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Buscando el reino de Dios: Reflexiones sobre las parábolas de Jesús es una guía indispensable para educadores que desean conectar a sus estudiantes con las enseñanzas de Jesús de una manera dinámica, participativa y profundamente significativa. Inspirado en la metodología de la Filosofía para Niños, este libro transforma las parábolas en un puente hacia el pensamiento crítico y el compromiso personal. Cada capítulo combina narraciones, reflexiones teológicas y herramientas pedagógicas que ayudarán a los educadores a fomentar el diálogo respetuoso y la conexión personal con el mensaje de Jesús y las inquietudes del presente. A través de estas páginas los lectores podrán descubrir cómo las pequeñas semillas de estas historias tienen el potencial de crecer y convertirse en grandes árboles de aprendizaje, y animarse a transmitir el mensaje del Reino de Dios de una manera viva y transformadora.
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Seitenzahl: 316
Veröffentlichungsjahr: 2025
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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile
lea.uc.cl
BUSCANDO EL REINO DE DIOS: REFLEXIONES SOBRE LAS PARÁBOLAS DE JESÚS
Celso López, Eduardo Pérez-Cotapos, Ana María Vicuña
© Inscripción Nº 2024-A-12603
Derechos reservados
Enero 2025
ISBN N° 978-956-14-3385-4
ISBN digital N° 978-956-14-3386-1
Diseño: Carolina Valenzuela
CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile
Nombres: López Saavedra, Celso | Pérez-Cotapos Larraín, Eduardo | Vicuña Navarro, Ana María
Título: Buscando el reino de Dios : reflexiones sobre las parábolas de Jesús / Celso López Saavedra, Eduardo Pérez-Cotapos Larraín, Ana María Vicuña Navarro.
Descripción: Santiago, Chile : Ediciones UC
Materias: CCAB: Jesucristo - Parábolas | Parábolas bíblicas
Clasificación: DDC 226.8--dc23
Registro disponible en: https://buscador.bibliotecas.uc.cl/permalink/56PUC_INST/vk6o5v/alma997583588203396
La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.
Diagramación digital: ebooks [email protected]
ÍNDICE
Primera parte: Las parábolas
Introducción a la primera parte
Introducción a las parábolas
1. Parábola del grano de mostaza
2. Parábola de la casa construida sobre roca
3. Parábola de la oveja perdida
4. Parábola de los talentos
5. Parábola del tesoro escondido y la perla preciosa
6. Parábola del siervo sin compasión
7. Parábola de los obreros de la viña
8. Parábola del buen samaritano
9. Parábola del hijo pródigo
10. Parábola del fariseo y el publicano
11. Parábola del sembrador
12. Parábola del banquete
Segunda parte: El estudio de las parábolas
Introducción a la segunda parte
1. Parábola del grano de mostaza
2. Parábola de la casa construida sobre roca
3. Parábola de la oveja perdida
4. Parábola de los talentos / minas
5. Parábola del tesoro escondido y la perla preciosa
6. Parábola del siervo sin compasión
7. Parábola de los obreros de la viña
8. Parábola del buen samaritano
9. Parábola del hijo pródigo
10. Parábola del fariseo y el publicano
11. Parábola del sembrador
12. Parábola del banquete
PRIMERA PARTE
LAS PARÁBOLAS
INTRODUCCIÓN A LA PRIMERA PARTE
El texto que presentamos a continuación es el resultado de un proyecto de investigación,1 cuyo propósito principal fue el de proporcionar una metodología para la enseñanza de la religión que permitiera estimular la reflexión de los estudiantes sobre sus propias experiencias religiosas.
Tomamos como modelo la metodología del diálogo filosófico y la formación de una comunidad de indagación, tal como se practica en el Programa de Filosofía para Niños creado por Matthew Lipman en la década de 1970 y actualmente extendido por todo el mundo.2
Numerosas investigaciones, realizadas en Estados Unidos y en el resto del mundo, incluido Chile, han demostrado que este programa logra un significativo incremento de las habilidades de razonamiento y comprensión lectora, además de habilidades sociales de respeto y tolerancia.3 Por esta razón, la metodología resulta particularmente adecuada para una enseñanza de la religión que apele a la libertad, la razonabilidad y la empatía de los alumnos.
