Ciegos - Raúl Aldunate Menéndez - E-Book

Ciegos E-Book

Raúl Aldunate Menéndez

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Beschreibung

Bienvenidos a la Nueva Era Este libro no es ficción, es el aprendizaje que viví luego de mi experiencia OVNI. Gracias a ello, aprendí QUÉ SOMOS materialmente, en tanto a personas y seres vivos, QUÉ PASA después de esta vida y QUÉ ES el concepto de Dios y la vida. Creo que esa es la base de toda nuestra existencia. Es por eso que quiero traspasar este conocimiento, conocimiento que me fue entregado de manera simple y breve. Conoce al demonio para estar alerta y combatirlo.

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Seitenzahl: 199

Veröffentlichungsjahr: 2024

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CIEGOS

LA LÓGICA DE LA INMORTALIDAD

© Raúl Aldunate Menéndez, abril 2024

© Pehoé ediciones, abril 2024

Registro de Propiedad Intelectual N° 24.405

Código de registro N° 2022-A-6590

ISBN impreso: 978-956-6131-72-4

ISBN digital: 978-956-6131-71-7

Arte de portada: Raúl Aldunate Menéndez

Edición: Katherine Hoch

Diagramación: ebooks Patagonia

Queda prohibida toda reproducción total o parcial de esta obra a excepción de citas y notas para trabajos y estudios de divulgación científica y cultural, mencionando la procedencia de las mismas.

Segunda edición

ÍNDICE

CAPÍTULO I: Mi experiencia extraterrestre

CAPÍTULO II:La Creación de nuestro mundo material

CAPÍTULO III:El mundo paralelo

CAPÍTULO IV: Toque Divino

CAPÍTULO V:¿Dios?

CAPÍTULO VI:EL Demonio y su Influencia

CAPÍTULO VII:Ellos y nosotros. El eslabón intermedio

CAPÍTULO VIII:Nuestro mundo humano

EPÍLOGO

PRÓLOGO

Escribí este libro con la intención de entender nuestra creación, así yo mismo saber cómo, de acuerdo con lo que entendí durante el transcurso de mi vida, hacer de la humanidad un lugar mejor al estar más cerca de Dios Universal del amor, porque entendiendo la vida y conociendo a Dios, es más fácil vivirla. dando un enfoque a las interrogantes ¿qué somos?, ¿de dónde venimos? y hablar de los evitados temas de la vida y la muerte. Así como conocer al demonio.

Comparto este texto con ustedes solo por la satisfacción de hacerlo y para entregarles este conocimiento fundamental. Porque pienso que si la juventud supiera cuál es la realidad de nuestra existencia en la Tierra, sin duda entenderían todo sin deprimirse, sin sentir envidias ni amarguras y, por tanto, tendrían una vida más feliz y dirigida a su verdadera existencia.

Y así todos formaríamos parte de un mundo mejor, aunque rompa ciertas estructuras y creencias, es una pequeña visualización hacia una nueva era con otra escala de valores.

Es bonito dejar los dogmas por un instante y mirar a Dios Universal a través de los sentidos, de tu lógica y de tu razón, Y te encuentres con algo más armónico, más perfecto, más creíble y que entiendes bien.

Ciertas cosas en la vida no dejan de ser verdad porque no las creas. Es nuestra realidad descubierta gracias al nivel de tecnología al que hemos llegado. Avancemos.

Este libro lo elaboré de una vida especial y de una conexión que me entregó en una vivencia única que cambió radicalmente mi manera de entender la vida. Es por eso que quiero compartirlo con ustedes. Einstein dijo que “la fascinación por lo desconocido es la fuente de todo arte y de ahí nace la ciencia verdadera”.

Lentamente, y a través de los distintos capítulos, nos iremos desplazando desde lo material de a los seres humanos, pasando por la creación, hasta lo más íntimo del alma: Dios Universal. Un poquito arrogante, hacerlo, ante algo tan majestuoso.

A algunos, seguramente, les será difícil de entender ciertas cosas, pero yo solo trataré de explicar.

