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Si en Numancia hubieran leído este libro habrían rendido más y/o no se habrían rendido nunca; claro que si lo hubieran leído los romanos, habrían acabado el trabajo antes… Esto en lo que respecta al trabajo en equipo, pero hay conceptos más personales en Aquí Mando Yo que pienso poner a funcionar de inmediato: El GPS de mi cerebro, La Escucha Profunda, La Intrategia y El Entrenamiento de mi Resiliencia, por ejemplo… Los numantinos podían tener algún tipo de Creencia Limitante (poca comida, estar rodeados de feroces enemigos, etc., etc.,), pero los romanos tenían también las suyas (madre mía, lo que comen estos elefantes, de quién habrá sido la idea, estos celtíberos no se van a rendir jamás; fíjate, si hasta nos están aplaudiendo, etc., etc.,), así que les habría venido muy bien un poquito de coaching a los dos equipos para negociar el conflicto incluso con la posibilidad de un eventual rebote a un estado alto tras la perturbación, pero sin que tenga que suicidarse nadie: se cambia "Resistencia Numantina" por "Resiliencia Numantina", "Paro y Pienso", y todos felices… Porque esta es otra de las cosas que se aprenden en Aquí Mando Yo: que todo va mejor con sentido del humor. Ya sabemos cómo acabó lo de Numancia. Su empresa todavía está a tiempo y usted también… ¿Eso que se escucha son elefantes? ¿Son suyos? Cristóbal Ruiz Goya 2015 al Mejor Guion Adaptado Me parece un trabajo exhaustivo y profundo que va desde la solidez de la teoría en investigaciones de la neurociencia más avanzada hasta la concreción práctica con consejos específicos para cada una de las técnicas propuestas. Técnicas que van desde las más clásicas a las de última generación desde el Diagrama de Ishikawa a la cultura Ágile. Todo un tratado para la profesión de Coach que deberían conocer tanto los profesionales de esta materia como quienes la quieren utilizar para su mejora personal. J.R. Pin Arboledas. Profesor del IESE. Rector de la Universidad del Atlántico Medio Reyes Rite aborda con maestría en este libro las claves neurocientíficas de la comunicación con el objetivo de conseguir equipos resilientes y eficientes. Para ello, la autora se apoya en novedosas herramientas de coaching ejecutivo y de equipos, aplicadas en sus años de experiencia en procesos de consultoría en entornos empresariales internacionales. Gracias a ello, el lector obtendrá un valioso "arsenal" de buenas prácticas a nivel cognitivo, emocional y ejecutivo que le permitirán establecer y acelerar el cumplimiento de sus objetivos personales y profesionales. Además, el texto regala algunos secretos "impagables" para ser feliz en el trabajo. Ángel Moreno Inocencio Profesor de Marketing y Comunicación en EAE Business School Este libro te presenta de manera pormenorizada la teoría en la que se basa el modelo GPR© (Global Program for Human Resilience), un programa innovador y práctico que aúna años de investigación rigurosa en neurociencia y resiliencia aplicadas a potenciar de forma creativa el capital humano. Implementar este potente proyecto de transformación estratégica nos lleva a la excelencia desde el saber ser, gracias a la plasticidad cerebral y al entrenamiento del talento. Con el modelo GPR© aprendemos cómo hacer realidad lo que todos queremos: vidas más plenas y alineadas con nuestros valores, empleados más motivados y vinculados con la cultura de la empresa, directivos y equipos enfocados en alcanzar los objetivos cultivando mejores relaciones interpersonales. No son sueños: son objetivos alcanzables que hemos visto realizados cuando se ha aprendido "cómo" hacerlo. En esto se sustenta este libro y el propio modelo GPR©: Cabeza, Corazón, Acción. ¡Entrénalo con nosotros!
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Seitenzahl: 641
Veröffentlichungsjahr: 2021
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www.Letrame.com
© Reyes Rite
Algunas de las ilustraciones de este libro son originales, mientras que otras son de los bancos de imágenes unsplash.com, shutterstock.com, pixabay.com, freepik.es y vecteezy.com
Diseño de edición: Letrame Editorial.
ISBN: 978-84-1114-064-5
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PROLOGO
Algo básico en la vida de la persona es el gobierno de sí misma, cometido que empieza por saber quién soy, cuáles son mis anhelos y cómo hacerlos realidad. Esto es algo que está en nuestro fuero interno y tiene que ver con el objetivo más sagrado de todo ser humano: alcanzar la felicidad. Como bien dice la autora, la clave está en el saber ser, un asunto en el que vamos a tientas porque nadie nos lo ha enseñado y requiere un serio ejercicio de introspección, bucear dentro de nosotros mismos para conocer esos anclajes que mueven nuestra vida.
El directivo tiene, además, la delicada tarea de motivar y apoyar a cada uno de los miembros de su equipo en el pleno desarrollo de sus potencialidades de tal manera que, a la vez que mejore su desempeño, crezca como persona y sea capaz de hacerse cargo de su propia felicidad. Todo un reto. Para ello, se hace necesario el dominio de las herramientas que el coaching pone a su alcance y que esta obra expone de manera clara y completa.
En este libro encontrarás las pautas para dirigir tu vida desde dentro, con la plena conciencia de que el camino que has elegido te pertenece, y que lejos de ser un espectador, eres el protagonista de tu propio destino. Conseguir la felicidad es una tarea que no podemos delegar y ¡Aquí mando yo! pone al alcance del lector −con el soporte científico de fuentes probadas− todos los elementos necesarios para maniobrar y acometer con seguridad y confianza la apasionante aventura del propio crecimiento personal y el de los colaboradores, en la búsqueda de la excelencia humana.
La obra combina el rigor del vocabulario técnico con la sencillez del lenguaje cotidiano, al punto que la hace muy accesible y fácil de digerir. Anécdotas y ejemplos de la vida real hacen la lectura amena y enriquecedora. Pienso de verdad que es un libro que aporta y que hay que leer.
German Serrano Duarte.
Ph.D. Profesor Ordinario, INALDE Business School
Universidad de La Sabana, Bogotá, Colombia
Nota de la autora
Son cinco años ya queriendo escribir negro sobre blanco algunos de los descubrimientos que funcionan en el crecimiento personal y en el éxito profesional. Lo aprendido con grandes maestros y la experiencia de mis clientes y de los participantes en nuestros programas me han facilitado recoger el material necesario para hacer realidad y plasmar en el proyecto GPR© los principios y el modelo de trabajo que llevamos a cabo en Integrando Excelencia (IEx) y de la ciencia que aprendemos con el Instituto Internacional para la Resiliencia y el Desarrollo Emocional (IRYDE).
El GPR©, con una metodología vivencial y un riguroso fundamento en neurociencia, entrena cómo hacer crecer nuestro talento, capacidades y competencias. Se trata de ser más felices a la vez que más eficientes. En el saber ser está la fórmula, pero ¿quién nos la ha enseñado? ¡A la mayoría, nadie! En muchos casos, la vamos aprendiendo a golpes. Hemos dedicado mucho tiempo a estudiar: carrera, másteres, especializaciones, oficios…, y a nuestro ejercicio profesional: prácticas, perfeccionar idiomas, adaptación a diferentes puestos... Ahora bien, parece que hemos dejado a la suerte el llevarnos bien con la gente del trabajo, entendernos en familia, mantener la ilusión y la creatividad en el matrimonio, manejar los habituales conflictos en las relaciones... En ese saber ser que tanto nos importa vamos a tientas. Por eso nació el GPR©, porque nos hacía falta no solo saber y/o saber hacer, sino también y, sobre todo, ¡saber ser!
El GPR© fundamentalmente se entrena, no se estudia. Lo importante es que sepamos cómo conseguir lo que queremos, de la misma manera que cuando compramos un teléfono queremos saber cómo funciona y cómo sacarle el máximo partido y no nos interesa la ingeniería que hay detrás. No obstante, para proveer algunas de las claves del conocimiento del modelo y dotar de recursos que faciliten el anclaje de los entrenamientos, he elaborado un material de apoyo que consiste en un libro que engloba tres partes bien diferenciadas, pero complementarias, y un apartado con fichas para hacer ejercicios que favorecen la asociación del conocimiento que se adquiere con el entrenamiento practicado y la asimilación del libro.
