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Sugerente obra que examina el papel de la prensa de Yucatán durante el periodo inicial de la llamada Guerra de Castas en esta región mexicana. El libro describe las relaciones de poder existentes entre editores y gobierno como instrumento para combatir la rebelión agraria y cultural del pueblo maya, que pese a todo resistió el acoso de los grupos dominantes de 1847 a 1901.
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Seitenzahl: 421
Veröffentlichungsjahr: 2022
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Ginón Xhail Bojórquez Palma
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN:978-84-1144-516-0
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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A la memoria del doctor Juan Marchena Fernández,
andaluz nuestroamericano.
Agradecimientos
Este trabajo nació gracias al apoyo del Dr. Juan Marchena Fernández, quien con sabiduría y afecto atendió mis inquietudes y dirigió todas las fases comprendidas en su elaboración. Por este motivo deseo reconocer que el rigor de la crítica y las orientaciones del Dr. Marchena fueron decisivos para ordenar mis ideas hasta conseguir formular hipótesis que le fueron dando sentido a las preguntas que me formulaba en las sesiones de trabajo efectuadas en Sevilla y Mérida. Hago extensiva mi gratitud al Dr. Juan Manuel Santana Pérez por su paciencia, sus recomendaciones, por la visión metodológica que me propuso y, en lo particular, por el invaluable tiempo que invirtió en las correcciones de mi trabajo.
De manera personal, deseo referir que el cariño y la amistad de la Dra. Nayibe Gutiérrez Montoya en Sevilla y en Lisboa hicieron que me sintiera segura y feliz, como si estuviera en casa, en lugares tan distante de la mía.
Al Dr. Héctor Hernández Pardo agradezco su cordial invitación para a realizar una estancia de investigación en la Oficina del Programa Martiano en La Habana, donde el Dr. Pedro Pablo Rodríguez me guio con erudición en la búsqueda de materiales hemerográficos en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.
Un reconocimiento especial y mi gratitud merece el Dr. Raúl Godoy Montañez, que mientras escribía yo este libro ocupaba el cargo de secretario de Investigación, Innovación y Educación Superior de Yucatán, México, por su interés en que los jóvenes yucatecos obtengamos doctorados de calidad, como el programa que cursé. Su comprensión y desde luego las facilidades que me brindó para abrirme camino en el campo de la investigación —desde los años que dediqué para obtener el grado de doctora hasta el tiempo subsiguiente a la redacción de esta obra— me posibilitaron lograr esta anhelada meta. Sin la ayuda y orientaciones del doctor Godoy, mis estancias en Andalucía, en Lisboa y La Habana no hubieran sido posibles.
De la Universidad Pablo de Olavide recibí el sostén para alojarme en un espacio que cuenta con la infraestructura y las condiciones académicas óptimas, a través de una beca, en la Residencia Flora Tristán. Este apoyo fue indispensable para dedicar todo mi tiempo a los estudios de doctorado y a la investigación en la ciudad de Sevilla.
Quiero agradecer también a mi padre por conducirme e impulsarme a lo largo de mi vida académica y profesional y a mi madre por el amor y los ánimos que cada día me ha dado. Ambos son los pilares primordiales en mi vida. A Rodrigo por su compresión y amor; gracias siempre por lo que haces por mí.
Este trabajo lleva mi nombre como autora, pero sin la ayuda de las personas mencionadas y las que involuntariamente omití, simplemente no estaría completo. Esta ha sido una obra en la que confluyeron varias personas y momentos con un propósito final: servir en el ámbito de la educación superior y la investigación.
¡Gracias a todos!
Prólogo
El libro trata diversos temas con profundidad, desde los orígenes de la prensa periódica hasta el enfrentamiento social entre ricos y pobres, con el concepto de casta, en un momento importante, mediados del siglo XIX, fecha clave por lo que tiene de expresión del periodo colonial anterior y las guerras de independencia y posterior devenir de la sociedad y del Estado mexicano.
La autora se formó en el máster en Sevilla Historia de América Latina, Mundos Indígenas de la Universidad Pablo de Olavide, dirigido por Juan Marchena y José María Miura que tan buenos resultados ha dado, como muestra la excelente formación de Ginón Xhail Bojórquez Palma. De hecho, el inicio de este libro fue su tesis doctoral defendida en 2017, que salió de la misma universidad, del programa de doctorado Historia y Estudios Humanísticos: Europa, América, Arte y Lenguas, con resultados de indiscutible calidad como esta obra. Hoy en día, Ginón Bojórquez es una reconocida investigadora que ejerce su labor en Yucatán.
Otra parte importante en su formación le viene por vía familiar. Apreciamos la herencia intelectual de su padre, el destacado profesor Carlos Bojórquez Urzaiz, antropólogo e historiador de prestigio internacional. Así, Ginón Bojórquez Palma aúna periodismo, historia y antropología para formar un estudio integrador.
Con el hilo conductor de los periódicos impresos reconstruye de forma integral la historia de Yucatán en una coyuntura clave porque en la guerra de castas hay elementos sociales, políticos, económicos, demográficos y culturales. La prensa es una fuente importante para reconstruir la historia del siglo XIX en el mundo occidental. En Yucatán, durante esta centuria, a partir de la primera imprenta llegada desde Cuba en 1813, apareció un gran número de periódicos, algunos de salida irregular y varios de ellos con poco tiempo de vida, pero todos ponen de manifiesto la inquietud de la sociedad criolla yucateca por dar a conocer determinados aspectos del acontecer diario.
La prensa fue testigo de los fenómenos destacados en la región y, sobre todo, destacaba la guerra, acontecimiento presente mucho tiempo. Aquí se presenta un análisis exhaustivo de las imprentas y periódicos de Yucatán entre 1847 y 1853 y cómo fueron instrumentos de creación de opinión pública con respecto a los mayas.
En este libro podemos aproximarnos también al temor al indígena, que subyace en esta llamada guerra de castas y a conceptos sociales que enmascaran la esencia de la diferencia. Los estudios de la división social, muchas veces, se han basado en una estratificación, caracterizada por análisis estáticos y ahistóricos. El tratamiento de las clases como estratos estadísticos y jerárquicamente organizados ignora las relaciones temporales y sociales. Pero, como afirma E. P. Thompson, la clase en sí no es una cosa, sino un suceso. Vendría a ser una formación social y cultural que, con frecuencia, encuentra una expresión institucional y que no puede ser definida en abstracto o aisladamente, sino únicamente en términos de las relaciones con las otras clases; y, por tanto, la definición solamente es posible tomando el tiempo como medio, es decir, acción y reacción, cambio y conflicto. En el caso del México decimonónico, hubo un acuerdo tácito en el interior de cada clase sobre una determinada forma de vida: endogamia, tendencia a la herencia; incluso, en algunos lugares como Yucatán, tendencia a la casta, y en otros, cierta movilidad social controlada por la sociedad.
