Arquitectura y planeamiento - Walter Gropius - E-Book

Arquitectura y planeamiento E-Book

Walter Gropius

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Beschreibung

A 100 AÑOS DE LA BAUHAUS Con motivo de las celebraciones mundiales que se realizaran durante este año para festejar dicho acontecimiento, nos orgullecemos en presentarles este libro reedición del editado en 1958 por esta editorial, un valioso documento histórico donde encontraran el pensamiento del fundador de la famosa escuela en varios artículos y conferencias durante sus tres diferentes vidas, como el mismo las llama, la de Alemania donde funda en 1919 la Bauhaus en Dessau, la de Inglaterra durante la segunda guerra y la de Estados Unidos de Norteamérica, en la Universidad de Harvard.    

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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Gropius, Walter

Arquitectura y planeamiento / Walter Gropius ; compilado por

Carlos Alberto Méndez Mosquera. - 3a ed revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Infinito, 2019.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-3970-15-3

1. Arquitectura. I. Méndez Mosquera, Carlos Alberto, comp. II. Título.

CDD 720

Prólogo edición 1958 9

Prólogo de la presente edición. 1958: Walter Gropius,

Príncipe del Plata 11

Nota del editor 17

DISCURSOS Y HOMENAJES

• Entrega a Walter Gropius de la Real Medalla de Oro 21

• Homenaje a Walter Gropius en su 75 aniversario,

texto y gráfica del programa 38

• Discurso de Walter Gropius en el Harvard Club 41

• Discurso pronunciado en la Universidad de Columbia 49

ARTÍCULOS Y CONFERENCIAS

• Arquitectura y diseño en la edad de la ciencia 65

• Dominio del espacio y de la técnica 73

• El edificio teatral 81

• La forma de los museos 97

• Fe en la planificación 107

• El planeamiento de vecindarios orgánicos 129

• La maldición del conformismo 137

Apéndice curricular 149

Biografía 157

Imágenes 160

Una serie de artículos y conferencias de Walter Gropius, sobre temas de arquitectura y planeamiento, integran este volumen. Aun-que enemigo de fórmulas rectoras, tras un breve pero analítico enfo-que de la época, admite en él una única fórmula: la unidad individual verdadera solo dentro de la diversidad del grupo, y esta actitud es la que revista a través de los discursos pronunciados en el RIBA—por personalidades como Herbert Read, Nikolaus Pevsner, J.M.Richards, Maxwel Fry y Gropius mismo— domina los artículos siguientes.

Así, con un claro planteo pedagógico, en «Arquitectura y dise-ño en la edad de la ciencia» y en «Dominio del espacio y de la técnica», clarifica conceptos como los de espacio y técnica dentro del campo actual del diseño arquitectónico mientras que, en «El edificio teatral» y «La forma de los museos», plantea toda una teoría de la arquitectura.

En los dos últimos artículos, «Fe en la planificación» y «Planea-miento de vecindarios orgánicos», invocando la necesidad del dise-ñador creador, Gropius sugiere para su entrenamiento, una mayor coordinación siempre dentro del trabajo integrado a su equipo.

Arquitectura y planeamiento, es pues un conjunto coherente de principios que ha de servir sin duda de guía, aclarando el panorama frente a la variedad de problemas de la arquitectura, el diseño y el planeamiento actuales.

Ediciones Infinito ofrece con orgullo, un homenaje al gran maestro.

El libro Arquitectura y Planeamientode Walter Gropius, editado por la Editorial Infinito en 1958, constituye hoy un valioso documento histórico que merece ser recuperado en la ocasión del centenario de la Bauhaus. Se trata de un heterogéneo compendio de discursos y artículos que reflejan fielmente tanto la circunstancia vital de Gropius como los anhelos culturales de sus editores bonaerenses. El fundador de la Bauhaus quedó retratado a sus 75 años como un veterano vanguardista que hace memoria de los méritos acumula-dos durante su dilatada trayectoria y da su propia versión de los hechos para finalmente reivindicar la inquebrantable pertinencia de sus empeños pasados. Impera el tono laudatorio de los discursos con los cuales Gropius aceptó y agradeció los homenajes, galardo-nes y títulos honoríficos que venía recibiendo desde que en 1952 abandonara la actividad docente en Harvard. Indisimuladamente hagiográficas son también algunas de las presentaciones incluidas en el libro, en las que renombrados colegas y amigos —de Maxwell Fry a Nikolaus Pevsner— pusieron en valor la figura del Príncipe de Plata, definitivamente elevado a los altares del canon moderno.

