Carta íntimas - Eva Puig - E-Book

Carta íntimas E-Book

Eva Puig

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Beschreibung

Si has vivido un aborto voluntario y supuso una experiencia innombrable en tu vida, este es tu libro. Si no has vivido un aborto voluntario, pero quieres reflexionar sobre esta experiencia desde otros puntos de vista, este es tu libro. Estas cartas íntimas, a caballo entre el diálogo, la confesión, el ensayo y la poesía, nacen con el anhelo de acompañar en sus duelos a aquellas mujeres que han vivido un proceso de interrupción del embarazo, y con el propósito de llevar luz y comprensión a lo que su autora define como "el último tabú". Estas páginas están impregnadas de la serenidad que da el paso de los años y la autoridad de quien transitó la experiencia, aprendió a abrazarla y se transformó con ella. Una voz que rompe el silencio. Un imprescindible de la literatura sobre el duelo y sobre la mujer, las maternidades y sus sombras.

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Seitenzahl: 158

Veröffentlichungsjahr: 2020

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CARTAS ÍNTIMAS

tras un aborto voluntario

Eva Puig

CARTAS ÍNTIMAS

tras un aborto voluntario

Eva Puig

TITULO: Cartas íntimas tras un aborto voluntario

AUTORA:Eva Puig©, 2020

COMPOSICIÓN: HakaBooks - Optima, cuerpo 11

DISEÑO DE LA PORTADA:Hakabooks©

EDICIÓN Y CORRECCIÓN DE TEXTOS: Tu voz en mi pluma

1ª EDICIÓN: mayo 2020ISBN: 978-84-18575-08-2

HAKABOOKS

08204 Sabadell - Barcelona

+34 680 457 788

www.hakabooks.com

[email protected]

Hakabooks

Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos por la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier forma de cesión de la obra sin autorización escrita de los titulares del copyright.

Todos los derechos reservados.

A Kora, por toda tu luz.

Gracias a mis padres, por su apoyo incondicional en todo momento.

Gracias a Albert, simplemente por ser y existir.

Gracias a Pilu, por haber creído en este proyecto incluso antes de que yo lo hiciera.

Gracias a Maria Andrea, por su prólogo, su presencia y su mirada amorosa y cómplice sobre mi trabajo.

Gracias a toda la gente que ha puesto su granito de arena para que estas cartas vean hoy la luz: equipo de correctoras y editorial.

Gracias a Kora y Vera, por enseñarme tantas cosas sobre dos experiencias radicales y fundacionales: el aborto y la maternidad.

Y gracias infinitas a todas las mujeres que en algún momento me contaron sus historias y dejaron que las acompañara. Este libro no solo es para vosotras, sino también vuestro.

Prólogo

Queridos lectores, querida Eva:

Qué decirles, qué decirte… Qué honor y desafío prologar este libro. ¿Cómo equiparar tanta belleza? No sé si me va a ser posible, lo voy a intentar.

Cartas íntimas tras un aborto voluntario es mucho más que eso. Cada carta es un regalo al alma de toda mujer. Con cada carta me quedé absorta, releyendo una y otra vez cada renglón; mientras sentía cómo mi alma y mi korazón se abrían despacito para recibir semejante tesoro. Cartas que me hubiera gustado recibir en cada momento difícil de mi vida, de una ternura, amor, profundidad y belleza inauditas.

Siento fervientemente que son cartas que deben llegar a todas las mujeres, las que sufrieron un aborto, las que dudaron y siguieron adelante, las que tuvieron una pérdida natural, las que todavía no atravesaron por la experiencia de tener que tomar una decisión frente a una posible maternidad.

Cartas que hablan y recorren muchos temas comunes; como amor, dolor, soledad, aislamiento, tristeza, nostalgia, tiempo, culpa, ira, miedo, tabúes, ética, vida, muerte; y otros tantos específicos, como la maternidad, la danza del útero, la niña rota que todas tenemos, el dolor colectivo femenino, lo transgeneracional, las preguntas existenciales de la filosofía, el despertar a la espiritualidad y finalmente la esperanza.

