Antimafia sin uniforme - Luca Rinaldi - E-Book

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Luca Rinaldi

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Beschreibung

En los debates, en el mundo de la información, y también en la literatura especializada, se difunde cada vez más la idea de que antimafia ya no es deber exclusivo de los que de ella se ocupan, los jueces y la policía, sino que se trata de una responsabilidad que todos podemos y debemos asumir, cada uno en la parte que le corresponde y en la medida de sus capacidades.

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Veröffentlichungsjahr: 2012

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Luca Rinaldi

Antimafia sin uniforme

traduzione di Chiara Guarnieri, Dalila Macchi, Sophie Mattarelli, Tosca Miserendino, Silvia Palazzi, Erika Pesce, Elisa Portaluppi

coordinate da Ana Pace nell’ambito del corso di Mediazione Linguistica Scritta Italiano > Spagnolo, terzo anno di Mediazione Linguistica presso Milano Lingue, Fondazione Milano.

www.blonk.it

copertina di Gianguido Saveri

(c) Blonk Editore

ISBN: 9788897604129

Prefacio de Mario Andrigo

En los debates, en el mundo de la información, y también en la literatura especializada, se difunde cada vez más la idea de que antimafia ya no es deber exclusivo de los que de ella se ocupan, los jueces y la policía, sino que se trata de una responsabilidad que todos podemos y debemos asumir, cada uno en la parte que le corresponde y en la medida de sus capacidades.

Tal convicción se basa en ciertas premisas que resulta difícil refutar, sobre todo a la luz de los resultados y de la información que deriva de las investigaciones más recientes en materia de criminalidad organizada, en particular las que conciernen la Mafia siciliana y la ‘Ndrangheta calabresa.

En primer lugar, es cada vez más frecuente ver como los intereses de las asociaciones mafiosas trascienden las fronteras y los contextos territoriales de origen. Este fenómeno de exportación se ha definido – en particular en el caso de la ‘Ndrangheta en el norte de Italia – como “colonización” de regiones, las cuales, no obstante la distancia, se administran como provincias periféricas.

Otro aspecto preocupante concierne la capacidad de resistencia que las asociaciones mafiosas demuestran ante la lucha incesante que los aparatos preventivos y represivos del Estado llevan a cabo. Las investigaciones judiciales y los procesos a las asociaciones mafiosas han logrado resultados extraordinarios, fruto sobre todo del compromiso cotidiano y de la abnegación de jueces y miembros de las fuerzas de policía. Lo mismo se puede decir por lo que respecta al continuo esfuerzo por adecuar los instrumentos normantivos a las necesidades judiciales y de investigación, para lograr que el Estado sea cada vez más eficaz en restar a las asociaciones criminales recursos humanos y materiales. Dicho esto, para ganar la lucha contra la Mafia (o las Mafias) queda mucho por hacer, es más, el descubrimiento continuo de nuevos sectores de la economía y de la política que manifestan los síntomas nefastos de la infiltración mafiosa son señales que, desde este punto de vista, podrían leerse como desalentadoras.

Por último no se debe subestimar la dimensión cultural y social de la Mafia, que va asumiendo las dimensiones de un “fenómeno”, en lugar de un simple “delito”: si es cierto - como en realidad sucede - que la Mafia es ante todo una cultura y un sistema de reglas, la acción de contraste tendrá que provocar el despertar de todas las conciencias de los ciudadanos comunes, para que dicha acción se base en el respeto de las reglas que rigen la convivencia en democracia.

He aquí que se vuelve necesario contar con herramientas que nos permitan interpretar el fenómeno de la Mafia para dar a la opinión pública no tanto - y no sólo - noticias sobre las investigaciones judiciales más importantes y sobre los procesos a la criminalidad organizada, sino también para permitir al destinatario (en este caso el lector) conocer el rol que cada miembro de la llamada “sociedad civil” puede y debe asumir en la lucha contra las mafias.

