Breve Historia del Rey Arturo - Christopher Hibbert - E-Book

Breve Historia del Rey Arturo E-Book

Christopher Hibbert

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"En esta obra que usted, querido lector, tiene entre las manos el reputado historiador Christopher Hibbert le descubrirá al verdadero Arturo, desprovisto de armadura medieval y de algunas actitudes que, a buen seguro, sorprenderán a los que se acerquen con inocencia a estas páginas." (Web Lecturalis) La verdad histórica del Rey Arturo, un personaje intemporal que constituye la síntesis de las señas de identidad de un pueblo. A nadie es ajena la leyenda del Rey Arturo y de los personajes que componen una de las mitologías más famosas de la historia. Lancelot, Ginebra, Merlín o la espada Excalibur tienen plena vigencia hoy en día y siguen siendo material para películas y novelas, la consecuencia inmediata es que conocemos cada vez más la leyenda pero cada vez menos la historia real que se esconde tras ella. El mito del Rey Arturo reúne búsqueda de la verdad y la pureza, honor y valor y amor incondicional, sirve además para aglutinar los ideales de la patria y para configurar las señas de identidad de una nación. Breve Historia del Rey Arturo aclarará, con datos fidedignos, la verdadera historia que subyace bajo este paradigma de honor, justicia y arrojo. Para esclarecer la figura del Rey Arturo, Christopher Hibbert recurre no sólo a los romances en los que se prefigura su leyenda, sino también a los testimonios de la época. Se remonta en su análisis a la retirada de las legiones romanas de Britania, tras el abandono de la protección de Roma, las islas sufrirán los ataques consecutivos de los jutos, de los sajones y de los anglos. Dos siglos después, la heroica respuesta a estas invasiones es narrada por el poeta Aneirin y sabemos que existió un caudillo de gran valor que repelió los ataques de las hordas extranjeras. Pero no será hasta el S.IX en el que aparezca el nombre de Arturo en una crónica auténtica, el Historia Brittonum del monje Nennius, y ya se le considera un líder de extraordinario valor.

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Seitenzahl: 166

Veröffentlichungsjahr: 2010

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BREVE HISTORIA DEL REY ARTURO

BREVE HISTORIA DEL REY ARTURO

CHRISTOPHER HIBBERT

Colección: Breve Historia (www.brevehistoria.com) Director de la colección: Juan Antonio Cebriánwww.nowtilus.com

Título original:The way of King ArthurAutor: Christopher HibbertTraducción: Sandra Suárez Sánchez de León para Grupo ROS

Edición original en lengua inglesa:© 2004 ibooks, Inc., New York Las láminas de The Quest for the Holy Grail de Edwin Austin Abbey están reproducidas por cortesía de la Boston Public Library.

Edición española: © Ediciones Nowtilus S.L. Doña Juana I de Castilla 44, 3º C, 28027 Madrid

Editor: Santos Rodríguez Diseño y realización de cubiertas: Carlos Peydró Diseño de interiores y maquetación: Juan Ignacio Cuesta

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está pro te gido por la Ley, que establece pena de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quie nes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren pú bli ca men te, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

ISBN: 978-84-9763-148-8

Libro electrónico: primera edición

AGRADECIMIENTOS

Los editores estamos particularmente agradecidos a CHRISTINE SUTHERLAND por su ayuda desde Londres. Además, nos gustaría dar las gracias a las siguientes personas e instituciones:

W. H. ALLEN PUBLISHERS, Londres. W. GEOFFREY ASHE.SUSAN BAKKER.JACQUES GUIGNARD, Biblioteca de l’Arsenal, París.Y. DUHAMEL, Biblioteca Municipal de Douai.MARCEL THOMAS y LE MONNIER, Biblioteca Nacional de París.MARTIN WITTEK, Bibliotheque Royale, Bruselas. The Bodleian Library, Oxford.MARGARET GALE, British Information Service Library.DR. STEIGER, Burgerbibliothek, Berna. City Museum y Art Gallery, Birmingham.Profesor ROWLAND L. COLLINS, Universidad de Rochester.JOHN R. FREEMAN Ltd., Londres.HOFKIRCHE, Innsbruck.KRUYTER, Koniklijke Bibliothek, La Haya.The Lambeth Palace Library, Londres.Landesmuseum, Trier.The Mansell Collection, Londres.HOFRAT HANS PAUER, Österreichische National-bibliothek, Vienna.The Pall Mall Press, Londres.The Rylands Library, Manchester.Trustees of the British Museum, Londres.DR. BECKERATH de la Universitatsbibliothek, Bonn La cita de la página 126 es del libro Arthurian Tradition and Chrétien de Troyes, de ROGER SHERMAN LOOMIS, publicado por Columbia University Press, 1949.

