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La obra de Vicente Huidobro produjo una verdadera revolución en las letras chilenas, hispanoamericanas, españolas y francesas. Resulta indispensable para pensar cualquier panorama de la poesía latinoamericana, ya que casi todos los poetas actuales se sienten comprometidos o deudores de la obra de Huidobro. Situar a Huidobro significa revisar la historia de la poesía en lengua castellana desde finales del siglo XIX hasta ahora. El creacionismo comienza a gestarse en América, se consolida, crece y se desarrolla en Europa y vuelve al nuevo continente con particularidades quizás algo distintas, pero con una intención semejante: replantear la poesía, olvidar los pasados influjos, construir una poética nueva, otra. Más adelante, el lenguaje, la expresión, el tono, el temple y la constitución o anatomía del poema hace del conjunto de sus libros últimos su aporte mayor a la poesía de nuestro siglo XX. La locura, la fiebre del vanguardismo se alejan para que la voz del poeta entone el canto mayor con precisión, con rigor y buscando no el truco ni el equilibrismo, sino la interioridad con mayúsculas, sumergiéndose en las preguntas esenciales del hombre, del poeta.
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Seitenzahl: 215
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Letras al Sur del Río Bravo
Colección dirigida por:
María Fernanda Pampín
VICENTE HUIDOBRO
Poemas selectos
Selección y prólogo
Andrés Morales
Huidobro, Vicente
Poemas selectos / Vicente Huidobro ; Compilación de Andrés Morales ; Prólogo de Andrés Morales. - 1a ed - Ciudad Autó-noma de Buenos Aires : Corregidor, 2024.
Libro digital, EPUB - (Letras al sur del Río Bravo / María Fernanda Pampín)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-950-05-3395-9
1. Poesía Chilena. 2. Vanguardias . 3. América Latina. I. Morales, Andrés, comp. II. Título.
CDD Ch861
Diseño de tapa: Ezequiel Cafaro
Todos los derechos reservados
© Ediciones Corregidor, 2023
Lima 575 1° piso (C1073AAK) Bs. As.
Web site: www.corregidor.com
e-mail: [email protected]
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
ISBN 978-950-05-3395-9
Versión 1.0
Digitalización: Proyecto451
Este libro no puede ser reproducido total ni parcialmente en ninguna forma ni por ningún medio o procedimiento, sea reprográfico, fotocopia, microfilmación, mimeógrafo o cualquier otro sistema mecánico, fotoquímico, electrónico, informático, magnético, electroóptico, etc. Cualquier reproducción sin el permiso previo por escrito de la editorial viola derechos reservados, es ilegal y constituye un delito.
PRÓLOGO
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Breve esbozo para situar a Vicente Huidobro
Andrés Morales
Últimamente, la figura del gran poeta chileno Vicente Huidobro (Santiago de Chile, 1893-Cartagena, 1948) parece ser indispensable para cualquier visión, pano-rama o estudio, medianamente riguroso, de la poesía chilena e hispanoamericana. Antes, no sucedía así; las largas sombras de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges o César Vallejo parecían oscurecer y hasta ocultar la voz de Huidobro. Desde los finales de los años setenta hasta hoy se ha comenzado a hacer justicia. Y, quizá, no han sido los crí-ticos o exégetas los que han señalado la necesidad de reco-nocer la obra y la teoría poética del chileno. Octavio Paz, Gonzalo Rojas, Enrique Lihn o Juan Jacobo Bajarlía –poetas todos ellos a la par de ensayistas– han sido los primeros en recuperar la figura y el peso de Vicente Huidobro. Como digo, hasta bien entrados los años setenta, del pasado siglo, la crítica casi no había dado nada de sí, o, si se había recono-cido a este autor, solo se le mencionaba en artículos, algunas reseñas o en estudios panorámicos y misceláneos. Había que “redescubrirlo”, en estas épocas de tanto “revival”, postmo-dernismo y nostalgia por las verdaderas pasiones, no las arti-ficiales, sucedáneas o “descafeinadas” que hoy, muchas veces, campean en el territorio de la estupidez y de la deso-
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Vicente Huidobro
rientación general en el universo de la poesía. De esta manera, así, un buen día, los críticos (se ha de subrayar que solo unos pocos, aunque de gran calidad: Ana Pizarro, Cedomil Goić, Mireya Camurati, George Yudice, Antonio de Undurraga o René de Costa), revisaron, “revieron” e introdujeron al poeta en las cátedras de las universidades y en las así llamadas “revistas serias”.
