Alcaldeando - Alberto Ruiz de Azua - E-Book

Alcaldeando E-Book

Alberto Ruiz de Azua

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Beschreibung

En España hay más de 8.000 líderes desconocidos: los alcaldes. Dirigen grandes urbes, pequeñas capitales, pueblos y aldeas. Casi todos ellos gestionan entidades mucho mayores que cualquier empresa: con más personas, con un presupuesto más alto y, sobre todo, con una responsabilidad pública muy elevada y exigente. Una escuela de liderazgo de la que todos podemos aprender. Alberto Ruiz de Azua, que ha sido alcalde durante doce años y hoy sigue vinculado a la administración local en un gran ayuntamiento como es el de Bilbao, nos descubre los retos y las enseñanzas que le han proporcionado una de las aventuras más apasionantes de nuestra sociedad democrática: ser alcalde o, como él mismo dice, "alcaldear". "Si tienes vocación y oportunidad de ejercer el liderazgo en cualquier ámbito de la vida, este manual va a resultarte muy útil". José Ángel Cuerda (Alcalde de Vitoria-Gasteiz durante 20 años)

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Seitenzahl: 292

Veröffentlichungsjahr: 2015

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Alcaldeando

Las enseñanzas de liderazgo de un alcalde

Alberto Ruiz de Azua Solozabal

Alberto Ruiz de Azua Solozabal

Nacido en Arrigorriaga (Bizkaia) en 1960, estudia Bachiller en los Escolapios de Bilbao y se licencia en Derecho por la Universidad de Deusto. Tras obtener plaza de funcionario en el Ayuntamiento de Bilbao, solicita excedencia y ejerce la abogacía desde 1986 hasta 1999, cuando es elegido alcalde de su pueblo natal. Se mantiene doce años al frente del consistorio de Arrigorriaga, con sucesivas reelecciones. Compagina su cargo con la Vicepresidencia del Consorcio de Aguas y la Presidencia del Fondo Vasco de Cooperación al Desarrollo.

En 2011 es elegido Apoderado a Juntas Generales de Bizkaia. Meses después deja este puesto para incorporarse al Ayuntamiento de Bilbao como Director del Área de Atención Ciudadana y Fiestas, cargo que ostenta en la actualidad. Colabora también de forma puntual con la consultora Estrategia Local.

Alcaldeando es su primer libro.

© del texto: Alberto Ruiz de Azua

© de esta edición: Editorial Diéresis

Diseño: dtm+tagstudy

ISBN: 978-84-942959-9-7

Depósito legal: DL B 25774-2014

IBIC: JPR

Todos los derechos reservados.

¿Por qué «Alcaldeando»?

Escuché por primera vez el término «alcaldeando» en boca de Lourdes, la mujer con la que actualmente comparto mi vida.

A pesar de que han pasado varios años desde que dejé de ser alcalde, me sigue gustando salir a dar una vueltita y tomar algún vino –siquiera un par de días a la semana– con la gente de mi pueblo. Sobre todo con los amigos de mi difunto padre. Me siento muy a gusto y querido entre ellos. Son entrañables.

Cada vez que decía a Lourdes que me iba a dar una vuelta por el pueblo «con los abuelos», siempre me preguntaba con sorna: «¿Ya vas a alcaldear?». Y me hacía gracia, porque al escuchar ese palabro me venían a la cabeza multitud de recuerdos de los doce años en los que ejercí como alcalde de mi pueblo.

En aquella época intentaba mantener el contacto con la ciudadanía paseando por las calles y barrios de Arrigorriaga, alternando y hablando todo lo que podía con mis vecinas y vecinos para evitar ese perverso distanciamiento y desapego que a veces se percibe entre políticos y sociedad, ese distanciamiento entre el pueblo y sus dirigentes. Y supongo que de aquella época me han quedado ciertos hábitos que intento mantener de una forma más o menos consciente. Y además, confesaré que ahora estoy disfrutando mucho en mi condición de exalcalde sabiendo de antemano que cuando alguien se me acerca, ya no es para quejarse, ni para pedirme o reivindicar algo ni para regañarme, sino para saludarme cordialmente, sin otras dobleces ni segundas intenciones.

Pero, ¿qué sería «alcaldear»? Pues, evidentemente, lo que hace a diario un alcalde.

En Centro y Sudamérica, el lenguaje que se habla en la calle está completamente inundado de neologismos. Cualquier concepto o idea se convierte en verbo. Cuando intentas cautivar o atraer a alguien, romanseas; si estás tomando café, andas cafeteando; si estás haciendo el sinvergüenza, estás sinvergüenseando; si bailas bachata, andas bachateando, y si estás realizando las labores propias de un alcalde, sin lugar a dudas, estás alcaldeando.

