Bogotá Inconclusa - Óscar A. Alfonso R. - E-Book

Bogotá Inconclusa E-Book

Óscar A Alfonso R

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Beschreibung

Es innegable que la provisión de ciertos bienes y servicios básicos, tales como el servicio de acueducto, han alcanzado la universalización en Bogotá. Esto ha tomado décadas durante las que los gobiernos han ejecutado sus planes de inversión y, además, enfrentado en no pocas ocasiones el descontento social. A pesar de esos indiscutibles avances, el progreso social de las clases populares es magro, fenómeno que también padecen otras metrópolis colombianas y del Tercer Mundo. Los programas de lucha contra la pobreza que se han adherido a objetivos globales enfrentan una poderosa limitante y es que, a diferencia de los Derechos Humanos fundamentales, no son vinculantes. Por su parte, las políticas tributarias progresivas contribuyen a paliar la desigualdad y sin embargo el rezago social persiste. ¿Cuál es la razón para que los programas de lucha contra la pobreza, en particular los que atienden la pobreza monetaria y los que lo hacen sobre algunos de los componentes de la pobreza multidimensional, y las estructuras tributarias progresivas que gravan al que tiene o gana más que los demás, no afecten sustancialmente el avance social de las clases populares? La respuesta es la segregación residencial. Este libro se ocupa de su análisis y desde su inicio propone un cambio de relato que reconozca la imperiosa necesidad de combatirla.

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Seitenzahl: 258

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Serie Economía Institucional Urbana n.º 18

Bogotá Inconclusa

Los estragos de la desigualdad

y la segregación socioespacial

Alfonso Roa, Óscar Alfredo

Bogotá inconclusa : los estragos de la desigualdad y la segregación socioespacial / Óscar A. Alfonso R. ; prólogo Sergio Ocampo Madrid. Bogotá : Universidad Externado de Colombia, 2023.

        237 páginas : mapas, gráficos (Economía Institucional Urbana ; 18)

Incluye referencias bibliográficas (páginas 221-237)

ISBN: 9786287676138 (impreso)

1. Desarrollo urbano -- Bogotá (Colombia) 2. Sociología urbana -- Bogotá (Colombia) 3. Urbanismo -- Bogotá (Colombia) 4. Clases sociales -- Bogotá (Colombia) 5. Mercado de la vivienda -- Bogotá (Colombia) 6. Demografía -- Bogotá (Colombia) 7. Desigualdad social -- Bogotá (Colombia) 6. Bogotá (Colombia) -- Condiciones sociales I. Ocampo Madrid, Sergio, prologuista II. Universidad Externado de Colombia III. Título IV. Serie

307.72              SCDD 21

Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. MRJ agosto de 2023

ISBN 978-628-7676-13-8

©2023, ÓSCAR A. ALFONSO R.

©2023, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Calle 12 n.º 1-17 Este, Bogotá

Teléfono (+57) 601 342 0288

[email protected]

www.uexternado.edu.co

Primera edición: septiembre de 2023

Ilustración de cubierta: La ciudad caleidoscópica, por el maestro Alfonso Ariza

Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones

Corrección de estilo: Javier Correa Correa

Composición: María Libia Rubiano Marulanda

Impresión y encuadernación: DGP Editotes S.A.S.

Tiraje de 1 a 1.000 ejemplares

Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad del autor.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

PRÓLOGO

LA BOGOTÁ INCONCLUSA DE TODOS

PRESENTACIÓN

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA BOGOTÁ MENOS DESIGUAL

CONTINÚA INCONCLUSA

CAPÍTULO 1

LOS FUNDAMENTOS DE LA SEGREGACIÓN SOCIOESPACIAL, LAS CLASES SOCIALES Y EL MERCADO RESIDENCIAL

1.1Los ciclos de la urbanización de la población y la renta del suelo urbano

1.2clases sociales, antecedentes y mediciones

1.3La estructura residencial y el mercado de la vivienda

1.3.1Modalidades de la renta del suelo

1.3.2La estructura residencial segmentada

1.3.3El rol de la renta de monopolio de segregación en la segmentación y los efectos locales