ÍNDICE

Prólogo

El rey Arturo, la realidad de un mito    por JUAN ANTONIO CEBRIÁN

Introducción

I.     Leyendas y legados

II.   Un «noble y alegre libro»

III.  La isla amenazada

       La búsqueda del Santo Grial

IV. «Comandante en las batallas»

V.   La búsqueda de Camelot

VI. El único y futuro rey

Prólogo

EL REY ARTURO,LA REALIDAD DE UN MITO

CADA PUEBLO NECESITA SUS HÉROES, personajes valerosos que infunden un ánimo especial por el bien, en detrimento de la oscuridad y las tinieblas. Esos valientes encarnan los mejores valores de la sociedad que los acoge y son el espejo en el que los jóvenes se miran con el secreto anhelo de imitar el comportamiento de aquellos seres casi perfectos, cuyo modelo de vida tanto entusiasma. Quién en al gún momento de su vida no ha soñado con poder emular las proezas del gran rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda; quién no ha tenido la necesidad de realizar un viaje iniciático buscando la verdad de su espíritu; quién no ha intentado conquistar el corazón del ser amado; quién no ha reivindicado en alguna ocasión sus raíces y su identidad patria. Por casualidad o no, lo antes expuesto está encerrado tras las murallas de Camelot, la luminosa capital del reino artúrico. Lo cierto es que esta historia épica se ha convertido con los siglos en una referencia obligada para los seguidores de la fantasía y de los ideales más nobles. Pero ¿qué hay de cierto en esta antigua tradición?

En el caso del rey Arturo es difícil desligar su verdadera epopeya con la planteada por cientos de libros, decenas de películas e incontables narraciones populares. Lo poco que sabemos de forma fidedigna es que sobre el siglo V o VI d.C., existió un carismático caudillo angloromano llamado Owain Dantgwyn, cuyo sobrenombre Art (Oso), fue el que finalmente le proyectaría de manera universal hasta nuestros días.

La figura de Arturo ha sido modelada a lo largo de los siglos, primero, por los clérigos amanuenses, luego, por los trovadores y juglares y, más tarde, por narradores románticos y guionistas cinematográficos.

Según aparece en las crónicas elaboradas por el monje Gildas en el siglo VI, existió un jefe tribal que logró, tras muchos combates, unificar a las tribus celtas de Britania; eran los tiempos de la edad oscura y poco o nada de lo acontecido pasaba al papel. Es por tanto mérito de los oradores el que nuestro personaje haya llegado a tan digno puerto. En los siglos IX y X Arturo surgirá de nuevo como guía de los sajones en las eternas luchas de Albión. Libros de gran calado, como la Historia Brittonum o An nales Cambriae, reforzarán la idea de un pasado glorioso para los británicos.

En el siglo XII la Historia Regnum Britanniae de Geoffrey Monmouth asentará la filosofía vital del universo artúrico para que, años más tarde, la gran reina Leonor de Aquitania –madre de Ricardo Corazón de León– encargue a sus trovadores la recuperación total de esta mítica tradición. Serán autores medievales, como Chrétien de Troyes o Robert de Boron, los que darán el impulso definitivo al rey Arturo y los suyos: el mago Merlín, Morgana, Ginebra, así como los caballeros puros de la Mesa Redonda donde destacan Lancelot, Percival… Todos giran en torno a la magia de Excalibur, espada prodigiosa protegida por la dama del Lago, quien en el deseo de dar a Inglaterra el monarca más capaz la incrustará en una roca a la espera de ser extraída por el joven Arturo, el único elegido para regentar el destino escrito por los dioses celtas.

Camelot es la ciudad cuna de los mejores sentimientos humanos, su defensa es vital para contener a las hordas malignas. Los caballeros buscan el Grial como signo de pureza ante los ojos del creador. Y, por si todo falla, queda la enigmática isla de Avalon, la conexión perfecta con la ancestral religión pagana.