En la evolución de Yucatán a mediados del siglo XIX, los mayas sufrían la herencia de la colonia y, con la nueva república, su condición no mejoró; incluso podemos afirmar que el grado de explotación al que fueron sometidos fue mayor en muchos casos.
Los mayas eran los otros, los que no seguían las reglas sociales establecidas, no forman parte de la comunidad, grupo diferenciado del resto por diversas razones, en este caso, étnicas, religiosas y lingüísticas. El Estado exige la unidad como base de su fuerza; por eso procura asimilar a quienes son distintos y amenazan el orden, pero no siempre consigue los resultados deseados, bien por la ausencia de voluntad integradora en alguna de las partes, bien porque su asimilación implica una alteración del conjunto del sistema social o un problema de orden público y la única alternativa será la violencia. La alteridad son los no humanos, los que no son buenos.
Esta situación ha quedado reflejada en la mentalidad colectiva en México y en toda América Latina desde la época colonial. Dado que esos ataques provenían de grupos distantes culturalmente, la activación del miedo fue común en la construcción del «otro» como enemigo.
En el Estado moderno, la sangre transmitida a través de los linajes era un elemento fundamental de identificación que permitía naturalizar las diferencias jerárquicas. En México, los blancos europeos destinaron la calificación de indio a la más baja de las clases debido a la política desarrollada por los «nuevos» en su particular conquista del espacio social colonial. Antepusieron el carácter de genuinamente español, que ellos podían demostrar, frente a la «mancha» de la sangre indígena. Se conformó una sociedad en la que los factores étnicos justificaban la división en clases y toda la jerarquía social.
Desde el mismo momento de la conquista de América, la opinión estuvo dividida respecto a la naturaleza de los indios, y en particular sobre su capacidad para vivir siguiendo las costumbres de los europeos y para recibir la fe cristiana.
Se llamó casta a todo aquel descendiente de la relación que se dio entre los tres grupos principales que había en América, es decir, españoles, indios y negros. El concepto fue tomado del mundo de los caballos, se equiparaba a los indígenas con animales, igual que mulato fue tomado de mula. Las mezclas dieron origen a mulatos, mestizos, moriscos, coyotes, castizos, lobos…, que rápidamente se expandieron a lo largo de la ciudad y sus alrededores. En menor número encontramos chinos cambujos, albinos y albarazados.
Esa separación de castas generó un racismo institucional, racismo que el chileno Alejandro Lipschutz denominó «pigmentocracia», donde la palabra «raza» no es utilizada para destacar las diferencias biológicas entre los seres humanos, sino para diferenciar a los hombres de buena y satisfactoria «calidad», de los que son «mancha y deshonra del linaje humano». El mestizo desciende de blanco e india; el morisco, de blanco y mulata; el coyote, de indio y mestiza; el castizo, de blanco y mestiza; el lobo, de indio y mulata; el chino cambujo, de negro e india; el albino, de blanco y morisca; y, por último, el albarazado, que surge del lobo e india.
Las rebeliones en las que participaron indígenas incrementaron los miedos de los poderes y del conjunto de las élites, se temió la violencia que podría engendrar en una plebe desenfrenada y hostil que habría de permanecer en el imaginario colectivo durante el siglo XIX. El temor a que rebasaran el control social del sistema se mantuvo incluso en las autoridades republicanas. Precisamente, en el presente libro, la autora nos demuestra que en 1849 aún se vendían a Cuba mayas como esclavos.
La idea de que los indios eran seres irracionales se desarrolló tempranamente en las islas del Caribe. Desde entonces, estas opiniones fueron llevadas, principalmente, por los soldados, a México y a otros lugares. Entre los que creían que los indios eran seres racionales y los que creían que no lo eran se desarrolló un tercer grupo que sostenía que los indios eran una especie intermedia entre hombres y animales.
La corona había perpetuado la división en una república de indios y otra república de españoles. Para conseguirlo, tomó medidas encaminadas a diferenciar el estatus. En las zonas urbanas, los indígenas eran aislados en barrios especiales. Esto no fue superado tras la independencia, al menos durante el siglo XIX.
La diabolización del mundo americano fue una de las alternativas que utilizó el blanco para discriminar negativamente a los nativos. Es evidente que no lo hizo por perversidad: en una «república cristiana», fuertemente etnocéntrica, no había lugar para la otredad y el binomio indios/blancos muy pronto se convirtió en bárbaros/civilizados. La aplicación de este esquema no provenía de la observación o descripción de las culturas indígenas, sino del discurso de intelectuales que necesitaron elaborar una teoría. Esta debería servir para explicar y clasificar los fenómenos que observaban en las tierras mexicanas y legitimar lo que blancos y criollos estaban haciendo.
El discurso cristiano demonizó al otro, al indio, con una fuerte dosis de negación. Por eso se puede afirmar que esa sociedad no se construyó reconociéndole validez a todos los grupos que se mezclaron desde el siglo XVI en adelante. Al contrario, se inició un proceso destinado a desestructurar al indígena para fabricar de su ruina a un nuevo sujeto que poco o nada tuviera que ver con él. Y esto afectó a todos los que arrancan del mestizaje. Es cierto que los blancos no tuvieron reparos para unirse a la mujer indígena, pero atribuyeron al fruto de esa relación una carga pecaminosa, que terminó negando al mundo que estaban creando. El mestizaje fue una realidad que venía ejemplificada hasta en la iconografía, como las pinturas de castas, donde se daban insólitas combinaciones.
Lo anterior permite comprender por qué la demonización está siempre rondando al mundo americano en sus vidas, enraizado en sus creencias populares y en su paisaje. En ocasiones, la cultura popular se apropió también de ese discurso para resistir a la presión de la cultura dominante. En este contexto social y mental es donde comienza la denominada guerra de castas en 1847 que se extendió más de medio siglo y que con la obra de Ginón Bojórquez conocemos mejor. La autora demuestra la importancia de la historia, que la hacen los sujetos, los seres humanos, porque, como señaló Marx: «Los hombres hacen su propia historia», pero en circunstancias heredadas del pasado, la tradición de los antepasados oprime como una pesadilla la mente de los vivos.
