Cagliostro - Vicente Huidobro - E-Book

Cagliostro E-Book

Vicente Huidobro

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Inspirada en la figura del enigmático alquimista y mago del siglo XVIII, Cagliostro combina ocultismo, ciencia, política y estética cinematográfica. La novela, ambientada en la Francia previa a la Revolución, sigue al misterioso conde Cagliostro en sus viajes por laboratorios, salones aristocráticos y sociedades ocultas, en una trama donde la magia se mezcla con la razón y el poder. Originalmente concebida como un guion para cine mudo y luego transformada en novela, esta es una de las obras más audaces y visionarias de Vicente Huidobro. Su prosa visual, su ritmo fragmentado y su estructura la convierten en una de las primeras "novelas-film" escritas en lengua española, un experimento narrativo que anticipó la sensibilidad cinematográfica de la modernidad. Esta edición rescata por primera vez en español los fragmentos originales del prólogo de 1931, publicados en inglés y posteriormente suprimidos en las versiones castellanas. En ellos, Huidobro reflexiona sobre la profunda influencia del cinematógrafo en la escritura moderna y plantea, con una claridad sorprendente para su tiempo, que la literatura debía asumir la velocidad, la síntesis y la intensidad del nuevo arte visual. Recuperar esos párrafos es recuperar la dimensión más visionaria del autor: la de un creador que comprendió antes que nadie cómo el advenimiento del cine sonoro transformaría no solo la manera de ver el mundo, sino también la forma de narrarlo.

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Seitenzahl: 150

Veröffentlichungsjahr: 2025

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

lea.uc.cl

FUNDACIÓN VICENTE HUIDOBRO UC

CAGLIOSTRO

Vicente Huidobro

Derechos reservados

Octubre 2025

ISBN N° 978-956-14-3500-1

ISBN digital N° 978-956-14-3501-8

Diseño: Carolina Valenzuela

CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile

Nombres: Huidobro, Vicente, 1893-1948, autor.

Título: Cagliostro / Vicente Huidobro.

Descripción: Santiago, Chile: Ediciones UC | Incluye bibliografía.

Materias: CCAB: Novelas chilenas.

Clasificación: DDC Ch863 --dc23

Registro disponible en: https://buscador.bibliotecas.uc.cl/permalink/56PUC_INST/vk6o5v/alma997695361003396

La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

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ÍNDICE

PRESENTACIÓNMarcela Labraña Cortés

LOS PREFACIOS DE HUIDOBRO

CAGLIOSTRO

EL AUTOR AL LECTOR

PRELIMINAR

PRELUDIO EN TEMPESTAD MAYOR

HACIA ARRIBA

CUMBRE Y TINIEBLA

PRESENTACIÓN

Vicente Huidobro escribió Cagliostro en 1923. En esos años vivía en París y sentía una fascinación por el cine que, aunque nos cueste imaginar, en ese entonces carecía de sonido, era solo imagen en movimiento. Este dato es relevante porque inicialmente Cagliostro fue un guion para cine mudo escrito en francés a petición del cineasta rumano Mime Mizu.1

Figura 1: Afiche promocional de gira artística de Mime-Mizu en calidad de director de escena. Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

El título del guion alude a Giuseppe Balsamo, conde Alessandro Cagliostro, un médico y alquimista italiano del siglo XVIII vinculado a la masonería y a los rosacruces, que ya había inspirado a escritores como el novelista y dramaturgo francés Alexandre Dumas (padre), autor de Los tres mosqueteros. Con posterioridad el guion mutará en novela. Huidobro manifiesta al inicio del prefacio de lo que llama “novela-film” su vivo interés por Cagliostro. Se trata, explica, de “un hombre tan misterioso, rodeado de una vida tan misteriosa” que no puede dejar indife rente a “las gentes y sobre todo a los curiosos de cosas curiosas”, a gente inquieta, intelectual y espiritualmente como él, inagotable constructor de mundos nuevos. Para Andrea Ostrov la elección de Cagliostro no es azarosa. Huidobro, por un lado, “ya había establecido comparaciones entre poesía y magia: ‘aquí yace Vicente antipoeta y mago’ (Altazor, Canto IV, verso 287), [por otro,] la figura del protagonista puede vincularse fácilmente a la del poeta, su magia a la concepción creacionista de la escritura, y su laboratorio a la ‘cocina’ del escritor” (1052). En este sentido, señala Ostrov, “no es casual la proliferación de distintos tipos de texto que atraviesan la novela: documentos secretos, cartas, esquelas, mensajes, actas de fundación, todos los cuales son sistemáticamente robados, desviados o interceptados, según el caso” (1052). Además, el cine expresionista evidencia predilección por temáticas vinculadas al ocultismo y la magia, ya que se “prestaban especialmente para el despliegue ilusionista que posibilitaban las técnicas cinematográficas. Esto explica la cantidad de versiones fílmicas sobre la vida de este personaje que se produjeron en un lapso de apenas treinta años” (1052).