CAPÍTULO 2

LA TRAMPA NO ES LA POBREZA, ES EL ORDEN RESIDENCIAL SEGREGADO

2.1La estructura urbana segregada

2.1.1El aprovechamiento del suelo

2.1.2La densidad poblacional

2.2Disfuncionalidad urbana en la ciudad de la furia

2.2.1Densidad poblacional y satisfacción barrial

2.2.2El rebose de la paciencia y la furia a las calles

CAPÍTULO 3

LAS BRECHAS SOCIOESPACIALES COMO DETERMINANTES DE LA PROBABILIDAD DEL CONTAGIO Y DE LA LETALIDAD DEL SARS-COV-2

3.1Incertidumbre global

3.1.1Dialéctica global de la pandemia

3.1.2La marginación de las ciencias sociales

3.1.3Las “olas” y los “picos” como testimonio de la ineficacia de la reactividad

3.1.4Las fallas estadísticas de la reactividad

3.2Panorama nacional

3.2.1Las escalas espaciales de la reactividad

3.2.2Las escalas etáreas de la reactividad

3.3Brechas socioespaciales y previsión del contagio

3.3.1Urbanístico / habitacional

3.3.2Laboral / distributivo

3.3.3Movilidad cotidiana

3.3.4Demoeconómico / salud

3.4Un modelo de probabilidad del contagio y letalidad para Bogotá

3.4.1Asociaciones entre covariables

3.4.2Estimación del Índice de Desigualdad Urbana de la Probabilidad de Contagio –IDUPC–

3.4.3Análisis geoespacial del IDUPC

3.4.4Efectos locales de la probabilidad de contagio y de letalidad

3.4.5Predicciones locales de contagios y defunciones

CAPÍTULO 4

LOS ESTRAGOS DE LA SEGREGACIÓN SOCIOESPACIAL

4.1La segregación socioespacial

4.2Primer estrago: el hambre, la malnutrición y la reducción del gasto en alimentos

4.3Segundo estrago: el empobrecimiento patrimonial de las clases populares

4.4Tercer estrago: la penuria de la movilidad cotidiana

4.5Corolario: la involución de la satisfacción con los vecindarios de la metrópoli

CAPÍTULO 5

LA DIFUSIÓN METROPOLITANA DE LA SEGREGACIÓN RESIDENCIAL

5.1La producción residencial formal y el gatopardismo inmobiliario de escala metropolitana

5.2Noticias del despoblamiento

5.3La omisión institucionalizada

5.4Segregación residencial de escala metropolitana

FEFLEXIONES FINALES

REFERENCIAS

NOTAS AL PIE

En memoria de Dilan Cruz Medina (q.e.p.d.) y de todos los fallecidos durante el estallido social

LA BOGOTÁ INCONCLUSA DE TODOS

Bogotá es una ciudad muy fracturada, humana y mental-mente, aunque nadie se atreve a trazar o a definir dónde están las fronteras de la separación social, y cada habitante no solo las establece en el pensamiento, sino que las asume en un sobrentendido de su identidad, de grupo, de clase. Se es del norte o se es del sur y eso determina muchas de las coordenadas de vida, de aspiraciones, de posibilidades, de límites y prohibiciones.

Es una ciudad de carreras y calles; las primeras van paralelas a las montañas en una progresión de sur a norte y de norte a sur; las segundas van creciendo de oriente a occidente y de occidente a oriente. En esta meseta andina, 2.600 metros arriba del mar, las calles entre el sur y el norte se van repeliendo a punta de sucesión aritmética simple, pero también de segregación compleja. Y en muchos lugares parecen dos ciudades de países distintos, de mundos distintos.

Más que un punto cardinal, en Bogotá el sur es una condición, una marca. Una que en el inconsciente se vincula de modo mecánico con pobreza, inseguridad, desorden e informalidad. Se habla de “El sur” como una entidad, una sola realidad, compacta, homogénea. No es políticamente correcto manifestarlo, pero ahí está en el pensamiento de todos, con desprecio o compasión o resentimiento o, más común, con indiferencia. Pero ahí está.