Juan Manuel Santana Pérez
Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de
Las Palmas de Gran Canaria
Introducción
El arribo tardío de la imprenta a Yucatán en 1813 trajo consigo la aparición de los primeros periódicos locales que paulatinamente fueron atrapando la atención de los lectores, acostumbrados a la prensa cubana, guatemalteca o española, de las cuales provenían no solo los impresos informativos, sino obras literarias y otras de índole religioso. Como resultado de las libertades emanadas de las leyes de Cádiz, cuyo impulso logró relajar el rigor colonial que censuraba lo que se podía o no leer en los dominios de España. Con cierto retraimiento, se vieron nacer periódicos con voces yucatecas y se experimentaron los primeros flujos de ideas y opiniones entre el sector letrado de la sociedad local. Es cierto que, en un principio, el tema de las imprentas produjo poco interés a consecuencia de los prejuicios imperantes en una ciudad conservadora como Mérida, según declaró un cura a la prensa guatemalteca, o acaso porque ningún acaudalado estaba decidido a tomar el riesgo de invertir su capital en una empresa que, no obstante, con el andar del tiempo, llegó a ser un productivo negocio que supo extraer pingües ganancias en medio de la mayor tragedia social y económica acaecida en la historia de Yucatán, causada por el conflicto encabezado por los mayas en 1847 cuando se rebelaron contra la opresión acumulada durante siglos: la guerra de castas.
A través de doscientos kilómetros de mar, por el canal de Yucatán, la imprenta fue importada de La Habana a la ciudad de Mérida no tanto por decisiones económicas como por necesidades políticas,tales como dar a conocer entre los habitantes información referente a las modificaciones introducidas por las referidas leyes de 1812. Los que más tarde fueron prominentes empresarios de la pujante industria editorial apenas alcanzaban a vislumbrar los jugosos negocios que tendrían entre manos, sobre todo cuando la población lectora y aun la iletrada comenzó a consumir con apremio, y temor a los sublevados, noticias sobre la rebelión del pueblo maya que, en dos años, puso en vilo a infinidad de habitantes de las ciudades de Mérida, Campeche, Valladolid, Izamal, Ticul y Peto. Durante esta trágica faceta de la guerra, acaecida entre 1848 y 1849, cuando el avance de los rebeldes hacia Mérida mantenía acosada a la población no indígena, la naturaleza anunció la llegada de la temporada de lluvias, lo que retrotrajo a las huestes rebeldes hacia las selvas yucatecas para dedicarse a cultivar sus milpas, ese maravilloso policultivo de maíz, frijoles, chiles y calabazas, que depende del ciclo de las lluvias, en un territorio pedregoso, sin ríos a flor de tierra, salvo los cenotes que, como ojos de agua dulce, afloran en el suelo o en cuevas de ríos subterráneos1.
Si en la actualidad se recorre el oriente yucateco, en el sureste de México, visitando iglesias, conventos y otras grandes edificaciones en ruinas, construidas durante los siglos XVI, XVII y XVIII en comunidades como Xocén, Tixhalactun, Ichmul o Popolá, los muros y la naturaleza dejan ver rastros de batallas feroces escenificadas en esos lugares, palpables en vestigios de sólidas rocas arrasadas durante la guerra que permanecen inertes. Las personas de esos pequeños poblados, mayahablantes en su inmensa mayoría, sobre todo las mujeres y hombres de edad avanzada, conservan en la memoria relatos y tradiciones que escucharon de sus padres y abuelos sobre esta guerra, y uno no puede menos que preguntarse cómo podía funcionar la prensa en los campos de batalla durante los años iniciales de este conflicto, es decir, de 1847 a 1853, habida cuenta de que las imprentas, los periódicos y periodistas tenían historias y experiencias muy breves, menores a los cincuenta años, sin considerar las limitantes técnicas que existían para reportar los sucesos de la guerra, a través del envío de cartas escritas a mano, remitidas a caballo o en carreta hasta las salas de redacción de Mérida y Campeche.
Durante el tiempo que como comunicóloga de la prensa educativa promoví entre los jóvenes su ingreso a las universidades públicas, pude recorrer varios pueblos mayas de Yucatán, donde tuve la oportunidad de conversar largamente con descendientes de los rebeldes, y mirando de cerca el paisaje de construcciones antiguas en ruinas, destruidas con pólvora de la contienda, me preguntaba no solo por la historia de la guerra de castas, que desde luego cuenta con notables historiadores y antropólogos ocupados en estudiarla, sino básicamente pensando en la comunicación, en el periodismo ejercido con gran dificultad en esos años y cómo este logró articular la información sobre los hechos de la guerra con la formación de una opinión pública que se habría de inclinar a favor de quienes, con dolo, bautizaron la prolongada rebelión de los mayas (1847-1901) como guerra de castas, habida cuenta de que en Yucatán nunca existieron castas, a pesar de las abismales diferencias sociales, económicas y étnicas, y del racismo, que, con su irracionalidad e injusticia, causaron el conflicto.
En principio, desde la denominación de la insurrección del pueblo maya como guerra de castas, las páginas de la prensa decimonónica mostraron lo complejo que iba a resultar esta investigación, teniendo que enfrentar el estudio histórico de los periódicos y la opinión pública envueltos con un lenguaje que necesita ser leído tomando en cuenta los prejuicios racistas que imperaban en el siglo XIX. Con esta mirada nació la idea de llevar a cabo un estudio histórico de la prensa y la opinión pública durante la guerra de castas, no como fuentes para examinar algún hecho histórico relacionado con este conflicto, como pudiera ser la propiedad de la tierra o algún aspecto ritual de los rebeldes, sino acercándonos al itinerario histórico y a la función de los periódicos y la opinión pública en sí mismas durante el periodo inicial de la guerra, de 1847 a 1853.
Este estudio se realizó con el propósito de alcanzar una representación específica de la manera en que se hacía el periodismo y cómo levantaba ideológicamente el sentir de los lectores, no solo como cimiento para repudiar a los insurgentes, sino también como un negocio que alcanzó a contar con más de una decena de imprentas y cerca de veinticinco periódicos que producían buenos dividendos en medio de las carencias básicas provocadas por la guerra, sin que nadie dejara de consumir los periódicos.
Tal fue la magnitud del problema de esta conflagración que asolaba a Yucatán —escindido del resto de México hasta 1848 como resultado de conflictos entre centralistas mexicanos y federalistas yucateco— que el gobierno determinó enviar a Justo Sierra O`Reilly a los Estados Unidos de Norteamérica para una misión que tuvo entre sus propósitos canjear la soberanía de la península por ayuda militar estadunidense, tratando de detener el avance de los mayas que habían ocupado la mayoría de la península, con excepción de la ciudades de Mérida y Campeche.
