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Este ensayo, compuesto de tres apartados de relatos de amena lectura, nos sitúa en su primer capítulo en una situación en la que una variación mínima en la vida rutinaria de un hombre, le llevan a un cambio total en su existencia, que va desde su muerte hasta la liberación de su alienante monotonía. En el segundo capítulo, vemos en cuántas situaciones, a lo largo de tres generaciones, la vida del propio autor habría podido dejar de existir. Finalmente, en el tercer capítulo, se hace una breve historia de la humanidad, haciendo hincapié en lo casual que resulta que la evolución haya conducido hasta el actual Homo sapiens y en la maravillosa casualidad de que nuestro querido planeta haya desarrollado la vida. Por otra parte, el autor de este ensayo literario, sin ánimo de pontificar, pero sí intentando ser un poco pedagógico, nos presenta una serie de reflexiones sobre si el azar, la suerte o la casualidad, y todo lo que ello comporta en nuestras vidas, en nuestra propia existencia y en la de la humanidad entera, puede justificar que no tomemos una actitud proactiva para conducir nuestro destino y modificar las condiciones progresivamente más deterioradas y los comportamientos, en ocasiones ciegamente interesados y, en otras, simplemente irreflexivos, que pueden llevar, irremisiblemente, a nuestra extinción como habitantes de este planeta.
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Seitenzahl: 146
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Fèlix Rueda
CASUAL
1ª edición: febrero de 2021
© Fèlix Rueda
© De la presente edición Terra Ignota Ediciones
Diseño de cubierta: ImatChus
Terra Ignota Ediciones
c/ Bac de Roda, 63, Local 2
08005 – Barcelona
ISBN: 978-84-122958-9-4
THEMA: DNL
La historia, ideas y opiniones vertidas en este libro son propiedad y responsabilidad exclusiva de su autor.
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Fèlix Rueda
CASUAL
Prólogo
ILa vida en un instante
II¿Por qué yo soy yo o cualquiera de nosotros es quien es?
IIISomos lo que somos, el resto da igual
Prólogo
La idea de esta obra se basa en un planteamiento filosófico que siempre ha preocupado al autor, una controversia que ha acompañado la historia del hombre y de la cultura desde que los seres humanos se organizaron en sociedades. ¿Somos seres libres y por lo tanto dueños de nuestro destino, o bien éste viene establecido por la posición de los astros cuando nacemos, o un ser superior nos tiene un camino predestinado del cual no nos podemos separar por mucho que así lo deseemos, o como creían los antiguos hay un oráculo donde está escrito nuestro destino, feliz o trágico y no nos podemos subvertir a él, puesto que siempre nos acabará alcanzando? Si creemos que somos libres y que podemos decidir nuestras acciones según nuestro libre albedrío, a pesar de que puede existir un Dios creador, entonces tendremos que estar de acuerdo de que hemos de ser capaces de escribir nuestro destino. Si es así, entonces también somos nosotros los que decidimos cómo ha de ser nuestra vida y el mundo que habitamos y no podemos eludir la responsabilidad de actuar, escudándonos en la idea de que todo aquello que pasa en nuestra vida y en nuestra sociedad, es lo que había de pasar y nada se puede hacer para evitarlo. Hemos de aceptar que han de ser nuestros principios éticos los que dicten nuestras acciones y los conceptos de libertad, justicia y equidad han de ser la guía en el camino por el que transitamos en esta vida. Sin embargo, y esto no debería servir nunca como excusa, hay un hecho incuestionable y es que la vida de cualquiera es algo casual y que cualquier circunstancia, por pequeña que pueda parecer, la puede cambiar. En este ensayo quiero hacer énfasis justo en este hecho, en la casualidad como fuente de mutaciones en nuestra vida, e incluso en el poder del azar en la misma existencia de nosotros como personas, ya que es razonable pensar lo que significan en la historia de cualquier individuo los hechos históricos por los que cabalgaron sus antepasados (guerras, epidemias, migraciones, crisis económicas, luchas de clases...), que hacen que sólo el azar (otros querrán ver en ello la mano del destino) haya jugado un papel único y fundamental en su existencia. Pero quiero ir todavía más allá y mostrar, siguiendo estrictamente los conocimientos científicos actuales, que la misma historia del hombre como tal, siguiendo la evolución desde que era un simio arborícola, es también fruto de un cúmulo de casualidades y que bien hubiera podido ser otra totalmente diferente.