Adicional al libro diseñamos una herramienta especial —las cartas-anclaje—que dinamiza el aprendizaje y lo hace aún más creativo y divertido.
El libro: ¡Aquí Mando Yo! Un espectacular viaje desde la Resiliencia hasta la ilusión
Parte I: Claves neurocientíficas para liderar el crecimiento personal y el éxito profesional.
Parte II: ¡Entendernos ya! Comunicación inteligente y asertiva con herramientas de coaching.
Parte III: Equipos resilientes equipos eficientes. Multiplicar el rendimiento de las organizaciones siendo felices en el trabajo.
Parte IV: Acción.Herramientas que integran cabeza y corazón para un aprendizaje acelerado.
Creo que los títulos definen lo que cabe esperar de su lectura: el cambio interno como motor del cambio externo, el crecimiento personal como clave del éxito profesional, familiar y social. El acierto en la relación y comunicación con uno mismo como requisito para el logro en las relaciones interpersonales ¡se tenga el temperamento que se tenga! Y, por supuesto, para manejarse con fluidez en las relaciones laborales, ya que en el trabajo es donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, más horas que en casa muchas veces, y donde las relaciones negativas merman, no solo nuestro rendimiento, sino también nuestro bienestar y nuestra salud. Necesitamos saber cómo ser más resilientes y construir entornos constantemente más positivos, sanos y ecológicos donde ser más felices.
Cómo leer este libro: estructura
El libro Aquí Mando Yo, dentro del modelo GPR©, está pensado para darte una base de conocimiento más racional, por lo que vamos de lo general a lo particular, al revés que en los entrenamientos presenciales, en los que la experiencia es la base del descubrimiento. Comienza con nociones básicas y de rigor sobre la neurociencia, el funcionamiento del cerebro y la Resiliencia personal y organizacional, que respaldan los puntos que vamos a trabajar sobre el talento, la comunicación inteligente y la felicidad y eficiencia del trabajo en equipo.
Cada parte trata áreas específicas, relacionadas entre sí, pero diferentes, que constituyen los elementos básicos para el despliegue de las inteligencias intra e interpersonal, así como la espiritual. Al final del libro encontrarás una sección especial con ejercicios que pretenden facilitar que lleves a la práctica los temas tratados. Además, esta sección está apoyada por una colección de anclajes visuales, en forma de cartas con un formato independiente, cuyo objetivo es hacer amena la integración de lo aprendido y practicado. Puedes utilizarlas en equipo o de forma individual para hacer más divertido y creativo el aprendizaje y, aunque están acompañadas de una pequeña introducción con recomendaciones para su uso, te posibilita adaptarlas a tus necesidades, jugar con ellas e incluso, según tu necesidad, hacer tu propio cuaderno de bitácora.
Agradecimientos
Quiero hacer especial mención a Natalia López Moratalla, cuyos estudios sobre el funcionamiento del cerebro respaldan las conclusiones prácticas presentadas en este trabajo, y porque es mi mentora en el descubrimiento de los secretos del cerebro. No en vano, este libro y las cartas—anclaje son la aplicación práctica de la neurociencia a nuestra vida y relaciones. Por supuesto, quiero agradecer a mi familia y amigos por su apoyo e interés, a mi socia María Molezún por su acompañamiento y contribución; a nuestros equipos de trabajo de España y Latinoamérica por sus aportaciones y ayuda y a los participantes en nuestras intervenciones en empresas de todo el mundo y en nuestros programas internacionales, por sus experiencias y observaciones.
A todos ellos, ¡muchas gracias de corazón!
¡Este libro en cada una de sus partes está vivo! Y seguirá creciendo y cambiando, adaptándose con nuevos descubrimientos y las aportaciones de todos vosotros. Así lograremos en el tiempo el fin que tiene: inspirar y dotar de técnicas prácticas a quienes quieran hacer crecer su potencial.
He puesto cabeza, corazón y acción en este trabajo con la ilusión de que nos resulte más fácil tener una vida lograda.
¡Cuento con vosotros y vuestras experiencias en el proyecto de poner al servicio de todos cómo ser más felices en el día a día y cómo rendir y estar pleno en el trabajo! Ninguno tenemos una fórmula infalible para ser más felices, entre todos vamos creando técnicas con estudio, a través de la experiencia y de la observación. Por eso, de la misma forma que hay una comunidad científica para temas de investigación en diferentes planos, se hace necesario construir comunidades de investigación para hallar métodos y herramientas que contribuyan al bienestar interno del ser humano.
Os pedimos que construyáis con nosotros una de esas comunidades y, para eso, necesitamos que nos hagáis llegar vuestras experiencias positivas, descubrimientos y sugerencias. Todo aquello que creáis que puede servir a otros.
Lo podéis compartir en el Campus de la Ilusión (elcampusdelailusion.es) para darlo a conocer e integrarlo en los trabajos de investigación que estamos llevando a cabo. Si nos facilitáis vuestros datos y queréis, os mencionaremos entre los colaboradores.
¡Ojalá la lista sea infinita!
PARTE I:Claves neurocientíficas para liderar el crecimiento personal y el éxito profesional
«El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer lo que se hace».
León Tolstói
1. Introducción: la atracción del poder
Oímos hablar de la atracción y el vértigo que ejerce el poder sobre quien en algún momento lo detenta y de cómo es muy fácil que quien lo posee se quiera perpetuar en él. Tiene algo el poder que lo vuelve adictivo para muchos. Todos conocemos ejemplos: en la política, en la esfera económica… Habría que preguntarse en realidad qué es el poder y por qué nos atrae tanto si a la vez permanecemos con frecuencia en un estado de sumisión paradójico: mucho hablar y poco moverse, ¡precisamente porque en el fondo nos sentimos débiles! Cabe preguntarse antes de que sea tarde: ¿quién tiene el poder sobre mí?, ¿a quién se lo he entregado?, ¿cuál es el motivo por el que hago la mayor parte de las cosas: trato de complacer, de ser aceptado como sea, de demostrar lo que valgo? En las respuestas sinceras que nos demos quizá descubramos que el poder se lo hemos dado a otros: a un grupo social o de opinión, a un estatus… En fin, que me he sometido… ¡sin querer, pero queriendo! Que he renunciado a mi propio dominio, quizá por la comodidad de no pensar o por la falta de hábito de reflexionar sobre mí: aunque nos cueste reconocerlo, muchas veces nos movemos ¡sin más! porque la mayoría hace o dice esto, y tendrán razón, no voy a ser yo la más lista de la fiesta. Consciente o inconscientemente, me falta un buen espíritu crítico y quizá criterio propio (que se adquiere dedicando tiempo al estudio, a la reflexión y a la meditación), por lo que doy por ciertas esas y otras falacias y muchas veces estoy como anestesiada (¡ojalá solo sea por temporadas y no por siempre!) para tomar de verdad el control de mi biografía. A lo mejor a ti no, pero a mí esto que expongo me ha pasado y me pasa si no estoy atenta; también me consta que le sucede a otras muchas personas que no son precisamente flojas, frívolas o con poca capacidad para pensar; luego no es tan poco común como nos gustaría esto de ceder las riendas de nuestro existir.
Teniendo en cuenta lo expresado en el párrafo anterior y siendo más conscientes de lo que nos ha podido pasar, hagamos un ejercicio ahora que nos va a servir para siempre: me imagino en presente y siento ahora (recreando en mi interior una situación particular) que soy yo la que detenta el dominio sobre mí: sobre lo que estoy pensando, me hago consciente de lo que siento y de cómo estoy actuando. Tengo el control sobre cómo manejo mis relaciones y me alegro del resultado de las mismas... ¿A que la sensación es de mayor plenitud y responsabilidad personal? Con retos por delante, pero ¡con capacidad y confianza para afrontarlos y superarlos! Con posibilidad de aprender de mis errores, de perdonarme y de pedir perdón.
Ese estado es lo más parecido a lo que considero una vida apasionante, con sentido y plena. Por eso sí importa conocernos por dentro, desde cómo funciona nuestro cerebro y mente, hasta nuestro misterioso y sorprendente mundo interior que, manejado por nosotros, nos da la ilusión por vivir a cualquier edad: con proyectos y con propósito.