Todo lo anterior, exacto o parafraseado, hace parte de la última novela que escribí, Las distancias, y lo cito porque en una de esas asombrosas y hermosas coincidencias, cuando estaba poniéndole punto final me pidieron prologar este libro académico que hoy está en sus manos. En mi historia se habla, desde la mirada del arte, del desencuentro entre la Bogotá de un padre de estratos altos, proveniente de familia acomodada, y la Bogotá de su hijo concebido en una relación fugaz con la empleada doméstica. En la novela se traza entonces un mapa intuitivo de la exclusión, de la desigualdad, de las fronteras urbanas invisibles pero rigurosas entre ricos y pobres.

La casualidad maravillosa es que toda esa mirada instintiva, maquinal, desde una poética literaria, fue encontrando en la lectura de Bogotá inconclusa, desde el rigor de las ciencias sociales, unas respuestas a esas eternas incógnitas de por qué nacemos, vivimos y morimos en una de las ciudades más fragmentadas y excluyentes del mundo, por qué lo asumimos como parte del orden natural de las cosas, con lo cual no nos produce culpa o vergüenza, y por qué se hace poco o muy poco para modificar una serie de situaciones que perpetúan esa realidad de generación en generación. Gracias a esta colección llamada “Economía institucional urbana”, de la Universidad Externado de Colombia, cuyo volumen 18 es justamente esta Bogotá inconclusa, se empiezan a juntar las claves para comprender este fenómeno que nos desborda a todos, que se profundiza año tras año, y cuyas soluciones vienen cayendo hace rato en esa doble condición perversa de ser cada vez más complejas y menos creativas. Es muy revelador en este estudio, por ejemplo, constatar que cada habitante de los sectores marginados realiza en promedio casi el triple de desplazamientos diarios que los que deben realizar las clases medias y altas, con lo cual los costos de la movilidad urbana se llevan una cuarta parte del presupuesto de gastos de los hogares más vulnerables. La movilidad física, entonces, además de restar calidad de vida, ahonda el empobrecimiento, y se convierte en toda una metáfora de los grandes obstáculos para esa otra movilidad, la social, la de clases y estratos. Y, adicional, hace que Bogotá ocupe el cuarto lugar entre las 404 ciudades con más tráfico vehicular del mundo.

El entramado de la desigualdad en esta capital ha terminado por permitir, e incluso fomentar la existencia de una especie de gravamen privado de la renta por segregación, que es el sobrecosto de la tierra en los estratos sociales altos, el cual se paga con un sentido de exclusividad, y de imposibilitar la pluralidad y la cohesión social de que ciudadanos de ingresos y patrimonios diversos se asienten y convivan en los mismos vecindarios. Es algo doblemente abyecto porque, como se asegura también en este estudio, el valor de la propiedad en los estratos populares crece muy poco, o inclusive decrece, lo cual empuja a los sectores menos favorecidos hacia un empobrecimiento patrimonial, mientras que a las clases altas y medias les propicia mantener una constante valorización inmobiliaria.

En su Bogotá inconclusa, el profesor Óscar Alfonso demuestra cómo la segregación y desigualdad se traslapan para generar una sindemia, o sea una epidemia en la que un cierto número de enfermedades se amalgaman y producen efectos más mórbidos, y severos, que los que produciría cada una como etiología independiente. Sin creer mucho en teorías de complot, sí se alcanza a sentir una cierta suspicacia de que todo parece diseñado para perpetuar un statu quo que nadie parece dispuesto a romper, pues las políticas públicas apuntan siempre a combatir la pobreza, pero no a romper la desigualdad y, casi sin excepción, las soluciones se orientan a construir vivienda para los pobres y en asignarles subsidios, pero obligatoriamente en las periferias o en los mismos espacios segregados ya constituidos. Allí se asentarán, pagarán su techo subsidiado, allí quedarán relativamente aislados de los flujos del mundo, de los centros de enseñanza superior, de las ofertas de salud altamente cualificadas, forzados a invertir demasiadas horas de su vida en movilizarse, en medios de transporte además disfuncionales y aversivos, expuestos a la malnutrición y a sus enfermedades derivadas, allí se multiplicarán y allí morarán probablemente sus hijos y las generaciones subsiguientes. Solo para hablar de la población joven, en las zonas segregadas de Bogotá sobreviven 2,5 millones de personas entre los 10 y los 29 años. Así lo cuantifica esta investigación.