Por otra parte, los lectores también estaban sumidos en la ignorancia o en el desconcierto. Las escasas ediciones o reediciones, las tardías Obras Completas(incompletas aún en la edición de Braulio Arenas en 1964 y aumentadas, pero, como siempre ocurre en estas empresas, aún incompletas en las de Hugo Montes en 1976), a la par de leyendas negras,no reconocidas influencias de más de un poeta “deudor” o la simple y llana ignorancia e ingenua clasificación de poeta fran-cés, poeta burgués afrancesado (Huidobro, quien se afilió al Par-tido Comunista antes que muchos otros para luego abandonarlo) y otras peores, contribuían a que la luz no descubriera el valor en la obra huidobreana y no demostraba más que desconocimiento sobre la época, el carácter y la revolución verdadera que produjo el chileno en el mundo de las letras chilenas, hispanoamericanas, españolas y hasta francesas. No hace falta argumentar más, basta revisar el archivo del poeta cuidadosamente clasificado en “Funda-ción Vicente Huidobro”1 para comprobar que las polémi-cas, el ciego partidismo literario y hasta la política se
1 En 1990 tuve el privilegio de trabajar con los miembros y bibliote-carios de la Fundación, todos bajo la responsable e inteligente direc-ción de Ana Pizarro, directora y del nieto del poeta, Vicente Huido-bro, presidente; lo que me permite afirmar con propiedad lo dicho. Allí están las antologías, revistas, manuscritos, cartas y poemas que lo enlazan con lo mejor de las letras de esa época: Gerardo Diego, Jean Radriguet, André Malraux, Francis Picabia, Guillaume Apollinaire, Pierre Reverdy, Jean Cocteau, Juan Larrea y un largo etcétera.
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Poemas selectos
encargaron de ocultar la trascendencia de este autor. Pero el tiempo omnia vincity de tal forma vence, que hoy, desde México hasta la Patagonia e incluso en Europa, todos o casi todos los poetas actuales –y no tanto– se sienten compro-metidos y deudores de la poesía del chileno. Podríamos decir que se ha configurado un “tópico Huidobro”, un “referente Huidobro”… ¿Qué diría, entonces, ahora, Vicente? Anti-poeta y mago, como él mismo se autodefine en Altazor (obra cumbre del vanguardismo en lengua castellana), tal vez son-reiría ante tamaña injusticia anterior –sufrida por el propio poeta proveniente de sus colegas chilenos, españoles y fran-ceses– y desmesuradas aficiones, homenajes, filiaciones y deudas actuales.
Pero, ¿cómo situar a Huidobro, hoy a ciento treinta años de su nacimiento? Difícil pregunta y, más que difícil, enre-vesada por la proyección dispersa y secreta, durante un largo paréntesis de casi treinta años, o, por esta “fiebre hui-dobreana” que, al parecer, a todos nos afecta. Situar a Hui-dobro, sin caer en la exageración o en el pecado de las anteojerasy de la parcialidad, significa revisar la historia de la poesía en lengua castellana desde finales del siglo XIX hasta ahora. Quizás, habría que anotar algunos puntos esenciales que hagan más fácil la comprensión de su figura, su gesto, su poética y su poesía.