He escrito Aquí Mando Yo para contribuir a mitigar esa otra sensación que tenemos con frecuencia al percibirnos con el tamaño y la autoridad de una hormiga. Mostrar que los sentidos internos nos pueden engañar y, de hecho, nos engañan porque, como veremos, el poder está dentro de cada uno de nosotros, todo lo que necesitamos para expandirlo es accionar las palancas adecuadas y sabemos cómo hacerlo. Las neurociencias han arrancado interesantes secretos al cerebro y nos muestran caminos para aprender a manejar nuestra vida.
Tengo todo el mando sobre cómo me siento y cómo me comporto. No lo tengo sobre los demás o sobre las circunstancias, pero si manejo esta realidad adecuadamente, los resultados en mi vida serán potentes. Habré comenzado a experimentar que soy yo la que hace que las cosas sucedan porque ¡Aquí Mando Yo!
Siguiendo con las paradojas, este poder del que hablamos ha de ir de una mano con el manejo de la incertidumbre, y de la otra, con la aceptación de no tenerlo todo controlado. Aceptar nuestra propia contingencia como seres humanos que se guían con la brújula de sus valores y su propósito vital, así como con la convicción de que todo lo que pasa tiene un sentido más allá de lo meramente observable. La aventura de la vida conlleva el emocionante camino de la aceptación, la adaptación y la creatividad, así como el descubrimiento del para qué y del porqué de lo que nos pasa o nos ha pasado (pues a veces esto último no se desvela sino con los años). Con esta forma de vivir dejamos un legado que puede inspirar a otros. Y todo ello, ¡a pesar de los pesares!, ¡se puede dejar de querer tener todo el control y a la vez crecer en seguridad!
Todo lo que necesitas está dentro de ti. El desarrollo personal es un desafío posible gracias al entrenamiento de los recursos prácticos que convierten en fácil aquello que nos resultaba difícil, recursos que terminan por ser hábitos que nos llevan a hacer realidad nuestras metas, que nos hacen personas más sanas, más eficientes y felices en todos los ámbitos: íntimo, relacional, laboral, espiritual... Se trata de pasar de ser un sujeto pasivo ante nuestra propia existencia a ser nuestros verdaderos constructores, a cambiar la forma en que interiorizamos y le damos sentido a los retos, las dificultades y los sinsabores.
Conocer cómo funcionan nuestro cerebro y nuestra mente y cómo podemos influir en esos mecanismos para que actúen a nuestro favor (el manejo de los controles cognitivo, emocional y ejecutivo, el aprendizaje de las claves de la Resiliencia y de la comunicación inteligente) son llaves que abren puertas en el descubrimiento de la felicidad personal. Tenemos la capacidad, lo único que necesitamos es una reestructuración interior y trabajar en nuestras percepciones, emociones y acciones para que sean coherentes y congruentes con nuestras necesidades y con lo que queremos.
1.1. El GPR©
Los términos que expresan conceptos abstractos suelen ser polisémicos y tienen diversas interpretaciones, por eso en este libro los utilizaremos con las distinciones propias del desarrollo humano y profesional. Así, entenderemos la Resiliencia como una competencia para el crecimiento personal y el éxito profesional que favorece ser más humanos y eficientes, encontrando sentido y descubriendo oportunidades en lo que nos sucede. En la Universidad de Harvard una de las asignaturas que se han hecho más populares es la que imparte el profesor Tal Ben-Shahar y que él mismo llama «la ciencia de la felicidad». Se puede aprender a ser más feliz y a la vez aumentar el rendimiento. El primer paso es ser resiliente. Por eso, como expliqué al inicio, hemos elaborado el Global Program for Human Resilience (GPR©), que es un modelo sistemático y poderoso que integra conocimiento riguroso en neurociencia y experiencia en la formación de personas y directivos y que en la consultora Integrando Excelencia aplicamos en distintos sectores. El resultado de la implementación de este modelo da como resultado la transformación y evolución de la persona y, por ende, de la empresa u organización que lo utiliza. Como sistemas interconectados, una mirada holística nos descubre que la Resiliencia personal y la organizacional van de la mano y que obtener las habilidades necesarias para adaptarse a los cambios, para integrarse en nuevos escenarios y para responder positivamente a las demandas son clave para el bienestar y la supervivencia en el mercado: crece la persona y mejora el rendimiento. La capacidad transformacional es real. Lo hemos comprobado en situaciones de alarma, emergencia o catástrofes: la Resiliencia y la solidaridad de uno impactan en los demás. Se crean redes de apoyo y se subsana aquello que la naturaleza o la desgracia nos trajo. Sorprenden los niveles de audacia y creatividad tan altos que somos capaces de emplear, sin haber sido conscientes de que los poseíamos dentro, hasta que llegó ese momento de emergencia o necesidad. ¡Te parece increíble que hayas sido capaz de… y en cambio la fuerza estaba dentro de ti! ¿Qué palanca accionaste para que saliera?
Decimos que el objetivo final del GPR© es acrecentar, mediante la consciencia y el uso de las herramientas adecuadas, los recursos personales y profesionales de cada uno, de manera que estemos preparados para salir fortalecidos en cualquier circunstancia de adversidad o cambio, manteniéndonos plenos en el hoy y ahora, no con la expectativa de que tendremos logros más adelante, cuando las circunstancias cambien o nos sean más favorables. Expectativa: que me toque la lotería. Objetivo: lo que yo puedo hacer para que algo suceda. Ahí está la distinción que apoya el poder personal: o lo dejo fuera o me creo que lo tengo dentro y me pongo en acción.
Cuando incrementamos al máximo nuestro potencial, obtenemos un beneficio personal a la vez que beneficiamos a la sociedad.
Por eso hemos de aplicarnos a practicar la Resiliencia desde ya, nunca es tarde y siempre trae beneficios. En Harvard, en diversos artículos de estudio convienen que «las capacidades que subyacen en la Resiliencia pueden fortalecerse a cualquier edad. El cerebro y otros sistemas biológicos son más adaptables en la vida temprana. Sin embargo, aunque su desarrollo sienta las bases para una amplia gama de comportamientos resilientes, nunca es demasiado tarde para su capacidad de recuperación. Las actividades que promueven la salud pueden mejorar significativamente las probabilidades de que un individuo se recupere de las experiencias que generan estrés. Por ejemplo, el ejercicio físico regular, las prácticas de reducción del estrés y los programas que fomentan activamente la función ejecutiva y las habilidades de autorregulación pueden mejorar las capacidades para enfrentar, adaptarse e incluso prevenir la adversidad en nuestra vida. Los adultos que fortalecen estas habilidades en sí mismos pueden modelar mejor los comportamientos saludables de sus hijos, mejorando así la capacidad de Resiliencia de la siguiente generación».1 Esos recursos, junto con el humor y el entrenamiento de habilidades para la comunicación inteligente y el trabajo en equipo eficiente son parte de los contenidos del modelo y sistema del GPR©. Este libro viene a apoyar el entrenamiento de una parte del modelo GPR©, de ahí que lo traiga a colación.
2. Neurociencia: ¿para qué me sirve saber cómo funciona mi cerebro?
Nos sirve para darnos cuenta de que somos los arquitectos del mismo y de que cada uno de nosotros lo construye a su manera. Nada de lo que vivimos, ni las decisiones que tomamos, se queda sin registrar en nuestro cerebro, por lo que resulta importante entrenar cómo manejarlo para obtener los resultados que queremos. Hemos mejorado en sensibilización y conocimiento para adquirir hábitos saludables y mantenernos en forma, con más salud, previniendo enfermedades. El mismo empeño pondremos ahora en entrenar nuestro cerebro, ya que también es necesario hacerlo para progresar, prevenir riesgos y mantener la salud emocional.
Nacemos para ser felices. Y no es una afirmación filosófica ni retórica, sino científica. Las neurociencias actuales muestran en imágenes qué ocurre en el cerebro de una persona mientras realiza una actividad concreta, resuelve un dilema o toma una decisión, y manifiestan que todo ser humano nace predispuesto a la felicidad. «Ser feliz, hacia lo que se encamina la vida de cada persona, tiene caminos universales», afirma Natalia López Moratalla, licenciada en Ciencias Químicas y doctora en Biológicas, catedrática de Bioquímica en la Universidad de Valencia y autora de un centenar de publicaciones científicas internacionales y de numerosos artículos y libros que son hoy referencia obligada en su campo: bioética, biología teórica, neurociencias y comunicación científica.
