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En Arias Gonzalo Ángel Saavedra relata un suceso del medioevo. Tras el asesinato del rey Sancho II, Diego Ordóñez de Lara pronunció ante la muralla de Zamora el famoso reto que narran los romances «quien a traidor sostiene es traidor como el que la faze». Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano, más conocido como Duque de Rivas fue un claro exponente del romanticismo español. Don Álvaro, fue estrenado en Madrid en 1835, y fue el primero éxito romántico del teatro español. La obra se tomó más tarde como base del libreto de Francesco Maria Piave para la ópera de Giuseppe Verdi La Forza del Destino (1862). Otra obra teatral romántica fue El desengaño en un sueño. Obras de teatro como Malek Adel, Lanuza y Arias Gonzalo y la comedia Tanto vales cuanto tienes, se caracterizan por un estilo más neoclásico.
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Seitenzahl: 62
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Ángel de Saavedra. Duque de Rivas
Arias Gonzalo
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Arias Gonzalo.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard
ISBN tapa dura: 978-84-1126-038-1.
ISBN rústica: 978-84-9816-054-3.
ISBN ebook: 978-84-9897-122-4.
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Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Arias Gonzalo 7
Personajes 8
Acto I 9
Escena I 9
Escena II 13
Escena III 13
Escena IV 13
Escena V 18
Acto II 21
Escena I 21
Escena II 21
Escena III 26
Escena IV 28
Escena V 36
Acto III 39
Escena I 39
Escena II 40
Escena III 46
Escena IV 47
Acto IV 51
Escena I 51
Escena II 51
Escena III 58
Acto V 65
Escena I 65
Escena II 68
Escena III 68
Escena IV 70
Escena V 72
Escena VI 73
Escena VII 74
Escena VIII 75
Escena IX 77
Escena X 79
Libros a la carta 83
Duque de Rivas, Ángel de Saavedra (Córdoba, 1791-Madrid, 1865). España.
Luchó contra los franceses en la guerra de independencia y más tarde contra el absolutismo de Fernando VII, por lo que tuvo que exiliarse en Malta en 1823. Allí leyó obras de William Shakespeare, Walter Scott y Lord Byron y se adscribió a la corriente romántica con los poemas El desterrado, El sueño del proscrito (1824), y El faro de Malta (1828).
Regresó a España tras la muerte de Fernando VII heredando títulos y fortuna. Fue, además, embajador en Nápoles y Francia.
Esta obra relata un suceso del medioevo, tras el asesinato del rey Sancho II, Diego Ordóñez de Lara pronunció ante la muralla de Zamora el famoso reto que narran los romances «quien a traidor sostiene es traidor como el que la faze».
Arias Gonzalo replicó que según la ley caballeresca, quien desafía a una población debe luchar contra cinco hombres, uno tras otro. Y si los vence a todos, su opinión prevalecerá. Pero si uno de los cinco le vence, será desmentido. Arias Gonzalo preparó a cuatro de sus hijos para el combate y el menor de ellos exigió el honor de ser el primero. El joven Pedro Arias salió al campo y tras varias horas de combate, en que luchó con bravura, murió.
Ordóñez exigió a Arias Gonzalo que le enviara otro hijo. Diego Arias fue el segundo. Luchó con arrojo, pero también murió a manos de Ordóñez, quien de nuevo exigió otro adversario. Rodrigo Arias, muy experimentado en justas y torneos, corrió la misma suerte. Al morir, hirió al caballo de Diego Ordóñez, que se dio a la fuga.
Tras regresar, a pie, para combatir con el cuarto hijo de Arias Gonzalo, los jueces del combate no lo permitieron, y quedó el desafío en tablas, ya que aunque Rodrigo Arias había muerto, Diego Ordóñez había sido llevado fuera del campo por su caballo herido.
Así se preservó el honor del pueblo de Zamora.
Arias Gonzalo, su ayo y consejero y padre de Pedro Arias, Diego Arias,
Caballeros zamoranos
Comparsas
Damas de la infanta
Don Diego Ordóñez de Lara, caballero castellano
Gómez, paje de la infanta
Gonzalo Arias
Guardias
Infanta doña Urraca, señora de Zamora
Pajes de la infanta
Regidores de Zamora
(La escena es en un salón del alcázar de Zamora, con dosel al fondo, y a un lado, un sillón y mesa con recado de escribir. La acción empieza a media mañana y concluye antes de anochecer.)
(La Infanta y Arias.)
Infanta (Aparece sentada junto a la mesa, y al ver entrar a Arias se levanta y va hacia él.)
