Bobbio: los intelectuales y el poder - Laura Baca - E-Book

Bobbio: los intelectuales y el poder E-Book

Laura Baca

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Beschreibung

El filósofo italiano Norberto Bobbio afirma que toda su obra políticamente comprometida puede considerarse y discutirse bajo el ángulo de los intelectuales y su función en la sociedad. Este volumen es un ensayo dedicado al tema. La autora, que trabajó de cerca con Bobbio, realiza un cuidadoso seguimiento de los compromisos de éste con su pensamiento y su momento histórico.

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Seitenzahl: 397

Veröffentlichungsjahr: 2014

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A los míos

AGRADECIMIENTOS

Este trabajo no habría sido posible sin la valiosa contribución de varias personas e instituciones. En primer lugar, deseo agradecer al profesor Norberto Bobbio su enorme paciencia y la gentileza de haberme obsequiado un tiempo invaluable para la lectura de las diversas versiones de este trabajo. También agradezco infinitamente al profesor Arturo Colombo su enorme disponibilidad para orientarme en la investigación para este trabajo; de la misma manera lo hago con el profesor Michelangelo Bovero por sus útiles indicaciones y sugerencias, que han enriquecido el contenido del texto. No puedo dejar de mencionar a la Fundación Luigi Einaudi de Turín por los apoyos recibidos y por haber puesto a mi disposición su importante acervo bibliográfico, así como por haberme permitido intercambiar ideas y discutir tesis con estudiosos de la obra de Norberto Bobbio de distintas partes del mundo. Entre los especialistas italianos que deseo recordar y a quienes este trabajo debe mucho, están los profesores Maurilio Guasco, Franco Sbarberi, Pier Paolo Portinaro, Pietro Polito, Piero Meaglia, Francesco Tuccani y Enrico Lanfranchi; a este último mi más sincero reconocimiento por haberme permitido escudriñar en sus archivos bobbianos. También deseo mencionar a Isidro H. Cisneros, cuya compañía intelectual fue útil en las largas discusiones a que sometí este trabajo.

Finalmente, agradezco al CONACYT la posibilidad brindada para que una mexicana pudiera llevar a cabo sus estudios de doctorado en el extranjero. Estoy segura que su labor es muy importante para el desarrollo de la historia de las ideas en México, tradición de pensamiento en la que el presente trabajo se inscribe.

PRESENTACIÓN

El tema ha sido bien seleccionado. El problema de los intelectuales y de sus diferentes actitudes de cara al poder ha sido uno de los temas de los que me he ocupado con mayor continuidad durante el curso de mi vida. Creo que toda mi obra políticamente comprometida puede ser considerada y discutida bajo el ángulo visual del problema de los intelectuales y de su función en la sociedad. También mis estudios históricos tienen relación en gran parte con la historia de los intelectuales, y con los intelectuales italianos bajo el fascismo y en la lucha contra el fascismo.

La investigación de Laura Baca tiene sobre todo el mérito de haber integrado una riquísima documentación, que comprende no sólo mis obras mayores, sino también mis escritos menores y mínimos, como artículos de periódicos y entrevistas; el segundo mérito consiste en haber intentado dar un orden sistemático al enorme material recuperado, habiéndolo distribuido en dos partes, de la cual la primera, de carácter más teórico, se relaciona con la naturaleza y la función de los intelectuales, la segunda, de carácter más histórico, reconstruye la historia de los intelectuales italianos en tres fases: durante el fascismo, en la lucha contra el fascismo y, en los últimos años, durante la crisis de las ideologías; como tercer mérito señalo la claridad de la exposición que permite al lector, aun al no especialista, hacerse una idea precisa del argumento de la relación entre los intelectuales y el poder.

El libro se enriquece con un apéndice de breves biografías que son de gran utilidad sobre todo para el lector no italiano.

Considero en su conjunto esta investigación una preciosa contribución para un mejor conocimiento de mi obra en uno de sus aspectos principales: los intelectuales.

Norberto BobbioTurín, Italia.

IINTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ELECTRÓNICA

El libro Bobbio: los intelectuales y el poder, publicado en 1998 por editorial Océano, trata una problemática de gran actualidad en estos tiempos de cambio político. Independientemente de su contexto histórico, filiación política o ideológica, los intelectuales, según Norberto Bobbio no sólo son representantes del poder ideológico, sino que por medio de las ideas, los símbolos y la transmisión de creencias y valores ejercen una fuerte influencia en la política y en la sociedad.

De acuerdo con Bobbio, no hay un análisis metahistórico de los intelectuales, es necesario estudiar caso por caso, sociedad por sociedad, historia por historia, contexto por contexto. Si bien este libro se enfoca en la vida y obra de los intelectuales italianos del siglo XX, se trata de modelos significativos sobre la importancia del rol de los hombres de cultura en momentos de transformación social. Por ejemplo, cómo los intelectuales italianos lograron, gracias a la promoción de un determinado tipo de ideas, transitar de un régimen autoritario, como el fascismo de Benito Mussolini, a una democracia republicana que continúa hasta nuestros días.

Cabe destacar, dice Bobbio, lo fundamental de estudiar la perenne relación entre la cultura y los intelectuales y el poder político, representado este último por quienes toman las decisiones en un determinado país. Esta relación permanente a veces se encuentra en armonía, otras veces es distante o crítica y en otras ocasiones es de franca oposición. Cada una de las actitudes y tareas de los intelectuales vigoriza, sin duda, la cultura laica y el pluralismo ideológico, elementos fundamentales que deben imperar en una sociedad democrática en la que se respeten la promoción y la innovación de las ideas para cambiar la realidad.

Con la publicación de la versión electrónica de Bobbio: los intelectuales y el poder es posible encontrar de nuevo las claves para interpretar el rol de los “men of ideas” en las sociedades actuales, donde estos sujetos tienen la notable responsabilidad de criticar y elaborar propuestas para lograr una mayor equidad y justicia entre los individuos, y para construir una democracia en la que la sociedad y sus intelectuales tengan una participación primordial en la toma de las decisiones políticamente significativas, desde la Universidad, pasando por toda una serie de medios impresos y electrónicos, en los que ejercen su libertad de expresión.