Por otra parte, consideremos esta otra definición de la OMS sobre la salud: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Parece claro que el viaje hacia la conquista de la felicidad tiene que ver con integrar los distintos planos de la persona, los señalados por la OMS incluyendo también el trascendental–espiritual. Este último nos conecta de forma única entre nosotros y hace posible que el proyecto de vida y el legado de cada uno den sentido a su existencia y le permitan donarse al bien común en su universo personal. Ser grandes y poderosos no reside en ser conocidos en otros países o planetas, sino en aportar e inspirar en el sistema en el que nos desenvolvemos y que conforma nuestra realidad, universo este en el que somos únicos. Esta perspectiva nos obliga a salir del anonimato y a dar la cara: ya no vale escudarnos en que nosotros no podemos hacer nada. Nos responsabilizamos y actuamos porque en mi entorno (que es en realidad el universo) aquí sí, ¡Aquí Mando Yo!
El cerebro cambia con las decisiones que tomamos en nuestra vida, se va forjando con las grandes y pequeñas de nuestro día a día. Todo deja huella, y lo modulamos consiguiendo un mayor o menor desarrollo de nuestras capacidades. En la escala hay muchas medidas, y dependen de cada uno de nosotros. Los continuos avances de la neurociencia nos permiten acercarnos más y conocerlo mejor. En palabras de N. López Moratalla, los científicos han conseguido arrancarle al cerebro uno de sus grandes secretos: tras un largo debate, parece que se ha llegado a determinar un empate entre qué nos viene dado por naturaleza y qué por cultura. La pregunta que la ciencia se hace ahora es cómo la genética y las experiencias de la vida colaboran para hacer único el cerebro de cada uno de nosotros. Este avance en el conocimiento del cerebro es fundamental y nos aporta muy buenas respuestas, que nos acercan a la comprensión de cómo naturaleza y crianza se combinan para configurar nuestra identidad personal, que es precisamente el ámbito de trabajo del GPR©: la comprensión de los factores que nos hacen ser quienes somos para trabajar en ser quienes queremos ser (conseguir la mejor versión, de la que tanto se habla ahora), aprendiendo y desaprendiendo también, ya que la arquitectura funcional del cerebro no es estática, sino que se adapta sin cesar a las condiciones del nicho natural y cultural, desde su inicio.
2.1 El cerebro humano: características, desarrollo y evolución
Nuestro cerebro es único respecto al del resto de especies animales y también único en relación con el del resto de las personas. Incluso los cerebros de hombres y mujeres son diferentes. Es un hecho que, por naturaleza, el cerebro madura paulatinamente con la edad y lo hace con las peculiaridades específicas de las chicas y de los chicos. Por algo dos cromosomas X no aportan la misma información genética que un cromosoma X y otro Y. Tampoco cada uno recibe de sus padres una herencia exactamente igual para construir su cerebro, ni al ritmo al que hacerlo, como señala Natalia López Moratalla en El cerebro adolescente, volumen que forma parte de la colección Los secretos del cerebro. Así pues, un cerebro humano es tan único y diferenciado como la huella dactilar. No hay dos cerebros iguales. El cerebro humano nace con unas características neurofisiológicas, pero se va construyendo a sí mismo con el entorno, la educación y las experiencias que tiene. En este proceso se crean circuitos ante los estímulos externos e internos, conexiones que procesan emociones, sentimientos, afectos, respuestas y decisiones. Pero ¿quién decide realmente lo que hacemos ante un estímulo externo? «Al tratar de entender cómo funciona nuestra mente, los psicólogos llegan con frecuencia a una conclusión asombrosa a primera vista: las personas tomamos decisiones sin pensárnoslas mucho o, mejor dicho, antes de haberlas pensado conscientemente. Cuando decidimos qué votar o comprar, adónde ir de vacaciones y un sinfín de otras cuestiones, los pensamientos inconscientes suelen desempeñar un papel importante. Investigaciones recientes han arrojado luz sobre la profunda influencia de nuestra mente inconsciente en las interacciones del día a día».2 Es en este sentido en el que un estado de consciencia, de awareness, nos puede ayudar a cambiar las reacciones automatizadas que manifestamos en una situación concreta: parar y pensar antes de actuar, frenar la velocidad del flujo neuronal para dilatar el tiempo y romper el automatismo de nuestras respuestas.
2.2 Estructura del cerebro
El cerebro humano es la estructura más compleja de la naturaleza. De media, pesa alrededor de 1,36 kilos, y solo el cerebelo supone cerca del 85 % de su peso total. Protegido dentro del cráneo por el líquido cefalorraquídeo, su ordenamiento se puede establecer en tres capas concéntricas, dos hemisferios y cuatro lóbulos. Desde el punto de vista evolutivo, sucesivamente se han dado cerebros con una, dos y tres capas diferentes entre sí, tanto en los tipos de neuronas que presentan como en las funciones que desempeñan, y las funciones cerebrales han ido paulatinamente en aumento con la progresiva integración entre ellas.
Así, estas tres capas son: tronco cerebral, cerebro emocional y corteza cerebral. El tronco cerebral controla la motricidad básica y las respuestas automáticas, enormemente rápidas, viscerales y estrictamente relacionadas con la supervivencia. El cerebro emocional, la segunda capa encefálica, es un conjunto de núcleos denominado sistema límbico que aparece con los mamíferos acompañada de la corteza cerebral. Contiene el tálamo, el hipotálamo, el hipocampo y el complejo amigdalino. Fundamentalmente, a sus neuronas corresponde el procesamiento de las emociones y el recuerdo del impacto emocional, positivo o negativo, placer u odio de nuestras vivencias. La tercera capa es la corteza cerebral o neocórtex, que solo posee el ser humano y tiene una organización en lóbulos y una subdivisión en áreas especializadas. Como consecuencia, se hace posible combinar los patrones de las percepciones y las emociones, alcanzándose una conciencia neurológica. Desde estas áreas se ejerce el control jerárquico sobre el que descansa todo lo genuinamente humano.
2.3 Cerebro humano frente a determinismo animal
Una de las diferencias clave entre el ser humano y el resto de animales es la construcción del cerebro y sus funciones. Mientras en los animales encontramos un cerebro determinista, que desde el nacimiento marca instintos básicos orientados a la supervivencia y que definirán el comportamiento general del sujeto durante el resto de su vida, el ser humano nace mucho más dependiente, sin una gran herencia determinista, y va construyendo su cerebro en función de varios factores:
Por otra parte, si bien el grado de las capacidades cerebrales de los animales varía según la especie que analicemos (en los primates se encuentran rasgos más evolucionados que en otras especies), el hombre se libera del encierro temporal, deja de vivir permanentemente en el presente y es capaz de registrar su biografía (su pasado) y proyectarse hacia el futuro, lo que propicia la autoconciencia o conciencia personal.
Esta liberación del encierro en el aquí y el ahora se manifiesta, entre otras características específicamente humanas, en la capacidad de tratar las realidades como algo fuera de uno mismo, de planificar acciones y de prever sus consecuencias futuras adelantándose a ellas. Por eso el hombre es, en palabras de Mandela «el amo de mi destino, el capitán de mi alma».
2.4 Plasticidad del cerebro
Nuestro cerebro cambia y se forma con el tiempo, convirtiéndose en único. Hay dos etapas clave en este proceso, la infancia y la adolescencia, durante las que se forman gran parte de nuestros circuitos neuronales, aunque la estructura del cerebro nunca deje de desarrollarse. Es lo que llamamos «plasticidad neuronal», y una vez que somos conscientes de ella, somos capaces de intervenir en la formación de las conexiones neuronales para que actúen a nuestro favor: aquella respuesta automatizada que creamos en un momento en el que nos resultaba útil puede sernos un impedimento ahora o en el futuro. La persona tiene la facultad de identificarla y tomar la decisión de cambiarla: depende de si quiere o no actuar.
