Antienvejecimiento - Felipe Hernández Ramos - E-Book
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Antienvejecimiento E-Book

Felipe Hernández Ramos

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Beschreibung

¿Cómo disfrutar de una forma física más plena y satisfactoria incluso después de haber alcanzado la vejez? ¿Es posible llegar a ancianos sin achaques, incapacidades y todo un repertorio de fármacos cuyo único objetivo es tapar las goteras a medida que van apareciendo? Esta obra presenta diversos argumentos a favor de las técnicas antienvejecimiento, y hace especial hincapié en la importancia de vivir de manera saludable (controlar la bioquímica, llevar una alimentación sana y con complementos dietéticos, realizar ejercicio físico, cuidar el equilibrio emocional) para conseguir una mayor calidad de vida. Según el autor, la fragmentación de la medicina tradicional en distintas especialidades impide comprender la problemática de conjunto de las enfermedades. Por el contrario, una visión global permite tratar más eficazmente trastornos típicos del envejecimiento, reforzar a la vez el cuerpo y todos sus órganos, mantener alejado el dolor y evitar en la medida de lo posible el padecimiento en nuestros últimos años.

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Seitenzahl: 1253

Veröffentlichungsjahr: 2015

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© Felipe Hernández, 2007.

© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2015. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

REF.: OEBO819

ISBN: 9788490565742

Composición digital: Newcomlab, S.L.L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.

Índice

Prólogo de Claude Lagarde

Prólogo de Ricardo Gampel

Agradecimientos

Introducción: Un punto de vista equilibrado sobre el envejecimient

Primera parte: ¿Se puede ganar la batalla del envejecimiento?

1. En busca de una vida más larga

2. Cambios fisiológicos asociados al envejecimiento

3. El origen del envejecimiento

4. ¿Qué es la medicina antiaging?

5. Las tres hormonas… ¿de la eterna juventud?

6. La clave del envejecimiento: la oxidación celular

7. ¿Qué factores promueven el envejecimiento?

8. Alimentación y envejecimiento

9. El estrés: el gran enemigo de la longevidad

10. La detoxificación celular activa: nuestras células claman por ella

11. La nutrición ortomolecular: los auténticos cimientos de la terapia antienvejecimiento

Segunda parte: Alimentos antienvejecimiento

12. Alimentos funcionales: cuando los alimentos curan

13. Las crucíferas: potentes antioxidantes y detoxificantes

14. Cereales que fomentan la salud

15. Los frutos secos: alimentos superconcentrados

16. Uvas y vino: un placer antienvejecimiento

17. El ajo y la cebolla: la tradición tenía razón

18. Aceite de oliva virgen de primera presión en frío: oro líquido en la mesa

19. La fibra dietética nos protege

20. Proteína de calidad para envejecer con salud

21. Resumen del plan dietético antienvejecimiento

Tercera parte: complementos dietéticos antienvejecimiento

22. Vitaminas antioxidantes: a la vanguardia de la terapia antienvejecimiento

23. Vitaminas cofactores: las enzimas dependen de ellas

24. Aminoácidos: los auténticos ingenieros de la construcción bioquímica

25. Minerales y oligoelementos

26. Enzimas: las moléculas de la vida

27. Ácidos grasos esenciales: si no los tomas envejeces

28. Supernutrientes antienvejecimiento

29. Fitonutrientes complementarios

Cuarta parte: práctica de mi sistema Longevo Plus

30. Valoración del sistema EBER (Evaluación Biocibernética de la Edad Real)

31. Profilaxis Longevo Plu

Quinta parte: cómo mantener

32. En «buena forma» nuestro cerebro

33. Una buena salud ocular

34. Un corazón fuerte

35. Un sistema inmune eficaz

36. Huesos y articulaciones jóvenes

37. Una piel joven

38. La salud durante la menopausia

39. Una próstata sana

40. Cómo mantener alejado al temible cáncer

A modo de conclusión

Bibliografía general

Sobre el autor

PRÓLOGO DE CLAUDE LAGARDE

Felipe Hernández, hombre de gran valía tanto personal como profesional, asocia a su amplia experiencia como terapeuta, sus grandes y múltiples conocimientos sobre el funcionamiento biológico del cuerpo humano.

Profesor reconocido, director del curso Experto en Nutrición Ortomolecular y Nutrición Celular Activa Aplicada, ha contribuido notablemente en la formación de numerosos profesionales de la salud de toda España en esta apasionante especialidad.

Su visión holística de la salud, le ha llevado a comprender los mecanismos biológicos del envejecimiento, y a buscar soluciones eficaces para frenar este proceso natural que se ve acelerado, sobre todo, por nuestros malos hábitos de vida y nuestro entorno.

En esta excelente obra, detalla todos los últimos descubrimientos científicos en biología, elaborando protocolos sencillos y prácticos para todos aquellos que deseen frenar y corregir los efectos del envejecimiento.

A través de sus explicaciones y sus inteligentes consejos, Felipe Hernández nos guía a través del camino de la revitalización con gran profesionalidad, fiel a sus ideas y filosofía basadas en la Medicina Natural y la Nutrición Celular Activa Aplicada. En otras palabras, nos enseña el respeto a nuestro cuerpo, a nuestros órganos y tejidos, y a nuestras células.

Conociendo desde hace más de quince años su progresión e investigación científica, y habiéndolo acompañado a menudo en sus reflexiones acerca de la salud global, no ha resultado una sorpresa constatar cómo, a través de las recomendaciones que da en este libro, consigue sensibilizar, ayudar y guiar al lector en el camino hacia el fiel cuidado de su cuerpo, contribuyendo de esta manera al loable objetivo de que ganemos años y calidad de vida.

Claude Lagarde

Doctor en Farmacia

Licenciado en Biología Médica

Ex docente en la Facultad de Medicina de Montpellier

Presidente y Fundador de los Laboratorios NUTERGIA

PRÓLOGO DE RICARDO GAMPEL

Escribir un libro supone un gran esfuerzo intelectual, y más aún cuando se trata de una obra de carácter científico de la envergadura de la presente, con la que Felipe Hernández vuelve a sorprendernos con su habitual maestría y notables virtudes pedagógicas.

Abordar la complejidad de temas tales como el envejecimiento; los factores que lo condicionan; los cambios bioquímicos que acompañan al inexorable deterioro de nuestros tejidos y por tanto a las funciones inherentes a los mismos; la influencia de la alimentación; el análisis y desarrollo de las terapias antienvejecimiento basadas en la aplicación de los principios básicos de la nutrición ortomolecular y la importancia de los llamados complementos dietéticos antienvejecimiento, implican una ardua y meticulosa tarea que podemos apreciar en esta magnífica obra, que sin lugar a dudas ha de contribuir al mejor conocimiento de la temática aquí desarrollada.

Desde la más remota antigüedad, el hombre ha buscado la forma de detener el avance del tiempo y sus efectos sobre el natural proceso de envejecimiento. Existe, en este sentido, una importante bibliografía sobre las distintas tentativas y procedimientos utilizados a lo largo de la historia de la Humanidad, en la ansiada búsqueda del «elixir de la juventud» que garantizaría la detención del inexorable efecto del paso del tiempo sobre nuestras estructuras orgánicas.

Los recientes avances en el campo de la biología, la bioquímica molecular y la genética, asociados a una mejora manifiesta en las condiciones existenciales de un amplio sector de la población mundial, han permitido un notable incremento en las expectativas de vida, es decir, en el promedio de años de vida de las personas. Destaca, muy especialmente, el mejor conocimiento del que se dispone en la actualidad sobre las principales causas del envejecimiento, a saber:

- el proceso oxidativo u oxidación desencadenado por sustancias inestables y altamente reactivas llamadas radicales libres.

- las alteraciones cromosómicas y el consiguiente daño genético.

- la acumulación intra y extracelular de toxinas.

- las disfunciones hormonales que se producen a partir de cierta edad.

- los desequilibrios nutricionales provocados por dietas incorrectas.