Dada la juventud de los editores porteños, cabe preguntarse por las intenciones que animaron a Jorge Enrique Hardoy, Carlos Méndez Mosquera y José Rey Pastor a incluir estos discursos de Gropius en su «Biblioteca de Arquitectos». El título de la colección expresa claramente la voluntad divulgadora de un canon teórico e historiográfico, del que formó parte también la edición simultánea

del libro Pioneros del Diseño Moderno. De William Morris a Walter Gropius(1958), el relato con el que Pevsner había situado ya en 1936 al arquitecto alemán —entonces exiliado en Londres— en una línea de continuidad que contribuyó decisivamente a abrirle camino en el mundo anglosajón. Hardoy llegó incluso a negociar con Gropius en 1957 la edición de la colección completa de los Bauhausbücher —los 14 tomos libros oficiales de la Bauhaus publicados entre 1925 y 1929—, pero únicamente el último de ellos, el libro de László Moholy-Nagy Von Material zu Architektur(1929), sería publicado por Infinito años más tarde bajo el título La nueva visión(1963). Hardoy intentó hacerse igualmente con los derechos para la traducción al español de Scope of Total Architecture—un no menos heterogéneo compendio de artículos de Gropius— pero su publicación corrió finalmente a cargo de Ediciones La Isla bajo el título Alcances de la arquitectura integral(Buenos Aires 1956). En 1957 la editorial por-teña Nueva Visión se sumó a la oleada de publicaciones con la tra-ducción del estudio Walter Gropius y el Bauhausde Giulio Carlo Argan, dando con ello continuidad a la línea editorial de la homóni-ma «revista de cultura visual» nueva visión(1951-1957), que bajo la dirección de Tomás Maldonado reivindicó en primera instancia la tradición de la Bauhaus para seguidamente exigir la reconsideración crítica de su legado.

También nueva visióncultivó inicialmente los homenajes, como la presentación de Mies van der Rohe al discurso pronunciado por Gropius con motivo de su 70 aniversario, ambos publicados en 1953 (nueva visión, número 4). Además de Gropius, en nueva visióntuvie-ron cabida antiguos Bauhäuslertan diversos como Josef Albers, Max Bill, Marcel Breuer, Ludwig Hilberseimer, Johannes Itten, Wassily Kandinsky, Lázló Moholy-Nagy o Xanti Schawinsky, entre otros. Esta nómina refleja los variados e inicialmente aún impreci-sos intereses en el entorno de los grupos del arte concreto y cons-tructivo activos en Buenos Aires desde mediados de los años cua-renta. Estos se remontan no tanto a la Bauhaus como al retorno de Joaquín Torres García a Montevideo en 1934, donde creó el Taller Torres-García y promovió principios artísticos y pedagógicos que buscaban adecuar del arte concreto europeo a la especificidad sudamericana de una Escuela del Sur. Sin embargo, Maldonado se

distanció pronto de esta tradición rioplatense, al tiempo que impul-só la Asociación Arte Concreto-Invención, coincidiendo en 1946 con el «Manifiesto Madí» de Gyula Kosice y el «Manifiesto blanco» de Lucio Fontana, igualmente comprometidos con la superación del arte académico en favor de una noción integral de la creación artís-tica. Es aquí donde las experiencias de la Bauhaus despertaron interés, también debido a que su universalidad permitía trascender todo localismo. Ese mismo año de 1946 la Revista de Arquitecturatradujo por primera vez al castellano el texto de 1923 en el que Gro-pius dio cuenta de los principios pedagógicos y la organización de la Bauhaus de Weimar. La traducción incluyó el célebre esquema con-céntrico del plan de estudios de la Bauhaus, en cuyo núcleo central figuraba la construcción de edificios como la materialización de la integración artística. La impronta de este plan dejó huellas en el programa del Instituto de Arquitectura y Urbanismo de Tucumán, que en 1947 incluyó la idea de un taller donde profesores y estudian-tes emprenderían conjuntamente tareas productivas reales y socialmente útiles, como la construcción de la Ciudad Universitaria del Cerro San Javier. Otras iniciativas de renovación pedagógica, como las de Montevideo o Rosario a mediados de los años 1950, retomaron igualmente la referencia al texto en el que Gropius dio cuenta de los principios pedagógicos puestos en práctica en la Bau-haus. En este sentido cabe destacar que el poco atractivo título del libro de escritos de Gropius en 1958 era idéntico al de la nueva Escuela de Arquitectura y Planeamiento de la Universidad del Lito-ral, en cuya fase fundacional estuvieron involucrados tanto Méndez Mosquera como Hardoy.