Por antiguo, por histórico, todo esto parece haberse normalizado en la conciencia, y en las demandas éticas de unas grandes mayorías, de las que lo infligen, pero también de las que lo padecen. Sin embargo, las banderas rojas del hambre que empezaron a ondear en muchas cuadras de la ciudad con la pandemia nos lo trajeron de nuevo a la conciencia. Parte muy importante de este libro es el análisis de cómo el Covid 19 en Bogotá y en Colombia se manejó también con criterios de desigualdad y de exclusión, con el agravante de ser apenas el prólogo evidente de una nueva realidad microbiológica y social que va a tener, quizá, numerosos episodios al futuro. De ese modo, y partiendo del análisis sobre las políticas públicas con las que se enfrentó la pandemia, y en particular en cómo se priorizó el esquema de vacunación, el estudio se compromete al afirmar que debería haberse impuesto más una justicia espacial que una gene-racional. Por ello, plantea que para futuras contingencias se tengan en cuenta los factores que facilitan el contagio, que lo activan y aceleran, y menos las consideraciones efectistas de “hay que cuidar a los abuelos”, en palabras del propio presidente de ese entonces. Y todos esos factores tienen justo que ver con la segregación social de Bogotá. El primero es el del hacinamiento. De las 112 Unidades de Planeamiento Zonal (UPZ) que tiene la ciudad, Patio Bonito muestra una densidad cinco veces superior a la que debería tener, y Diana Turbay, 7,8 veces, mientras que esa medida en Chicó Lago solo alcanza un 0,7 y en Country Club, un 1,1. Un segundo factor se relaciona con la realidad práctica de la disposición de recursos y reservas económicas para soportar el encierro y la inactividad laboral. De acuerdo con la Encuesta Multi-propósito del Dane 2021, por cada hogar de clase alta que admitió haber pasado hambre en ese tiempo, en las clases populares hubo 113. Y esa cifra con seguridad está subestimada, pues el 58,2% de las familias bogotanas encuestadas se abstuvieron de responder esa pregunta. Era cuestión de dignidad. Un tercer factor de favorecimiento del contagio tiene que ver con los tiempos de desplazamiento a los trabajos, de lo que ya se habló, y un cuarto, con la realidad de que los grupos etarios por debajo de los 44 años son los más propensos a contagiar y a ser contagiados.

En el análisis referente al hambre y a la malnutrición que propician la desigualdad y la segregación, con pandemia o sin ella, encontré un par de párrafos que sin perder del todo el tono técnico y la lógica académica hacen un homenaje hermoso e indirecto a una figura central de las barriadas gracias a cuya acción y presencia se mitiga un poco esto de las dificultades para conseguir los alimentos. Es el tendero, el hombre o la mujer que fía, que da crédito y lo lleva todo registrado en esa libreta arquetípica donde se escriben apellidos, nomenclaturas y cifras por pagar. Y se borronea y se tacha en un ejercicio de pequeña economía, pero también de solidaridad comunitaria. Un esquema centenario entre nosotros que las grandes superficies, los supermercados ostentosos o las cadenas de bajo costo de los últimos años no han sabido proponer o encontrar algún mecanismo creativo similar.

Bogotá inconclusa es un gran trabajo de investigación, un intento por conectar los más profundos y apremiantes fenómenos sociales con los patrones de distribución geográfica de la población, sus actividades de soporte, y los fenómenos de ocupación de territorios. Sin duda, todo un estudio sobre Economía Espacial, pero también una profunda queja ante nuestra realidad, y una conclusión casi poética de que cuando un orden socioespacial está tan altamente segregado, como esta ciudad nuestra, como este país nuestro, es difícil alterarlo, intervenirlo, pero la magnitud de sus estragos justifica que lo hagamos. O que al menos lo intentemos.

Sergio Ocampo Madrid

PRESENTACIÓNLA CONSTRUCCIÓN DE UNA BOGOTÁ MENOS DESIGUALCONTINÚA INCONCLUSA

Desde los albores de la urbanización de la población colombiana y con especial énfasis desde mediados del siglo XX, célebres visitantes del exterior advertían del confinamiento de las clases populares en los extramuros de una ciudad en la que, de esa manera, construía un orden residencial segregado que continúa profundos estragos sociales a medida que se reproduce. El más reciente fue el estallido social iniciado en abril del 2021 del que han quedado indelebles huellas en nuestra memoria, tales como una inusual cantidad de imágenes y de otro tipo de registros que dan cuenta de un capítulo inédito del conflicto en Colombia.