Y ¿en qué consistiría el «alcaldeo» tal y como yo lo contemplo? Dentro de este manual leerás que el secreto del éxito de cualquier proyecto está en una buena conjunción entre dos conceptos: tarea y relación. Es decir, entre el trabajo y la comunicación (el trato, la relación fluida con nuestros semejantes).

Esto último es fundamental para un alcalde. En tu empeño deberás trabajar H24 ó 24/71 con dedicación y ahínco, pero deberás al mismo tiempo invertir muchas horas relacionándote: con tus compañeros de partido, con tus colegas alcaldes y concejales, con los trabajadores del ayuntamiento, con sus sindicatos y con la ciudadanía, la organizada y la no organizada; y además, tendrás que reservar tiempo para tus amigos y para la familia.

Esta secuencia de trabajo y relación, relación y trabajo, supone un gran desgaste personal, que podrás ir capeando con los consejos y recomendaciones que te ofrezco en este libro.

Alcaldear es un palabro, no una palabra, porque no está reconocida ni aceptada por la Real Academia de la Lengua. Pero reivindico desde aquí su validez en el mejor sentido del concepto.

Y lo hago para agradecer el trabajo honesto e impagable de la legión de personas que han sido alcaldes y alcaldesas, concejalas y concejales y que han dedicado los mejores años de su vida a esta noble tarea. A todas y todos ellos dedico este manual.

Prólogo: Gobierno de la ciudad

Vivimos en comunidad, nuestra individualidad y autonomía personal sólo es posible reivindicarla junto a otros. Vivimos en comunidades naturales: la familia en la que nacemos; después en comunidades voluntarias, compartiendo valores, intereses o fines, en comunidades políticas, cuyo objetivo no es otro que el bienestar de las personas que la integran.

En proceso histórico siempre abierto han ido creándose diversas comunidades políticas, desde la ciudad hasta las uniones de Estados, pero la comunidad política básica y esencial ha sido siempre la ciudad, pequeña o grande, aldea o metrópoli. Y así el gobierno de la ciudad constituye una pieza clave e insustituible del bienestar individual y de la cohesión social.

La ciudad es la respuesta a cómo queremos vivir juntos. La ciudad es ese lugar donde todos esperamos alcanzar el bienestar como integrador de todos los derechos y como espacio de esperanza y de posibilidades liberadoras.

Por eso se comprende muy bien que Henri Lefebvre proclamara hace medio siglo «el derecho a la ciudad», ratificado ya en declaraciones internacionales, como la Carta Mundial por el derecho a la ciudad, la Carta de Salvaguarda de los derechos humanos en la ciudad, o la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes, en cuyo artículo 7.1 se proclama «el derecho a la ciudad, que asegura que todo ser humano y toda comunidad encuentren en la ciudad las condiciones para su plena realización política económica, social, cultural y ecológica».

La ciudad, a pesar de sus grandes contradicciones, esperanzas y amenazas, es espacio de libertad y «en la ciudad reside la fuerza de los pueblos libres» (Alexis de Tocqueville). Y en este mundo globalizado, Ulrico Beck nos enseñó que «no se puede entender la globalización sin el concepto de lo local» y que debemos hallar lo universal en las entrañas de lo local, en la ciudad. La ciudad es «una revolución posible» (María Sintes) y es en la ciudad, reinventándola cada día, donde tenemos que producir una respuesta regenerativa de una sociedad injusta e insostenible.

La ciudad es cultura. Es la expresión de las diferencias culturales de sus habitantes, pero hemos de pasar de la simple multiculturalidad o mera coexistencia a la interculturalidad, lo que supone una convivencia que implica reconocimiento, valoración, diálogo y participación. La ciudad es creación colectiva y proceso cultural.

La ciudad es espacio. La ciudad es espacio «urbano», un escenario determinado por la planificación territorial y urbanística y marcado por el legado de la historia con una base medioambiental y ecológica. La ciudad es espacio «social» integrado por todas las personas que viven en ese espacio físico y que se organizan en ámbitos familiares, laborales, culturales, sociales, en búsqueda de su bienestar. La ciudad es espacio «simbólico», expresado en sus instituciones, historia, personajes, tradiciones, fiestas, monumentos, que crean una conciencia, un sentimiento de pertenencia comunitaria. Y la ciudad es espacio «organizativo de gobierno», de organización política, es decir, de organización de la vida en común para alcanzar el bienestar de todos.