María Ángeles Pérez López, en su libro Los signos infinitos, recuerda que debemos al investigador chileno Fernando Burgos la exploración de la relación entre ocultismo y vanguardia. A grandes rasgos, Burgos plantea en su libro que la atracción por el esoterismo, la magia y sus “escuelas” como la alquimia y la cábala, traza uno de los puentes que los conectan. En esta misma línea, Octavio Paz, en Los hijos del limo, señala que la semejanza más notable entre el romanticismo y la vanguardia es “la pretensión de unir vida y arte”. “Como el romanticismo”, plantea Paz, “la vanguardia no fue únicamente una estética y un lenguaje; fue una erótica, una política, una visión del mundo, una acción: un estilo de vida” (148). Románticos y vanguardistas aspiran a cambiar la realidad; este deseo, “en los dos casos se bifurca en direcciones opuestas pero inseparables: la magia y la política, la tentación religiosa y la revolucionaria” (148). Huidobro da muestras tempranas de su claridad respecto a estas materias. En abril de 1925, por ejemplo, aparece en Notas de arte N.o 42 de La Nación una entrevista en la que Juan Emar le pide explicar “¿Hacia dónde tiende en globo como si pudiéramos juzgarlo con un siglo de perspectivas, todo lo que tiene valor en el movimiento actual?”. Huidobro responde, sin atisbo de dudas: “Tiende hacia el polo más opuesto del naturalismo y del realismo. Se trata de crear una obra que sea bella por sí misma y no por sus semejanzas o reproducción del mundo externo” (Emar 171).

Cagliostro, paradojas aparte, “corrió una suerte negra nada digna del mago” (24), explica René de Costa en el catálogo de la exposición Huidobro en vanguardia, ya que la película fue filmada,2 pero jamás se estrenó debido a la aparición del cine sonoro, a de The Jazz Singer (El cantante de Jazz), en particular, primer largometraje con sonido sincronizado exhibido por la Warner Bros el 6 de octubre de 1927 en Nueva York.

Figura 2: Afiche de The Jazz Singer, primera película sonora estrenada en 1927. Fuente: Dominio público.

En su libro Huidobro, la marcha infinita, Volodia Teitelboim cuenta qué experimentó la primera vez que vio y escuchó The Jazz Singer:

En aquella vermouth del Teatro Municipal en Talca, cerca del liceo, viví un impacto que sobrevivió a todos los borrones de la memoria. Las cintas –así se llamaban– eran mudas y yo no había visto sino esas sugerentes películas tan tercamente silenciosas y fragmentadas que se cortaban en cada rollo, con intermedios musicales en vivo. […] Y he aquí que de repente sucede lo increíble. Se produce el portento: el mudo de nacimiento habla. Al Jolson, “El Cantor de Jazz”, nos levanta del asiento al escuchar la voz real, resonante, que estalla dentro de la vista. (101-102)

Teitelboim también se refiere a la desventura de Cagliostro: “el poeta prepara el guion para una película ‘cubista’ cuyo héroe es Cagliostro. Fue filmada, pero nunca se estrenó. Tampoco quedó copia. Tuvo una odisea congruente con el protagonista, que aparecía y desaparecía sin decir esta boca es mía” (101). Teitelboim conjetura que, si la película se hubiera filmado un año antes, probablemente sí se habría exhibido. Estuvo a punto, plantea, de convertirse en un “inaudible canto de cisne, adiós elecuente al silencio mágico de toda una era" (103). Si, por el contrario, se hubiera filmado un año después podría haber sido una “película pionera del cine sonoro, con tempestades que efectivamente se oyeran no como truenos y cañonazos, no sólo en la imaginación sino en los tímpanos del público” (Teitelboim 103).