Es importante que al leer este libro lo hagan de manera lenta y ordenada, pues lo que aquí se dice es fundamental porque forma parte de la esencia de todos nosotros. No olvidemos que ante la creación somos apenas seres humanos. Pero. ¿Quieres conocer y entender un poquito a Dios Universal?

Conozcamos las evidencias para que el cosmos sea parte de ustedes y ustedes parte de él.

CAPÍTULO I

MI EXPERIENCIA EXTRATERRESTRE

Hay millones de personas en el mundo que han vivido experiencias con un ovni (objeto volador no identificado). En Estados Unidos, por ejemplo, se han registrado 10 millones de denuncias y quién sabe cuántos casos más no han sido nunca revelados. El 50 % de los avistamientos suceden en el mar, desde donde se ha visto salir a los osnis (objeto sumergible no identificado) durante la noche. Como es un lugar no poblado, es más fácil para ellos vivir y decidir si se muestran o no y, además, tienen todo lo necesario para vivir dentro de él en paz.

Muy probable hayan estado acá desde hace milenios y vivan, hace mucho, paralelamente con nosotros. El solo hecho de que haya vida en la Tierra es una prueba de que se puede generar vida en otros planetas.

Mi experiencia extraterrestre la viví junto con mi ex señora y una pareja de amigos, Rodrigo Jarpa y su señora, Ilse Schacker. Todos tenemos absoluta certeza de que fue real. Es el único caso conocido hasta la fecha en el cual una nave maestra aparece en la Tierra y se posa sobre cuatro seres humanos.

La nave maestra es el lugar donde viven los extraterrestres y los platillos voladores son el medio que utilizan para movilizarse. Ta vez esta fue una nave robot.

Decidí traspasar de manera muy responsable esta vivencia a mis congéneres y, al hacerlo, he puesto estos hechos tal cual me sucedieron aquella noche de verano de 1977. Sí, se trata de una verdad basada en un hecho real. ¿Por qué habría de ocultarla?

En la Biblia está escrito: “Algún día conoceréis la verdad y os hará libres”.

Al traspasar mis primeros apuntes a máquina, mi secretaria, Helen Hoch, me dijo que lo que yo estaba escribiendo se parecía un poco a un libro que ella había leído en alguna oportunidad. Yo, en cambio, nunca había leído nada al respecto y solo sabía lo que cualquier persona conoce acerca de ovnis y astronomía, sobre todo en esa época. Tras esa visión, empecé a investigar más y comprobé que lo que vio coincidía con algunos sucesos descritos en varios libros.

Sin pretender ser escritor, al narrar esta experiencia tuve que recurrir a escritos especializados para plasmar la información. He mantenido intacto el contenido de esta vivencia desde el día en que lo redacté por primera vez. Es un fiel testimonio de lo que viví. No es un libro de ficción ni extractos de una novela, sino la realidad. Este libro lo lancé unos años después y mil ejemplares se agotaron en una semana, por lo que consideré que era necesario hacerlo bien y completo, como ahora.

Dejo a los lectores la libertad de opinar lo que deseen al respecto. Les pregunto: ¿qué hubiesen hecho ustedes frente a esta situación? “Yo no enseño, cuento”, dijo Michel de Montaigne.

Santiago de Chile, verano de 1977

Iba conduciendo mi auto junto a María de los Ángeles, mi mujer, por avenida Américo Vespucio, cuando al virar por avenida Kennedy hacia el oriente, ella me alertó:

–¡Mira!

Giré la cabeza y alcancé a ver una secuencia de luces y le dije:

–Deben ser las luces de la cabina de un avión volando bajo (fui por más de 50 años consecutivos piloto de avión).

Mi respuesta fue muy absurda y continué manejando por la avenida Kennedy hacia oriente mientras mi señora miraba por la ventana. Al cabo de tres cuadras, crucé el puente en Kennedy en la caletera norte mirando hacia el sur. Ella me volvió a pedir que mirara.

Entonces decidimos detener el auto en la calle lateral y observamos muy atento junto a mucha gente mirando al sureste. Vimos alrededor de cincuenta estrellas que se movían en forma ordenada. Al moverse, cada una formaba un cuadrado y, al constituirse el cuadrado, este cambiaba de color. Iba desde el tono azul, propio de una estrella, al rojo anaranjado, aumentando de tamaño hasta llegar al porte del lucero del amanecer (Venus).

