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Este libro pretende evocar esos lugares donde los vecinos se proveían de alimentos y eran el sitio indicado para quienes, desde la zona rural, o también la urbana, se reunían detrás de una copa para compartir experiencias, tomar un respiro en el trajín diario o, simplemente, para ahogar las penas. Son diecinueve los negocios barriales y, en cada uno, él o los informantes, vecinos, familiares o memoriosos, apelando a la retentiva, describieron el aspecto edilicio y narraron algunos acontecimientos relacionados con el comercio. Las fotografías, de una gran riqueza, permiten, más allá de la imaginación del relato, ver y comparar, alimentando, a través de la evocación, el sentimiento de pertenencia: "era de mi familia; estaba en mi pueblo, conocí a esa gente". Se aspira a que no sólo compartan la lectura, sino que sirva para incentivar a otros a indagar en la historia de más actividades para así armar ese pasado, recrearlo y deleitarse ; una manera de conocer y alimentar las raíces para que el árbol, es decir, la ciudad, siga creciendo.
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Seitenzahl: 132
Veröffentlichungsjahr: 2019
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Tealdi, Vide Juan
Aquellos almacenes de barrio / Vide Juan Tealdi. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2019.
150 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-496-2
1. Historia Regional. 2. Historia. 3. Análisis Documental. I. Título.
CDD 982
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2019. Vide Juan Tealdi.
© 2019. Tinta Libre Ediciones
Dedico esta obra a mi ciudad.
AQUELLOS ALMACENES DE BARRIO
PorVide Juan Tealdi
Morteros, Córdoba
ÍNDICE
PRÓLOGO - Pág. 11
ALMACENES DE BARRIO - Pág. 15
Almacén y verdulería de
ISIDORO MACÍAS - Pág. 25
Almacén y vinería “Chicco” de
SANTIAGO CHICCO - Pág. 33
Almacén “La gloria” de
LUIS ICARDI E HIJOS - Pág. 43
Almacén de
ANDRÉS ABRATE - Pág. 49
Almacén “La primavera” de
JORGE J. GROPPO - Pág. 53
Almacén y ferretería “Macario” de
JUAN BAUTISTA MACARIO - Pág. 59
Almacén “Alianza” de
MIGUEL PAVIOLO - Pág. 65
Almacén “El arbolito” de
GUIDO BRACCACINI - Pág. 71
Almacén de
POLETTI Y DELCALDO - Pág. 77
Almacén “El tropezón” de
JALIL JOSÉ ALADÍN - Pág. 83
Almacén de
ANICETO TURCO - Pág. 89
Almacén de
ANTONIO BURRONE - Pág. 95
Almacén y bar “Depetris” de
ROBERTO Y EDUARDO DEPETRIS - Pág. 99
Almacén y despacho de bebidas de
MANUEL FONTANESI - Pág. 105
Almacén y despacho de bebidas de
JOSÉ BUTTIGLIERO - Pág. 111
Almacén verdulería y bar “Pairetti” de
PRIMO PAIRETTI - Pág. 117
Almacén y vinería de
ESTEBAN BARGIANO - Pág. 125
Almacén y bar “El porvenir” de
VICTORIO PRONELLO - Pág. 133
El almacén de
SILVERIO FESTA - Pág. 139
AGRADECIMIENTOS - Pág. 143
PALABRAS FINALES - Pág. 145
BIBLIOGRAFÍA - Pág. 147
PRÓLOGO
Añoranzas… son comunes a esta etapa de la vida.
Nostalgias de lo que vivimos o nos contaron…porque los recuerdos son buenos para revivir épocas y nos ayudan a seguir haciendo, diciendo y también soñando con que somos eternos.
Hay motivaciones que nos persiguen, nos alientan a investigar, a transmitir, para buscar ese hilo mágico que conecta ese ayer entrañable, este hoy efímero y ese mañana, a veces, inalcanzable.
Hoy traigo a la memoria “Aquellos almacenes de barrio”, esos que alimentaron cuerpos, crearon lazos de amistad en un pueblo llamado Morteros, desdibujados hoy por el tiempo que volteó construcciones para elevar otras en pos de la modernidad.
Por supuesto que existieron otros no menos importantes y es menester rescatarlos del olvido, Será motivo para otro trabajo que quizás alguien realice tomando la posta. Lo lanzo como un desafío para hacer justicia.
Se inicia el libro señalando, como antecedente, las pulperías, donde se reunían los personajes típicos para proveerse, conversar, beber. Lentamente, mediante un proceso pausado, se transformaron primero, en almacenes de ramos generales y luego revirtieron en almacenes de barrio.