En una explicación muy simplificada, la metodología consiste en estimular un diálogo animado entre los estudiantes sobre temas que a ellos les interesan y promover una reflexión comunitaria y cooperativa que los conduzca a pensar con más claridad sobre estastemáticas. Se espera que un diálogo bien estructurado, y respetuoso de la coherencia lógica y de las reglas de procedimiento, produzca un pensamiento de mejor calidad en los participantes, desarrollando, así, sus habilidades de razonamiento. En la práctica, el programa usa textos narrativos filosóficos (conocidos como «novelas filosóficas»), en los que los personajes son niños que dialogan y se preguntan sobre asuntos de su vida cotidiana o de sus experiencias escolares. Después de la lectura de un trozo breve del texto, los alumnos son invitados a formular preguntas o comentarios sobre lo que les llamó la atención de la lectura. Con estas interrogantes de los alumnos, se organiza la discusión. La persona que guía, generalmente la profesora o profesor, se asegura de que se respeten las reglas de procedimiento (no interrumpir, pedir la palabra, ir al punto, etc.) y las reglas de la argumentación. El resultado es que, después de un tiempo, los participantes no solo aprenden a pensar mejor, sino que lo hacen cooperativamente, aprenden a dialogar con respeto y desarrollan lazos afectivos entre ellos, lo que se conoce como una comunidad de indagación. Esta se define como un grupo de personas –los niños y la profesora, por ejemplo– comprometidas en la búsqueda de la verdad por medio del diálogo filosófico, sujeto a la evidencia y la razón.
De acuerdo a Matthew Lipman, al hacer filosofía con los niños, surge espontáneamente la comunidad de indagación: «Cuando se anima a los niños a pensar filosóficamente, el aula se convierte en una comunidad de investigación».4 Su consejo para los profesores es que sean inquisitivos y rigurosos, como Sócrates con sus discípulos, que los respeten y los animen a pensar por sí mismos. Lo anterior implica no intentar introducirles ideas, sino que ayudarles a sacarlas de sus propias mentes, mediante preguntas que los lleven a cuestionarse y a pensar mejor.
Por otra parte, consideramos que las enseñanzas de Jesús en las parábolas del Evangelio ofrecen un material muy adecuado para crear un texto narrativo de carácter dialógico, que permita organizar discusiones a partir de su lectura, siguiendo el modelo de la metodología de Filosofía para Niños.
Algunas características de las parábolas, que las hacen especialmente adecuadas para este propósito, son las siguientes:
• En primer lugar, se trata de textos narrativos breves, que se centran en lo esencial, que son a la vez ficticios y realistas, de modo que lo narrado es una situación que podría haber ocurrido. Esto los hace verosímiles, a diferencia de las fábulas o los relatos fantásticos.
• En segundo lugar, la parábola es metafórica: mediante el relato, remite a algo que está más allá de su sentido primario, estableciendo o mostrando una relación entre dos realidades muy diversas.
• En tercer lugar, la parábola tiene una estructura «apelativa», puesto que desafía al oyente a interpretarla, dado que su sentido más profundo no está en el significado literal, sino que va más allá y es el lector o el oyente quien está llamado «a ser el constructor de sentido del texto mediante una “toma de posición” frente a ella que toca su vida concreta».5
Por lo tanto, a la metodología del diálogo filosófico, con sus énfasis en la reflexión sobre las experiencias de los alumnos, el compartir y contrastar experiencias y el rigor lógico de la discusión, se agregará un nuevo énfasis: compartir las experiencias religiosas e interpretativas de los participantes (¿qué me dice a mí este texto?, ¿cómo me interpela?, ¿qué mensaje quiso transmitir Jesús con esta parábola?). De esta manera, el texto que presentamos pretende ayudar a conectarnos con los intereses de los niños, a motivar sus preguntas y a guiar su búsqueda y reflexión sobre el mensaje de Jesús y sobre cómo nos interpela a cada uno.
En efecto, las parábolas de Jesús en los Evangelios nos conectan directamente con su mensaje y nos permiten acercarnos a conocer a la persona de Jesús. En palabras del Papa Francisco, este es el primer paso para llegar a ser un discípulo: «la primera cosa para un discípulo es estar con el maestro, escucharlo, aprender de él».6
Por la misma razón, si se logra promover una educación religiosa no adoctrinante, que se acerque a los intereses de los alumnos y que no dé por supuesta la fe, se podría integrar a aquellos estudiantes que, habitualmente, se marginan de la clase de religión. Pastoralmente, «evangelizar» es salir al encuentro de los que no conocen ni se interesan por la «buena nueva». El Papa Francisco nos exhorta a «salir a las periferias», lo que implica una apertura al otro y a los otros, acogiéndolos en su diversidad. «Dios no tiene miedo de las periferias. Y si ustedes van a las periferias, es allá donde lo encontrarán».7
En síntesis, el texto que ofrecemos es un texto narrativo, fundamentalmente dialógico, que permite facilitar la creación de una comunidad de indagación en la clase, estimulando la reflexión sobre los temas libremente propuestos por los estudiantes a partir de su lectura. El texto intenta proporcionar un marco a la búsqueda, presentando las preguntas y opiniones de los niños de la historia como un estímulo para que los alumnos se animen a compartir también sus propios puntos de vista. La persona que guía la discusión podría, a su vez, emular el estilo de la Srta. Patricia, la profesora del relato, que es respetuosa, atenta, afectuosa e intenta comprender a los niños y ayudarlos en su búsqueda, proporcionando información cuando es necesario y animándolos a expresar sus ideas y a colaborar entre ellos.