¡Anheloso tu vuelta deseaba
mi inquieto corazón, Arias Gonzalo!...
¿Escuchó el rey tu voz y el ruego mío?
¿Traes a Zamora paz y a mí descanso?
Arias No, señora; pues sordo a las razones
y a la justicia vuestra, el rey don Sancho
solo de la ambición el grito escucha,
olvidando, feroz, que es vuestro hermano.
Ni paz ni tregua admite. Guerra y muerte,
y sangre y exterminio está anhelando.
Vuestro mensaje oyó como pudiera
propuestas viles de traidor engaño,
y sin dejarme hablar en nombre vuestro,
cual varias veces pretendió mi labio,
«Arias, no os detengáis; tornad, me dijo,
y a la infanta decid que intenta en vano,
desarmarme con ruegos y plegarias,
de su corto poder indicios claros.
Que o me entrega a Zamora en este día,
o antes que el Sol se esconda en el ocaso
verá a mis invencibles escuadrones
dar a sus muros vencedor asalto.»
No me habló más; alzóse de su silla,
y una mirada de furor lanzando,
volvió la espalda, y ordenó a los suyos
que al punto me arrojaran de su campo.
Infanta ¿Un rey..., un caballero, injusto, aleve,
así rompe la fe de los contratos?
¿Así comete tan atroz perjurio?
¿Mi herencia respetar no juró en manos
de nuestro padre? ¿Así la voz desoye
de honra y de religión; el grito santo
de la sangre no escucha, ni le mueve
de una infeliz mujer el ruego y llanto?
Arias No pudieron jamás los juramentos
enfrenar el furor de los tiranos,
ni un pecho que ambición enseñorea
de sangre o de amistad guardó los pactos.
Cual juró, al aprobar el testamento
de vuestro padre, que murió en mis brazos,
respetar vuestra herencia y la de Elvira,
juró también el fementido Sancho
de León y Galicia las coronas
en las frentes dejar de sus hermanos.
¿Y cómo lo cumplió?... ¿Cómo? ¿No vimos,
apenas de Castilla tomó el mando,
despojar de León, con cruda guerra,
a don Alfonso; y luego, encarnizado,
robar su trono al joven don García,
el reino de Galicia encadenando?...
¿Por qué ha de ser leal con voz, señora,
quien no lo fue con los demás hermanos?
Infanta Ellos reinos extensos poseían;
mas yo a Zamora solo...
Arias El tener algo
es para el ambicioso harto pretexto.
Infanta Ni mi triste orfandad y desamparo
mueven su corazón.
Arias Al que se goza
en mirar sin piedad a sus hermanos,
uno a merced del moro de Toledo,
un mal seguro asilo mendigando;
otro, en las hondas cavas de un castillo
la amarga vida sustentar, cargado
de miseria y de hierros..., ¿de su hermana
podrá ablandarle el congojoso llanto?
Infanta ¿Y qué resta que hacer a esta infelice,
Arias Resistir, resistir.
Infanta Cerco tan largo
desfallecida ya tiene a Zamora.
Arias Pero aún tiene valor.
Infanta (Abatida.) ¿Y podrá, al cabo,
dejar de sucumbir? ¿Quién socorrernos?
Arias (Con firmeza.) El Cielo, aterrador de los tiranos,
y los hombres también. No, no es tan firme
cual juzgáis el poder del rey don Sancho.
El reino de León no está seguro;
a su joven monarca aún no ha olvidado
el reino de Galicia; el sarraceno,
viendo la desunión de los cristianos,
apercibe sus huestes; y, celoso
del poder de Castilla, a sus vasallos
arma el rey de Aragón; la hermana vuestra,
doña Elvira, también, que amenazado
ve su alcázar de Toro, por la espalda
temor ofrece al enemigo campo.
Ni satisfecho de los suyos mismos
está el usurpador. Cuantos hidalgos
le siguen, con despecho sus perjurios
oí miran y su ambición, y el desacato
que contra las cenizas de su padre
comete persiguiendo a sus hermanos.
Rodrigo de Vivar, ese guerrero,
de España honor, de la morisma espanto,
le sigue; mas juró que en esta empresa
no le dará el auxilio de su brazo.
Diego Ordóñez de Lara, a quien prudencia
aún no dio la carrera de los años,
es el solo esforzado caballero
que con celo y ardor sirve a don Sancho.
Infanta A pesar de esperanzas tan risueñas,
el sitio se prolonga, Arias Gonzalo,