Con esta nueva conformación, el cuadrado se trasladaba al ángulo siguiente, para de este modo continuar su avance cuadriculado como un ejército.

Al mirar hacia el sur, a baja altura, se movía en forma diagonal, subiendo y bajando rápido, una especie de globo aerostático anaranjado a una gran velocidad. Era parecido a un globo aerostático de Año Nuevo, pero volando sobre la cercanía de la cordillera baja (lo que hoy sería el Estadio San Carlos de Apoquindo).

Mientras ponía el auto en movimiento, le dije a María de los Ángeles:

– ¡Ah no! ¡Esto lo tienen que ver Ilse y Rodrigo!

Ellos nos habían convidado a comer esa misma noche a su casa, la que se encontraba a pocas cuadras de donde estábamos. Los fuimos a buscar y cuando volvimos, el espectáculo continuaba. Había muchos autos estacionados observando. El avistamiento también se publicó en el diario El Mercurio.

María de los Ángeles y Rodrigo se quedaron dentro del auto conversando de cualquier otra cosa y fumando, mientras que con Ilse nos sentamos en el capó. Ella me dijo:

– ¡Tratemos de comunicarnos con ellos a través de telepatía! pues esto que estamos viendo no es normal.

En ese momento ya estábamos seguros de que se trataba de seres extraterrestres. Al cabo de un rato, y después de hacer varios esfuerzos para comunicarnos mentalmente, nada sucedió. Me levanté impaciente, metí la mano por la ventana y comencé a jugar con la vara del comando de las luces. De pronto, a una velocidad cuyo movimiento apenas alcanzamos a percibir, en un segundo, sin ruido y sin provocar ni una ráfaga de viento, una de aquellas lucecitas se instaló sobre nosotros. Lo curioso fue que ninguno de nosotros se asustó; al contrario, experimentamos una agradable sensación de paz.

Un disco enorme se posó a unos cincuenta o cien metros de distancia. Su cúpula era de color celeste metálico, semitransparente. La alcancé a ver mientras se desplazaba sobre mí solo al final del recorrido. Como un gran techo que lo cubre todo, la nave tenía un foco en su centro. O algo parecido. Me quedé extasiado, fascinado; no sentí el más mínimo temor, al contrario, una inmensa tranquilidad se apoderó de mí.

Como hipnotizado, contemplaba detalles de la nave cuando sentí un suave ruidito como “pop” y se formó una especie de cortina celeste traslúcida, parecida a un frío vapor.

Recuerdo haber mirado con mucha paz el foco de luz suave y el haz celeste que emanaba de la nave. Alcancé a observar todos sus detalles, como buen maestro chasquilla que soy. Cuando bajé la vista y miré a mi alrededor, me di cuenta de que el tránsito de la avenida Kennedy y la gente, incluidos mis acompañantes, se encontraban estáticos (como si estuviéramos jugando al un dos tres, momia es). El tiempo se había detenido para todos ellos, no así para mí. Todo estaba de un color rojo anaranjado. Era como si un vidrio se hubiera interpuesto entre los que estaban parados junto a los autos y yo.

Me dieron ganas de gritarles pues nadie se percataba de este gigantesco y trascendental espectáculo en el que yo era el principal protagonista. ¿Acaso me encontraba en otra dimensión? Luego, no sé cuánto tiempo transcurrió, todo volvió a la normalidad. Creo haberme trasladado a una dimensión mucho más lenta y por eso los que estaban en la avenida Kennedy quedaron estáticos. Estuve como hipnotizado durante cuatro minutos. Poco después la nave se fue silenciosamente a la misma velocidad que vino, sin desprender fuego ni gases.

Más tarde constatamos que incluso entre nosotros teníamos recuerdos diferentes.

Mis tres acompañantes solo recordaban que el aparato tenía tamaños distintos mientras avanzaba. Es como si el recuerdo del proceso de acercamiento hubiese sido borrado a partir de momentos distintos, como si mientras disminuía su velocidad, íbamos pasando a otra dimensión cada uno. Fue como si nada hubiera pasado, pero mi mente bullía en pensamientos.