En primer lugar, Huidobro escribe sus textos iniciales bajo el influjo del Romanticismo, del Simbolismo y del Modernismo, como casi todos los poetas en lengua caste-llana. La presencia de los poetas franceses (fundamental-mente de Paul Verlaine y de Stephane Mallarmé), de Rubén Darío (a quien nunca rechazó, sino solo rehuyó a aquellos que repitieron su estilo y establecieron una verdadera retó-rica postdariana) y hasta del lejano Gustavo Adolfo Béc-quer empapaban toda la poesía del continente americano y de España. Nadie pudo ponerse “a salvo”, ni siquiera
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Vicente Huidobro
Vallejo, ni Neruda, ni el mismo Huidobro. No se trata aquí de descalificar semejantes influjos, pero sí de dejar en claro que los “esquemas” y el “tono” poético se repetían, trasno-chadamente, hasta la saciedad. Vicente Huidobro en Ecos del alma(1911), Canciones en la noche (1913) o en Las pagodas ocultas(1914) cayó en este mismo problema. Tal vez, la etapa de formación del poeta, sea la época de su produc-ción menos interesante, aunque destacan formalmente –y de allí la inclusión de algunos de esos textos en la presente antología– los caligramas de Canciones en la noche,un esfuerzo solo comparable al del mexicano José Juan Tablada.
Tampoco escapó Huidobro a las teorías filosóficas del norteamericano Ralph Waldo Emerson, o de nuestro hispa-noamericanísimo Rodó: Adán(1916), un poema de largo aliento, fundacional, aunque formalmente aún en territo-rios ya probados, intenta ver al hombre en su condición primera y con la capacidad de nombrar, decir, recrear el universo entero.
Pero, en ese mismo año de la aparición de Adán,ve la luz, en Buenos Aires, El espejo de agua,breve libro o plaquetteque esboza totalmente el espíritu de la obra de Vicente Huidobro. Es allí donde se incluye “Arte Poética”, casi un manifiesto, una declaración de principios, un juramento poético que a la par con sus primeras conferencias (“La poesía”) y manifiestos (“Non Serviam”), trazará las líneas de su nueva forma de poetizar. Desde aquí en adelante todo será contínua polémica, algunas de ellas suficiente-mente aclaradas (como la acusación injusta de una supuesta antedatación de El espejo de agua,muy bien desmentida por el profesor norteamericano René de Costa), otras que aún pesarán en la mente de más de un poeta o crítico excesiva-mente incrédulo, quisquilloso o parcial: en este estilo, si es el padre del Creacionismo o no, si fue influido por tal o cual
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Poemas selectos
autor, si realmente estuvo ligado a la gestación del medio-cre ultraísmo español, etc. Asuntos que, con el correr de los años, en vez de desprestigiar al poeta solo han conseguido demostrar la estrechez de horizontes de los “acusadores o defensores a toda prueba”. Pero, no nos detengamos en estos problemas. Vamos a la obra auténticamente revolu-cionaria, refundadora, indómita y temeraria del Huidobro más revelador.
Como dije antes, es con la plaquetteo folleto-libro Elespejo de agua(1916) y, fundamentalmente con poemas como “Alguien iba a nacer” o “Arte Poética” (“... Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra...” o “Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas! / Hacedla florecer en el poema;/...”) donde se enuncia el camino a seguir y que será proyectada en otra lengua, el francés, con Horizón Carré en 1917, en París. Allí aparecerán casi todos los textos del breve poemario de 19162con la excepción de “Arte Poética”, tal vez dema-siado obvia en el París de las vanguardias, y donde se pro-ducirá la fusión entre los intentos de Reverdy y otros, los aciertos deslumbrantes de Apollinaire y los esfuerzos del chileno. Mucho se ha hablado de esta época, pero hay que decir y recalcar que se trata de un momento de eclosión, de un “boom”, de necesaria ruptura y oxigenante (en palabras de Octavio Paz), que “contagia” a pintores, dramaturgos, músicos, novelistas, escultores, poetas y artistas en general –por programáticos o anárquicos que se autoproclamen– y que los hallazgos se comparten, se transmiten y sirven de precedente o influencia para los que ya llegan, o cambian, o
2 De allí es que hemos preferido su versión auténticamente creacio-nista, reelaborada en ese libro parisino y traducida, años después al Castellano por José Zañartu. Igualmente, utilizamos el criterio de publicar en este libro solo las traducciones a su lengua natal, más que nada por problemas de espacio y que pertenecen al mencionado Zañartu, a Teófilo Cid y Hugo Montes.