INTRODUCCIÓN

El filósofo Norberto Bobbio puede ser considerado como uno de los principales protagonistas de la cultura italiana contemporánea y es uno de los últimos testimonios de la historia del siglo XX. Su obra es vasta y comprende —además de los argumentos “técnicos” de la filosofía del derecho— una rica gama de temas, como, por ejemplo, el nexo entre la democracia y el liberalismo, el problema de la paz y de la guerra, la cuestión de los derechos humanos, etcétera. Dentro de este amplio espectro de intereses cumple un papel decisivo el complejo conjunto de problemas que existe entre la política y la cultura. El estudio de esta relación puede considerarse central en su reflexión teórica y política, no sólo porque sus escritos sobre el asunto comienzan a partir de los años cuarenta y se prolongan hasta nuestros días, sino porque poseen una doble característica: por un lado, nos presentan a Bobbio como un intelectual comprometido con su circunstancia histórica y, por el otro, constituyen un punto de referencia teórica muy útil para el estudio de las relaciones entre los intelectuales y el poder político. El presente trabajo está dedicado al estudio de tal problema y a las importantes consecuencias que se derivan de él.

Es importante precisar que la mayoría de estos escritos reflejan una singular actualidad y son retrato fiel del comportamiento ético y político de Bobbio. Esta coincidencia entre sus tesis teóricas y su práctica política como intelectual ha suscitado gran interés, como lo pueden constatar los numerosos análisis elaborados al respecto. En el curso de sesenta años de estudio, Bobbio ha discutido el nexo que existe entre la política y la cultura, proponiendo cada vez diferentes perspectivas y planteando constantemente nuevas interrogantes. Como hombre de cultura, ha evitado asumir posiciones preconcebidas y debe considerársele como un intelectual en constante búsqueda; es decir, no posee ni proclama verdades absolutas sino que procura aclarar y profundizar las actitudes y diferentes posiciones de los intelectuales. Es importante subrayar que Bobbio siempre ha adaptado sus respuestas, reaccionado como estudioso a un mundo que se transforma. En este sentido, su preocupación no ha sido resolver de una vez y para siempre la antigua relación entre la política y la cultura, sino más bien analizar de vez en vez, de acuerdo con las diferentes circunstancias históricas, el comportamiento político de los hombres de la cultura, tratando de demostrar cómo las mismas actitudes políticas pueden transformarse según el cambio de condiciones. A este propósito, su reflexión se desarrolla a lo largo de dos líneas paralelas: por un lado, en relación con su propia experiencia de vida, en particular después de la segunda guerra mundial, periodo en el que enfrenta de modo especial el problema de la responsabilidad política de los intelectuales (como resulta, por ejemplo, del libro Politica e cultura, que es una antología de ensayos publicada en 1955); y del otro lado, ha estudiado el papel político de los intelectuales en periodos históricos anteriores (el periodo del fascismo resulta ser el más significativo). A causa de la gran cantidad de escritos y de la diversidad de temas, existen algunos problemas de método en la presentación cronológica de los escritos sobre política y cultura. Uno de los problemas más evidentes resulta del hecho que Bobbio ha evitado ocuparse de un solo tema. Al contrario, en un mismo periodo sus escritos se refieren a problemas diversos y no siempre complementarios. Por ejemplo, en 1978 Bobbio publica artículos o ensayos sobre la cultura laica, sobre el comportamiento de los intelectuales en relación con el poder político, además de ensayos que estudian la responsabilidad de algunos personajes italianos de cara a los problemas cruciales de su tiempo. Por esta razón, preferí presentar los problemas estudiados por Bobbio en riguroso orden temático, ayudándonos de una periodización histórica.

Es oportuno anticipar que en la lectura de estos escritos utilicé como clave interpretativa la relación que existe entre los intelectuales y el poder político. Esta clave es un punto constante de referencia con el que Bobbio ha discutido los diversos problemas que se relacionan con todo aquello que concierne a los hombres de la cultura. Algunas de las interrogantes son, por ejemplo, cuál es la naturaleza política de la cultura, cuál es la función política de los intelectuales, cuál es el tipo de actividad política que deben desarrollar los hombres de cultura, cuáles son los instrumentos de acción política que tienen que ver con la cultura (y, en este sentido, cuáles son las razones que distinguen la función política de los intelectuales de la acción política de los políticos), cuáles han sido las diferentes actitudes asumidas por los intelectuales de frente al poder político. Todas estas preguntas pueden agruparse en torno a tres grandes temas: el primero se relaciona con quiénes son y qué hacen los intelectuales; el segundo tema se refiere a las diferentes interpretaciones sobre su función política; y el tercero toma en consideración a algunos intelectuales italianos más representativos. Para este fin el libro contiene un anexo biográfico referido a los más importantes intelectuales que acompañan la reflexión de Norberto Bobbio en el transcurso de su obra.

Examinando el primer tema, con el que inicia este trabajo, emerge con gran claridad cómo al analizar algunas de las diferentes definiciones existentes, Bobbio selecciona la que considera la más apta para entender quiénes son los intelectuales y cuáles son sus funciones o tareas. Su tesis fundamental es que al intelectual no puede considerársele como una figura metahistórica, sino que nace, se desarrolla y se transforma en un determinado contexto histórico. Bobbio advierte además que no es posible ofrecer una respuesta imperativa de carácter absoluto sobre los intelectuales, la cual puede resultar falsa, porque olvida que lo importante es discutir sobre cuál intelectual sirve en relación con qué política. Otro punto del análisis se refiere a las respectivas funciones de los hombres de la cultura; en este punto veremos cómo Bobbio resalta las profundas diferencias que existen entre la tarea propia de los intelectuales y específica de los políticos interrogándose si el intelectual debe o no obedecer a las directivas de poder político. Discute por otro lado la célebre antinomia weberiana: la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Es importante señalar que en los últimos años Bobbio presentó otra propuesta para poder distinguir a los intelectuales no según su concepción de la política y de la cultura, característica de su análisis acerca del fascismo y del periodo de los años cincuenta, sino que en esta ocasión su enfoque se centra en las diferentes éticas de los intelectuales. Con este propósito, ilustro otras dos figuras-tipo: la del ideólogo y la del experto.