En un sistema democrático la ciudadanía encomienda, no delega, a un grupo de ciudadanos la tarea fundamental de dirigir la promoción de ese bien común en su doble vertiente de bienestar individual y de bienestar colectivo o cohesión social, sin olvidar que la paz es la condición, el fin inmediato y previo a todos los demás, por mínimos o legítimos que puedan ser.

Y en la ciudad ese grupo de ciudadanos elegidos por sus convecinos constituyen el gobierno local o municipal, con una tarea absolutamente fundamental y decisiva para ese objetivo esencial de la política, de toda política, que es el bienestar de todos. Son nuestro Ayuntamiento, alcalde y concejales, hombres y mujeres, quienes han recibido de sus convecinos esa encomienda esencial y a la que han de entregarse con abnegada ilusión y dedicación en la ciudad, en su Ciudad.

Pero no puede olvidarse que la política es tarea de todos y que declararse «apolítico» es sólo expresión de egoísmo. La gobernanza de la ciudad nos conmina a todos a elegir a los mejores para trabajar en la alcaldía y concejalías, a participar con buenas prácticas en la toma de decisiones, a controlar y evaluar esas decisiones y sus resultados y, en definitiva, a ser actores, protagonistas, o mejor aún, autores de nuestra vida ciudadana, y no simplemente público o espectadores.

La participación y el compromiso ciudadano están en la esencia de la democracia, y la gobernanza local democrática necesita autoridades locales responsables capaces de promover la participación ciudadana y de implicar a un gran número de actores mediante comités consultivos, consejos asesores, asociaciones culturales y vecinales, entidades económicas y laborales, medios de comunicación, así como ofrecer una adecuada información y transparencia y practicar el ejercicio constante de la rendición de cuentas y honradez.

En esa difícil y apasionante tarea de dirigir la ciudad hacia el bien común, de organizarla para su progreso social, económico y ambiental, los gobernantes locales, o los que a aspiren a serlo, cuentan desde ahora con este excepcional «manual de instrucciones», con este ensayo, expresión del gran trabajo como profesional y como gobernante local de Alberto Ruiz de Azua Solozabal, entre otras muchas tareas, Alcalde de Arrigorriaga y Presidente de Euskal Fondoa. Es una brillante y necesaria aportación a la gobernanza local que servirá de referencia básica a todas nuestras futuras alcaldesas y concejalas, a todos nuestros futuros alcaldes y concejales. Yo lo eché de menos hace cuarenta años.

Pero no quiero terminar este prólogo sin decirte, lector, que aún en el caso de no dedicarte a la gobernanza local, si tienes vocación y oportunidad de ejercer el liderazgo en cualquier otro ámbito de la vida, este manual va a resultarte muy útil porque los principios del liderazgo ético que el autor reivindica son aplicables a cualquier actividad que uno se proponga realizar en la vida, sea en el ámbito público o en la iniciativa privada.

Espero que disfrutes del libro tanto como lo hice yo.

José Ángel Cuerda

Alcalde de Vitoria-Gasteiz (1979-1999)

Introducción

Mientras volaba a Madrid a dar una conferencia sobre mi experiencia personal en el ámbito del liderazgo en la Administración pública local que servía para cerrar un curso de formación a cuadros locales que la Consultora Estrategia Local2 estaba impartiendo en la Federación Española de Municipios y Provincias, pensé que quizá el guión que había preparado para hacer mi exposición, ampliado con un poco más de detalle, podría ser editado y publicado como manual de ayuda para que los cargos públicos locales se orientaran en el ejercicio de sus responsabilidades políticas cotidianas. Al fin y al cabo, era un resumen de la experiencia de alguien que lleva casi toda su vida laboral vinculado a la Administración local.

Días después de la ocurrencia, me puse manos a la obra y el resultado de aquella visión es este pequeño manual que tienes en tus manos y que espero te sirva para hacer más eficiente, llevadera e incluso divertida la función pública para la que vas a ser o has sido ya electo.

Aunque ahora ya, una vez escrito y releído su contenido, creo que este manual puede servir de ayuda también para cualquier persona que se dedique a desarrollar funciones de coordinación o liderazgo en cualquier equipo de personas, en clubes, asociaciones, incluso en el ámbito de la gestión empresarial privada. Porque, al fin y al cabo, un ayuntamiento no deja de ser una empresa, un proyecto al que aplicar los principios del liderazgo ético. Y las cualidades y valores que deben iluminar la actividad de un líder son, básicamente, los mismos, ya se enfoque el quehacer profesional a una actividad privada o a una pública.