Todos estos factores actuando de forma simultánea han de contribuir, según revelan los estudios bioestadísticos, a acelerar el proceso de envejecimiento asociado en la mayoría de los casos con una considerable pérdida de la calidad de vida.

A medida que envejecemos, las células y tejidos que conforman nuestro organismo experimentan cambios que conducen al deterioro y muerte de las mismas. Es posible apreciar, en estas circunstancias, una pérdida de eficacia y capacidad para reparar el material dañado, al tiempo que los tejidos se tornan más rígidos. Así por ejemplo, los pulmones y el músculo cardiaco se dilatan con menor eficacia; los vasos sanguíneos se endurecen; los ligamentos y tendones se tensan y los huesos se descalcifican, con la consiguiente pérdida de material óseo y riesgo de fracturas.

El envejecimiento es un proceso continuo e irreversible, asociado a una pérdida progresiva de la capacidad de adaptación, que es posible prevenir a través de terapias adecuadas que tienden a eliminar o reducir la exposición a los factores de riesgo de una senilidad prematura. Ello implica controlar las patologías propias de cierta edad cronológica de nuestra existencia o de una mayor incidencia de las mismas; la corrección de hábitos nocivos para la salud como el tabaquismo o beber alcohol en forma abusiva, con una regulación dietética y una práctica de actividades físicas destinadas a evitar las consecuencias del sedentarismo.

Es de destacar, en este sentido, la utilización de antioxidantes a los efectos de proteger nuestro organismo del daño producido en las estructuras celulares por los radicales libres (anión superóxido, radicales hidroxilos y peróxidos, fundamentalmente) que propagan el proceso oxidativo produciendo lesiones a nivel de los cromosomas y afectando la estructura molecular de sustancias primordiales como el colágeno, la elastina, los mucopolisacáridos, los lípidos y las proteínas séricas.

Estas alteraciones a nivel molecular se expresan clínicamente por el desarrollo de las patologías que más frecuentemente aparecen en los ancianos, tales como las afecciones cardiovasculares, la aterosclerosis, la diabetes mellitus, las enfermedades degenerativas cerebrales como el Alzheimer, Parkinson, etc., el enfisema pulmonar y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), las cataratas y el glaucoma, la sordera, el síndrome vertiginoso y otros trastornos sensoriales, las infecciones e incontinencia urinaria, la hipertrofia prostática, las inmunopatías con descenso de los niveles séricos de inmunoglobulinas, las artrosis y la osteoporosis, la poliartritis reumatoidea y el cáncer de pulmón, de vejiga, de colon, de próstata, etc., y otras patologías tumorales.

Un libro es básicamente un canal de comunicación, y en este sentido Felipe ha alcanzado su objetivo. Su contenido no solamente informa y enriquece, sino que ejerce una profunda motivación sobre el lector por la idoneidad y claridad conceptual puesta de manifiesto en el desarrollo de cada uno de los capítulos que integran la obra.

Es para mí un motivo de satisfacción personal prologar este estupendo y magnífico trabajo, que estoy seguro gozará de la mayor aceptación por parte de profesionales y del público interesado; fruto de la experiencia y el estudio de quien me ha honrado con su amistad y que goza de mi más profunda admiración.

Barcelona, enero de 2007

Doctor Ricardo Gampel

Bioquímico-inmunofarmacólogo

AGRADECIMIENTOS

A mis pacientes, especialmente a aquellos que se enfrentaron a un diagnóstico lapidario, pero que fueron capaces de ver más allá y tomar las riendas de su salud, permitiéndome ser, sencillamente, su consejero, su maestro, pero también su alumno en la lucha por la vida.

A mis alumnos, profesionales de muy diferentes ámbitos, que han recibido con aprecio la información que les he transmitido, al tiempo que me han enseñado que existen distintos modos de ayudar a quienes sufren cuando se termina «el camino formalmente establecido».

Al doctor Claude Lagarde, por poner a mi alcance una logística que me ha permitido crecer profesionalmente con un mensaje común: la nutrición celular activa.

A los pioneros en nutriterapia científica, la doctora C. Kousmine y el doctor J. Seignalet, por su legado bibliográfico, fundamental para quienes creemos que «somos lo que comemos».

A los profesionales de la salud que vocacionan dentro de las medicinas complementarias y que modestamente siguen aportando humanidad y honradez en su trabajo diario.

Nuevamente agradecido a mi padre, quien hace veinte años me inició en la búsqueda de una medicina más humana y en el uso de una terapéutica basada en la buena nutrición.

Y especialmente agradecido al Diversificador Invisible de Organismos y Sistemas.

INTRODUCCIÓN

UN PUNTO DE VISTA EQUILIBRADO SOBRE EL ENVEJECIMIENTO

Además de cambiar la apariencia física, envejecer significa, generalmente, pérdida de energía, disminución de la libido, depresión del tono vital, pérdida de masa muscular y ósea, deterioro del sueño y las funciones cerebrales y cognitivas. Éstas son razones suficientes para que nadie desee envejecer, y con mayor razón si se piensa que, en todo caso, es la antesala de la muerte. Sin embargo, un antiguo proverbio dice que «la canicie es corona de hermosura cuando se halla en el camino de la justicia». Ciertamente, hay algo hermoso en la sabiduría que emana de los mayores. La experiencia, el consejo atinado, el sosiego de quien conoce aquello que no merece la pena y el acierto al valorar lo importante. Pero a todo esto no se concede demasiada importancia en sociedades como la nuestra, donde sólo se valora al que tiene buen aspecto, al que es dinámico y resolutivo (aunque sea precipitado), donde hipócritamente se dice que «la arruga es bella» (si la tiene otro), donde se gastan cada año en cosméticos (sólo en España) casi diez mil millones de las antiguas pesetas, donde los gimnasios, las clínicas de estética y otros establecimientos por el estilo tienen el futuro garantizado...

¿Y si pudiéramos llegar a una edad avanzada, con las ventajas que esto supone y sin las desventajas que comúnmente se le asocian, como las indicadas? La lectura de El milagro de la melatonina me llevó a la conclusión de que es fácil perder la ecuanimidad en lo que respecta a las pretensiones de longevidad. Su autor, el reconocido investigador Walter Pierpaoli, se expresa con un optimismo desbordante sobre las expectativas de futuro para quienes consiguen recuperar o potenciar su sistema endocrino e inmunológico, cuando dice:

Los años seguirán pasando, como también las décadas. Pero a medida que lo hagan, las transiciones entre los sesenta y los setenta, entre los ochenta y los noventa, e incluso a los cien y más, no serán más accidentadas que las transiciones de los veinte a los treinta y cuarenta. Cada año que transcurra no va a dejar su sello de decadencia. No nos vamos a deteriorar ni marchitar.

Sinceramente, creo que sí es posible evitar muchas de las «vallas» que complican la carrera de la vida, pero hoy por hoy, esa carrera tiene un final.

Al analizar el concepto de envejecimiento y enfermedad resulta inevitable reflexionar sobre el planteamiento que la medicina general realiza, en especial en los países industrializados, a la hora de tratar a los pacientes ancianos. Generalmente los médicos tienen asumido el concepto de que el envejecimiento es una caída en espiral que pasa por una serie de enfermedades degenerativas para, finalmente, acabar en la muerte. Cuando atienden a sus pacientes de mayor edad, acostumbran a considerarlos como «viajeros con billete de ida» solamente, y cada enfermedad es una desagradable pero inevitable parada a lo largo del camino. ¿No es cierto que los ambulatorios, más recientemente llamados centros de salud (no creo que el término refleje la realidad), están llenos de personas mayores que deambulan de un especialista a otro, para que cada uno de ellos, y por separado, se encargue de una pieza del engranaje del envejecimiento?