Para el primer capítulo he tomado en consideración diversos textos publicados sobre todo en los años setenta. En 1976 Bobbio colabora en el periódico La Stampa con un texto que tendrá gran importancia para el debate de los años siguientes: “Gli intellettuali amici ma critici”;1 un año después, en una reunión promovida por el Club Turati sobre “Los partidos y la cultura”, pronuncia un discurso introductorio con el título “Gli intellettuali e il potere”, en el que enfrenta dos cuestiones fundamentales: la primera se refiere a la pregunta: ¿cuál es la función de los intelectuales?, y la segunda ofrece una respuesta al problema: ¿cuál debe ser en la coyuntura actual la tarea política del intelectual? Para responder a la primera pregunta Bobbio sostiene que es necesario ubicarse en el nivel de la descripción utilizando un “punto de vista intermedio”2 que considere las tareas que los intelectuales asumen en la vida civil y política. Respecto al segundo problema, advierte que es necesario ampliar el discurso más allá del enfoque sociológico e histórico para enfrentar el análisis en el nivel de la prescripción; es decir, para realizar un “discurso de ética” o, en otras palabras, un discurso sobre “la política de los intelectuales” (que él caracterizará como el papel de los “intelectuales en la política”), señalando que se trata de un discurso propositivo, normativo o prescriptivo. “Es un discurso —afirma— no sobre aquello que los intelectuales son o hacen sino sobre aquello que deben ser o hacer.”3 También es de 1977 el artículo publicado en el periódico Corriere della Sera con el título: “Intellettuali vi esorto alla critica”.4 El año siguiente aparece la voz “intellettuali” en la Enciclopedia del Novecento, considerada como el estudio más completo y sistemático de este periodo, no sólo porque trata en primer lugar: a) el tema de los intelectuales, sino porque responde a la pregunta, b), quiénes son los intelectuales, resaltando los diversos, c), tipos de intelectuales, partiendo del, d), origen del nombre. Del mismo modo enfrenta la dicotomía, e), entre el intelectual revolucionario y el intelectual puro, prosiguiendo con la, f), gran prueba del intelectual puro y, g), con la gran prueba del intelectual revolucionario, para concluir con la dicotomía entre, h), traición o deserción, sin olvidar mencionar qué significa, i), el antiintelectualismo.5 Es también de este año el ensayo “Presenza politica della cultura”, que presentó a la XIV Asamblea General de la Sociedad Europea de Cultura; en esa ocasión, discutió sobre la responsabilidad política de los intelectuales. Escribe Bobbio que cada vez que la escena política es atravesada por una acción política que sale de los esquemas tradicionales, se discute con particular fuerza la relación que existe entre los intelectuales y la política, y viene a colación con renovada insistencia la pregunta: ¿y los intelectuales qué piensan?6 Afirma que si bien el tema es ciertamente antiguo, esto se explica sobre todo porque las relaciones entre la política y la cultura no han sido relaciones pacíficas, debido a la diversidad de fines que ambas persiguen. En esta perspectiva es necesario defender, según Bobbio, una genuina política de la cultura entendida como una alternativa capaz de defender el proyecto político de la cultura, tanto en contra de la cultura apolítica como en contra la política de los políticos. El discurso no termina aquí, en 1979 escribe en el periódico Avanti! un artículo que, desde el título, “Quale intellettuali e per quale politica”, repropone una serie de puntos que he tomado en consideración. Bobbio aclara que si bien es cierto que algunos autores sostienen que la tarea de los intelectuales es la de combatir el poder constituido, hay otros, al extremo opuesto, que insisten en defender las razones del poder. Bobbio no acepta ninguna de estas propuestas, convencido de que no existe una sola política de los intelectuales que nos autorice a decir que los intelectuales deben hacer una cosa en vez de otra, sino que existen muchas. Es una convicción de Bobbio afirmar una vez más que el problema de la relación entre los intelectuales y, el poder termina por presentarse como un falso problema frente a aquello que considera la cuestión decisiva enunciada ya en el título: “Cuál intelectual para cuál política”.7 En 1979 responde a las críticas provocadas por su ensayo precedente sobre “Gli intellettuali e il potere”: Bobbio interviene y discute “I pre e i post dell’intellettuale”. En este breve artículo explica cómo llegó a proponer simplemente una figura ideal del intelectual, la cual respecto a la política debe ser independiente pero no indiferente.8 El mismo concepto lo plantearía en 1980 en un artículo publicado en un periódico romano, con un título muy significativo: “Non si può essere insieme scienziato e politico”.9 En los años siguientes encontramos numerosas colaboraciones: en 1981, por ejemplo, el ensayo “La cultura italiana fra Ottocento e Novecento” y el artículo “L’intellettuale dissobediente”. En 1984, en el prefacio al libro Maestri e compagni, Bobbio está convencido de la imposibilidad de analizar la función de los intelectuales si se les limita a una sola categoría: “Cada discurso sobre la función de los intelectuales —escribe— siempre me ha parecido genérica y estéril; no existe una categoría de intelectuales de los cuales se pueda decir que tienen una función específica en la sociedad.”10 En 1989 interviene en el congreso sobre “Cultura y Tercera Edad”; en esta ocasión reafirma su clásico leitmotiv: “A mi parecer, la cultura no se identifica con el saber, que supondría que más cultura tiene quien más sabe antes que todo es el ejercicio continuo de la propia inteligencia (que es lo que distingue a los hombres de los animales), en vista del saber y gozar de este ejercicio. Entiendo por cultura, en sentido activo, el esfuerzo continuo por adquirir el saber, no, en sentido pasivo, el patrimonio adquirido, que puede ser grande o pequeño, según las propias capacidades y los propios estudios. El hombre culto no es el hombre que sabe muchas cosas, sino el hombre que tiene el gusto y la capacidad de aprender, sean muchas o pocas las cosas que logrará saber”.11

