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La historia del grupo que creó el heavy metal y se convirtió en una de las bandas más influyentes e icónicas de todos los tiempos. Black Sabbath cambió la historia de la música. Con 19 discos de estudio y más de setenta millones de discos vendidos, este grupo nacido en Birmingham revolucionó el panorama musical con la oscuridad de las letras de sus canciones, unos poderosos riffs de guitarra y un sonido contundente, denso y distorsionado. Esta es la trayectoria de cuatro desconocidos que unieron sus vidas y su trabajo para crear un estilo que se conocería como heavy metal y que ha servido de faro y referencia fundamental a otros grupos. Escrito con conocimiento de causa y de la manera más amena por el periodista musical César Muela, este libro describe el camino que iniciaron Tony Iommi (guitarra), Ozzy Osbourne (voz), Geezer Butler (bajo) y Bill Ward (batería) y el recorrido –con todos sus altibajos– que les ha llevado a ser considerada como una de las mejores bandas de todos los tiempos. • De cómo Jethro Tull impulsó el nacimiento de Black Sabbath. • Los gloriosos y devastadores años setenta: del disco "Black Sabbath" a "Never Say Die!" • Los años de Ronnie James Dio. • "Headless Cross": un intento para regresar a la oscuridad. • Ozzy Osbourne se hace una estrella de la televisión.
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Seitenzahl: 425
Veröffentlichungsjahr: 2021
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BLACK SABBATH
César Muela
Un sello de Redbook Ediciones
Indústria 11 (pol. Ind. Buvisa)
08329 Teiá (barcelona)
www.redbookediciones.com
© 2021, César Muela Ruiz
© 2021, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona
Diseño de cubierta: Regina Richling
Diseño de interior: Quim Miserachs
Fotografías interiores: APG images
Fotografía de cubierta: Shutterstock
ISBN: 978-84-9917-632-1
Producción del ePub: booqlab
Todas las imágenes son © de sus respectivos propietarios y se han incluido a modo de complemento para ilustrar el contenido del texto y/o situarlo en su contexto histórico o artístico. Aunque se ha realizado un trabajo exhaustivo para obtener el permiso de cada autor antes de su publicación, el editor quiere pedir disculpas en el caso de que no se hubiera obtenido alguna fuente y se compromete a corregir cualquier omisión en futuras ediciones.
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A mi madre(aunque igual este no era el libro que esperabas de mí),a mi padre y a mi hermano.
Os quiero.
Gracias a Leo, Txus y Paco por prestarse a colaborar y por seguir haciendo grande el rock en español; a Rafa Basa por servirme de faro en el periodismo musical y por dejarse engañar para esta aventura.
A los amigos que más me han apoyado mientras trabajaba en el libro:
Alber, Marta, Jose, Angelita, Jaime Camacho, Lorena, Jesús Pérez,
Eva López, Manu, Eva Correa y Oce. ¡Va por vosotros!
A mis compañeros de Xataka, porque hay pocas cosas más «heavy metal» que ellos.
A Martí y al equipo de Redbook Ediciones por pensar en mí para escribir todo esto.
Y a ti, que estás leyendo esto.
1. Introducción
2. Cuatro chavales humildes de Birmingham
La mala suerte de Tony
Tony conoce a Bill
La joyita de Aston: John Osbourne
La revelación de Ozzy y su incursión en el rock psicodélico
El famoso cartel con el que empezó todo
La Polka Tulk Blues Band
De cómo Jethro Tull impulsó el nacimiento de Black Sabbath
Un grupo llamado Black Sabbath
3. Los gloriosos y devastadores años setenta
Black Sabbath: la explosión que nadie se esperaba
Paranoid, la chispa que prendió todo
Master of Reality: el rayo que no cesa
Vol.4: oda al polvo blanco
Sabbath Bloody Sabbath: en busca de la obra maestra
Sabotage: el fin de la inocencia
Technical Ecstasy: la respuesta ante el punk
Never Say Die!: el primer aviso de Ozzy
Adiós a Ozzy
4. Años ochenta: el antes y después de Black Sabbath
Los años de Ronnie James Dio
Heaven and Hell: el rugido del heavy metal
Mob Rules: si algo funciona, no lo cambies
Live Evil: cuando la mezcla se te va de las manos
Un nuevo cantante para Black Sabbath
El turno de Ian Gillan
Born Again: una bizarrada desde la propia portada
Solo ante el peligro
Seventh Star: el disco de Schrödinger de Black Sabbath
The Eternal Idol: primer intento
Los años de Tony Martin (parte I)
The Eternal Idol, segundo intento
Headless Cross: un intento para regresar a la oscuridad
Tyr: el de la mitología nórdica
5. Años noventa: el principio del fin
El regreso de Ronnie James Dio
Dehumanizer: en busca de la esencia perdida
Los años de Tony Martin (parte II)
Cross Purposes: la gran reivindicación de Tony Martin
Forbidden: las cosas todavía podían ir peor
La esperada reunión con Ozzy
6. Años 2000: la gran traca final
Siguen los conciertos y Ozzy se hace una estrella de la televisión
Heaven and Hell, el último gran grupo con Dio
13: el último y nos vamos
Con Black Sabbath nunca se sabe
7. Anécdotas: las típicas cosas para decir que eres un experto en Black Sabbath
8. Las influencias de Black Sabbath en otros grupos
9. Discografía
10. Músicos hablan y reflexionan sobre Black Sabbath
11. Bibliografía
12. Videografía
13. Webgrafía
La historia de Black Sabbath está teñida de la peor de las suertes, un festín de todo tipo de drogas y algún que otro triunfo. Es una especie de montaña rusa en la que han demostrado ser capaces de llegar a lo más alto, pero también de caer en lo más bajo. Y, además, paradójicamente, esto les pasaba de forma cíclica; siempre que alcanzaban un punto álgido, a continuación venía una enorme caída. Y, aunque el golpe fuera duro, volvían a la carga, se reponían y reiniciaban la partida, como si fuera un videojuego. Eso sí, cada vez con menos comodines y vidas extra.
Quizá ese afán de superación ha estado siempre en el ADN de esos cuatro chicos que vivían calle con calle en un barrio de Birmingham, y que a finales de los años sesenta decidieron empezar a tocar versiones de blues de grupos como Crow o The Aynsley Dunbar Retaliation. A decir verdad, la formación no prometía mucho.