Morteros contó con varios. Aquí rescatamos algunos, aquellos donde la investigación nos llevó. Eran pequeños emprendimientos familiares, extraños si los comparamos con los almacenes generales, despensas modernas, supermercados, pero significaban el lugar del encuentro, de la charla, de la amistad, del fiado, de la “yapa”, donde el trabajador rural se abastecía, se tomaba unos tragos y encontraba el refugio para escaparle a la rutina fatigosa.
Recurrí a vecinos, amigos, parientes, memoriosos que me aportaron datos y así, de a poco, marqué en el plano, el lugar de esos recuerdos que al deshilvanarse, cubrieron más de un par de ojos de un velo de añoranza; lágrimas contenidas de un pasado entrañable.
Quise plasmar, en cada historia, parte de esa tradición que creó vínculos porque cada familia de esos almacenes, sigue viviendo en sus descendientes y con este libro, sólo pretendo hacer justicia patentizándolos, para que no se pierdan junto a las fotografías que, sin duda, se guardan en armarios de recuerdos o desaparecieron misteriosamente.
19 almacenes de barrio. Detrás de cada uno, la familia, con sus historias donde proliferaban vecinos, amigos, clientes; cada uno compartiendo relatos y ensayando amistades para hacer posible un transcurrir grato donde beber, jugar, comprar era el estímulo para una vida, a veces, no tan grata. Dolores y alegrías quedaron aprisionados en las paredes y otros se marcharon en la conciencia del amigo o del circunstancial parroquiano.
Mi objetivo: rescatar el pasado en la presencia de aquellos que recuerdan, armándolo como un rompecabezas.
Apelé a la retentiva de la gente que, sin dudas, aportó con su imaginación.
Y por último coincido con el escritor Jorge Luis Borges que:
“Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece”
Con afecto a mi pueblo, a su gente, a los amigos.
Vide Juan Tealdi
ALMACENES DE BARRIO
Las pulperías como antecedentes
Como paso previo: una aclaración. Esta obra tiene como finalidad caracterizar a los “almacenes de barrio” para proyectar su resultado a aquellos radicados en nuestra zona, y en especial, a los que fueron objeto de atención por parte de la población local.
Empezamos por manifestar que existe virtual concordancia en admitir que el origen de los almacenes en general (incluidos los almacenes de barrio) está en las llamadas “pulperías”, típicos establecimientos diseminados en toda la América Hispánica, tratándose de instituciones proveedoras de todo lo indispensable para la vida cotidiana, incluyendo comidas, bebidas , telas, tabaco, entre otras cosas.
Las pulperías en la Argentina(urbanas y rurales)
A lo largo de la historia, las pulperías establecidas en nuestro país, se les reconoce como afincadas en todo el territorio, desde un extremo al otro. Si bien no es posible establecer la época de su establecimiento, se las puede ubicar en el silgo XVI, y encontrarlas en zonas rurales, pero también las había en centros urbanos, y aquí, en barrios alejados del sector céntrico. Entre unas y otras (rurales y urbanas) existían marcadas diferencias. En las primeras, apostadas generalmente en la cruz de dos caminos, el pulpero atendía desde un mostrador separado de los asistentes por una verja de hierro o gruesos maderos, instalada de piso a techo, quizás para evitar los excesos que se producían con cierta habitualidad. Además en los ámbitos rurales, se podían encontrar rústicas mesas donde los parroquianos agotaban su tiempo de permanencia en lugar, con juegos de naipes y consumo de bebidas. Distinta era la situación de las “pulperías” urbanas que ofrecían la particularidad de estar asentadas en una esquina de la manzana, y el pulpero atendía detrás de un mostrador que estaba directamente en contacto con los concurrentes. Además los asistentes podían departir en las cercanías del sitio, sin mayores dificultades o limitaciones, que las normales.
La actividad en las pulperías
De cualquier manera, es aceptado universalmente, y existen grabados y pinturas de la época que ponen en evidencia la actividad desplegadas por las mismas. Aparecen como proveedoras de insumos básicos para la gente, pero además funcionaban como centros de actividad social de las clases humildes y medias.