El libro de Luca Rinaldi se focaliza exactamente sobre este aspecto, plasmando un trabajo de estudio y análisis del fenómeno Mafia desde el punto de vista de un periodista judicial, cuyo trabajo de campo trasciende la sola dimensión procesal del fenómeno.

El autor ha decidico contar las historias de protagonistas de la antimafia dando voz a testigos de justicia, a ciudadanos comunes, a periodistas libres y honestos, a asociaciones espontáneas sin espónsor.

Es una antimafia difícil, hecha de acciones controcorriente en un ambiente dónde, si no se quiere tener problemas, es más fácil resignarse al conformismo. Una antimafia que, quizás, no lleva a la fama, hecha de acciones cotidianas, simples y un poco anónimas, pero acciones que todos podemos realizar. Una antimafia que, si se toma como ejemplo, puede dar resultatos extraordinarios.

Mario Andrigo Fiscal Sustituto de Vigevano

Introducción

Resulta difícil creer en ciertas historias de este mundo nuestro que llamamos civil. Y sin embrago son reales, son historias engendradas por un cáncer: la mafia. Una enfermedad hija de pocos, que se propaga a toda la sociedad. Desde los llamados “afiliados”, pasando por la zona gris y los cuellos blancos, hasta la gente común que a menudo no se percata de esta enfermedad. Para algunos la mafia ni siquiera existe. Para otros el problema atañe sólo a jueces, policías, guardias civiles y ciertos periodistas. Y sin embargo mucho antes de los jueces y de los hombres en uniforme somos nosotros, los ciudadanos, los que en nuestra vida de cada día entramos en contacto con las mafias y la mafiosidad, conceptos que han llegado a condicionar nuestra manera de pensar la sociedad y las relaciones económicas de las empresas.

Obviamente no se puede pedir a un solo individuo que debele la criminalidad organizada , así como no es deber de un solo científico trabajar individualmente en la investigación sobre el cáncer o sobre otras enfermedades para las cuales aún no existe cura. Pero si nuestra vida cotidiana está hecha de legalidad, la suma de las acciones indivuales puede levantar un muro indestructible. No es suficiente invocar la legalidad poniendo una firma al pié del documento de alguna asociación para luego cruzarnos de brazos esperando que alguien, que solemos llamar “héroe antimafia” dé un paso adelante. Práctica muy común aquí, en nuestro Belpaese (país bonito): autoabsolvernos de nuestros pecados proclamando un héroe. Una persona que mandamos al frente en lugar nuestro, mientras nos quedamos en la retaguardia, observando desde atrás, firmando ese documento en favor de la legalidad, convencidos de que es suficiente, y luego nos damos media vuelta y seguimos pagando el alquiler en negro, pagando la mano de obra en negro, comprando droga de un mercado que, lo admitamos o no, es la emanación directa de los tráficos ilícitos de todas las mafias del mundo. Los periódicos nos han mostrado siempre que no hay territorio en toda la península que pueda considerarse exento del peligro de colonización mafiosa. Desde Sicilia, hasta la Valle de Aosta, pasando por Lombardía, Emilia-Romaña, Campania, La pequeña República de San Marino y el Vaticano. Ya no existen los ‘ndranghetisti que desde las cimas del Aspromonte controlaban sólo sus dominios calabreses. En realidad siguen ahí, pero se han ido organizado, y han mandado a sus hijos a estudiar a las mejores universidades de Italia y del mundo. Se puede decir lo mismo de Cosa Nostra y de todas las demás mafias; se han transformado en empresas, desorientando a la competencia, negándola y sellando pactos sólidos con demasiados sectores de la política. Este es un tema recurrente en el libro: sin política no hay mafia. Sin política serían sólo crímenes comunes, crímenes que se pueden debelar con operaciones de policía y orden público. Pero la mafia es diferente, no se trata sólo de un problema de orden público, como quisieran hacernos creer, no basta con arrestar a los grandes prófugos y reprimir. Los arrestos y la represión constituyen la fase final del conflicto, cuando ya está hecho el pastel.