En relación con las diferentes interpretaciones sobre la función política de los intelectuales —el segundo tema de este trabajo—, Bobbio trae a discusión el papel asumido por diferentes autores: Julien Benda Romain Rolland y Benedetto Croce, en relación con el intelectual puro; Karl Mannheim y José Ortega y Gasset, respecto al intelectual educador; Antonio Gramsci, por lo que concierne al intelectual revolucionario; y finalmente Carlo Cattaneo, como modelo del intelectual militante En el segundo capítulo trato de confrontar las propuestas de Bobbio con las de otros autores que, a su vez, han enfrentado el problema de la política de los intelectuales. Los escritos relativos a esta amplia temática son muchos y se han publicado en un lapso de tiempo que va desde los años cincuenta hasta hoy. Entre los escritos más importantes figura la “Introduzione all’inchiesta su intellettuali e classe política”, que aparece en 1954,12 en donde elabora una significativa tipología de las diferentes concepciones sobre la función política de los intelectuales, que sirve a Bobbio para confrontar la actitud política de los autores mencionados.

El primer personaje tomado en consideración es Julien Benda, sobre quien Bobbio ha publicado diversos textos, el primero es el ensayo “Cultura vecchia e politica nuova” de 1955.13 Un año después, escribe en la revista Il Ponte en recuerdo de la batalla política que condujo Benda contra los intelectuales traidores,14 y regresa al tema en 1957, al hacer una reseña de un trabajo de Robert J. Niess.15 En 1962 el escritor francés se convierte de nuevo en referencia para discutir acerca de los “Profeti della crisi europea”.16 En los años siguientes Bobbio continúa expresando su admiración,17 sin dejar de hacer referencia a Benda en su importante libro Le ideologie e il potere in crisi publicado en 1981.18

Romain Rolland constituye para Bobbio el segundo ejemplo de intelectual puro, de un intelectual que con su actitud frente a la primera guerra mundial se le puede considerar como un personaje que no quiso hacer compromiso alguno con las turbias pasiones nacionalistas de las partes en conflicto.19 La misma fórmula al di sopra della mischia —es decir “más allá de la contienda”—, propuesta por Rolland, será recuperada por el mismo Bobbio en 1954 en relación con su primera fenomenología de las relaciones entre cultura y política, que puede tomarse como un punto de partida para el estudio de las diversas actitudes políticas de los hombres de la cultura.20

De gran interés son los numerosos artículos y ensayos que Bobbio ha dedicado a Benedetto Croce, convencido de que como intelectual representó la conciencia moral de muchas generaciones, gracias a su constante exhortación a los hombres de la cultura para mantener vivo el ideal ético de la libertad en contra de la política que es poder.21 Los primeros escritos sobre este filósofo se remontan a 1952, y se publicaron en las revistas Occidente y Comunità. Bobbio precisa desde entonces que Croce ha definido principios fundamentales de la convivencia civil, la libertad como ideal moral y no sólo como institución, la independencia de la idea de libertad de su ejercicio en las diferentes formas económicas, el universalismo de la cultura más allá de las fronteras, el deber del intelectual de no obedecer otra ley que la de la verdad.22 Bobbio sostiene que es necesario reconocer en Croce un ejemplo de equilibrio espiritual, de claridad mental, de sentido de las exigencias de nuestro tiempo;23 en 1953 publica “Croce e la politica della cultura”, uno de sus ensayos más significativos en el que resalta la importancia atribuida por Croce a la función histórica de los intelectuales. En esta ocasión Bobbio recupera una idea constante de su pensamiento: “Los hombres de cultura (en especial los filósofos) tienen una responsabilidad y una función política como hombres de la cultura”. Esta preocupación, según Bobbio, no sólo fue teorizada, sino que los diversos comportamientos políticos que Croce asume fueron constantemente acompañados o sostenidos por una consideración general de la función política de los intelectuales.24 Existen además otros aspectos de su personalidad y de su obra que Bobbio ha subrayado en reseñas.25 Una de las más significativas, por ejemplo, me parece la escrita a propósito del libro de Stelio Zeppi, en la cual Bobbio afirma que “con el pasar de los años, en Croce se fue acentuando el contraste entre vida ética y vida política, y mientras en los años de la primera guerra mundial se había detenido, casi deslumbrado, frente al momento de la fuerza (el momento político), en los años de la resistencia al fascismo exaltó el momento de la libertad (el momento ético)”.26 Asimismo en 1955, en el ensayo “Benedetto Croce e il liberalismo” publicado en la Rivista di Filosofia, Bobbio ilustra cuál fue la postura política de Croce durante el fascismo: “Cualquiera que hubiera participado de las ansias y de las esperanzas de aquellos años, hablo, se entiende, de los intelectuales —escribe Bobbio—, no puede olvidar que el camino maestro para convertir al antifascismo a los indecisos era hacer leer y discutir los libros de Croce”.27 Algunos años después, en 1958, al publicar Teorie politiche e ideologie nell’Italia contemporanea, Bobbio repetirá la tesis central de la filosofía política de Benedetto Croce: la autonomía de la actividad política respecto a la actividad moral, entendiendo con esto que la política era distinta (pero no opuesta) a la moral.28 Más tarde, en 1961, publica además de Un invito a Croce,29 el ensayo “Benedetto Croce. A dieci anni della morte”; este último en clave autobiográfica, para ilustrar la influencia que tuvo Croce en su formación, distinguiendo en el pensamiento de Croce la actitud de vida de aquélla que denomina la metodología de la investigación. Se trata de un ensayo muy significativo por las referencias a otro punto clave del discurso bobbiano: la función o el oficio del filósofo en la cultura.30 Más adelante, precisamente en 1966, Bobbio participa, en ocasión de los cien años del nacimiento del escritor y filósofo napolitano,31 escribiendo un testimonio publicado en la revista La Fiera Letteraria, que recupera la influencia ejercida por Croce como maestro de cultura y vida moral en la formación de Piero Gobetti.32 En el Profilo ideologico del novecento, que es de 1969, Bobbio dedica un capítulo entero a este filósofo, y en la edición de 1972 añade otro con el título “Croce oppositore”, en el que describe la batalla que en tres frentes había conducido el filósofo napolitano. Bobbio explica cómo a través de la idea de libertad y de la teoría del liberalismo, Croce rechazaba en primer lugar que el fascismo, como predicaban los seguidores de Giovanni Gentile, “fuera el verdadero liberalismo [...] el segundo error, no ya historiográfico sino teórico, era la concepción del Estado ético [...] el tercer error, más grave, era al mismo tiempo teórico e historiográfico: los defensores del nuevo Estado declaraban que el liberalismo estaba para entonces muerto”.33 Llegamos así a 1977; en este año Bobbio publica tanto un artículo titulado “Un maestro di questo secolo”,34 como un volumen denominado Trent’anni di storia della cultura a Torino, en el que no dejará de recordar la influencia ejercida por Croce en el ambiente Turínés. Además de punto de referencia para un compromiso político antifascista, fue maestro de la vida moral.35 Estos escritos sobre el filósofo napolitano demuestran cómo Bobbio ha mantenido una continua reflexión sobre este intelectual que hasta hoy perdura, como lo evidencia el sugerente testimonio publicado con el título “Ho scelto Croce” de 1989.36

