Canto a México - Ernesto Cardenal - E-Book

Canto a México E-Book

Ernesto Cardenal

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Beschreibung

Canto a México envuelve al lector en los maravillosos orígenes del pueblo mesoamericano con cantos sobre Nezahualcóyotl, Tlamatinimes y Quetzalcóatl. Gracias a su deseo de encontrar y observar las raíces que atraviesan la posibilidad de ser olvidadas, conjuga la grandeza de los tronos mesoamericanos, simbólicos y literales, con la delicadeza de las flores y colores y con el diálogo poético. Debido a su conocimiento teológico y a su pensamiento revolucionario, el autor transmite la vida fantástica de los pueblos antiguos con una deconstrucción representativa de imágenes y nostalgias, enaltecedoras y místicas

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Seitenzahl: 98

Veröffentlichungsjahr: 2019

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CANTO A MÉXICO

Canto a México

ERNESTO CARDENAL

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición, 2019 [Primera edición en libro electrónico, 2019]

Diseño de la colección: León Muñoz Santini Diseño de portada: Neri Ugalde

D. R. © 2019, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México

Comentarios: [email protected] Tel. 55-5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-6424-2 (ePub)ISBN 978-607-16-6294-1 (rústico)

Hecho en México - Made in Mexico

ÍNDICE

Prefacio

Cantares mexicanos

I

II

III

IV

V

VI

VII

Netzahualcóyotl

Los tlamatinimes

In Xóchitl in Cuícatl

Quetzalcóatl

La niña náhuatl

Las ciudades perdidas

Milpa

La carretera

En el mar de Cortés

Reflexiones en el río Grijalva

Valle de Cuernavaca/Desde el monasterio

Tata Vasco

PREFACIO

No soy mexicano, pero soy de los muchos no mexicanos que aman mucho a México. Conocí a México desde mi temprana juventud y he vivido mucho en México y como muchos otros no mexicanos de México he sentido a México como mi patria.

ERNESTO CARDENAL

CANTARESMEXICANOS

I

Las plumas de quetzal se secan

los mosaicos de plumas de colibrí se descoloran como las flores

los mosaicos de turquesa, de jade, de obsidiana y de nácar

caen como flores.

Los collares de caracoles y de jades se desgranan

como sartas de flores de cacao…

Las vasijas blancas como hojas de códice

con las figuras en rojo claro y rojo oscuro

amarillo

y verde turquesa

las vasijas de barro rojo color de chile rojo

y las de barro rojo de Oaxaca como frutas maduras

o anaranjadas como fuego

se marchitan y se quiebran.

Si es pirámide

se desmorona.

Las plumas de quetzal empalidecen

¡y están llenas de polvo!

¡Oíd las lamentaciones que hago yo, el Rey Netzahualcóyotl!

El universo es un juego de pelota

en él jugamos con dos pelotas: el Sol y la Luna

contra los poderes infernales

y no sabemos quién ganará (el que pierda morirá).

Y ved el signo del Sol en el centro del Calendario

—el signo del Sol está en el centro—

por la mañana es Tonatiuh (“el Águila que asciende”)

porque es como un águila que sube al nopal por la mañana

estrujando las rojas tunas de los corazones humanos

y es Cuauhtémoc a la tarde

(“el Águila que baja”)

La pelota de caucho sube y baja, y va y viene

y los hombres debemos jugar con esta pelota.

La muerte y la vida: la tinta negra y roja

la doble tinta con que pintan sus códices los poetas.

El lago de Texcoco y de Tenochtitlan

(“el lago de la Luna”)

que es como un espejo de obsidiana a la luz de la luna

y a la luz del sol, azul-verdoso

de tranquila turquesa

esmeralda y oro

lago de aguas de flores, donde nada el ánade

y va y viene nadando

y vuela graznando y moviendo la cola llena de sol

se secará también un día como se secan las flores.

El lago de Texcoco y de Tenochtitlan (“el lago de la Luna”)

será como un sueño que tuvimos una noche de luna.

Y que en el día se evapora.

Y en su lugar se levantarán polvaredas.

Por eso mi canción es triste

y la acompaña con un son triste el teponaztli

¡No preguntéis por qué el teponaztli tiene tan triste son!

Sólo venimos a soñar aquí en la tierra

y dejar unos manuscritos iluminados

como sueños.

La cerámica de los toltecas está bajo la tierra

esparcida como pétalos de flores.

Hemos pintado el interior del cielo en cueros de venado

¿pero acaso nuestros descendientes entenderán el Códice?

Nuestros poemas en papel de maguey, de yuca y de palma

serán llevados por el viento como el polvo de Texcoco.