El guion, en cambio, tuvo finalmente muchísima mejor fortuna que la película, ya que en junio de 1927, pocos meses antes del estreno de El cantante de Jazz, fue presentado al jurado de la League for Better Motion Pictures de Nueva York y se adjudicó el premio de 10.000 dólares. “Del importante acontecimiento”, cuenta Gabriele Morelli, dan testimonio varios periódicos norteamericanos como The New York Times del 23 de junio de 1927 y el Blookin Citizen, entre otros medios de prensa:

Vemos a Huidobro aparecer radiante, con el cheque del premio en las manos, rodeado, entre otros, por Lillian Uttal, representante de la League for Better Motion Pictures, y Frank Crowninshield, editor de Vanity Fair, la revista más elegante de la época y con la que Huidobro colaboró ocasionalmente. El mismo día de la entrega del premio, el 23 de julio, se reunió a comer con –¡nada menos!– que Greta Garbo, la diva del cine estadounidense. El 28 de julio se encuentra con Jacqueline Logan, actriz de cine mudo y Broadway, conocida como la “Venus” de Nueva York. El fotógrafo Harold Stein lo retrata junto a ella y la actriz Lya de Putti, Miss Tomiris, una famosa bailarina, Norma Smallwood (Miss América 1926) y Roberte Cusey (Miss Francia 1926).

Figura 3: Recorte del Blooklyn Citizen, Nueva York, 24 de julio de 1927. Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

Figura 4: Vicente Huidobro junto a Lya de Putti, Norma Smallwood, Roberte Cusey, Miss Tomiris y Jacqueline Logan. Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

Figura 5: Greta Garbo. Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

Figura 6: Lya de Putti. Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

Figura 7: Retrato de Gloria Swason dedicado: “To Vicente Huidobro. I wish I could go to Spain”. Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

En la primavera de 1931 el guion transformado en novela fue publicado en inglés bajo el título Mirror of a Mage en las “importantes casas editoriales Eyre and Spottiswood de Londres y Houghthon Mifflin de Nueva York y Boston” (Morelli 21). Fue traducida por el escritor Warre B. Wells, el mismo que se hizo cargo de Portrait of a Paladin (1931), versión en inglés del Mio Cid Campeador (Madrid, 1929):

Figura 8: Portada de la primera edición de Cagliostro (Mirror of a Mage, 1931). Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

Cagliostro emerge como un texto que, al poner en jaque los límites genéricos y las convenciones estéticas, “configura un nivel metanarrativo donde la novela re-flexiona sobre su propio hacerse. [Así, el] juego paródico con las convenciones y los procedimientos narrativos instaura en la novela un nivel metaliterario en el cual se desarticula meticulosamente toda ilusión de realidad” (Ostrov 1059).

Once años después del inicio de esta aventura, en 1934, la editorial Zig-Zag publicará –¡por fin!– una versión en español bajo el subtítulo de “novela-film”. La revista Zig-Zag afirma que el libro es el “más sensacional, más interesante y más cautivador”. Por su parte, el volante promocional da cuenta del precio del libro y, en su reverso, recurre a los reviews de la prensa internacional –The Times (Londres), Comedia (París) y The New York Times Review– y a una pregunta con pinta de elogio (“¿Hay algún libro como ‘Cagliostro’, que haya triunfado tan ampliamente en el extranjero?…”).