Recuerdo, en este sentido, una de las críticas hechas por Jean Seignalet, eminente médico y biólogo, uno de los padres de la dietoterapia, acerca de la visión especializada de la medicina contemporánea:

La creciente complejidad de la medicina ha llevado a la mayor parte de clínicos e investigadores de alto nivel a una especialización cada vez más estrecha. Por tanto, no conocen más que algunas facetas de un estado patológico, pero no las otras. Esta visión parcial les impide llegar a una concepción global del problema.

No debemos olvidar que estas afirmaciones fueron hechas por uno de los profesionales de la salud con una carrera más dilatada y amplia (40 años dedicados a la medicina y la biología), considerado uno de los mayores expertos mundiales en el área de la nutrición terapéutica de las últimas décadas.

Efectivamente, muchos médicos de gran talento y formación clásica «no ven el bosque por acercarse a contemplar las intrincadas formas de la corteza del árbol». No ven al paciente como un todo. Muchos de ellos son excelentes profesionales en su especialidad, pero, con todos mis respetos, su visión es parcial y sintomática. La enfermedad subyacente, la definitiva, es el envejecimiento y el deterioro de los diferentes órganos y sistemas. Como mostraré en esta obra, cuando los sistemas inmunológico y endocrino no funcionan correctamente y, además, existe una elevada proliferación de radicales libres (moléculas oxidativas), podemos esperar la aparición de cualquier tipo de enfermedad. Pero hay que añadir también los hábitos alimentarios y el equilibrio emocional, que, por sí solos, pueden condicionar totalmente el funcionamiento de estos sistemas vitales.

La visión global nos permite no sólo tratar de manera más eficaz trastornos típicos del envejecimiento, sino reforzar el cuerpo entero y todos sus órganos y sistemas, con el objetivo de ralentizar el envejecimiento, mantener alejada la enfermedad y no estar inevitablemente abocados a padecer en los últimos años de nuestra vida.

En los próximos capítulos analizaré muchos de los argumentos presentados a favor de diferentes técnicas de antienvejecimiento, pero también mostraré que debemos ser juiciosos y plantearnos un objetivo asequible y real en la lucha contra el envejecimiento: vivir más años, pero sobre todo ganar calidad de vida. En definitiva, que las últimas etapas de nuestro paso por este mundo no tengan que estar inevitablemente acompañadas de dolores, achaques, incapacidades y todo un repertorio de fármacos cuyo único objetivo es tapar las goteras a medida que van saliendo. Si este objetivo te parece, apreciado lector, atractivo y deseable, te invito a que me acompañes en este apasionante viaje, donde todos los aspectos de una vida saludable (bioquímica, alimentación y complementos dietéticos, ejercicio físico, equilibrio emocional…) son tratados y encuadrados dentro de este loable fin: disfrutar de una vida más plena y satisfactoria, aun en las últimas décadas.

PRIMERA PARTE

¿SE PUEDE GANAR LA BATALLA DEL ENVEJECIMIENTO?

CAPÍTULO 1

EN BUSCA DE UNA VIDA MÁS LARGA

Dijo Unamuno que todos los seres humanos sentimos un «ansia de no morir», un «hambre de inmortalidad», un «anhelo de eternidad».

Los egipcios comían testículos de animales en un vano intento por recuperar la juventud. En China, durante la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.), el emperador Wu Ti se sintió muy atraído por la idea taoísta de la inmortalidad física, en especial por la preparación de píldoras de la inmortalidad mediante la alquimia. Según el taoísmo, la vida es el resultado de la combinación de las fuerzas opuestas yin y yang (fuerzas femenina y masculina). Así, al fundir el plomo (oscuro o yin) y el mercurio (brillante o yang), los alquimistas imitaban el proceso de la naturaleza, y creían que el producto obtenido sería la píldora de la inmortalidad. Posteriormente, algunos emperadores chinos tomaron presuntos elixires de la vida, hechos de mercurio, y murieron.

Al explorador español Juan Ponce de León se le conoce por su insaciable búsqueda de la fuente de la juventud. Los indígenas le dijeron que en una isla llamada Bímini existía una fuente capaz de rejuvenecer a los ancianos. Ponce de León salió en busca de la isla, pero nunca halló ni bebió, por supuesto, las aguas de la legendaria fuente de la eterna juventud.

Un médico del siglo XVIII recomendaba, en su libro Hermippus redivivus, que en primavera se encerrara en una pequeña habitación a muchachas vírgenes, se recogiera aliento en botellas y se usara como pócima para prolongar la vida. Ni que decir tiene que este método tampoco funcionó.

La lista de estupideces que los seres humanos han llevado a cabo a lo largo de los siglos con el objetivo de no envejecer o hacerlo más lentamente es muy larga y está plagada de fracasos. No obstante, vivimos en la época de las «grandes esperanzas», esperanzas proclamadas por la ciencia, que parecen abrir ante nosotros una amplia gama de alternativas con el objetivo de alargar la vida y mejorar su calidad.

Ciertamente, en los países industrializados la esperanza de vida ha aumentado de manera espectacular en el último siglo, gracias sobre todo a una mejor asistencia sanitaria, unas medidas higiénicas más eficaces y una nutrición más completa. En España, desde mediados del siglo XIX hasta principios de la década de los noventa del siglo pasado, la media de vida se elevó de 50 a 75 años en el caso de los varones, y de 54 a 80 en el de las mujeres. Pero ¿quiere decir esto que el anhelo del ser humano de una vida más larga se ha satisfecho? Para contestar esta pregunta es preciso comenzar por hacer una distinción entre esperanza de vida y longevidad máxima.

Se entiende por esperanza de vida el promedio de años que va a vivir una persona nacida en un determinado momento y sometida a las tasas de mortalidad específicas de ese mismo año. La longevidad máxima se refiere a la edad máxima que puede alcanzar el miembro de una especie determinada. Así pues, aunque cada vez más personas alcanzan una longevidad que se acerca a la máxima posible en la especie humana, no existe ninguna prueba concluyente de que la longevidad máxima haya aumentado durante los últimos siglos o milenios.

Éste, junto con otros aspectos demográficos, como una menor natalidad, están «envejeciendo» la población, especialmente en los países occidentales, donde se prevé que para dentro de veinte o treinta años un 30% de la población será sexagenaria. En este grupo, si nada lo impide, estaré yo mismo.

Ivan Šimonovic, presidente del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, advirtió, ante la segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, celebrada en Madrid en abril de 2002, que «el envejecimiento de la población es un fenómeno global que afecta o afectará a todo hombre, mujer y niño en cualquier rincón del planeta [...]. En el año 2050, la población de ancianos superará a la de jóvenes por primera vez en la historia de la humanidad». Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, apuntó en la cumbre que, en menos de cinco décadas, la cifra de mayores de 60 años aumentará de 600 millones a casi 2.000 millones, superando así la de menores de 15 años. Dijo además que el 80% de estos ancianos vivirá en los países en vías de desarrollo. Debido a la disminución de los nacimientos y a la mayor expectativa de vida, la composición de la población ha experimentado grandes cambios. La Asamblea General exigió aumentar el personal médico y los servicios a fin de satisfacer las necesidades especiales de la gente mayor y así lograr que envejezcan «con seguridad y dignidad».

España ocupa el 13.º lugar en la lista elaborada por The Economist de esperanza de vida de los hombres a nivel mundial. Para las mujeres es mayor y se sitúa en el 5.º lugar, sólo superada por Japón, Francia, Hong Kong y Suecia.

La esperanza de vida se ha duplicado en menos de un siglo en los países industrializados, lo que ha convertido el envejecimiento de la población en un fenómeno mundial. Las perspectivas demográficas para 2050 indican que España será el país europeo más envejecido, con la tasa más alta de mayores de 65 años, y el tercero en mayores de 80 años, que supondrán el 12% de la población. Ese año, si nada lo impide, el porcentaje de ancianos superará al de niños y adolescentes (0-14 años).