Una reforma tributaria inconexa con las aspiraciones de progresividad fue el detonante, pero no la causa de las manifestaciones pues, de hecho, luego de que el gobierno declinara realizarla, el descontento no se detuvo y, por el contrario, se agudizó aflorando el uso abusivo de la fuerza y la violación a los Derechos Humanos que cobraron decenas de muertos y centenas, quizá miles de heridos algunos con secuelas físicas que los acompañarán por el resto de sus vidas.

De las muchas preocupaciones que afloraron, una en particular me inquietó: la cantidad abrumadora de jóvenes que participaron. No era ninguna casualidad. Lo que me inquietaba era saber que en algún momento la dimensión de las confrontaciones podía incrementarse. La invitación de FLACSO Ecuador a participar en el libro El futuro de las ciudades me llevó a ratificar que el mayor contingente de jóvenes reside en los vecindarios de las clases populares que padecen la segregación residencial. Muchos de ellos no llegan a la edad adulta y los que lo logran se reproducen y mueren al calor de los estragos inmanentes a la segregación.

La segregación y la desigualdad son algo más que un “tema” de investigación, que es la manera deletérea con la que premeditadamente se suele encasillar a los grandes problemas sociales a fin de minimizar sus dimensiones y su trascendencia política. En tal sentido, Bogotá es una metrópoli inconclusa no por el hecho de que persistan cientos de frentes de obras de diversa índole y calado ingenieril, sino porque sus agendas sociales cruciales que no se resuelven con las obras públicas están por diseñarse.

Este libro reúne un conjunto de reflexiones, comparaciones internacionales y análisis geoespaciales, orientadas a situar esta sindemia social en la escala que corresponde, la societal, que debe embargar las discusiones e intervenciones de los poderes públicos y de la sociedad civil para reencauzar los esfuerzos colectivos para enderezar el presente y legar una metrópoli con un grado de cohesión social siquiera aceptable a las generaciones venideras.

El confinamiento residencial a que están sometidos los hogares de las clases populares es el fenómeno socioespacial más arraigado en Bogotá y en general en las metrópolis latinoamericanas. La diferencia radica en que el esquema general de segregación bogotano es probablemente el más diáfano, con precarias mezclas sociales y, por tanto, el que entraña mayor cantidad de estragos sociales.

Algunos de los resultados que hacen parte de este libro no son inéditos, debido a que los he publicado previamente a fin de contribuir a debates académicos con pertinencia social. La retroalimentación que he recibido de algunos colegas me ha facilitado la realización de algunos ajustes a las versiones preliminares. Es el caso del primer capítulo1, en el que procuro exponer las reflexiones teóricas acerca de la segregación residencial en conexión con una visión de la forma de operación del mercado habitacional. El afán principal es mostrar como la segmentación del mercado es proclive a la segregación, reflexión que complemento con la propuesta de un índice de segregación basado en las posiciones ocupacionales con la que se capta la posición de las personas delante de la propiedad de los medios de producción.

Estos resultados se articulan en el segundo capítulo2 con otras medidas complejas tanto en su construcción como en su representación espacial, tales como los índices de aprovechamiento del suelo y las densidades poblacionales, a fin de proponer una primera aproximación a las dimensiones sociodemográficas de la segregación y a la sindemia social que padece nuestra metrópoli. La trascendencia social de la pobreza sea cual fuere la medida empleada, monetaria o multidimensional, es indiscutible y como conjunto de dominios de carencias es el relato más poderoso en materia social. La denuncia de la reproducción generacional en ese estado se ha concretado en una suerte de eslogan difundido como la “trampa de la pobreza”, pero precisamente el estallido social pone en duda que ella sea la principal y única causa.

