Aquellos y estos tiempos - Mario Alberto Sapp - E-Book

Aquellos y estos tiempos E-Book

Mario Alberto Sapp

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Beschreibung

Con su característica forma de relatar sus experiencias, el autor nos lleva a reflexionar y replantear cuestiones de la vida… atravesadas por el credo cristiano. ¿El Silencio nos cura? La Sabiduría, ¿nos hace más fuertes? ¿Creer o no creer en la Voluntad de Dios y sus milagros? Estas preguntas podrán descubrirse en este libro, a través de experiencias y testimonios reales.

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Seitenzahl: 92

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Sapp Allende, Mario Alberto

Aquellos y estos tiempos : experiencias de la vida cristiana, ayer y hoy / Mario Alberto Sapp Allende. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.

106 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-755-0

1. Vida Cristiana. 2. Desarrollo Personal. 3. Crecimiento Espiritual. I. Título.

CDD 248.4

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución

por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Sapp Allende, Mario Alberto

© 2021. Tinta Libre Ediciones

MARIO ALBERTO SAPP ALLENDE

Aquellos y estostiempos

Experiencias de la vida cristiana, ayer y hoy

Dedicado:

A Chiqui, mis nietos e hijos.

Prólogo

Así, como el nacimiento, así como pasa el río por su cauce, así como se deslizan las gotas de lluvia en la ventana…. así surgió este libro. Así, sin apuro, sin prisa, en la más calma soledad, en el más calmo encuentro con uno mismo, en el más calmo encuentro con Dios, ese Dios que siempre está; aunque no lo vemos, podemos sentirlo.

Así surgió la idea de esta persona, mi padre, y me enorgullece poder ser parte de este sueño. ¿Quién dice que no tenemos tiempo? Ya con sus ochenta años, le surgieron la inspiración y los pensamientos, y como un ensayo, fue tomando forma. La idea se materializó y aquí está este libro, que gracias a las experiencias vividas y los conocimientos adquiridos, puede llevarnos a la reflexión, a detenernos y ponernos a pensar.

Aquí los dejo con este recorrido por Aquellos y estos tiempos.

“Aspirad a los carismas superiores… La caridad”(1 Corintios 12 y 31, 13)

María Paula Sapp

Licenciada en Ciencias de la Información, UNC

Capítulo 1

El silencio

El diccionario nos cuenta lo que significa el silencio: “Abstención de hablar. Falta de ruido. Pausa; breve intervalo en que nada se escucha”. En silencio es sin protestar, sin proferir una queja; entregar uno una cosa al silencio es olvidarla, callarla.

Quiero contarles que he participado en muchos silencios, algunos bellos y otros no tanto, que me hicieron pensar y meditar, algunos profundamente. Varios fueron los hechos que me hicieron vivir muy gratos momentos en silencio; otros, no tanto.

Algunos me dijeron: “Silencio, cállate”. ¡Qué dolor! ¿Cómo interpretar a esas personas que te hacen callar sin dar fundamentos reales para lo que dicen? En un principio, hay que escuchar, en el mejor de los silencios de uno, esas palabras que nos llegaron a molestar, a herir, a callar. El silencio algunas veces incomoda, hace daño, perjudica, duele, pero hace falta…

¿Y cómo es posible procesar en uno el silencio? Hay que escucharlo.

Estar con el silencio es algo que no perjudica, sino que invita a la meditación de muchos temas que algunas veces hemos ignorado, pues no llegaron a nuestra mente porque no les dimos lugar. Estar en silencio nos propone Dios, Él y nosotros o una persona sola, para darle todo el valor que se merece. ¿Nos beneficia el silencio? Muchas veces sí, y otras tal vez no; pero cuando se obtienen cosas positivas y/o reales, no se separan casi nunca del silencio. Hay que vivirlo, tenerlo, no despreciarlo, pedirlo. ¿A quién? A un Todopoderoso que siempre existió y está atento a nuestros pedidos; si van a ser silencios útiles y positivos, nos llegarán. ¿Por qué? Pues porque Él es silencio.