Por un lado tenías a John, un chico que a los 18 años ya había estado seis semanas en la cárcel por robar en una tienda algo de ropa, y cuya única experiencia cercana a la música era haber trabajado en una fábrica afinando bocinas de coche. En el colegio le llamaban Ozzy y decidió que cantar podía ser una buena idea. Aparte de su nula experiencia o formación musical, había una pega: no se enteró hasta sus 30 años de que tenía dislexia y trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Ambas cosas le habían frustrado mucho porque le costaba leer y concentrarse y no supo por qué hasta que recibió el diagnóstico.
Al otro lado tenías a Tony, de abuelos heladeros que emigraron de Italia a Reino Unido para ganarse la vida. Era el tipo guay en el instituto porque tocaba la guitarra. Poco después llegó el momento que marcó su vida: un accidente que le amputó parte de los dos dedos centrales de su mano derecha. Coincidencias de la vida, los mismos que utiliza para presionar las cuerdas de la guitarra porque es zurdo. Para más inri, le sucedió justo el último día en la fábrica en la que trabajaba antes de que se fuera a dedicar plenamente a la música. Nadie se imaginaba que este hecho marcaría tanto su futuro y el de la historia de la música moderna.
Black Sabbath, cuatro tipo de Birmingham que acunaron el heavy metal.
También estaba Terence, al que todos llamaban Geezer. Era el bajista, aunque como no se podía permitir comprar la cuarta cuerda de su instrumento, tocó un tiempo solo con las tres primeras. Eso hasta que tuvo un bajo, claro, porque empezó tocando con una Fender a la que bajaba la afinación para simular ese sonido más grave.
Por último estaba Bill, que empezó a tocar la batería con 15 años influenciado por bateristas de jazz de los años cuarenta como Gene Kupra, o por figuras de los sesenta como Ringo Starr, John Bonham o Larrie Londin. Más que llenar de golpes cada compás, le gustaba mucho jugar con los silencios y el aire en las canciones.
Así que, sí, tenías una banda de versiones de blues con un cantante disléxico, un guitarrista con dos dedos de su mano principal amputados, un bajista sin dinero para comprar cuerdas para su instrumento y, al menos, para compensar, un baterista al que le gustaba tomarse las cosas en serio. Desde luego, con esta presentación nadie diría que estos cuatro ingleses acabarían haciendo historia en la música, llenando estadios, siendo escuchados por millones de personas y, sobre todo, poniendo los pilares de un estilo desconocido hasta entonces: el heavy metal.
Decir que la música heavy metal no existía antes de Black Sabbath puede ser algo atrevido. En los años sesenta el término «heavy metal» se había usado para referirse a los metales pesados de la tabla periódica de los elementos químicos, aunque también empezaron a aparecer referencias en la cultura popular. Es el caso de William S. Burroughs y sus novelas La máquina blanda (1961) o Expreso Nova (1964), en las que usaba «heavy metal» para referirse al consumo de drogas. En la música, la primera mención apareció justo por influencia de estas novelas de Burroughs en el disco Featuring the Human Host and the Heavy Metal Kids (1967), de Hapshash and the Coloured Coat, una formación inglesa de rock psicodélico y avant-garde que nada tiene que ver con lo que hoy conocemos como heavy metal.
Bandas de los años sesenta como Iron Butterfly, Cream o Blue Cheer sí se aproximaban más a esos sonidos duros, pero no fue hasta 1968 que empezó a fraguarse ese «metal pesado» musical. Curiosamente, justo en ese año, 1968, nacieron los tres grupos precursores del género: Black Sabbath, Deep Purple y Led Zeppelin. Cada uno a su manera y no sin ciertas rivalidades entre ellos, ayudaron a moldear un tipo de música que se erigía sobre un volumen brutal, riffs de guitarras muy distorsionadas, bases rítmicas pesadas, voces melódicas a la par que estridentes para el estándar de la época, y unas letras muy oscuras y melancólicas, que chocaban contra las más amables y superficiales sobre el amor, la felicidad y la no violencia del movimiento Flower Power de esa década.
Fue a partir de entonces cuando los periodistas musicales empezaron a definir esos nuevos sonidos como heavy metal. Tradicionalmente se ha señalado al californiano Lester Bangs como precursor del término para referirse al tipo de música, aunque no hay un consenso claro porque otros periodistas como Mike Saunders, que compartía revista con Bangs; Sandy Pearlman, que acabó siendo el productor y manager de Blue Öyster Cult; o Barry Gifford, por un artículo que escribió sobre Electric Flag en la revista Rolling Stone en 1968, también usaron «heavy metal» para describir la música que estaban escuchando entonces.
Las bases rítimicas del heavy metal y sus letras oscuras y melancólicas chocaron de frente con las más amables y superficiales del movimiento Flower Power que impregnó la música de finales de los sesenta.
Más de 25 músicos han desfilado por la formación desde sus inicios hasta su gira de despedida.
De hecho, se suele citar como el origen de la denominación de heavy metal en la música una crítica que hizo Bangs en la revista Creem al disco Paranoid (1970) de Black Sabbath. Sin embargo, en ese texto, que no era favorable al grupo precisamente, no aparece ni una sola vez el término «heavy metal». En su lugar, sí se puede leer «downer music», o música deprimente.
Paradójicamente, el propio Ozzy ha renegado en los últimos años de la vaguedad del concepto heavy metal «porque engloba tanto a Sabbath como a Poison» y, él, en una entrevista concedida a la revista Circus a mediados de los años setenta, definía la música de su banda como «Depression rock», rock depresivo, que se acerca a esa «música deprimente» que definía Bangs.
Sea como fuere y tanto si utilizamos heavy metal o su sinónimo, heavy rock, o, simplemente, metal, no hay duda de que Black Sabbath escribió las primeras páginas del género junto a sus coetáneos Deep Purple y Led Zeppelin, y sirvieron como referencia a las siguientes generaciones de grupos como Judas Priest, Iron Maiden, Metallica o incluso Nirvana (Kurt Cobain definía su sonido como un cruce entre los Beatles y Black Sabbath).
Kurt Cobain definía el sonido de Nirvana como un cruce entre los Beatles y Black Sabbath.
No obstante, lo que diferencia a Black Sabbath de Purple y Zeppelin es precisamente ese estado permanente de drama. Sí, hubo tragedias y cambios de formación en Deep Purple y Led Zeppelin, pero la palma se la lleva Black Sabbath con un histórico de más de 25 músicos pasando por su formación para la grabación de discos (sin contar músicos de sesión en conciertos), entre los que se incluyen titanes del rock como Ian Gillan (fichar al vocalista de sus «rivales» Deep Purple fue todo un acontecimiento), Glenn Hughes (que también fue cantante de Deep Purple) o Eric Singer, y, por supuesto, el eterno Ronnie James Dio, considerado uno de los mejores cantantes de heavy metal de todos los tiempos y clave en los Sabbath de los años ochenta.