Finalmente, en 1469, el escritor Thomas Malory dio el toque definitivo a la mitología artúrica imaginando un apasionado romance entre la reina Ginebra y el caballero sir Lancelot.

En esta obra que usted, querido lector, tiene entre las manos el reputado historiador le descubrirá al verdadero Arturo, desprovisto de armadura medieval y de algunas actitudes que, a buen seguro, sorprenderán a los que se acerquen con inocencia a estas páginas. Y, es que, en ocasiones, si no mostramos receptividad ante la desnuda verdad histórica, conviene seguir soñando. El auténtico rey Arturo seguramente tuvo más de Oso que de caballero, pero lo importante no es eso, lo fundamental es que decenas de generaciones han podido disfrutar con lo planteado por la gozosa leyenda y, de ese modo, millones de jóvenes supieron, tras descubrir el alma de Camelot, que querían ser mejores personas. Eso es lo que cuenta en un mundo actual sumido en la incertidumbre del porvenir.

Juan Antonio Cebrián      20-10-2007   

— in memoriam—

Introducción

LOS ROMANCES SOBRE EL REY ARTURO y los caballeros de la Mesa redonda son, probablemente, las leyendas más conocidas del mundo occidental. A la mayoría de nosotros nos han servido como introducción al mundo de la caballería, en el que los caballeros andantes buscaban el honor y la gloria en difíciles expediciones y en el que bellísimas damas observaban a sus amados justar en impresionantes torneos. Se trata de un mundo que nos resulta muy lejano y distante de nuestra insegura sociedad tecnológicamente avanzada.

La verdadera fascinación de la leyenda del rey Arturo descansa en el hecho de que el héroe no es un mito, sino una figura histórica real que vivió en la isla de Britania hace catorce siglos, en unos tiempos que estaban, como los nuestros, repletos de amenazas. Con el derrumbamiento del Imperio romano, el pueblo de Britania se encontró sumergido en una desesperada defensa de su isla contra los invasores sajones que se aproximaban cruzando el Mar del Norte. Los paganos sajones asesinaban, saqueaban e incendiaban; con el tiempo, conquistaron áreas cada vez más amplias y destruyeron de forma gradual todo lo que quedaba de la civilización cristianizada romano-británica.

En su búsqueda del personaje histórico de Arturo, Christopher Hibbert revive de forma gráfica estos problemáticos tiempos. Como su fascinante relato demuestra, los datos reales sobre Arturo son muy pocos y en muchos casos imprecisos. Pero se conoce lo suficiente para construir un retrato convincente del guerrero del siglo VI que se convirtió en leyenda en todo el mundo. La velocidad con la que se extendió esta leyenda y la asombrosa riqueza del material que embelleció tan exiguos datos históricos son, en sí mismos, un homenaje al poder de Arturo para atraer a hombres valientes a unirse a su causa.

El relato de Hibbert de la búsqueda de Arturo incluye una exhaustiva descripción (ilustrado con miniaturas medievales, pinturas y grabados) de los muchos cambios que la leyenda artúrica ha experimentado a través de los siglos a medida que nuevas generaciones de trovadores, pintores y poetas reinterpretaban y adornaban las viejas historias para amoldarlas a sus necesidades.

The Chalice Hill, Somerset, un lugar indisociable de la leyenda artúrica.

La vida de Arturo ha recobrado interés en los últimos años, tanto por el musical titulado Camelot que reproduce la leyenda adaptada a nuestra experiencia moderna, como por las excavaciones arqueológicas que se han realizado en el castillo de Cadbury, en Somerset, Inglaterra, un lugar que se identifica como el Camelot de Arturo desde el siglo XVI. Christopher Hibbert describe el trabajo allí emprendido, el cual ha revelado que el antiguo fuerte británico fue realmente reutilizado a principios del siglo VI, el periodo en el que creemos que vivió Arturo. Los informes más recientes revelan que los arqueólogos han trazado los contornos de un salón de banquetes del siglo VI y esperan probar que era el que utilizaban Arturo y sus caballeros.