Pero la publicación de Arquitectura y Planeamientoen 1958 señala un punto de inflexión: al punto álgido de los homenajes a Gropius y la recepción de su pedagogía le seguiría su caída en des-gracia entre las nuevas generaciones. El Príncipe de Plata comen-zó a perder brillo. En este trance fue clave una conferencia pro-nunciada por Maldonado en septiembre de 1958 en el marco de la Exposición Universal de Bruselas. En el intento por determinar criterios válidos para la formación de nuevos diseñadores en un mundo dominado por los mecanismos del mercado en una socie-dad de masas, el único legado que consideraba aún activo: el de la

Bauhaus. Tras analizar los fundamentos ideológicos de la filosofía educativa de Gropius, Maldonado criticó el antiintelecturalismo de los conceptos pedagógicos de Gropius, que hundían sus raíces en el Romanticismo, el pensamiento vitalista y los movimientos de refor-ma de la educación infantil, como el de la Escuela Activa (Arbeits-schule). La crítica cuestionó sobre todo el ideal práctico del trabajo en el taller, que había trasladado los principios pedagógicos de la escuela activa a la formación artística para adultos. El desarrollo técnico y las condiciones políticas imperantes tras la guerra exigían una nueva intelectualización de la formación integral del diseñador. Curiosamente, la crítica de Maldonado conllevó la reivindicación de otra tradición: la de una nueva creatividad entendida como praxis racional centrada en los valores objetivos de la ciencia y del compro-miso político de orientación marxista, tal y como habían sido postu-lados por Hannes Meyer como sucesor de Gropius en Dessau. Basta leer el artículo «Arquitectura y diseño en la edad de la ciencia», incluido en la primera edición de 1958 del presente libro, para entender que la defensa de la búsqueda artística como una suerte de resistencia dirigida contra la sobremecanización del mundo con-temporáneo y en favor de una racionalidad trascendente y vitalista que asegure el alcance integral de la arquitectura en las democra-cias liberales situaba a Gropius en las antípodas ideológicas del uti-litarismo materialista de las nuevas generaciones y sus esperanzas de transformación de la realidad política y social a través del diseño.

La enorme repercusión de la crítica de Maldonado a los prin-cipios pedagógicos y al completo sistema de valores defendido por Gropius en los EE UU trascendió el mundo de habla hispana y supuso un salto cualitativo en el conocimiento de los fundamentos intelectuales de la Bauhaus, cuyos principios habían pasado a confundirse con la de sus sucesoras europeas y norteamericanas. Hardoy, quien al igual que Eduardo Catalano trató a Gropius en Harvard cuando desde la Graduate School of Design postulaba el team workcomo la clave para una arquitectura integral dentro del sistema productivo capitalista y democrático, contó para el libro de 1958 con la colaboración de traductores excepcionales, como la joven arquitecta y urbanista Odilia Suárez. Esta había sido tes-tigo en 1952 de las conferencias pronunciadas por Gropius en el

VIII Congreso Panamericano de Arquitectos celebrado en Ciudad de México en 1952 y volvió a encontrarse con él en 1954 en la Bie-nal de Arquitectura de São Paulo. En aquella ocasión Gropius fue galardonado con el primer Gran Premio de Arquitectura y Suárez se ocupó de traducir al castellano su conferencia «El arquitecto en la sociedad industrial», publicada en la Revista de Arquitectura, el órgano oficial de la Sociedad Central de Arquitectos en Buenos Aires. Suárez visitó la Bienal formando parte un nutrido grupo de estudiantes y jóvenes arquitectos del entorno de la Organización de Arquitectura Moderna (oam), el entorno en el que surgieron las editoriales que, como Infinito, dieron a conocer las ideas de Gro-pius en el mundo de habla hispana, sentando así las bases para la revisión crítica de sus presupuestos ideológicos.