Pardiez, la trayectoria de Black Sabbath es tan dramática que hubo unos años en los que no eran dueños ni de sus exitosas canciones. Vivieron en sus propias carnes las consecuencias de ser engañados y exprimidos por representantes, discográficas y abogados. Casi se arruinan en varias ocasiones. Y, por si fuera poco, la prensa y las críticas nunca les acompañaron. Sus discos fueron menospreciados, mientras que la gloria y las alabanzas se las llevaban Purple y Zeppelin, algo que sacaba de quicio a Tony Iommi, líder indiscutible y único miembro estable en todas las etapas de Sabbath.
Tonny Iommi fue el único miembro original de Black Sabbath que estuvo en todas sus etapas.
Ese sambenito de chicos pobres con complejo de inferioridad de Birmingham siempre les ha acompañado, aunque les salvó el boca a boca, que la gente comprara sus discos y fuera a sus conciertos a pesar de las malas críticas o de los constantes cambios de formación.
Tampoco ayudaron mucho las drogas. Llegaron a tal punto de abuso que decidieron llevar consigo a un camello propio en la gira de su álbum Vol.4 (1972) para que nunca les faltase cocaína. Eran tiempos en los que empezaban los conciertos con un Ozzy fuera de sí preguntando al público si estaban drogados. Cuando el respetable gritaba de vuelta con un rotundo sí, entonces el vocalista respondía, «genial, ¡porque yo también!», y empezaban con «Snowblind», célebre canción dedicada a la coca. Incluso en los agradecimientos del álbum dedicaron un apartado a «the great COKE-Cola Company of Los Angeles», y no se referían precisamente a la empresa del famoso refresco.
13 es el decimonoveno y último álbum de estudio de Black Sabbath, editado en 2013.
Cada cual tenía su vicio, pero, desde luego, la marihuana, el hachís, el LSD o la cocaína bien podrían considerarse como parte de la formación oficial de Black Sabbath, al menos durante las primeras y más alocadas décadas. No podemos olvidarnos del alcohol, motor de múltiples fiestas y sesiones de composición y grabación que, además, propició anécdotas curiosas, como cuando Ozzy casi prende fuego a un castillo del siglo XVIII porque metió demasiada madera en la chimenea y se quedó dormido al lado. Pero también hubo otras más tristes, como cuando le diagnosticaron hepatitis a Bill Ward a sus veintipocos años, algo que desencadenó en una depresión y en un infierno personal que tardó mucho tiempo en superar.
Y, como remate, la salud no siempre les acompañó. Desde depresiones, ansiedad, adicciones y otros problemas psicológicos, pasando por el grave accidente que tuvo Ozzy en 2003 con un quad y que casi le cuesta la vida, hasta el diagnosticado linfoma (un tipo de cáncer) de Tony Iommi en 2012, la aventura de la banda inglesa también se torció en este apartado.
A pesar de todo, Black Sabbath logró publicar 19 discos de estudio (el primero y homónimo en 1970, y el último, 13, en 2013), vender más de 70 millones de CD’s y, después de 31 giras y cientos de conciertos, fueron capaces de despedirse de los escenarios por todo lo alto en su Birmingham natal el 4 de febrero de 2017. No está mal para un grupo de desdichados que hacen «música deprimente», ¿no?
La historia de Black Sabbath comienza en Aston, un distrito al noreste de Birmingham, actualmente la segunda ciudad más importante de Reino Unido, después de Londres. Nos encontramos en los años sesenta, apenas dos décadas después de lo que se conoce como Birmingham Blitz, los bombardeos masivos de la Alemania nazi que asolaron la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, y que dentro del país también afectaron, sobre todo, a Londres y Liverpool.
El contexto político de esta década estuvo marcado por la Guerra Fría y la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, con episodios como la Guerra de Vietnam (1955-1975), la construcción del Muro de Berlín y el Telón de Acero (1961), que dividió en dos Europa, o la Crisis de los misiles en Cuba (1962), que, según algunos historiadores, a punto estuvo de desembocar en la Tercera Guerra Mundial.
También fueron los años de la carrera espacial, esa obsesión por conseguir hazañas que demostraran la potencia y el progreso de cada uno de los bloques. Los soviéticos asestaron el primer golpe en 1961 poniendo en órbita al primer humano, Yuri Gagarin, aunque en 1969 Estados Unidos mandó al primer hombre a la Luna, Neil Armstrong.
En el ámbito socio-cultural las cosas no estaban mucho más tranquilas. A los asesinatos políticos (John F. Kennedy en 1963, Malcolm X en 1965 y Martin Luther King en 1968), se unieron movimientos sociales por todo el mundo, como la Primavera de Praga (1968); la segunda ola del feminismo, que se centraba en el derecho al trabajo, la sexualidad o el aborto; o las protestas contra la sociedad de clases de Mayo de 1968, que se originaron en Francia y que acabaron teniendo sus réplicas correspondientes por todo el mundo, incluyendo España, Italia, México, Chile o Argentina.
Una de las respuestas ante toda esta crispación fue el llamado movimiento contracultural Flower Power y la ideología hippie, basada en la no-violencia y en la resistencia pasiva. El amor libre, las drogas y la psicodelia constituyeron parte de sus pilares clave, con acontecimientos como el Verano del Amor (1967) o el Festival de Woodstock (1969), que encumbraron a referentes culturales como Janis Joplin, Jefferson Airplane, The Who, Jimi Hendrix y, por supuesto, a The Beatles, cuya canción «All You Need Is Love» se convirtió en el himno que representaba a esta generación. El cuarteto de Liverpool, como veremos, también tuvo un fuerte impacto en Black Sabbath.
Con este contexto, y volviendo a poner la mirada en Aston, hay que tener en cuenta que Birmingham se encontraba en plena regeneración posguerra y vivió un florecimiento que afectaba sobre todo a la industria, con un claro desarrollo de la metalurgia (el chiste con el heavy metal se hace solo) y las fábricas de coches y motos. Sin embargo, ese despunte económico no se traducía en optimismo, precisamente, y es que toda la situación geopolítica arrastraba a los más jóvenes a tener muchas dudas sobre el futuro. Corrían tiempos más bien grises. Bill Ward confiesa: «Éramos un caos en términos de dinero, propiedades o prestigio. No teníamos nada». Y añade: «Si crecías en Aston, tenías tres opciones: trabajar en una fábrica, unirte a un grupo de música o ir a la cárcel». Así, no es una sorpresa que los cuatro integrantes originales de Black Sabbath cumplieran con estas tres cosas.
