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Aprender un idioma es todo un desafío para la mente, que, a menudo, afronta el reto con una mezcla de ilusión y miedo al fracaso: nos entusiasma la idea de lograr expresarnos en una nueva lengua, pero las inseguridades se encargan de poner en nuestro camino obstáculos inoportunos, difíciles de ignorar. Con los ingeniosos consejos que se incluyen en este manual, inspirados en las célebres Meditaciones del emperador Marco Aurelio y en la mentalidad estoica, se muestra al lector una cara que tal vez desconocía del aprendizaje de idiomas, menos intimidante y más divertida. ¿Quién dijo que uno no puede pasarlo bien mientras aprende?
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Seitenzahl: 83
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Rodrigo Benito García
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-309-9
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Dedicado a mis padres y a mi hermano, las personas más importantes y las que más quiero en mi vida. Sin ellos, estas líneas que estás a punto de leer, jamás se habrían materializado.
PRÓLOGO
¿Cuántas veces has intentado aproximarte a un idioma y has desistido en el intento, presa de la frustración, convencido de que nunca lograrás expresarte con la fluidez de un hablante nativo? ¿Cuántos apuntes de gramática y listados de vocabulario has abandonado a su suerte en el fondo de un cajón?
Si en algún momento de tu vida has querido abrazar una nueva lengua, sea por interés personal o por motivos profesionales o académicos, y has terminado dándole la espalda a ese nuevo propósito, no te preocupes: no es nada fácil esta tarea.
Con los seis capítulos que componen este manual, conocerás las mejores estrategias para estudiar una lengua: aprenderás, a través de los principios estoicos, los secretos para dominar tu mente cuando el miedo al fracaso y al ridículo aparezca; descubrirás los engranajes que se mueven en tu cerebro cuando comienzas a aprender y cómo utilizar ese conocimiento a tu favor; y se pondrá a tu alcance un repertorio de divertidísimos ejercicios para que disfrutes aprendiendo y usando otro idioma.
Si una metodología no se ajusta a ti, no te desesperes ni tires la toalla antes de tiempo. Como se explica en esta guía, clara y dinámica, hay un sinfín de técnicas esperándote; escoge las que mejor se adapten a tus preferencias.
Sin duda, si algo demuestra la lectura de este libro es que dominar un nuevo idioma no es imposible: tan solo necesitas dejar a un lado el miedo, conocerte a ti mismo y descubrir qué herramientas necesitas en tu camino hacia la adquisición de cualquier lengua.
Libro I: Sobre la preparación mental
Conócete a ti mismo: Lo que a unos les funciona estupendamente bien no tiene por qué ajustarse a ti. Así que, como decía Sócrates, «Conócete a ti mismo». Hay cientos de formas de aprender un idioma y todas tienen sus ventajas y desventajas. Valora qué elementos son los que te sirven por encima de todo.Poco es mejor que nada: Realiza a diario alguna actividad en el idioma que quieras aprender. Dicha actividad puede ir desde leer una noticia en inglés hasta ver un breve vídeo de YouTube. No es necesario obsesionarse si algún día no se puede practicar, aunque debe propiciarse en la medida de lo posible. Todo ejercicio realizado en otro idioma es siempre positivo y te permitirá, al menos, mantener el nivel en dicho idioma. Más adelante, veremos diversos tipos de ejercicios, unos enfocados a mantener el nivel y otros para mejorarlo. Lo más importante es que tu mentalidad a partir de ahora sea «poco es mejor que nada».No te compares con nadie:Como se suele decir, «las comparaciones son odiosas». A todos nos hace sentir bien pensar que tenemos más nivel que alguien y nos frustra lo contrario. Ahora bien, el pensar que sabemos más que alguien puede conducirnos a la altanería y el engreimiento, mientras que pensar que no somos lo suficientemente buenos, a la desidia y la desgana. Como ves, ninguna de las dos opciones es beneficiosa para tu aprendizaje.El secreto reside en la justa medida, es decir, no dar nada por hecho. Cualquiera puede enseñarte algo. Si de verdad te crees y aplicas este principio, no te sentirás mal cuando no sepas una palabra, porque sabrás que forma parte del juego. Siéntete cómodo en tu desconocimiento. Disfruta cuando veas que una persona, sea quien sea, sabes más que tú y te puede aportar algo. Y cuando sepas más que alguien, no le corrijas en público ni intentando humillarle. Hazlo con cariño y disimuladamente.
Libro II: Sobre la forma de aprender del cerebro
Siempre recordamos más de lo que olvidamos: Es común que tu cerebro intente mermar tu aprendizaje mediante mensajes nocivos como «¿Para qué voy a esforzarme en aprender si se me olvidan la mitad de las cosas?». Es muy frecuente que cuando mis alumnos intentan aprender una lista de palabras, se alegren el día que son capaces de recordarlas todas (por ejemplo, veinte palabras). Ahora bien, una vez pasan dos o tres semanas y compruebanque han olvidado algunas de esas palabras, se desmotivan.Es muy humano sentirse así. Permíteme que te haga una pregunta: ¿por qué en lugar de mirar las palabras que has olvidado, no miras las que has aprendido? Dicho de otra manera, si no hubieses hecho el esfuerzo por aprender las veinte palabras iniciales, no habrías aprendido nada de nada. Aunque simplemente recuerdes una palabra de las veinte, ya habrás conseguido un avance. Aprende a disfrutar de tus pequeños progresos en lugar de desmotivarte cuando no recuerdas todo lo estudiado. Esto es una actitud no solamente ante el aprendizaje de un idioma, sino ante la vida.
