Aprender música - Isabelle Peretz - E-Book

Aprender música E-Book

Isabelle Peretz

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Beschreibung

¿Qué ventajas nos puede reportar el aprendizaje de la música? ¿Es preciso que el niño que quiere aprender a tocar un instrumento tenga oído musical? ¿Y si desafina? ¿Y qué hay del adulto que decide lanzarse a dicho aprendizaje, aunque sea tarde, cuando se jubila? ¿Podrá aprender a componer música? Según las últimas investigaciones, el alumno que dedica un tiempo a una actividad musical destaca en el ámbito escolar y es más altruista. Este libro, escrito por una reconocida especialista, describe con suma amenidad y de forma muy inteligible, la manera cómo la música y el cerebro humano se hallan estrechamente vinculados. • ¿Es importante que el aprendizaje de la música sea obligatorio en la escuela? • ¿Es cierto que la música nos hace más inteligentes? • ¿Qué relación tienen el aprendizaje musical y las matemáticas? • ¿Existe un periodo crítico para el aprendizaje musical? • ¿Cualquiera puede ser músico? "Llama la atención en este libro de Peretz cómo destaca los últimos avances en neurociencia en el ámbito de la música." France Culture "Se encuentra usted ante un libro apasionante. Lleno de conocimiento. Lleno de música." Del prefacio de Diego Calderón Garrido

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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Isabelle Peretz

APRENDER MÚSICA

Prefacio de

Diego Calderón Garrido

Traducción de Carme Geronès

© 2018, Odile Jacob

© 2019, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona

Diseño de cubierta e interior: Regina Richling

ISBN: 978-84-9917-566-9

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»

Índice

PREFACIO

PRÓLOGO

EL PLACER MUSICAL

SOMOS MUSICALES DE NACIMIENTO

LA MÚSICA AL SERVICIO DEL APRENDIZAJE DE OTRAS MATERIAS ESCOLARES

LA PRÁCTICA DE LA MÚSICA MODELA EL CEREBRO

¿EXISTE UN PERIODO CRÍTICO PARA EL APRENDIZAJE DE LA MÚSICA?

¿TODOS IGUALES ANTE LA MÚSICA?

EL TALENTO MUSICAL

EL BAGAJE GENÉTICO

LA CUESTIÓN DEL OÍDO ABSOLUTO

LA AMUSIA CONGÉNITA

CANTAR ES TAN NATURAL COMO HABLAR

BAILAR ES TAMBIÉN EXPRESARSE MUSICALMENTE

LA MÚSICA COMO TRAMPOLÍN SOCIAL

EL APRENDIZAJE DE LA MÚSICA NO TIENE EDAD

¿CÓMO APRENDER?

DEL LABORATORIO AL AULA

PISTAS PARA APRENDER MÚSICA

ANEXO: EVALUACIÓN DE LAS CAPACIDADES MUSICALES

BIBLIOGRAFÍA

AGRADECIMIENTOS

PREFACIO

¿Por qué escucho música? Sí, sí, ¿por qué? ¿Cuál es el motivo que un día me llevó a querer aprender a tocar la guitarra? «Mamá, quiero hacer lo mismo que Mark Knopfler.» Me acuerdo como si fuese ayer. Ese día, que no es necesario decir que no fue ayer ni mucho menos, cambió mi vida. Me llevó a dedicar horas y horas al instrumento, a intentar que los dedos fuesen donde se suponen que debían ir para que sonase lo que escuchaba en mi cabeza. Pero, ¿en qué momento esa gimnasia muscular se convirtió en algo más que eso? ¿En qué momento empezó a ser música lo que salía de allí? Y algo que en su día me intrigaba más aún: ¿por qué después de horas y horas escuchándome a mí mismo ponía un CD para seguir escuchando a otros? ¿Por qué mi ocio estaba repleto de lo mismo que mi tiempo de formación y, posteriormente, mi profesión?