Si hoy la lectura de Arquitectura y Planeamientoplantea dudas sobre el rigor filológico de las traducciones, estas constituyen en sí mismas un documento histórico. El libro nos informa hoy tanto sobre el pensamiento de Gropius como sobre algunas de las inquie-tudes imperantes entre las nuevas generaciones de arquitectos y diseñadores en Buenos Aires hacia 1958, en un momento de prodi-giosa eclosión cultural y de renovada capacidad crítica. No está de más recordarlo en el año del centenario de la Bauhaus. Cuando hace ya casi medio siglo recaló en el Museo de Bellas Artes de Bue-nos Aires la gran exposición itinerante que celebró el cincuentenario de la Bauhaus, se optó por omitir las decisivas críticas de Maldona-do y de los muchos críticos que siguieron su estela, probablemente al considerarlas inoportunas en el marco de una muestra que pre-tendió celebrar un mito cultural en el enésimo intento de apropia-ción del capital simbólico de la Bauhaus. Las omisiones hicieron que aquella exposición conmemorativa supusiera un paso atrás en tér-minos de conciencia crítica e histórica. Por el contrario, la actual reedición de Arquitectura y Planeamientonos trae a la memoria y reivindica el legado de las generaciones que a partir de 1958 y desde el Río de la Plata hicieron gala de una notable madurez crítica en su valoración de la Bauhaus y de su fundador.

Joaquín Medina Warmburg

Karlsruhe, enero de 2019

Este libro es un homenaje, a la Bauhaus que cumple 100 años y a Walter Gropius que fue su fundador pero también a esa Ediciones Infinito de los años 50/60 fundada por jóvenes arquitectos que tuvieron la visión de traer a la argentina primero y al mundo his-panoparlante después las obras de los arquitectos que los habían marcado en su educación y a quienes admiraban. Homenaje tam-bién a sus traductores, los enormes Jorge Enrique Hardoy y Odilia Suárez. A Carlos Méndez Mosquera —fundador de la editorial junto a Hardoy y José Rey Pastor— que diseñó la primera edición de este libro.

Fueron «épocas heroicas» decía siempre Carlos Méndez Mosquera.

Me emociona cuando veo sobre mi escritorio la primera (1958) y la segunda edición (1962) de este libro que ahora reedito, ¿qué sentían o pensaban mientras lo estaban traduciendo, diseñando, editando? Tenían algunos de ellos menos de 30 años. Miro con diversión los contratos y las cartas de esa época firmadas por el mismo Gropius y por Le Corbusier y Moholy-Nagy y Pevsner y Mumford, que ahora son de colección, y los imagino excitados y ansiosos esperando su llegada por correo y leyéndolas y haciendo números y planificando cómo poder imprimir estos libros que tanto ansiaban ver en las librerías.

Repito ¡fueron épocas heroicas!, y también lo son ahora, 60 años después, aunque la tecnología nos ayude un poco más.

Y termino… porque la Bauhaus se instala nuevamente en la agenda arquitectónica mundial para festejar sus 100 años, desde esta Ediciones Infinito del siglo XXI estamos seguros que para los lectores de arquitectura y para los historiadores será interesante leer en la actualidad cómo pensaba en ese momento y en los años que siguieron —ya que la Bauhaus fue solo una parte de su trayec-toria— una personalidad como Walter Gropius.

Hoy a la distancia podemos estar de acuerdo o no con su pensa-miento pero no podemos negar la importancia del mismo y la mag-nitud de su figura.

Los invito a disfrutar de él.

Mi agradecimiento a Joaquín Medina Warmburg, autor del prólogo de esta edición, que me inspiró a reeditar este libro y me ayudó con datos con los que ampliamos el mismo y suplió mis carencias en este tema.

Cristina Lafiandra

Buenos Aires, diciembre de 2018

Pienso que si el doctor Gropius temió en algún momento no estar acompañado en ocasión de venir a recibir la Real Medalla de Oro, ese temor debe haberse disipado ante el gran auditorio de esta noche y estoy seguro de que debe proporcionarle una gran placer el verse admirado no sólo por las máximas autoridades de la pro-fesión, sino también por los jóvenes.

No me propongo hablar sobre el doctor Gropius ya que todos lo conocen y en parte, porque se encuentra entre nosotros una media docena de personas que habiéndolo conocido en varias etapas de su vida, van a dirigiros la palabra. Por lo tanto, sola-mente quiero expresar la satisfacción de tenerlo aquí presente y asegurarle que esta no es solo una mera ocasión formal, sino que indica nuestra consideración hacia un gran hombre entre los arquitectos.

Hoy honramos a un hombre que ha creado el símbolo más signi-ficativo de nuestro tiempo y que ha llegado a ser un símbolo por sí mismo. Lo llamamos un arquitecto y le conferimos nuestro premio más importante, pero en realidad ha otorgado un sentido nuevo y profundo a la arquitectura y es ese aspecto de sus acti-vidades que yo, no siendo arquitecto, pueda, tal vez, permitirme atraer vuestra atención.