Hoy es necesario inocular en la sociedad el vírus de la legalidad, no siempre fácil de difundir en tiempos de penuria económica, pero absolutamente indispensable para salir de la crisis. Come ha escrito muchas veces uno de mis maestros, el excelente periodista de Il Sole 24 Ore Roberto Galullo, «contra la epidemia del crimen existe una vacuna formidable: la honestidad del individuo, la honestidad de cada uno de nosotros». Es cierto, en nuestra honestidad de todos los días se encuentran también las decisiones viles de quiénes jamás supieron lo que significa ser honesto. Pero para generar e inocular este virus, hay que comenzar por historias como la del empresario Pino Masciari, que desde los años 80 denuncia la ’ndrangheta en las obras publicas. La historia de periodistas valientes como Pino Maniaci y de autores como Aldo Pecora, o la del whistle-blower (persona que denuncia la corrupción y la acción del hampa) Christian Abbondanza con su Casa della legalità, la de párrocos como Don Aniello Manganiello, o Giulio Cavalli, que desenmascara a las mafias desde el escenario.

El primer paso es tomar conciencia de que la mafia es un problema de todos. Se necesita valor, pero no podemos desentendernos y delegar en otros, cada uno puede hacer su parte. Todos los días. Porque la antimafia, sin retóica y sin hipocresía, somos (antes que nadie) nosotros. La gente común, todos, con cada una de nuestras acciones cotidianas. Las historias que los mismos protagonistas nos cuentan aquí pueden parecer extremas, en realidad han llegado a serlo con el tiempo, sobre todo a causa de la soledad que han sufrido denuciando un fenómeno que normalmente debería ser combatido y neutralizado en todos los niveles socio-políticos. He aquí otro motivo por el cual es necesario permanecer unidos en la lucha contras las mafias, para intentar borrar esta anomalía que aún conocemos demasiado poco y que se sigue percibiendo como un fenómeno folclórico irrelevante en nuesta realidad cotidiana.

A mi familia.

A ti

A quienes me sustentan y me soportan

A los que “la mafia no existe”

«Lo importante no es establecer si uno tiene miedo o no, lo importante es saber convivir con el miedo, no dejarse condicionar por él. El valor es eso, sino no es valor, es inconciencia».

Giovanni Falcone

El “tocapelotas” de Partinico

Tocapelotas, periodista abusivo, infame y muchos otros motes y apodos: éste es Pino Maniaci de Partinico, un hombre que de los apodos, entre un cigarrillo y otro, nunca se ha preocupado. Es de pleno derecho un “tocapelotas”, un epíteto con el que los mafiosos etiquetan a quienes suelen meterse en sus asuntos, a quienes ven, oyen y hablan. No por nada creen firmemente que quienes no se meten en los asuntos ajenos viven cien años.

Pino Maniaci fue también un periodista abusivo. No porque no trabajara bien, sino porque simplemente nunca se había inscrito en el Colegio de Periodistas. Por esta razón, alguien a quien no le gustaban las noticias que Pino escribía le denunció por «ejercicio abusivo de la profesión» de periodista. Delante del fiscal afirmó: «Creía que para ser periodista y revelar nombres y apellidos había que tener huevos, no un papelito». De aquella acusación Maniaci salió absuelto. Desde luego, para los mafiosos, Pino Maniaci es un infame: cuando se mete en el bolsillo una noticia, luego la publica, y nada logra silenciarlo, ni siquiera las agresiones, las amenazas, los coches incendiados y las intimidaciones. Todos los días sale al aire con Telejato, su pequeña emisora de televisión, y todos los días a Cosa Nostra le viene una indigestión. Y eso Pino no lo tolera.

Telejato es la pequeña emisora televisiva de Pino Maniaci con sede en Partinico, en la provincia de Palermo. A las personas comunes el proyecto les parece una locura; sin embargo, gracias a su carisma, Pino ha sido capaz de involucrar a toda su familia y también a muchísimos jóvenes. Son sobre todo estudiantes de periodismo de Si [...]