Nadie lo ha visto, nadie lo conoce, solamente su Hijo, Nuestro Hermano Jesús, quien siempre va a estar a su derecha cuidándonos desde el cielo y atento a nuestros pedidos. Tenemos que prestarle mucha atención, pues también nos va a regalar excelentes consejos; este Dios del silencio existe, y por siempre.

¿Han podido ustedes vivir el silencio de Dios? En contacto con esto tenemos que estar, pues vamos a darnos cuenta de lo admirables que nos sentiremos cuando podamos vivir todas las virtudes del Perfecto, del Todopoderoso, del Omnipotente, del Misericordioso; que no vemos, pero existe.

¿O acaso hace falta ver, a nivel humano, lo que ha hecho Dios?

Creer sin ver es lo mejor que nos puede pasar, por el simple hecho de que el Creador hizo todo a la perfección, acondicionado a las necesidades de su creación: el ser humano. Y todo lo hizo en silencio.

Quiero que se enteren de una historia real que viví, entre otras muchas, con un ser humano que no creía demasiado en las virtudes del Todopoderoso; “Si no veo, no creo” era su expresión casi permanente cuando se hablaba o se comentaba algo sobre Dios. Siempre le sugería que, si no deseaba creer, no creyese, pero le aclaraba: “No sabe usted de lo que se pierde”. “¿Puedo hacerle una pregunta?”; con toda cortesía respondió que sí. Entonces pregunté: “¿Usted cree que el viento existe? Pues el viento siempre existió. Usted me dijo que, si no las veía, no creía en algunas cosas de este existir. ¿Cómo puede creer en el viento, si no lo ve? Nadie lo ha visto, y existe. A Dios tampoco lo vemos y sin embargo existe, por todas las cosas bellas y perfectas que están en este planeta Tierra y en todos los planetas”.

¡Y todas las cosas las hizo en silencio! ¿Cómo despreciar al silencio si lo tiene Dios y nos lo ofrece para meternos en Él? Si se le quiere escuchar, tenemos que pedirle su Palabra y Él nos la dará. ¿Cómo nos hablará en silencio? Con mucha fe y atención podremos escuchar al Todopoderoso, si le pedimos que nos hable. ¿Personalmente? No. Pero sí a través de la sagrada Biblia y de los escritos sobre los muchos momentos de aparición de María Santísima, o los escritos de los santos. Dios nos regala su Palabra. Aprovechémosla. Así también se comprueba que el silencio del Todopoderoso no es una abstención de hablar: no escuchamos sonidos, pero tampoco nos encontramos con pausas.

Sí me encontré con muchas virtudes importantísimas que no se pueden ignorar, pues nos llenan de amor, cordialidad, afecto, cariño y muchas cosas más que siempre nos están haciendo falta para encarar esta vida nuestra que nos está acompañando desde que nacemos hasta que ya no estamos más.

Puede parecernos una sorpresa el silencio, porque estar silenciosos parece que es no hacer nada. Pero es en el silencio cuando nos enfrentamos a nuestro verdadero ser. El silencio es la disciplina que nos ayuda a sobrepasar la categoría de entretenimiento de nuestras vidas. En ese silencio es donde podemos hacer que emerjan nuestras penas y gozos de los lugares en donde se ocultan, y donde podemos mirarnos a la cara diciendo: “No tengas miedo, puedes mirar tu propio caminar en la vida, sus lados brillantes y oscuros, y descubrir tu forma de ser libre”. Podemos encontrar el silencio en la naturaleza, en nuestra propia casa, en una iglesia o en lugar de meditación. Pero donde quiera que lo encontremos, debemos mimarlo. Solamente en silencio podemos conocer quiénes somos y mirarnos a nosotros mismos como dones de Dios.