Temas acompañados siempre por una profunda compasión, te toman de la mano, te recorren como una caricia; cada palabra llega como un abrazo profundamente sentido.

No puedo describir con palabras más hermosas todo lo que he sentido. Cada carta es un viaje que traspasa el korazón, con una profunda sabiduría y un conocimiento de la esencia femenina que va más allá de lo que te puedas imaginar.

Gracias, Eva, tratas cada tema con delicadeza y poesía, con algo que solo vos, con tu estilo y tu sensibilidad, logra crear una conmoción en mí muy difícil de explicar.

Siento la más sincera gratitud, honro tu proceso; tu capacidad de acompañarte a vos misma y tu capacidad de acompañar a tantas mujeres. No dudo de que este libro recorrerá el mundo, abriendo conciencias, úteros-korazones.

Antes de despedirme, deseo dirigirme muy especialmente a Kora, por haber elegido a Eva. Kora, te imagino como un alma pura y viva, susurrándole con emoción cada palabra, cada tesoro de aprendizaje.

Deseo agradecerte, Eva, por dejarte llevar, sin saberlo y sabiéndolo, por la increíblemente hermosa alma de Kora. Las imagino juntas, contemplando el mar, con la vista a lo lejos, al horizonte, abrazadas. Las imagino caminando por la orilla, mojando los pies en el agua, jugando entre las olas, en la arena. Soñando juntas este sueño que abrazará a tantas Evas y Koras. En tantos mágicos laberintos y cuentos de hadas.

Gracias amigas. De korazón a korazón, me han transportado a esa playa, a ese mar; me han invitado a volar desde la orilla, como las gaviotas, colmada de esperanza.

María andrea garcía medina

Psicóloga,

autora de Acunando la luna, despertando el sol

Introducción

Me han pedido que escriba la introducción a estas cartas cuando el libro está casi listo para ser publicado. Me parece curioso que, siendo esto una introducción y, por lo tanto, lo primero que lees, querida lectora, sea por el contrario lo último que yo escribo de este manuscrito. Este hecho me recuerda unos hermosos versos de TS Eliot, poeta norteamericano: «In my beginning is my end, in my end is my beginning»1. Los inicios y los finales están profundamente conectados.

Me embargan sentimientos ambivalentes ante este fin y este inicio. Por un lado, la satisfacción inmensa de haber cumplido una promesa que me hice hace diez años, poco tiempo después de haber abortado. Una sensación de alegría profunda de haber cumplido con la vida, con lo que esta me enseñó, con lo que esa experiencia en concreto hizo y deshizo de mí. Y, por otro lado, siento también una insatisfacción grande, fruto de la sensación de que el libro es apenas una sombra de lo que me hubiera gustado escribir. Ese sentir de que ha quedado mucho por contar y por matizar. La terrible inconclusión de todo lo finito.

Todas las experiencias profundas tienen esa característica: son campos de silencio donde la palabra no alcanza a nombrar lo que sucedió y lo que se vivió. Por eso, precisamente, quise acercarme a esta experiencia radical en mi vida, y en la de muchas mujeres, con el tacto de la poeta, la intimidad de la amiga y el diálogo de la filósofa. La carta se me presentó como el género perfecto para hablarte, querida lectora, de un tema tan profundo como complejo, tan minado de dolor y de silencios. Porque la carta me permite, literalmente, todo. Me permite la libertad de conversar contigo de muchos temas, de invitarte a reflexionar sin sentar cátedra, de sonreír y de llorar, a la par, juntas. Seguramente, volveré a escribir otro libro sobre el aborto voluntario, más técnico, para profesionales en sus despachos y terapeutas que deseen aprender lo que yo les pueda compartir desde mi experiencia acompañando este tipo de duelos. Pero hoy, después de haber escrito este libro, siento que tenía que ser así, que mi primera incursión en la literatura de la IVE2 tenía que ser profundamente literaria. Que este tema debía ser tocado, en primera instancia por mi voz más amiga, poética y reflexiva. Desde la escucha y el «korazón».