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Vicente Huidobro
se inician en las letras y en las artes. Juan Gris tradujo, según De Costa3poemas de Huidobro, hasta intentó incluso una poesía propia o variaciones sobre textos del poeta de Altazor.Edgar Varese musicalizó algunos poemas de Tablada y Huidobro, Pablo Picasso retrató junto a Juan Gris al chileno, Delaunay ilustró el libro-poema Tour Eiffel, Hans Arp escribió conjuntamente con Vicente Huidobro Tres novelas ejemplares(publicadas en Santiago de Chile en 1935), hasta Federico García Lorca, en España, dedicaría un hermoso poema de homenaje y reconocimiento para el chileno. Es imprescindible señalar los viajes de Huidobro a Madrid como puntos de flexión, conjunción y reflexión en torno a la poesía escrita en la península ibérica. La impor-tancia de su encuentro con Rafael Cansinos-Assens, con Ramón Gómez de la Serna o con Guillermo de Torre (más tarde tenaz enemigo del chileno, como salta a la vista en las múltiples injusticias cometidas en contra de Huidobro en su famosa Historia de las literaturas de vanguardia), y más aún –por deficiente en calidad poética que hoy podamos cons-tatar– su impulso definitivo para el nacimiento del ultraísmo hispano y para producir un verdadero “remezón” en la conciencia y en los poemas de los autores españoles, seme-jante a la lograda por Rubén Darío en sus viajes a España. Gerardo Diego, el último y genuino exponente del Creacio-nismo español y Juan Larrea (que luego derivaría hacia una línea distinta) son los “encuentros” más felices entre la poe-sía hispanoamericana y la poesía española. Incluso, al influenciar a Diego, a De Torre, a Pedro Garfias y a Cansi-nos, Huidobro hace de sus estadías en Madrid algo verda-
3 Véase De Costa, René. Huidobro: los oficios de un poeta.FCE México, 1984, donde se señala el estrecho vínculo entre pintores y poetas en ese tiempo y cómo el departamento de Huidobro en París llegó a constituirse en un lugar de encuentro para los artistas de vanguardia de todas las tendencias y nacionalidades.
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Poemas selectos
deramente renovador –aunque sea solo para un grupo pequeño, de iniciados, aunque influyente– que permita a los poetas del llamado “Grupo de 1927” conocer las van-guardias y asumirlas (junto a sus búsquedas personales, claro está) y cambiar la retórica archiconocida y manida e intentar otra clase de poesía: más actual, menos aislada del resto de Europa, más contemporánea. Incluso, a través del ultraísmo español, que influenciaría al primer Jorge Luis Borges, el poeta chileno consigue un fenómeno muy espe-cial (probablemente inconsciente y sin mayores pretensio-nes): devolver la vanguardia a Hispanoamérica en un viaje de ida y vuelta al plantear –mediante Borges– las líneas del ultraísmo argentino. Fenómeno curioso: el creacionismo comienza a gestarse en América, se consolida, crece y se desarrolla en Europa y vuelve al nuevo continente con par-ticularidades quizás algo distintas, pero con una intención semejante: replantear la poesía, olvidar los pasados influjos, construir una poética nueva, otra.
Y aquí surgen algunos problemas. Huidobro escribe, produce con gran velocidad. Publica libros en París, en Madrid, en Santiago de Chile; es antologado e incluido en revistas italianas, inglesas, norteamericanas, hasta checas y polacas... Su obra se fragua en el argumento del cambio, de la renovación (véanse los manifiestos incluidos en esta antología), pero, en el afán por lo nuevo, tal vez, pierde altura, emoción, llegada (como todos los vanguardistas en sus momentos álgidos al cuestionar todo arte anterior e incluso la recepción del lector) y se transforma en una “poesía de tesis” donde se quiere ejercer el cambio y demostrarlo a todas luces, antes que éste y aparezca enel poema y no conel poema. Sin duda encontraremos textos bellísimos, reveladores, abiertos a cualquier lector sensible, pero serán los menos. Desde Horizón Carré hasta la apari-ción de Altazor o El viaje en paracaídas(1931) y Temblor de cielo
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Vicente Huidobro
(1931), Huidobro seguirá –con excepciones, indudable-mente: Hallalí. Poéme de guerre(1918), por ejemplo, o poe-mas notables de Tout á coup(1925) y Poemas árticos,de su primerísima etapa creacionista, 1918– en su trazo demos-trativo, hasta pedagógico, si se quiere, de lo que debe ser la nueva poesía.