En las pulperías se reunían los personajes típicos de cada región y lo hacían para proveerse…para conversar…para beber…En el caso de las pulperías rurales, se solían realizar “riñas de gallos” y durante alguna festividad se animaba a los parroquianos con las clásicas “cuadreras”. En ciertos casos, el pulpero podía disponer de una o dos guitarras para que algunos de los concurrentes se animara a cantar, pudiendo bien extenderse en clásicas “payadas”. No era extraño la realización de algún “bailongo” como bien lo expone José Hernández en el “Martin Fierro” diciendo: “…supe una vez por mi mal / de una milonga que había / y ya pa’ la pulpería / enderecé mi bagual. Era la casa del baile / un rancho de mala muerte / y se llenó de tal suerte / que andábamos a los empujones….”
No era de sorprender que en tales locales, de manifiesta pequeñez, el exceso de alcohol pudiera dar lugar a desafíos, finalizados a puro “facón” como así lo testimonia la obra de referencia. Claro está que la referencia a situaciones de esa índole, no debe ser tomada como habituales, pues, lo relatado por Hernández, está impregnado por el drama del “gaucho” que a esa altura del relato estaba sometido a los arbitrios de la política, sufrido y perseguido, luego de ser sacado de su escenario rural donde ejercía como vaquero, tropeador o arriero.
Localización de las pulperías
Quienes abarcaron el tema, coinciden en la existencia de pulperías en todo el territorio nacional, desde un extremo a otro. Con más claridad ha quedado grabada en la imagen de la gente, la presencia de ellas en la vastedad de la llanura pampeana, al sur y oeste de lo que hoy es la ciudad de Buenos Aires. Resulta fácil colegir, que la razón de esta particular localización en el ámbito pampeano, era producto de las enormes distancias entre puntos de la región.
En aquellos mostradores, se daba la única posibilidad del contacto humano después de leguas y leguas de andanza entre estancia y estancia…allí se reponía del cansancio, se comunicaban las noticias…se daba curso a la comidilla lugareña…todo con la posibilidad adicional de muñirse de bienes para el sustento del grupo familiar o para continuar con el camino.
Las pulperías hoy, como atracción turística
El andar del tiempo, permitió el mantenimiento de esos establecimientos en su mínima expresión. A modo de atracción turística, aún hoy es posible encontrar algunos de ellos en sitios tradicionales de la ciudad de Buenos Aires, como ser en el caso de San Telmo y Parque Patricios. En sectores rurales de la provincia se las puede hallar en San Antonio de Areco, Mercedes, Tandil y otros rincones de la misma, donde permanecen como testigos de aquel pasado.
Pasaje de las pulperías a los almacenes
De esta manera, en forma breve, procuramos acercarnos a la idea de las pulperías como antecedentes de los “almacenes de barrio”. Para ello, caracterizamos a las primeras como centro de aprovisionamiento simple y expresión de la vida social de las clases humildes y medias de la época. Con el paso del tiempo, en términos más o menos generales, se dio el pasaje de la “pulpería” (en especial la urbana) al “almacén de barrio”, pero es de advertir que ese pasaje se hizo mediante un proceso lento, donde, hasta puede verse la simultaneidad de vida de una y otra. Más aún, reduciendo la proyección puede afirmarse, sin pretensión de verdad absoluta, que la sustitución de lo que fueron las “clásicas pulperías” se dio a través del paso intermedio de los conocidos “almacenes de ramos generales”, en tanto lo que nosotros denominamos “almacenes de barrio”, terminaron por ser sustitutos, complementos o desprendimientos de los que fueron afincándose en los sectores alejados del centro, facilitando el contacto y la comercialización al menudeo, más acorde a las posibilidades de una amplia franja de la población. Es decir, que sin dejar de aceptar como cierto que los almacenes barriales tienen su antecedente en las pulperías, versión sustentada en la identidad de funciones, no tiene que sorprender que los “Ramos Generales” pudieran, en algún momento, aparecer como el pasaje intermedio entre ambas instituciones.
Las pulperías y la región
Hecha la caracterización de las pulperías cabe la pregunta si hubo o no en nuestra región. Si se quiere, al recorrer la historia, se podrá encontrar establecimientos más o menos similares cubriendo la geografía, pero que no pueden ser definidos como “pulperías” en sentido técnico.