En relación con Karl Mannheim y con José Ortega y Gasset, tendré oportunidad de aclarar cómo Bobbio se ha ocupado esencialmente de estos autores —a diferencia de Benda y de Croce—para criticar sus interpretaciones. En la citada “Introduzione all’inchiesta su intellettuali e classe política”, Bobbio sostiene que la concepción mannheimiana sobre la función política de los intelectuales es teórica, pero también mediatamente política, en el sentido que Mannheim asigna a los intelectuales la tarea de sintetizar las diferentes ideologías para abrir el camino a nuevas orientaciones políticas. Según Bobbio, en esta interpretación, que ve en los intelectuales individuos sin clase encargados de la síntesis, se pasa insensiblemente a proclamar que los intelectuales, utilizando una célebre fórmula, estén más allá de la contienda. Del mismo modo, supone que la función del intelectual es no comprometerse con ninguna de las partes contendientes.37 Algunos años después, Bobbio se ocupa de nuevo de este autor; en la definición de “intellettuali” aclaró que: “La solución de Mannheim, [...] no sólo teorizaba sino que fundaba o creía fundar críticamente la tesis de la diversidad entre el papel de mediación y de política a largo plazo y el papel político inmediato de los intelectuales, la cual era diametralmente opuesta a la tesis que en aquellos años Gramsci estaba elaborando en sus reflexiones de la cárcel”. E insiste en explicar que este autor se encuentra en la línea que parte de la separación entre compromiso intelectual y compromiso político, sin excluir el interés activo de los intelectuales por los problemas de la ciudad.38

Con respecto a José Ortega y Gasset, Bobbio ha resaltado cómo este autor creía firmemente que la función de los intelectuales era esencialmente una función educadora de las masas. En 1954, por ejemplo, en “Intellettuali e vita política in Italia” afirma que este autor considera a los intelectuales como la parte viva, progresista y moderna de la nación en contraposición a las masas, fruto de la democracia morbosa de nuestro tiempo. Según Bobbio, el escritor español funda sus propias esperanzas en una regeneración no sólo de la España invertebrada, sino también de Europa. Más adelante añade que es importante no olvidar que: “La consideración del intelectual como élite dirigente, expresada por Ortega, genera fácilmente un sentido de separación y de fastidio de la política, condenada como cosa inferior [...] y la salvación en tal caso es buscada, como ocurre al propio Ortega, en el aislamiento y en el recogimiento interior, que es un modo de lavarse las manos”.39