El aumento gradual de la longevidad es producto del descenso de la mortalidad infantil, el progreso económico y las mejoras higiénico-sanitarias. A principios del siglo pasado, las enfermedades infecciosas y parasitarias causaban la mayor parte de las defunciones. En la actualidad, ha cambiado el patrón: la gente vive más años, pero la muerte es originada por enfermedades crónicas, degenerativas y discapacitantes, muchas de ellas vinculadas a los hábitos de consumo y estilos de vida poco saludables que se han generalizado.

No debemos olvidar que cumplir años, en sí mismo, no significa disfrutar de buena salud. Según un informe del Instituto Europeo de Estadística publicado en 1999, las expectativas de salud libre de discapacidad más altas se registran en Grecia y sólo llegan hasta los 65 años en ambos sexos. Además, la longevidad máxima permanecerá inalterable de no haber cambios sustanciales en la política agroalimentaria y sanitaria, es decir, dejar a un lado los intereses económicos egoístas y ofrecer a la población información fiable sobre los alimentos y la oportunidad de acceder sin cortapisas a una medicina más natural, basada en el uso de complementos terapéuticos inocuos, pero efectivos. En otras palabras, más verdad, más medicina preventiva y que el ciudadano sea dueño y gestor de su salud y no un mero espectador de su enfermedad. Reconozco que soy un tanto pesimista sobre lo que espero que las administraciones públicas puedan o quieran hacer al respecto, dados los enormes condicionantes económicos que hay en juego. Así pues, seguiré formando parte de ese grupo minoritario de investigadores y autores que tienen como objetivo suministrar información prosalud a todo aquel que quiera leerla o escucharla.

En medio de esta situación «condicionada», ¿es posible que los que hemos alcanzado ya la presumible mitad de nuestra vida podamos hacer algo efectivo, científicamente posible y sin riesgos para, no solamente alargarla, sino mejorar su calidad?

Después de llevar quince años dedicado al campo de la salud y haber dedicado muchas horas a la investigación y formación en terapia ortomolecular, cuyo sustrato es la biología molecular, escribir docenas de artículos en diferentes revistas especializadas y formar parte de un colectivo en constante alerta ante nuevas alternativas en nuestra profesión, creo que sí existen opciones eficaces, seguras y no agresivas para ralentizar el envejecimiento y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, no creo en los productos milagrosos, ni considero que el uso de fármacos sintéticos, incluidas las hormonas, sean el mejor camino para seguir; es más, estoy convencido de que el método de trabajo que promulgo y enseño desde hace más de diez años y que mis profesores, a su vez, enseñaron hace décadas, sigue siendo la mejor terapia antienvejecimiento. ¿Quién se atrevería a negar que la dieta equilibrada, el ejercicio físico regular, el bienestar emocional y el uso (y no abuso) de complementos nutricionales, sabiamente seleccionados, son una efectiva estrategia que mejora la calidad de vida y mantiene alejada la enfermedad?

Para comprender bien este método es necesario no perder la visión global de esta obra. Es decir, si tú, apreciado lector, buscas una página o un capítulo que te indique una fórmula o un sistema sencillo y específico de frenar la vejez, no la encontrarás. No obstante, sí te haré una promesa: si te tomas tiempo para «digerir» la información, para reflexionar, aplicando los conceptos fundamentales que conforman este método, podrás disfrutar de mejor salud, más energías y un aspecto más vigoroso y jovial.

Sin embargo, antes de entrar a fondo en la nutrición ortomolecular, la dieta, los complementos, etc., creo necesario recordar los cambios fisiológicos que acompañan al envejecimiento, las tres teorías sobre el envejecimiento que cuentan con un mayor respaldo científico, analizar someramente qué es la medicina antiaging y, especialmente, dedicar un importante apartado al estudio de los radicales libres, auténticos protagonistas del envejecimiento.

CAPÍTULO 2

CAMBIOS FISIOLÓGICOS ASOCIADOS AL ENVEJECIMIENTO

CÉLULAS, TEJIDOS Y ÓRGANOS

Las células tienden a agrandarse –hipertrofia– y pierden la capacidad de dividirse y reproducirse. Se produce un incremento de pigmentos y sustancias grasas en el interior celular, con pérdida o disminución de la funcionalidad. Las membranas celulares cambian y los tejidos tienen más dificultad para la obtención de oxígeno y nutrientes, y de la misma manera, se hace más difícil eliminar el CO2 y los desechos. A nivel tisular, los cambios incluyen una acumulación de productos de desecho –subproductos del metabolismo– y de un pigmento graso pardo –lipofucsina–.

El tejido conectivo se hace menos flexible, lo que produce una rigidez en vasos sanguíneos, vías respiratorias y órganos. Muchos tejidos pierden masa –atrofia–, otros se vuelven nodulares –hiperplasia– o rígidos. Por otra parte, debido a los cambios celulares y tisulares, los órganos pierden progresiva y lentamente su funcionalidad. Los más afectados son el corazón, los pulmones y los riñones.

HUESOS, MÚSCULOS Y ARTICULACIONES

Los huesos se vuelven más frágiles, debido a la disminución de masa ósea por la pérdida de calcio y otros minerales. Este hecho se acentúa en las mujeres a partir de la menopausia. El tronco se acorta y los discos intervertebrales pierden líquido de forma gradual, aplastándose. Así, la columna se encorva y comprime, pudiéndose formar espolones. La pelvis se agranda, los hombros se vuelven más estrechos y el cuello se inclina.

Existe una mengua de la masa corporal, las fibras musculares se encogen y el tejido muscular es reemplazado de forma más lenta. Los músculos reducen su tono y contractilidad, con el consiguiente debilitamiento y pérdida de fuerza muscular. Las articulaciones se hacen menos flexibles y más rígidas. El líquido articular y el cartílago disminuyen. Puede haber calcificaciones y los huesos de las articulaciones pueden volverse más gruesos.

CORAZÓN, VASOS SANGUÍNEOS Y SANGRE

En el corazón aparecen depósitos de lipofucsina –el pigmento del envejecimiento–, y se produce un engrosamiento y rigidez de las válvulas –soplos–. Disminuye la frecuencia cardiaca o existen alteraciones del ritmo. Es común un aumento del tamaño del corazón –más en el ventrículo izquierdo–, la pared cardiaca se hace más gruesa, de forma que la cantidad de sangre que entra disminuye y el corazón se llena más lentamente. Esta mengua del bombeo contribuye a sentir un mayor cansancio.

La aorta incrementa su grosor, se vuelve rígida y menos elástica –tejido conectivo–, produciendo un aumento moderado de la presión arterial y una sobrecarga del corazón. La pared de los capilares, levemente engrosada, produce un intercambio más lento de nutrientes y desechos. Disminuye el volumen sanguíneo debido a la reducción total de agua en el organismo. Por el mismo motivo, se reducen los hematíes y, por consiguiente, la hemoglobina y el hematocrito, hecho que contribuye a que se presente fatiga más fácilmente. Los glóbulos blancos se mantienen, excepto los linfocitos, que se reducen, lo que ocasiona una disminución de la funcionalidad del sistema inmunológico.

APARATO GENITOURINARIO

En el riñón se produce una reducción de unidades filtrantes –nefronas–, así como de tejido renal, lo que ocasiona un menor filtraje de material de desecho y una respuesta más lenta a los cambios de ingesta de líquidos y electrolitos. Por este motivo, las personas ancianas son más sensibles a la deshidratación y además tienen menor sensación de sed.

El tejido elástico de la vejiga es reemplazado por tejido fibroso, lo que puede ocasionar un vaciado insuficiente y/o una distensión o prolapso. Por su parte, los cambios urinarios están directamente relacionados con el sistema reproductor. En los hombres es frecuente un aumento del tamaño de la próstata o hipertrofia prostática benigna, y en las mujeres, distensión útero-vaginal, lo que puede conllevar vaginitis e infecciones urinarias.

PULMONES

Disminuye el número de alveolos pulmonares junto a los vasos sanguíneos que llegan a los pulmones. El diafragma se debilita. Debido a los cambios óseos, tendinosos y musculares, el tórax tiene una menor capacidad de expansión, por lo que puede variar el patrón respiratorio. La respiración se hace más profunda para compensar esta pérdida de capacidad o VO2 máximo. Además, se produce un incremento del aire remanente que no es expulsado en la espiración.