Después de fracasar en su funesta empresa, Sierra regresó a casa y continúo con la importante labor periodística que había emprendido años antes de la guerra, e inauguró su periódicoEl Fénix,una publicación que, si bien contribuyó a modernizar las formas básicas de prensa que se utilizaban en Mérida y Campeche, su origen y funcionamiento se relacionaron con la denostación de los rebeldes mayas para tratar de organizar una opinión pública adversa al movimiento de los rebeldes. Esta publicación llegó hasta el punto de celebrar y elogiar en sus páginas un decreto proclamado por el gobierno yucateco en 1849 que autorizaba la venta de mayas como esclavos a Cuba bajo el mentiroso nombre de colonos.
En este sentido, nuestra investigación se propuso como meta desentrañar los aspectos más relevantes de la historia de la prensa y la opinión pública en Yucatán durante los años iniciales de la guerra de castas, presentando además un panorama sobre los dueños de las imprentas, los directores y propietarios de los periódicos, los redactores y seguramente un porcentaje elevado de lectores. Estos, en tanto miembros de la clase social dominante amenazada por los rebeldes, actuaron en conjunto con el gobierno tratando de encontrar fórmulas mediáticas que ayudaran a las cada vez más deprimidas tropas oficiales. En este sentido, la formación de la opinión pública fue un mecanismo clave durante la guerra, generando información y elementos ideológicos que desde las salas de redacción de los periódicos propiciaron repulsión hacia los mayas.
Los materiales hemerográficos que integran esta obra fueron reunidos trabajando en la selección y compilación de datos en la Biblioteca Yucatanense de la ciudad de Mérida, Yucatán; en la Hemeroteca Nacional de México, perteneciente a la Universidad Autónoma de México; en la Biblioteca Ots Capdequí de la Escuela de Altos Estudios Hispano-Americanos en Sevilla y en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. En cada uno de estos acervos conté con personas dispuestas a colaborar conmigo y fue a través de su ayuda que conseguí valiosísima información que le fue dando cuerpo a este libro.
Deseo señalar que la formulación del proyecto que se tradujo en el texto que ahora sale a la luz se propuso aportar materiales empíricos que puedan contribuir a futuros trabajos sobre el carácter del periodismo y la opinión pública en una región específica de Latinoamérica, durante un período determinado, y exponer una experiencia investigativa con elementos metodológicosque puedan ayudar a examinar este tema en general. Hasta donde hemos podido constatar, existe insuficiente interés en estudiar experiencias histórico-concretas donde la prensa y la opinión pública del siglo XIX se conforman con base en intereses más económicos que de otra índole.
Para el desarrollo temático y su mejor comprensión hemos dividido este libro en 4 capítulos que recorren el acontecer histórico del periodismo en Yucatán y se proponen explicar la manera en que la prensa se encargó de la formación de la opinión pública durante la guerra de castas. Esperamos que su lectura provea caminos que puedan ser de interés para el conocimiento de los orígenes de la prensa y de las primeras experiencias en la formación de la opinión pública en esta región, conocida por la grandeza de la civilización maya asentada en su suelo, pero cuyos reductos, después de siglos de coloniaje español, trataron de ser de ser borrados. No obstante, la resistencia del pueblo maya la hace ser una cultura viva que persiste en defender su identidad en el presente.
Capítulo 1 Periodismo en Yucatán a inicios del siglo XIX
1.1 Nacimiento de la prensa en Yucatán
Previo al ingreso de la imprenta a Yucatán y la puesta en circulación de la prensa en 1813 que procuraría expresar el diario acontecer y ayudaría a contar con una maquinaria destinada a la edición de las cartillas religiosas —cuya venta pudo reportar utilidades a algún interesado en este que pudo ser un próspero negocio— la información mundial, de la Nueva España o de la propia provincia, se conocía a través de periódicos de otras latitudes y a través de canales poco convencionales en pleno albor del siglo XIX.
En octubre de 1801, laGaceta de Guatemala, un periódico leído con regularidad en la ciudad de Mérida, publicó una nota concerniente a la sorpresa que causaba el hecho de que para aquellas fechas no se contara en Yucatán con una imprenta en dicha localidad, situada a 200 kilómetros de Cuba, de acuerdo con la confesión de un cura de Mérida al autor de esta observación de la prensa guatemalteca, firmada con las iniciales S. C.2. El referido artículo que lleva por título «Sobre establecer una imprenta en Yucatán» reprodujo el diálogo de su autor con el presunto sacerdote, de la manera siguiente:
¡Ay amigo! Yo soy de la ciudad de Mérida, en la provincia de Yucatán, amo mucho a mi patria, y quisiera con todo mi corazón que allí hubiera una imprenta que es vergüenza que hasta ahora no la haya; y creo, continuó, si se concediera al impresor un privilegio de imprimir cartillas, cartones, catecismos y cuadernillos directorios para el oficio divino, con prohibición de que entraran en Mérida de esta clase de libros, cualquiera de los pudientes que no faltan allí se animaría a poner una imprenta3.
De esta manera, las noticias y los hechos trascendentes, como por ejemplo el retorno del rey de España de su cautiverio en Francia y la abolición de la Constitución de Cádiz4, fueron sucesos que se conocieron en Yucatán, antes incluso que en otras partes de América por obra de la casualidad, dado que —en el caso citado— un marinero arribó a sus playas con un papel impreso que contenía la referida noticia5. Sin imprentas locales ni la edición de periódicos, las formas, medios y espacios de comunicación eran diferentes, distintos de las circunstancias imperantes en otros lugares de la Nueva España con menos retraso que esta provincia. Antes del arribo de la primera rotativa, que trajo una incipiente producción editorial mediante folletos y periódicos, las calles, los portales y los círculos familiares eran espacios privilegiados de reunión donde se comentaban y discutían, aun entre las diferentes faccionespolíticas, los hechos que acontecían. Precisamente en esos ámbitos donde imperaba la comunicación oral la gente se enteraba de los diferentes temas de interés común. Sin embargo, resulta importante recalcar que a pesar del impacto que la imprenta tuvo en el mundo, durante el dominio colonial la legislación que existió en el reino español había controlado y mediado el manejo de las ediciones y lecturas, sobre todo en lo concerniente a qué se debía o no leer en las colonias de América6.