Como señalamos, el cerebro es especialmente plástico en la infancia, periodo en el que lo aprendemos casi todo, y también durante la adolescencia, años en los que, además de recibir una gran carga hormonal, nuestro cerebro aprende nuevos códigos de comportamiento. A partir de ahí, también ha de mantenerse flexible en cierta medida, y existen recursos específicos para lograr que así sea. Hay razones lógicas para que se vuelva menos flexible a medida que madura, ya que necesitamos más eficacia y estabilidad, pero siempre podremos modelarlo y conseguir nuestras metas: somos los responsables de hacerlo. Decir que usamos solo una parte de él y que no sabemos sacarle partido al resto no es más que un mito: cada uno consiente o impide que su cerebro incorpore nuevas neuronas a los circuitos y también que aparezcan y maduren nuevas neuronas desde los dos depósitos de células precursoras que almacena. Lo usamos todo, otra cosa es que unos consigan un mayor y mejor rendimiento que otros, según lo entrenen.
2.5 Control ejecutivo del cerebro
Nuestro cerebro tiene un sistema natural de recompensa que trabaja a través de mensajeros químicos y de múltiples conexiones neuronales. Este sistema está compuesto por cuatro vías que se activan por diferentes estímulos, y tres de esas cuatro vías utilizan la dopamina, la hormona del placer (la cuarta se sirve de la serotonina). La dopamina es el factor químico que se transmite como sensación de recompensa cuando cumplimos con nuestras necesidades o hacemos algo que nos agrada.
Este sistema de recompensa consta de varios elementos fundamentales, el núcleo accumbens y dos neurotransmisores: la dopamina, que procesa las emociones positivas, y el glutamato, que guarda la memoria de la conexión entre dos neuronas. Cuando conocemos y manejamos adecuadamente este circuito, somos capaces de poner en marcha nuestro cerebro ejecutivo y encontrar la automotivación necesaria para la acción, incluso abordando situaciones que en el momento no nos dan placer ni satisfacción. Si hemos traído a la memoria como recuerdo, a través de un ejercicio de reflexión, la visualización de la recompensa que conseguiremos en el futuro y que ya hemos simulado con anterioridad, somos capaces de ser fuertes y mantenernos firmes a pesar del displacer de lo que tenga que hacer hoy para llegar a la meta mañana. Este recurso lo utilizamos al inicio del libro para imaginarnos con el mando sobre nuestra vida y lo volveremos a tratar más adelante para hacer realidad proyectos y objetivos.
Esta posibilidad de traer el futuro al presente nos facilita la automotivación: el cerebro guarda la memoria emocional y la experiencia que hemos vivido al haber visto y sentido la recompensa, lo que nos facilita ponernos en marcha hoy y ahora, en lo concreto, para alcanzarla.
Es importante estar atentos a un dato relevante: las redes de castigo y recompensa no están del todo definidas en el cerebro, tienen prácticamente el mismo recorrido. Se activa el mismo sistema de recuerdo de un comportamiento que nos da placer o gusto, tanto si la actuación tiene como resultado final algo beneficioso para nosotros como si la consecuencia es perjudicial (como en el caso de las adicciones). Por eso hay que aprender a calibrar el riesgo y el beneficio de nuestras acciones y de los hábitos que adquirimos con ellas.
2.6 Factores de desestructuración del cerebro
En el crecimiento de nuestro cerebro, que comienza a las tres semanas de la gestación con la formación de las células nerviosas que se irán transformando en nuestras neuronas y continúa hasta los 20 o 25 años, hay tres principales factores de riesgo o desestructuración: el distrés (o estrés negativo), los traumas y las adicciones.
Distrés o estrés negativo. El estrés es una respuesta defensiva que nuestro cerebro activa necesariamente cuando percibe una amenaza. El estrés por tanto es bueno y necesario. Sin embargo, si la situación de estrés se prolonga o es muy intensa y no tenemos suficientes recursos para afrontarla o son circunstancias demasiado grandes, notamos la propia incapacidad psíquica para procesar esa realidad dura que nos es impuesta. No se trata de un reto en sí, sino de la constatación de nuestra impotencia ante la amenaza. Si esta situación es continuada, por un hecho real o porque nuestra mente lo construye, se vuelve distrés, que si dura en el tiempo o se hace crónico es tóxico y uno de los mayores enemigos de nuestras neuronas: en etapas tempranas, una situación muy estresante destruye parte de las neuronas del hipocampo, que son esenciales para el aprendizaje y la memoria.
¿Cómo es este proceso? La alostasis da respuesta a los desafíos y cambios, cuando hablamos de un «grado de estrés tolerable» nos referimos a experimentar eventos de vida estresantes con un mínimo de carga alostática, lo que logramos gracias a tener buenos recursos internos y apoyo externo. Sin embargo, con «estrés tóxico» nos referimos a situaciones en las que no hay éxito debido a la falta de competencias internas adecuadas, así como de apoyo externo. También puede basarse en una arquitectura neuronal inadecuada para manejar el estrés. La sobrecarga alostática se aplica a las situaciones de estrés tóxico en las que la desregulación fisiológica es probable que acelere el avance de la enfermedad. ¿Cómo reaccionamos ante una situación que nos angustia? Nuestro cerebro genera la hormona del cortisol, que debilita la comunicación en las sinapsis (las conexiones interneuronales), pudiendo acabar por anularlas. Un alto nivel de cortisol mantenido en nuestro organismo afecta negativamente tanto al cerebro como a la salud del resto del cuerpo.
La respuesta al estrés depende de la intensidad, la duración de la exposición al estresor y la etapa de la vida en que se dé en cada uno según su biografía.
El estrés afecta a:
La estructura de las neuronas de las áreas cerebrales implicadas en el control cognitivo y el autocontrol, modificando por tanto las conexiones entre dichas áreas. La síntesis de nuevas neuronas: en una situación estresante se destruye parte de las neuronas recién creadas en el hipocampo, esenciales para el aprendizaje y la memoria.De forma general, se constata que los hombres y las mujeres reaccionamos de forma inversa ante el distrés: mientras que los varones experimentan un fuerte impulso, las mujeres sufren rechazo, porque el cortisol bloquea la acción de la oxitocina (con frecuencia denominada «la hormona de la confianza») en el cerebro femenino.
Entre los recursos para el manejo del estrés están practicar deporte, ejercicios de relajación, dormir 7–8 horas, comer saludablemente y despacio, etc.
Me parece importante resaltar la conveniencia de entrenar a un poderoso aliado: el sentido del humor. Una carcajada beneficia a nuestro organismo, pues cambia los procesos internos, el cuerpo queda distendido y disminuye la concentración de cortisol liberado en la sangre, haciendo que descienda el nivel de adrenalina y que la tensión se relaje. El humor nos proporciona, además, un medio para relativizar los problemas cotidianos; produce momentos de gran liberación. Quien aprende a bromear con sus contratiempos en vez de encerrarse en su enojo, fomenta la creatividad y encuentra solución a los problemas con más facilidad. Tenemos la experiencia de estos beneficios a nivel personal y a nivel social. Ante situaciones difíciles surgen ejemplos admirables: chistes, memes, vídeos simpáticos que desdramatizan, aligeran el peso y nos conceden transitar con más ánimo y soltura en un momento social duro.
Los climas alegres y con humor facilitan el pensamiento lateral y dan antes con soluciones creativas. Si, por el contrario, generamos estrés y agobio a nuestro alrededor, las personas se bloquean y no rinden.
Trauma. El trauma disminuye la función prefrontal, hiperestimula la evaluación de lo negativo en la amígdala cerebral y reduce la actividad del hipocampo, lo que provoca un bloqueo de la memoria emocional. Sufrido en edades tempranas, conlleva diferencias individuales a través de la epigenética (los mecanismos que regulan la expresión de los genes, estableciendo la relación entre las influencias genéticas y ambientales) y de la arquitectura cerebral (que determina la capacidad posterior de adaptación flexible o de la falta de la misma). Así, el trauma afecta al circuito de control afectivo–cognitivo del cerebro social y a los vínculos de apego. Por ejemplo, los niños maltratados físicamente muestran alteraciones en el volumen orbitofrontal, relacionado con las tasas de estrés familiar y con un pobre rendimiento académico. Llegar a sufrir un trauma y lo que este termine suponiendo para nosotros puede expresarse en tres planos o etapas principales: 1) siempre depende del temperamento personal, de la predisposición heredada y del aprendizaje de cómo reaccionar ante una primera agresión, 2) la estructura de la agresión recibida explicará los daños provocados por ese primer golpe, bien se traduzcan en una herida o en una carencia; algo que se nos inflige o algo que se nos sustrae y 3) sin embargo, será la significación que ese golpe haya de adquirir más tarde en la historia personal de la víctima y en su contexto familiar y social lo que explique los devastadores efectos del segundo golpe, que será el que provocará el trauma. Cuando ya hay un trauma, la persona necesita de una atención médica o psicológica adecuada para superarlo y conviene no retrasarlo porque lo merece la calidad de vida que recupera.