Soy consciente de que, con la que está cayendo estos últimos años, cada día nos resulta más difícil creer en las cosas de la política aunque yo creo firmemente en ella. Tengo fe en las personas, en las cosas de la política, y en la política de las cosas3. Estoy totalmente de acuerdo con mi admirado José Ramón Blázquez4, cuando dice5 que hoy la política es más necesaria que nunca porque los mercados y las fuerzas invisibles que nos manejan aprovechan nuestra perplejidad y desorientación para someternos y liquidar las libertades reales. Sólo la política puede romper la desigualdad y las injusticias; únicamente la política permite crear soluciones solidarias; nada más que la democracia es capaz de parar los pies a la plutocracia financiera; sólo desde la política un pueblo pasará desde la dependencia sumisa a la independencia radical; y únicamente unas instituciones fuertes y bien administradas podrán detener a los nuevos dueños de la economía, la educación, la comunicación, la cultura y el ocio.

Creer en la política –sigo a Blázquez– es creer en las personas, en su dignidad y su capacidad de convivir en la diversidad. Tener líderes es una consecuencia natural de la política y hoy están mejor preparados que los de hace treinta años. Pero la exigencia ciudadana y la información sobre el quehacer institucional han aumentado. La ciudadanía es poco crédula, menos ingenua y está más implicada, y a este nivel de calidad democrática no se ha adaptado el sistema político, congelado en la ceremonia electoral. La sociedad ha madurado –en el ámbito político y participativo– y la política se ha estancado. Los ciudadanos creerán de nuevo en sus líderes si estos abandonan la comodidad, vuelven a la calle, se arriesgan por las personas, son intrépidos, auténticos, emocionales y se apasionan por la libertad frente a la tiranía tecnocrática que viene.

Creo, firmemente además, en las cosas sencillas, entrañables, que, a la postre, suelen ser las que más satisfacciones aportan a quienes las gestionan con fe e ilusión. Un Ayuntamiento es la institución más entrañable y cercana a las personas y la que nos puede aportar más satisfacciones. A los políticos y a la ciudadanía.

Pero reconocida esa madurez, calidad democrática y nivel de exigencia ciudadana, no es sencillo gestionar hoy la política de las cosas. Cuando hay intereses en juego, en mayor o menor medida, tarde o temprano aparecen la presión, el agobio y el estrés; y vivir o trabajar sometidos a presión de forma continuada es complicado cuando no peligroso, y para un político, para un líder actual, es menester manejar ciertas herramientas para administrar estas situaciones con cierta solvencia. Solvencia para poder gestionar las emociones, los estados de ánimo; para desdramatizar marcos y entornos complicados que se nos presentarán durante el ejercicio del cargo.

He desarrollado mi carrera pública a caballo entre los Ayuntamientos de Arrigorriaga y Bilbao. Son municipios muy diferentes: Arrigorriaga, en el Territorio Histórico de Bizkaia, tiene una población de 13.000 habitantes y Bilbao, la capital, de 358.000; el número de trabajadores del Ayuntamiento de Arrigorriaga es de 80, en el de Bilbao trabajan unas 2.500 personas; el presupuesto del Ayuntamiento de Arrigorriaga para 2015 es de 13 millones de € y el de Bilbao, 600 millones.

Durante estos años, además, he mantenido relaciones con muchas y muchos compañeros alcaldes, concejales, cargos directivos y funcionarios de otros ayuntamientos y he comprobado que por encima de diferencias cuantitativas o cualitativas entre diferentes administraciones, las dinámicas y los registros con los que funcionan todos los ayuntamientos son muy parecidos. Por eso, el contenido de este manual pretende dirigirse a cualquier candidato a cualquier ayuntamiento, sin excepciones. Las experiencias que vais a vivir y las emociones que vais a sentir, van a ser similares.

Seguro que para cuando leas éste, te habrás dado cuenta de que hay muchos más manuales acerca de cómo lograr el poder que libros acerca de qué hacer con ese poder. Esto se corresponde con el hecho de que haya más asesores de comunicación, marketing y desarrollo de campañas electorales que de gobierno propiamente dicho. Y además, como quien gobierna suele estar obsesionado por la reelección y hay comicios continuamente, buena parte de su actividad es más estrategia electoral que de gobierno. Es como si estuviéramos pensando más en el acceso al poder que preocupándonos en qué hacer con él. Yo te intentaré ayudar con este manual a enfocarte bien en qué debes hacer cuando ejerzas el poder.