LA PIEL

El espesor de la epidermis se reduce, los melanocitos disminuyen, pero aumentan de tamaño. La piel envejecida se torna más delgada, pálida y traslúcida. Las manchas oscuras o manchas hepáticas aparecen en las zonas expuestas al sol. Los cambios del tejido conectivo reducen la resistencia y la elasticidad.

En la dermis –capa intermedia– los vasos sanguíneos se vuelven frágiles, lo que provoca equimosis, angiomas, etc. Las glándulas sebáceas producen menos aceite –se nota más en las mujeres a partir de la menopausia–, por lo que se mantiene menos la humedad y la piel se reseca.

Existe menos resistencia a los cambios de temperatura: la capa grasa subcutánea reduce su espesor, produciéndose pérdida de la resistencia al frío, mientras que las glándulas sudoríparas pierden funcionalidad, hecho que hace que se soporte peor el calor.

APARATO DIGESTIVO

Se producen atrofias y fibrosis glandulares y, por tanto, una disminución de las secreciones y de la capacidad de detoxificación hepática, mientras que la digestión se hace más lenta. Existe una alteración de la motilidad intestinal y variaciones en la absorción de los principales nutrientes. Se presenta una progresiva disminución del gusto, a causa de las alteraciones que experimentan las papilas gustativas, motivo por el que las personas mayores suelen buscar sabores extremos. También disminuye el apetito.

SISTEMA NERVIOSO

Disminuye el número de neuronas, que pierden dendritas (algunas se desmielinizan). Esto ocasiona una mengua en la transmisión y descoordinación neuromuscular –temblor–. Los materiales de desecho y la lipofucsina se acumulan en el tejido nervioso y en el cerebro, ocasionando placas y nudos. Estos cambios pueden, o no, afectar a la función cerebral. Con el envejecimiento se produce una ligera disminución de la memoria, de los reflejos y de la percepción, aunque no tiene por qué alterarse la capacidad cognitiva. También se alteran los órganos de los sentidos, que presentan principalmente trastornos visuales y auditivos.

SISTEMA INMUNOLÓGICO

El timo se atrofia después de la adolescencia y hacia los 40 años tiene un 15% de su tamaño máximo. Se produce una disminución de los linfocitos T y un aumento de la producción de anticuerpos. Con la edad avanzada el sistema inmune parece volverse menos tolerante y confunde tejido normal por tejido extraño –enfermedades autoinmunes–, se muestra menos capaz de hacer frente a partículas extrañas y de detectar células malignas, con lo que aumenta el riesgo de padecer infecciones y de la aparición de cáncer.

SISTEMA ENDOCRINO: HORMONAS

La secreción reguladora en el eje hipófisis-hipotálamo presenta poca variación, pero se reduce la respuesta al estímulo de las glándulas endocrinas. Sin entrar a detallar sus funciones, durante el envejecimiento unas hormonas disminuyen, otras aumentan y otras permanecen casi invariables. Entre las que disminuyen, cabe citar la melatonina, la aldosterona, la renina, los estrógenos, la calcitonina, la prolactina, la DHEA y la hormona del crecimiento (GH). Presentan menor variación, aunque muestran tendencia a la baja las hormonas tiroideas, la insulina, la testosterona, la epinefrina, la hormona paratiroidea y la hidroxivitamina D-25. Pueden incrementar su producción la hormona foliculoestimulante (FSH), la hormona luteinizante (LH), la norepinefrina y el cortisol.

METABOLISMO

Disminuye el metabolismo basal, por lo que existe tendencia al incremento de peso y cuesta más perderlo. Se manifiesta una disminución de la tolerancia a la glucosa, con aumento de la glucemia. También se presenta intolerancia a la lactosa por la disminución de la actividad enzimática de la lactasa. Existe asimismo tendencia a hipovitaminosis D. Se produce un aumento inicial del colesterol, que en las mujeres se nota más a partir de la menopausia por la disminución de estrógenos. El colesterol vuelve a estabilizarse a partir de los 70 años.

CAMBIOS EN EL SUEÑO

Los patrones de sueño tienden a cambiar. El tiempo destinado al mismo permanece igual o a la baja –6,5 a 7 horas–, pero suele existir dificultad para conciliar el sueño y se presentan despertares frecuentes, a menudo ligados a la nicturia u otras molestias. Se permanece menos tiempo en la fase de sueño profundo y la transición entre dormir y despertar es más abrupta, lo que proporciona la sensación de tener el sueño más ligero.

Evidentemente, no todas las personas están abocadas, por el hecho de envejecer, a experimentar todos los cambios que hemos detallado, aunque lo más habitual es que sea así, sobre todo en los países industrializados. En los capítulos siguientes, al analizar los factores que promueven el envejecimiento, veremos cómo en diferentes zonas geográficas del mundo, poblaciones «no industrializadas» ven envejecer a sus mayores sin presentar muchos de los síntomas relacionados. Entre ellos, encontramos a los habitantes de algunos valles de los Alpes, los Cárpatos (cordillera central de Europa), los Balcanes, el Cáucaso, Afganistán, Himalaya (antiguo pueblo hunza), Okinawa, Vilcabamba, en los Andes peruanos, así como varios pueblos de países árabes y de la India. Muchas personas mayores de estas regiones permanecen erguidas y manteniendo una actividad física diaria intensa hasta los cien años o más. También es posible encontrar en casi todos los países regiones donde la media de vida es superior a lo normal, razón por la que conviene analizar los factores medioambientales comunes a todos ellos.

CAPÍTULO 3

EL ORIGEN DEL ENVEJECIMIENTO

No existe teoría capaz de explicar por sí sola todo el fenómeno del envejecimiento.

The New Encyclopædia Britannica

El estudiante contemporáneo del proceso de envejecimiento se encara a más teorías que patas tiene un ciempiés.

Doctor Gardiner Moment

Muchos gerontólogos concordarán en que, para nosotros, éstos son tiempos muy confusos. Ni entendemos cuál es el mecanismo subyacente del envejecimiento, ni podemos medir el ritmo de envejecimiento en términos bioquímicos exactos.

Journal of Gerontology, septiembre de 1986

La parábola del ciego que trata de describir un elefante también ilustra el problema que tienen los investigadores con la vejez.

Doctor C. E. Finch

A lo largo de la historia, los filósofos han procurado dar respuesta al interrogante de por qué muere el ser humano. En el siglo IV a. C., el filósofo griego Aristóteles enseñó que la continuación de nuestra existencia dependía de la capacidad del organismo para equilibrar el calor y el frío. Señaló: «La muerte siempre se debe a cierta falta de calor». Platón, por su parte, afirmaba que el hombre poseía un alma imperecedera que sobrevivía al fallecimiento del cuerpo.

Hoy día, pese a los asombrosos avances de la ciencia, las preguntas de los biólogos respecto al motivo del envejecimiento y la muerte aún no han recibido cumplida respuesta. Como indica el semanario londinense The Guardian Weekly: «Uno de los grandes misterios de la medicina no es por qué muere la persona aquejada de una afección cardiovascular o de cáncer, sino la que no tiene mal alguno. Si las células humanas se dividen y, mediante tal escisión, se renuevan de continuo durante unos setenta años, ¿por qué dejan súbitamente de duplicarse?».

Steven Austad, biólogo de la Universidad de Harvard, ha escrito que «nos encaramos al envejecimiento [...] tan de continuo que me sorprende que más personas no lo consideren un misterio biológico fundamental». Según Austad, el hecho de que todo el mundo envejezca «hace que [el envejecimiento] parezca menos enigmático». De todos modos, si lo pensamos bien, ¿es razonable que la gente envejezca y muera?