En estas circunstancias, el diálogo puede progresar y ser fructífero, aunque no existe la obligación de llegar a un consenso ni es forzoso zanjar la discusión, sino que esta puede permanecer abierta.
Junto al desarrollo de habilidades dialógicas y argumentativas, la formación de la comunidad fomenta el desarrollo de un «pensamiento cuidadoso» (caring thinking)8, una relación afectiva de «importarse unos a otros», una capacidad de empatía surgida del compartir experiencias y pensamientos sobre las experiencias de unos y otros y el ejercicio de mirar los problemas desde diferentes perspectivas.
Para una correcta interpretación de las parábolas, la segunda parte del libro ofrece una explicación de lo que se entiende por parábola, cuál es su función y cómo han sido interpretadas a lo largo de la historia. Además, presenta el contexto histórico de cada una de las parábolas que se trabajan en la primera parte y da guías para su interpretación. Este es un valioso material de consulta para quienes deseen ocupar este libro para la enseñanza de la asignatura de Religión aplicando la metodología sugerida.
Nuestro deseo y esperanza es que el presente libro sea un aporte que vaya más allá de la transferencia de una metodología, que es muy valiosa y que ha demostrado su eficacia. Esperamos que permita crear las condiciones para un encuentro personal con Jesús a través de sus parábolas.
1 Proyecto Estrategias de diálogo para la enseñanza de la religión, II CONCURSO DE INVESTIGACIÓN «Id y enseñad». Programa Pedagogía en Religión Católica PPRC, Pontificia Universidad Católica de Chile.
2 cf. Lipman, M., Sharp, A. M. & Oscanyan, F. La filosofía en el aula. Ediciones de la Torre, 1992.
3 cf. Gregory, M. et al. International Handbook of Philosophy for Children. Routledge, 2016.
4 Lipman, M., Sharp, A. M. & Oscanyan, F. La filosofía en el aula. Ediciones de la Torre, 1992, p.118.
5 Ver la introducción a la segunda parte del presente libro, donde explicamos detalladamente el concepto, la función y las diversas interpretaciones que se han dado históricamente de las parábolas (p. 105).
6 Discurso del Papa Francisco a los catequistas en Roma, 2013.
7 Discurso del Papa Francisco a los catequistas en Roma, 2013.
8 Lipman, M. (2016). El lugar del pensamiento en la educación. Traducido del inglés por Manuela Gómez Pérez. Octaedro.
INTRODUCCIÓN A LAS PARÁBOLAS
Esa mañana Gloria estaba muy contenta. Por fin comenzaba un nuevo año escolar y se encontraría nuevamente con sus amigos. Por eso, se fue temprano al colegio y llegó antes de que empezaran las actividades del día. Dio vuelta alrededor del edificio principal y se dirigió al jardín posterior, donde había una escultura de una mujer con un niño en los brazos. De pronto sintió una voz amiga:
–¡Gloria!¡Gloria! –gritaba Camila–. ¡Qué bueno que estás aquí!
Las dos amigas se abrazaron, se preguntaron sobre las respectivas vacaciones y se relataron anécdotas. De pronto, Gloria preguntó:
–¿Supiste la buena noticia?
–No. ¿Cuál? –preguntó Camila.
–La Srta. Patricia va a ser nuestra profesora jefa. ¿No te parece fantástico?
–Sí, maravilloso. Entonces, vamos a poder conversar de lo que nos interesa y preguntarle todo lo que queramos –dijo Camila.
–Sí. Eso es lo que más me gusta de ella, que se interesa por saber de nosotros y no se enoja cuando le hacemos preguntas –dijo Gloria.
En ese momento, llegó la hora de volver al patio central y ordenarse para que cada curso entrara a su sala.
Una vez en la sala, la Srta. Patricia les dio la bienvenida, les contó que este año le correspondía ser su profesora jefe y que, además, iba a ser su profesora de religión. Los niños se alegraron, porque todos le tenían mucho cariño y valoraban su disposición a dialogar, su compromiso y alegría para enseñar y la entrega que ponía en motivarlos para lograr los objetivos de su clase.
–Srta. Patricia, ¿de qué se va a tratar la clase de Religión este año? –preguntó Gloria.
–Hay varios temas en el programa –dijo la Srta. Patricia–, pero a mí me gustaría saber qué les interesa a ustedes.
–A mí me gustaría hablar de los milagros de Jesús –dijo Álvaro.
–No –dijo Sebastián–, yo no creo mucho en eso. Yo preferiría aprender más sobre la persona de Jesús, quién era en verdad y cómo era la amistad con sus seguidores.
–A mí también me gustaría esto –dijo Camila–, pero más que nada me gustaría entender a qué vino Jesús al mundo.
–Vino a hablarnos del Reino de Dios –dijo Gloria–, al menos, eso es lo que me ha dicho mi mamá.