Dice mi amigo David Latxaga6 que un alcalde en su primer mandato se siente como Sancho el Fuerte: entra en la administración a fuego y espada cuestionándose todo e intentando imponer sus nuevas ideas y criterios con vehemencia, muchas veces con más voluntad que acierto. En el segundo mandato, una vez adquirida la experiencia y madurez de los primeros cuatro años de andadura municipalista, el alcalde se siente como Sancho el Sabio y actúa con más prudencia y sensatez. Pero el problema puede llegar en el tercer mandato, donde el edil corre el peligro de cogerle gustillo a la silla, relajarse y convertirse en Sancho Panza.

Este manual está basado en mi experiencia personal, en mi andadura como cargo político y directivo local, y espero te sirva de ayuda en la difícil y noble tarea que estás dispuesto a asumir o que ya llevas tiempo realizando. Para que puedas llegar a ser Sancho el Sabio sin que sufras mucho en tu etapa de Sancho el Fuerte y evites, al menos, convertirte finalmente en Sancho Panza.

Advertencia: Mi experiencia vital, sobremanera los años en el municipalismo, me han hecho ganar enteros en cuanto a sensibilidad en cuestiones de género. Aún así, no es sencillo superar las dicotomías que se nos presentan continuamente al dirigirnos a la colectividad. Te pido pues que seas benévol@ al leer este manual. Donde diga alcaldesa, se ha de entender también alcalde. Donde diga concejal, se ha de entender también concejala. Si escribo «querido lector», has de leer también «querida lectora». Y si digo «líder», has de entenderte también, mujer, ahí incluida.

1 Ante un nuevo escenario vital

Debo suponer, querid@ lector@, que siendo afiliada, simpatizante de algún partido político o una simple mortal más de a pie de los millones que hay en el mundo con ganas de cambiar las cosas, alguien de tu Partido, afín a tus ideales o una amiga inquieta con la que compartes sueños te ha podido proponer formar parte de una candidatura a unas elecciones –pongamos que municipales– y has aceptado, tentada por ese inocente, sano y utópico romanticismo que nos hace preocuparnos por intentar aportar nuestro granito de arena a ese otro mundo que piensas que no sólo es posible sino necesario.

Pues bien, creo estar en condiciones de garantizarte que no sabes bien lo que has hecho y que alguien debe hablarte claro y contarte, siquiera brevemente, qué es lo que te espera, a qué retos te vas a enfrentar, y qué debes hacer para sobrevivir a tan heroica empresa.

Para empezar, vas a tener que sacrificarte al menos durante unas cuantas semanas previas, y luego también en la campaña electoral, ayudando y colaborando a elaborar el programa electoral, pateándote el pueblo, haciendo reuniones y presentaciones públicas. Normalmente colaborarás de buena gana y con ilusión porque te sentirás valorada entre tu propia gente al haber sido elegida para formar parte de la candidatura. Pero no eres consciente aún de todo lo que se te puede venir encima.

Si como resultado de las elecciones tienes la suerte de ser elegido/a cargo público, lo normal es que te encuentres con un mundo nuevo que no dominas y que incluso te puede dominar él a ti si es que no estás bien prevenido o preparada para lo que se te avecina.

Y si para mayor gloria tuya y de tu familia, tienes que asumir la alcaldía o responsabilidades de gobierno como delegada de algún área, te va a tocar lidiar con temas muy sensibles, a veces bajo mucha presión; en ocasiones vas a sentirte sola; tendrás que tomar decisiones, algunas muy comprometidas; y te verás obligada a gestionar conflictos que te quitarán el sueño y que te llegarán a afectar de tal manera que necesitarás tener y mantener un buen grado de madurez y equilibrio físico y emocional para poder minimizar las consecuencias y el desgaste que suponen el ejercicio de una función tan noble pero tan exigente, que requiere una dedicación tal que es sólo conocida y reconocida por quienes hemos pasado por la experiencia. Y si para colmo eres mujer… ¡qué quieres que te cuente!

Pero te preguntarás: ¿y las satisfacciones? Pues son las justas. Y además muy efímeras, porque para cuando eres consciente de haber conseguido algún logro y decides celebrarlo, te está entrando otro problema por la puerta de tu despacho –si es que tienes– o lo que es peor, por la puerta de tu casa.

Tres nuevos frentes (se abren ante ti)

Ya te advierto desde ahora, que en el ayuntamiento vas a tener que vértelas a diario con tres peligrosos colectivos que van a llenar todas las horas de todos los días de los próximos años: los funcionarios, la ciudadanía y tus compañeros concejales.