Los que vieron la corte del anciano rey Tezozómoc

el tirano:

y vieron los danzantes vestidos de tigres y de pájaros

y los tocadores de huehuetl coronados de flores

y los jardines resonantes con las sonajas de sus fuentes

ahora sólo verían este montón de piedras

donde el tecolote canta a la muerte.

Oprimió a los débiles, a los humildes, a los macehuales

que andan en el monte cargando leña o buscando magueyes

y ahora entre las acequias y baños del poderoso rey Tezozómoc

encuentra su leña y su maguey el macehual.

Los reinados de los reyes son breves como las rosas.

¿Qué se hicieron los príncipes vestidos de plumas de quetzal

y las princesas de ojos de obsidiana?

Buscadlos en sus ollas reales

que hallaréis llenas de polvo.

Se fueron como el humo del Popocatépetl…

Sólo son sombras de Mictlán, la Región del Misterio.

No os admiréis si tiene el teponaztli tan triste son.

Yo, Netzahualcóyotl,

pronto estaré en mi olla de barro, confundido con el barro

(unos cuantos huesos con collares)

fui hecho de barro como vasija

como vasija de barro que vuelve al barro

y el Rey de Texcoco será entonces igual a cualquier macehual.

Pero mirad el Sol: cada día renace de Mictlán, la Región de losMuertos

y el lucero Quetzalcóatl muere y renace de nuevo.

¡Mirad cómo brilla en las mañanas el lucero Quetzalcóatl!

Mirad el maíz: muere y

renace tiernecito después de las primeras lluvias enviadas por Tláloc.

Si no hay en la olla sino polvo

es que estoy siendo molido como en piedra de moler por la madre Cihuacóatl

¡y revivirán mis huesos floridos!

Quetzalcóatl me sacará de Mictlán.

Nadie puede alterar este Códice, de la tinta negra y roja

las pinturas que cantan en honor de Aquél por quien todos

viven

el Dueño del cerca y del junto.

II

No he venido a hacer guerras en la tierra

sino a cortar flores

yo soy el rey cantor buscador de flores

yo, Netzahualcóyotl,

su palacio lleno de cantores

no de militares.

Cortador de las flores de cacao…

No Cacaos (las MONEDAS

para comprar y vender en los mercados, y no beberlas)

sino la flor.

Atesoren los millonarios sus Cacaos, los dictadores,

sus xiquipiles de Cacaos

y yo las flores.

Mis valiosas flores.

La flor de cacao es más valiosa que el cacao

oh, señores.

Yo corto las flores de amistad. ¡Flores

de amor, Dictadores!

Flores de canto.

Y sólo busco en el canto la Amistad, la reunión

de los cantores. Los Concursos Literarios

bajo enramadas de flores.

Xiquipiles de cantos.

Xiquipiles de flores.

Anhelo la Hermandad, la Nobleza

de los poetas.

La “Corporación”.

Mi corte es de cantores

Señores generales, Señores Tigres,

mi corte es melancólica y de atabales.

Y yo no MANDO.

Yo, “Yoyoncito” (el Rey Netzahualcóyotl)

ando siempre cantando.

Mi canto es amistad hermanos.

Sólo en las flores hay Hermandad.

Abrazos

sólo en las flores.

La confederación de amigos poetas son esas flores. La reunión

de amigos.

Este poema es una flor.

Yo voy cantando esa hermandad.

Pero se secan las flores de cacao.

Del cielo viene el cantor.

Del interior del cielo las flores y los cantos

sí, de su Interior. Brotan flores, brotan flores

de mi atabal. Flor-Canto son mis palabras.

Yo ando siempre cantando. No ando

en Propagandas.

Tú estás en estos cantos Dador de la Vida.

Distribuyo mis flores y mis cantos a mi pueblo.

—Les riego poemas, no tributos.

Que no cante yo en vano.

Hemos venido a alegrar Anáhuac con pinturas.

Las flores de la pintura

—las de los libros.

Los cantos pintados en los libros.

Y las pinturas de la Región del Misterio

“lo que está sobre nosotros”.

Allá

donde nacieron nuestros cantares…

¿Son éstas las flores del Dador de la Vida?

No. Tus flores no son éstas.

¿Dónde veré tus flores?

Yo, poeta, Te busco

y estoy triste.

Yo, “Yoyontzin”,

te veré un día.

La amistad, como la flor de color de rosa del cacao, sedeshoja.

Y como la flor de leche del sacuanjoche.

Las cosas son flores, se deshojan.

Y yo no me sacio de flores.

No somos felices.

Muchas flores

y no se sacia mi corazón.

¿Tuvimos deleite una vez en la vida? ¿Tan siquiera

un instante, deleite?