A partir de 1535, la imprenta se estableció en la capital de la Nueva España, y unos años más tarde se fue asentado en algunas provincias que la integraban: en 1640 llegó a Puebla; en 1720, a Oaxaca; en 1793, a Nueva Galicia; y hacia 1794, al puerto de Veracruz. Aparte de la Nueva España, otros territorios americanos continuaron con la instalación de sus imprentas, entre los que destaca Perú en 1753; las Trece Colonias, subordinadas del Reino Unido, entre 1658 y 1659; y Cuba, cuyos primeros talleres de impresión fueron abiertos en 17207.
En estas condiciones, antes de que la imprenta se estableciera en territorio yucateco, las necesidades de lectura se satisfacían a través de periódicos e impresos importados de Cuba, como fue el caso delPapel Periódico de La Habana8, por lo que la mayoría de las noticias circulaban a través de la prensa cubana y se identificaban en Mérida como noticias externas9. Otro país proveedor de periódicos a Yucatán, como anticipamos, fue Guatemala, donde la imprenta se estableció en 1660 y remitía habitualmente laGaceta de Guatemala10.
Debe señalarse también que las primeras manifestaciones del periodismo en Hispanoamérica, por lo general, fueron las hojas sueltas, volantes no periódicas, que en la mayoría de los casos incluían información sobre acontecimientos que procuraban estimular la curiosidad entre los lectores de la adormecida vida colonial. Estas hojas sueltas, también llamadas sueltos, surgieron en dos grandes centros políticos y comerciales de la América española: México y Perú. En México se atribuye a Juan Pablo, primer impresor, la publicación en 1542 de una hoja volante dando cuenta de una catástrofe sísmica en Guatemala el 10 y 11 de septiembre. En Perú se publicaron hojas similares desde 159411.
Como resultado de los cambios que produjo la promulgación de la Constitución de Cádiz, por fin en el año de 1813 se introdujo a Mérida la primera imprenta, con el apoyo del ayuntamiento de esta ciudad. Durante una reunión de cabildo se dio a conocer una carta procedente de La Habana, dirigida a Miguel Artazo y Barral, gobernador y capitán general, firmada por el brigadier de los Ejércitos Nacionales Juan Tirry y Lacy12, en la que solicitó acoger a dos maestros de imprenta cubanos que se trasladarían a Yucatán. Por su parte, el ayuntamiento acordó dar respuesta afirmativa a la mencionada petición.
Esta solicitud, por si quedara alguna duda al respecto, deja en claro el país de procedencia de la imprenta y el arribo de los dos encargados de su uso. Igualmente permite ver el interés del ayuntamiento, de los Sanjuanistas y de la capitanía general en este trascendente asunto13. Tales sucesos tuvieron lugar en febrero de 1813, según se colige del siguiente registro:
En la sesión del 16 de febrero, los concejales tuvieron conocimiento de que había llegado procedente de La Habana don Manuel López Constante con una imprenta, por lo cual se instruyó que se le procurara todo apoyo a fin de que se mantuviera entre nosotros un establecimiento tan benéfico14.
A tono con las contradicciones políticas e ideológicas de la época, bajo fuerte influencia de la Ilustración, previo al ingreso de la imprenta a la ciudad de Mérida, había comenzado asurgir una élite intelectual fraccionada en dos grupos políticos contrapuestos15: los Sanjuanistas, encabezados por el párroco de la iglesia de san Juan de Dios, Vicente María Velásquez16, alrededor de quien se reunieron figuras como Pablo Moreno, precursor de las ideas liberales en Yucatán17y José Francisco Bates18, conformando un grupo defensor y difusor de la Constitución surgida de las Cortes de Cádiz. En el otro extremo estaban los Rutineros, a quienes se describía como defensores de las obvenciones, las cofradías, de la picota y las argollas, del despotismo militar, del fanatismo y, en fin, de las rancias y envejecidas ideas19.
Los Rutineros, en consecuencia, representaban el anquilosado enfoque monárquico y colonialista que lentamente perdía influencia, mediante un grupo compuesto por funcionarios de la corona, miembros del clero y de la antigua aristocracia. Entre sus representantes se encontraban dos linajes integrantes del poder colonial. Uno de ellos fue la familia de Pedro Escudero y Aguirre, hijo de Pedro Manuel Escudero y Gilón, quien ejerció hasta su muerte el cargo de Factor de la Real Renta de tabaco pólvora y naipes, y que heredó a su primogénito, Pedro20. La otra progenie estaba dirigida por el canario, coronel del ejército, Juan Rivas Vértiz21. Los grupos de Sanjuanistas y Rutineros regularmente chocaban a través de las ideas y se enfrentaban por medio de textos en una lucha que llegó a tensar la situación política imperante22.
Los Sanjuanistas, por su parte, ilustrados e informados sobre lo que acontecía en la metrópoli, estuvieron al corriente de que el 10 de noviembre de 1810 las Cortes españolas habían otorgado la libertad de imprenta ratificada y ampliada en la Constitución de Cádiz23. Este acontecimiento marcó de manera definitiva la historia de Yucatán y las formas de comunicación entre sus habitantes, ya que con la llegada de la imprenta dio inicio la primera etapa del periodismo en la península de Yucatán, una etapa elemental en sus formas a la que se ha dado en llamar la infancia del periodismo yucateco24.
Con la imprenta en la ciudad, el gobierno y los intelectuales pudieron al fin publicar y transmitir sus ideas y pensamientos a la población lectora. Al mismo tiempo, esta acción dio paso al inicio de un concepto más claro de lo que significaba periodismo, pues aunque en Mérida, como se ha dicho, se recibían diversos impresos del extranjero, hasta entonces no circulaba ninguno periódico o folleto editado en la ciudad. Este vertiginoso cambio ocurrido en la metrópoli —que se produjo conla aprobación por parte de las Cortes de Cádiz de la Constitución de 1812 en la España monárquica ocupada por Francia casi en su totalidad— aprobó la primera libertad de imprenta. Por lo que respecta a las colonias de América, bien pronto se extendió dicha libertad con los derechos ciudadanos, y en consecuencia se creó una legislación que propició un auge del periodismo político que no fue sino un extraordinario medio propagandístico para divulgar ideas25.