Con Altazorsu obra consolida el “salto mortal” de la vanguardia (Cantos “V” y “VII”) y la belleza transparente, del asombro, penetrante, hasta producir la conmoción en el lector (“Prólogo”, Cantos “I”, “II” y “IV”, por ejemplo). Lo mismo en el ya nombrado Temblor de cielo.El análisis de Altazoro Temblor...me llevaría a extender latamente estas palabras previas. Ana Pizarro, René de Costa, George Yudice o Mireya Camurati han conseguido magníficas interpretaciones; lo mismo puedo decir del profesor Jorge Schwartz en su ponencia para un extraordinario Seminario de Intelectuales con ocasión de la apertura oficial de la Fundación Vicente Huidobro: “Parodia y metalenguaje en Altazor: una lectura del ‘Prefacio’”. Lo importante en estas páginas es subrayar, desde la aparición de estos dos libros recién mencionados, la auténtica plasmación de forma y contenido que se produce en su obra. “Arco Voltaico” y arco del prodigio que ilumina el camino poético y que hasta podría oscurecer su trabajo anterior: Ver y palpar(1941), El ciudadano del olvido(1941) y sobre todo sus póstumos Últimos poemas (1948, recopilados por su hija Manuela Huidobro de Yrarrázaval). Libros que acrecientan la estatura del poeta y lo transforman de tal manera que su escritura se vuelve más espontánea, de la sangre, de alto vuelo y de “emoción directa”. Es por esta razón que en esta selección de sus tex-tos más relevantes –a mi parecer– se haga mayor hincapié en la inclusión de sus últimos textos a partir de Altazory se deje a aquellos tan marcados por la tradición formal (época de formación) o los que convierten a sus textos en lo que
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Poemas selectos
yo llamo “poesía de tesis” (época de consolidación y creci-miento del Creacionismo).
El lenguaje, la expresión, el tono, el templey la constitu-ción o anatomía del poema hace del conjunto de estos libros últimos su aporte mayor a la poesía de nuestro siglo XX. La locura, la fiebre del vanguardismo se alejan para que la voz del poeta entone el canto mayor con precisión, con rigor y buscando no el truconi el equilibrismo,sino la interio-ridad con mayúsculas, sumergiéndose en las preguntas esen-ciales del hombre, del poeta. Adivinando la fugacidad, la caída, el fin: presintiendo la muerte y redescubriendo a la naturaleza, ya no la ficticia, la real (véase, por ejemplo, “Monumento al mar”), para no solo “incorporarla” como un escenario, sino hacerla surgir entre el espacio negro de la letra de molde y el espacio blanco, del silencio, de la página impresa.
Sin duda, al decir de muchos, toda antología es injusta, parcial y subjetiva: nada nuevo bajo el sol. A pesar de esto, y no queriendo dar excusas de antemano, creo que la real dimensión del poeta no solo está en su obra, sino en la rele-vancia, en la presencia, en la vitalidad (existente en sus poe-mas, qué duda cabe) pero ya imposible de recuperar completamente. Huidobro es poesía y poesía de Arte Mayor, pero también es el misterio de la voz prodigiosa, es el espíritu de una época…es una época, hoy “revisitada” solo parcialmente, donde la pasión y la fuerza junto a una fresca e incomparable inteligencia lograban el hallazgo definitivo.
Santiago de Chile, enero de 1993 – Madrid, agosto de 2023
I
POESÍA
de
CANCIONES EN LA NOCHE
(Santiago, 1913)
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LA CAPILLA ALDEANA
Ave
canta
suave
que tu canto encanta
sobre el campo inerte
sones
vierte
y ora-
ciones
llora.