Por otro lado está Antonio Gramsci, considerado como uno de los exponentes clásicos de la categoría de los “intelectuales revolucionarios”.40 Bobbio se ha ocupado en muchas ocasiones de diversos temas gramscianos, como son: el problema del Estado y su relación con la sociedad civil; la relación entre hegemonía y dictadura; la relación entre consenso y fuerza; sin olvidar la famosa teoría gramsciana de la función política de los intelectuales. Desde 1951, en el ensayo “Invito al colloquio”, Bobbio afirma estar “a favor de las razones del pensamiento crítico contra las no razones del pensamiento dogmático”.41 Del mismo modo comparte la propuesta gramsciana acerca del “derecho de investigar”,42 entendida como el derecho que tiene el hombre de la cultura de no aceptar los términos de la lucha en la forma en la que se presentan, sino de discutirlos, de someterlos a la crítica de la razón. También en 1954, encontramos otra referencia a la obra de Gramsci en el ya citado “Intellettuali e vita política in Italia”, en el que reconoce que el pensador originario de la isla de Cerdeña consideró el problema de la historia y de la organización de los intelectuales en Italia como uno de los grandes temas a los cuales hubiera querido dedicar sus estudios; y en este momento, sus notas (recopiladas sobre todo en el tercer volumen de sus obras, con el título Gli intellettuali e l’organizzazione della cultura) son las únicas reflexiones que tenemos y que merecen suscitar nuevos estudios.43 También en 1958, Bobbio interviene no sólo con una “Nota sulla dialettica in Gramsci”, sino con el ensayo “Teorie politiche e ideologie nell’Italia contemporanea”, en el cual profundiza los elementos que componen la propuesta gramsciana de la hegemonía, y trata de resaltar la influencia que ejercitaron determinados autores y corrientes en el pensamiento de Gramsci. En un artículo-reseña de 1969 constató que las nuevas tendencias que emergían de los estudios gramscianos de esos últimos años presentaban a Gramsci como un escritor político, enemigo del compromiso, de la pequeña política cotidiana, que lucha en nombre de la política que se renueva aun a costa de comenzar desde los cimientos; lo presentaban también como un teórico maduro que posee una nueva concepción del Estado y del partido, de las relaciones entre clase y partido, de las tareas del intelectual revolucionario.44 Con el ensayo “Gramsci e la concezione della società civile”, de 1969, recupera en primer lugar el significado dialéctico de la relación entre el intelectual y la sociedad civil, que para Gramsci implicaba una especie de relación de doble sentido (biunívoca); es decir, que los intelectuales y la masa se influyen recíprocamente.45 El mismo tema viene recuperado en parte a propósito de “Gramsci nella cultura italiana del dopoguerra”, en el cual Bobbio, a través de la descripción del ambiente político-cultural italiano durante y después del fascismo, explica cómo muchos jóvenes constataron la esterilidad cultural del régimen mussoliniano, gracias a que tuvieron contacto con algunas de las corrientes más vivas del pensamiento europeo, y advierte que no pocos de ellos permanecieron casi completamente ajenos al marxismo. Como afirma Bobbio: después que fueron publicados I Quaderni del Carcere aprendimos que el marxismo no sólo no había muerto sino que había suscitado una de las más grandes obras filosóficas de esos años. A partir de estas afirmaciones, Bobbio replantea en muchas ocasiones una serie de interrogantes: ¿quiénes son los intelectuales?, ¿cuál es su función en la sociedad?, ¿cuál es su filiación de clase?, ¿cuál es el lugar que ocupan respecto de la acción política?, ¿están arriba de la política, o abajo (sin darse cuenta)?, ¿cuál es su misión histórica? Dar una respuesta a estas preguntas significaba —si seguimos los pasos de Gramsci— tomar conciencia de que éste era un pensamiento original —en el sentido que no era existencialista, pragmático, idealista ni materialista— y que estaba estrechamente entrelazado con su propia historia y no hubiera sido concebible fuera de la historia cultural y política de la nación italiana.46 Un discurso análogo presenta Bobbio, por ejemplo, en 1978, en el ensayo “Gramsci e la cultura politica italiana”, publicado en la revista Belfagor, en la que hace una descripción del panorama de la cultura política y jurídica italiana. En este contexto menciona los autores que influyeron en Gramsci, con lo que se verifica además cuáles fueron los temas que el pensador sardo no tuvo tiempo de tomar en consideración.47 Es importante no olvidar los análisis publicados en la revista Nuova Antologia con el título La svolta di Gramsci de 198748 y el opúsculo “Gramsci e la teoria politica”. En ambos casos Bobbio resalta la importancia que tiene en el pensamiento de Gramsci la obra de los intelectuales en la formación de la conciencia de las masas.49 Un “filo rosso” permanece también en la más reciente recopilación de los Saggi su Gramsci.50

En la segunda parte de este trabajo me detengo en la descripción de una serie de intelectuales que han ocupado un lugar relevante en la obra de Bobbio. Estos retratos han sido construidos según la relación que cada intelectual estableció con el poder político. En general, Bobbio delinea las figuras de esos intelectuales a partir de dos premisas fundamentales: la primera se refiere a la concepción específica que cada intelectual posee de la política y de la cultura. Según Bobbio, de acuerdo con el significado que se da a estos dos conceptos —y ésta es la segunda premisa— el hombre de cultura establece una determinada relación con el poder político. A partir de lo anterior, he verificado las diferentes posturas políticas que mantuvieron los intelectuales italianos en algunos de los momentos decisivos de la historia contemporánea. Del mismo modo, he distinguido ocho figuras de intelectuales, cada una de las cuales puede considerarse como un Idealtypus weberiano a la luz de la siguiente pregunta: ¿cuál intelectual para cuál política? Veremos, una vez más, cómo este tema está estrechamente ligado tanto a la concepción que Bobbio tiene de los intelectuales como a las diversas concepciones elaboradas por otros autores. Es decir, existen coincidencias o divergencias entre las sugerencias ofrecidas por Bobbio a propósito de Benda, de Mannheim o de Gramsci y los retratos de otros intelectuales italianos. Estas “fotografías” demuestran la riqueza —por la multiplicidad de las posturas y de los comportamientos— que caracteriza el mundo de los intelectuales propuesto por Bobbio. Al mismo tiempo, estas figuras tomadas en consideración nos permiten entender en qué medida Bobbio ha sabido confrontarse con otros intelectuales de su tiempo y cómo delineó una historia, un perfil de los intelectuales de este siglo. En relación con el periodo que comprende el nacimiento y la caída del fascismo, Bobbio distingue las figuras del intelectual fascista, del intelectual puro y del intelectual antifascista (tema del que me ocupo en el capítulo tercero). En relación con el final del segundo conflicto bélico emergen otras figuras: además del tradicional intelectual puro, surgen el intelectual revolucionario y el intelectual militante (de estas figuras me ocupo expresamente en el cuarto capítulo). En relación con los últimos treinta años de historia italiana, Bobbio distingue otras dos figuras, el intelectual ideólogo y el intelectual experto (tema que abordo en el capítulo quinto). Asimismo me parece importante aclarar que el mismo Bobbio puede ser equiparado con la figura de “intelectual militante”, no sólo porque como hombre de la cultura ha tenido un papel protagónico en el debate cultural desde los años cincuenta hasta nuestros días, sino, desde mi punto de vista, porque la figura de Bobbio puede ser comparada con la del “intelectual mediador”, el cual se distingue y al mismo tiempo se contrapone con un tipo de intelectual que defiende una sola posición (representada por la fórmula bobbiana del “estar o aquí o allá”); a diferencia de éste, el intelectual mediador interviene, pero también decide asumir una postura más difícil que es la de estar aquí y allá (esta imagen la propone el mismo Bobbio).