–Pero ¿qué es el Reino de Dios? –dijo Manuel–. Eso es lo que me gustaría saber, qué es y cómo es el Reino de Dios.
–A mí también –dijo Álvaro–. Este tema me gusta.
–Bueno –dijo la Srta. Patricia–. Este es un buen punto para comenzar. Veamos si al resto del curso le parece bien. Si están de acuerdo, les propongo comenzar por leer algunas parábolas.
–¿Qué son las parábolas? –preguntó Álvaro.
–Las parábolas –dijo la Srta. Patricia– son pequeños relatos contados por Jesús, en los que él nos habla del reino mediante comparaciones.
Después de una breve discusión, se produjo un acuerdo y la Srta. Patricia les propuso leer la parábola de la semilla de mostaza. Los alumnos aceptaron con gusto.
1. PARÁBOLA DEL GRANO DE MOSTAZA
Mt 13,31-32
31 Les propuso otra parábola diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. 32 Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».
–No sabía que la mostaza era un árbol –dijo Álvaro.
–Yo tampoco lo sabía –dijo Manuel.
–Por lo menos, podemos pensar en una semilla muy pequeña, como la pimienta –dijo Camila.
–¿También la pimienta crece como un árbol? –preguntó Álvaro.
–No lo sé –dijo Camila.
–Tal vez –intervino, la Srta. Patricia– deberíamos pensar en algo más cercano a nuestra experiencia. La mostaza no es un árbol tan común, como los eucaliptos, los plátanos orientales o los pinos, que siempre podemos ver en las calles de nuestra ciudad. Pensemos, en cambio, en la siguiente parábola:
Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina hasta que fermentó todo» (Mt. 13,33)
–¿Por qué es esto más cercano a nuestra experiencia? –preguntó Sebastián.
–Porque todos hemos visto hacer pan amasado –respondió Camila.
–Yo nunca he visto hacerlo –replicó Sebastián.
–Yo te puedo explicar cómo lo hace mi mamá –dijo Gloria–. Mezcla la harina y la levadura con agua y sal. Con eso hace la masa. En seguida, la cubre con un paño de cocina y la deja reposar por un tiempo largo. Después, al quitar el paño, la masa ha fermentado y ha crecido mucho. Con esa masa fermentada se hace el pan y luego se hornea.
–¡Qué rico! –dijo Álvaro–. ¿Podemos hacer pan en la escuela?
–Eso lo veremos después. Por ahora, tratemos de entender las parábolas –dijo la Srta. Patricia–. ¿Qué tienen en común los dos ejemplos?
–En los dos casos –dijo Manuel–, se compara el Reino de Dios con algo pequeño: un grano de mostaza o una pequeña porción de levadura.
–Sí, algo muy pequeño, casi desechable –dijo Camila–, que, sin embargo, llega a ser algo muy grande y poderoso.
–Además, en los dos casos, se trata de un proceso silencioso, –dijo Gloria.
–¿Por qué dices eso? –preguntó Sebastián.
–Bueno, porque la masa, a la que se le ha agregado la levadura, crece silenciosamente –dijo Gloria. Luego pensó un poco y agregó–: tú no la escuchas crecer.
–Es verdad –dijo Camila– y tampoco escuchas el sonido de las plantas cuando crecen.
–Muy bien –dijo la Srta. Patricia–, ahora deberíamos preguntarnos si es correcto hacer esta comparación, es decir, si es verdad que el Reino de Dios es algo pequeño que se transforma silenciosamente en algo muy grande.
Los niños pensaron en silencio.
–Es extraño –dijo Álvaro. Yo siempre he pensado que el Reino de Dios es como una Corte Real. Dios es como el Rey, y los ángeles son como los funcionarios reales.
–Yo creo que esa es más o menos la idea que todos tenemos de él –dijo Manuel.
–Yo también pienso lo mismo. Aunque pienso que se trata de una idea que de manera sutil se ha introducido en nuestra mente por la influencia de los artistas religiosos, los sacerdotes, nuestros padres y abuelos, y nuestros profesores de religión –comentó Camila.
–Yo también pienso como ustedes –dijo Gloria–, pero el Reino de Dios, en este texto, es algo que nace muy pequeño y luego crece hasta convertirse en algo muy grande o poderoso.
–En oposición a lo que pensamos sobre una corte real –recalcó Manuel–, se trata de un proceso y no de algo establecido definitivamente.
–¿Un proceso? –dijo Sebastián–, me parece algo muy difícil de pensar.
–No tanto –dijo Manuel–. Me parece que es lo mismo que pasó con la Iglesia, empezó como algo pequeño, con Jesús y los doce apóstoles, y luego se transformó en una gran institución.
–¿Quieres decir que la Iglesia es lo mismo que el Reino de Dios? –preguntó Camila.
