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El presente volumen contiene un conjunto de textos seleccionados de Andrés Bello publicados durante 1823-1843. Ellos representan la faceta de divulgación científica del caraqueño, actividad que comenzó en su juventud y que lo acompañó prácticamente hasta su ancianidad, paralelamente con sus más conocidas funciones como estadista, periodista, educador, jurista, poeta y filólogo. Los textos aquí seleccionados tratan temas que incluyen astronomía, geología, botánica, historia natural y tecnologías desde las tradicionales hasta las más avanzadas de su tiempo. Si bien concebidos por Bello como de primera importancia para la cultura y consolidación de las repúblicas emergentes de nuestro continente, los llamados opúsculos científicos han quedado algo a la sombra de los logros mayores del intelectual venezolano, tales como su Código Civil, su Gramática y sus exploraciones poéticas. El carácter multidisciplinario de la compleja obra de Andrés Bello quedó plasmado el 17 de septiembre de 1843 en su discurso de instalación como rector de la Universidad de Chile: "He dicho que todas las verdades se tocan […] Todas las facultades humanas forman un sistema en que no puede haber regularidad y armonía sin el concurso de cada una". Queremos hacer nuestras las palabras del sabio al presentar esta selección de textos científicos, confluencia de aportes desde las disciplinas humanísticas y científicas.
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Seitenzahl: 374
Veröffentlichungsjahr: 2022
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B446e Bello,Andrés, 1781-1865.
Andrés Bello científico: escritos publicados (1823-1843);
edición de Guillermo Latorre y Rodrigo Medel.
1a. ed. – Santiago de Chile: Universitaria, 2018.
225 p.: il. (algunas. col.); 15,5 x 23 cm. – (El saber y la cultura)
Bibliografía: p. 223-225.
ISBN: 978-956-11-2578-0ISBN Digital: 978-956-11-2729-6
1. Bello, Andrés, 1781-1865.
2. Ciencia – Colección de escritos.
3. Ciencias naturales.
4. Geología.
5. Geografía.
6. Astronomía.
7. Transportes.
I. t. II. Latorre, Guillermo, ed. III. Medel, Rodrigo, ed.
© 2017, GUILLERMO LATORRE, RODRIGO MEDEL.
Inscripción Nº 286.092, Santiago de Chile.
Derechos de edición reservados para todos los países por
© EDITORIAL UNIVERSITARIA, S.A.
Avda. Bernardo O’Higgins 1050, Santiago de Chile.
Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada,
puede ser reproducida, transmitida o almacenada, sea por
procedimientos mecánicos, ópticos, químicos o
electrónicos, incluidas las fotocopias,
sin permiso escrito del editor.
Texto compuesto en tipografía Bembo 12/14,5
DIAGRAMACIÓN
Yenny Isla Rodríguez,
DISÑO DE PORTADA
Norma Díaz San Martín
ESTE PROYECTO CUENTA CON EL FINANCIAMIENTO DEL
FONDO JUVENAL HERNÁNDEZ JAQUE 2016
DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE
www.universitaria.cl
Diagramación digital: ebooks [email protected]
FONDO RECTOR JUVENAL HERNÁNDEZ JAQUE
El Fondo Rector Juvenal Hernández Jaque fue instituido el año 2003 medianteel Decreto Universitario N° 0025.932,conel fin de“promover la edición, publicación y difusión de libros y textos de interés académico, otorgando prioridad a los desarrollados por la Universidad de Chile, que generen una contribución a las ciencias, humanidades y artes, y que signifiquen un enriquecimiento científico y cultural de la comunidad”.
Desde el año 2013 la convocatoria a postular obras se ha realizado en forma anual siguiendo estándares editoriales rigurosos estrictos. Un Comité Editorial formado por cinco Profesores Titulares de diversas áreas del conocimiento –presidido por el Prorrector de la Universidad de Chile– conduce el proceso de revisión y selección de las obras, identificando pares evaluadores que contribuyen con su opinión ilustrada y fundamentada a la decisión final sobre bases exigentes y rigurosas.
En el presente concurso el Comité Editorial del Fondo estuvo constituido por los Profesores Gonzalo Díaz Cuevas,Rafael Epstein Numhauser (Presidente), Jorge Hidalgo Lehuedé, María Loreto Rebolledo González y Ángel Spotorno Oyarzún. La convocatoria alcanzó a 37 libros, siendo seleccionados 16. Uno de ellos es el libro que usted tiene en sus manos.
Comité Editorial
FONDO RECTOR JUVENAL HERNÁNDEZ JAQUE
ÍNDICE
PRÓLOGO
AGRADECIMIENTOS
1. Ensayo introductorio 1: “Astrónomo sin telescopio, médico sin diploma: los escritos científicos de Andrés Bello”
2. Ensayo introductorio 2: “La perspectiva científica de Andrés Bello”
LOS OPÚSCULOS
CAPÍTULO I Concepciones generales
1. Consideraciones sobre la Naturaleza según Julien-Joseph Virey
2. Historia de la doctrina de los elementos de los cuerpos
3. Vida y organización
CAPÍTULO II Ciencias naturales
1. Nueva especie de papa en Colombia 113
2. Cultivo y beneficio del cáñamo
3. Avestruz de América
4. Palmas americanas
5. Descripción de la cochinilla mixteca y de su cría y beneficio
CAPÍTULO III Geología y Geografía
1. Magnetismo terrestre
2. Hierro meteórico del Chaco
3. Producciones de la provincia de Cochabamba
4. El terremoto de 1835 I
5. El terremoto de 1835 II
CAPÍTULO IV Astronomía
1. Telescopios
2. Estrellas fijas
3. Cometa de 1835
4. Cometa Halley I, II y III
5. El cometa de 1843
CAPÍTULO V Ingeniería (transportes)
1. Navegación de vapor
2. Sobre las ascensiones aéreas
Bibliografía
PRÓLOGO
El presente volumen, Andrés Bello científico. Escritos publicados (18231843), contiene una selección de textos que fueron apareciendo en las distintas publicaciones a las que el venezolano tuvo acceso y control durante más de dos décadas. Ellos representan una corriente como divulgador científico que comenzó en su juventud y que lo acompañó prácticamente hasta su ancianidad, paralelamente con sus más conocidas funciones como estadista, periodista, educador, jurista, poeta y fi-lólogo.Aunque estos textos no dejaron huellas tan permanentes como su Código Civil, su Gramática y sus exploraciones poéticas (ya sea en originales o traducciones), los llamados opúsculos científicos representan un corpus significativo en términos de títulos publicados, más de un ciento. Esto les aseguró un lugar propio en las ediciones de sus obras completas tanto en Chile (1881-1893) como en Venezuela (1951-1981). Habiendo transcurrido treinta y cinco años desde la última edición, es oportuno devolver a la luz pública una faceta que ha quedado algo a la sombra de los logros mayores del ilustre caraqueño.