En el apartado 5.1. Autocontrol leerás algunos recursos para afrontar situaciones que podrían llevar al trauma, pero que logran evitarse utilizando la actualización de la memoria emocional: cambio de enfoque en la experiencia para guardarla de nuevo con un contenido que amortigua o incluso impide el perjuicio.
Adicciones. Cuando alteramos el sistema natural de recompensa del control ejecutivo de nuestro cerebro con alguna adicción, estamos creando un aprendizaje con la secuencia de los pasos que hemos dado para conseguir el objetivo placentero. Estos pasos crean una memoria procedimental, una red de circuitos localizados en la base del cráneo. Es el mismo tipo de memoria que, por ejemplo, permite aprender a montar en bicicleta o patinar y recordar luego los movimientos, recuperándolos rápidamente de la memoria tras años de no hacerlo. En definitiva, al percibir de nuevo el estímulo, en el cerebro se promueve el recuerdo inconsciente asociado a la recompensa de esa actividad y despierta la información necesaria para conseguir el premio. Este proceso termina por modificar nuestras neuronas, puesto que el nuevo patrón de conexión interneuronal contiene memoria a largo plazo de la información emocional y del contexto relacionado con el consumo. Se llega a la necesidad del placer ligado al juego, al sexo, al generado por las sustancias adictivas o por las compras compulsivas. Se usa una vía de recompensa que no es controlada. Con el abuso, esto puede convertirse en algo incontrolable y obsesivo. Se pierde el control que ejercen los circuitos del lóbulo frontal que procesan las decisiones ante un estímulo gratificante. Al comparar un cerebro normal y uno adicto, por ejemplo por consumo de cocaína, se observa una disminución de la actividad de diversas áreas del cerebro, relacionada con que, poco a poco, se van modificando la estructura y la función del cerebro por la acción de los neurotransmisores, dopamina y glutamato. Los cambios en la liberación de glutamato durante el consumo producen modificaciones persistentes en la estructura neuronal de la corteza prefrontal y contribuyen a sus alteraciones funcionales. Así pues, una adicción provoca alteraciones de la conectividad entre las diversas áreas cerebrales implicadas en el control de la toma de decisiones. ¿Cuáles son las adicciones más comunes en nuestros días? Las drogas, el sexo, el alcohol, el juego e internet.
Cuando uno es aún capaz de decidir por sí mismo, decimos que puede estar en una situación de dependencia sin sufrir una desestructuración permanente, pero es un estado de gran peligro. La adicción es en sí una enfermedad que provoca la pérdida de libertad y encierra el comportamiento a automatismos de los que no se puede salir: es un bloqueo letal. Hoy en día dependemos de Internet para muchas cosas habituales, como conseguir acceso a la información o mantener contacto con personas que están lejos. Esto no va a destruir nuestro circuito natural de recompensa, pues siempre somos nosotros quienes decidimos, pero cuando hemos pasado a la adicción, por ejemplo, a las redes sociales o los juegos de rol o de otro estilo, la dependencia se transforma en necesidad, que afecta a la vida ordinaria, la necesidad se vuelve angustia y la angustia finalmente crea una adicción que puede dañar permanentemente nuestra estructura neuronal. Una droga blanda se dice que no parece que haga nada. Es un gran engaño, y más en la adolescencia: es el primer paso y casi siempre obedece a una falta de autocontrol, por lo que el peligro es inminente. Paro y Pienso y tengo la valentía de decir no o de huir si me veo sin fuerzas. Protegerse es una responsabilidad personal.
En boca de Don Quijote, un pensamiento sabio: «No huye el que se retira». Hacerlo a tiempo, añado, es valentía y buen juicio.
Vamos a profundizar algo más.
2.7 El circuito de recompensa del cerebro y cómo actúan en él las adicciones
En el sistema condicionado pavloviano característico de las adicciones, el sistema de recompensa se desconecta del control frontal por alteraciones cerebrales. Se elige de forma condicionada por un aprendizaje con recompensa. Guarda en la memoria procedimental el medio para alcanzar el objetivo. La decisión viene dada, no solo facilitada. Las conductas adictivas actúan sobre el cerebro por un mismo mecanismo: aumentan la concentración de dopamina y cambian el tiempo que esta permanece en él. Generan trastornos psíquicos por la necesidad de consumir más para mantener la sensación, y esta necesidad termina invadiendo todas las esferas, reduciendo el interés hacia lo que había formado parte de la vida del sujeto.
El interruptor ¡para y piensa! lo lleva a cabo el triángulo de neuronas de la corteza prefrontal con capacidad de frenado, pero en la adicción se rompe y automatiza. Toda adicción rompe el equilibrio del sistema de recompensa y crea un automatismo y una trampa de memoria que pueden más que el control. La persona se enferma. Prácticamente, pierde su libertad. La trampa es el constructo de una memoria operativa que asocia algo externo a la recompensa.
La facultad de autocontrol es individual, si no la ejercitamos ya desde niños y aprendemos a aplazar las recompensas reflexionando sobre un logro futuro, es fácil ser débiles y tener menos recursos ante la adversidad o situaciones difíciles. No obstante, hay que pensar que si otros lo consiguen, yo también puedo, y que si otros se han recuperado, yo también puedo; siempre y cuando cambie los actos y los hábitos por otros adecuados y saludables.
3. Antropología de la persona
Desde el punto de vista de la filosofía antropológica, solo la existencia del espíritu humano lo hace capaz de hacer filosofía y lo hace ser persona. Una visión completa del hombre supone la existencia de una realidad inmaterial y personal propia de cada individuo por la que este puede alcanzar su plenitud, unidad, totalidad y autonomía. La búsqueda de nuestro ser profundo, de la persona que somos, la hacemos todos y desde siempre, aunque, como decían los clásicos, «primum vivere deinde philosophari»; adictos, dependientes o necesariamente ocupados por la supervivencia, es muy difícil filosofar. No obstante, tenemos la experiencia de que necesitamos saber quiénes somos, así como de encontrar respuestas hondas.
La antropología resulta imprescindible en el proceso del autoconocimiento, puesto que establece jerarquías e interacciones entre lo que nos es dado por naturaleza, lo que conforma nuestro yo, lo que se constituye como nuestra dimensión espiritual y lo que cada uno puede descubrir como su verdadero sentido en la vida. El cerebro también nos hablaría de esta dimensión, denominada inteligencia espiritual (Zohar y Marshall, 2002; Torralba, 2010 y 2012). Esa inteligencia espiritual o trascendente es la que nos faculta entender el mundo, a los demás y a nosotros mismos desde una perspectiva más profunda y más llena de sentido, ya que nos ayuda a trascender el sufrimiento y a ver más allá de lo material, entrando en esa amplia e interconectada dimensión espiritual tan alejada del mundo tangible en el que habitualmente nos desenvolvemos. Por este motivo, muchos autores la consideran el tipo de inteligencia más elevada de todas. La inteligencia espiritual se refiere a la lucha humana por encontrar significado, visión, conocimiento espiritual y el valor.
3.1 Soy perfecto en mi imperfección
En este apartado entraremos analizando esa frase que me habréis oído decir en los entrenamientos: «¡Soy perfecta en mi imperfección!». Ser persona es algo sublime e integra cuerpo, psique y espíritu. Soy un ser personal y vengo a este mundo perfecto, con una parte espiritual que me trasciende y conecta y una mente y un cuerpo, este último común en su naturaleza al de todos los hombres y que es débil e imperfecto. ¡Pero ojo: no van mi cuerpo por un lado y mi espíritu por otro! Insisto: ese cuerpo diminuto en un espíritu insondable, ese ser que se ha de construir en el tiempo, misterioso y sorprendente, ese, completo e integrado en uno solo, ¡ese soy yo! ¡Como hago una cosa, hago todo! Cuido mi cuerpo y lo respeto porque mi cuerpo soy yo, cuido mi alma y la respeto porque mi alma soy yo y cuido mi espíritu porque ese soy yo. La parte espiritual me impulsa a ser mejor, a pesar de encontrarme a diario como humano con la experiencia de mi indigencia y necesidad.