1. Los funcionarios

El funcionariado es una especie; una variedad híbrida entre personas y máquinas con motor diésel que intentan influir en los políticos –sobre todo en los nuevos– y que de entrada si no enemigos, sí que sus miembros son de otro género diferente al de los políticos, que a duras penas comparten los mismos objetivos y que además saben que ellos son perennes porque tienen su puesto asegurado mientras que el alcalde, alcaldesa o concejal de turno son aves de paso: son caducos, y además, a los pocos meses del mandato les va apareciendo la fecha de caducidad escrita en la frente.

Los funcionarios son auténticos expertos en torturar concejales y alcaldes. Nunca están cuando uno los necesita y en cambio te pueden llamar a cualquier hora para el asunto más nimio, como pedirte permiso para cambiar la bombilla fundida de una farola del parque.

Pero no lo hacen porque sean mala gente, no. Lo hacen porque un día, un político dijo «que no se haga nada sin consultar conmigo», y ahí comenzó el desastre.

Dicho esto, también he de confesar que mi experiencia personal con los funcionarios ha sido muy buena. Me he encontrado con excelentes profesionales e incluso con grandes funcionarios vocacionales que han preferido seguir ejerciendo su vocación de servicio público en el ayuntamiento rechazando ofertas muy tentadoras de empresas privadas, a cuyo servicio podrían haber trabajado bajo el régimen de excedencia temporal, al que tienen perfecto derecho.

Te diré más; si tienes la suerte que yo y otros excompañeros con los que compartí cargo tuvimos, podrás encontrar entre esos funcionarios vocacionales con experiencia y con criterio bien fundado a tus mejores aliados y, si sabes ganártelos, se van a prestar gustosamente a colaborar contigo y con tu equipo en cuantas empresas y proyectos les propongas. Así, podrás tener siempre a tu disposición su opinión cualificada e independiente como una más para poder tomar las decisiones que te competan.

Hoy más que nunca podemos –y debemos– decir y reconocer que es la dignidad de la inmensa mayoría de los funcionarios públicos y el desarrollo honrado y profesional de su trabajo lo que permite que la administración siga ofreciendo servicios públicos de calidad.

2. La ciudadanía

La ciudadanía debe ser la principal destinataria y beneficiaria del ejercicio del cargo público, por lo que tendrás que dedicar gran parte de tu tiempo a estar en contacto directo con ella. Deberás atender a la sociedad organizada, plataformas, asociaciones, clubs, agentes económicos y sociales locales influyentes, sin olvidar tampoco a personas individuales que no forman parte de ninguna organización.

De la misma forma que más arriba te he confesado mi buena experiencia en la relación que he ido manteniendo con el funcionariado, aquí también he de reconocer que en el ejercicio de mis cargos como concejal y alcalde tuve mucha suerte en mi trato con la ciudadanía: por lo general fui una persona respetada por mis vecinas y vecinos, aunque siempre puedes encontrarte con alguien que te puede dar algún disgusto. No hace falta que te diga que ahora, como nunca, hay personas que están sufriendo mucho y que a veces pagan su sufrimiento y desesperación con los políticos más cercanos. Como decía un colega, «un alcalde siempre tiene que ir con corbata porque en cualquier momento le hacen un homenaje».

3. Tus compañeros concejales o «cuerpo a tierra, que vienen los nuestros»

Voy a contarte algo sobre tus compañeros concejales, porque llegarás a darte cuenta de que algunos no serán tan compañeros como tú piensas. La condición y las miserias humanas aflorarán en algún momento durante los cortos/largos cuatro años que dura el mandato y es posible que en algún momento sientas el frío helador de una puñalada trapera recibida por la espalda.

Sí, has de saber que los grandes disgustos y las decepciones más amargas que sufras en el ejercicio del cargo tendrán su procedencia en el comportamiento de alguno de tus propios compañeros, los que están en tu propio partido. Son las experiencias más dolorosas porque suelen llegar de forma inesperada.

La sabiduría popular es rica y ha creado frases que aluden a este tema. «Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libro yo». «Líbreme Dios de mis amigos, que de mis enemigos ya me libro yo»…

Rodolfo Martín Villa7 solía repetir con fruición aquello de «¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!», frase atribuida al político de la UCD Pío Cabanillas8, y que se ha convertido en eslogan y máxima recurrente para aludir a las sorpresas, naturalmente desagradables, que al ser humano suelen depararle quienes precisamente deberían colmarle de felicidad.

Cuentan que al inicio de un curso parlamentario en la Cámara de los Comunes, un joven e inexperto diputado se sentó junto al Primer Ministro Winston Churchill. El joven diputado, sumamente emocionado, le dijo a Churchill: «Señor, es un honor para mí estar sentado a su lado con el enemigo enfrente», a lo que el Primer Ministro le contestó: «No se confunda, joven, los que tiene Ud. enfrente son sus adversarios; los enemigos los tiene Ud. aquí detrás, en su propio partido».