Reunidos en la presente edición hay 21 artículos representativos tanto de Bello como divulgador de las ciencias, como reflejo del estado de los conocimientos y exploraciones en las ciencias naturales de su época. Los textos aquí seleccionados van desde la astronomía hasta la botánica,desde el universo,pasando por la historia natural y también prestando atención a las tecnologías desde las tradicionales hasta las más avanzadas en su tiempo. Aunque se puede objetar que pocos son originales de Bello, y que buena parte son simples traducciones o extractos de escritos, aun en esas modestas funciones, el gran venezolano dejó su impronta estilística y su testimonio de una inquietud permanente, y por consiguiente, reflejo de una función más,divulgador científico,que Bello consideró de importancia suficiente como para hacerle un lugar dentro de su atareadísima vida.
Precediendo a los artículos hacemos consideraciones en torno al rol que la divulgación científica ocupó en la vida de Bello, destacamos las propiedades de cada uno de los opúsculos seleccionados, discutimos la autoría de esos textos, y también hacemos alcances sobre la divulgación científica en el marco de los modelos de reproducción y de apropiación de las influencias intelectuales desde el mundo industrializado hacia Hispanoamérica. También proponemos que reproducción y apropiación son opciones alternativas más bien que mutuamente excluyentes,dependiendo de la naturaleza de cada disciplina.
Hemos tenido que tomar decisiones inevitables en una edición de textos más que centenarios. Primero, nos apartamos de las ediciones chilena y venezolana al organizar los artículos en secciones por disciplinas afines. Empezamos con temas de orden más general, pasamos por disciplinas específicas y cerramos con temas de ingeniería. Aclaramos que nuestra división de los opúsculos no busca satisfacer criterios clasificatorios formales ya que se trata de una simple organización que se limita a resaltar la diversidad de temas que Bello buscó divulgar para los lectores de El Repertorio Americano, la Biblioteca Americana y El Araucano, publicaciones periódicas en las que el caraqueño tuvo participación decisiva.
En segundo lugar,desistimos de retener la grafía decimonónica.Retenerla habría ciertamente agregado una nota de autenticidad; los problemas de composición y tipografía aconsejaron modernizar, también a fin de facilitar la comprensión de los lectores de hoy. Como concesión a la autenticidad, hemos retenido ciertas construcciones, giros y palabras tal como las usó Bello de acuerdo con las convenciones de su tiempo. Nuestras posibles lectoras y lectores quedan advertidos entonces que expresiones como la cutis, el pus y la análisis química no son errores de imprenta sino construcciones según el uso de la época.Otro tanto vale para palabras como paquete, manida y retrete, aplicadas a contextos que difieren de los actuales. Asimismo, aun cuando en numerosas ocasiones Andrés Bello no siguió de manera estricta las reglas de la nomenclatura binominal linneana para referirse a las especies de plantas y animales, hemos estandarizado tales referencias al nombre genérico comenzado en mayúscula y el específico en minúscula.
En tercer lugar, nos hemos tomado la libertad de iniciar cada artículo con una ilustración alusiva al tema, respetando, aquí sí, la estética de la época. Iniciado ya el siglo xix, se establece una tradición gráfica que empezó con las ilustraciones en los primeros textos de divulgación científica. Bello no se acogió a esa tradición plástica, posiblemente por limitaciones técnicas en las revistas a las que tuvo acceso. Invocamos ese precedente en apoyo de nuestra selección de ilustraciones.
El 17 de septiembre de 1843, y en su discurso de instalación como rector de la Universidad de Chile,don Andrés Bello afirmó:“He dicho que todas las verdades se tocan […] Todas las facultades humanas forman un sistema en que no puede haber regularidad y armonía, sin el concurso de cada uno”. Queremos hacer nuestras estas palabras del ilustre venezolano al presentar esta selección de textos científicos, confluencia de aportes desde las disciplinas humanísticas y científicas.
LOS EDITORES
AGRADECIMIENTOS
A la Dra. Guisela Latorre Huerta, Ohio State University, por el acceso a importantes recursos bibliográficos,
A la Sra. Dora Goldemberg F., Santiago de Chile, por importantes investigaciones en la Biblioteca Nacional.
A la Srta. Valentina González, al Sr. Vicente Medel y a Mildred Ehrenfeld por su aporte en la digitación de los artículos de Andrés Bello.
Al personal de Referencia y Préstamos Interbibliotecarios, Rice Library, University of Southern Indiana, por sus muy eficientes servicios en todos estos años y muy especialmente por facilitar el acceso a la documentación sobre Tadeo Haenke.
A la Srta.Carolina Latorre Huerta y al Sr.Miguel Latorre Huerta por su apoyo en materias gráficas.
Al Fondo Juvenal Hernández Jaque, Universidad de Chile, por su vital apoyo a nuestro proyecto.
A los evaluadores designados por el Fondo Juvenal Hernández Jaque por sus útiles recomendaciones.
Al proyecto fondecyt 1150112, por financiamiento indirecto a este proyecto.
Queden estas personas e instituciones exentas de toda responsabilidad por nuestros errores de comisión y omisión.
ASTRÓNOMO SIN TELESCOPIO, MÉDICO SIN DIPLOMA: LOS ARTÍCULOS CIENTÍfiCOS DE ANDRÉS BELLO
GUILLERMO LATORRE
1. Bello y las ciencias
Dentro de la enorme gama de temas que Bello estudió en su vida y prácticamente hasta el año de su muerte, se encuentra una serie de escritos que mayormente fue apareciendo en revistas entre los años 1820 y 1851. Es un conjunto relativamente menor ya que abarca unos doscientos textos, no todos originales de Bello, y con contenidos que se centran en las ciencias físicas y naturales,tanto en lo descriptivo como en sus aplicaciones prácticas.Ellos abarcan una amplia variedad de disciplinas:astronomía, física, geografía, botánica, química, agronomía, nutrición, meteorología, salud pública; ninguno de ellos fue ajeno a su pensamiento y acción desplegados ambos en la administración pública,la diplomacia,la educación y la jurisprudencia en una carrera que se inicia en 1802 y se extiende hasta 1865, año de su muerte.