La obra que ahora leeréis no es propiamente un relato, sino la descripción de un conjunto de hechos puntuales en la vida de un hombre cualquiera, que pueden cambiar radicalmente su existencia. También, las supuestas historias de mi familia que, si bien son imaginarias, forman parte de la historia y de la memoria colectiva de nuestro país y, por lo tanto, no sólo son posibles, sino que incluso, en algunos casos, se han extraído de la realidad. Finalmente, navegaremos por la historia de la humanidad y de la vida en nuestro planeta, basándonos en los conocimientos científicos actuales, que ponen en cuestión quiénes somos y si hay alguna cosa que justifique que seamos individuos con una vida concreta o simplemente seres humanos. También se trata de una llamada a la humildad, en contra de los que creen en la superioridad de la raza humana sobre el resto de los seres que habitan el planeta Tierra, ya que se mostrará como la misma historia de la humanidad se ve como una chispa en la inmensidad del universo, que nos sitúa, como a seres únicos, maravillosos y quizás irrepetibles, en el contexto global, para mostrar cuan pequeños somos y cuan dependientes somos del resto de seres vivos para poder seguir viviendo.
El autor de este ensayo, sin ánimo de pontificar, pero sí intentando ser un poco pedagógico, se ha tomado la libertad de ligar estos relatos y estas historias con una serie de reflexiones sobre si el azar, la suerte, o la casualidad, y todo lo que ello comporta en nuestras vidas, en nuestra propia existencia y en la de la humanidad entera, puede justificar que no tomemos una actitud proactiva para conducir nuestro destino que, podemos estar bien seguros, sigue estando en nuestras manos, y para modificar las condiciones progresivamente más deterioradas y los comportamientos, en ocasiones ciegamente interesados y en otras simplemente irreflexivos, que pueden llevar y, si no nos ponemos bien pronto manos a la obra, llevarán irremisiblemente a nuestra extinción como habitantes de este planeta.
I
La vida en un instante
Un hombre cualquiera, que bien podría tratarse de usted o de mí, lleva una vida rutinaria, marcada por unos horarios, más o menos prefijados: por los transportes públicos, por el trabajo, por la escuela de los niños… y, a pesar de pequeños contratiempos, esta rutina, con pequeñas variaciones, se repite cada día de forma monótona y segura. No imagina, ni le pasa por la mente, que una pequeña variación, puramente casual, puede cambiar su vida. Esto es algo a lo que todos, de forma inconsciente, nos sentimos inclinados, la rutinaria seguridad cotidiana que nos permite vivir sin cuestionarnos el futuro inmediato. Sin embargo, la experiencia personal nos dice que nada es inmutable, que el empleo que suponíamos sería para toda la vida, los cambios de ciclo económico han hecho que se tambaleara su continuidad o que lo perdiéramos irremisiblemente; que al amigo con el que hace tan sólo unos días tomábamos una cerveza felices por las postreras victorias de nuestro equipo o por la llegada del nuevo hijo o por cualquier otro hecho merecedor de ser celebrado, le han diagnosticado un cáncer terrible, que hará que su vida camine por el borde del precipicio; que la mujer/hombre que amábamos y con la/el que compartíamos tantas alegrías y tristezas, lo que nos hacía estar bien seguros de que íbamos a envejecer a su lado, ahora está viviendo con aquel compañero/a del trabajo, con el que ya nos molestaban tantas afinidades o habéis sido vosotros/as, quienes habéis conocido a alguien, que súbitamente cubre todas las expectativas, que con vuestra pareja, al parecer el viento del tiempo ha arrastrado al olvido y ahora vuestros ojos ya no son capaces de ver a nadie más. Estos acontecimientos son casi tan comunes como llevar a los niños al colegio o coger diariamente la misma línea de autobús, sólo que la sacudida que representan en nuestras vidas los hacen extraordinarios a nuestros ojos y, por un instante, los podemos percibir como guiados por una mano que conduce nuestras vidas hacia la felicidad, la monotonía o el desastre. ¿Quiere decir esto que es el destino el que marca nuestras vidas? ¿Qué existe una ley superior e inmutable que establece cuál será nuestro principio y fin? ¿O bien que, por el contrario, somos fruto del azar y nuestras vidas solamente han sido posibles porque un cúmulo de casualidades han convergido en un punto de la historia para permitir que las vidas de nuestros antepasados fluyeran por un camino y no por los otros miles de posibles y alternativos que habrían hecho nuestra existencia imposible? O todavía más, como algunos creen, e incluso algunas leyes de la física parecen avalar, que pueden existir dimensiones paralelas que hacen que todas las existencias posibles convivan al mismo tiempo y los relatos que seguirán a esta introducción podrían coexistir simultáneamente y sincrónicamente.