A medida que pasa el tiempo y vamos creciendo, también lo hace nuestro cerebro, la mente se despierta y vamos aprendiendo del entorno. Se abre nuestra razón y se forja nuestra voluntad al compás de la educación que recibimos en la familia, en la escuela, con el influjo de los amigos, experiencias, los valores que nos inculcan y que cultivamos, etc.
Los humanos nacemos condicionados y estamos expuestos al entorno, pero, a diferencia de los animales, podemos decidir por nosotros mismos. Condicionados, sí; determinados, no. De alguna manera, nuestra capacidad de ser libres interiormente, del amor incondicional, la coexistencia con el otro y el afán de conocer y encontrar lo que es verdadero nos diferencia de todas las demás criaturas y nos hace únicos y misteriosamente insondables y sorpresivos. Condicionado o no, al final siempre soy yo el que decide, el que manda, consciente o inconscientemente. Por eso tomar las riendas y forjar el futuro es nuestra lidia y responsabilidad: eso es pasión por vivir.
Este concepto antropológico de la persona se inspira en los clásicos y en la interpretación que hago de algunos de los conceptos de Leonardo Polo, ilustre filósofo español de referencia internacional y reconocida autoridad mundial.
Empezando de abajo hacia arriba, la base es nuestra parte física, nuestro cuerpo, todo lo somático, lo heredado genéticamente que, dentro del propio plano, tiene sus jerarquías e interrelaciones. Es la única capa totalmente material y es compartida por todo el género humano. También es tipificable, es decir, tiene categorizaciones básicas, como hombre y mujer. Pero es común: la ciencia médica nos contempla como iguales. En esta primera capa nos encontramos las potencialidades que son nuestros sentidos. Los llamamos potencialidades porque sus funciones van más allá de la biología que los soporta: «Las facultades o potencias no se reducen a los órganos. Aunque existe una estrecha relación entre ambos, no hay que confundir el soporte orgánico de la facultad con la facultad entera. Así, por ejemplo, la facultad de la vista no se reduce al ojo (más el nervio óptico y parte del cerebro) o, si se quiere, la facultad no se agota en organizar los componentes somáticos de la visión (retina, córnea, bastoncitos, cristalino, uno de los pares craneales del bulbo raquídeo, etc.), sino que da para más. ¿Para qué? Precisamente, para tener la posibilidad de ver o no ver, según los casos. Pero el acto de ver no es retina, córnea, bastoncitos, cristalino, etc., ni la suma de todos esos componentes, porque el ver no se ve; esto es, no es corpóreo, físico o biofísico, mientras que tales elementos sí lo son».3
La siguiente capa, la inmediatamente superior, es la más estudiada y trabajada por la filosofía: la zona de la razón y la voluntad (en el lenguaje del filósofo español Leonardo Polo, la «esencia humana»). La interactuación entre razón (o inteligencia) y voluntad es permanente y nunca dejamos de desarrollar ambas. Es en este estrato, en la continua relación entre la potencia de la razón y la potencia de la voluntad, en el que creamos lo que la psicología moderna denomina el «Yo», la autoconciencia. La razón, como un cuaderno, comienza vacía, pues nadie nace conociendo ninguna ciencia empírica. En cuanto a la voluntad, que los filósofos llaman «potencia pasiva», también nace a cero, dispuesta a desarrollarse. Estos dos procesos de crecimiento interactúan generando lo que los clásicos denominaban «sindéresis», o capacidad natural para juzgar. Como potencias inmateriales que son, la razón y la voluntad son activadas por esa capacidad, por el «Yo», al que van modelando poco a poco. La inteligencia y la voluntad no están en la cabeza, no tienen un soporte orgánico, son inmateriales. Cuando los mecanismos de la memoria y la imaginación, entre otros, ya se han formado suficientemente en la infancia, son los encargados de activar tanto la razón como la voluntad. Este estrato también es común a todos, si bien también es tipificable en grupos y subgrupos, pero todos tenemos inteligencia y voluntad, las desarrollemos como las desarrollemos y las dediquemos a lo que las dediquemos, y son a las que responden nuestras potencias físicas. «La escala jerárquica entre las potencias humanas tiene en la cúspide de la pirámide a la inteligencia y la voluntad. Todas las facultades sensibles están subordinadas a ellas, pues están en función de ellas. Hay que mantener, en consecuencia, que los sentidos y apetitos sensibles existen en el hombre no de modo enteramente independiente o autónomo, sino en función de la razón y la voluntad. En todas las potencias del alma humana se da, pues, un orden, y este lo marca la dependencia. Dependencia implica subordinación de las inferiores a las superiores, puesto que las superiores tienen en cuenta lo logrado por las inferiores y añaden más. ¿Más qué? Más conocimiento o más deseo, según las potencias de que se trate».4
El tercer estrato, por encima del que se configura el «Yo», también con niveles cognoscitivos, es el que conforma a cada persona. Las dos primeras capas, la naturaleza y la formada por inteligencia y voluntad, tienen muchas áreas comunes a todos: la medicina nos trata como iguales, las ciencias se nos aplican por igual a todos y los mecanismos de la razón y la voluntad también encuentran muchas coincidencias entre una persona y otra. Es decir, en las dos primeras franjas estamos hablando de asuntos iguales en todo el género humano, aunque obviamente donde más afinidades hay es en el cuerpo humano, en lo somático, con tipologías básicas. Las tipologías de la segunda zona son más variadas, son todas las maneras en las que el «Yo» influye sobre la inteligencia y la voluntad: en la medida en la que uno experimenta con los estudios, las aficiones, los deportes, etc., va desplegando un tipo psicológico distinto, una personalidad, pero aún con muchas afinidades con el grupo del resto de personas que se han ido caracterizando de manera parecida, pero esta tercera capa superior, la de cada persona, es individual e intransferible, pues entramos de lleno en nuestra dimensión espiritual. El ser personal integra las tres áreas, pero esta es la que lo hace único y digno en sí mismo no por lo que tiene o por lo que hace, sino por lo que es: SER PERSONAL.
Nos detenernos un momento en aclarar la terminología que estamos empleando: ¿por qué ni nuestra parte física ni nuestro «Yo» son la persona? Hemos visto que la naturaleza nos es común a todos, pero si alguien es manco o cojo o ciego o sordo…, nada de eso le hace menos persona que los demás, lo que nos constituye como persona no radica ahí. De igual manera, todos tenemos inteligencia y voluntad, por muchos grupos y subgrupos que podamos conformar según las fomentemos. Pero ¿es menos persona alguien con una incapacidad intelectual o simplemente con menos voluntad que otro? ¿O que haya perdido parte o toda esa capacidad tras un accidente? No, la inteligencia y la voluntad conforman el «Yo», pero el «Yo» tampoco es en sí la persona. Podemos tener taras en las dos primeras capas, pero la persona es perfecta en sí misma y digna de amor o al menos de respeto. ¡Somos perfectos en nuestra imperfección!
Dentro de esta capa superior, Leonardo Polo habla de 4 trascendentes (que encajan con nuestra experiencia): coexistencia, libertad, conocimiento y amor, pero ahora hablamos de nuestro mundo espiritual, lo que nos hace realmente únicos e increíblemente valiosos, así que saber que coexistimos no se refiere a la percepción de la razón, que nos dice que hay otros seres, sino a la conexión espiritual con el hecho mismo de existir y coexistir. Del mismo modo, el conocimiento no se refiere al saber de la inteligencia. La razón es como un foco de luz: con ella alumbramos el área de conocimiento que queremos adquirir y la estudiamos. Sin embargo, el conocimiento de la persona es una luz que alumbra nuestro interior y que tendría que ver con la sabiduría.