Abundan los testimonios sobre las inquietudes científicas del ilustre caraqueño. En 1881, y bajo el acápite de “Opúsculos científicos”, Miguel Luis Amunátegui Reyes seleccionó escritos que Bello había estado dando a la publicidad desde 18201. Alabando el quehacer del jurista por dictar “preceptos para rejir las relaciones privadas de los ciudadanos entre sí”, Amunátegui hace notar que también “el eminente literato ha contemplado el cielo, no solo como poeta i como filósofo, sino también como astrónomo” y “Ha llevado sus miradas sobre todo el universo visible para indagar la naturaleza, magnitud, figura, distancia i movimientos de los grandes cuerpos diseminados en el espacio”2. También destaca la labor de Bello para establecer en Chile un observatorio astronómico y para la formación de ingenieros y geógrafos. Hay, pues, muy tempranas evidencias del compromiso de Bello con los estudios científicos, tanto en lo intelectual como en lo institucional3. Amunátegui Reyes se refiere, con leve y afectuosa ironía, a “nuestro cosmógrafo, desprovisto de telescopio”, aludiendo a las limitaciones técnicas con las que Bello emprendía sus estudios científicos. Más adelante destacaría la forma en que Bello (“médico sin diploma” esta vez) alertó a la comunidad acerca de las malas condiciones sanitarias de Santiago y de toda la nación, vulnerable ante una inminente epidemia de cólera, alerta que se materializó cuando “A fines de 1886, el cólera hizo su aparición en Chile, causando enormes y luctuosos estragos”4.
De hecho, Bello se interesó en materias científicas antes de 1820. Lo indican su interés por la introducción de la vacuna en Venezuela (1804) y su ingreso a la Junta Nacional de Vacuna tres años más tarde. La Junta estaba bajo la autoridad de la Capitanía General y era el organismo destinado a extender la vacunación a regiones de ese país. Precisamente de 1804 data la composición del conocido poema “A la vacuna”5. En general,el tono es principalmente laudatorio del Iluminismo español y también de la legitimidad imperial.Las alusiones a la ciencia son escasas pero elocuentes sobre la importancia que el poeta veinteañero acordaba a aquella.Testimonios posteriores confirman este temprano compromiso de Bello.
Haciendorecuerdos delcaraqueño,GuillermoFeliúCruz afirmóque “En la última etapa de su vida, la astronomía fue tema de meditaciones”, y cita las frecuentes consultas a Claudio Gay y Rodulfo Amando Philippi en materias botánicas6. Un testimonio venezolano anota que “A lo largo de toda la vida de Bello encontramos muestras de su dedicación a los temas científicos, desde los mismos comienzos de su obra de escritor en Caracas, hasta los últimos años de su gloriosa producción en Chile”7. Otro tanto observa Juan Durán Luzio,quien alude a“otra de las pasiones que le acompañaban desde los años juveniles: el estudio de las ciencias naturales”8. Por Iván Jaksić sabemos que la vocación científica de Bello se despertó muy temprano en su vida, cuando contempló estudiar medicina. Aunque no persistió en esa dirección, aun en medio de las incertidumbres políticas, de los altibajos de su carrera en tres países, del alejamiento de su país natal (al que nunca volvería), de la estrechez pecuniaria y de las muchas desgracias familiares, en medio y a pesar de todo eso, su interés por las ciencias naturales jamás decayó, y fue una de las muchas constantes en su búsqueda del orden en las nacientes repúblicas hispanoamericanas9.
Hubo un momento temprano igualmente decisivo. Su contacto con Alexander von Humboldt en Caracas (desde noviembre de 1779 a febrero de 1800) tuvo el efecto de confirmar aquel interés y también de integrarlo en una visión política a plazo más largo. Iván Jaksić escribe: “… los intereses de Bello en ciencias naturales, impulsados por su contacto con Alejandro de Humboldt, se transformaron en intereses permanentes. Los incorporó en su poesía, y también en un esfuerzo constante de difusión del conocimiento científico considerado como necesario para el desarrollo económico y la educación de las nuevas repúblicas”10. Esta visión se vio reflejada en sus escritos científicos,publicados en cinco revistas: Gazeta de Caracas (en Venezuela), El Censor Americano, Biblioteca Americana y El Repertorio Americano (en Inglaterra) y El Araucano (en Chile). Estos aproximadamente doscientos textos no se limitaron a presentar avances meramente descriptivos sino que también dejaron espacios para las aplicaciones prácticas de aquellos avances.
Un estudio más detallado de la relación de Bello con las ciencias fue publicado porPedroCunill Grau en 1981.Elgeógrafo chileno destacalas innovaciones en artículos de divulgación,la incorporación de las ciencias en la docencia, la difusión de las potencialidades del territorio chileno, la estructuración de los estudios científicos universitarios,y la apertura a las relaciones científicas internacionales.Bajo este último acápite se destacaron los contactos con Estados Unidos por intermedio del astrónomo y marino norteamericano James M. Gillis, contactos destinados al equipamiento astronómico moderno y a la formación de especialistas chilenos11.
El caraqueño recurrió a una variedad de canales para comunicar su compromiso científico: la prensa escrita, la rectoría de la Universidad de Chile, los programas de ciencias en la Universidad y en la educación pú-blica, y sus contactos internacionales especialmente con Estados Unidos. En las páginas que siguen nos concentraremos en los aportes del humanista en el medio escrito12.
Como es bien sabido, a lo largo de su carrera Bello estuvo en situación privilegiada para difundir la ciencia en el medio periodístico. Entre 1808 y 1810 y a la edad de 27 años fue redactor principal en la Gazeta de Caracas, la primera publicación periódica de Venezuela. En tal capacidad fue responsable de la selección,traducción y redacción de artículos,y ganó experiencia en todos los aspectos de publicación así como también una clara conciencia sobre el potencial de la prensa escrita13.