El jovencito Anthony Frank Iommi (Birmingham, 1948) llevaba toda su adolescencia tocando la guitarra, aunque su ilusión de pequeño era tocar la batería. No pudo cumplirla porque, al parecer, no le cabía en casa, así que siguió los pasos de su padre y sus tíos, que tocaban el acordeón. Pasó un tiempo hasta que su madre le compró su primera guitarra.
En 1965 tenía 17 años y se sacaba un dinero trabajando en una fábrica de chapa. En el instituto se ganó la fama de tipo duro porque tocaba en grupos y, de hecho, le iba bastante bien con uno en particular: The Birds and The Bees. La cosa iba tan en serio que hasta iba a empezar una gira por Europa con ellos, e incluso había decidido dejar su trabajo en la fábrica para dedicarse plenamente a la música.
Estaba eufórico. Era viernes y su último día de trabajo en la fábrica. Tony no quería ir porque ya tenía su cabeza puesta en la gira con su grupo, pero su madre le pide por favor que vaya porque estaba convencida de que lo mejor era acabar bien en todos los sitios. Le hizo caso y ese día le tocó sustituir a una compañera que trabajaba en una máquina que tenía una guillotina incorporada para cortar piezas de metal. Él nunca la había usado antes y fue entonces cuando sucedió EL ACCIDENTE, así, en mayúsculas.
Anthony Frank Iommi está considerado uno de los guitarristas más importantes de la historia del rock.
Quedaban pocas horas para que acabara su turno, pero un error de cálculo hizo que la guillotina cercenara las yemas de los dos dedos centrales de su mano derecha. Al ser zurdo, se trata de su mano importante, la que utiliza para tocar las notas y los acordes en las cuerdas de la guitarra.
Tras estabilizarle y sanearle las heridas en el hospital, los médicos le dieron una de las peores noticias posibles: que se olvidara de volver a tocar la guitarra. De hecho, le aconsejaron que se buscara otra cosa para vivir que no fuera la música. Un día estaba a punto de irse de gira por Europa con un grupo y al otro le dicen que no podrá volver a tocar jamás su instrumento. Fue un mazazo terrible para él, pero, cuando estaba recuperándose, el que había sido su jefe en la fábrica le llevó un disco de un tal Django Reinhardt.
Django fue un guitarrista franco-romaní tremendamente influyente en el jazz que se hizo famoso en la década de los años treinta y cuarenta. Durante una noche, su caravana se incendió y su lado derecho del cuerpo y su mano izquierda sufrieron graves daños. Él era diestro, así que, al contrario que Tony, era su mano importante. El fuego le dejó secuelas y a partir de ese momento solo podía utilizar el dedo índice y el corazón para tocar, cuando lo normal es utilizar todos menos el pulgar, que sirve para colocar la mano y navegar por el mástil. Sin embargo, Django solo podía utilizar los otros dos dedos, el anular y el meñique, como apoyo en algunos acordes, así que tuvo que inventarse una técnica de digitación nueva para poder seguir tocando.
Django Reinhardt, un referente musical en la carrera de Iommi.
Acabó convirtiéndose en uno de los músicos más famosos de aquella época en Europa, aunque, por si el accidente no fuera suficiente drama en su vida, le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial y la correspondiente persecución nazi a los gitanos. Para rizar más el rizo, hubo un tiempo en el que Hitler consideraba el jazz, junto con otros estilos como el swing, «música degenerada» (Entartete Musik), que iba contra los principios de la Alemania nacionalsocialista y su obsesión por la pureza racial (el jazz, al fin y al cabo, era una música con origen afroamericano y con algunos máximos exponentes judíos, una tormenta perfecta que le granjeó al género la prohición durante parte del Tercer Reich). Por suerte, Reinhardt sobrevivió el azote nazi a pesar de ser un «músico gitano de jazz» y pudo continuar con su exitosa carrera hasta su muerte, en 1953.
Por supuesto, la historia del guitarrista gitano fue toda una revelación para Tony, que decidió volver a tocar. Era todo un reto porque sin la yema de los dos dedos dañados había perdido el tacto, por lo que le era complicado saber si estaba pulsando bien las cuerdas, así que tuvo que aprender a tocar desde cero y guiándose por el oído. El siguiente inconveniente es que, sin la yema, el agarre en las cuerdas era casi nulo. Esto es importante para tocar con claridad y contundencia (hay que apretar y sujetar fuerte las cuerdas, más en el rock, estilo en el que la característica distorsión de la guitarra se convierte en ruido si no se toca con precisión), y clave para técnicas como el vibrato o el bending, que consisten en pulsar una cuerda y estirarla hacia arriba o hacia abajo, algo casi imposible de hacer sin un agarre adecuado. Por último, estaba el dolor en cada pulsación. La punta de sus dos dedos accidentados era prácticamente la de sus falanges, es decir, hueso sin el acolchamiento que proporcionan las yemas. En otras palabras: usar esos dos dedos le dolía mucho y no podía controlar lo que estaba tocando con ellos.
Lejos de rendirse, Tony buscó una solución creativa cuanto menos. No podía hacer nada contra la falta de tacto porque no es posible regenerar las terminaciones nerviosas y la sensibilidad de las yemas, pero quizá sí para el resto de problemas. Empezó fabricándose unos dedales a base de trozos de una vieja chaqueta de cuero, tapones de bote de una conocida marca de lavavajillas y pegamento. Calentaba los tapones con una plancha y los amoldaba a la forma de sus dedos. Para que no se escurrieran al tocar, los recubrió con trozos de cuero y el citado pegamento.
Al principio se frustraba y se sentía torpe, pero poco a poco se acostumbró y le sirvió para ir recuperando la utilidad de sus dos dedos accidentados. Es más, el invento fue tan eficaz que siguió utilizándolo desde entonces y a lo largo del resto de su carrera cada vez que tocaba. Siempre llevaba recambios de sus dedales a sus conciertos por si acaso, incluso en los años de más éxito con Black Sabbath. De hecho, Tony asegura en sus memorias1 que aún conserva lo que queda de la vieja chaqueta de cuero de la que fue recortando moldes para sus dedos durante más de 50 años. Nadie podrá negar que eso sí que es aprovechar bien la ropa.