–A ver, un momento, ¿no les parece que Jesús se mantuvo como una persona común? –dijo la Srta. Patricia–. Jesús actúa silenciosamente, no creo que a él le gustara tener una corte real. ¿No les parece?
–En realidad, no me lo imagino como un rey con una corte –dijo Camila–, buscando poder y privilegios. No creo que el Reino de Dios sea así.
–Tienes razón –respondió Manuel–, pero, por lo que hemos visto, en ambos casos se trata de un proceso misterioso que no podemos comprender muy bien.
–Pero, en la naturaleza, hay muchos procesos misteriosos –dijo Álvaro–. Por ejemplo, una amiga tuvo que hacer un experimento en el colegio. Tenía que colocar un algodón con agua en un vaso y ponerle encima un poroto. Después de un tiempo, salían ramitas y hojas. Era una planta de poroto. Me pareció increíble que de un poroto saliera una planta completa.
–¡Tienes toda la razón! –dijo Camila–, eso es lo maravilloso de la naturaleza. Son muchas las cosas pequeñas, de las que salen cosas grandes y hermosas.
Piensen que de un huevo puede salir un cisne.
–Me parecen muy interesantes sus observaciones, niños, pero ¿qué relación podrían tener estas imágenes del grano de mostaza y la pequeña porción de levadura con el Reino de Dios? –dijo la Srta. Patricia.
–Por lo menos, podemos decir que es algo pequeño que crece y se vuelve grande –dijo Manuel–, pero no tengo idea de qué puede ser.
Varios alumnos concordaron con Manuel y se mostraron un poco desconcertados con la pregunta.
–No se preocupen –dijo la Srta. Patricia–, las parábolas nos hacen pensar. Les propongo que piensen en esto durante unos días, hasta que leamos la próxima parábola.
2. PARÁBOLA DE LA CASA CONSTRUIDA SOBRE ROCA
Mt 7,24-27
24 Así pues, todo el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente que edificó su casa sobre roca. 25 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba cimentada sobre roca. 26 Y todo el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre insensato que edificó su casa sobre arena: 27 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y se cayó, y fue grande su ruina.
–No entiendo muy bien –dijo Sebastián– porque no habla del Reino de Dios, sino de escuchar las palabras de Jesús. Además, yo, en realidad, no sé cómo se construye una casa.
–Tienes razón, Sebastián, pero supongamos, por ahora, que ambos temas están relacionados. Tal vez, deberíamos empezar por analizar cómo se construye una casa o un edificio –dijo la Srta. Patricia.
–¡Yo sé, Srta. Patricia, yo he visto cómo se hace! –dijo Gloria.
–¿Ah, sí? ¡Qué bien, Gloria! –dijo la Srta. Patricia– Tú nos puedes ayudar. Yo había pensado que sería algo difícil de explicar en cuanto a los detalles técnicos, sin embargo, me doy cuenta de que algunos de ustedes pueden tener más de una idea de cómo se construyen las casas y los edificios. De modo que los invito a compartir lo que saben.
–Lo vi en una película –dijo Gloria–, primero arman las vigas y luego, después de que tienen la estructura, la ponen de pie y van clavando las tablas para formar las paredes y el techo.
–Yo tengo un tío que construye casas –dijo Álvaro– y él me dice que siempre se debe empezar haciendo un hoyo profundo, para después rellenarlo con cemento y construir la base, es decir, lo que él llama los cimientos; esto es lo que le va a dar firmeza al edificio.
–Es parecido a la raíz de un árbol –dijo Camila–, pues la raíz es lo que lo sostiene.
–Yo también he visto hacer eso –dijo Manuel–. Los obreros revuelven el cemento con arena y con agua, hasta formar una mezcla. Esta debe secarse hasta que se endurezca. Eso es el cimiento. Sobre él se hacen las murallas, que pueden ser de ladrillos o madera, y luego se instala el techo.
–¿Y qué pasaría si no se pusieran los cimientos? –preguntó Gloria.
–Bueno –dijo Camila, con una sonrisa–, pasaría lo mismo que con los castillos de arena: viene una ola y los destruye completamente.
–Eso es justo lo que dice Jesús que ocurrirá con las casas que no están construidas sobre roca –dijo Manuel.
–Pero ¿qué significa construir sobre roca? –preguntó Sebastián–. La roca no es lo mismo que el cemento.
–No, claro que no, pero yo creo –dijo Manuel– que construir sobre roca significa construir sobre buenos cimientos.
–Yo pienso lo mismo –dijo Camila–, aunque Jesús lo aplica a sus propias palabras.
–¿A qué te refieres con eso? –preguntó la Srta. Patricia.
–Lo digo porque es lo que dice Jesús –dijo Camila–, que las personas que escuchan sus palabras y las ponen en práctica, se parecen a un hombre que construyó su casa sobre roca. Yo creo que quiere decir que los que aceptan sus enseñanzas entienden cómo tienen que vivir.