En El Censor Americano Bello estimuló la publicación sobre topografía venezolana y extractó partes de las obras de Humboldt: “el interés de Bello por temas científicos y de utilidad práctica está también firmemente definido en esta revista”. Esas inquietudes continuaron encontrando salida en la Biblioteca Americana y El Repertorio Americano, entre 1823 y 1829, este último, año de su viaje a Chile14. Todo ese caudal de experiencias e intereses lo volcó en su nuevo país al involucrarse en El Araucano,dentro del cual Bello ejerció creciente influencia partiendo desde la sección de noticias extranjeras y la de letras y ciencias hasta la dirección de todo el periódico,según lo documenta Manuel Pérez Vila15. Durante toda su vida el caraqueño tuvo amplias oportunidades de difundir sus intereses en pro de la ciencia.
Era de esperar que Bello incluyera la gnosis científica en su filosofía del entendimiento, y así fue. Partes de este ensayo aparecieron en El Crepúsculo entre 1843 y 1844 bajo el título de Teoría del conocimiento, siendo publicadas póstumamente por Miguel Amunátegui Aldunate en 1881 como el primer tomo de la edición chilena de las Obras Completas16. Vayanalgunosejemplos.EnelCapítulo V(“Delasmateriasaqueseaplica el raciocinio puro”) el venezolano se interna en una estricta serie de razonamientos para concluir que“Las ciencias matemáticas emplean más de ordinario los procederes deductivos representados por los axiomas”, haciendo notar que las verdades matemáticas aparecen a veces“como inútiles para darnos a conocer la realidad de las cosas”.No obstante,tal inutilidad no existe ya que ellas “corresponden algunas veces exactamente a la realidad de las cosas” y “la diferencia entre los resultados matemáticos y los resultados reales o es insensible o puede sin inconveniente despreciarse”17. Para la física el Capítulo VI (“Del raciocinio en materia de hechos”) traza el desarrollo de la idea de la gravitación, parte desde las tempranas teorías sobre cuerpos leves y cuerpos graves, estudia las evidencias y razonamientos de aquellas y culmina con el triunfo de la gravitación universal de Newton. Conclusión: “Creo haber dado a conocer dos procederes de que se hace uso frecuente en las ciencias físicas: la síntesis analógica, que asimila y generaliza, y la análisis matemática18, que desenvuelve las fórmulas de la analogía para que nuevas y variadas observaciones las confirmen o las desmientan”19.
Su tratamiento de la analogía en las ciencias biológicas parte aludiendo a las abundantes semejanzas entre la anatomía y conductas de los seres humanos y las demás especies (“los brutos”, en la designación frecuente de la época). Ante tal cúmulo de similitudes, Bello descarta la idea cartesiana de los animales como autómatas sin percepciones y sensibilidad, y afirma:“…no parece posible haya hombre alguno que,cediendo a tan poderosa combinación de analogías, no reconozca en los animales, aun en aquellos cuya estructura dice más a la humana, una animación como la nuestra, una sustancia sensitiva, un alma en que se producen fenómenos parecidos a los que la conciencia nos revela en nosotros, fenómenos que envuelven numerosísimas relaciones de causas y efectos, de medios y fines, en que se traduce con la mayor claridad un tipo común”20. Notable reconocimiento de los animales como entes con una conciencia diferente de la humana solo cuantitativamente.De paso,resistiremos aquí la tentación de leer una especie de evolucionismo avant saison en estas líneas escritas alrededor de 1843.
Bajo el extenso título “Del método, y en especial del que es propio de las investigaciones físicas”, el Capítulo VII estudia en detalle procedimientos tales como análisis y generalización y cita investigaciones que ilustran el funcionamiento de ambos. Destaca la importancia de la numeración y medición y las coloca centralmente en la formulación de leyes: “Es un carácter de las más altas leyes naturales el ser susceptibles de expresarse por medio de fórmulas cuantitativas”21. También el ilustre venezolano estudia causas y efectos, indicando en detalle los pasos lógicos para determinar las relaciones causales entre fenómenos. En resumen, Bello reconoció el lugar representativo que les corresponde a los métodos en ciencias naturales dentro del amplio espectro epistemológico.
Pero Bello no se detuvo allí. Con serena autoridad y en su famoso discurso de instalación, Bello tendió un puente entre ciencia y religión: “Todas las verdades se tocan, y yo extiendo esta aserción al dogma religioso, a la verdad teológica”. Fustigó a quienes (“entendimientos extraviados”) ven una oposición, una brecha infranqueable, entre ambas, y ve la fragilidad de la razón humana, necesitada de apoyo sólido en lo que él denomina como la revelación universal. Para el caraqueño, favorecer la revelación positiva en desmedro de esa revelación universal solo conduce a “emponzoñar las fuentes de la moral,[y a ] envilecer la religión misma”22.
Como testimonio de cierre, anotemos un consenso separado por cien años: tanto la edición chilena de 1881 como la venezolana de 1981 coincidieron en que los artículos científicos ameritaban tomos separados dentro de las obras completas del ilustre polígrafo:Opúsculos científicos para la edición chilena, Cosmografía y otros escritos de divulgación científica para la correspondiente venezolana. Separadas por un siglo, era dable esperar diferencias importantes entre ambas versiones.
2. Las ediciones chilena y venezolana
Para empezar, un breve aparte inicial acerca de las ediciones de las obras completas de Bello. Por Ignacio Jorge Becco23 sabemos que la primera edición chilena ocupó 15 tomos que aparecieron entre 1881 y 1893. Sus editores fueron Miguel Luis Amunátegui Aldunate para los primeros 11 tomos, y su sobrino Miguel Luis Amunátegui Reyes para los siguientes. Hubo también una edición española en 9 tomos, selección más bien que edición (1882-1905). Un intento posterior en Chile (1930-1935) quedó incompleto con 9 volúmenes. La primera compilación venezolana (1951-1981) ocupó 24 tomos y fue seguida por otra (1981-1984) con 26 tomos, pero sin diferencias mayores con su antecesora24. Hay que anotar una situación curiosa en torno a esta última. Documentos de la época informan que el fruto de extensas labores fue “la publicación de las Obras Completas de Andrés Bello en dos ediciones: la primera con los volúmenes preparados en una etapa inicial de trabajos (Caracas: Ministerio de Educación, 1951-1969, 19 vols.); y la segunda, que completa y termina las tareas de la Comisión en una nueva etapa” (Caracas: La Casa de Bello, 1981-1985,26 vols.)25.Aparentemente tal división de trabajo no fue observada rigurosamente ya que hemos trabajado con ediciones ministeriales de las poesías de Bello y de la Cosmografía,publicadas respectivamente en 1952 y 1957, dentro del lapso indicado más arriba, pero también con una de la filosofía del Entendimiento que apareció en 1981, también bajo la impronta del Ministerio de Educación venezolano y pasado ese lapso. Un temprana voz disidente ante la participación ministerial se planteó en 1947, pero la consignamos como simple anécdota26.