Los dedales no fueron su único invento. En aquella época no existía la enorme variedad de cuerdas de guitarra que hay en la actualidad. Ahora, además de distintos materiales, se pueden comprar en diferentes calibres. Hay quien prefiere que las cuerdas sean más gruesas o más finas, pero en los años sesenta había las que había y eran demasiado gruesas y duras para los delicados dedos de Tony, así que decidió ponerle varias cuerdas de banjo a su guitarra, que eran más blandas, y las combinó con las estándar de su instrumento. En palabras de Tony: «Pregunté a varios fabricantes si podían hacerme cuerdas de bajo calibre, pero me decían que no era posible. Yo les decía que sí... ¡porque yo mismo había podido hacerlo!, y entonces me decían que no se venderían bien. Al final encontré un fabricante en Gales que accedió a hacer para mí cuerdas de bajo calibre. Por supuesto, otros fabricantes empezaron entonces a vender cuerdas de bajo calibre».
Además de esta curiosa mezcla, que utilizó durante años, bajó la acción del puente de la guitarra (hacer que las cuerdas estén más pegadas al mástil para que haya menos tensión), y también empezó a jugar con afinaciones más bajas (a afinación más grave, más sueltas están las cuerdas y, por tanto, menos dureza al tocar). Desde luego, en aquel momento Tony no pensaba que iba a marcar la historia de la música con estas decisiones e inventos, pero, como veremos, acabarían moldeando un sonido único, aunque él solo quería volver a tocar como fuera.
Fue alrededor de seis meses después del accidente cuando Tony confiesa que dejó de sentir lo peor del dolor y pudo retomar una mayor actividad con la guitarra. Un día, unos chicos vecinos de Aston fueron a buscarle y le propusieron entrar como guitarrista principal a su grupo, que se llamaba The Rest. A Tony le llamó la atención que tuvieran dos amplificadores de válvulas de la marca Vox, justo el mismo modelo que tenía él, y que era caro para la época. También tenían guitarras Fender, de gran prestigio, así que pensó que iban en serio y decidió probar suerte.
Uno de los integrantes se llamaba Bill Ward, que al principio cantaba y tocaba la batería, aunque terminaron fichando a un vocalista y Bill se acabó sentando tras los tambores. No tenía dinero para comprarse baquetas nuevas, así que usaba las que encontraba medio rotas o usadas de otros bateristas, pero a Tony le gustó su estilo tocando.
Cuando Iommi empezó a ensayar con ellos, se dio cuenta de que al otro guitarrista, Vic Radford, le faltaba el dedo corazón. Al parecer, había sufrido un accidente con una puerta y este hecho hizo que Tony fuera perdiendo la vergüenza que sentía tras su varapalo: «Que hubiera perdido su dedo fue de gran ayuda para mí porque nunca había conocido a nadie con ese problema. Pensé, “¡maldición, los dos en el mismo grupo!”», afirma Tony.
Su repertorio se componía de versiones de grupos como The Beatles, The Rolling Stones o The Shadows y lograron cierto éxito en la escena local de Birmingham, donde no les faltaron conciertos en pubs pequeños.
Pronto The Rest se le quedó pequeño a Tony, así que en 1968 hizo la prueba de acceso a una banda de mayor nivel. Se llamaba Mythology y se formó en Carlisle, al noroeste de Inglaterra, cerca de la frontera con Escocia, así que cuando le dijeron que había pasado la audición, Tony se fue a vivir allí. Poco después se unió a la banda Chris Smith, que era el vocalista de The Rest, un grupo que firmó su desaparición en cuanto Mythology necesitó nuevo baterista. ¿Quién fue el elegido? Efectivamente, Bill Ward.
La aventura con Mythology duró poco. Todos ellos compartían piso de alquiler en Carlisle. Una noche decidieron probar el hachís por primera vez en su vida (o eso dicen), y además de comprar un poco, el traficante que les vendió les preguntó si podían guardarle tres maletines llenos de la droga. Ellos, inocentes y quizá algo «perjudicados» en esos momentos, aceptaron confiando en que volvería pronto a recoger toda aquella marihuana. Error. La policía acabó haciendo una redada en su piso justo al amanecer, cuando ellos estaban dormidos. Probablemente fue por un chivatazo de la dueña de la propiedad, que vivía en el mismo bloque, junto a que la policía estaba buscando a ese traficante en concreto. Los cuatro integrantes de Mythology acabaron detenidos. «Salió en todos los periódicos porque era algo grave entonces: "Grupo de música pillado con drogas". Llegó a las noticias nacionales y a Birmingham, así que mis padres se enteraron. Imagina a los vecinos: "Ese chico Iommi es un drogadicto"», recuerda Tony.
Les acabaron poniendo una multa de 15 libras esterlinas a cada uno y les dejaron en libertad condicional. Afortunadamente, el mismo sargento que les detuvo les ayudó cuando la policía descubrió que ellos no eran el traficante que buscaban. Sin embargo, el daño para Mythology ya estaba hecho. Nadie quería que un grupo de supuestos drogadictos tocara en ningún sitio, así que se disolvieron y Tony y Bill regresaron a Birmingham.
John Michael Osbourne (Birmingham, 1948) vivió su infancia y adolescencia en Aston junto a sus padres, Jack y Lilian, y sus cinco hermanos y hermanas en una humilde casa de Aston de tan solo dos habitaciones. Decir que les costaba llegar a fin de mes quizá sea quedarse cortos.
Dejó el instituto a los 15 años, aunque no fue especialmente recordado por su excelencia académica ni por su actitud ejemplar. En su defensa hay que decir que le costaba mucho leer y concentrarse, algo que acabó teniendo su explicación cuando tenía 30 años, momento en el que le diagnosticaron dislexia y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Ozzy Osbourne, también conocido como el «padrino» del heavy metal o el «príncipe de las tinieblas».
Sin embargo, algo que sí le gustaba de su etapa escolar era actuar y cantar en los teatrillos típicos en Navidad o fin de curso. Esto hizo que muchos se burlaran de él y le pusieron el mote de «Ozz-brain», una especie de juego de palabras fónico con su apellido, Osbourne, y lo que podríamos traducir como «cerebrito» (brain) en español. Entre que le costaba leer o prestar atención y que le gustaba hacer un poco el payaso en esas funciones escolares, algunos pensaron que tenía cierto retraso mental, de ahí lo de llamarle «cerebrito». Tan irónico como cruel. Sin embargo, el mote acabó derivando en algo más corto, «Ozzy», y así es como le conocía todo el mundo. «La gente me llama «Oz» u «Ozzy». Y si fuera por la calle y alguien dijera «John», no me pararía», reconoce él mismo. De hecho, solo en su casa le llamaban John.