Figura 9: Revista Zig-Zag N.o 1529, 13 de julio de 1934. Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Figura 10: Volante que promociona el libro (1934). Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

Resulta curioso que mientras los principales periódicos en lengua inglesa “encomiaron la obra, publicada en Londres y en Nueva York por importantes casas editoriales, la versión castellana, publicada en Chile en una edición popular, fue prácticamente ignorada” (De Costa, “El cubismo literario…”, 70). De Costa plantea que buena parte de esta dispar recepción se podría explicar en relación a sus prefacios. La versión inglesa, publicada en 1931, “llevaba un prolijo prefacio sobre el principio informador de la obra, una atinada exposición de su calidad fílmica. Parte de este prefacio –suprimido en la versión castellana– es fundamental para el entendimiento cabal de la tentativa de Huidobro” (70). El caso es que en las ediciones en español de Cagliostro que se han revisado3 se mantiene esta supresión. Afortunadamente el texto mecanografiado del prefacio español, que luego de ser traducido fue publicado en Mirror of a Mage (1931), forma parte del acervo del archivo de la Fundación Vicente Huidobro UC. Los párrafos eliminados exponen ideas que hoy por hoy resultan irrebatibles:

Figura 11: Portada y contraportada de la primera edición en español (Zig-Zag, 1934). Fuente: Fundación Vicente Huidobro UC.

Es evidente que no se escribe lo mismo después del invento del automóvil o de la electricidad que antes. Y aún sin que ellos se den cuenta han sufrido la influencia de todos los inventos de su época. Los inventos se les han filtrado en la piel, sin que ellos lo adviertan, y esto se ve no solo en las imágenes, sino en la manera de escribir más nerviosa, más rápida, más cortante, más aguda.

Sin embargo, en su tiempo, década del 30, no estaban exentas de riesgo y, a juzgar por su pervivencia, una buena dosis de clarividencia. Por esta razón, Ediciones UC ha decidido rescatar y publicar Cagliostro con la versión original del prefacio, la que fue traducida al inglés en 1931, con el fin de invitar al lector a acceder a estas visionarias reflexiones sobre la literatura, el cine y la relación entre ambos.

Marcela Labraña Cortés

Académica de la Facultad de Letras

de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Bibliografía

Costa, René de [comisario y autor de textos]. Huidobro en vanguardia –catálogo exposición 1987-1988–. Valencia: Consellería de Cultura, Educació i Ciencia de la Generalitat de Valencia, 1987.

Costa, René de. “El cubismo literario y la novela fílmica: Cagliostro de Vicente Huidobro”. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, vol. 3/6 (julio-diciembre 1977): 67-79.

Huidobro, Vicente. Mirror of a Mage. Trad. Warre Bradley Wells. Londres: Eyre and Spottiswoode, 1931; Boston y Nueva York: Houghton Mifflin Company, 1931.

––– . Cagliostro. Novela-Film. Santiago: Zig-Zag, 1934.

––– . Cagliostro. (2.ª edición). Prólogo “Vicente Huidobro, el creador” de Eduardo Anguita. Santiago: Zig-Zag, 1942.

––– . Cagliostro. Obras completas de Vicente Huidobro (Tomo II). Prólogo de Braulio Arenas. Santiago: Zig-Zag, 1964.

––– . Cagliostro. Obras completas de Vicente Huidobro (Tomo II). Edición de Hugo Montes. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1976. 185-240.

––– . Cagliostro y poemas. Prólogo de Carlos Ruiz-Tagle. Santiago: Andrés Bello, 1975; 1978.

––– . Cagliostro. Introducción de René de Costa. Madrid: Anaya & Mario Muchnik, 1993.

––– . Cagliostro. Novela-Film. Prólogo de Carlos Flores. Santiago: Editorial Universitaria, 1997.

––– . Cagliostro. Edición de Gabriele Morelli. Madrid: Cátedra, 2011.

––– . Cagliostro. Edición de Adán Méndez. Santiago: Ocho Libros, 2012.

––– . Cagliostro. Santiago: Pequeño Dios Editores, 2019.

Emar, Juan. Notas de arte. Estudio y recopilación de Patricio Lizama. Santiago: RIL Editores/DIBAM, 2003.

Morelli, Gabriele. “Introducción”, Cagliostro. Madrid: Cátedra, 2011: 9-46.

Ostrov, Andrea. “Cagliostro: una novela-film de Vicente Huidobro”. Revista Iberoamericana, Vol. LXXVII, Núms. 236-237, julio-diciembre 2011: 1051-1060.

Paz, Octavio. Los hijos del limo. Barcelona: Seix-Barral, 1990.