Al mismo Churchill se le atribuye la frase: «En la vida hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido».

Pues sí, desde ahora quiero prevenirte también en este sentido, porque he visto muy de cerca a alcaldes y concejales que han sido víctimas del comportamiento indecoroso de sus propios compañeros de partido, episodios que hacen daño en lo más profundo del ser y que jamás se olvidan. Así que he querido advertirte porque debes estar preparado también para estas contingencias que, además, creo que son inevitables, por mucho que uno intente estar siempre alerta para controlar todos los movimientos a su alrededor.

Mi amiga Isabel Sánchez Robles, actual Parlamentaria en el Congreso de los Diputados en Madrid, me decía siendo concejala del Ayuntamiento de Bilbao (1999-2011), que su tío José Luis Robles Canibe9, alcalde de Bilbao 1983-1987, capitán de la marina mercante, solía repetir con salero un dicho procedente del argot marinero que sonaba así:

«Sea en tierra firme o en alta mar

mantente siempre atento y vigilante,

haya viento de poniente o viento de levante,

porque si no te dan por detrás,

te acabarán dando por delante».

Tres obstáculos más

Hay tres circunstancias más que quiero comentarte, las cuales perjudican y vician o impiden el buen funcionamiento del equipo de gobierno local.

1. El proceso de elaboración de listas

El sistema de elaboración de las listas electorales suele responder a la siguiente escaleta: Los partidos eligen primero al cabeza de lista o candidat@ a alcalde y después, en aras a mantener o recuperar el equilibrio interno entre sus filas, intentan cerrar las listas con personas que representen a las diferentes sensibilidades que suelen convivir dentro del partido o agrupación electoral, las diferentes familias; también se intenta mantener la paridad de género y además se suelen incluir representantes de los diferentes barrios del pueblo o ciudad en aras a conseguir cierto equilibrio territorial. Y los mencionados criterios se utilizan muchas veces por encima de otros quizá más importantes, como las aptitudes, capacidades y habilidades de los candidatos.

2. La falta de personal de gabinete

El gobierno, sí también el local, necesita colaboradores inmediatos de apoyo directo. Si reconocemos que los funcionarios no tienen en principio por qué guardar identidad de objetivos con el gobierno de turno y además es positivo incluso que mantengan en la medida de lo posible cierta neutralidad e independencia política y vocación de servicio público por encima de intereses partidistas; y por otra parte, el equipo de gobierno está compuesto por concejales que han sido elegidos en virtud de unos criterios de paridad de género, representación de las distintas sensibilidades políticas y de los diferentes barrios del municipio, pasando muchas veces por alto su preparación y sus capacidades y habilidades para gobernar, resulta evidente que el equipo de gobierno necesita apoyo técnico profesional de cualificados y hábiles profesionales de confianza para el análisis de la información, la elaboración de políticas, proyectos, planes y programas, y para aplicar también en las relaciones con los ciudadanos y con los medios de comunicación.

Pero por ser la contratación de personal de gabinete tema susceptible de crítica fácil y no muy bien visto en situaciones de crisis económica como la que vivimos, los equipos de gobierno se encuentran en la gran mayoría de los casos desatendidos técnicamente y a falta de buen asesoramiento. En muchas instituciones se siguen confiando las tareas directivas a funcionarios cualificados por su especialidad técnica o funcional aunque carezcan de formación, habilidades, aptitudes y a veces incluso de intención de ejercer tales atribuciones.10

Pero es evidente que un gobernante que consiga seleccionar colaboradores suficientes y competentes estará más descansado y podrá tomar mejores decisiones. Esta es una idea que Furió11 repite varias veces en su obra El Concejo y Consejeros del Príncipe12 y que muchos gobernantes de nuestro país se empeñan en desdeñar. En otra manifestación de voluntarismo heroico, muchos gobernantes prescinden de colaboradores que serían necesarios asumiendo personalmente el esfuerzo y el trabajo adicional que ello representa13.