Este libro nace con la voluntad de acompañarte si has vivido la experiencia que narra. Y en ese acompañamiento, ser un espejo. Pero no un espejo cualquiera, sino un espejo que te devuelva una mirada amorosa sobre ti misma. Y también nace con otro propósito: el de aportar luz; para ayudarte a entender tu propia experiencia de interrupción del embarazo, y si no la has vivido, para ayudarte a reflexionar y ampliar tu mirada sobre este tabú ancestral.

Pude haberlo escrito hace años. Si lo hubiera hecho después de mi aborto, habría sido lo que yo llamo «un libro-exorcismo»: hubiera sido un libro que me habría ayudado a narrar y sacar fuera, cual exorcismo, mis propios fantasmas. Existe una extensa literatura que nace en esas circunstancias y como herramienta para transitar las propias experiencias vitales. Pero lo he escrito diez años después de mi aborto, y eso implica que es una escritura llena de la perspectiva que dan los años y de la paz que aporta el haber transitado la experiencia y haberla abrazado. Está narrado desde la serenidad, y no desde la herida que busca ser sanada mediante la palabra escrita.

Si eres lector, un hombre, tal vez te sientas excluido de estas cartas. Lo siento, no era mi intención. Todo el diálogo que ellas son lo desarrollé con una interlocutora imaginaria con rostro y voz de mujer. Sé que tú también sufres los abortos o que también te interesa ampliar la mirada sobre lo que significa esta experiencia para tus compañeras y para ti mismo. También cuento contigo, aunque no te nombre, porque la revolución de los géneros tiene que ser un camino mutuo y compartido. Ojalá leas estas líneas y se abran en ti espacios de empatía y comprensión.

Por último, decirte que en un inicio titulé este libro «Cartas de esperanza tras un aborto voluntario». La palabra esperanza vino a buscarme la mañana que lo concebí, un día de agosto en la biblioteca de mi pueblo; porque sentí que una mujer que ha abortado necesita esperanza; ante tanto silencio e incomprensión necesita saber que hay un camino a recorrer y que puede llegar a estar en paz con lo vivido. Al final cambié el título porque, aunque hallo la palabra esperanza muy bella y necesaria, me traía resonancias a iglesia y teología. Y la sustituí por íntimas para resaltar su aspecto de diálogo sobre cosas privadas que terminan siendo públicas y políticas. Aun así, sigo reivindicando la palabra esperanza como luz necesaria ante toda la oscuridad que supone este tipo de experiencias.

Finalmente, siento que estoy soltando este hijo literario y que tendrá vida propia. Siento que le estoy diciendo adiós, que se va a ir por el mundo, y que ya te pertenece a ti, lectora, y a todas las mujeres que lo lean. Sé que vosotras le daréis nueva vida, más allá de la que yo le he dado. Toda lectora es una coautora, y me gusta imaginar que este libro que hoy está a punto de alzar el vuelo va a ir creciendo con cada lectura y haciéndose más bello. Como madre, siempre deseo para mi hija una vida intensa y libre. Lo mismo le deseo a este hijo espiritual que es el libro que tienes ahora en tus manos.

Nunca podré agradecerte lo suficiente que estés ahí, al otro lado, en esta conversación a dos que, justo ahora, iniciamos.

1 «En mi inicio está mi final, en mi final está mi inicio». TS Eliot, Four Quartets.

2 IVE: interrupción voluntaria del embarazo. A lo largo del libro el término se refiere indistintamente tanto a IVE como a ILE (interrupción legal del embarazo, que tiene lugar a partir de las 14 semanas de gestación).

Carta I. Te conozco

Como mujeres, existe una experiencia que nos une a través del tiempo, una experiencia de la que pocas se atreven a hablar. ¿Te atreves tú? No dejes que otros cuenten tu historia.