El verdadero saber es el personal, y cuando empezamos a bucear lo primero que percibimos es que nos sobrepasa, porque es un conocimiento superior que apunta hacia lo trascendental y que va más allá del conocimiento que se adquiere a través de los sentidos. A lo largo de la vida, la gran labor es esa búsqueda del conocer personal. La libertad es precisamente ese acto voluntario que se añade a la coexistencia y al conocimiento, no es si podemos hacer una cosa u otra, esa libertad espiritual tampoco sabe de restricciones. Por último, también somos libres en el amor, y este amor no se refiere al amor que nace de la voluntad del «Yo», al amor/necesidad o al amor/utilidad, por ejemplo, sino a un amor liberal, desinteresado y desbordante que se da y que permanece en el legado. Es en esta espiritualidad donde encontraremos el pleno y último significado de la persona. Este mundo espiritual es común a todos. Que todos seamos seres espirituales es algo diferente a nuestra religión.
Esta parte espiritual es en la que nos podemos apoyar para la mejora personal o de otros. Aun la persona con el peor comportamiento en el mundo es capaz en un momento concreto de hacer una donación heroica por otros de forma desinteresada. Es un misterio y a la vez una fuente de esperanza para creer en el ser humano. Es el segmento de dos centímetros infinitos que separan al hombre de la IA (inteligencia artificial).
3.2 Desde dónde trabajamos para alcanzar nuestra mejor versión
«De la realización de cada uno depende el destino de todos», Alejandro Magno.
Como iremos desgranando, nuestro trabajo consiste en interconectar todas las esferas de la persona para vivirlas de forma integrada y llegar a la plenitud antes, más y mejor. Entrenarnos desde la parte espiritual, que nos llena de seguridad y esperanza y nos impulsa a trascender el espacio y el tiempo, nos facilita poner empeño en el aprendizaje y el desaprendizaje desde el «Yo», y nos conduce a poseernos. Físicamente se suele traducir en más salud y serenidad. El dolor y lo costoso han cobrado un sentido y nos hacen capaces de manejar el estrés con éxito. Por eso, conocer cómo ser resilientes entrenando mente y cerebro nos confiere ser protagonistas de nuestra vida y crecer a pesar de las dificultades que, por otra parte, son el contexto habitual en el que nos desenvolvemos todos los seres de la tierra, ¡también los humanos!
4. Resiliencia humana. Dejar de sufrir y encontrar sentido a lo que nos pasa
La Resiliencia no es algo que se tiene o no se tiene, sino algo que se cultiva en un proceso de entrenamiento mental que consigue que la plasticidad neuronal juegue a nuestro favor. Tiene una repercusión directa en nuestro bienestar, funciona como un sistema de prevención de riesgos en el ámbito emocional. Aprender a ser resiliente es, por tanto, aprender a vivir con aceptación y responsabilidad, acostumbrándonos a interiorizar los factores externos de forma constructiva para evitar situaciones de bloqueo y distrés.
El uso del término «Resiliencia» comenzó en la física, con el estudio de los materiales que son capaces de adaptarse a otras formas bajo presión para después recuperar la propia. Por ejemplo, en ingeniería se llama Resiliencia de un material a la energía de deformación que puede ser recuperada de un cuerpo deformado cuando cesa la fuerza que causa la deformación. Es decir, el nivel de Resiliencia de un material es igual al trabajo externo realizado para deformarlo hasta su límite elástico: ejemplo sencillo estrujar una esponja y soltarla, pero hay una diferencia esencial entre la Resiliencia física de los materiales y la humana: las personas no volvemos a nuestra forma inicial una vez superada —o no— la fuerza deformadora (esas circunstancias adversas sufridas). Nuestro cerebro ha cambiado, y nosotros también. Este hecho puede ser, bien manejado, una ventaja y una enorme ganancia. Por el contrario, esa situación difícil también nos puede cambiar para peor. Más de una vez he oído decir que una calamidad o enfermedad (a nivel personal y colectivo) nos puede ennoblecer o embrutecer, dependiendo de la respuesta que demos. No deja de estar en nuestra mano la decisión, aunque tiene que ver también con encontrar un sentido y saber cómo manejarse. De eso trata este capítulo: encontrar el sentido y el cómo hacer que al final las cosas y las circunstancias funcionen a nuestro favor.
«Las esperanzas se encadenan», Séneca.
4.1 Proceso
Considerar la Resiliencia como un proceso significa que no es solo una simple respuesta puntual ante una adversidad específica, sino que incorpora varios aspectos que hay que trabajar a lo largo de toda la vida. La primera condición indispensable en el proceso de Resiliencia es promover los factores adecuados en uno mismo (yo soy, yo puedo y yo quiero:aquí mando yo) y la segunda es el compromiso (el comportamiento resiliente, que supone una acción continuada en el tiempo). La Resiliencia está asociada al crecimiento y al desarrollo humanos, incluyendo diferencias de edad y de género. Atendiendo a los estudios de IRYDE, podemos decir que este proceso consta de cuatro pasos:
1) Aceptar la realidad como es hoy y adaptarnos a ella.
2) Pasar del «por qué a mí» al «para qué a mí», con lo que conseguiremos un primer nivel de sentido.
3) Manejar nuestra creatividad para encontrar salidas: qué voy a hacer para salir de o cambiar esta situación.
4) Dejar un legado en mi universo. Hablamos de propósito y misión personal en el sentido más pleno y conecta con lo que hemos visto respecto a la antropología de la persona humana.
Así, todo parte de ese primer paso de aceptación y adaptación a la realidad, que no significa resignación, sino trabajar para cambiarla si está en nuestra mano. Reconocemos nuestra situación de partida y trazamos un plan de acción que nos lleve hasta donde queremos estar.
4.2 Las claves
Para crecer en Resiliencia humana y salir fortalecidos en la adversidad es necesario tener en cuenta el conocimiento de algunas nociones generales sobre el proceso así como el entrenamiento de algunos hábitos que desglosamos a continuación.
4.2.1 Leyes universales
Como veremos en distintos apartados de este libro, la persona se desenvuelve cumpliendo con las leyes universales: físicas, matemáticas, etc., que le afectan en su progreso y en las relaciones interpersonales. Da igual que crea o no que esas leyes existen, el hecho es que funcionan sí o sí. Se trata de una realidad objetiva, no subjetiva. La Ley de la Gravedad funciona aunque yo no esté de acuerdo y me manifieste en contra, y si no la tengo en cuenta, notaré las consecuencias. Asimismo, hay leyes en las relaciones interpersonales que se vinculan con las leyes sistémicas y que a su vez funcionan sí o sí, esté yo de acuerdo o no. Y como estas, otras leyes que yo llamo del alma y que también funcionan sí o sí. Si aprendo a manejarlas, puedo hacerme y hacer mucho bien. Por el contrario, por ejemplo, si no respeto la ley de pertenencia o de reconocimiento o de prevalencia en los equipos y/o familia, antes o después provocará consecuencias negativas. Ignorar a un familiar o a un compañero de trabajo, no tratar con deferencia a alguien que nos precede por edad o antigüedad y/o no reconocer los méritos y éxitos de otros empobrece la convivencia y pone nuestras relaciones en peligro. Estamos interconectados y lo que hago o dejo de hacer por supuesto que me afecta a mí, porque modulo mi cerebro y forjo mi personalidad, pero también afecta a los demás, aunque no lo note siempre de forma sensible. Cuando en ocasiones pensamos desanimados que para qué nos vamos a esforzar en hacer algo bien, algo que quizá nos cuesta mucho trabajo, porque nadie se va a dar cuenta ni lo va a agradecer, en ese momento hay que recordar que soy arquitecto de mi cerebro, ¡que la autoridad para decidir la tengo yo! Y si decido seguir adelante, lo hago primero por mí, por un sano amor propio, pues todo deja huella en mí y en mi entorno, por eso continúo adelante, por la razón que sea que me mueva. Es una sana independencia para ser yo misma. Estamos interconectados y somos interdependientes, pero es necesario cultivar una sana independencia. Me puedo dar a los demás si me poseo previamente. Puedo amar a los demás si me tengo un recto amor a mí misma.
Siguiendo con la Resiliencia humana y los procesos intrapsíquicos que hemos de mantener para que se acreciente, hay que hablar de la importancia de estar preparados para cuando venga la dificultad, y eso no se improvisa: se entrena.