En su libro How and why we age, el doctor Leonard Hayflick, conocido por ser el primer investigador en hacer la observación de que las células, al parecer, realizan un número limitado de divisiones antes de morir (límite de Hayflick), reconoce las maravillas de la vida y del crecimiento del ser humano y escribe: «Tras realizar los milagros que nos llevan de la concepción al nacimiento y luego a la madurez sexual y a la vida adulta, la naturaleza optó por no idear lo que pudiera parecer un mecanismo más sencillo que mantuviera la continuidad de esos milagros para siempre. Los biogerontólogos llevan decenios tratando de descifrar este enigma». Posteriormente añade: «Prácticamente todos los procesos biológicos desde la concepción hasta la madurez parecen tener una función, pero el envejecimiento no. No está claro por qué se ha de envejecer. Aunque hemos aprendido mucho sobre la biología del envejecimiento [...], todavía nos encaramos al inevitable resultado de envejecer y morir sin ningún objeto».

Son muchas las teorías propuestas para explicar el proceso del envejecimiento, pero básicamente se pueden dividir en dos grupos: las que afirman que el envejecimiento sería el resultado de una serie de alteraciones que ocurren de forma aleatoria y se acumulan con el tiempo, y las que proponen que el envejecimiento está predeterminado genéticamente. Personalmente, creo que ambas teorías tienen parte de razón. Dentro de cada uno de estos grupos y, después de muchos debates, parece que dos teorías cuentan con el mayor respaldo del colectivo científico. Del primer grupo, la teoría de los radicales libres, y del segundo, la teoría de los telómeros. Por otro lado, en los últimos años está cobrando fuerza la teoría del agotamiento hormonal, que presenta argumentos convincentes, utilizados generalmente por los partidarios de la llamada medicina antiaging.

TEORÍA DE LOS RADICALES LIBRES

Aunque posteriormente dedicaré un capítulo a este asunto, me parece necesario hacer ahora una definición básica.

En 1954, el doctor Denma Harman describió por primera vez la teoría de los radicales libres como causa del envejecimiento, declarando: «Un único proceso común, modificable por factores ambientales y genéticos, es responsable del envejecimiento y la muerte de todos los seres vivos». Y añadió: «El envejecimiento está causado por reacciones de radicales libres, generados por el ambiente, la enfermedad, y las reacciones intrínsecas al proceso del envejecimiento».

El doctor Harman fue víctima del rechazo de sus colegas contemporáneos, sin embargo en la actualidad existe consenso en que los superóxidos actúan como compuestos citotóxicos y perjudiciales para las células vivas.

Es un hecho que vivimos en una atmósfera oxigenada y, como consecuencia, oxidativa. Los radicales libres son moléculas altamente inestables y reactivas con uno o más electrones célibes (o desparejados) en su órbita externa. El daño que causan afecta a macromoléculas esenciales, como el colágeno y los lípidos, y más profundamente a las membranas celulares y el interior de las células.

Repetidamente se ha constatado la correlación existente entre los niveles celulares de superóxido dismutasa (enzima antioxidante) y la longevidad de diferentes primates. Además, es evidente la existencia de una mayor proliferación de radicales libres en las típicas enfermedades de la vejez, como cardiopatías, cáncer, cataratas, enfermedad de Alzheimer, etc.

TEORÍA DE LOS TELÓMEROS

Esta teoría goza de amplia aceptación en la actualidad. Preconiza que el envejecimiento celular estaría condicionado por la pérdida progresiva con la edad de material genético en los extremos de los cromosomas: los telómeros.

Los telómeros son complejos de proteínas y ácidos nucleicos que están enrollados en los extremos de los cromosomas, a modo de capucha, para proteger al ADN de la degradación enzimática y preservar su integridad. Antes de la división celular, la célula duplica su ADN, incluida la secuencia de bases de los telómeros, pero no copia esta última totalmente. Como resultado, en cada división celular, los telómeros se desgastan o acortan. Así, los telómeros funcionan como un reloj biológico o un temporizador, que cuenta cada replicación. Cuando se agota, la célula se vuelve inestable, incapaz de reproducirse, originando anomalías y errores. Entonces se activa la apoptosis o muerte celular programada. Acaba el ciclo vital de la célula.

En los seres humanos el ADN telomérico está compuesto por la secuencia TTAGGG, que se repite miles de veces y es sintetizado por la enzima telomerasa, que desempeña un papel clave en el mantenimiento y la reparación de los telómeros. Esta enzima es muy activa en las células germinales embrionarias y en las cancerosas, pero es suprimida en las células somáticas del organismo después del nacimiento. Por eso se produce el desgaste. En las células tumorales la telomerasa se reactiva, contribuyendo a la proliferación de clones malignos y a las metástasis.

Hace mucho tiempo que los biólogos saben que esta sección terminal de los cromosomas se acorta cada vez que la célula se reproduce. Cuando aquélla pierde alrededor del 20% de su longitud, cesa la capacidad reproductora de la célula y ésta muere. Reavivar la actividad de la telomerasa en las células adultas e inhibirla en las células cancerosas es una de las vías de investigación en la terapéutica del cáncer y en la búsqueda de la longevidad.

La exposición excesiva al sol, las infecciones y las heridas, el efecto de las radiaciones, el estrés y el tabaquismo precisan una replicación celular más rápida, por lo que se acelera, a su vez, la pérdida de los telómeros. El acortamiento telomérico limita la capacidad de proliferación celular y, como consecuencia, el número de divisiones posibles, condicionando así la duración de la vida. Cuando estos remates degeneran o desaparecen, las cadenas de genes se parten. Los huesos, el hígado, la piel, los ojos..., todos los tejidos envejecen irremediablemente. Este fenómeno se ha convenido en denominar el reloj telomérico.

La enzima específica telomerasa, descubierta en 1985, puede reconstruir el telómero por completo, lo que permite a la célula continuar dividiéndose. En la mayoría de células, esta enzima se halla reprimida e inactiva; no obstante, se ha conseguido introducir con éxito en algunas células, lo que las ha hecho crecer y dividirse más de lo que se esperaba. La telomerasa es capaz de compensar la pérdida del ADN telomérico reconstruyendo su secuencia. Se ha comprobado que inhibiendo esta enzima en ratones, la vida de éstos se ha acortado de tres años a cinco meses. Los partidarios de la teoría de la telomerasa creen que suministrando esta enzima oralmente, o mediante otro mecanismo, se podría alargar considerablemente la vida.

El centro de investigación Geron Corporation es una de las primeras compañías de biotecnología dedicada exclusivamente al desarrollo de terapias que puedan acabar con la vejez y conseguir prolongar indefinidamente la vida humana. Cuenta con el apoyo financiero de Miller Quarles, un excéntrico multimillonario tejano de 82 años de edad que no tiene (o no tenía en el momento de tomar esta referencia) gana alguna de dejar este mundo y que incluso ha ofrecido una recompensa de 100.000 dólares a la primera persona que descubra alguna forma definitiva de terminar con la vejez. Jerry Shay y Woodring Wright, científicos de Geron, ya han conseguido demostrar in vitro que las células pueden vivir más tiempo si se les alargan artificialmente los telómeros de sus cromosomas. Sin embargo, todavía queda por ver si un organismo completo podría disfrutar de una vida más larga por medio de la misma técnica.

La telomerasa se encuentra principalmente en las células sexuales y cancerosas y no la podemos considerar inofensiva, ya que al impedir que una célula deje de reproducirse, puede desencadenar la expansión de un tumor cancerígeno. Lo más probable es que cualquier terapia que manipule artificialmente el mecanismo de la división celular conlleve un alto riesgo de cáncer. Por lo tanto, será muy difícil encontrar alguna forma de retrasar el envejecimiento con una técnica de estas características, sin que al mismo tiempo puedan desencadenarse tumores malignos.