Querida amiga:

Escribo para ti, y en parte para mí, para llegar a una desconocida que, en cierta manera, conozco. No sé tu nombre, pero sé que nos une una experiencia que te lleva a leerme.

Esta carta es un mensaje lanzado al mar en una botella. La estás leyendo porque de forma milagrosa llegó a tus manos. Si la casualidad no existe, tenías que ser tú quien estuviera leyendo estas líneas y tenía que ser yo quien te las escribiera. Miro hacia atrás y tengo muchas historias, porque en una vida caben muchas vidas.

¿Por qué cartas? Porque antes de la era de internet fui una gran escritora de cartas. Entre mis dieciséis y veintiséis años, escribí unas mil. No, no te exagero; cartas de tres y cuatro páginas donde compartía con mis amigos pensamientos, sentimientos y experiencias. Luego llegaron el correo electrónico, los chats y las redes sociales. Nos proporcionaron inmediatez, pero también una comunicación superficial. Por eso escribí primero estas cartas a mano (me pareció lo más adecuado para compartir contigo este tema), para mantener una conversación íntima, de esas que requieren escucha, lentitud y silencio.

La carta nos permite compartir un momento de soledad, un tiempo a solas contigo misma sin prisas y con pausas. Escuchando mi voz, que también es la tuya, te regalas tiempo para adentrarte en el diálogo (y quizá también en la vulnerabilidad).

Titulé este primer mensaje en una botella con un «te conozco» porque compartimos una experiencia vital que nos marcó, a mí me transformó. Te conozco a raíz de esa experiencia porque me reconozco a mí misma en ella. Decía un poeta que en lo más profundo de uno mismo, en la subjetividad más absoluta, encontramos al otro, a todos los hombres y mujeres. En el corazón de lo más subjetivo se halla lo más universal. Te conozco porque, tras la experiencia de abortar, me adentré profundamente en mí misma y comprendí un sufrimiento universal que nos afecta a todas las mujeres.

Son unas cartas escritas desde el pasado pero con la mirada puesta en el futuro. No solo el futuro en el que las estás leyendo (tu presente), sino mucho más allá, hacia las mujeres del futuro, nuestras hijas y hermanas (porque todas somos hermanas en nuestro ser mujer). Es un mensaje nuevo lleno de esperanza y luz, donde deseo transmitirte que después de interrumpir un embarazo hay vida más allá del dolor, y que la sanación es posible.

No es fácil para mí escribir estas palabras, tengo tanto que contarte que me cuesta organizar ideas. Caminamos por arenas movedizas de tabúes ancestrales, de aquello que no nos permitimos mencionar. Caminamos, junto a mujeres que conviven con secretos inconfesables, entre dos frentes. El de los que se posicionan en contra del aborto, que te hablan de culpa, asesinato y sufrimiento eterno. Y el frente de la lucha feminista por el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo y su vida (una lucha legítima y necesaria desde mi punto de vista), pero que no menciona los claroscuros del aborto, esas habitaciones que tú y yo conocemos tan bien: oscuras, sin ventanas y con el aire enrarecido.

Como en todas las cosas importantes de la vida, hay muchas dimensiones en el mapa del aborto. Yo me dedico a explorar esos matices, los relieves en una superficie que parece plana, pero que tiene sus cumbres y sus abismos. Sí, caminamos por arenas movedizas.

El aborto es un proceso muy complejo, y que resulte doloroso o no depende de muchos factores. Yo he decidido escribirte a ti, mujer, amiga, hermana, que pasaste por una interrupción del embarazo y no supiste cómo manejar tu sufrimiento, que parecía no tener fin porque lo mantenías callado y en secreto.

K. Northrop, doctora y autora americana, decía: «Si de todas las mujeres que se han sometido a un aborto, aunque solo una tercera parte de ellas estuviera dispuesta a hablar de la experiencia, no con vergüenza, sino con sinceridad respecto a lo que eran entonces, lo que sabían, lo que han aprendido y lo que son y saben ahora, todo este asunto sanaría con mayor rapidez».