Una vez que dejó los estudios, Ozzy empezó a buscar trabajo. Su currículum acabó siendo tan variopinto como extravagante. Fue ayudante de fontanero, operador de planta en una fábrica de piezas de coches (en la que empezó a «colocarse» delante de unas cubas con cloruro de metileno), afinador de claxons de coches en la misma planta donde trabajaba su madre (que Ozzy recuerda como su «primer trabajo en el negocio de la música») y, finalmente, el primero que él reconoce que disfrutó: ejecutor de vacas en un matadero. Este le duró 18 meses, que era todo un récord teniendo en cuenta que no solía durar mucho en el resto de trabajos. Muy a su pesar, le acabaron echando porque agredió a un compañero que supuestamente le molestaba.
Mientras engrosaba su ecléctica experiencia laboral, Ozzy pensó que sería buena idea robar para ganarse un dinero extra. Centró su objetivo en una tienda detrás de su casa, aunque le costó tres intentos conseguir algo de valor. En el primero, una vez dentro del establecimiento y totalmente a oscuras, echó mano de las primeras perchas que se cruzó, aunque al marcharse acabó dándose cuenta de que eran unos baberos y ropa interior de bebé. Al segundo intento fue directo a por una televisión de 24 pulgadas, pero pesaba tanto que, mientras escapaba por el muro de la parte de atrás de la tienda con ella a cuestas, se le acabó cayendo encima. «No me pude mover durante una hora», recuerda Ozzy. Al tercer intento, en el que ya nuestro torpe protagonista decidió ir equipado con unos guantes como un caco profesional, acabó robando varias camisetas. Sin embargo, a uno de sus guantes le faltaba un dedo, así que acabó dejando sus huellas por todos lados. Le acabaron deteniendo y le condenaron a tres meses de cárcel o a pagar una multa equivalente a 50 euros o 60 dólares. No tenía dinero y le pidió ayuda a su padre, que se negó a prestarle nada porque pensó que un tiempo en prisión le enseñaría una lección a su hijo. Y, efectivamente, acabó entre rejas.
Aunque los tres meses se redujeron a seis semanas por buen comportamiento, su estancia en la cárcel le marcó, literalmente. Fue allí donde decidió tatuarse él mismo las letras O-Z-Z-Y en los nudillos de su mano izquierda. También hubo momentos difíciles porque le intentaron pegar y violar, e incluso le llevaron a una celda solitaria por pelearse con otro prisionero. Ozzy reconoce en sus memorias2 que fue su sentido del humor el que le ayudó a superar el mal trago, aunque desde entonces, entre otras cosas, le da miedo quedarse a solas en cualquier sitio.
Al poco de ser puesto en libertad se metió en problemas de nuevo. Le acabaron deteniendo por armar jaleo en un bar mientras iba borracho. Esta vez sí pudo permitirse pagar la multa y se juró que nunca volvería ir a la cárcel otra vez. No lo consiguió.
Ozzy asegura que recuerda perfectamente cómo surgió la chispa que le hizo querer dedicarse a la música. «Iba por la calle Witton Road en Aston, llevaba un radio transistor azul y, cuando empezó a sonar esa canción, supe qué quería hacer con mi vida a partir de entonces», confiesa. «Era algo tan nuevo y me hacía sentir muy bien. Me convertí en un ávido seguidor de los Beatles. Eran geniales». Y concluye sin miramientos: «Le debo mi carrera a ellos porque hicieron que deseara estar en el juego de la música».
Se refiere a la canción «She Loves You», perteneciente al disco Twist and Shout (1964) de los Beatles y, de hecho, le gustan tanto que ha llegado a confesar que en su funeral quiere que pongan música del cuarteto de Liverpool, probablemente «A Day In Life», o «alguna canción que no sea alegre de los discos Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) o Revolver (1966»). Quién le diría que décadas después conocería en persona a uno de sus ídolos, Paul McCartney, y que en ese encuentro el propio ex-Beatle le iba a reconocer que le encantaba la historia del robo y el guante roto. «Oh, sí, eso es muy típico de mí», contesta Ozzy con descaro en un momento que quedó inmortalizado en vídeo y que se puede encontrar en YouTube.3
Tras esa revelación -la de querer dedicarse a la música, no la de conocer a McCartney-, Ozzy decidió probar suerte y encontró un grupo en Birmingham que se llamaba The Rare Breed y que buscaba cantante. Allí conoció a Terence Michael Butler (Birmingham, 1949), que tocaba la guitarra rítmica y al que todo el mundo llamaba Geezer.
De familia humilde, irlandesa y católica y con otros seis hermanos, Geezer también formaba parte de ese Aston pobre, gris y alienado por las fábricas, aunque él quería evitar trabajar en una a toda costa, así que buscó el trabajo de oficina que «menos experiencia requería» y acabó siendo contable durante un tiempo. En la música era muy de escuchar a Frank Zappa, aprendió a tocar la guitarra y acabó creando su propio grupo a mediados de los sesenta: The Ruums, que acabaron cambiándose el nombre por The Rare Breed. Según el propio Geezer: «Estábamos un poco locos. Tocábamos cosas psicodélicas. Solíamos ir con las caras pintadas y formábamos un espectáculo psicodélico. Nunca nos solían llamar de vuelta para tocar en los sitios, así que éramos probablemente realmente una mier**. Pero Rare Breed era el único grupo que estaba haciendo eso en Birmingham. Todos los demás hacían soul y pop, y nosotros empezamos a hacer cosas más cercanas al blues, copiando a bandas como Art y Tomorrow».
Geezer conocía de vista a Ozzy del instituto, así que quizá por eso le cuadró que alguien tan pintoresco como él, que justo entonces iba con la cabeza totalmente rapada a lo skinhead, entrara a formar parte de una banda «de locos».
Aunque dieron algunos conciertos, la aventura con The Rare Breed no duró mucho y Ozzy se animó a poner un cartel en una tienda de música para buscar músicos con los que formar su propio grupo4. Decía así:
«OZZY ZIG REQUIRES GIG (OWN PA)»
El baterista Bill Ward es uno de los miembros originales de Black Sabbath.
Al traducirlo al español pierde la rima entre «zig» y «gig», aunque en inglés tampoco tenía mucho sentido («zig» no quiere decir nada). Más o menos, significaría algo así como: «Ozzy zig requiere gente para grupo de música (tengo equipo de sonido)».
Casualidades de la vida, ese cartel lo acabaron viendo Tony Iommi y Bill Ward, que acababan de volver de Carlisle tras su pequeño susto con las drogas con ganas de montar un nuevo grupo. «Yo conozco a un Ozzy, pero no puede ser él, ¡no sabe cantar!», le dijo Tony a Bill. Aun así, fueron hasta la casa de los padres de Ozzy, llamaron a la puerta y salió a abrir su madre. «Venimos por el anuncio», le dijo Tony. «¡John, es para ti!», gritó ella.