El tercer capítulo3 se dedica al análisis de la desigualdad como determinante de un estrago social de tan profundo calado como los contagios y las defunciones por causa del Covid. Se cuestionan las políticas reactivas de la pandemia del SARS-CovV-2 que han empleado el indicador Rt de la velocidad de contagio como instrumento para anticipar la llegada de nuevas olas y para hacer pedagogía sobre el autocuidado. Anticipar el momento de la llegada de una nueva ola es de utilidad para los sistemas sanitarios, pero también es indispensable prever los lugares en los que sus residentes son más propensos a los contagios y a las defunciones. En tal contexto, la preocupación sobre el devenir de la pandemia en las metrópolis colombianas orientó los esfuerzos a escudriñar en los determinismos de Bogotá y sus 112 vecindarios/unidades de planeamiento zonal y, en especial, por la incidencia de las desigualdades socioespaciales en la propagación de la pandemia, a fin de proponer un cambio de relato del “cuándo ocurrirá” al “en dónde ocurrirá” y, con ello, contribuir al diseño de políticas y estrategias de prevención que contribuyan a salvar vidas.

En el cuarto capítulo se denuncian tres estragos de la segregación residencial, advirtiendo que pueden ser más pero que el hambre, el empobrecimiento patrimonial y la penuria de la movilidad cotidiana por motivos laborales se entrelazan en la cotidianidad de quienes la padecen. El uso de los índices de segregación expuestos en el primer y segundo capítulos como variables explicativas de estos tres estragos se realiza con el auxilio de los métodos de análisis económico espacial comúnmente empleados. El corolario de esta reflexión es una metrópoli que es secularmente desaprobada por la mayoría de sus residentes, así como sus vecindarios entre los que se encuentra el grueso de los más segregados.

El quinto y último capítulo contiene una reflexión pesimista acerca del futuro de la zona metropolitana, fundada en el devenir de las políticas habitacionales y de ordenamiento territorial que omiten intervenir sobre la segregación residencial y, por el contrario, contribuyen a alentar la segmentación del mercado habitacional, vínculos ya discutidos en el primer capítulo y, especialmente, en el sentido que ha tomado la Ley Orgánica que crea la Región Metropolitana Bogotá–Cundinamarca que deja intacto el uso de los instrumentos de ordenamiento con los que se cierra el mercado del suelo a las clases populares y se clausura la posibilidad de estimular las mezclas sociales que contraríen la reproducción a escala metropolitana del esquema de segregación residencial.

Las reflexiones finales de esta obra están dedicadas a contradecir la idea de la imposibilidad de enfrentar la segregación residencial, discurso con el que se justifica la omisión institucionalizada que se analizó en el último capítulo, discusión que se acompaña de una agenda de investigación que aliente la denuncia y promueva alternativas de solución a la segregación residencial.

CAPÍTULO 1

LOS FUNDAMENTOS DE LA SEGREGACIÓN SOCIOESPACIAL, LAS CLASES SOCIALES Y EL MERCADO RESIDENCIAL

La existencia de clases sociales en las sociedades contemporáneas es incuestionable. La preocupación no es su existencia ni, por ahora, el sistema de privilegios de la clase alta que transgrede los principios de la justicia social; es decir, no es un estudio sobre clases sociales. Lo que interesa es comprender los patrones espaciales de sus lugares de residencia pues, al hacerlo, se habrá allanado el campo de la segregación residencial como antesala al estudio de los estragos sociales y económicos atribuibles al orden residencial segregado que se explaya sin recato a la zona metropolitana.

Los hogares de las clases altas se esfuerzan por residir en proximidad a otros hogares de condiciones similares en tanto sus capitales económicos, culturales y humanos, pues entre ellos es que es posible ostentar ciertas diferencias marginales que, cuando no son tan evidentes, se acrisolan con la alcurnia o, en su reemplazo, el monopolio sobre algún lugar clave en la toma de decisiones; es decir, en el poder.

Ese afán de ostentación es inmanente a los hogares de las clases altas. Los miembros de los hogares realizan ingentes esfuerzos para hacer notorios sus grados de diferencia en materia de acumulación de capitales pues, de lo contrario, asumen que su existencia se torna insustancial. Por ejemplo, si tener dos vehículos de uso particular para enfrentar la regulación a la movilidad es bueno, tener diez es mucho mejor y, en el mismo sentido, si habitar en cien metros cuadrados es confortable, hacerlo en trescientos o cuatrocientos es envidiable.