El símbolo creado por el doctor Gropius es el Bauhaus, una pala-bra alemana que se ha convertido en un término internacional. Cuando inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, Gropius fue invitado a convertirse en el Director de la Academia de Bellas Artes de Weimar, aceptó el nombramiento suprimiendo la palabra ‹Academia›, sustituyéndola por la nueva palabra ‹Bauhaus›, que significa literalmente ‹la Casa de la Construcción›, pero la pala-bra ‹Bau› tiene en alemán un sentido y una resonancia que no puede transmitir la palabra ‹Construcción›. Es un término arquetipo, muy primitivo con raíces en el suelo. Un ‹Bauer› es un constructor, pero un ‹Bauer› también es un paisano un campesino y desde su primer concepción estuvo presente en el Bauhaus la idea de esta conexión orgánica entre la construcción y el suelo, entre el hombre y la tierra, entre la labranza y la estructura.

‹El Bauhaus› dijo otro gran arquitecto contemporáneo, Mies van der Rohe, «no fue una institución con un programa definido; fue una idea y Gropius la formuló con gran precisión». Pero el método ‹Gro-pius› para formular una idea no ha sido el corriente, ya que ha escri-to comparativamente poco. La idea de un Bauhaus tenía que ser construida no solo con materiales físicos como el acero y el cemen-to, sino con materiales humanos bajo la forma de maestros y alum-nos, con familias y comunidades. Es la demostración de una forma de vida totalmente nueva.

Tenemos que observar solamente el primer sumario de la nue-va escuela, bosquejado por el doctor Gropius en 1919, para ver que desde el comienzo había en actividad una mentalidad poderosa y que el arquitecto, como hombre universal (concepto aletargado desde el Renacimiento), había nacido de nuevo.

Con una sensibilidad penetrante hacia los nuevos ideales estéti-cos que estaban germinando en todas partes a su alrededor y domi-nado por un sentido de la unidad orgánica de la existencia desarro-llándose en todos los aspectos visibles de la actividad productiva del hombre, Gropius reunió en Weimar un grupo de jóvenes artistas de una capacidad única. Algunos de ellos, como Wassily Kandinsky y Paul Klee se convirtieron en artistas importantes de nuestra época; otros como Josef Albers y Moholy-Nagy habían de convertirse en grandes maestros de las escuelas establecidas sobre el modelo del Bauhaus; aun otros como Marcel Breuer y Herbert Bayer, se convir-tieron en famosos ejemplos de la idea del Bauhaus en arquitectura y diseño. Pero todos fueron dirigidos e inspirados por el genio de Gropius y, todos, de tiempo en tiempo, han pagado generoso tributo a su personalidad e influencia.

Dijimos que el Bauhaus fue una idea; pero era algo más que eso. Era una nueva forma de vida, una nueva visión. El mismo doctor Gropius ha dicho que «el objetivo del Bauhaus no era propagar un ‹estilo›, sistema, dogma, fórmula o moda, sino simplemente ejercer una influencia revitalizante en el diseño». No basaba su enseñanza en ninguna idea preconcebida sobre la forma sino que «buscó el chispazo vital de la existencia detrás de sus formas siempre cam-biantes. El Bauhaus fue la primera institución del mundo que se atrevió a incorporar este principio en un programa definitivo».

¿Qué hay de tan revolucionario en este principio? Simplemen-te esto: durante siglos nuestras escuelas y academias habían basado sus enseñanzas no en «las formas siempre cambiantes de la existencia» sino en un conjunto de conocimientos que podemos llamar eclecticismo, sistema de reglamentos y preceptos deriva-dos del análisis racional de los ejemplos del pasado —obras y monumentos que vivientes hace siglos actualmente son desatina-dos y fríos—.

Goethe, el más grande entre todos los alemanes y con quien Gropius tiene una afinidad innata, nos dijo siempre de recordar que lo que ha sido formado por la Naturaleza será transformado rápida-mente otra vez y que «si deseamos llegar en algún grado a una intui-ción viviente de la naturaleza, debemos, por nuestro lado, permane-cer plásticos y móviles siempre de acuerdo a su propio ejemplo».