Estas cartas son una lanza en esa dirección. Una apuesta en primera persona para hablar de lo que nadie habla. He estudiado sobre procesos de duelo, podría hablarte desde el pedestal del profesional, describirte las etapas, el recorrido…, pero opto por la primera persona, elijo partir de mi experiencia personal y hablarte desde ella, desde lo que sé ahora y he aprendido de todo este asunto, de quién soy y de lo que fue de mí.

¿Por qué yo? Recuerdo que, al poco de abortar, entré en una conocida librería de Barcelona especializada en temas de mujeres. Pedí información sobre libros que hablaran del aborto. Esperaba encontrar una estantería llena, una sección con un montón de literatura sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). No fue así. Había libros sueltos, aquí y allá, la mayoría sobre el debate ético del aborto, algunos que informaban sobre distintos métodos abortivos y los derechos de la mujer. Apenas nada. Solo me mostraron un libro que era remotamente parecido a lo que estaba buscando: Mujeres silenciadas, de Teresa Burque. Recuerdo mi sorpresa ante ese vacío. Entonces una voz me surgió desde dentro: «Yo escribiré ese libro».

Han pasado los años y esa frase sigue acompañándome. De hecho, ella fue la génesis de mi proyecto Kora, el motor que me ha llevado a investigar y a escribir artículos sobre la IVE. Hace un par de años, desde la filosofa que soy, empecé a escribir un libro más dirigido a profesionales, pero se quedó sin ultimar en un archivo de mi ordenador. Hace unos meses me vino a buscar este otro libro, el que te estoy escribiendo en forma de cartas. ¿Y sabes cuando una voz interior te susurra que sí, que esta vez vas por el buen camino? Así me siento mientras te escribo estas líneas. Con el convencimiento de que llegarán a quien las necesite —a ti, que las estás leyendo—, y de que estoy haciendo lo que tengo que hacer.

Sé que te conozco, aunque no sepa tu historia ni tu nombre, pues compartimos una misma experiencia.

Un abrazo, de korazón a korazón,

Eva

CARTA II. El aislamiento

La casa que no tiene ventanas.

Querida amiga:

Escribo esta carta recreando el aislamiento, en una habitación cerrada. No entra luz natural. Cuatro paredes desnudas, sin muebles. Quería aislarme para escribirte; yo lo hago físicamente, aunque del aislamiento del que quiero hablarte es del psíquico o espiritual. Cuando el alma se vuelve una casa sin ventanas.

Creo que, de todo lo duro que conlleva un aborto, lo peor es la soledad que le sigue, y el aislamiento en que esta se transforma.

«¡Chsss! Calla, no digas nada, no escuches, no hables».

«Olvídalo, olvídalo, olvídalo…».

Hay muchos tipos de silencio dentro de la soledad. Nosotras callamos, pero no estamos en silencio.

Viven en ti infinitas voces que a veces gritan y a veces susurran, y que te sientes obligada a oír una y otra vez. Voces que solo pareces oír tú, y que repiten los mismos argumentos, condenas y miedos. No hace falta que ningún dios te condene, en esa soledad a gritos ya sabes lo que es el infierno: es ese malestar que hay que disimular, la necesidad impuesta de guardar silencio. Que nadie vea, que nadie sepa. Porque ¿quién entendería?

¿Cómo es una casa sin ventanas? En ella el aire se va enrareciendo, y el ambiente se va volviendo cada vez más irrespirable. Sientes que te falta el aire. Es una casa donde apenas puedes vivir. No tienes la luz que da la vida y disipa las tinieblas. Vives en la oscuridad y caminas a tientas. Fuera la vida sigue, pero dentro parece que el tiempo se ha detenido. Es como estar atrapada en tu propia cinta de Moebius, volviendo una y otra vez sobre tus pasos. ¿Cuánto tiempo se puede vivir así?