Que un aparato de unos cuatrocientos metros de diámetro se hubiera suspendido sobre nosotros a unos cincuenta o cien metros, sin producir ruido o viento, en un lugar muy concurrido, está absolutamente fuera de toda ley conocida. Sin duda que este hecho fue un fenómeno de otra dimensión de tiempo y espacio. Nuestra limitada percepción no nos deja advertir lo que no conocemos.

De otro modo, tomaríamos conciencia de que en el espacio-tiempo existen pliegues profundos, en los que hay seres de otra materialidad que coexisten con nosotros en nuestro espacio físico sin que los advirtamos, salvo cuando ellos lo desean con su tecnología. Cuando esto sucede, lo llamamos “avistamiento”.

Estos seres tan desconocidos para el ser humano estarían insertos en nuestro espacio-tiempo, y ellos, a la vez, pertenecen a otra dimensión paralela que no conocemos. Si uno cree en un Dios Universal y en todos los conceptos del alma y conocimientos extrasensoriales, es básico creer en la existencia de este universo paralelo, en donde habitan seres superiores, los llamados Ángeles.

Después de esta experiencia me sentí extraño. Algo había pasado conmigo, ya no era el mismo de antes. Tuve la sensación de no tener nada que ver con este mundo. Tienen que haberme borrado ciertas cosas de la memoria y solo me dejaron lo que aquí expongo. Sentí una soledad enorme, como si de repente apareciera entre gente que jamás entendería todo lo que sabía; mi cabeza bullía con ideas nuevas. Tomé un lápiz y escribí toda la noche. Por suerte me encanta escribir, es la forma que tengo de ordenar todo lo que me sucede en la cabeza.

Sentí que mi vida exuberante había dejado de tener sentido. Mi vida, mis sentimientos, mi amor hacia mi mujer, mi tiempo libre, mi educación evolutiva, en fin, todo en mí había rehabilitado su sentido. Hasta entonces vivía apegado a los bienes materiales, la manera más primitiva de vivir. A medida que obtenía mayor prestigio, necesitaba cada vez más cosas para ser feliz. Luego me di cuenta de que el más rico es el que menos necesita. Les cuento esto como parte de mi experiencia porque es real y no algo inventado. Es lo que viví, que quiero y debo compartir con ustedes. Al hacerlo pretendo mostrarles una felicidad verdadera y constante. Tenía tanto que decir en aquel momento cuando comencé a escribir este relato que sentía que el lápiz apenas se movía. Tenía las respuestas a la mayoría de las preguntas que siempre me había hecho.

CAPÍTULO II

LA CREACIÓN DE NUESTRO MUNDO MATERIAL

Nuestra historia comienza de acuerdo con los avances de la tecnología en el plano espacial y el propio conocimiento. Primero tenemos que saber dónde estamos físicamente.

La Tierra está ubicada en el mejor lugar del sistema solar y posee 13.000 millones de hectáreas libres de hielo, de las cuales solo el 11 % está cultivada, el 24% corresponde a pastizales y el 31% a bosques, el mejor de los regalos para su oxigenación. Regalo extraordinario que muchas veces no miramos, ni apreciamos y sobre todo, no cuidamos.

La Tierra gira gracias a un gran impacto recibido (originado en un costado, por lo que ella no se partió) de otro planeta que competía en la misma órbita, de más o menos el tamaño de Marte. Este impacto la dejó girando, creando así que un día dure 24 horas. Su eje se torció, generando la diferencia climática entre los hemisferios al recibir los rayos solares en forma de ángulo recto en verano y oblicuos en invierno y, según cada hemisferio, con mayor o menor cantidad de horas de luz. Así se originaron las estaciones opuestas entre los hemisferios.

Así también el polvo y los fragmentos ocasionados por el impacto formaron la Luna, que además de fijar la posición de la Tierra con su gravedad, sin que oscile, produce las corrientes intercontinentales que hacen que los océanos circulen entre la zona marítima más poblada de los trópicos y los polos menos poblados para que se oxigenen. Los fragmentos más grandes en la ingravidez atraen a los menores, formando un cuerpo cada vez mayor con el completo contenido de todo el polvo estelar. Además de las mareas, que son vida.