«Móviles y plásticos siempre», esa es la idea integrada en el Bauhaus y esa es la idea integrada en el trabajo de toda la vida del doctor Gropius. Ha destruido para siempre la antigua idea de un dogma estático. Ha destruido para siempre la antigua idea de artes separadas persiguiendo sus propios y discordantes fines. Ha des-truido para siempre el divorcio antinatural entre arte y sociedad. La idea del Bauhaus, concebida hace cuarenta años y establecida mediante un heroico trabajo y lucha, el costo de persecución y exilio, es en la actualidad la fe de todo artista esencial en el mundo. Por esta razón, si no hubiese otras, honramos a Walter Gropius.

Mi breve contribución en esta ocasión será un tributo a Walter Gro-pius como maestro, maestro de lo que él mismo ha descrito y Sir Herbert Read acaba de hacer, como Arquitectura Total.

Ocurrió que mucho después de haberme convertido por adop-ción en un alumno del doctor Gropius —y, ¿quién no lo fue hacia la mitad de la década de 1920?— y mucho después de haberlo oído hablar en una comida en Londres (creo que fue en 1937), fui durante tres breves períodos después de la guerra pasada, su colega en la Escuela Superior de Diseño de Harvard. En 1952 tuve el honor de colaborar con él en un programa de Harvard enseñando a sus estu-diantes y, como pasa siempre en una buena escuela, aprendiendo mucho de ellos lo mismo que de él.

Supongo que existen realmente tres cualidades que debe tener un profesor de arquitectura si su influencia ha de ser penetrante y durable. Pueden haber otras cualidades pero éstas son las indis-pensables. La primera es tener ideas y la capacidad de poder comunicarlas; la segunda es la habilidad para convencer a los estu-diantes que lo que están haciendo es inmensamente importante, emocionante y digno de llevarse a cabo; y la tercera cualidad es esa imaginación especial que permite relacionar las partes con el todo y vincular los detalles del diseño con la composición general, conectando los resultados técnicos con los movimientos vitales de

la época, o, como acaba de llamarlo Sir Herbert Read, la unidad orgánica de la existencia.

Estas cualidades siguen siendo, como lo han sido toda su vida, la característica de Walter Gropius, el maestro. De no haber sido así, sus estudiantes lo habrían rechazado hace mucho tiempo. Porque de todos los seres, el maestro debe, año tras año, estar preparado para el embate de nuevas inteligencias y entusiasmos. Es bastante haber sido un maestro notable, pero algo más es continuar siéndolo y ser aún uno. Si ustedes tienen alguna duda, vayan a cualquier escuela de arquitectura de los Estados Unidos, o vayan a las reunio-nes del CIAM o de los arquitectos de Brasil, China o Perú y encon-trarán tal ansia de oír lo que Walter Gropius tiene que decir, que será la envidia, y ocasionalmente la desesperación, de otros maestros en diferentes partes del mundo. Algunas veces ese deseo se ha visto expresado por medio de imitaciones demasiado improvisadas para ser apreciadas, aunque generalmente han sido sinceras.

Mantener principios propios y aun ampliar continuamente sus simpatías, requiere fuerza de carácter y gran humanidad, y creo que maravillosamente es cumplido por un don que Walter Gropius com-parte con otros grandes maestros como Bertrand Russell y Albert Schweitzer —una fe inquebrantable en las virtudes de la coopera-ción—. No es fortuito que la actual práctica arquitectónica de Gro-pius se conozca como The Architects Collaborative.

Es común que en estas ocasiones el ave masculina se vista con el plumaje, pero permítaseme cerrar mi tributo diciendo que no lo usaría con tales ventajas sin el cuidado esforzado, leal y cariñoso de su esposa. Y digo esto porque muchos de los que aquí estamos, hemos disfrutado de su hospitalidad y desearíamos extender nues-tras felicitaciones y buenos deseos en esta ocasión a Ise Gropius.

Ustedes recordaron una vez más al hombre que dijo que venera-ba a los Peregrinos, pero realmente su admiración ilimitada era para sus esposas, no sólo soportaron también todas las penurias y peligros sino que además tuvieron que soportarlos a ellos.

Cuando me pregunté por que podía haber sido invitado a decir hoy estas palabras, pensaba en una sola razón y es que debo haber conocido a Walter Gropius, aunque siempre haya sido superficial-mente, por un período un poco más largo que los otros oradores.

La primera ocasión que oí el nombre de Walter Gropius fue para mí tan poco halagadora que debo referir el incidente, una vez más, ante esta asamblea informal. Creo que fue en 1922 mientras estu-diaba historia del arte en la Universidad de Leipzig y era algo así como el presidente de los estudiantes de historia del arte. Un com-pañero estudiante vino y me