Lo sé, demasiadas preguntas para un solo párrafo. Demasiadas preguntas para un prefacio. Pero no se preocupen, a todas ellas encontramos respuesta en, apenas, 140 páginas. Respuestas ofrecidas de forma directa y divulgativa -que no por ello falta de saber científico- por Isabelle Peretz.

Un conocimiento compartido que nos adentra en el placer musical provocado por las dopaminas. Actividad cerebral que nos acompaña desde el nacimiento. Actividad que los estudios reflejados en este libro demuestran cómo las variaciones armónicas afectan a los bebés de apenas días. Actividad que ya nos afecta incluso en el vientre materno. Actividad que nos acompaña toda nuestra vida y que, en nuestro periodo escolar, ha mostrado innumerables beneficios. Un desarrollo cognitivo que va más allá de ese placer descrito. Así pues, si tal es ese desarrollo, ¿por qué no hacer de la música una herramienta transversal? Y es que ya podemos afirmarlo de manera categórica gracias a la neurociencia: la práctica musical modela el cerebro influyendo así en el resto de competencias y capacidades.

Para poder beneficiarnos plenamente de estos procesos debemos conocer cuáles son los periodos más “propicios”, así como las diferentes habilidades musicales de cada persona, desde la predisposición a un talento poco habitual hasta la amusia. Habilidades que en muchos casos ya son heredadas. Sobre este tema existen muchos mitos, y Peretz se encarga de darnos razones para poder argumentar cada uno de los postulados, más allá del discurso extendido sobre la necesidad de 10.000 horas de practicar para dominar un instrumento. Entre esos argumentos el lector se encontrará una desmitificación del oído absoluto que, sin duda, no dejará indiferente a nadie.

En este sentido, merece mención especial el aprendizaje de la música en edades avanzadas. Línea en la que se está progresando mucho en los últimos tiempos debido a los beneficios mostrados, por ejemplo, sobre la atención y la planificación en personas de 70 años que llevaban 4 meses de estudio de piano y lenguaje musical.

Pero no nos engañemos, capacidades musicales, y especialmente vocales, tenemos todos. En el capítulo 11 se describe un estudio realizado sobre 100 personas anónimas que así lo demuestra. Por tanto, posibilidades de beneficiarnos de la práctica musical tenemos todos. En este sentido, tal como nos recuerda la autora, debemos tener presentes los beneficios del baile en nuestro estado anímico. Baile como parte de la expresión musical. Baile como reflejo del ritmo y generador de sonidos.

El caso es que, más allá del músico y su instrumento, se nos presenta una actividad social y conciliadora que nos mueve a compartir con las personas que nos rodean. Una actividad que se aprende mejor así, en compañía. Una actividad que se refuerza a través de la imitación del otro.

Es difícil elegir un capítulo en este libro. Pero si he de hacerlo me decantaría por el 17. “Pistas para aprender música.” Por razones totalmente subjetivas, el que firma este prólogo encuentra en él respuestas a cualquier persona que se me acerque y me diga: “¿Cómo podría hacer para aprender a tocar un instrumento?” “Dime cómo eres y te diré cómo podrías hacer” será mi respuesta después de la lectura de dicho capítulo.

En definitiva, se encuentra usted ante un libro apasionante. En pequeño formato. Lleno de conocimiento. Lleno de música. Un libro escrito con la humildad propia del investigador que quiere comunicar de una forma “llana” el saber científico. Una humildad de una autora que nos ofrece un acercamiento de inigualable valor hacia el arte. Disfrútelo. Yo lo he hecho.

Dr. Diego Calderón-Garrido

PRÓLOGO

LL

Todo el mundo conoce la atracción que ejerce la música. Muy pocos son los que saben cuál es la ciencia que marca sus pautas.

La música no es el invento de un genio. La música es el producto de nuestras neuronas. Al igual que el lenguaje oral, la música existe en todas las formas de sociedad humana que hemos podido examinar hasta nuestros días. ¿Acaso hemos sido músicos desde tiempos inmemoriales? ¿Músicos que hoy han perdido la conciencia de serlo?