EN EL CORAZÓN DE LA TRANQUILA Y APACIBLE CAMPIÑA del suroeste de Inglaterra hay una colina de piedra caliza amarillenta. Se levanta afilada y de forma inesperada unos quince metros sobre el pequeño pueblo de South Cadbury y los ancianos que han vivido muchos años a su sombra relatan extrañas historias sobre ella. El castillo de South Cadbury se eleva sobre una colina hueca, dicen, y si en la festividad de San Juan puedes encontrar las puertas de oro que llevan a su interior, podrás descubrir al rey Arturo sentado en el centro de su corte. A veces, en las noches tormentosas de invierno, se puede oír al rey trotando con sus jaurías por el camino trillado, ya que, como un anciano contaba, «la gente dice que, en las noches de luna llena, el rey Arturo y sus hombres cabalgan alrededor de la colina, y sus caballos están herrados con plata, y que se encontró una herradura de plata en la pista por donde ellos cabalgan, y, cuando han rodeado la colina, se detienen para dar de beber a sus caballos en Wishing Well».

Incontables generaciones han relatado tales leyendas sobre Arturo, «el verdadero y futuro rey», y sus nobles caballeros. Su fama sobrevive en forma de extraños mitos de antigüedad desconocida, no solo en South Cadbury, que se ha identificado durante mucho tiempo como el palacio artúrico de Camelot, sino también por toda Inglaterra, Gales y Escocia.

Cada condado tiene sus propias leyendas. En Cornwall, las historias dicen que todas las granjas y los bosques «estaban plagados de gigantes hasta que Arturo, el buen rey, los hizo desaparecer con su espada». En Northumberland, Arturo y su reina Ginebra, sus caballeros y sus damas, y la jauría de perros de caza del rey, yacen durmiendo en su cripta debajo del castillo de Sewingshields. De esta forma, también descansan bajo las ruinas del Castillo Richmond de Yorkshire, esperando a ser despertados por el sonido de un cuerno que reposa en una mesa situada en la entrada a su caverna. Se dice que un granjero incauto se tropezó una vez con ellos, pero le faltó el coraje para hacer sonar el cuerno que los devolvería a la vida. Gales está repleto de cuentos sobre tumbas y colinas huecas en las cuales Arturo y sus caballeros esperan el momento de volver. Un día, según coinciden todas las leyendas, el rey Arturo despertará de su largo sueño y cabalgará para salvar a su pueblo, en el momento en que ellos más lo necesiten.

Lo mismo que ocurre con las leyendas, sucede con los nombres de los sitios. Arturo, según parece, viajó mucho y lejos, ya que su nombre puede encontrarse por todo lo ancho y largo del país, desde las islas Scilly llamadas Gran Arturo y Pequeño Arturo, situadas en el suroeste en la costa de Cornwall, hasta la Silla de Arturo, que se eleva sobre Edimburgo, la capital de Escocia; y desde el Sillón de Arturo en las colinas de Breconshire en Gales hasta la Colina de Arturo, de Newcastle, en la costa noreste de Northumberland. Ningún otro nombre en toda Gran Bretaña aparece con tanta frecuencia, excepto el del demonio (Devil). Nadie conoce con exactitud la antigüedad de los nombres de estos lugares, así como tampoco nadie sabe qué antigüedad tienen las leyendas. Pero en algún momento de la oscura niebla de la historia, próximo a su creación, existió un Arturo real que los inspiró.

Colinas conocidas como «la Silla de Arturo», en Edimburgo.

El Arturo que ha venido a formar parte del tejido de nuestras vidas actuales es mayormente una creación de los tiempos medievales, cuando los trovadores y los cronistas lo convirtieron en héroe de los romances, un campeón cristiano, un legislador noble cuyos caballeros fueron el modelo de la caballería. Estos cuentos artúricos han ocupado un lugar en nuestra literatura y, a lo largo de los siglos, los poetas y los pintores han recreado de nuevo los personajes y sus aventuras. De hecho, el mito se ha hecho tan real para nosotros que tendemos a olvidar la existencia de un Arturo real e histórico. Quizás no fue un rey en el sentido en que nosotros entendemos el reinado. Quizás ni siquiera fue un hombre particularmente bueno, generoso o idealista. Todos sabemos, cuando comenzamos a cono cerlo, que debió ser una persona notable, pues la fama no sobreviene sin una buena razón y la fama de Arturo nunca ha sido igualada.