Tanto la edición chilena como la venezolana coincidieron en incorporar los textos científicos en volúmenes separados. Para la edición chilena fue el volumen XIV, al que Miguel Luis Amunátegui Reyes asignó el nombre de Opúsculos Científicos. Para las ediciones venezolanas fue el tomo XXIV, con el título de Cosmografía y Otros Escritos de Divulgación Científica, con prólogo y notas de F. J. Duarte, científico y académico venezolano.El aporte editorial de Duarte se limitó a la Cosmografía,extenso texto al que volveremos más adelante.
Los Opúsculos Científicos y la Cosmografía nos dan una idea de la total producción del caraqueño en difusión científica. Los títulos en cuestión se agrupan en dos conjuntos principales, que corresponden a las ediciones en ambos países. Cada uno de ellos nos presenta propiedades que pasamos a enfocar.
La edición chilena incluyó el primer intento de reunir los textos científicos en un solo libro. Amunátegui Reyes escribió una desprolija introducción con un total de 18 títulos intercalados dentro de la misma introducción y totalmente aparte de los artículos detallados en el índice general del libro. Los textos intercalados a veces llevan títulos, a veces no. Ignoramos las razones de esta política y el resultado no es precisamente un modelo de introducción, más aun cuando Amunátegui Reyes agregó, a los artículos, una reseña por Bartolomé Mitre de un libro de Bello, un testimonio de Ignacio Domeyko y dos intervenciones de Bello ante el Consejo Superior de la Universidad de Chile. Estas intercalaciones le permitieron a Amunátegui Reyes engrosar un voluminoso ensayo preliminar de 57 páginas. El índice propiamente tal, al final del libro, consiste en 29 textos aparte de los intercalados en la introducción, lo que da un total de 47 títulos en los Opúsculos Científicos.
La edición venezolana de 1981 buscó remediar las carencias de su antecesora chilena con una detallada introducción, nuevos títulos, nueva organización, información detallada sobre fuentes originales de los estudios científicos, y un listado de las traducciones y extractos científicos que Bello difundió en Londres y Santiago de Chile entre 1823 y 185127. La Cosmografía contó con un prólogo y notas de un científico profesional. Al igual que en la edición chilena, este tratado llevaba índice separado para sus 15 capítulos. El índice general que cierra la edición detalló 35 títulos. Se trató de un esfuerzo editorial mucho más cuidadoso que el emprendido por Amunátegui Reyes a fines del siglo xix. Eso sí, los editores consignaron 36 artículos científicos aparecidos en las “Variedades”del periódico El Repertorio Americano a una sección aparte sin que el índice general diera detalles de los 36 títulos bajo ese acápite,más de uno de ellos originales del propio caraqueño. Los 35 títulos en el índice, los 91 en el listado de traducciones y extractos y los 36 en “Variedades” nos dan un total de 162 artículos, cifra claramente superior a los 47 recopilados por Amunátegui Reyes. Con esto podemos proponer un número máximo de 209 artículos científicos que Bello aportó a la divulgación científica de su tiempo. Parece prudente sugerir un número máximo debido a la inevitable duplicación de títulos entre los índices de ambas ediciones, duplicación que solo podría resultar en una cifra menor que la sugerida.
El editor chileno consideró importante incorporar selecciones que Bello había hecho del libro de Humboldt y Bonpland Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Amunátegui Reyes las publicó como títulosseparados,entremedio deopúsculossobreotrostemas.Loseditores venezolanos unieron todas las selecciones de Humboldt y Bonpland bajo el encabezamiento general de “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente por Humboldt y Bonpland”, incorporaron títulos ausentes en la edición chilena y redactaron comentarios introductorios. Una curiosa adición venezolana son los dieciséis esbozos de aves hechos por el propio Bello durante su estadía en Londres y basados en un tratado inglés de 1815.Toda una primicia; no corresponde aquí pronunciarnos sobre las aptitudes gráficas del ilustre venezolano. Posteriormente, y en un encomiable esfuerzo, la totalidad de la edición venezolana 1981 apareció en formato digital el año 200228.
Todas las ediciones coincidieron en que la Cosmografía, de hecho un libro por derecho propio, merecía un lugar entre los escritos científicos de Bello, a pesar de propiedades que hacen de aquella un texto en cierto sentido idiosincrático entre estos últimos.Ya habrá ocasión de volver sobre esta extensa excursión en los dominios de la astronomía.
Como ya observamos, la edición venezolana de las obras completas respetó el precedente chileno de destinar un volumen separado para los textos de divulgación científica. Más aún, la Comisión Editora abrió cada uno de los textos con notas sobre primera fuente (Gazeta, Biblioteca, Repertorio o El Araucano), año y lugar de publicación, información esencial para lo que intentamos en estas páginas. El listado de 91 artículos se limitó a determinar si los títulos eran o no atribuibles a Bello como traductor o glosador, soslayando la posible actuación del caraqueño como autor. Una lectura de la edición chilena de 1881 y también de la edición venezolana de 1981 nos permite proponer algunos textos como provenientes de puño y letra del propio Bello.En el trabajo que ahora se inicia estudiaremos la actividad de Andrés Bello como difusor de las ciencias, destacando las propiedades de algunos de los numerosos artículos publicados bajo su nombre. Haremos propuestas sobre la autoría de Bello para el caso de textos incluidos en ambas ediciones de los textos científicos de Bello. Cerraremos con algunas consideraciones en torno al aporte del caraqueño según los modelos interpretativos de reproducción y de apropiación de las ideas. Comenzaremos por comentar acerca de Bello, la ciencia y la poesía.