TEORÍA DEL AGOTAMIENTO HORMONAL

Esta teoría sostiene que el envejecimiento sólo consiste en el deterioro de las células y, en consecuencia, de los tejidos, debido a cambios en el metabolismo de las proteínas que se originan por carencias hormonales progresivas, a través de los años, pero que afortunadamente son reversibles, si dichas hormonas se reemplazan. Es decir, no considera que el agotamiento hormonal sea una consecuencia del envejecimiento, sino que éste es producido por el agotamiento de las hormonas. Por lo tanto, el reemplazo de éstas producirá una ralentización de la vejez.

Debo mostrarme escéptico ante esta teoría, ya que aunque bioquímicamente tiene sentido, se puede afirmar, como mínimo, que es arriesgada, y no hay que buscar mucho para encontrar los resultados de ciertas terapias de sustitución hormonal aplicadas sistemáticamente en mujeres. Los promotores de esta técnica dirán que con ella han conseguido mejorar la calidad de vida de las pacientes, pero yo afirmo que esto se puede conseguir con otros medios menos arriesgados que la nutrición ortomolecular pone a nuestro alcance desde hace varias décadas y particularmente en los últimos cuatro o cinco años.

Conviene hacer una aclaración, para evitar malas interpretaciones: la medicina antiaging no fundamenta su tratamiento terapéutico en este único concepto, el del agotamiento hormonal. Afortunadamente, quienes la promulgan son conscientes de la importancia de frenar el estrés oxidativo y planificar unos hábitos dietéticos y deportivos que promuevan la salud. De cualquier manera, no podemos negar que el agotamiento de algunas hormonas es un buen baremo para medir el grado de envejecimiento y que estimular su secreción con métodos biológicos es una herramienta para tener en cuenta, como veremos en el capítulo 4.

¿CON QUÉ TEORÍA NOS QUEDAMOS?

Creo que las dos primeras teorías (radicales libres y telómeros) son complementarias y la confianza en el papel determinante de una no debe descalificar a la otra. Ambas cuentan con suficiente respaldo científico. La de los radicales libres no se relaciona tanto con la herencia genética como con los factores medioambientales que favorecen su proliferación (alimentación manipulada, productos químicos, metales pesados, etc.), mientras que la teoría de los telómeros está directamente vinculada a la constitución heredada. Por otro lado, aunque no me confieso partidario de las terapias hormonales de reemplazo, reconozco que el desequilibrio endocrino está presente en la génesis de muchas patologías, especialmente el estatus de respuesta al estrés del individuo. A esto también dedicaré un apartado al desarrollar el concepto global e integral de la terapia ortomolecular.

Como he indicado anteriormente, el estudio de la telomerasa se ha convertido, en los últimos años, en uno de los campos de la biología molecular que ha generado más interés, con el loable objetivo de valerse de esta enzima para compensar la reducción de los telómeros, y quizá conseguir detener el envejecimiento o al menos demorarlo sustancialmente. Resulta interesante constatar que el boletín Geron Corporation News señala que los estudios de laboratorio realizados con la telomerasa ya han demostrado que las células humanas normales pueden modificarse a fin de que adquieran «una capacidad de duplicación infinita».

Pero a pesar de tales avances, no creo que existan razones para creer que, a corto plazo, los biólogos logren prolongarnos significativamente la vida mediante la telomerasa. Y ello porque, entre otros motivos, el envejecimiento implica mucho más que el deterioro de los telómeros. El doctor Michael Fossel, autor del libro Reversing human aging (El reverso del envejecimiento humano), ha dicho al respecto:

Si derrotamos el envejecimiento en su forma actual, de todos modos seguiremos degenerando con la edad de alguna manera nueva, menos conocida. Si extendemos nuestros telómeros indefinidamente, tal vez no contraigamos las enfermedades que asociamos con la ancianidad, pero terminaremos desgastándonos y muriendo.

Existen, en efecto, varios factores biológicos que contribuyen a provocar este proceso. Uno de ellos es indudablemente el estrés oxidativo provocado por la proliferación de radicales libres. Pero creo que, de momento, las respuestas siguen ocultas, fuera del alcance de los científicos. Leonard Guarente, miembro del Instituto Tecnológico de Massachusetts, ha reconocido: «Por ahora, el envejecimiento mantiene, en buen grado, su enigmática complejidad» (revista Scientific American, otoño de 1999).

En definitiva, mi opinión es que las teorías expuestas son válidas, en mayor o menor medida, para explicar el proceso del envejecimiento, pero creo humildemente que todas ellas están lejos de explicar o encontrar la auténtica razón, la primera razón del envejecimiento. Dedicaré un poco más de espacio a esta idea en mis reflexiones de conclusión del libro.

Ésta es la opción que creo más inteligente: emprender un plan racional, pero no obsesivo, que nos permita disfrutar de la mejor salud que nuestra herencia constitucional nos permita. Sinceramente, creo que, siguiendo un plan como el que propongo en esta obra, quien haya recibido una buena herencia constitucional puede ganar 10-20 años de vida (dependiendo de cuándo lo inicie), lo que probablemente le podría llevar a vivir, como sostiene el doctor Claude Lagarde, 120 años. Y quien haya recibido una herencia constitucional mediocre puede incrementar en 10-15 años su expectativa de vida, lo que le permitiría vivir 80 u 85 años. Todo ello sin olvidar, en cualquier caso, que se gana no sólo en cantidad, sino también en calidad de vida. Este plan o método pasa por buscar la estabilidad y el equilibrio en diferentes planos: el bioquímico-celular, el mental y, por qué no decirlo, el espiritual. En esta obra me centraré en el primero de ellos, aunque son inevitables las pinceladas referidas a los otros dos, los cuales serán tratados más ampliamente en mi libro Psicoenergética ortomolecular, de próxima aparición.

CAPÍTULO 4

¿QUÉ ES LA MEDICINA ANTIAGING?

En España 500 personas se están sometiendo a un tratamiento revolucionario: el antiaging, una nueva medicina, incipiente en nuestro país, que pretende retrasar el reloj biológico del ser humano. Tras un minucioso examen químico y molecular –se mide incluso la cantidad de agua que circula por el organismo–, se diseña un tratamiento «a la carta». Sin sustancias experimentales, sin fármacos, sin cirugía. Sólo con aminoácidos, suplementos vitamínicos, minerales, ejercicio y dieta. Según las estadísticas, el 95% de las personas que siguen una terapia antiedad tiene más resistencia a las enfermedades [...].

El Mundo Magazine, n.º 200, domingo 27 de julio de 2003

Vivir muchos años colmados de todo tipo de achaques no le gusta a nadie. Las investigaciones en el campo de la longevidad apuntan que no será extraño cumplir los cien años en un futuro no muy lejano. Los españoles quieren vivir más años, y sobre todo que su madurez vaya acompañada de un buen estado de salud que les permita disfrutar al máximo el retiro laboral. Unas quinientas personas reciben en España en estos momentos los tratamientos antiedad más avanzados en centros de reconocido prestigio para intentar retrasar al máximo su reloj biológico […]. Lejos de la búsqueda de una apariencia juvenil por medio de la cirugía, la medicina antiaging –una vez más se impone el término anglosajón– pretende que el paciente goce de una salud óptima durante más años.

La Razón, 30 de octubre de 2003

stos son sólo dos de los muchos encabezamientos de artículos de prensa que recientemente proliferan en diferentes medios, tanto prensa como televisión, radio, etc. La medicina antiaging tiene su origen en Estados Unidos, al menos como concepto médico de reciente aparición; digo esto porque la terapia utilizada, especialmente en lo referente a la lucha contra el estrés oxidativo, actúa sobre fundamentos que ya conformaban «nuestra» terapia ortomolecular desde hace décadas.

En España existen diversas clínicas que se dedican al antiaging. Su estructura es parecida a la de las pioneras estadounidenses, nacidas en los años noventa. Se trata de equipos multidisciplinares, compuestos por un médico experto en antiaging, un internista, un cardiólogo, un experto en radiodiagnóstico, un psicólogo, un nutricionista, un preparador físico, un fisioterapeuta y personal preparado en el uso de los diversos aparatos. Además, colaboran laboratorios especializados en análisis clínicos dirigidos al fin propuesto.