El porqué de las pulperías enla llanura bonaerense por excelencia
En primer lugar se reconoce que el establecimiento de estas actividades en la llanura pampeana (bonaerense por excelencia) se debió a la enorme distancia entre puntos de la misma. Bajo el dominio del indio y luego de producida su expulsión por medio de la fuerza, todo ese territorio, por variados procedimientos (santos y “no tan santos”) se fue cubriendo por estancias con leguas y leguas de extensión, de las que, una buena parte, puede responder su origen en la Ley de Enfiteusis del año 1826, sancionada en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, bajo la presidencia de Bernardino Rivadavia, disposición que luego fuera modificada en el año 1828. En ese período, y en especial como consecuencia de la aplicación de las dos leyes citadas, vastísima extensión de la verde pradera concluyó en pocas manos, beneficiarios de la política o la relación amistosa con los gobernantes de turno. Lo cierto y definitivo es que la provincia bonaerense se fue cubriendo de estancias de enorme superficie cada una. Este panorama fue propicio para la radicación de ámbitos físicos localizados en extremos alejados unos de otro, donde podían acudir los personajes propios de la región: el “estanciero” en cuanto dejando la ciudad debía acercarse a su inmensa propiedad, y el otro, objeto de cita por toda la literatura de la época, es decir el “gaucho”. Este último, aparece indisolublemente unido a la vigencia de la “estancia cimarrona” ocupando su condición de vaquero, tropero o arreador, por lo que en ejercicio de su actividad debía recurrir a satisfacer mínimamente sus necesidades en esos establecimientos ubicados en medio de ese escenario medible únicamente en “leguas y leguas” entre uno y otro.
Diferencia de la llanura pampeanacon nuestra región
No sucedió lo mismo en nuestra región. Pasado el período de dominio ejercido por los pueblos originarios, la historia muestra la presencia del conquistador y luego el colonizador, en especial éste último, que no sólo impuso su forma de vida, sino también la división del territorio bajo su acción, lo que hizo en parcelas de dimensiones reducidas, ocupadas por colonos, a medida del ingreso de éstos a planes contemplados en las leyes de colonización. Una vez asentados los colonos adquirentes de parcelas, la distancia entre unos y otros era reducida. Cualquier plano de la época, indica y pone en evidencia la marcada división territorial que caracterizó la colonización en la región.
Así hemos relatado aspectos diferenciadores entre el paisaje pampeano (bonaerense por excelencia) que siguió a la conquista del medio por la acción de la fuerza, y el panorama luego de la colonización en nuestra región…Allá extremas distancias…leguas y leguas sin vestigios de vida humana…Aquí, marcada división del suelo, reducida distancia entre puntos y consiguiente facilidad para el contacto…Allá verde pradera de excelencia que difícilmente pueda ser igualada. Aquí la pampa originariamente agreste…Allá la presencia del personaje típico del “gaucho”. Aquí, la del “tano” venido en busca de “la América”.
No se puede aplicar la concepción “determinista” para explicar que allá fue la geografía la que produjo el advenimiento de las “pulperías” no dándose lo mismo en estos lares, pero es fácil entender que aquellas condiciones físicas fueron “propicias” para facilitar su establecimiento, y no darse igual entre nosotros. Por tanto, la ausencia de “pulperías” como tales en nuestra región, pese al hecho de su ubicación en territorio de llanura, nos lleva a admitir la existencia de “otros” establecimientos que guardando la identidad de aquellas, se les debe reconocer como sus continuadores, por la realización de funciones iguales. Fueron los llamados “almacenes” que en principio facilitaron el resguardo de los bienes de los colonos, y con el paso del tiempo, en proveedores de todo tipo de suministros y centro de actividad social para una amplia faja de la población.
Los almacenes de ramos generalesy la colonización
Estos establecimientos no tuvieron actividad específica; operaron distintos rubros por necesidad del público a servir. De ahí la denominación con la que pasaron a ser reconocidos: “Almacenes de Ramos Generales”. A estos negocios se les ubicó en todas las pequeñas urbanizaciones contenidas en los planos presentados por los fundadores de las colonias, al iniciar trámites para la incorporación a las leyes de colonización. Al tiempo en que se fueron estableciendo los pobladores en las nacientes aldeas, fueron surgiendo estos almacenes de ramos generales, con paulatina ampliación de su base de actividad. Por cierto, ninguna similitud es posible establecer entre un Almacén de Ramos Generales, de amplia cobertura, con la simpleza y pequeñez de una “pulpería”. La relación comparativa se puede dar entre otros establecimientos, tal como veremos a continuación.
A medida que la población se fue extendiendo, y por consiguiente ocupando más espacios físicos, se fue dando la posibilidad de encontrar pequeñas organizaciones de reducidos límites, pero con alcances más inmediatos para los habitantes alejados del centro, (familia de trabajadores, artesanos, pequeños empresarios), a quienes les acercaba lo indispensable para la vida cotidiana. Estas organizaciones en su origen constituyeron en los que dimos y damos en llamar almacenes de barrio.
Conclusión