Pérez López, María Ángeles. Los signos infinitos. Un estudio narrativo de la obra de Vicente Huidobro. Lérida: Universitat de Lleida, 1998.

Teitelboim, Volodia. Huidobro, la marcha infinita. Santiago: BAT, 1993.

1 Existen variantes de su nombre y/o apellido, como Mime Misu o Nime Mizú.

2 “[E]n la primavera del 1923, el guion había sido filmado: lo acredita –informa René de Costa– un documento en francés guardado por Huidobro, fechado en París el 14 de junio de 1923, que lleva las firmas del poeta y del cineasta rumano Mime Mizu” (Morelli 13).

3 Zig-Zag, 1934; Zig-Zag, 1942; Andrés Bello, 1978; Anaya & Mario Muchnik, 1993; Universitaria, 1993; Cátedra, 2011; Ocho Libros, 2012; Pequeño Dios, 2019.

LOS PREFACIOS DE HUIDOBROPREFACIO (1934)1

Sin duda alguna todo el mundo ha oído hablar de Cagliostro. Un hombre tan misterioso, rodeado de una vida tan misteriosa, no puede dejar de interesar a las gentes y sobre todo a los curiosos de cosas curiosas.

¿Quién era Cagliostro?

Si buscamos su nombre en un diccionario enciclopédico, el Larousse, por ejemplo, encontraremos las siguientes palabras: “Cagliostro. Hábil charlatán, médico y ocultista italiano (según se cree) nacido en Palermo y muerto (según se dice) en el castillo de San León, cerca de Roma (1743-1795). Tuvo un gran éxito en la corte de Luis XVI y en la sociedad parisiense de aquel tiempo, desempeñó un gran papel en la franc-masonería, estuvo mezclado en varios affaires y en el famoso affaire del Collar. Luego se trasladó a Roma en donde fue condenado a muerte por la Inquisición; la pena le fue conmutada por prisión perpetua”.

Otras enciclopedias dicen que nada se sabe de cierto sobre su origen, ni tampoco sobre su muerte. Otras agregan que se hacía pasar por mago y pretendía fabricar el oro, poseer recetas maravillosas para engrosar las perlas, los brillantes y otras piedras preciosas, también pretendía conocer el elixir de vida. Según algunos llevó su audacia hasta sostener que podía adivinar los números de cualquier lotería. En una ocasión afirmó seriamente que hacía más de tres mil cuatrocientos años que vivía sobre la tierra y que viviría aún otro tanto. Para que nada falte a su leyenda hasta se ha llegado a decir que Cagliostro se creyó capaz de resucitar a los muertos.

Todo el poder extraordinario de este hombre debe atribuirse según esos autores a que era un hábil charlatán, un prestidigitador de primer orden; las maravillas que de él se cuentan deben ser atribuidas, dicen ellos, a la sugestión colectiva, porque acaso ese hombre conoció antes que nadie (he aquí una pequeña concesión) ciertos fenómenos de hipnotismo y magnetismo.

Es decir que este mago charlatán, que este mago prestidigitador obraba verdaderos milagros debidos solo a la sugestión colectiva; por lo tanto, no eran verdaderos milagros sino falsos milagros, milagros fingidos. Hacía creer que fabricaba el oro, hacía creer que poseía la piedra filosofal, hacía creer que engrosaba las piedras preciosas, etc.

Curioso argumento es este que queriendo destruir hechos maravillosos, los explica por medio de otros hechos no menos maravillosos. Rechazan un extraordinario en nombre de otro extraordinario. Porque es innegable que un hombre que tiene el poder de sugestionar a toda una colectividad para hacerla ver lo que él quiere que vea es, por lo menos, tan extraordinario como el hombre que fabricara oro, que alargara la vida o hiciera crecer las perlas, y que este hecho es tan maravilloso como los otros.

Estos falsos hombres de ciencia de la generación de hace unos treinta o cuarenta años, que no quieren aceptar nada fuera del comer y el digerir, que se encabritan contra todo fenómeno un poco extraño y que cuando tratan de explicarlo se embrollan y se enredan en sus palabras y en sus razones y al fin dicen tonterías que nada explican, harían reír si no dieran lástima.