Sin ningún interés especial por influir en las opiniones del lector, quede dicho por adelantado que el autor no cree en el destino, ni en un ser superior que determine cuál ha de ser nuestra vida y que su capacidad intelectual no le permite imaginar una función espacio-temporal con N dimensiones. No obstante, cree que se puede influir en el azar, que no todo es casual y que, mediante leyes bien establecidas por la ciencia, analizando nuestro pasado y presente, podemos predecir parte del futuro y cambiarlo. Quién sabe si algún día podremos viajar en el tiempo y cambiar el pasado, exponiéndonos al peligro que comporta aquello que el efecto mariposa puede provocar. En cualquier caso, no os estéis de brazos cruzados dejando que sea el azar y la casualidad la que dicte vuestras vidas, seguro que podéis hacer muchas cosas para no dejarlo todo en sus manos. A pesar de todo, siempre habrá un hecho circunstancial, quizás improbable, un instante incontrolable y azaroso que podrá cambiar vuestras vidas, sin que nadie pueda hacer nada por remediarlo.
* * *
Un hombre sale de su casa apurado, pensando que se le hace tarde y que quizás perderá el autobús. Va ofuscado buscando en los bolsillos algo que cree haberse olvidado: las llaves, el tabaco... A pesar de que en su cabeza se instala como en una especie de vacío espeso la desagradable sensación de saber que olvida alguna cosa, no acierta a dar con qué debe ser y piensa que se acordará cuando sea demasiado tarde. Sale a la calle y con paso acelerado llega a la parada del autobús, que se encuentra a apenas a cincuenta metros de su casa. Maldice los transportes públicos, porque, como es habitual, el autobús no llega puntual y en el trabajo que ya se la tienen jurada, le clavarán una buena bronca y tal vez le impondrán alguna sanción. Una falta leve, sin duda, pero que acumulada, algún día hará que le echen a la calle. Quizás sería lo mejor que le podría pasar, porque es una mierda de empleo, pero con los tiempos que corren, y con dos hijos que mantener, no es lo que más le conviene. La llegada del transporte, le despierta de estas divagaciones y piensa que, con un poco de suerte, no llegará demasiado tarde.
* * *
Un hombre sale de su casa apurado, pensando que se le hace tarde y que quizás perderá el autobús. Va ofuscado buscando en los bolsillos algo que cree haberse olvidado: las llaves, el tabaco... Sale a la calle y mientras comprueba que todo está en su lugar, da un salto para sortear el alcorque del árbol que hay delante de su casa, con la mala fortuna de que el pie no llega hasta el otro extremo. Esto le desequilibra y parte de su cuerpo sale proyectado hacia el asfalto. En aquel momento pasa el autobús que, extrañamente, llega puntual, golpea su cabeza y el hombre muere al instante.
* * *
Un hombre sale de su casa apurado, pensando que se le hace tarde y que quizás perderá el autobús. Va ofuscado buscando en los bolsillos algo que cree haberse olvidado; se da cuenta de que se lo ha dejado todo: las llaves y el tabaco. Su mujer todavía está en casa, pero cuando él vuelva por la tarde, ella estará todavía trabajando y él, que va a recoger a los niños a la escuela, se encontrará en la calle sin poder entrar en casa. A pesar de correr el peligro de perder el autobús y tener, una vez más, bronca en el trabajo, vuelve atrás y llama a la puerta. En aquel mismo momento ve pasar el autobús y maldice su suerte. La mujer le recibe en bata y le recrimina su mala memoria. ―Un día perderás la cabeza... No imagina que, si no hubiera olvidado el tabaco y las llaves, ahora yacería en el suelo con el cráneo reventado por el golpe con el autobús. Este olvido le habrá salvado la vida, pero morirá de un cáncer de pulmón, veinte años más tarde.
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Un hombre sale de su casa apurado, pensando que se le hace tarde y que quizás perderá el autobús. Va ofuscado buscando en los bolsillos algo que cree haberse olvidado: las llaves, el tabaco... Sale a la calle y debido al ensimismamiento y a la preocupación por el autobús, no ve a los peatones que circulan por la acera y tropieza con una muchacha que apunto está de caer al suelo. ―Podrías mirar por dónde vas... ―le recrimina ella―. Lo mismo digo yo, que no sé quién ha chocado con quién ―contesta él hosco y cómo ve llegar el autobús, sale corriendo sin disculparse. Cuando llega al interior del vehículo, piensa que ha sido un mal educado, puesto que, después de todo, había sido culpa suya. Además, ahora que lo piensa, la chica era preciosa y alguna cosa en su cerebro le dice que aquella cara le resultaba familiar y, aunque fuera incapaz de situarla en algún contexto, estaba seguro de que la conocía.