Naturalmente que los escritos relativos a este último tema abarcan un periodo muy amplio que se inicia en los años cincuenta y concluye hasta nuestros días; estos escritos forman parte de la historia de los intelectuales italianos. En tal ámbito, el mismo Bobbio se reconoce como un actor con un papel preciso, y a través de sus ensayos describe por un lado el contexto político-cultural de la época, y por el otro, las posiciones que los diversos grupos de intelectuales asumieron, de vez en vez, en relación con el poder político. En 1951, por ejemplo, en una entrevista acerca del Partito d’Azione, Bobbio señala que durante el fascismo esta organización política representó un lugar de reunión entre diversos grupos de intelectuales, aquéllos que por causas políticas habían sido exiliados del país y aquellos grupos de intelectuales antifascistas que vivían en Italia, y precisa que tanto unos como otros tenían ante todo un ideal común, que era ser gobbetianamente “desesperados sacerdotes de la intransigencia”.51 En esos años, su preocupación por el estudio de la relación entre los intelectuales y el poder político se extiende y se enriquece. Muchos de sus escritos de este periodo fueron publicados en uno de sus libros más significativos, Politica e cultura; este volumen aparece en 1955 y coincide con el periodo de la reconstrucción de la democracia en Italia después de la caída del fascismo. Veremos en particular cómo alrededor de estos ensayos se desarrolla un intenso debate entre diversos hombres de la cultura acerca de la responsabilidad y de la función de los intelectuales en la sociedad, que todavía hoy posee gran actualidad. Los escritos de este periodo forman parte de su primera propuesta analítica sobre la función de los intelectuales. El análisis de estos escritos nos permite además conocer algunas de las figuras de intelectuales que han tenido un papel significativo en esta etapa de la historia italiana. En Politica e cultura Bobbio discute con diferentes tipos de intelectuales italianos, que pertenecen a diversas corrientes ideológicas, esto es, que se identifican ya sea con el marxismo, con el liberalismo o con el catolicismo. El debate se inicia en 1951 con el famoso ensayo “Invito al colloquio”, publicado en Comprendre, la revista de la Sociedad Europea de Cultura. Bobbio extiende una invitación a los hombres de la cultura para que, independientemente de su formación ideológica, o partidista, establezcan un diálogo, al que debe considerarse como un elemento fundamental de su tarea como intelectuales. Este ensayo es el punto de partida para delinear las características de las tres figuras-tipo propuestas por Bobbio para este periodo. Es importante recordar que este debate se desarrolla en el marco de la guerra fría, cuando el mundo fue, por así decirlo, dividido en dos partes: Occidente y Oriente, es decir, capitalismo contra comunismo. En este contexto, Bobbio lanza en 1952 una propuesta que denominará “política de la cultura”, que se contrapone a la “política cultural”, entendida como la política que es guiada, o en algunas ocasiones impuesta, por las directivas de los políticos.52 Aquélla es una propuesta dirigida a defender a la cultura contra cualquier tipo de instrumentación; salvaguardando los valores de la libertad y de la verdad. A partir de esta plataforma metodológica, Bobbio intenta construir simbólicamente un puente a través del cual trataba de reunir a intelectuales de diversas matrices ideológicas y políticas. Cuando publica “Difesa della libertà”, en polémica con Ranuncio Bianchi Bandinelli, Bobbio continúa insistiendo en que los hombres de la cultura deben tomar conciencia “de la grave situación de crisis en la cual nos encontramos, de desarrollar nuestra tarea y de asumir nuestras propias responsabilidades en defensa de la libertad y de la verdad”.53 Es importante resaltar que en este debate las figuras de intelectuales con las cuales Bobbio establece un coloquio son, por un lado, el intelectual politizado o marxista y, por el otro, el intelectual puro o apolítico. Otro punto del debate que enfrenta a Bobbio en estos años con diversos intelectuales italianos lo encontraremos en la discusión que sostuvo con el mismo Bianchi Bandinelli, a propósito de las relaciones entre el arte y el comunismo.

En esta ocasión Bobbio precisa que el debate no se resuelve cuando se responde si el arte es libre en los países de democracia occidental y es servil a la política en los países de democracia popular, el debate debe enfrentar más bien otra importante cuestión, esto es: ¿cuál es el valor de la libertad del arte?54 Poco después, extiende su análisis en los “Intellettuali e vita politica in Italia” proponiendo una primera y significativa fenomenología de las relaciones entre política y cultura, distinguiendo aquellos que considera los cuatro comportamientos típicos de los intelectuales. Bobbio los clasifica de la manera siguiente: 1) los intelectuales más allá de la contienda; 2) ni de aquí ni de allá; 3) de aquí y de allá; y, finalmente, 4) los predispuestos a la “síntesis”. Tales comportamientos, según Bobbio, los podemos encontrar con mucha claridad en las posiciones que los hombres de cultura asumen frente a los problemas políticos de su tiempo. Es más, en un escrito posterior denominado “Cultura vecchia e politica nuova” (l955), recupera estos mismos argumentos y a través de algunos recuerdos personales describe tres periodos importantes de la historia italiana; una primera fase corresponde a la llegada y a la consolidación del fascismo en el poder, que coincide con la fase de la llamada traición delos clérigos. Bobbio recuerda que: “Croce desde la época de la primera guerra mundial había acusado a los intelectuales que contaminaban la cultura con la política ofreciendo sus bajos servicios a los gobernantes de entonces. En la facultad de leyes que yo frecuentaba, este bajo servicio, aunque se ejercía con poco entusiasmo, casi como un fastidioso deber profesional, consistía en tratar de convencer de que el Estado fascista no era una dictadura sino un Estado de derecho”.55

La segunda fase, que coincide con la Resistencia, presenta características profundamente diferentes, más bien opuestas. Lo resalta inmediatamente Bobbio cuando sostiene que “la relación entre política y cultura nos pareció, respecto a la anterior, invertida. Mientras allá la cultura estaba al servicio de la política, aquí estaba la política, la nueva política, dirigida por la cultura, a la cual parecía que le había sido asignada la tarea extraordinaria de ponerse a la cabeza de la renovación nacional. ¿Qué eran los intelectuales hasta hoy? Nada. ¿En qué podían convertirse? En todo”.56 La tercera fase se refiere a los años posteriores a la segunda guerra mundial, considerable como una fase de reconstrucción pero también de discusión, de crítica, que ha sido reexaminada por Bobbio con una cierta amargura, especialmente cuando confiesa que “después de años de espera y de preparación estábamos listos para salir al campo; la lucha se desplazó fuera de nuestro alcance. En poco tiempo estuvimos, como hombres de la cultura que se ocupan de los problemas políticos, desempleados”. En este periodo, el comportamiento que prevaleció entre los intelectuales era protestar dentro y fuera de los partidos políticos. A pesar de esto, Bobbio fue capaz de reaccionar,57 al rechazar una filosofía de la evasión y perseguir, en cambio, la búsqueda de una más fértil filosofía militante, entendida como el modo de filosofar de quien no se queda a mirar las cosas desde lo alto de una sabiduría osificada, sino que desciende a estudiar los problemas concretos y sólo después de haber conducido una investigación minuciosa y metódica, toma posición. Es una alternativa sobre la cual insistirá con frases muy elocuentes: por ejemplo, cuando sostiene que: “hablar de filosofía militante significa pedirle a un filósofo no sólo aquello que piensa, sino también de qué parte se mete”.58 Esta última afirmación la repetirá en múltiples ocasiones, siempre con el fin de contribuir a delinear las características que atribuye a esta figura-tipo, resaltando cómo el intelectual militante debe saber utilizar la “fuerza no política”, que de acuerdo con el significado dado por Croce es sinónimo de “fuerza moral”, la cual debe considerarse como la fuerza típica del hombre de la cultura.59