Desde
la cruz santa
el triunfo del sol canta
y bajo el palio azul del cielo
deshoja tus cantares sobre el suelo.
Une tus notas a las de la campana
Que ya se despereza ebria de mañana
Evangelizando la gran quietud aldeana.
Es un amanecer en que una bondad brilla
La capilla está ante la paz de la montaña
Como una limosnera está ante una capilla.
Se esparce en el paisaje el aire de una extraña
Santidad, algo bíblico, algo de piel de oveja
Algo como un rocío lleno de bendiciones
Cual si el campo rezara una idílica queja
Llena de sus caricias y de sus emociones.
La capilla es como una viejita acurrucada
Y al pie de la montaña parece un cuento de hada.
Junto a ella como una bandada de mendigos
Se agrupan y se acercan unos cuantos castaños
Que se asoman curiosos por todos los postigos
Con la malevolencia de los viejos huraños.
Y en el cuadrito lleno de ambiente y de frescura
En el paisaje alegre con castidad de lino
Pinta un brochazo negro la sotana del cura.
Cuando ya la tarde alarga su sombra sobre el camino
Parece que se metiera al fondo de la capilla
Y la luz de la gran lámpara con su brillo mortecino
Pinta en la muralla blanca, como una raya amarilla.
Las tablas viejas roncan, crujen, cuando entra el viento oliendo a rosas
Rezonga triste en un murmullo el eco santo del rosario
La oscuridad va amalgamando y confundiendo así las cosas
Y vuela un «Angelus» lloroso con lentitud del campanario.
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Vicente Huidobro
NIPONA
Ven
Flor rara
De aquel edén
Que llaman Yoshiwara.
Ven, muñequita japonesa
Que vagaremos juntos nuestro anhelo
Cabe el maravilloso estanque de turquesa
Bajo un cielo que extienda el palio de ónix de su velo.
Deja que bese
Tu rostro oblicuo
Que se estremece
Por un inicuo
Brutal deseo.
¡Oh! Déjame así
Mientras te veo
Como un biscuit.
Son tus ojos dos gotas ovaladas y enervantes
Es tu rostro amarillo y algo marfileño
Y tienes los encantos lancinantes
De un ficticio y raro ensueño
Mira albas y olorosas
Sobre el plaqué
Las rosas
Té.
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Poemas selectos
TRIÁNGULO ARMÓNICO
Thesa
La bella
Gentil princesa
Es una blanca estrella
Es una estrella japonesa.
Thesa es la más divina flor de Kioto
Y cuando pasa triunfante en su palanquín
Parece un tierno lirio, parece un pálido loto
Arrancado una tarde de estío del imperial jardín.
Todos la adoran como a una diosa, todos hasta el Mikado
Pero ella cruza por entre todos indiferente
De nadie se sabe que haya su amor logrado
Y siempre está risueña, está sonriente.
Es una Ofelia japonesa
Que a las flores amante
Loca y traviesa
Triunfante
Besa.
de
EL ESPEJO DE AGUA
(Buenos Aires, 1916)
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ARTE POÉTICA
A Fernán Félix de Amador, poeta hermano
Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
Como recuerdo, en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero
Reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema;
Solo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.
El poeta es un pequeño Dios.
30
Vicente Huidobro
ALGUIEN IBA A NACER
Algo roza los muros...
Un alma quiere nacer.
Ciega aún.
Alguien busca una puerta,
Mañana sus ojos mirarán.
Un ruido se ahoga en los tapices.
¿Todavía no encuentras?
Pues bien, vete,
No vengas.
En la vida
Solo a veces hay un poco de sol.