No tiene sentido ostentar ante los miembros de otras clases sociales, pues dan por hecho de que con ellos no hay rivalidad y, por tanto, es preferible que se confinen en otros lugares, ojalá en vecindarios alejados de su vista, y están dispuestos a pagar por ello un impuesto privado que es la renta de monopolio de segregación, renta que se impone sobre cualquier otra en los terrenos para uso residencial de la clase alta.

Aquí no se busca explicar algo tan sabido como que las clases altas son excluyentes y que viven en barrios con prestigio social. Pero por tal razón, principalmente, la distribución espacial de los hogares pertenecientes a las diferentes clases sociales no es un fenómeno aleatorio y, debido a la resistencia a la posibilidad de un orden residencial que ampare las mezclas sociales, es que existe la segregación residencial.

Las externalidades de la segregación residencial son tan variadas y han alcanzado magnitudes tan considerables que quizá sea más pertinente denominarlas estragos. Por su causa, por ejemplo, la vivienda de los hogares de los sectores populares tiene un precio de mercado que es sensiblemente inferior al que debería tener y, por esta misma razón, el precio de las viviendas de los hogares de clases altas y medias es considerablemente superior.

En este capítulo se exploran los vínculos existentes entre diferentes segmentos del mercado y la segregación residenciales. La renta de monopolio de segregación es la modalidad de la renta del suelo que mejor explica tales vínculos, por cuanto es un nivel de abstracción en el que se enlaza la existencia de clases sociales con el confinamiento de grupos sociales en las metrópolis contemporáneas.

Hay enfoques teóricos que han tomado la precaución de “no generalizar lo que no es lícito” (Jaramillo, 2009, pp. 93-94) y, como en el caso de la renta del suelo rural y la del suelo urbano, qué es posible asimilar de lo que hay en común entre las dos y qué particularidades exigen explicaciones específicas. ¿Es lícito pensar que en cualquier lugar donde residan los hogares de la clase alta se impone el impuesto privado de la renta de monopolio de segregación? No. Ello ocurre en los vecindarios en donde se aglomeran, y no en otro tipo de localizaciones en las que la aleatoriedad es la regla. Por tanto, la escala de análisis a la que esta reflexión aplica es la metropolitana, en la que es relativamente fácil de verificar la existencia de una división social del espacio residencial.

Y ese espacio residencial es heterogéneo tanto por la diversidad de densidades poblacionales como por la calidad del acervo de viviendas que, en un mercado segmentado, concentra las innovaciones y diferenciaciones en las de los hogares de la clase alta, mientras que entre los sectores populares es común el desarrollo progresivo informal y la producción en serie o monótona de proyectos sin mayor grado de diferenciación.

El estado de desvalorización generalizada del acervo de viviendas de los sectores populares tiene efectos de di- ferente índole, desde los patrimoniales resultantes de las negociaciones mercantiles, hasta los asociados con el sedentarismo residencial de los hogares de los sectores populares debido a los obstáculos para la rotación periódica de sus lugares de residencia.

1.1 LOS CICLOS DE LA URBANIZACIÓN DE LA POBLACIÓN Y LA RENTA DEL SUELO URBANO

La renta total del suelo urbano en tanto sus modalidades y magnitudes está correlacionada positivamente con el ciclo de la urbanización por el que atraviese la ciudad y, por consiguiente, no es lícito asignar sus magnitudes, propiedades y efectos a cualquier tipo de ciudad.

El declive poblacional persistente que caracteriza al ciclo de la desurbanización es sintomático de la contracción de la demanda por espacio construido para usos habitacionales, comerciales, industriales y de servicios, así como para actividades institucionales y dotacionales. Como la renta surge sobre el suelo edificable, es esperable que se la morigere e, inclusive, que algunas modalidades de renta desaparezcan hasta el reinicio del siguiente ciclo.