Pero una concejala, un alcalde o alcaldesa, tienen que tener tiempo y poder dominarlo, gestionar su agenda, sus momentos propios. Porque también es importante que aprendan a desconectarse de la profesión, apartando tiempo para dedicarlo a sus hobbies, para la familia y para los amigos. Las grandes carreras políticas se forjan de personas que sacan tiempo para formarse, para ir al gimnasio, para leer, para cuidarse. Hay que ser un poco egoístas y cuidarse; hay que mimar a la familia y buscar alianzas con ella, porque la vida pública es muy exigente y una crisis familiar es lo más desestabilizador en la carrera de un político14. Hay que gestionar la cartera de amigos; hay que descansar, dormir, cuidar la salud, gratificarse uno mismo de cuando en vez, comprarse algún vestido o un ramo de flores, darse alguna sorpresa, hacerse chequeos, llevar hábitos sanos de alimentación, comer poco y sano, tener cuidado con la bebida y practicar el ejercicio.

3. El reparto ministerial de áreas

Por otra parte, en la inmensa mayoría de Ayuntamientos aún se estila el reparto ministerial de carteras a la hora de organizar el equipo de gobierno. Así, el concejal del equipo de gobierno se convierte en una víctima de la propia división fragmentada de las concejalías en modo ministerial, que impide o dificulta una visión global de la jerarquía de objetivos comunes.

La organización ministerial o de concejalías por áreas hace también que cada concejal se convierta en enemigo del resto de los concejales, porque estará obligado a luchar contra sus compañeros en defensa de su cuota de presupuesto y competencias.

El modelo ministerial de organización del gobierno hace que el pobre concejal se convierta por la mañana en portavoz ante el alcalde de los técnicos y trabajadores municipales, mientras que por la tarde lo es de los clubes y asociaciones locales. Los funcionarios le irán presionando por la mañana «a ver si tienes valor de pedirle al alcalde que contrate a alguien más, que tenemos cada día más trabajo y en los servicios sociales ya lo han conseguido»… «A ver si puedes conseguir un aumento de nivel retributivo para Mengano, que está haciendo más labores de las que realmente le corresponden»…. Además, por la tarde, tendrá que pelearse con todos los clubes y asociaciones que le seguirán presionando para conseguir sus pretensiones –subvenciones, nuevas instalaciones– y, al final, no hará sino crear grupos de descontentos, porque es imposible atender y satisfacer todas las demandas. Además, si no consigue todo el dinero para su área (cultura, urbanismo, acción social…), será un mal concejal. Y así no conseguimos más que concejales insatisfechos, asociaciones insatisfechas, funcionarios insatisfechos y ciudadanía insatisfecha.

El reparto temático de áreas no viene bien más que al funcionario: divide y vencerás. Cuando el alcalde le dice a un concejal que va a ser el delegado de deportes, o de cultura o de cualquier otra área, lo está convirtiendo inmediatamente en un desgraciado. Con esta forma de reparto competencial no conseguimos más que concejales insatisfechos y frustrados. Y esto te lo digo con conocimiento de causa. He visto a concejales del mismo partido y del equipo de gobierno, que se han enfadado y han dejado de hablarse y relacionarse entre ellos por este celo profesional mal entendido de defender cada cual su parcela de poder.

Pero estarás acompañado

Quiero reconfortarte un poco. Respira tranquilo. Si hasta ahora todo lo que te he contado eran problemas, obstáculos y dificultades, la buena noticia es que en el ejercicio del cargo vas a tener la posibilidad de conocer dos nuevas compañeras que van a estar cerca de ti durante los años que estés en el cargo. Dos amigas que te van a ayudar a madurar, a crecer y a desarrollarte como líder.

Te puedo garantizar que a la primera (la Soledad) la vas a conocer pronto y te visitará de forma regular. Vas a tener que familiarizarte con ella. Y te diré también que tienes muchas papeletas de relacionarte con la segunda (con la Toga).

Te lo cuento.

1. La Soledad

El día que estrenaba el cargo de alcalde de mi pueblo, en junio de 1999, una de las primeras cosas que hizo la Secretaria del Ayuntamiento, Paloma15, fue introducirme en «alcaldía», un sencillo gabinete situado en la planta noble de la Casa Consistorial, que llegó a ser mi despacho durante los doce años siguientes.

Tras una breve explicación sobre la procedencia de los muebles –que por otra parte tampoco eran muchos ni muy valiosos– y de un cuadro que colgaba en la pared, se extendió, más de lo que a mí me pareció razonable, hablándome sobre el sillón que estaba tras la mesa, y en el que, me advirtió de forma insistente, muchas veces durante los próximos años me sentiría «solo». Y hablamos y filosofamos sobre la diferencia entre la soledad que uno busca en un momento determinado y la soledad que a uno le llega sin ser querida.

Y nunca olvidaré aquella conversación ni otros consejos y prevenciones que Paloma tuvo a bien darme durante los años que tuvimos la suerte de compartir, porque fueron de mucha utilidad para mí.