3. Bello, la ciencia y la poesía
Entre los testimonios sobre los permanentes intereses científicos de Bello ya citamos a Iván Jaksić en el sentido que el caraqueño también los habría incorporado en su poesía. Esta propuesta invita a una indagación. Advirtamos que nos limitaremos solamente a considerar el nivel léxico, incluyendo posibles alusiones que encontremos en poemas cercanos a temas de filosofía natural, soslayando otras facetas de la creación poética que pudieran estar informadas por la episteme científica.Seleccionaremos algunos textos que parecen afines al tema que nos ocupa, para lo cual seguiremos la edición venezolana de los poemas de Bello, recurriendo también a los conceptos que Fernando Paz Castillo vierte en su ensayo introductorio a la referida edición29.De este corpus poético nos concentraremos en cuatro títulos bien conocidos que corresponden a sus clásicas estadías en Caracas, Londres y Santiago de Chile.
Por su título “A la vacuna” se ve promisorio en materia de alusiones científicas. Se ha indicado 1804 como fecha aproximada de composición aunque su primera publicación en Caracas es de data muy posterior (1882)30. El poema se inicia con un extenso elogio a Manuel Guevara Vasconcelos, Capitán General de Venezuela, expresando la gratitud de todo el país y extendiéndola a toda América del Sur,desde “la costa donde el mar soberbio/ de Magallanes brama enfurecido, /hasta el lejano polo contrapuesto”. La voz poética ensalza el progreso material:“leyes, industrias, población, comercio” y la acción progresista de la corona, la cual “los dones de la tierra y los efectos/de la fértil industria, mil riquezas/derramó sobre entrambos hemisferios”.Aparece la epidemia y Bello describe en gráfico detalle los efectos de la viruela:“Viéronse de repente señalados/de hedionda lepra los humanos cuerpos,/y las ciudades todas y los campos/de deformes cadáveres cubiertos”. Pronto interviene la “Suprema Providencia”, dando cabida a la única referencia a un hecho científico:“tú diste al hombre medicina, hiriendo/ de contagiosa plaga los rebaños;/tú nos abriste manantiales nuevos/de salud en las llagas, y estampaste/en nuestra carne un milagroso sello/que las negras viruelas respetaron./ Jenner es quien encuentra bajo el techo/de los pastores tan precioso hallazgo”. De allí para adelante el poema se expande y cierra en tono encomiástico hacia el monarca español (“Carlos el bienhechor”), a Francisco Javier Balmis, director de la Real Expedición filantrópica de la Vacuna,sin olvidar al “grande y sabio Godoy”,“ministro de desgraciada memoria”, para Miguel Antonio Caro escribiendo en 1882. Caro no se detuvo allí y condenó acremente “A la vacuna”: ¿cómo, se pregunta Caro,“el autor de la Silva a la Zona Tórrida y de la Oración por todos pudo, una vez en su vida, hacer declamación rimada en vez de poesía, sin invocar á las Musas, y como mero ‘Oficial segundo de una Secretaría de Gobierno?’”31. Ditirambo y todo, “A la vacuna” resalta el compromiso del veinteañero Bello con la gestión colonial de la corona española más bien que su actitud hacia la ciencia.
Diecinueve años transcurrieron entre la composición de “A la vacuna” y la “Alocución a la poesía”, publicada en 1823. Para entonces Bello llevaba trece años en Londres y se había asociado con Juan García del Río en la Biblioteca Americana ,revista en la que apareció la Alocución.No solo había dejado su Venezuela natal sino que también había cambiado desde su anterior lealtad a la corona española hacia un apoyo de la causa independentista32. Básicamente, la voz poética llama a la poesía para que cante a la independencia y a las glorias de las nuevas naciones. En conformidad con un vasto proyecto literario, la Alocución fue presentada como “Fragmentos de un poema titulado América”, proyecto del cual Bello terminó por desistirse.Se invita a la poesía para que se distancie del mundo antiguo,y se dirija a “otro cielo,a otro mundo”a cantar las glorias de “América, del sol joven esposa,/del antiguo Océano, hija postrera”. Los intentos de la corona española de ahogar la independencia son tema de implacable crítica y, en una perspectiva panamericanista, el poema ensalza los trabajos de las incipientes naciones en busca de sacudirse de la tutela peninsular, y paga tributo elocuente a diferentes personalidades de la región natal de Bello. Para beneficio de posibles lectores en otras partes de América, Bello escribió notas explicativas de aquellas alusiones que estimó como muy localistas.
La intención y el tono de la Alocución no se prestaba para incluir las ciencias, de modo que rescatamos solamente dos menciones astronómicas (líneas 142-147), ambas a constelaciones, ambas también comentadas por Miguel Antonio Caro33. En un momento, la voz poética invita a la Poesía a celebrar “las maravillas del ecuador” y a cantar “el vistoso cielo/ do los astros todos los hermosos coros alegran”. La primera alude a “el vasto/Dragón del norte su dorada espira/desenvuelve en torno al luminar inmóvil/ que el rumbo al marinero audaz señala”. Se trata de Draco, constelacióncircumpolar delhemisferionorte,tan extensaque casi rodea el polo.El “luminar inmóvil”es obviamente Polaris,perpetuamente apuntando al polo norte y guía tradicional para ubicar los puntos cardinales en la noche.“La paloma cándida”es Columba visible en la primavera del hemisferio sur,resumido aquí como el Arauco.En ambos casos el dragón y la paloma sirven como un pequeño toque cósmico para agregar fuerza a la invocación de mirar hacia América.
Publicada por primera vez en El Repertorio Americano (vol. I, octubre de 1826),“La agricultura de la zona tórrida”era parte del descartado proyecto que Bello denominó como “un poema titulado América”o bien Silvas Americanas. Poema vastamente antologado, ha sido objeto de muchos juicios; inevitablemente algunos de ellos resultan algo erróneos. Por ejemplo, Fernando Paz Castillo afirma que “… el poema Silva a la Zona Tórrida [sic] es un canto de regreso a la naturaleza.A la naturaleza “nodriza” que cobija la ceniza de sus mayores”. De aquí, Paz Castillo, detecta “una oculta nostalgia y un sentimiento religioso, solemne…”34. Esta interpretación parece imbuir al poema de un atmósfera panteísta y de culto a los antepasados y hace de “La agricultura de la zona tórrida” un texto similar a incitaciones románticas a buscar en la naturaleza el escape de las tensiones urbanas. Paz Castillo ignora que en Bello se regresa al campo como agricultor, como usuario de una fuente de riqueza, no como el agobiado citadino de los románticos europeos.