–Pero ¿no crees tú que las personas pueden equivocarse? –preguntó Sebastián.
–Por supuesto –dijo Manuel–, pero, si siguen las enseñanzas de Jesús, aunque se equivoquen y cometan errores, siempre sabrán cómo volver al camino correcto.
–Pero ¿qué ocurre si la persona sabe lo que tiene que hacer y no lo hace? –preguntó Álvaro–. Por ejemplo, cuando me mandan a comprar el pan, yo sé que no puedo quedarme con el vuelto, pero a veces me compro un helado.
–¿Y no te sientes culpable? –preguntó Gloria.
–Sí, un poco –respondió Álvaro–, pero, si no me pillan, se me pasa.
–Pero ¿qué pasa si te pillan? –preguntó Gloria.
–Les explico que hacía mucho calor o algo parecido –contestó Álvaro–. Aunque, pensándolo bien, mi mamá me reta igual. Me dice: «¿No sabes que no puedes hacer eso? Es como robar. Si me lo hubieras pedido, tal vez te hubiera dado permiso…».
–Entonces, ¿prefieres un helado al amor de tu madre? –preguntó Gloria.
–Sí, sé que está mal. Pero lo hago casi sin pensar –respondió Álvaro.
–Bueno –dijo la Srta. Patricia–, ¿no crees que eso muestra que, aunque cometas errores, como dice Manuel, sabes encontrar el camino?
–Hay casos mucho más malos –dijo Camila–. Casos de drogadictos que roban cosas de sus casas para venderlas y comprar drogas.
–Yo jamás haría eso –dijo Álvaro.
–Lo sabemos –dijo Camila–. Pensaba en esos otros casos y en personas que hacen sufrir a otras.
–Tienes razón –dijo la Srta. Patricia–. Hay muchas cosas en la vida que se pueden dejar pasar, pero hay otras cosas que no se pueden aceptar, porque causan mucho daño.
–¿Podría darnos un ejemplo? –preguntó Gloria.
–Bueno, por ejemplo –dijo la Srta. Patricia–, no se puede tolerar que los constructores, por ahorrar materiales, pongan menos de lo indicado en la mezcla, con el resultado de que el edificio, si viene un terremoto, se caiga y muera mucha gente.
–Yo creo que eso también se aplica a las palabras de Jesús –dijo Camila–, porque con ellas no se pueden hacer trampas.
–Sí –reafirmó Manuel–. Están ahí, como si fuesen signos del tránsito, para ayudarnos a buscar el camino correcto.
–¿Por qué –preguntó Sebastián– hay palabras que uno escucha y palabras que uno no escucha o no les presta atención?
–Eso también me preocupa –dijo Gloria–. ¿Qué hace que una palabra sea más creíble?
–Pensemos un poco más en esto –dijo la Srta. Patricia–. Son preguntas importantes. Piensen a quiénes escuchan ustedes, a quiénes les creen lo que dicen.
–Es más fácil decir a quién no le creo –dijo Álvaro–. No les creo a los mentirosos, como mi primo, que siempre anda inventando cosas.
–Es verdad –dijo Sebastián–. Pasa lo mismo con las personas que hacen trampa. Después uno ya no quiere jugar con ellos. Y si alguien te ha mentido alguna vez, ya no le crees lo que dice.
–Yo le creo a mi mamá –dijo Gloria–, porque nunca me miente y siempre me explica las cosas que no entiendo. En cambio, a mi papá, no siempre le creo, porque es muy bromista y muchas veces dice cosas para molestarme o para ver qué voy a decir yo.
–¿Qué te parece, Sebastián? –preguntó la Srta. Patricia–. ¿Te parece que lo que han dicho ayuda a responder tu pregunta?
–Sí –dijo Sebastián–, me ayuda bastante. Y también a responder la pregunta de Gloria. Creo que escuchamos a las personas que son confiables y les creemos porque son de una palabra, no mienten y no hacen trampa. Podríamos decir que son «derechas».
–Estoy de acuerdo –dijo Camila–, pero me parece que, en el caso de Jesús, tenemos que agregar que sus discípulos le creían porque sentían que Jesús los amaba.
–Yo también pienso que el liderazgo de Jesús se basa en el amor –dijo Manuel–, pero también en lo que dijo Sebastián, que su palabra es confiable porque es verdadera y porque él es consecuente: vive lo que dice. Es decir, no son meros consejos que podrían olvidarse, sino palabras que, al estar dichas con amor y por alguien que da ejemplo con su vida, hacen que uno cambie.
–Yo creo –dijo Gloria– que las palabras de Jesús tienen que ver con toda nuestra vida.
–¿Qué quieres decir? –preguntó Álvaro.
–Yo creo –dijo Manuel– que lo que Gloria quiere decir es que las palabras de Jesús son como un buen cimiento para nuestra vida.
