio, mientras vayas capacitándote, es bueno comenzar hablando y contando lo que sabes. Haz foco en aquello que más orgullo y seguridad te da. Eso se va a transmitir y lograr atravesar la pantalla.
La psicóloga e investigadora Carol Dweck postula que existen dos tipos de mentalidades, que considero que están un 100 % ligadas con la actitud: fija y de crecimiento. Son dos caras de una misma moneda, y la diferencia es cómo las enfrentemos.
La mentalidad fija sostiene que tenemos capacidades innatas y que no hay mucho que podamos hacer por modificarlas. La mentalidad de crecimiento, en cambio, cree que los talentos y habilidades se relacionan con el aprendizaje y que pueden incrementarse y mejorarse a lo largo de la vida.
En las emprendedoras, donde mejor se ve esto es en el fracaso: quienes tengan mentalidad fija lo verán como una declaración negativa de sus capacidades y les significará angustia y frustración, incluso llevándolas a pensar que es el fin de su proyecto. Aquellas con mentalidad de crecimiento lo entenderán como una oportunidad para seguir aprendiendo y construir un futuro mejor. De hecho, Dweck sostiene que se aprende muchísimo más de un error que de un éxito.
“Si has vivido siempre con miedo a los retos o pensando que los errores te hacen menos inteligente, puede ser muy complicado aprender a cambiar. Pero nunca es demasiado tarde”. Carol Dweck
Siempre hay tiempo para aprender que NO también puede significar Nueva Oportunidad. Y, créeme, no tienes la obligación de ser la misma que fuiste hace 10 años atrás (ni siquiera un año o seis meses atrás o la misma de ayer). Tienes derecho a transformarte, a evolucionar, a crecer como persona y como profesional. Puedes hacer cualquier cambio que sientas que te ayude a mejorar tu vida. Lo importante es siempre seguir adelante, tomando los obstáculos como aprendizajes y, por ende, recursos para el crecimiento del proyecto.
Te voy a contar algo con lo que, tal vez, te sientas identificada. La mayoría de las emprendedoras que llegan a mis mentorías tienen otro trabajo de tiempo completo. Se ocupan de sus proyectos por la noche, los fines de semana, en sus ratos libres y aprovechan la tranquilidad de ese sueldo fijo para comenzar a invertir en sus emprendimientos.
Esta es la forma que muchas mujeres encuentran para comenzar. Para dar ese primer paso tan importante en la búsqueda de algo que les apasione o les dé felicidad. Salir de la zona de confort no es fácil. Es, por definición, incómodo. De repente, nos encontramos en un mundo desconocido y lleno de incertidumbre.
Por eso, para dar el salto de renunciar a ese puesto y dedicarse al 100 % a lo que les apasiona, es preciso tener algunas certezas antes. Sin conocimientos y, sobre todo, sin inversión, una tienda online bien podría ser una tienda en medio del campo: no va a llegar nadie.
Para dar el gran salto, no importa de dónde vienes, sino a dónde vas. Conozco muchas historias de mujeres que no tenían nada y lograron cambiar su vida y la de todo su entorno cuando decidieron crear sus negocios. Y quiero que sepas algo: estás a pocas decisiones de distancia de lograrlo también.
Sí, puedes lograr todo lo que te propongas, pero, para hacerlo, tienes que creer que todo lo que sueñas es realmente posible.
“Lo que crees, lo creas”. Rhonda Byrne
Muchas mujeres me escriben y me cuentan que se sienten frustradas, cansadas y totalmente agobiadas porque trabajan todo el día y no logran hacer ni una venta. Emprendieron para tener libertad y, al final, trabajan y se endeudan más. ¡No ganan nada! Esto genera una cadena de situaciones que las llevan a querer abandonar todo y comenzar algo nuevo cuando, en realidad, no se dan cuenta de que, hagan lo que hagan, les va a pasar lo mismo porque no solucionaron el problema de raíz.
¡No es su culpa! ¡No lo saben! Por eso, desde mi humilde lugar, quiero traer claridad para que sepan que eso no debería ser así. Que, si emprenden, es para ganar.
Toda mi vida supe que, para desarrollarme, tenía que trabajar mucho en mis capacidades. Pero hay algo en lo que estaba muy equivocada. Si hubiera tenido que graficar esto, hubiera concentrado todo ese esfuerzo en mi mente.
Con el tiempo, aprendí que la mente es muy pequeña cuando la comparamos con nuestra conciencia. Porque el cuerpo no es nuestro límite, hay más. Una vez que logras expandirte, entiendes que a la mente la pueden engañar, pero a la conciencia no.
La conciencia es el principal rasgo distintivo del ser humano y es lo que nos hace diferenciarnos de cualquier animal. Es esa percepción que te permite vivir en el aquí y el ahora, y comprender tu propia existencia y la de todo lo que te rodea, creando proyecciones de un futuro que no existe.
La conciencia nos permite entender lo que nos pasa y su porqué, cuál es la causa y el efecto. También nos deja cuestionarnos para poder actuar de la forma correcta y alcanzar nuestras metas, porque sabemos que, aunque aún no exista, mañana tendremos un nuevo hoy, una oportunidad para hacerlo mejor. Gracias al entendimiento de esta complejidad, la especie humana ha evolucionado, mientras los monos siguen colgados de un árbol comiendo bananas.
Así como el hombre de las cavernas se las arregló para salir y desarrollarse hasta lo que somos los seres humanos hoy, nosotros tenemos mucho por evolucionar. Nuestro futuro depende de lo que todos y cada uno de nosotros elija hacer con conciencia. Somos los creadores de un futuro incierto. Cada día, vivimos en una única realidad, el hoy. Pero hay una verdad crítica: tenemos el poder de crear realidades mentales, para bien o para mal. Todos los pensamientos que tenemos a diario tienen el poder de limitar nuestra perspectiva, por lo que resulta vital despejarlos para alcanzar nuestro nivel de plena conciencia. Ya hablaremos de esto más en profundidad en el capítulo de espiritualidad.