Ya en 1882 Miguel Antonio Caro se inclinaba por distanciar “A la agricultura de la zona tórrida”de la mística,por acercarla a la ciencia y por reconocer la influencia de Humboldt y Bonpland.El filólogo colombiano declara en términos que ahorran mayor comentario: “Consiste en este punto el arte del poeta, en animar lo inanimado, en dotar de sentimiento y expresión las plantas que describe, en amplificar en forma poética definiciones científicas,empleando recursos,ya pictóricos,ya rítmicos”35. Claramente, las 21 especies que Bello menciona constituyen un ejemplo de amplificación poética del dato botánico. Pero Caro va algo más lejos.
Miguel Antonio Caro comienza por definir la esencia de la poesía como “una manera ideal de concebir,sentir y expresar”,esencia estricta a la cual ningún campo de la vasta experiencia humana le es ajeno: “Cada género de poesía es la aplicación de las facultades poéticas á determinado campo”36. Así, una poesía científica es perfectamente factible dada la unidad de “las facultades mentales en sus operaciones, enlazando con vínculos de parentesco la ciencia y a la poesía”. Y dentro de ese ámbito caben tanto la “Alocución a la poesía”como “La agricultura en la zona tórrida”.Al acercar ambas silvas a la poesía didáctica el erudito colombiano argumenta que “con ese término se designaban en la nomenclatura retórica géneros de poesía de la clase que con más generalidad, y acaso con más propiedad,denominamos científica”37. Aquí Caro aprovecha el concepto de poesía didáctica para aproximar aquella con la poesía científica, eso sí definiendo ciencia de una manera más amplia no limitada,sin excluir,a las ciencias naturales. Concretamente, el joven Bello reconoció la influencia de Humboldt: “…la noticia de sus empresas científicas y de sus viajes, despertaron en el joven Bello el amor á las ciencias naturales, que beneficiadas por el ilustre viajero, se le mostraban tan útiles cuanto amenas”38. Destacamos aquí el elemento de utilidad, tan presente en la “Agricultura…”, desde el título y a lo largo de las primeras 67 líneas de la silva. Miguel Antonio Caro extendió el significado de “ciencia” más allá de las ciencias físicas y naturales hasta incorporar disciplinas como la historia y la filosofía, actitud muy característica en ciertas controversias durante el Siglo del Progreso.
En “La agricultura…”, el léxico empleado por Bello se mueve dentro de una definición más precisa que la implícita en Caro. En la primera parte de “La agricultura…” Bello es poeta científico dentro del marco de las ciencias naturales.Así lo confirma el erudito colombiano:“Consiste en este punto el arte del poeta, en animar lo inanimado, en dotar de sentimientos y expresión las plantas que describe, en amplificar en forma poética definiciones científicas, empleando recursos ya pictóricos, ya rítmicos”39. Con esta amplificación poética del dato científico, Miguel Antonio Caro ha apuntado a la actitud central de quienes busquen explorar el potencial poético latente incluso en los datos de las ciencias más “duras”, de este modo ampliando “la jurisdicción del poeta”, en las palabras del humanista colombiano.
Miguel Antonio Caro redondea su exposición con antecedentes históricos sobre el auge, caída y renacimiento de la poesía didascálica: auge durante la república romana con Virgilio,eclipse con el ascenso del estilo caballeresco y galante, resurgimiento con el humanismo renacentista, florecimiento con el iluminismo en los siglos xvii y xviii. Para esta última época Caro menciona a los jesuitas como impulsores de la poesía científica con textos escritos en latín y con temas tales como la aurora boreal, la electricidad, el sonido y el sol y la luna. También los hay en las lenguas modernas, especialmente por ingleses y franceses. Entre los últimos, Jacques Delille, de quien habrá ocasión de hablar más adelante. Caro concluye atribuyendo la declinación del género didáctico a la decadencia de la Compañía de Jesús,“el instituto donde más estrechamente se han dado la mano las letras humanas y las ciencias, la erudición y la poesía, unión feliz de flores y frutos, combatida hoy [1881] por violencias revolucionarias, por ciencias díscolas y profesiones exclusivas”40. No viene al caso pronunciarnos sobre la razón por la decadencia aducida por Miguel Antonio Caro, pero sí conviene destacar que el humanista colombiano deplora la creciente e irreversible especialización que ha separado las ciencias físicas y naturales de las disciplinas humanas.
Igualmente clara es la naturaleza arcaizante de la silva,“poesía erudita, seria,doctrinal,que por su naturaleza pertenece á siglos anteriores y no al nuestro”41.La silva es pues poesía iluminista,entroncada en una tradición ya en proceso de extinción para cuando Bello acomete la composición de su oda a la agricultura.Dicho sea en descargo del caraqueño,el recurso a una tradición arcaizante puede haber sido una decisión deliberada, el medio más eficaz para comunicar su doble visión tanto de la fertilidad del territorio como de las posibilidades de paz y regeneración moral que este ofrecía. Lecturas posteriores proyectan “La agricultura” en el contexto de una independencia que se abre paso entre luchas no solo con el poder imperial de ultramar sino entre facciones dentro de las Américas.
En su trabajo de 1992 Mary Louise Pratt ve el poema de Bello como una fantasía de la nueva América:agraria y no capitalista,no industrial,no urbana ni mercantil,ajena a la minería como fuente de riquezas naturales. Las primeras líneas de “La agricultura”,notables por su exuberancia estilística,exaltan la abundancia vegetal de la zona,no por su potencial estético, sino por su utilidad práctica.Vistas desde esta perspectiva,las primeras 64 líneas casi no merecen el calificativo de “pastorales” que Pratt les asigna, pastorales en el sentido de restauración espiritual para el atribulado citadino. Más a propósito es la transición que la investigadora percibe desde la modalidad pastoril a la agrícola o geórgica muy clara a partir de la línea 64.Aquí el discurso deviene claramente exhortativo,delineando un sendero de regeneración moral basada en la agricultura, la cual aparece como fuente de retorno a las virtudes de esfuerzo,trabajo y vida sobria42. Desde la distancia que le proporcionaba Londres, Bello delineó un camino para las nuevas naciones: deponer las armas de la lucha facciosa y volver al arado regenerador, convertir espadas en arados y lanzas en hoces, muy al uso bíblico.