Al principio el silencio puede llegar a asustarnos. En el silencio oímos algunas voces de las tinieblas: celos, rabias, resentimientos, venganza, avaricia, abusos. Que estas realidades miserables no nos dejen sordos. Estar en silencio es la primera forma de aprender a vivir con uno mismo y con nuestros hermanos. Pero el silencio, si no va acompañado de la Palabra, es tan peligroso como la sociedad sin comunidad. Ambas realidades tienen que ir unidas.

¡Jamás huyamos del silencio!

Capítulo 2

La sabiduría

La sabiduría no entrará en un alma perversa, ni habitará en un cuerpo que sea instrumento del pecado. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres y mujeres pero no dejará sin castigo las palabras del blasfemo, porque Dios conoce sus impulsos, vigila sus pensamientos y escucha sus palabras. No es necesario buscar muy lejos la verdadera sabiduría, pues se presenta como un Espíritu que viene de Dios y que se nos hace interiormente presente. No se revela sino al hombre recto. Los malos son amigos de la muerte, pues olvidan que Dios nos creó para no morir al hacernos a su imagen y semejanza. La mentalidad del impío, del que no cree en el mas allá, es la de la sociedad en que vivimos. Cada uno en secreto admira al hombre recto, pero en cualquier institución su presencia molesta, porque no se puede comprar su conciencia. Por más que el creyente trate de no singularizarse, su integridad y su entusiasmo lo hacen extraño.

El hombre no tiene remedio para salvarse de la muerte, pues llega un momento en que la respiración de nuestra nariz es como humo, y el pensamiento, una chispa que nace del latido de nuestro corazón. Nuestra vida pasa como nube ligera, y desaparecerá como niebla matinal perseguida por los rayos del sol y vencida por su calor. Dios creó al hombre para que no perezca y lo hizo inmortal igual que Él; por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y los que se pusieron de su lado perecerán. Por haber despreciado al justo y abandonado al Señor, los impíos recibirán un castigo digno de sus intenciones. ¡¡¡Pobres los que desprecien la sabiduría y la disciplina!!!

La vejez respetable no consiste en tener una larga vida, ni se mide por el número de años. La verdadera ancianidad es la prudencia, y la edad madura, una vida sin mancha. A algunos, Dios les ha dado la gracia de madurar más rápidamente y alcanzar en pocos años la perfección que otros no conquistaron sino después de muchos. Hombres y mujeres reciben durante toda su vida el premio por su conducta: son juzgados durante su vida. Después de su muerte ya no cuentan ni serán juzgados. Nuestras almas se verán al desnudo y el Todopoderoso nos dará el premio o el castigo. Tenemos que recordar que los justos viven para siempre, el Altísimo es quien los cuida. El amor celoso del Señor será una defensa permanente para castigar a sus enemigos, y Él amará a todas las criaturas.

La sabiduría resplandece y no se enturbia su fulgor, gustosa se deja contemplar por sus amantes y se deja hallar por los que la buscan. Si la buscamos desde temprano, la encontraremos. Meditar en ella es inteligencia perfecta, y el que se quede velando por ella estará pronto al amparo de sus preocupaciones. Honremos todos a la sabiduría para reinar eternamente. A la sabiduría hay que pedirla y se nos concederá; usemos la prudencia y, con la oración, nos llegará el Espíritu de Sabiduría. No es más sabio el que más conocimiento tiene sino el que mejor sabe transmitirlo a los demás, sobre todo cuando lo que se transmite es la amistad con Dios. Por ser santa y pura la sabiduría atraviesa todo, incluso lo manchado e imperfecto, alumbrando nuestro espíritu torpe y limitado.

La sabiduría supera en movilidad a cualquier cosa: abre la boca de los mudos y suelta la lengua de los niños. El sencillo y humilde ve detrás de todas las cosas la mano de Dios. El agua, el viento, los montes, le traen a la mente al Ser perfecto que los creó, pues la inteligencia humana está hecha para descubrir a Dios, que lo llena todo y que es el fin de todo.

Capítulo 3

La caridad