Una modificación de la órbita de Júpiter y de Saturno, que desvió material proveniente del cinturón de Kepler, compuesto por asteroides que orbitan entre Marte y Júpiter, permitió que estos chocaran con la Tierra, enriqueciéndola en elementos químicos y agua en estado sólido como para llenar sus mares. Con un bombardeo constante, la Tierra se mantuvo blanda, al rojo, como una bola de magma (el roce de los impactos produce temperatura), lo que ocasionó que el material ferroso, que es más pesado, se hundiera y formara su centro con mucho fierro, que con el giro de la Tierra originó un campo magnético a nuestro alrededor que nos protege de las radiaciones mortales de nuestro sol.

Luego que Júpiter y Saturno volvieron a su órbita, se estabilizaron los asteroides del cinturón de Kepler, manteniéndose en su órbita original. Así llegaron a la Tierra los asteroides de forma continua.

Continuando con nuestro andar, viajaremos a la velocidad de la luz, la mayor velocidad conocida. La luz se desplaza a 300.000 kilómetros por segundo. Para que nos hagamos una idea, a esta velocidad daríamos ocho vueltas a la Tierra en un segundo. La luz recorre en un año 9.656.064.000.000.000.000 kilómetros, 9,6 billones de kilómetros. A esta velocidad, la luz se demora un segundo en llegar a la Luna; ocho minutos al Sol; casi cinco años luz a la estrella más próxima, Alfa Centauro (una estrella es un sol con sus respectivos planetas).

Y nosotros nos encontramos girando a 1.600 k/h, orbitando nuestro Sol a 160.000 k/h, en un sistema solar que gira en torno a nuestra galaxia a 700.000 k/h, la que a su vez se mueve a 2,5 millones de k/h a través del espacio.

Nuestro sistema solar está aumentando su velocidad con dirección hacia el hoyo negro del centro de nuestra galaxia, en donde se pierden millones de sistemas planetarios a medida que superan la velocidad de la luz. Así, van desapareciendo de nuestra dimensión para entrar a otra de las muchas que existen.

En medio de ese vacío se abrió un portal, como un hoyo inmenso en forma de gusano proveniente de la dimensión anterior, lleno de material cósmico, con galaxias completas dentro de otro universo proveniente de sus respectivos hoyos negros. Todo este material llega de manera compacta, sin espacio entre sus sistemas atómicos, haciendo que se forme otro Big Bang, lo que ocurre como un nuevo renacer, el óvulo de nuestra creación (en muchas dimensiones) luego del final del ciclo de la vida de muchas galaxias de otras dimensiones, abriendo así un portal hacia otra dimensión. Porque toda la creación está viva con su ciclo de vida desde el renacer de su muerte.

Por ejemplo, si suprimiéramos todos los espacios vacíos existentes entre todos los protones y neutrones (espacios comparables a los espacios interestelares), llenaríamos un dedal solo con átomos de hidrógeno. Sin espacios intermedios, cabrían 15 cuatrillones de átomos de hidrógeno. Y así el dedal pesaría millones de toneladas, ejerciendo ese peso sobre sus partes interiores. Y así todas las galaxias con sus respectivos hoyos negros, como sucede en nuestra dimensión, en que solo había oscuridad, con el silencio más abismante de la inexistencia total antes del Big Bang. Con los milenios, este material se une en soles que forman una bola enorme por la gravedad originada por el enorme peso, por lo que se producen altas temperaturas en su interior que se expande con tanta velocidad que explota.

Tras la explosión original, los elementos radiactivos comenzaron a distanciarse a gran velocidad y, al no tener roce, mantuvieron su velocidad hasta unirse por efecto de la gravedad para volver a formar galaxias. Así se inicia el proceso de nuestro cosmos, tal como ocurre millares de veces porque la creación está viva, naciendo y muriendo, para renacer en otras dimensiones. Al igual que nosotros.

En este proceso se van enfriando los astros y planetas luego de 300.000 años.