Cuando Ozzy apareció, la primera reacción de Tony fue decirle a Bill «¡olvídalo, olvídalo, te lo explico luego!». Le recordaba del instituto y, de hecho, Tony era uno de los chicos que solía burlarse de él. Sin embargo, ya que estaban allí, estuvieron charlando un rato los tres y la cosa se quedó ahí. Varios días más tarde, Ozzy contactó con Geezer y ambos acordaron empezar un grupo juntos, así que fueron hasta casa de Tony, que vivía muy cerca de la de Ozzy. «¿Conoces algún baterista?», le preguntaron. «Sí, Bill es baterista», respondió Tony.
Cuando Tony se lo contó a Bill, este le dijo que no iba a entrar a ningún grupo sin él, que lo que sea que hicieran tendría que ser juntos. Y así fue como empezó la aventura entre Tony, Bill, Ozzy y Geezer.
Tras pasarse una noche fumando y hablando de sus vivencias, los cuatro jóvenes acordaron que para empezar como grupo lo primero que necesitarían sería un nombre. Ozzy propuso The Polka Tulk Blues Band inspirado por una marca de polvo de talco que usaba su madre para sus axilas y por el nombre de una tienda de Aston regentada por un pakistaní. Todo muy glamuroso. Misteriosamente, a ninguno de sus compañeros se les ocurrió una mejor idea, y se pusieron manos a la obra aceptando ese nombre tan peculiar.
The Polka Tulk Blues Band.
Fleetwood Mac, uno de los grupos en los que se inspiraron los Black Sabbath primigenios.
Tocaban versiones de blues y, al parecer, la intención era seguir los pasos de Fleetwood Mac, cuyo segundo disco, Mr Wonderful (1968), acababa de publicarse y les encantó. Quizá por las ganas de hacer algo diferente, acabaron incorporando a la formación a dos músicos que recomendó Tony: un saxofonista (Alan Clarke) y un segundo guitarrista especializado en la técnica del slide (Jim Phillips).
Ya como sexteto, su primer concierto fue el 24 de agosto de 1968 en una ciudad que Tony y Bill conocían bien, Carlisle, la misma en la que vivieron durante un tiempo en la etapa con Mythology y donde tuvo lugar aquel episodio con la policía y las drogas. El único que tenía carnet de conducir entonces era Tony, así que fue él quien se encargó de manejar la vieja furgoneta durante las ocho horas que duró el accidentado trayecto desde Aston. Cuentan, por ejemplo, que el motor fallaba de vez en cuando y que la suspensión estaba rota, así que cada vez que había una curva tenían que impulsarse desde dentro en dirección contraria para evitar que el chasis chocara contra las ruedas. No se compaginaban para la maniobra, por lo que acabaron por aceptar el olor a neumático quemado durante el recorrido.
El concierto no pareció darse demasiado bien. Así lo recuerda Geezer: «Nos hundimos como el Titanic. Me dijeron que no sabía tocar bien el bajo y que Ozzy era un cantante de mier**. Y entonces nos metimos en una pelea con mucha gente mientras estábamos cargando la furgoneta con nuestras cosas. No fue una gran experiencia. Decidimos convertirnos en un cuarteto, en vez de seguir con seis integrantes». Así es, tras aquella experiencia y algunos conciertos más, Tony dijo que no le gustaban ni Alan ni Jim en la formación. El segundo guitarrista era un desastre en los ensayos y Tony no le veía sentido a tener a un saxofonista sin una sección entera de viento metal. ¿Resultado? Los echaron y volvieron a ser los cuatro.
Pero algo seguía sin convencerles.
«Es el nombre, es basura», dijo Tony en un ensayo. «¿Qué tiene de malo?», preguntó el orgulloso creador, Ozzy. «Cada vez que lo escucho, todo lo que me imagino es a ti con los pantalones bajados y plantando un pino», replicó Tony rememorando el épico momento de inspiración en el que a Ozzy se le ocurrió lo de The Polka Tulk Blues Band (yendo de vientre en el baño de casa de sus padres y viendo el bote de polvos de talco de su madre).
En medio de esa conversación, que parecía sacada de una comedia de situación, interrumpió Bill diciendo que justo llevaba un tiempo pensando en un nombre para el grupo: «Tenéis que imaginároslo en un cartel o en una gran valla publicitaria». Y entonces compartió su idea: Earth. Ozzy se burló de él durante un rato por la pronunciación de la palabra en inglés («URFFF», le restregaba con sorna), pero tanto a Geezer como a Tony les gustó. Era corto, fácil de recordar y, a todas luces, les iban a tomar más en serio que con The Polka Tulk Blues Band.
Jethro Tull, una de las bandas más longevas del rock progresivo británico.
Y así es como empezó la etapa con Earth, en la que siguieron haciendo versiones de blues, pero, al mismo tiempo, empezaron a hacer sus propias composiciones mientras intentaban tocar cada vez en más sitios.
No fueron momentos fáciles. No tenían dinero y se vieron obligados a dormir en la humilde furgoneta de Tony si tocaban fuera de Birmingham. Incluso los padres del propio guitarrista a menudo tenían que darles comida y un puñado de libras para seguir adelante. La situación era tan triste que a veces cargaban todo su equipo de instrumentos y amplificadores en la furgoneta y se iban hasta el sitio en el que tocaba un grupo grande por si no se presentaban y tenían que irrumpir ellos en su lugar para evitar el enfado de la gente. Con una mezcla de suerte y de «el que la sigue la consigue», se salieron una vez con la suya: actuaba Jethro Tull en Birmingham, uno de los grupos de rock revelación de la época. Sin embargo, su autobús se rompió por el camino y el grupo no pudo llegar a tiempo. El líder de la formación, Ian Anderson, llegó a mitad de concierto de unos desconocidos Earth, que alucinaron por lo surrealista de la situación y por poder tocar ante más de diez personas, que solía ser su aforo habitual.
Poco después, Earth empezó a ganar tracción en la escena de música local, y fue entonces cuando Tony reunió a sus compañeros y soltó la bomba: «se acaba de marchar el guitarrista de Jethro Tull y me han ofrecido el puesto». Paradojas de la vida, esa actuación que presenció Anderson fue clave para ello.
En la agenda de Jethro Tull estaba telonear a los Rolling Stones, así que era como pasar de tercera regional a codearse con los de primera división, y Tony no quiso dejar pasar esa oportunidad. Ozzy, Bill y Geezer lo aceptaron con resignación, pero también estaban contentos por él, como es normal en un grupo no solo de músicos, sino de amigos.