La imprenta traída de La Habana por Manuel López Constante en realidad fue vendida al sanjuanista José Francisco Bates, quien inició la impresión de un periódico de posición liberal. Con la imprenta en manos de los Sanjuanistas, se presentó un escenario propicio para la propagación de ideales y modos de pensar contrarios a los de los Rutineros, dando paso a actosque transformaron algunas formas de sociabilidad. Por lo demás, esta nueva circunstancia posibilitó nuevos pensamientos e influyó en la modificación de las relaciones de poder. La imprenta fue utilizada enseguida como instrumento para dar a conocer la ideología sanjuanista; sin embargo, la reacción de los Rutineros no se hizo esperar, y en un período corto, entre 1813 y 1814, se contaba con siete periódicos en la entidad, cuatro de tendencia sanjuanista y tres de inspiración rutinera. Por medio de sus textos, Sanjuanistas y Rutineros sostuvieron una lucha irreconciliable, sin precedentes en Yucatán26.
Llegados a este punto es importante señalar que la escritura, recogida a través de la imprenta, comenzó a tener un sentido completamente diferente al que años atrás poseía, ya que originó la difusión de notas y textos en general con nombre y rostro cercanos a otros vecinos de la ciudad, más fáciles de identificar. Y aunque el efecto de la escritura puede propiciar la separación espacial y temporal entre el acto de comunicar y el acto de entender27, a partir de la aparición de la prensa la escritura local ingresó a una nueva etapa que se proponía comunicar e influir en la incipiente opinión pública de la sociedad desde el interior de ella misma.
Los responsablesde la adquisición de esta nueva maquinaria, los hermanos Manuel y José Tiburcio López Constante28, editaron los primeros impresos yucatecos y posteriormente decidieron vender la maquinaria al destacado sanjuanista José Francisco Bates29, que en aquellos momentos era síndico del ayuntamiento. Al parecer, por los altos costos de la imprenta que complicaba las ediciones periódicas, Bates precisó reunir a varios sanjuanistas para los efectos de adquirir conjuntamente la rotativa, aunque se sabe poco cómo lograron saldar el adeudo de la imprenta.30
Siendo la rotativa propiedad de Bates, este editó el primer periódico yucateco llamadoEl Misceláneo31,puesto a la circulación el 1 de marzo de 1813.Este periódico dedicó sus páginas a informar sobre el acontecer económico y mercantil, sin desatender aspectos concernientes a la instrucción. Es importante tener presente que para 1813 aún no se había conseguido la independencia de España, por lo que este periódico ofrece variadas noticias de sucesos políticos directamente relacionados con la metrópoli.
A continuación, se ofrece una relación detallada de los periódicos editados en la primera etapa, emanados de la jurisdicción y libertades conferidas por la Constitución de Cádiz:
Tabla 1. Lista de periódicos editados en la primera etapa
Periodo
Nombre
Filiación política
Imprenta
Director
1 de julio de 1813 a junio de 1814
El Misceláneo, periódico instructivo económico y mercantil
Sanjuanista
Imprenta de J. F. Bates
José Francisco Bates y Pedro José Guzmán
2 de abril de 1813 a 23 dic 1813
El Aristarco Universalperiódico crítico, satírico e instructivo
Sanjuanista
Imprenta de J. F. Bates
Lorenzo Zavala
20 de mayo de 1813 a 23 de diciembre de 1813
El Redactor Meridano,Órgano del Ayuntamiento.
Sanjuanista
Oficina Patriótica de J. F. Bates
Lorenzo Zavala y Pedro José Guzmán
12 de junio de 1813 a ¿?
El Semanal de la Diputación Provincial,Órgano de la Diputación Provincial.
Rutinero
No localizados ejemplares
José Antonio Medir
15 de noviembre de 1813 a 14 de mayo de 1814
Clamores de la Fidelidad Americana o Fragmentos para la Historia Futura
Sanjuanista
Oficina patriótica de J. F. Bates
José María Quintana
Solo se conocer el ejemplar del 9 de enero de 1814. Fuente: Mantilla, Jorge.
El Sabatino,periódico instructivo crítico de Mérida, Yucatán
Rutinero
Oficina Constitucional del Gobierno por J. F. Hidalgo.
Manuel Pacheco
Solo se conoce el ejemplar del 29 de abril de 1814
El Filósofo Meridano, periódico instructivo de Mérida, Yucatán.
Rutinero
No se consigna en la imprenta el número que ha quedado
No se consigna
Fuente: Mantilla, Jorge32.
Llama la atención que los periódicos de filiación sanjuanista fueran publicados bajo el sello de la imprenta de J. F. Bates, en tanto que el único periódico rutinero consultado por Mantilla, haya sido editado bajo el nombre de J. F. Hidalgo, posiblemente con el propósito de marcar su distancia de los impresores sanjuanistas. Sin embargo, con todo y la presunta inclinación liberal de José Francisco Bates, vale la pena señalar que en la edición deEl Misceláneode marzo 22 de 1813 en sus planas publicó el siguiente aviso:
Se vende un negro de edad como de 28 años con sus tachas y malas, en 400 pesos libres, en casa de D. José Castellanos darán razón33.
La posición de Bates respecto al tema de la esclavitud negra en Yucatán, revelada en marzo de 1813, parece responder a una perspectiva permisiva recurrente en él y quizás en el sector dominante de la sociedad yucateca, que sirviéndose de los espacios que brindaba la prensa recién establecida, revertían el sentido de libertad que dio origen a ella en esta provincia34. Del mismo modo, en la edición de septiembre de 1813 se publicó el siguiente ofrecimiento:
Venta; un esclavo negro de edad de 7 a 8 años en doscientos cincuenta pesos, libres de escritura y alcabala, quien quiera comprarlo ocurra con D. Felipe Montilla que vive en una de las accesorias de D. Francisco Ortiz35.
Al reimplantarse el absolutismo en julio de 181436y adoptarse medidas contra la dirigencia sanjuanista, fue decomisada la imprenta a Francisco Bates, quedando en depósito de uno de los fiadores el comerciante y político sanjuanista Pedro José Guzmán, quien se vio obligado a terminar de pagar la deuda el 11 de noviembre de 1815, convirtiéndose en el propietario definitivo37. No fue sino hasta 1821 cuando fue traída, otra vez de La Habana e instalada en Mérida, una nueva imprenta a cargo de López Constante38, surgiendo de esta rotativa todos los impresos publicados entre 1815 y 1821.