–¿Qué les parece si volvemos ahora a la primera inquietud de Sebastián? ¿Recuerdan que dijo que esta parábola no hablaba del Reino de Dios, sino de escuchar las palabras de Jesús? –preguntó la Srta. Patricia.
–Sí –dijo Sebastián–, y usted dijo que los dos temas podrían estar relacionados. Pero yo, al menos, no veo la relación.
–¿Alguien ve alguna relación? –preguntó la Srta. Patricia.
–No sé –dijo Álvaro–, pero creo que tiene que ver con los cimientos de una casa y que escuchar las palabras de Jesús se parece a un hombre que puso buenos cimientos.
–¡Ya sé, ya sé! –gritó Camila–, creo que se trata de construir el Reino de Dios. Los cimientos no son de una casa, sino del reino. Entonces, lo que yo creo es que nosotros tenemos que escuchar las palabras de Jesús para poder construir el reino.
–Me parece muy ingeniosa tu sugerencia. Veamos qué piensan los demás –dijo la Srta. Patricia.
–No estoy muy seguro –dijo Manuel–. En todo caso, no creo que el Reino de Dios se construya como una casa o como un edificio.
Nadie dijo nada por un rato.
–Está bien –dijo la Srta. Patricia–, vamos a dejar la sugerencia de Camila como una respuesta posible, pero vamos a seguir reflexionando sobre qué es el Reino de Dios con la ayuda de otras parábolas.
3. PARÁBOLA DE LA OVEJA PERDIDA
Mt 18,12-14
12 ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en los montes, para ir a buscar la extraviada? 13 Y si llega a encontrarla en verdad les digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve no extraviadas.
14 Del mismo modo, no es voluntad del Padre que está en los cielos, que se pierda uno solo de estos pequeños.
–Me parece que esta parábola tiene partes que son difíciles de entender –dijo Álvaro.
–¿Por qué dices eso? –preguntó la Srta. Patricia.
–No me queda claro por qué dice que todos abandonaríamos a las noventa y nueve e iríamos tras la oveja que se extravió –dijo Álvaro.
–¿Cuál es el problema? –preguntó Gloria.
–Bueno, no sé –contestó Álvaro–, yo no lo haría. Y, pensándolo bien, no creo que ningún pastor abandonaría noventa y nueve ovejas para rescatar a una sola.
–También a mí me parece extraño esto de que un pastor abandonara a casi todas sus ovejas para ir a buscar a una. No tiene mucho sentido –dijo Sebastián.
–Yo creo que no las abandonó –dijo Manuel–, solo las dejó en los montes. ¿Es eso abandonar? No me parece.
–Pero no sabemos si a las ovejas les podría haber pasado algo malo al estar sin el pastor –insistió Álvaro–. Podrían venir animales feroces y atacarlas.
–No –dijo Camila–, en ese caso no las habría dejado. Yo pienso que, tal vez, el pastor tenía cierta preferencia por esa oveja.
–Yo también creo que se trata de ciertas preferencias –dijo Manuel–. Por ejemplo, uno puede tener muchos juguetes que, aparentemente, son todos iguales, pero muchas veces uno prefiere jugar con uno solo.
–Es cierto –dijo Gloria–. Una vez en mi casa había muchos gatitos, porque la gata los había tenido recién, y parecía que eran todos iguales, pero había uno que era mi preferido. Y lo mismo me pasa con mis muñecas.
–Pero, eso sería extraño en el caso de la oveja –dijo Sebastián–, porque daría la impresión de que Dios tiene ciertas preferencias y no nos amaría a todos por igual.
–Tal vez eso es lo que le producía problemas a Álvaro –dijo la Srta. Patricia–. Preguntémonos, entonces, ¿podría alguien amar a todos por igual y, sin embargo, tener una preferencia por una persona en especial?
–Yo pienso –dijo Sebastián– que eso sería contradictorio. O quieres a todos por igual o tienes preferencia por alguna persona.
–Tal vez, hemos exagerado el abandono de las noventa y nueve ovejas –dijo Manuel–. Lo que el texto dice es que deja a las noventa y nueve que no se han perdido y va a buscar a la que se ha extraviado. Pero no dice que es la más bella ni la que más quiere.
–Estoy de acuerdo –dijo Camila–. El pastor deja a las noventa y nueve en el monte, porque la oveja extraviada es la que lo necesita más, en el sentido de que no puede encontrar el camino por sí misma o que se siente muy sola y abandonada.
–Eso quiere decir que el pastor se comporta como una madre que quiere a todos sus hijos por igual, pero se preocupa más del que la necesita más, por ejemplo, porque está enfermo –dijo Gloria.
–Estoy de acuerdo –dijo Manuel–. Me parece que el pastor busca a la oveja extraviada porque ella se ha puesto en una posición vulnerable y necesita su ayuda.
–Es cierto –agregó Camila–, y al encontrarla se pone feliz, porque ha podido proteger a la más débil.