Apenas tres minutos después del Big Bang, la temperatura bajó 555 millones de grados centígrados al des compactarse para que se formaran núcleos atómicos como el del uranio, hidrógeno, helio en los calientes centros de las estrellas. De ahí en más, se fueron fijando o congelando los elementos de peso atómico inferior, los que, al adquirir altas temperaturas y expandirse para luego enfriarse, crearon las condiciones necesarias para posibilitar reacciones de energía termonuclear con energía suficiente para producir los elementos de menor peso atómico. En otras palabras, tal como ha ocurrido durante millones de años, al chocar una partícula con otra, se forma una más grande. Porque en medio de la nada la más grande atrae a la más pequeña.

Al ser más grande, atrae con mayor facilidad a otras partículas y, así, mientras mayor es la masa que se forma, mayor es su atracción a otras partículas, incluso a las más lejanas. Así, se crean enormes masas que, al crecer, ejercen peso en el núcleo, aumentando su temperatura magma hasta el punto en que el hidrógeno contenido como parte de ellas se enciende y crea un sol. Esto sucede cuando el astro es enorme. Hay soles millones de veces más grandes que el nuestro y su formación genera material girando en torno a él que, al unirse, debido a la gravedad, produce grandes masas que conforman los planetas.

Luego de millones de años, la luz comienza a brillar en la oscuridad. El estallido de la creación descubierto por Penzias y Wilson ocurrió en ese momento y así ha ido sucediendo en cada generación de estrellas. Mil millones de años después las estrellas tomaron formas que contenían nitrógeno y oxígeno. El carbono se originó más tarde debido a muchas explosiones cósmicas. Luego de varios ciclos de vida se produjo el nacimiento del uranio, el elemento de mayor peso atómico, razonablemente estable en las condiciones que existían.

Nuestro sol, que es de tercera generación, no es más que un reactor atómico que ha producido todos los elementos químicos, y su radiación nos sirve para crear vida hasta que el hidrógeno se consuma lentamente hasta apagarse. Cuando esto suceda, por su dimensión, será como apagar un gran calefón de golpe, en forma brusca, y perderá la dilatación originada por la temperatura anterior, contrayéndose bruscamente (originando una enana blanca), reduciendo su tamaño a una velocidad inmensa hasta el punto en que no cabe en sí y explota.

De este modo, todos los elementos químicos son disparados al espacio y comienza un proceso similar al del Big Bang, solo que en mucho menor escala y en la misma dimensión, ya que no se superó la velocidad de la luz. En forma local permanecen todos los elementos necesarios para la vida, que funcionan como genes creadores de una nueva familia con un nuevo nido de vida, sin planetas apropiados. Es una nueva generación. Y nuevamente algunos de estos fragmentos se van uniendo, estrellándose unos con otros hasta formar núcleos o planetas que atraídos por la gravedad y bañados por la radiación de los soles forman nueva vida.

Otros, en forma de aerolitos, chocan con planetas ya existentes, llevándole su material genético, tal como hacen las semillas vagabundas transportadas por el viento que crean vida si se instalan en lugares con temperatura y suelo fértil. Una situación similar a la que ocurre en nuestra Tierra puede suceder en nuestra galaxia o cualquier otra. Millones de veces por segundo, cada vez se produce el nacimiento de algo nuevo. Salvo que esto ocurre en otro tiempo y en un tamaño físico distinto.

De aquí se deduce que, si ahora todo el universo se expande, en el pasado toda la materia y la energía del cosmos estaban reunidas y comprimidas en un solo punto. Los puntos exteriores se mueven más rápido que los interiores. A medida que están más lejos se expande más rápido el universo. En otras palabras, si dibujamos dos puntitos en la superficie de un globo a una distancia de un centímetro cada uno, en la medida que inflamos el globo veremos que estos dos puntitos estarán más distantes uno de otro.

Tenemos que hacernos la idea de que aumentando su velocidad el universo llegará al instante en que superará la velocidad de la luz y, entonces, comenzará a retroceder en el tiempo. Al hacerlo, volvería al momento anterior, a aquel en que traspasó la barrera, para mantenerse oscilando entre estos dos momentos.