Tony empezó su periplo con Tull en diciembre de 1968, aunque decidió abandonarlo apenas un mes después. Lo que empezó como el argumento de la típica película americana de adolescentes se transformó en algo que le producía rechazo. Pudo ver cómo era la rutina de un grupo a un nivel profesional, con ensayos desde por la mañana temprano y con rigurosa puntualidad y disciplina, pero, sobre todo, con un jefe, Ian Anderson. Esto hizo que a Tony aquello le pareciera un trabajo sin más, y era algo que no le motivaba. Se hacía lo que el jefe decía y no había más discusión. Que Ian comiera separado de los demás miembros del grupo fue quizá la gota que colmó el vaso.
Tras la breve pero intensa experiencia con Jethro Tull, Tony quiso volver a Earth y convocó otra reunión con Ozzy, Bill y Geezer. En ella compartió todo lo que había aprendido, lo bueno y lo malo, y puso una condición para volver a Earth: que se tomaran todo tan en serio como lo hacía Jethro Tull. Eso implicaba ensayar más duro y… madrugar: «Solía ir en la maldita furgoneta a recogerles a las ocho menos cuarto de la mañana, que era, créeme, temprano para nosotros en aquella época. Les dije: "Así es como tenemos que hacerlo porque así es como lo hizo Jethro Tull"», recuerda Tony. Los demás, que siempre habían asumido indirectamente que Tony era el líder, aceptaron.
Con esta nueva filosofía algo parecía haber cambiado en el grupo. Retomaron la actividad con la moral alta, empezaron a dar conciertos y hasta ellos mismos sentían que la cosa avanzaba. Entonces apareció en su camino Jim Simpson, un promotor y hombre de negocios conocido en Birmingham que justo acababa de inaugurar una sala llamada Henry’s Blueshouse. Se acabó convirtiendo en uno de los pocos sitios en la ciudad donde se podía escuchar en directo a grupos de blues en vez del más extendido pop o soul. Y, claro, dos asistentes habituales del Henry’s eran Tony y Ozzy, por lo que Jim acabó hablando con ellos y descubrió que tenían un grupo. Les ofreció tocar y poco a poco lograron ser uno de los platos fuertes del club. Al ver el éxito, los chicos le propusieron a Jim que fuera su representante. Este aceptó y a partir de aquí la cosa escaló al siguiente nivel, incluyendo una gira por Europa.
Tocaron en multitud de sitios, aunque también probaron a hacer las conocidas como «residencias», es decir, actuar en el mismo sitio por un periodo de tiempo extendido. Era algo muy común en la época y ellos lo hicieron, por ejemplo, en la pequeña ciudad suiza de San Galo, donde estuvieron seis semanas ante la friolera de seis o siete personas cada noche. Su caché estaba compuesto de leche y salchichas, lo cual era ciertamente penoso, pero más para Geezer, que era vegetariano. Sin dinero y con muchas ganas de hacerse un hueco en la música, «iban hasta donde fuera y tocaban en cualquier sitio», como recuerda Jim Simpson.
No faltaron las anécdotas, como la afición de Bill por fumar piel de plátano, que era lo más exótico que podía permitirse entonces; que Ozzy salió de gira por toda Europa con tan solo una camiseta y unos vaqueros (que llevaba todo el rato puestos); o que a Tony le diera por tocar la flauta en algunos conciertos, a lo Jethro Tull, con la diferencia de que él iba tan fumado a veces que una vez estaba soplando al micro directamente pensando que era la propia flauta. Aunque la más trascendental es la que sucedió en Manchester, donde fueron contratados por error. Al parecer, el dueño de la sala quería a otra banda que se llamaba Earth y que tocaba canciones del estilo motown y pop. Tuvo que ser memorable su reacción y la del público cuando empezaron a ver a un grupo al que le gustaba subir el máximo el volumen, exprimir la distorsión de la guitarra y, en definitiva, hacer cuanto más ruido, mejor. Fue en este momento cuando Jim Simpson les dijo que tenían que cambiar de nombre, probablemente para evitar más errores como ese y líos legales, ya que los otros Earth habían publicado música e incluso estaban en las listas de ventas.
Mientras pensaban en una alternativa, ellos seguían tocando y haciéndose hueco, y llegaron a actuar en el mítico Marquee de Londres, cuna en la que dieron sus primeros pasos bandas como AC/DC, The Rolling Stones, The Who, Led Zeppelin, Yes o David Bowie, que militaba entonces en un grupo de blues llamado Manish Boys. Quizá para cerrar el círculo, justo en el Marquee fue el último concierto de Earth y el primero de Black Sabbath.
Después de unos cuantos conciertos, Tony propuso un día que deberían dejar de tocar blues y hacer canciones más oscuras y «malvadas». Lo recuerda Geezer: «Estábamos yendo a ensayar y, cruzando la carretera, había un cine en el que estaban proyectando una película de miedo. Tony dijo: "¿No os parece gracioso que la gente pague para ver una película que les asuste tanto? ¿Por qué no intentamos hacer eso con la música? Como un tipo de música malvada"».
Y así fueron aprovechando las citadas residencias, en las que muchas veces tenían que rellenar un repertorio diferente cada noche de 45 minutos. Ni la más prolífica banda novel podría contar con tantas canciones en tan poco tiempo, así que decidieron tomar esas actuaciones como «ensayos con público». Fueron surgiendo ideas de nuevas canciones cada vez más siniestras, pero seguían sin encontrar un nombre que les convenciera.
Decidieron reunirse un día para tratar este asunto. Ozzy, cumpliendo con el rol de payaso que asumió desde el principio, propuso «Jimmy Underpass And The Six Way Combo», aunque, afortunadamente, Geezer, que llegó tarde al encuentro y con cara de situación, dijo: «Lo tengo, tengo el nuevo nombre». Hizo una pausa dramática y disparó: «Black Sabbath». Se hizo el silencio y Jim Simpson, que también estaba allí, dice que los chicos tardaron dos segundos en gritar «¡sí!» a la propuesta del bajista. «El nombre sonaba misterioso, le daba a la gente algo en que pensar, y nos dio una dirección que seguir», confiesa Tony. Era como una declaración de principios. Mientras los Beatles cantaban optimistas «yeah, yeah, yeah», Ozzy gritaba «no, no, por favor, no».
Por supuesto, el contexto histórico y cultural hacía mucho. Era verano de 1969 cuando decidieron convertirse en Black Sabbath y, como ya repasamos en anteriores páginas, había un ambiente de crispación y agitación en todo el mundo, con la Guerra Fría por un lado y el movimiento hippie por otro.