La imprenta en Yucatán, además de servir para producir periódicos, tuvo otros usos por demás evidentes. Según indica Celia Montiel, también fue útil al gobierno para publicar órdenes y proclamas reduciendo así algunos de los costos de la edición general. Tambiénse empleó para imprimir otro tipo de proclamas en contra del gobierno provincial y para imprimir oraciones diversas39. Lo cierto es que, desde 1813 con la llegada de la imprenta y la libertad de impresión, de manera gradual fueron surgiendo diferentes periódicos. Jorge Mantilla elaboró la siguiente lista de periódicos hasta 1821:
Listado de periódicos yucatecos de 1813 a 1821
El Misceláneo - 1813 a 1814
El Aristarco - 1813
El Redactor Meridano - 1813
Semanal de la Diputación - 1813
Clamores de Fidelidad Americana Contra la Opresión - 1813 a 1824
El Sabatino - 1813 a 1814
El Sabatino - 1814 a 1815
El Filósofo de Mérida - 1814 a 1815
«Aquí se suspendió la libertad de imprenta consecuente del decreto de 4 mayo de 1814 hasta el restablecimiento de la Constitución española en 1820»40.
Lealtad Yucateca - 1820-?
El Hispano Americano Constitucional - 1820 a 1820
El Telégrafo Yucateco - 1820-?
El Redactor Campechano Constitucional - 1820 -?
Miscelánea - 1820 a 1821
Periódico Constitucional del Gobierno de Mérida - 1821-1822
El Yucateco o El amigo del Pueblo - 1821 a 1830
El Demócrito Universal - 1821 a 1821
El Cometa o Tertulia Mitridática - 1821 a 1821
Fuente: Jorge Mantilla41.
Los primeros periódicos registrados en esta lista casi todos tuvieron vida efímera, y años más tarde la circulación de los nuevos periódicos mantuvo el mismo carácter fugaz, aunque algunos perduraron un poco más de tiempo. A la lista anterior se añaden títulos y números de más producciones periodísticas que surgieron de las imprentas yucatecas en las siguientes décadas, mismos que se presentan a continuación:
Periódicos yucatecos comprendidos de 1835 a 1853
El Restaurador - 1835
La Razón - 1840-1850
El Yucateco Libre 1841 -1842
El Museo Yucateco - 1841-1842
El Registro Yucateco - 1845-1849
Boletín del Gobierno Provisional de Yucatán 1847
La Unión - 1847-1848
El Amigo del Pueblo - 1847-1848
La Revista Yucateca - 1847-1848 y 1849
El Hijo de la Patria - 1848
Miscelánea Instructiva y Amena 1849
El Mosaico - 1849-1850
La Pelota - 1849
Don Bullebulle. Periódico Burlesco y de Extravagancias - 1847
El Noticioso - 1847
La Patria -1848
El Fénix - 1848-1851
El Siglo XIX - 1850-1853
El Chisgarabís - 1850
La Jarana - 1850
La Armonía - 1851-1852
El Grano de Arena - 1851-1852
La Fidelidad Yucateca - 1851
La Aurora - 1851-1852
La Reforma - 1853
La Opinión - 1853
El Pueblo - 1853
El Regenerador - 1853-1855
El Indicador - 1853
Fuente: Elaboración propia.
Esta segunda lista presenta los periódicos que comienzan a circular antes de 1847, año en que dio inicio la guerra de castas, hasta 1853, período que corresponde a ediciones que interesan a los fines de este trabajo. Es importante conocer el contenido del discurso esgrimido para representar al pueblo maya en los periódicos con presencia previa al año de 1847 para efectos de poder establecer un punto de comparación con otras publicaciones aparecidas a partir del pronunciamiento de la guerra de castas, conflicto que provocará una nueva manera de mirar y describir a los mayas. Sobre estos asuntos se trabajará en el siguiente epígrafe de este primer capítulo, con base en la prensa y otras fuentes de 1847 a 1853.
A través del surgimiento de una significativa cantidad de periódicos en este período, es probable que la población comenzara a sentir la necesidad de hacer públicas las noticias de los abusos y desaciertos de la autoridad, transformando la letra impresa en un importante medio para dar a conocer las propuestas, tanto desde el punto de vista liberal como desde la óptica conservadora, aprovechándose de las nuevas posibilidades que ofrecía la imprenta42.
En este ambiente comenzaron a circular y a consumirse ediciones publicadas a través de hojas sueltas43y pequeños periódicos que se imprimían en Mérida o Campeche, dando como resultado que las personas pudieron conocer un mayor número de acontecimientos, formándose de esta manera la incipiente opinión pública de una sociedad dispuesta a estar informada y opinar sobre lo que acontecía.
Llegados a este punto, conviene preguntarse: ¿quiénes fueron los lectores de los periódicos y hojas sueltas que empezaron a circular en Yucatán, editados en las imprentas locales? Como podrá colegirse, los lectores no integraban la mayor parte de la población, ya que en esa época la lectura y el lector tenían cierto estatus elevado en la esfera social, por lo que la prensa era consumida casi siempre por la élite dominante, compuesta por una población generalmente criolla. Sin embargo, solía decirse que los periódicos fungían como la enciclopedia de los pobres, y esta analogía no era del todo un desacierto, sobre todo por la costumbre de ser leídos en voz alta en los parques y plazas públicas, lo que posiblemente permitía que las noticias se transmitieran hacia un público más amplio. No obstante, considerar que los periódicos servían exclusivamente como rasgo de alta cultura y sabiduría puede crear una imagen parcial del papel que desempeñaba la prensa, ya que, desde su aparición, en sus páginas se discutían las políticaspúblicas yreformas, y se debatió sobre los triunfos o negaciones de los regímenes oficiales en turno. Esta naciente disputa, en un período en que la libertad de prensa era letra muerta, fue el raigón de la opinión pública e instauró las primeras señales de oposición a algunos criterios del estado44.
En términos generales puede señalarse que los lectores se dividieron cuando menos en dos grupos: los extensivos y los rurales. Los primeros eran criollos, españoles o mestizos, y a la usanza de la época se trataba de ciudadanoscon un marcado interés y alto nivel de comprensión de los textos políticos. Pertenecían a un grupo social preponderante, identificado con una corriente de opinión pública, con capacidad de maniobra tanto económica como política45. Los segundos eran criollos, indígenas o mestizos de algún pueblo con capacidades lectoras primarias, pero interesados en algunos aspectos políticos, sin grandes capacidades de análisis, pero prestos a poner en práctica las ideas que conocían a través de los impresos. Ambos pertenecían a grupos sociales y económicos importantes de la región46. En cualquiera de los dos casos, los que terminaban leyendo la prensa correspondían a la élite urbana o rural, mientras que el resto del pueblo, inapelablemente maya, se quedaba sin saber qué era lo que se publicaba en el nuevo medio de comunicación.
Es importante apuntar que esta libertad de escribir y editar no era propiamente libertad de expresión, ya que los límites de la opinión estaban claramente marcados47. Incluso se corría el riesgo de sufrir sanciones legales en caso de escribir acerca de algún tema que pudiera ser intocable. Por estas razones, lo contenido en las páginas impresas no era sino información que debía de estar autorizada, o al menos que no incitara a confrontar el statu quo.