A la Reunión, a la región

donde los nuestros se juntan, ¡envíame!

Allí

“donde todos se unen”

¡hay amistad allí!

Buscamos tus flores y tus cantos Dador de la Vida.

Allí siempre hay atabales.

Yo canto con llantos.

¡La Región de donde nos viene el canto! La Región

de la Reunión. Se entristece

mi corazón… Más

que el collar de oro que desentierra el arqueólogo

o abanico de quetzal marchito en Museo

son bellos tus cantos Dador de la Vida.

Como con manto de quetzal yo me visto de cantos.

El viento de la noche está botando flores:

¿Quién baila con los tambores? Soy yo, “Yoyontzin”

—señores Ministros, Presidentes—

el Rey que baila con los tambores.

No cante yo en vano.

III

Allá, de donde bajan los que nacen.

Ése es el sitio de la vida.

En Tlalocan,

donde los poetas están convertidos en quetzales.

Tlalocan con sus maizales y chiles verdes y flores.

Allí están los poetas reunidos

como en sus academias y concursos en la tierra.

Los que ya viven sin cuerpo…

Plumas de quetzal, jades, son copias

cuenta Tlaltecatzin.

El modelo no está aquí sino en el cielo.

Nuestros cuerpos son copias.

La misteriosa patria de la vida:

de allí viene el canto.

De donde vienen los hombres y el canto.

Allá es la realidad.

Allá se levanta la verdad, firme como pirámide.

Aquí tan sólo el sueño.

Se está despierto allá.

Donde las flores son verdaderas.

Ése es el sitio de la vida.

Donde se unen el azul del cielo y el azul del mar es su mansión.

Estamos junto a él y estamos lejos.

El dueño de la cercanía y la proximidad.

El que está junto a todo.

Estás con nosotros en los cantos.

Busco tus flores.

IV

¿Me iré como la flor del zacuanxóchitl?

¿No dejaré nada yo poeta

sino un nombre náhuatl difícil de pronunciar?

¿O ni siquiera quedará mi nombre náhuatl?

Está cayendo la flor del zacuanxóchitl.

Al menos Flor-Canto (In Xóchitl in Cuícatl).

La flor de zacuanxóchitl ha brotado en vano:

el suelo blanquea con las flores…

¿Venimos a brotar en vano sobre la tierra?

¿A esparcir nuestros huesos blancos

como la flor color de leche del zacuanxóchitl?

V

(Lamento de Netzahualcóyotl)

Sólo soledad

he venido a conocer

en anáhuac [la tierra].

Tengamos amistad

antes de morir

en anáhuac.

VI

Ya llegaron las lluvias.

Reunámonos poetas.

Es el tiempo de hablar de Él.

Él dirá cómo ha de ser

nuestro In Xóchitl in Cuícatl.

Ya llegaron las lluvias.

Los campos están de color de quetzal.

Texcoco está con flores.

Sólo hemos venido a conocernos,

a saludarnos aquí en la tierra.

Nos decimos unas palabras

y nos vamos.

¿Hay flores allí?

Como con plumas de muchos colores pinto mis pensamientos.

Que yo muera dice el maíz.

Canta su canto de resurrección

el maíz lleno de luz:

¡que no perezca yo!

No hay pirámide que dure aquí en la tierra.

Tu atabal riega flores

que se secan.

¿Acaso puede saciarse un corazón?

Yo poeta, estoy triste.

¿La vida vive allí otra vez?

He de dejar los cantos.

Las flores de los cuerpos, de corolas de colores,

se abren, y se secan.

Nadie tiene palacios en el mundo,

ni yo, Netzahualcóyotl.

Un montón de tierra seca,

eso serán mis Baños en Texcoco.

Lloro yo Netzahualpilli.

Las primaveras no producen flores verdaderas.

Estoy triste, soy el joven Netzahualpilli.

¡Si hubiera un lugar donde no se muriera!

Seré como mazorca sin granos

yo, Cuacuahtzin.

Dejaremos la tierra con sus atabales y flores.

Me he de ir, yo, Yoyontzin, a Su Casa.

Donde nos perdemos en comunidad.

Nos perdemos todos juntos.

La región misteriosa donde todos se unen.

En lo profundo del Contento y la Oscuridad.

Donde viven en comunidad los muertos.

Toda nuestra vida ha sido

digo yo, Tecayehuatzin,

como la última comida del que va al sacrificio.

Las muchachas son prestadas.

Mi atabal de tristeza…

Se marchitarán los cantos.

Las muchachas de mantas de color de flor de tuna

se marchitan.

Tu corazón va tras cada cosa.

Se oculta el que da la vida.