La referencia más temprana conocida a nuestro Arturo histórico es indirecta, y data de los turbulentos siglos inmediatamente posteriores al 410 d.C., cuando la última guarnición romana se retiró de Britania, la avanzada más occidental de un Imperio romano que estaba a punto de entrar en su decadencia. Tras la partida de la legión, la isla sufrió las constantes invasiones de los jutos, los anglos y los sajones desde el Mar del Norte. En un poema épico escrito sobre el año 603, el bardo galés Anerin describe una de las muchas batallas que tuvieron lugar entre estos invasores y los britanos, que luchaban desesperadamente para repelerlos. A lo largo de este extenso poema, Gododdin, parece que el nombre de Arturo ya estaba asociado a una valentía excepcional, ya que Aneurin describe las hazañas de cierto héroe británico diciendo que su coraje era notable, «a pesar de que no era Arturo».

Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, civilizador de las islas británicas y dios de los britanos, el pueblo de donde surgió el mito de Arturo.

Otra pista significativa es la siguiente: un siglo antes de que Gododdin se escribiera, el nombre de Arturo era prácticamente desconocido en Britania. A finales del siglo VI y principios del VII, sin embargo, comenzó a ser bastante común, ya que existen cuatro o cinco Arturos a los que se les puede seguir el rastro a pesar de los escasos documentos de ese periodo que han llegado hasta nosotros. Uno de ellos fue un príncipe de Argyll, nacido del rey escocés Aedán mac Gabráin sobre el año 570; otro de los Arturos nació aproximadamente en el mismo periodo en el suroeste de Gales y fue nieto de un gobernante llamado Vortiporius, del cual todavía existe un monumento; en el año 620 el rey irlandés, Morgan, fue asesinado por «Artuir, hijo de Bicoir, un britano». No es fácil justificar esta repentina popularidad a no ser que un Arturo real existiera en este tiempo, o poco antes, y cuyas proezas suscitaran tanto la admiración de sus contemporáneos que varios gobernantes británicos pusieran este nombre a sus hijos en su honor.

Sin embargo, aunque estas referencias sugieren de forma sólida que un Arturo histórico vivió en Britania en algún momento del siglo VI, las fuentes de este periodo no mencionan su nombre directamente. De hecho, no es hasta doscientos quince años después cuando el nombre de Arturo aparece en una crónica auténtica: la Historia Brittonum, que fue recopilada en latín por un monje galés llamado Nennius en el siglo IX. En una sucesión de referencias sugerentemente breves, Nennius menciona a Arturo como el vencedor británico de una serie de batallas libradas por los británicos contra los sajones en el siglo VI. Nennius ofrece información muy poco sólida, como veremos en un capítulo posterior, pero confirma la legendaria reputación de valentía de Arturo que ya se había sugerido en la alusión del poema Gododdin, y, lo que es más importante, deja claro que Arturo fue una figura alrededor de la cual ya se habían comenzado a forjar fantásticas leyendas.

En el poema Gododdin aparece una de las primeras referencias al rey Arturo, resaltando su arrojo y valentía y su carácter heróico.

Nennius relata dos historias que ilustran este hecho; precisamente, las llama mirabilia, «maravillas». La primera tiene que ver con Carn Cabal, un memorial o monumento hecho con piedras apiladas unas encima de otras, en el condado galés de Breconshire. En la parte superior del monumento, había una piedra que contenía la huella del perro de Arturo, Cabal, que la había marcado al pisarla durante una cacería de jabalíes. Arturo hizo construir el monumento en memoria de su amado perro y señaló que cada vez que la piedra con la huella se quitara de su sitio, en las siguientes veinticuatro horas, indefectiblemente volvería a su lugar.

La otra historia hace relación a la milagrosa tumba del hijo de Arturo, Anir, que fue enterrado junto al nacimiento del río Gamber en Herefordshire, en la frontera galesa. Anir «fue hijo de Arturo el soldado», escribe Nennius, «y el mismo Arturo lo mató y lo enterró. Y cuando los hombres vengan a medir la longitud del túmulo, encontrarán que a veces mide seis pies, o nueve, a veces doce y a veces quince. Cualquiera que sea la longitud que midas la primera vez, será diferente a la que midas la siguiente, y yo mismo he comprobado que esto es cierto».

Por muy fantasiosas que parezcan las historias de Nennius, fueron totalmente superadas a principios del siglo XII, cuando un estudioso conocido como Geoffrey de Monmouth escribió un libro llamado Historia Regum Britanniae (Historia de los reyes de Britania