Después de la emancipación de España, la imprenta y el gobierno sostuvieron una relación estrecha y existió una suerte decorpus legalo de acuerdos recíprocos tácitos alrededor de las imprentas, pues en tanto el ayuntamiento de Mérida destinaba un monto de sus egresos al pago de los impresores que debían imprimir decretos, órdenes y reglamentos con el propósito de ampliar la circulación, estos acataban criterios procedentes de la jerarquía del gobierno48. Esta relación funcionó durante un tiempo porque, años más tarde, con el surgimiento de un número mayor de impresores, el gobierno pedía más impresos que no estaban acordados con antelación en los contratos y terminaba endeudado con algunas de las principales imprentas, con las consecuencias y concesiones en las que se vieron envueltas las autoridades al no poder saldar sus adeudos. Esta clase de vínculos económicos entre los impresores y el gobierno continuaron hasta finales del siglo XIX, por lo que las imprentas y los editores que producían los periódicos pertenecientes a la época que interesa a este trabajo también estuvieron bajo esa dinámica de pago y en relación estrecha con el gobierno de Mérida. No obstante, la libertad de imprimir, con sus cortapisas y otros asegunes, también se vio como un conducto para educar y formar al pueblo, y en esas condiciones se fue construyendo una opinión pública tenue pero constante. Es importante recalcar que en aquellos momentos el consumidor de la prensa adquirió un peso extraordinario, peso que probablemente fue reconocido incluso por el gobierno. La sociedad despertaba y percibía la importancia de su opinión, con lo que pasó de ser una sociedad provincial a una sociedad con un nuevo rostro, más moderno y más libre, que emitía sus primeros acuerdos y, a veces, sus desencuentros.
1.2 La prensa y la opinión pública sobre el maya antes de la guerra de castas
En el acápite anterior se enumeraron los periódicos surgidos desde el arribo de la imprenta a tierras yucatecas, especificando las publicaciones que existieron y se editaron antes de que comenzara la guerra de castas. Para poder hacer un análisis sistemático de la opinión pública durante este proceso bélico del pueblo maya, iniciado el 30 de julio de 1847, es necesario examinar cuál era el contenido de la prensa anterior al conflicto y conocer cuál fue la opinión pública que se tenía sobre los mayas. Al mismo tiempo, es necesario acercarnos al tipo de publicaciones y la forma en que los contenidos fueron evolucionando a lo largo de los años y con ello observar las transformaciones de la imagen del pueblo maya que protagonizó esa cruenta lucha contra los grupos sociales hegemónicos.
Para la elaboración de un análisis del contenido de la prensa, es preciso tener en cuenta algunos factores metodológicos preliminares, por lo cual anticipamos que este trabajo se enfocará conforme al análisis formulado por Héctor Menéndez Pardo y Reinaldo Infante, quienes proponen que siempre será necesario fijar una unidad de medida, un término que se pueda contar, como puede ser el centímetro u otra medida cuantitativa, que permitirá calcular el espacio de cada información y compararlo con el espacio total49. En lo cualitativo, podemos apreciar unidades de juicios, intencionalidad y objetivos contenidos en el texto.
De acuerdo con la anteriorpropuesta, al encontrar en la prensa aquellas noticias que mencionaron a los mayas o alguna temática relacionada con ellos o su cultura, se establecieron dos factores de análisis: el primero, la extensión de las notas, y el segundo, la cantidad de notas concernientes al tema que compete a este trabajo, en relación con las otras notas que se publicaron en los mismos periódicos.
Debe tomarse en cuenta que, para esta época, el periodismo era un negocio que apenas emergía, por lo que sus colaboradores no dependían económicamente de la comunicación escrita, sino que, por lo general, tenían otra actividad mejor remunerada. Entre quienes escribían había comerciantes, sacerdotes, propietarios o personas de cualquier otra ocupación que les permitiera llevar una vida desahogada. La intencionalidad lucrativa para los periódicos aún era inestable, por lo que sus colaboradores aparecen con varias funciones al mismo tiempo: como redactores, escritores o editores. En razón de lo anterior, los participantes debían ser personas que pudieran escribir sin depender únicamente de esta labor y, además, que tuvieran una cierta formación académica. Entonces los que participan como editores y articulistas en la prensa pertenecían a una élite intelectual50que no buscaba lucrar, sino usar la prensa como un arma a su favor para el ejercicio del poder en sus diversas expresiones.
Se puede apuntar que, por las razones aludidas, en las páginas de los periódicos se encuentra que la mayor cantidad de noticias las dedican a temas de gobierno, política e involucran a la religión católica en los escritos, como este fragmento extraído deEl Yucateco Librede 184251:
Gracias sean dadas al Dios de nuestros padres, al Supremo autor y regulador del universo por bienes tantos, seámosle siempre fieles y sumisos para que no retire de nosotros su diestra protectora.
Pero dejando en su lugar la causa primera, investiguemos brevemente en el orden natural las fuentes seguras, los principios ciertos del engrandecimiento público a que ha llegado Yucatán, y en que ha de proseguir, por en este asunto consiste en comenzar. El cuerpo político es como el cuerpo humano, y en este basta que se noten los más leves destellos de desarrollo en las facultades mentales y los más ligeros rasgos de desenvolvimiento en las fuerzas físicas, para que unas y otras adquieran cada día mayor incremento52.
Este fragmento de un largo texto ilustra respecto al tipo de editoriales que contenía la prensa, mencionando, por lo regular —como se ha dicho—, tópicos relacionados con la religión y la política. Asimismo, se encuentran reproducciones de escritos de personajes de la literatura universal e investigaciones de la época, al igual que una considerable cantidad de versos y otras expresiones literarias. La proporción entre las notas con las temáticas antes mencionadas y las que abordan alguna actividad de los mayas o de su cultura tiene una diferencia elevada: el número 43, de donde se extrajo el fragmento citado deEl Yucateco Libre, por ejemplo, contiene en total 43 notas de las cuales exclusivamente una se relaciona con el tema de los mayas, es decir, un 0,43 % del contenido. Y en ocho números del mismo periódico, que hacen un total de 154 notas, entre 20 y 24 de cada uno de los números, únicamente 3 de ese total hablaban de los mayas, es decir, un 4,62 % de notas.
Si nos remontamos incluso a los inicios del periodismo yucateco y se revisaEl Misceláneo