* * *
Un hombre sale de su casa apurado, pensando que se le hace tarde y que quizás perderá el autobús. Va ofuscado buscando en los bolsillos algo que cree haberse olvidado: las llaves, el tabaco... Sale a la calle y mientras comprueba que todo está en su lugar, da un salto para sortear el alcorque del árbol que hay delante de su casa. Con precisión milimétrica su pie queda instalado en el corto espacio que hay entre el alcorque y el asfalto en un equilibrio inestable, en el preciso momento en que el autobús pasa a pocos centímetros de su cara, el sufre un terrible sobresalto y prefiere no pensar en lo que hubiera podido pasar si no tuviera tan dominado este saltito y en el aterrizaje hubiera perdido el equilibrio, pero sin tiempo que malgastar, corre hacia la parada, para no dejar ir el autobús.
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Un hombre está a punto de salir de su casa. Va apresurado pensando que se le está haciendo tarde y que quizás perderá el autobús. Sin embargo, va inspeccionando los bolsillos en busca algo que cree haberse olvidado: las llaves, el tabaco... Su mujer se interpone entre él y la puerta de salida. Lleva una bata muy provocativa que deja entrever su desnudez y le sugiere que llame al trabajo y les diga que se encuentra mal, pues hace días que no hacen el amor y se muere de ganas. Tienen al menos una hora hasta que tengan que despertar a los niños. Él está ofuscado y, a pesar de que la proposición le parece de lo más atractiva, le dice a la mujer que ya va tarde y que bastante ojeriza le tienen en el trabajo como para faltar de forma injustificada. Sale a la calle y ve cómo se le escapa el autobús. Se maldice los huesos, porque no ha gozado de un buen polvo y, además, de todas formas, recibirá la bronca de su jefe. Pero ya es demasiado tarde para volver atrás y toma un taxi, que posiblemente tardará lo mismo que el autobús y le costará más de lo que ganará aquel día. «Que mierda de vida», piensa.
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Un hombre sale de su casa apurado, pensando que se le hace tarde y que quizás perderá el autobús. Va ofuscado buscando en los bolsillos algo que cree haberse olvidado: las llaves, el tabaco... Sale a la calle, pero debido al ensimismamiento y a la preocupación por el autobús no ve a los peatones que circulan por la acera y tropieza con una chica que caminaba meditabunda en oscuros pensamientos. Un pliego de papeles y unas carpetas que ella transportaba quedan esparcidos por el suelo y cuando ambos se agachan para recogerlos, sus cabezas chocan y ambos acaban sentados en el pavimento. A pesar del golpe, tanto el como ella no pueden evitar reírse por la ridícula situación que se ha producido, pero cuando se miran, a ella, sorprendida, le parece reconocer al joven que veinte años atrás la dejo totalmente enamorada antes de ir a cumplir el servicio militar y del cual nunca volvió a saber nada más. Se ayudan mutuamente a levantarse y ella le pregunta―: ¿Tú no eres...? ―Y él entonces, cae en la cuenta de que la conoce y entre las nubes de la memoria se percata de que ella ha de ser forzosamente aquella chica de la que estaba tan enamorado y a la cual anduvo buscando después de la mili, pero que jamás supo encontrar “¿Tú no eres...?” En aquel preciso instante ve pasar el autobús, pero no hace absolutamente nada por atraparlo, porque sus ojos ya se han perdido en el azul oceánico de los ojos que lo interrogan.
―¿Tienes prisa? ―Él lo medita un instante―: Da igual. Ya he perdido el autobús. ―Ella sonríe―: Bien, entonces podríamos ir a tomar un café y recordar viejos tiempos. ―Pasan horas hablando con una rara intimidad y confianza, como si los veinte años de ausencia no fueran más que un pequeño inciso intemporal, como un paréntesis sin historia. Nada le inquieta, las consecuencias en el trabajo tanto le dan, la familia quizás sí, pero prefiere no pensarlo. Sus manos se entrelazan y ella, más decidida, le propone ir a un hotel. Sus cuerpos sedientos se buscan y luchan hasta la extenuación, en una batalla que desde hacía muchos años tenían pendiente. Nunca más volverá a separarse de ella. Su mujer le odiará. Sus hijos se sentirán traicionados y no querrán saber nada más de él. Vivirá feliz al lado de aquella mujer hasta los noventa años y morirá una semana después de que ella muera de una larga enfermedad.
* * *