–Pero –dijo Sebastián– ¿qué ocurre con las otras noventa y nueve que quedan en el monte?
–No lo sé, pero están, al menos, en mejor situación que la oveja que está sola y extraviada –dijo Camila.
–Por otra parte, al final de la parábola, Jesús dice que no es voluntad del Padre que estos pequeños se pierdan –dijo Manuel–. Esto quiere decir que todos tenemos responsabilidad con las personas extraviadas y débiles.
–Esto se parece a lo que sucede en el colegio –dijo Camila– con las personas con discapacidad. Tenemos que ayudarles y hacer que no se sientan discriminadas.
–Sí, eso es justo lo que quería decir antes –dijo Gloria–, cuando dije que el pastor es como una mamá que quiere a todos sus hijos, pero se preocupa más por el que es más débil.
–Tienen razón –dijo Sebastián–, pero eso no es lo que pasa siempre en el colegio y en la sociedad. Muchas personan tratan mal a los que son diferentes.
–Claro –dijo Álvaro–, se burlan de los extranjeros o les hacen bullying. El otro día vi a una afrodescendiente que estaba llorando y había unas amigas que la estaban tratando de consolar. Escuché que le decían algo así como: «No les hagas caso. Todas somos iguales. Da lo mismo el color de la piel. Eres linda». Pero ella seguía llorando a sollozos. Yo no sabía qué hacer, así que me fui.
–Es muy grave, lo que cuentas, Álvaro –dijo la Srta. Patricia–. Ustedes seguramente saben que el colegio tiene una política de inclusión. Esto significa que acogemos a todas las personas, ya sean extranjeras, que tengan algún tipo de discapacidad o alguna otra condición que las haga vulnerables. Situaciones como esta no se pueden permitir.
–¡Qué triste! –dijo Camila–. Encuentro que es vergonzoso que haya alumnos de este colegio que sean racistas o discriminadores. Además, creo que en ningún colegio y en ninguna parte se debería permitir ese comportamiento de mirar en menos a las demás personas.
–¿Saben que el papa Francisco se refiere a este tema en la encíclica Fratelli tutti? –preguntó la Srta. Patricia.
–No. No tenía idea –dijo Gloria–. ¿Qué dice en la encíclica?
–Dice muchas cosas –respondió la Srta. Patricia–. Habla especialmente sobre la fraternidad que debería existir entre todos los seres humanos. Con respecto a lo que estábamos conversando recién, dice, por ejemplo, que construimos murallas, porque tenemos miedo y desconfiamos de lo diferente y, entonces, lo que queda fuera de las murallas pasa a ser territorio de lo bárbaro, lo extranjero. Luego sentimos que tenemos que defendernos de ellos como sea. Y para protegernos a nosotros mismos creamos nuevas barreras: «(…) de manera que deja de existir el mundo y únicamente existe “mi” mundo, hasta el punto de que muchos dejan de ser considerados seres humanos con una dignidad inalienable y pasan a ser solo ellos» (Fratelli tutti, 27).
–¿Eso quiere decir, entonces, que los extranjeros no son extranjeros, sino que nosotros los hacemos extranjeros? –preguntó Manuel.
–Sí –dijo la Srta. Patricia con una amplia sonrisa–. ¡Qué bonita manera de expresarlo!
4. PARÁBOLA DE LOS TALENTOS
–Hoy día veremos la parábola de los talentos –dijo la Srta. Patricia–. Comienza relatando que los discípulos de Jesús estaban preocupados por la llegada del Reino de los Cielos. Entonces, Jesús les contó la siguiente parábola:
Mt 25,14-30
14 Es también como un hombre, que al ausentarse, llamó a sus servidores y les entregó sus bienes: 15 y a uno le dio cinco talentos, y a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. En seguida, 16 el que había recibido los cinco talentos fue y negoció con ellos y ganó otros cinco. 17 Igualmente el de los dos, ganó otros dos. 18 En cambio el que había recibido uno se fue y escondió el dinero de su señor.
19 Después de mucho tiempo vuelve el señor de aquellos servidores y ajusta cuentas con ellos. 20 El que había recibido cinco talentos se acercó y presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos». 21 Su señor le dijo: ¡Bien, servidor bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en la alegría de tu señor. 22 Se acercó también el de los dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos». 23 Su señor le dijo: ¡Bien, servidor bueno y fiel! En lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en la alegría de tu señor».
24 Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. 25 Y me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo». 26 Mas su señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido; 27 debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros y así, al volver yo, habría recobrado lo mío con los intereses.
28 Así que quítenle el talento y dénselo al que tiene los diez talentos. 29 Pues a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará, 30 Y a ese servidor inútil, échenlo a la oscuridad de fuera.
–Me parece que esta parábola es un poco confusa –dijo Álvaro.
–¿Por qué? –preguntó la Srta. Patricia.