Olvídate de la eficiencia y la eficacia mientras estés aprendiendo: Lo importante es la constancia. En el siglo xxi, el ser humano alaba y venera una nueva Santísima Trinidad: Productividad, Eficacia y Eficiencia. Tendemos a pensar que, si no estamos aprovechando algo al 100 %, no sirve de nada. También estamos constantemente sometiendo a juicio si lo que estamos haciendo tendrá efecto o no y, peor aún, si tendrá el efecto más provechoso. La gran mayoría de cosas valiosas en la vida requieren tiempo, esfuerzo y paciencia; los idiomas no son una excepción.Aprender un idioma, hablarlo con fluidez y pronunciarlo correctamente son acciones que requieren mucho tiempo y esfuerzo; es importante aceptar que no obtendrás los mejores resultados a la primera y que es un proceso que implica errores y correcciones constantes. Admitir esto y no enfadarse es el secreto para seguir motivado.
Me gusta mucho recurrir al ejemplo del gimnasio, tan de moda en nuestra sociedad actual. Cuando vas a un gimnasio sabes de antemano que, a no ser que recurras a esteroides o métodos no naturales, ganar músculo y definirlo requiere muchas horas de duro esfuerzo y sudor. Entonces te pregunto: ¿por qué consideras que el aprendizaje de un idioma debería ser diferente? Mentalízate de que tendrás que esforzarte y no lo veas como algo malo. Afronta el aprendizaje de un idioma como ir al gimnasio y yo te enseñaré los diferentes tipos de máquinas y pesas (ejercicios) que hay para trabajar cada una de las partes de tu cuerpo (listening, reading, speaking y writing).
Y ya que estamos con el ejemplo del gimnasio, profundicemos en otro problema fundamental de actitud de la mayoría de estudiantes. Imaginemos por un instante que vamos a un gimnasio y solo levantamos las pesas y hacemos ejercicio cuando un entrenador (o coach, para los más finolis) nos señala con el dedo índice. En el momento en el que el entrenador desvía su mirada y señala a otra persona, dejamos de hacer ejercicio y comenzamos a holgazanear y a subir fotos de postureo a Instagram. ¿Crees que con este método conseguirás hacer músculo? Está muy claro que no. Entonces, ¿por qué cada vez que estás en clase de inglés solo piensas de manera activa cuando el profesor te pregunta algo a ti directamente?, ¿no sería mejor estar pensando cómo decir una frase en inglés incluso cuando le preguntan a tu compañero? Si no piensas de manera activa en el idioma, si no lo hablas, vocalizando y poniéndolo en práctica, tu rendimiento será aproximadamente del 5 %.
Lógicamente, es mejor ir a una clase de inglés que no hacer nada; no obstante, si tu actitud es la de pensar solamente cuando el profesor te ponga en un aprieto, no aprenderás.
En este sentido hay un viejo prejuicio que mis alumnos me repiten mucho, y este es: «Si no he aprendido inglés en quince años, estás tú que voy a aprender contigo». Mi respuesta ya es casi automática: «¿Si llevases quince años yendo al gimnasio, estarías cuadrado ahora?». La respuesta suele ser siempre un silencio incómodo, aunque algunos me dan la razón (estos son los que antes suelen hacer progresos).
A partir de ahora, cuando estés en una clase, cuando escuches una canción, cuando leas un libro, cuando veas una película o una serie, cuando juegues a un videojuego o lo que sea que te guste hacer en inglés, hazlo dando tu 100 %. Intenta entenderlo todo, haz esfuerzo real. Intenta repetir las frases que oyes de la mejor manera posible y sin mirar los subtítulos y notarás que te empieza a doler la cabeza. En ese momento, ¡DETENTE! Es muy importante respetar esta regla. Cuando te empieza a doler la cabeza significa que estás obligando a tu cerebro a que, de manera inconsciente, vaya interiorizando estructuras gramaticales, sonidos, vocabulario, pronunciaciones, etc.
Seguro que estarás pensando: «¿Pero por qué iba a detenerme?». De la misma manera que cuando vas al gimnasio un buen entrenador debe controlar la cantidad de esfuerzo que haces, también debes hacer lo mismo con los idiomas. El dolor de cabeza que sientes es el equivalente a las «agujetas» de los músculos cuando no estás acostumbrado a hacer ejercicio.
Si no te detienes cuando empieza el dolor de cabeza, te saturarás, empezarás a cogerle asco al idioma que quieras aprender y harás que sea menos probable que te pongas a hacer pesas mentales otro día. Es preferible un entrenamiento diario a una paliza de cuatro horas seguidas un día. Puedes empezar con series intensas de diez o quince minutos. Luego, ir subiendo a treinta minutos y en etapas muy avanzadas, sesenta minutos como máximo.