En la misma dirección, Iván Jaksić afirma que en “La agricultura”, “Bello hace uso de todo su talento poético para promover la idea de una Hispanoamérica independiente cuyos valores se basan en una economía agrícola y un sistema republicano. El valor estético de este poema es sin duda muy grande, pero también lo es el significado político de su mensaje”. Así alternativamente podemos leer la “Silva 1” como poema político y en cierto sentido coyuntural, una respuesta y también una propuesta a las circunstancias, muy ciertamente en la fracasada Gran Colombia, menos claramente en el resto de Hispanoamérica.Y coincidiendo con lo que postulamos en estas líneas, Iván Yaksić subraya que “la Silva proporciona una gran cantidad de información científica, incluyendo largas notas al pie de página sobre especies animales y botánicas que agregan otra dimensión de riqueza a este poema”43. En sus opúsculos científicos Bello va a trascender esa utopía de la agricultura,“arte bienhechora/que las familias nutre y los estados”,para divulgar una modernidad cientista. Pero antes de volver a aquellos escritos, todavía tenemos que detenernos en un último poema que nos ofrece mayor riqueza de alusiones científicas.
Su título, “La luz”, no deja de crear expectativas, justificadas, según veremos. El poema no es original de Bello sino una traducción; el subtítulo lo indica así:“Traducción de un fragmento de un poema de Delille, intitulado Los tres reinos de la naturaleza”. Según la Comisión Editora, fue Miguel Luis Amunétegui quien incorporó en su Vida de Don Andrés Bello (1882) la primera publicación de “La Luz”. Para la composición hay evidencias de una fecha muy anterior, 1827, es decir, cuando Bello aún estaba en Londres. La versión final, tomada directamente del manuscrito original,recién apareció en la edición venezolana de 198144.LaComisión Editora señaló que el manuscrito original (desusadamente bien caligra-fiado para lo que son los manuscritos del caraqueño) llevaba anotaciones y enmiendas que Bello todavía estaba introduciendo después de 185045. Por Óscar Sambrano U., sabemos que Bello expresó en 1845 su inquietud por “la traducción de Delille”,sepultada “entre un cúmulo de papeles que temo abordar porque es materia para un rato más largo que los que suelen estar a mi disposición”46. La Comisión también identificó el texto original: la primera mitad, La Lumière, del Canto Primero (“La Lumière et le Feu”) de Les trois regnes de la Nature de Jacques Delille (Francia, 1738-1813). Muy pronto volveremos a este personaje. Por ahora, recalquemos:“La luz” es una traducción, no un original de puño y letra de don Andrés. Pero también recordemos que todo traductor de un poema de algún modo u otro se ve comprometido con crear o recrear un poema nuevo aunque más no sea al verter los sonidos de una lengua en otra.
Para Fernando Paz, Jacques Delille es un“poeta que encarna los ideales científicos de la época”, ubicando al ahora casi olvidado autor dentro de una estética iluminista. Dentro de esa estética, Paz Castillo establece una diferencia entre el poema bucólico y el didáctico: ambos “tratan de la naturaleza, pero mientras uno, inspirado en escenas campesinas, busca lo bello y lo pintoresco, el otro, más bien inclinado a la ciencia, se detiene minuciosamente o analíticamente, no solo en lo bello, sino en lo interesante”47.De este modo,Delille queda inscrito en un género muy afín a los ideales del Siglo de las Luces, tal como ya lo había ubicado Miguel Antonio Caro.El poeta francés,“cuya fama entonces excedió a sus merecimientos”, tomó de los géneros épicos y didácticos solamente la parte descriptiva y muy especialmente aquella que se refería a la naturaleza. Probablemente Bello tuvo noticias de Delille gracias a sus amistades en Caracas y en Londres,y se decidió a traducirlo por la curiosa combinación de poesía y didacticismo,inclinaciones ya presentes en el joven caraqueño.
“La luz” se inicia con una nota muy familiar a los románticos: “La ciudad por el campo dejé un día/y recorriendo vagoroso el bello/distrito que a la vista se me ofrece/el prado cruzo y la montaña trepo”. Cae la noche, hay una sensación mística:“Parecióme mirar al Genio augusto /de la naturaleza, entre severo/y apacible el semblante, en luminosa/ ropa velados los divinos miembros”.“El Genio augusto de la naturaleza”, invocación de típico corte iluminista, es apoyado por deidades del panteón grecolatino: Iris, Urania, Júpiter y dioses de los vientos, muy en acorde con el neoclasicismo del periodo. Este congreso de deidades da origen a la vida:“Puéblase el ancho suelo de vivientes/y el hondo mar..”. El Genio augusto ordena al poeta que cante “los primitivos elementos …/su mutua lid, sus treguas y conciertos” y le ordena volver la espalda a “…sistemas vanos, parto espurio/ de la razón que demasiado tiempo/ tuvisteis en cadenas afrentosas/de sí mismo olvidado, el pensamiento”. Tanto “las esferas cristalinas de Ptolomeo” como “los vórtices de Cartesio” son “sistemas vanos” y “sueños famosos”, que se desploman ante el poder del “examen”y de “la experiencia sola”,esta última “seguro fanal”, guía certera hacia el conocimiento cierto.
La voz poética extiende una alabanza a Isaac Newton, quien lleva “las riendas de los Orbes luminosos” y también al astrónomo y matemático Jean-Baptiste Joseph Delambre (Francia, 1749-1822), quien combina “gusto y saber, y la elegancia amable/con el severo cálculo maridas”. Retomando el tema central, Delille-Bello alude a la refracción de la luz, la cual “a diverso medio transmitida/según es denso, así los rayos quiebra”.Newton retorna para una segunda alusión:“Él descogió la esplendida madeja/y de la magia de su prisma armado/del iris desplegó la cinta etérea”. “La cinta etérea” es naturalmente el espectro solar. El físico y matemático Jean-Jacques Dortous de Mairan (Francia, 1678-1771) hace su aparición hacia el final, justificado por sus estudios sobre la refracción de la luz y sobre la aurora boreal (“los blasones/de la hiperbórea diosa”, según las duales voces del poeta francés y su traductor caraqueño). Más allá de las alusiones hay una vaga epistemología iluminista en “La luz”, en su apología de la razón y de la observación metódica como directriz del conocimiento.