Sin embargo vendrá,
Alguien la espera.
de
HORIZÓN CARRÉ
(París, 1917)
33
Traducción de José Zañartu
CANCIÓN NUEVA
Dentro del horizonte
ALGUIEN CANTABA
Su voz
No es conocida
DE DÓNDE VIENE
Entre las ramas
No se ve a nadie
Hasta la luna era una oreja
Y no se oye
ningún ruido
Sin embargo
una estrella desclavada
Ha caído en el estanque
EL HORIZONTE
SE HA CERRADO
Y no hay salida
34
Vicente Huidobro
AÑO NUEVO
La escala de Jacob
no era un sueño
Un ojo se abre frente al espejo
Y las gentes que bajan
a la pantalla
Dejaron su carne
como un abrigo viejo
LA PELÍCULA 1916
SALE DE UNA CAJA
La lluvia cae ante los espectadores
Detrás de la sala
UN VIEJO HA RODADO AL VACÍO
GUERRA
35
Poemas selectos
MEDIANOCHE
Las horas resbalan
Como gotas de agua por un vidrio
Silencio de medianoche
El miedo se esparce por el aire
Y el viento
se esconde al fondo del pozo
OH
Es una hoja
Se diría que es el fin del mundo
El tiempo
se mueve en la sombra
Todos duermen
UN SUSPIRO
En la casa alguien acaba de morir
36
Vicente Huidobro
VOZ
EL QUE PODRÍA
CANTAR
No tiene garganta
Su grito de angustia
Ahogado en el bosque de fieltro
TRAS SU CABEZA
EL BORDE DEL MUNDO
Si levantara un pie
caería al vacío
SIN EMBARGO SUS LÁGRIMAS
LE SALVARÁN
37
Poemas selectos
CALVARIO
El coche oscilaba
sobre la montaña invisible
Alguien buscaba perlas
Entre las huellas de los lobos
Y SOLO HABÍA
ALGUNAS GOTAS ROJAS
Un abismo se ocultaba en medio de las nubes
Y siempre sangre
en los caminos de yeso
Han crucificado a Cristo
Allá arriba en la cumbre
38
Vicente Huidobro
TAM
Cantar
al atardecer sobre los montes
Mirando pasar los aeroplanos
Pájaros del horizonte
Que se amamantan en la luna
Tengo sed
Dadme de beber
Todas las cabelleras rubias
En el silencio
Se sienten huir algunos recuerdos
Piezas de caza desbandadas
Cómo cogerlos
Nadie ha podido detener mi marcha
Brilla el sol
La vida vale la pena
Y tu recuerdo canta en mi reloj
El viejo Tam
En un fuego fatuo
Enciende su cigarro
Y se aleja cantando por el bosque
Tú serás
toda la luz
esta noche
39
Poemas selectos
Las marionetas que cuelgan
A los rayos de las estrellas
Son arañas
DANZA
VIEJO TAM
DANZA
En medio de los siete hijos de la montaña
Coge en tu mano
Al que toca la flauta
TU
CABEZA
CUELGA
DEL
HUMO
DE TU
CIGARRO
40
Vicente Huidobro
CANCIÓN
Alguien
que no eres tú
Canta tras el muro
El espejo
desdoblaba la voz
Y algunas estrellas náufragas
Dormían sobre tus senos
QUIÉN ERES
La voz que ha contestado
Venía de más allá de tu pecho
41
Poemas selectos
CUIDADO CON
JUGAR EN EL PASTO
RECIÉN PINTADO
UNA CANCIÓN CONDUCE A LAS OVEJAS HACIA EL APRISCO
EL
RÍO
QUE
CORRE
NO
LLEVA
PECES
PERO LA
MONTAÑA
ERA TAN ANCHA
QUE EXCEDÍA
LOS EXTREMOS
DE LA TIERRA
PAISAJE
AL ATARDECER NOS PASEAREMOS POR RUTAS PARALELAS
EL ÁRBOL
ERA
MÁS
ALTO
QUE LA
MONTAÑA
42
Vicente Huidobro
AEROPLANO
Una cruz
se ha venido al suelo
Un grito quebró las ventanas
Y todos se inclinan
sobre el último aeroplano
El viento
que había limpiado el aire
Naufragó en las primeras olas
La vibración
persiste aún
sobre las nubes
Y el tambor
llama a alguien
Que nadie conoce
Palabras
tras los árboles
La linterna que alguien agitaba
era una bandera
Alumbra tanto como el sol
Pero los gritos que atraviesan los techos
no son de rebeldía
A pesar de los muros que sepultan
LA CRUZ DEL SUR
Es el único avión