En efecto, todos los seres humanos nacen músicos. La música no es un misterio al que solo tienen acceso los iniciados. Todos compartimos este conocimiento. Para algunos, sin embargo, se trata de un conocimiento intuitivo, algo que no se enseña, que se adquiere de forma automática por simple exposición a él, desde el nacimiento. Curioso, cuando menos.

Al nacer, el ser humano siente inclinación por la música, una tendencia establecida en su organización cerebral. Llegamos al mundo con un cerebro musical que nos permite absorber todas las músicas del mundo. Por otra parte, como veremos más adelante, con la música, el cerebro libera dopamina, la hormona de la felicidad, básica en todo tipo de aprendizaje. ¿Qué ventajas nos reportará, pues, el aprendizaje de la música? Según las últimas investigaciones, el alumno que dedica un tiempo a una actividad musical destaca en el ámbito escolar y es más altruista. ¿Es preciso que el niño tenga oído musical? ¿Y si desafina? ¿Y qué hay del adulto que decide lanzarse a dicho aprendizaje, aunque sea tarde, cuando se jubila? ¿Podrá aprender a componer música? Los docentes y los responsables de los sistemas educativos se formulan un sinfín de preguntas al respecto, y las trasladan a los expertos. Vamos a ver hasta qué punto tiene una base científica el entusiasmo que suele despertar la educación musical.

En este libro explicamos de qué forma la música nos modifica el cerebro. Exponemos las bases inherentes de la musicalidad y abarcamos el periodo crítico, las diferencias individuales, la herencia, el oído absoluto, el prodigio y lo contrario: la amusia. Abordamos seguidamente una serie de competencias de índole social, como el canto y el baile. Por fin exponemos las bases del aprendizaje de la música y concluimos con las posibilidades de aplicación de estos conocimientos científicos en el campo de la educación musical.

Presentamos cada uno de sus aspectos sin rodeos, alrededor de una realidad científica rigurosa ilustrada por medio de nuestras intuiciones científicas. Seguimos en el texto el sistema de comunicación breve. La neurociencia de la música evoluciona con gran rapidez. Cada uno de los capítulos del libro pueden leerse independientemente del resto.

No se trata de un libro de recetas. Se dirige más que nada a los amantes de las (auténticas) realidades científicas. En efecto, estoy convencida de que todo el mundo tiene acceso a los conocimientos científicos y a sorprenderse con ellos.

G

1

EL PLACER MUSICAL

J

De entrada nos planteamos una serie de preguntas. ¿A qué obedece la práctica de la música durante horas? ¿Por qué hay que pasar el tiempo escuchando música, e incluso comprando música? La respuesta es muy simple: la música proporciona un placer inigualable. La música reporta un beneficio de lo más accesible e inofensivo.

No es una idea nueva. Sin embargo, hasta hace muy poco la investigación ha sido incapaz de demostrar el vínculo existente entre la euforia que suscita la música y la secreción de dopamina en los circuitos cerebrales de la recompensa. La dopamina es un neurotransmisor liberado básicamente por el núcleo accumbens, una estructura del cerebro conocida desde hace mucho tiempo como el punto del placer.

Debemos este importante avance a Robert Zatorre de la Universidad McGill y a su equipo. Ellos demuestran que el estremecimiento que suscita la música está vinculado a la secreción de dopamina en el núcleo accumbens [1]. Dicho fenómeno no se limita a nuestra música favorita, sino a músicas nuevas que nos atrajeron la primera vez que las escuchamos. Un excelente estudio nos lo muestra [2]. La experiencia se lleva a cabo en una prueba de resonancia magnética en la que cada participante aporta entre cero y dos euros (de su bolsillo) para la adquisición de melodías recomendadas por un programa informático, que corresponden a las preferencias musicales de cada uno de ellos. Las imágenes del cerebro muestran un vínculo claro entre la apuesta y la actividad observada en el circuito de la recompensa. Cuanto mayor es la apuesta, más interés tiene el comprador por conseguir la melodía concreta y mayor es la actividad de la red de placer.