En este punto conviene añadir que, en el itinerario bobbiano, los años sesenta constituyen un periodo muy relevante, porque son momentos de alargamiento y de profundización de sus reflexiones iniciales. En 1963, por ejemplo, en una convención organizada en Locarno, Suiza, sobre las relaciones entre “política y cultura”, Bobbio discute nuevamente las diferencias que existen entre la “cultura apolítica” y la “cultura politizada”, las cuales considera posiciones extremas porque son el resultado de dos concepciones sustancialmente equivocadas de la política: “la política entendida como poder y la política entendida, por el contrario, como eticidad”. De hecho, la cultura apolítica reposa en una concepción de la política como puro poder, y por tanto considera a esta última exclusivamente como una actividad dirigida a la conquista y a la conservación del poder; todo lo contrario a la cultura politizada que “eleva el medio a fin en sí mismo, intercambiando el medio con el fin”, y termina por considerar a la política como la actividad humana por excelencia, hasta el punto de llegar a sostener una auténtica concepción totalitaria del Estado. Bobbio advierte que si bien estas dos concepciones opuestas de la política están continuamente presentes en nuestra vida cotidiana, el deber del intelectual es contraponer como imperativo una “política de la cultura”, que significa política de la libertad.60

Es importante resaltar que los diferentes puntos de esta compleja temática provocan que continúe la discusión en los años siguientes. Sin embargo, haciendo una última referencia a este periodo, no podemos olvidar que la contribución más representativa la constituye el volumen Profilo ideologico del Novecento, de 1969 (enriquecido en la edición de 1986), en la que Bobbio diseña una especie de retrato colectivo de los diversos tipos de intelectuales italianos que han animado el panorama de este siglo.61 Con respecto a los años setenta, se puede decir que Bobbio no olvida las vicisitudes que pasó como protagonista de periodos anteriores de la historia italiana. Me refiero a las páginas escritas a propósito de “La Cultura e il fascismo”62 y las relacionadas con “L’attività di un intelletuale di sinistra”. Heredero del desaparecido Partito d’Azione, Bobbio afirma que estaba convencido que la función de los intelectuales era defender los principios fundamentales de la democracia avanzada sobre la cual se había establecido la convivencia civil en Italia después de la caída del fascismo, continuamente amenazada y violada no por los partidos de oposición sino por los partidos de gobierno. Ésta es una de las razones por las cuales Bobbio confiesa haber asumido siempre una actitud típica de alguien que era al mismo tiempo no comunista y no anticomunista, en un periodo en el cual —repetía— parecía que las opciones no podían ser más que radicales y obligadas: o de aquí o de allá.63 A propósito también de esa época,64 existe otro texto con el título “L’intellettuale socialista”, en el que describe los diversos tipos de intelectuales ligados al Partido Socialista Italiano, reconociéndose personalmente en el grupo de los poco comprometidos. En este mismo artículo analiza otro perfil de los intelectuales: “Al lado de los políticos de profesión, que pueden ser también intelectuales, y de los intelectuales de profesión, que pueden ser políticos, la mayor parte de los intelectuales de profesión no son políticos”.65 También en 1974 escribe “Le colpe dei padri” (a propósito del libro de Eugenio Garin Los intelectuales del siglo XX); en este comentario Bobbio reconoce que: “Discurso difícil, repito, aquello de los intelectuales sobre sí mismos, porque tanto la autodefensa como la autocondena son la expresión no ya de un examen crítico que excluye la pasión de la investigación histórica, sino más bien de una conciencia desviada (buena o mala) del propio papel”.66 Y precisa que, desde su punto de vista, “un buen criterio para delinear una tipología de las actitudes de las diversas figuras de intelectuales sería la que considerara el diverso modo de concebir la relación con el poder y en especial con la política”.67 En 1979, en una entrevista publicada por una revista juvenil, vuelve a ocuparse del tema; en esta ocasión, Bobbio recuerda que su generación había seguido dos caminos diferentes, es más, opuestos: “el de la liberal-democracia, que es exactamente aquel que gobierna los sistemas occidentales, y el del Estado guía, que es el del Estado soviético”. En el futuro, tocará a los jóvenes superar estos dos itinerarios y encontrar el camino que nos conduzca fuera del laberinto, porque la opinión bobbiana permanecerá sustancialmente negativa: “Nuestra generación no encontró una vía válida de salida”.68 Siempre en relación con el problema de los intelectuales, Bobbio elabora otras clasificaciones, otras precisiones: por ejemplo, acerca del compromiso total, del no compromiso y del compromiso crítico; el primer compromiso considera como indisolubles la teoría y la praxis y sostiene la subordinación de la teoría a la praxis, con base en el principio de que todo es política; el segundo representa su opuesto, es decir, una actitud de desconfianza o indiferencia o de evasión respecto a los problemas del poder; finalmente el tercero, denominado compromiso crítico, consiste en sostener que la esfera de la cultura y la esfera de la política están estrechamente unidas pero no se sobreponen, sino que son distintas, pero no están separadas.69