El doctor Ronald Klatz, presidente de la American Academy of Anti-Aging Medicine ha escrito (1999):

Espero llegar hasta los ciento treinta años, como mínimo. Pensamos que el envejecimiento no es inevitable. Los adelantos técnicos existentes pueden retardar, detener y tal vez hasta invertir considerablemente el proceso de degeneración y las dolencias, lo que suele llamarse envejecimiento natural.

SISTEMAS DE VALORACIÓN DE LA MEDICINA ANTIAGING

• Entrevista e historia clínica. Representa el 80% del diagnóstico. Permite obtener datos personales para establecer la naturaleza del problema... Trabajo: condiciones ambientales, tipo, puesto, contrato, viajes, estrés, etc.; ocio: aficiones, tiempo libre, familia, relaciones, etc.; actividad física: tipo y frecuencia; vivienda: tipo, comodidades, hipotecas, etc.; drogodependencias y hábitos tóxicos; antecedentes patológicos personales y familiares.

• Exploración física. Adecuada a los problemas de salud (cardiocirculatoria, gastrointestinal, urogenital, neurológica, fondo de ojo, etc.).

• Exámenes frecuentes. Su objetivo es identificar problemas de salud no detectados o factores de riesgo.

– Pruebas de laboratorio. Niveles de precursores hormonales y hormonas, de vitaminas, micronutrientes y oligoelementos con actividad antioxidante. Perfil lipidico exhaustivo (Apo B, Lp [a]) para la valoración de riesgo cardiovascular. Determinación de hemograma y su fórmula. Marcadores de funcionalidad linfocitaria. Valoración sérica y nutricional del grado de oxidación celular y lipídica y del potencial prooxidante existente. Prueba para detección de metales pesados (test Melisa). Valoración de la lesión oxidativa de ADN mitocondrial y celular mediante analítica de orina de la 8-hydroxi-2-deoxiguanosina. Grado de envejecimiento cutáneo mediante estudio histológico, etc.

– Densitometría ósea y/o marcadores del metabolismo óseo. Valoración de la pérdida de masa y densidad de los huesos. Resorción y formación ósea.

– Funcionalidad sensorial. Auditiva, táctil y visual.

– Electrocardiograma y prueba de esfuerzo.

– Ergometría. Prueba de esfuerzo. Permite determinar cuál es el nivel de ejercicio físico apropiado a cada persona.

– Pruebas funcionales respiratorias. Espirometría.

– Pruebas de detección de salud mental. Cuestionario de Goldberg (pruebas de detección de psicopatología afectiva). Cuestionario Cage y MLT (cribado de alcoholismo). Pruebas de detección de patología cognoscitiva (cuestionarios de Folstein y Lobo).

– Evaluación psicométrica. Capacidad de respuesta mental, proceso cognitivo, memoria, coordinación y fijación.

– Radiologías. De tórax y óseas.

– Ecografía. Abdominal, cardiológica, tiroidea, mamaria, ginecológica, renal y vesicoprostática.

– Cuando los antecedentes familiares lo hacen necesario. Marcadores neuronales (Alzheimer), marcadores tumorales (mama, pulmón, colon, páncreas, hígado...), diagnóstico genético de alta sensibilidad de polimorfismos genéticos para enfermedades comunes (obesidad, diabetes, hipertensión) o mutaciones en procesos neurodegenerativos (distrofia miotónica, encefalopatía mitocondrial, ataxia espinocerebelosa...).

• Evaluación nutricional. Mediante una encuesta alimentaria y nutricional, se trata de determinar el riesgo de malnutrición o si hay un estado de deficiencia nutricional. Para ello, se identifican las situaciones, los factores implicados y la causa de estos déficit si existen.

– Valorar sed y apetito, pérdida o aumento de peso.

– Actitud ante los alimentos (bulimia, anorexia, dietas...).

– Salud bucodental: problemas de deglución, salivación, masticación, etc., para determinar la absorción de los alimentos.

• Evaluación antropométrica y bioimpedancia eléctrica. Para conocer el grado y tipo de obesidad, si la hay, y la composición de grasa, masa magra, agua, metabolismo basal, etc.

• Valoración físico-atlética. El objetivo de estas pruebas es orientar a la persona para su entrenamiento físico-deportivo y establecer pautas adecuadas a su constitución y estado de salud.

• Valoración psicológica. Se evalúan básicamente el grado de estrés, el bienestar psicológico y la memoria.

AL ALCANCE DE POCOS BOLSILLOS

Debido a la sofisticación de los métodos de evaluación y diagnóstico, así como el trato personalizado y minucioso que se proporciona, no es de extrañar que se trate de un procedimiento que no está al alcance de todos los bolsillos: el coste de un tratamiento antiaging en una de las clínicas más conocidas de Madrid, Barcelona o Sevilla puede rondar los 6.000 euros. «Antes que nada, es preciso realizar todo tipo de pruebas: análisis de sangre y orina, comprobar niveles hormonales, marcadores tumorales, riesgo coronario, densidad ósea, capacidad motriz, vista, oído..., de todo. Es mucho más que un simple chequeo», explica José Márquez Serres, presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL). A partir de los resultados, el especialista diseña un tratamiento individualizado, en el que convergen varios pilares importantes: dieta, ejercicio físico, control de estrés, administración de suplementos (vitaminas, oligoelementos) y, en algunos casos, de hormonas.

Este último aspecto, la administración de hormonas, es el más controvertido de la terapia, aunque hay que decir que algunos especialistas no siempre la consideran necesaria. Algunas de las hormonas «milagro» que se han suministrado en Estados Unidos, y posteriormente en Francia, pero que aquí en España no están autorizadas, son las DHEA (dehidroepiandrosterona), la hormona del crecimiento, la melatonina y la testosterona. Es cierto que no son difíciles de conseguir en el país vecino o a través de Internet, pero si te estás planteando hacerlo, estimado lector, te recomiendo que lo pienses dos veces. No están carentes de efectos secundarios (a excepción de la melatonina) cuando se aportan sin necesidad, por lo que deben ser suministradas bajo riguroso control médico, y probablemente sean los especialistas dedicados a la medicina antiaging los más indicados para hacerlo. Sin embargo, como veremos a lo largo de esta obra, existen otras alternativas sin riesgo para buscar el equilibrio endocrino y, por supuesto, evitar la oxidación celular.

OTROS PARÁMETROS DE VALORACIÓN

Está claro que nada debe sustituir a la anamnesis profesional, es decir la entrevista con el paciente y su historial. Desde hace años realizo un extenso cuestionario sobre nutrición y factores higiénicos y de comportamiento, en el que incluyo la bioimpedancia eléctrica, al igual que la interpretación de otras pruebas convencionales. Sin embargo, como explicaré más adelante, existen otras señales de alerta, generalmente despreciadas en la clínica convencional, y otros métodos de valoración sobre funcionalidad, como la biorresonancia, que pueden mostrarnos signos claros acerca de los órganos y los sistemas que son o serán especialmente susceptibles a la enfermedad.

Como resultado de mis experiencias durante los últimos años y gracias también a otros organismos de investigación con los que trabajo (ver «Contactos de interés», al final del libro), he creado un test denominado Evaluación Biocibernética de la Edad Real (EBER), que permite determinar el terreno biológico del paciente, así como su propensión a padecer ciertas enfermedades, las posibles subcarencias micronutricionales y, como resultado final, su nivel de envejecimiento precoz, si lo hay. Por supuesto, también valoro las analíticas y otras pruebas convencionales, donde la medicina antiaging es, sin duda, pionera en el diagnóstico precoz, pero digamos que existen otras medicinas tradicionales (como la medicina tradicional china o la medicina ayurvédica) y otros caminos de investigación en torno a la bioenergética o al concepto del terreno biológico del paciente, que aportan información de gran valor para llevar a cabo una auténtica medicina preventiva. Si ésta fuera practicada con más asiduidad, haría menos necesaria la medicina intervencionista, más radical.