El ciclo de la desurbanización ha sido poco estudiado, a pesar de que haya casos emblemáticos, como el de Detroit en los Estados Unidos que, no obstante haber establecido lazos de metropolización con otras jurisdicciones del sudeste del Estado de Michigan, como Pontiac o Benton Harbor, entró en un proceso incontenible de declive poblacional que la ha reducido a un tercio de su tamaño con respecto a lo que fue hace no más de tres décadas (McDonald, 2014). Otras metrópolis, como Turín, en Italia, atravesaron por esa fase para luego experimentar un vigoroso proceso de reurbanización.

En el ciclo de la urbanización de la demanda por suelo edificable se incrementa, diversifica y expande de acuerdo con la magnitud del crecimiento absoluto de la población y, de manera más precisa, con la formación de hogares que demandan espacios residenciales. La densificación del núcleo metropolitano es la primera respuesta a la demanda creciente de espacio habitable. Cuando los jefes de hogar de los nuevos hogares pertenecen a las clases más pudientes y detentan posiciones ocupacionales de comando, tales como patronos o empleadores, así como los emprendedores capitalistas y los directivos de las organizaciones del sector pú- blico que conforman el aparato de Estado, la presión de la demanda por espacios habitables cualificados es atendida por los programas de revitalización urbana que asumen la forma de la gentrificación, o por la densificación de algunos barrios de la clase alta por los que pagan el impuesto privado de la renta de monopolio de segregación.

De manera coetánea a la densificación del núcleo, la metropolización emerge como resultado del desplazamiento de antiguos pobladores de los vecindarios gentrificados, pero también de la llegada de nuevos hogares de empleados y obreros que padecen la segregación residencial, así como de una pequeña fracción de los hogares de la clase alta que opta por autosegregarse.

En algunos casos, el crecimiento de las aglomeraciones humanas y de sus actividades de soporte ha alcanzado la forma de pujantes megalópolis cuando el principio orientador ha sido la cohesión social, utopía posible a pesar de que la metropolización, como “forma original del crecimiento urbano […] es selectiva, por lo tanto, discriminatoria” (Bourdeau-Lepage & Huriot, 2005, pp. 39-40).

Para Carrière & Tellier (2013, p. 23), los rasgos cualitativos de la metropolización, tales como la concentración de “actividades de coordinación, funciones superiores y talentos de alto nivel”, son de mayor relevancia analítica que los cuantitativos. Esos tres rasgos son distintivos a escala nacional, pero a escala global ocupan lugares secundarios cuando son reconocidos como atributos de metrópolis fragmentadas.

Smith (2012, p. 245) plantea que las economías metro-politanas son las “auténticas ciudades globales”. Las zonas metropolitanas se encuentran en el tope de la configuración jerárquica de los sistemas de ciudades en América Latina, siendo improbable que ocurra una bifurcación de la urbanización hacia ciudades intermedias, y el ciclo de la metropolización no ha alcanzado su madurez si se compara con la elevada proporción de la población residente en las áreas metropolitanas estadísticas de los Estados Unidos que bordea el 95%, o la hiperconcentración poblacional del Tokyo Metropolitano que, con 37,3 millones de habitantes, comanda el ranking de las megalópolis del planeta, seguida por Delhi, con 32,1 millones.

Las diferentes modalidades de la renta del suelo urbano tienen externalidades como el encarecimiento de la vivienda o los elevados precios del alquiler que, como en el caso de Madrid, se confabula con el subempleo de los jóvenes para quienes habitar un lugar y tener un ingreso se ha convertido en un asunto de sobrevivencia (Segura, 2022) o, como el caso de la región metropolitana Grand París, en donde la elevación de la renta del suelo para usos habitacionales en el núcleo metropolitano es el principal determinante del éxodo urbano hacia otros municipios metropolitanos, fenómeno que acentúa la suburbanización reforzada con ocasión de la pandemia (Delage y Rousseau, 2022).

Bogotá es la metrópoli nacional y las relaciones de metropolización son las de mayor alcance espacial en el país (Alfonso et al., 2022). La concentración de las funciones económicas de dirección y coordinación de la economía y del aparato de Estado alcanza ribetes superiores a su primacía poblacional, lo que torna lícito el argumento de que la renta de monopolio de segregación es una modalidad dominante de la renta del suelo urbano.

1.2 LAS CLASES SOCIALES, ANTECEDENTES Y MEDICIONES